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LA BUSQUEDA DE LA FELICIDAD EN ÉPOCA DE CORONAVIRUS

Hace ya algún tiempo leí el maravilloso libro de la filósofa Victoria Camps, La búsqueda de la felicidad donde a través del pensamiento de diferentes filósofos nos acerca que entendemos por felicidad, la propia Camps afirma que la felicidad es una búsqueda que dura toda la vida. Además indica que la felicidad no es una cuestión de fórmulas, consignas ni recetas fáciles. Es un esfuerzo constante del individuo y un aprendizaje. Estas reflexiones por supuesto siguen siendo válidas también en época de coronavirus.

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Hace unos días estuve releyendo Sapiens de Animales a dioses, su autor Yuval Noah Harari, realiza un breve análisis sobre la Felicidad, o mejor dicho se pregunta ¿qué nos hace felices? Tener salud, -y que yo añadiría tan importante en la actual situación de la pandemia de Covid-19-, la riqueza, el bienestar con uno mismo y con la sociedad en la que vivimos. Podrimos afirmar que en la naturaleza de la felicidad influyen factores sociales, éticos, espirituales pero también condiciones materiales.

Desde hace siglos filósofos, han reflexionado sobre ella, pero en las últimas décadas psicólogos y biólogos también se ha puesto a estudiar que hace que la gente sea feliz. Yuval Noah Harari, en su extraordinario libro Sapiens de Animales a dioses, indica que una definición generalmente aceptada de la felicidad es “bienestar subjetivo”. Sería algo que siento en mi interior, una sensación o bien de placer inmediato, o bien de satisfacción a largo plazo con la manera como se desarrolla mi vida.

Podríamos pensar que determinadas personas encuentran la felicidad en disponer de dinero “suficiente”, que les reportaría una cierta tranquilidad económica durante muchos años. Sin embargo, Harari afirma que para gran parte de la ciudadanía la felicidad no es un tema de dinero, y se inclinan más por temas como el valor de la salud y no tener enfermedades, y cuando estamos enfermos se reduce nuestra felicidad. Siguiendo esta afirmación, podríamos cuestionarnos si ¿La pandemia del Sars-CoV-2 ha influido en nuestra felicidad como sociedad? Lamentablemente, no dispongo de una respuesta objetiva, ni ningún estudio al respecto. Pero tal vez las enfermedades cuando se vuelven crónicas o afectan a muchas personas a  nivel global, nuestra mirada es diferente, a cuando afecta a nuestra familia o comunidad más próxima.

Frente a esta felicidad que depende de condiciones objetivas, – dinero o salud-, muchos filósofos y psicólogos nos hablan que la felicidad está vinculada a nuestras expectativas subjetivas, Pero esta es una tarea complicada, nuestras expectativas se hayan influenciadas por los medios de comunicación y la industria publicitaria que nos bombardea con recetas mágicas para ser felices.

Otras aproximaciones hacía la felicidad, se dirigen a los avances en bioquímica que están poniendo de relieve que cuando comprendamos la química de nuestro cerebro aplicaremos tratamientos apropiados para ver siempre la botella medio llena y la cara amable a las circunstancias que nos ocurren. Evidentemente, esta idea de que “la felicidad empieza dentro” coincide con la biología moderna y con los movimientos de la New Age, ahora bien cuanto más importancia damos a nuestras sensaciones, más las anhelamos y más sufrimos.

En mi opinión, la actual situación de pandemia nos está influyendo en nuestra felicidad por factores externos tales como el riesgo de contagio, escenarios económicos inciertos o muy graves desde el punto de vista social, pero también por sentimientos internos de miedo y pensamientos de preocupación de cómo afrontaremos nuestro futuro.

La recomendación sería comprender y tener la información más completa sobre esta enfermedad, y no dejarnos arrastrar por factores externos y emociones internas. Pero claro esto no es sencillo, requiere conocernos mucho y establecer los valores que forman parte de una vida buena en el sentido ético de la palabra, como afirma Victoria Camps. Y tal vez, intentar no estar siempre buscando sensaciones agradables, sino procurar vivir el momento presente en lugar de fantasear acerca de lo que pudo haber sido o podrá suceder.

Para finalizar, incluyo la reflexión de Yuval Noah HarariMientras mi narrativa personal esté en línea con las narrativas de las personas que me rodean, puedo convencerme de que mi vida es significativa y encontrar la felicidad en esa convicción”

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Reflexiones filosóficas en la era del Big Data

Hace unos días finalicé la lectura del interesante libro de Victoria Camps “Elogio de la duda”, donde se indica que la filosofía favorece la capacidad de dudar, de no dar por definitiva ninguna respuesta y esto no supone una parálisis en la decisión, sino en analizar para actuar de manera más adecuada.

Este libro me ha hecho reflexionar, que en lo que llevamos del siglo XXI estamos depositando en la tecnología digital en ocasiones demasiada confianza. Por ejemplo  el Big data, que en los últimos años “ha calado entre las personas ejecutivas, considerando que los datos deberían estar en el centro de la toma de decisiones”. Considerado como clave de la competencia, y para el crecimiento de la productividad e innovación.

Pero también están apareciendo algunas opiniones críticas ¿Tal vez se estén corriendo el riesgo de tomar decisiones equivocadas basadas precisamente en lo que los datos no dicen? Ejemplo de esto es el famoso caso de Lego, los datos lo que decían era que las niñas no jugaban. Nada más. No explicaban ¿por qué?

Esto puede conducir a que los datos sean interpretados por directivos, empresas, etc. de acuerdo a sus intereses sin que haya una hipótesis previa. Parafraseando al gran matemático Jules-Henri Poincaré que escribió: La ciencia (-que podríamos aplicar a la tecnología en nuestro caso-) está hecha de datos, como una casa de piedras. Pero un cúmulo de datos no es más ciencia-tecnología que un montón de piedras una casa”

Las empresas tomarán mejores decisiones si analizan bien los datos, además hay que tener presente que la revolución del Big data coincide en el tiempo con otra, la de la economía del comportamiento (tal y como demuestra el premio Nobel a Richard Thaler). La investigación de Thaler se ha centrado en la psicología de los diferentes actores económicos ante cambios en el mercado que obligan a modificar su conducta. Thaler ha intentado arrojar algo de luz sobre este proceso de toma de decisiones que es tan complejo y en el que entran en juego muchas variables. En este sentido, la perspectiva conductual incorpora a la economía “un análisis más realista de cómo piensan y actúan las personas cuando están tomando decisiones económicas”, lo que ayuda a “diseñar medidas e instituciones que incrementan los beneficios para el conjunto de la sociedad”.

Vaya por delante que el Big Data está ayudando en la sanidad, turismo, agricultura… o para la Seguridad Social. O cuál será el perfil de las personas que hagan uso de esos datos y sus riesgos y la ciberseguridad, etc.

 En mi opinión, hoy más que nunca necesitamos reflexionar y meditar sobre los nuevos ídolos tecnologícos que estamos creando en este nuevo siglo.  Por ello los seres humanos necesitamos tiempo de la filosofía, y como afirma la filósofa Victoria Camps  “… la filosofía tiene la virtualidad de dejarnos perplejos, de sembrar el desconcierto allí donde todo parecía claro, de estimular la curiosidad hacia lo desconocido, de dar valor a las expresiones ajenas” , “… me gustaría ser capaz de dar cuenta de la utilidad de la filosofía para aprender a dudar y, en definitiva, para vivir”. Para ello siempre sería recomendable leer a Sócrates, Aristóteles, Montaigne, Descartes, Spinosa, Hume,Nietzsche, Julián Marías,…

Para finalizar, me gustaría haciendo mías algunas ideas de Montaigne, filósofo y humanista francés, que tal vez opinaría: que ante el gran desarrollo tecnológico ya sea de Big Data, o incluso redes sociales aprendamos a dar un paso atrás, distanciémonos y tengamos una actitud reflexiva y prudente de los que es necesario.

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