política científica, valores y ciudadanía
Las relaciones entre ciencia y sociedad se hacen cada día más complejas. Seguramente no puede ser de otra manera si tomamos en cuenta la amplitud e importancia de los asuntos implicados, como las opciones energéticas, sanitarias, medioambientales, alimentarias y de seguridad. Más aún, parecería que no hay problema que no tenga su dimensión científica, ni descubrimiento sin una clara proyección política. No es raro entonces que se multipliquen las encuestas que tratan de tomar el pulso a una realidad que muchos ven problemática. Y, entre ellas, merece ser registrada (lo supimos por Maggie Witlin vía Seed) la realizada por un equipo coordinado George Gaskell de la London School of Economics y publicada por Science (vol. 310. no. 5756, pp. 1908 – 1909) bajo el título Social Values and the Governance of Science.
El objetivo de la investigación era conocer lo que la gente piensa sobre quién debería tomar las decisiones en política científica y qué criterios deberían guiar tales decisiones. Entre sus conclusiones destaca que la cuarta parte de los europeos y norteamaricanos (EEUU y Canadá) creen que las decisiones en materia de política científica no deberían ser tomadas por los expertos sino de acuerdo a la opinión de la gente. Una mayoría cercana al 75% está satisfecha con que en biotecnología, nanotecnología y tecnologías de la información sean los expertos quienes tomen las decisiones basándose en evidencias que permitan evaluar el balance riesgo/oportunidad.
En fin, los datos confirman que no hay un vuelco en la opinión pública. Sin embargo, hay inquietud pues el porcentaje de los que quieren que las cosas cambien va en aumento. La gente parece satisfecha, pero “…esto no significa -afirma Susanna Hornig Priest, coatora del estudio- que no tengamos un mandato o una oportunidad para un mayor compromiso público”.
Los autores de la encuesta van más lejos, pues piensan que otorgar un mayor rol a las consideraciones éticas y morales puede dar credibilidad a la política científica. Más aún “… la gente se pregunta “¿Qué clase de sociedad queremos y cómo pueden ayudarnos las nuevas tecnologías a conseguirlo?”. Estas cuestiones sobre ética y valores sociales no puede responderlas la ciencia sola. La gente espera y quiere que la ciencia y la tecnología resuelva los problemas, pero también quiere ayudar a decidir que problemas merecen ser resueltos. No se trata de conseguir el apoyo de la gente para una agenda ya establecida por la ciencia y los científicos, sino más bien de ver a la gente como participantes en la política de la ciencia que quieren, y conseguir una visión compartida de una ciencia e innovación tecnológica socialmente viable”.
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pero ¿acaso puede hacer ciencia una sociedad que no cree en la ciencia?.. España es un país acientífico y como tal, por muchos institutos de investigación que monte, es incapaz de crear ciencia sencillamente porque no cree en ella.