Feminismo y Tecnología
Todavía no se han cerrado las heridas provocadas por las declaraciones del presidente de Harvard, Lawrence H. Summers, quien a principios de año afirmó que no es descartable la posibilidad de que la menor participación femenina en las ciencias duras tenga que ver con sus menores capacidades innatas para las matemáticas.
En un ambiente tan militante como el de la academia norteamericana, las reacciones fueron duras y, a mediados de marzo, miembros de la Faculty of Arts and Sciences votaron una moción de rechazo al presidente, algo que sucedía por primera vez en la historia de tan respectable Universidad. Esta misma semana, Evelyn Fox Keller, un auténtico icono para los iniciados en los estudios de género y ciencia, declaraba en una concurrida sesión en Harvard que el debate “is over… but it does not go away” (New York Times 12/4/2005).
Keller, más que preocuparse con las reducidas cifras de mujeres en las facultades de ingeniería, se planeaba la necesidad de volver a pensar la construcción social de lo masculino, lo femenino, así como de la ciencia y sus mutuas interrelaciones: “Why exclude feelings from science and reason from women’s domain?”
Ahora bien, la sociedad de la información fue percebida desde muy pronto como una gran oportunidad para los movimientos feministas. Contra aquellos que sólo ven el ciberespacio como un nuevo wild west, una amenaza de la hay que proteger a las mujeres (y a los niños), se habla de la multiplicación de los vínculos (cuanto más conectados más activos, dice Castells) entre los ciberactivistas y el ciberfeminismo y, lo peor, de sus propuestas/provocaciones al alcance de todos para emprender experimentos radicales con la identidad. En la estella de Fox Keller y otros icono(clasta)s como Donna Haraway, se ponen en cuestión las más vetustas categorías en nombre de la nueva proclama: todos somos cyborgs.
Una vez más, sin embargo, nos enfrentamos a un problema más terrenal: el ambiente masculino de la mayor parte de las facultades de ingeniería. ¿Cómo usar una tecnología para experimentar con nuestra identidad sin dominar el lenguaje de las máquinas? Al final, l@s ciberfeministas corren el riesgo de convertirse en híbridos hechos de partes pret-a-porter, tan radicales como los consumidores de los “más vanguardistas” retail centers.
Como se defiende en la editorial de este blog, la cultura hacker encierra la utopia de la technology by the people. Todos recordamos, sin embargo, que el nosotros del histórico We the People, estaba formado por unos respetables señores blancos que dejaban fuera de sus reuniones, como también de sus buenas intenciones a mujeres, negros, pobres e indios. Quizás los heroes de la cultura hacker vengan a ser tan reconocidos como Jefferson o Washington, pero lo cierto es que de momento parecen, si no tan blancos, sí tan machos como aquellos próceres del republicanismo. Según una investigación de finales de los 90, el 99,5% de los hackers eran hombres. ¿Cabe entonces decir que la cultura hacker es machista? ¿Sigue vigente el estereotipo del hacker nerd?
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Yo tampoco creo que la mayor o menor competencia en matemáticas sea la explicación de de por qué menos mujeres prefieren estudiar ingeniería. Sin embargo, no me lleva a pensar que todas las diferencias entre hombres y mujeres a la hora de elegir se deba a prejuicios culturales o de género. Parece cada vez más claro que estos no pueden explicarlo <i>todas</i> las diferencias. Una de las raras excepciones a considerar que toda diferencia entre hombre y mujer se debe a prejuicios de género es la de la científica social Patty Hausman, citada en <i>Science </i>(nº 289, julio de 2000), en el artículo "Parity as a goal sparks bitter battle". Esto es lo que dijo en una conferencia en la Academia Nacional de Ingeniería: <i>"La respuesta de por qué las mujeres no escogen las carreras de ingeniería tiene una respuesta evidente: porque no quieren. Dondequiera que vayamos, nos encontramos con que las mujeres entienden mucho menos que los hombres qué tienen de fascinante los ohmios, los carburadores o los quarks. Reinventar el currículo no hará que me interese más averiguar cómo funciona mi lavavajillas."</i>
Aunque alguien del público inmediatamente tachó el comentario de "pseudociencia", Linda Gottfredson, especialista en preferencias profesionales, señaló que Hausman tenía los datos de su parte. El comentario de Hausman tiene la virtud de señalar algo que suelen pasar por alto los estudios de género, los cuales tratan de explicarlo todo en función exclusiva de la sociedad o de la educación: que tal vez las mujeres no estudien ingeniería en el mismo grado sencillamente porque no quieren, y más cuando, pese a lo que se suele pensar, los datos avalan que los padres no tratan de forma muy distinta a los hijos y las hijas, al menos en Europa y USA (hay varios estudios rigurosos realizados en este sentido).