la sima del sida
Hace unas semanas la revista Harper publicaba un extenso informe sobre el SIDA (Out of control. AIDS and the corruption of medical science) que daba nuevos vuelos a quienes niegan que sea una enfermedad de origen viral. Y, como viene siendo la norma, la crítica a Celia Farber incluía insultos y descalificaciones que ignoraban el recato. Para resumir mucho las cosas podría decirse que hay un conflicto grave entre dos grandes corrientes de opinión.
La tesis mayoritaria, defendida por las principales instituciones científicas del mundo y numerosos colectivos de activistas como ACT UP, se basa en un modelo que señala al virus HIV como la causa del SIDA. Para los disidentes, sin embargo, este vínculo nunca se ha probado y se basa en un razonamiento circular. En consecuencia, explica Neville Hodgkinson, los test de diagnóstico y el tratamiento que se suministra son inútiles o, peor aún, constituyen de hecho una sentencia de muerte y su posterior ejecución.
Desde luego, hay una versión oficial de los hechos (sustentada por la mayoría de los organismos de sanidad pública del mundo) que lo niega todo. Quien busque información en internet no quedará decepcionado. La mayor de las críticas (la inexistencia de vínculos entre el virus y la enfermedad) es rechazada con la mayor contundencia y los argumentos son publicados en todos los frentes donde se preven audiencias para semejante discusión. Los contrarios alegan que las pruebas son inestables y que se basan en experimentos que no respetan protocolos estrictos. Se podría hablar incluso de manufacturación de incertidumbres si no fuera porque estamos refiriéndonos a gentes que padecen la enfermedad.
Las denuncias de unos y otros, siendo irreconciliables, terminan por converger en un punto: ambas corrientes de opinión se reprochan el conformismo que les permitió alcanzar un consenso que excluía a la otra parte. O, en otros términos, tras negarse el compromiso con el rigor, se acusan de haber convertido el laboratorio en un espacio político de consenso antes que en un ámbito de verificación de pruebas: un parlamento y no un tribunal.
En fin, todos se acusan de anticientíficos. Las dos partes quieren tener la academia de su parte y aunque los escépticos cuentan con muchísimos menos apoyos, sería injusto tratarlos de meros charlatanes y no mencionar que entre los científicos que los avalan hay investigadores de valor (ver de Rebecca V. Culshaw, Why I Quit HIV), incluyendo algún Premio Nobel. La ciencia entonces no logra consolidar un rol arbitral y, en consecuencia, pierde su centralidad pública.
El tono de la discusión, como se explica en Evolutionary Middleman, tampoco ayuda. Los autodenominados escépticos afirman que la agresiva reacción oficialista expresa un pacto entre los gobiernos, los científicos y las farmacéuticas para mantener una situación que garantiza la esperanza de una cura, grandes inversiones en investigación e inmensas ganancias con los medicamentos. Los más desconfiados llegan a decir que la investigación sobre el sida está siendo tan eficaz que pronto no habrá gays en el mundo. A nadie sorprenderá que en semejante ambiente los defensores de la postura oficial califiquen a sus adversarios de negacionistas, un insulto de mucho calado que establece un vínculo entre quienes niegan los crímenes nazis y quienes ahora discuten el rigor científico del diagnóstico.
Se podría llenar este texto de argumentos y contrargumentos. Se podría, insisto, levantar acta de los muchos exabruptos que unos y otros han patrocinado con sus palabras o con sus silencios. Conste que no estoy hablando de reproches de naturaleza políticas o ideológicas (que los hay), sino también de los muchos excesos de interpretación de los datos bioquímicos, clínicos o epidemiológicos, así como de la arrogancia que los respectivos expertos de cada bando han exhibido en su intento de descalificar a los contrarios (ver el informe de Javier Garrido, Sida: las hipótesis alternativas, partes 1 y 2).
El SIDA no es sólo una enfermedad. Desde el primer momento siempre ha concitado las discusiones más apasionadas. El SIDA puso al borde del colapso el conjunto de nuestras instituciones sociales, políticas y cognitivas. Nada parecía quedar al margen de su área de influencia, desde las prácticas sexuales o la segmentación social por clase, género, raza o religión, hasta la definición de lo que es un virus o los protocolos para aislarlo, el diseño de una política sanitaria que debía ser global o el papel que asignar a los muchos actores que querían participar en la coproducción del mal y su gestión pública, tanto en el plano científico, como en el político.
En la práctica abunda la literatura que demuestra la dificultad para escindir ambos dimensiones, porque la historia del sida es inseparable del escándalo protagonizada por la conducta del “descubridor del virus” Robert Gallo, la influencia de los movimientos de afectados, los debates sobre la idoneidad de los test de diagnóstico, la sospechosa presencia de las empresas farmacéuticas, la incidencia entre los colectivos de excluidos (presos, drogodependientes, homosexuales, negros), las polémicas sobre los derechos de propiedad intelectual o la validez de los estudios epidemiológicos. Y aquí paramos, porque añadir nuevos factores, como el pánico social o el precio de las medicinas, no añadiría mayor verosimilitud a nuestro argumento: la inseparabilidad del objeto SIDA de su historia.
Estos días se han hecho públicos algunos informes (ver el publicado por UNAIDS y el de Frontline (The age of aids) que confirman la aparente recesión de la prevalencia del mal, el impacto creciente entre las mujeres o los jóvenes, o la tragedia que se cierne sobre la India si el gobierno no se pliega a las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud. Las instituciones sanitarias siempre tienen el mismo mensaje: la esperanza tiene fundamento científico y estadístico. Y basta con sondear cualquier proveedor de noticias en Internet para admitir que ayer, coincidiendo con el 25 aniversario del SIDA, todos los media hicieron un gran esfuerzo para transmitir el mensaje.
Está claro que la batalla de la opinión está siendo dura y que pese al esfuerzo oficial los escépticos, ver el blog News AIDS Review, siguen luchando y en aumento. No sólo plantean nuevas preguntas, sino que demandan otras respuestas. Quieren mejores modales y financiación para otras hipótesis alternativas a la ecuación HIV=SIDA. Pero sobre todo exigen más innovación social.
Isabel Stengers escribió 8 sabrosos volúmenes (ahora hay una edición en dos) para explicar la necesidad de abrirle paso a las cosmopolíticas (las políticas de la crisis de la modernidad), un concepto que recuerda al de sostenibilidad y que apela a la necesidad de ponerle límites al desarrollo (debiera decirse desarrollismo) para crear nuevos equilibrios que garanticen mayor equidad en el reparto de los bienes y también en el reparto de los males.
El tomo 1 (1997) está dedicado a explicar la llamada guerra de las ciencias, una expresión que utiliza Stengers para caracterizar la pretensión secular (y en aumento) de los científicos de tratar el resto de los mortales de ignorantes, desinformados, falaces, imprecisos, inconsistentes, adoslecentes o negligentes. Cosmopolíticas fue escrito para explorar la posibilidad de una coexistencia de formas de abordar el mundo, una ecología de epistemes, pues cada día crece el número de problemas que, como el SIDA, adquieren una complejidad que rebasa con creces las prácticas científicas alumbradas durante la Ilustración. Y no basta con más innovación científica, necesitamos también más innovación social.
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Comentarios
A cualquiera con unos conocimientos básicos en ciencias le puede parecer aberrante lo que ha acontecido con el tema SIDA.
Fuera de foros científicos se dio a publicidad la noticia de que un virus podía ser la causa del Sida. Esta hipótesis no confirmada se ha hecho dueña de los medios de comunicación, sin debate científico. Todo científico que ponía en evidencia los fallos científicos de este supuesto origen ha sido silenciado públicamente. Encontrar a estos científicos es tarea de buscadores en Internet, pero se los puede encontrar en todos los países, publicando en todas las lenguas, sólo que no aparecen en televisión ni en los grandes holdings de revistas científicas (cada vez menos científicas visto lo que está pasando).
Se está ocultando a la población que el Sida puede curarse si no se ha avanzado en la intoxicación que producen los antirretrovirales. Quien se ha preocupado de buscar información sobre ellos, sabe que son moléculas de modificación de ADN, un tipo de manipulación genética que está siendo llevada a cabo con humanos inocentes (sean gays o no), bajo amenaza de que si no los toman van a morir, y paradógicamente así sucede si los toman.
Sus fabricantes no paran de escribir en sus prospectos que no curan ni VIH ni SIDA, pero el gran negocio que representa esta enfermedad hace que nadie tome nota de este dato.
Sólo los que se han negado a tomarlos y conocen las teorías disidentes y el modo de sanar mediante nutrición y otras formas, como viene recomendando el Doctor Giraldo, siguen sanos, pero esta información no vende, no logra beneficios, sólo salva vidas.
Lo insensato es no protestar a los gobiernos, a las televisiones, a los científicos, aunque incluso entre los que han estado trabajando a favor del VIH-SIDA, cuando llegan al límite de desoir su honestidad salen a la palestra, como Rebecca Culshaw, experta en modelos matemáticos que no se cumplían, o Mark Pierpoint, Coordinador del Programa de Prevención del VIH/SIDA que dimitió en 1999, por motivos de conciencia.
Los daños por estos medicamentos a bebés se silencian, las curaciones se renombran diagnósticos equivocados, ¿no aprendimos con el caso de la talidomida?
Llega a ser gracioso que nos llamen negacionistas por poner en evidencia un experimento a nivel global que deja pequeño a Menguele. Negar esta realidad sólo puede achacarse a la ignorancia (en un país en que las ciencias no son nuestro fuerte puede ser normal) entre personas llanas, pero entre científicos, el afán de lucro que empequeñece conciencias no tiene perdón.
En cuanto a los periodistas, ser un especialista en escribir no debería ser impedimento para adquirir un poco de cultura general, y si se escribe sobre ciencia y medicina deberían conocerse ambos ámbitos. Que un periodista médico escriba que se recetan nucleósidos análogos debería abrirle en el cerebro una lucecita de alerta que indicara que se están produciendo experimentos genéticos con la gente del pueblo español, sean presos, gays o gente de mal vivir, son personas. La experimentación con personas debería estar prohibida dados los daños que ha causado. Desde que se dan esas medicaciones a mujeres embarazas y bebés, constituye un genocidio.
Ocultar que el sida se cura, constituye un asesinato. Callar cuanto se sabe, no es una opción.
Primeramente, felictaciones para el autor de este blog. Apenas es mi primer visita y ya tengo una nueva página para leer cotidianamente.
Pasando al tema del VIH-SIDA… me he quedado, en parte, realmente sorprendido por lo oculto que están estos temas para el público en general.
Por otro lado, se siente tristeza por la misma sociedad que "construímos" todos los días.
Soy egresado en Informática (Tecnologías de Información) y al leer este artículo no puedo dejar de hacer un PARALELISMO entre lo que sucede en la medicina y las TI.
La mayoría de las personas hoy vive, facilmente, consumiendo productos tecnologicos que solo responden, en su mayoría, a cuestiones consumistas y de dinero. El tan odiado, entre los que saben, sistema operativo "Windows" es solo una muestra de eso.
La tecnología se mueve por influencias políticas, ideológicas y de dinero…. ¿es esa la tecnología con la que construímos nuestra sociedad?, ¿porqué Intel, por ejemplo, sigue vendiendo procesadores con tecnología de hace 20 años cuando hoy podría hacer cosas 100 veces mejores?.
¿Porqué la ciencia calla sobre estos asuntos?, ¿porqué se supone que las universidades e institutos científicos se encierran en sus caparazones y no dan la cara para "guiar", si ese es el término, el verdadero conocimiento?
Me pesa sobremanera que el conocimiento que todos los días se vierte en universidades, termine en corporaciones con fines puramente de dinero.
Y me pesa más, porque esto habla que la racionalidad humana es, en la práctica, algo risible.
Saludos!
el sida algo infectoso ante una persona emabarazada,y el bebe tambien se contagia y el hombre tambien pero si la familia crece esos niños q crecen con el sida y mas infectados q los demas ,aunq la mama tenga poca vida por el sida esta muy infectado o avansados
pero si cual quier persona tiene tiene una herida abierta y tiene contagio con la otra persona va a tener sida y s eso es susesivamente eso va creser en la problacion
pero a mi lo q no me gusta es q los niños q se contajian no tienen la culpa de q hacen los demas adutos
el problema del sida me preocupa poque la problación se esta contagiando a niveles incalculables y me preocupa mis hijas porque ellas tien 11 años y no se cual sera su futuro cuando tengan sus enamorado o se casen a esas altura ya todos tendrán sida. tiene que haber una cura.
bueno nosotros los adultos ya tenemos pecaución pero los jovenes no saben nada .



Creo que hay que separar dos líneas argumentales, la falta de educación de la gente por un lado y el conocimiento por otro. A estas alturas del partido lo que no se puede pretender es olvidar que gracias al tratamiento específico frente al HIV la espernza de vida a aumentado y mucho, llegando a considerar esta infección como una enfermedad crónica (o casi) en los países ricos, donde la accesibilidad a los medicamentos está cubierta. Y el tratamiento es específico frente a este virus.
Existen científicos que pretenden aplicar los principios de Koch a una infección viral que infecta a seres humanos (Peter Duesberg se acoge a esta argumentación para negar la relación entre HIV y SIDA); uno de los principios dice que se aislará el agente infeccioso, se inyectará en un organismo sano y se deberá reproducir la enfermedad. Como parece lógico, esto no se ha comprobado en un laboratorio aunque en la vida tenemos muchas pruebas indirectas de este principio: las cohortes de hemofílicos diezmadas por transfusiones contaminadas, las cohortes de adictos a drogas por vía parenteral donde se puede trazar genéticamente el recorrido del virus de un individuo a otro, la transmisión de madre a hijo, las parejas serodiscordantes que terminan infectándose y desarrollando SIDA, etc…
Si además tenemos en cuenta los experimentos realizados con primates usando virus quiméricos (parte HIV parte SIV, el homólogo de humanos para los simios) se puede llegar a afirmar con bastantes probabilidades de llevar razón que el HIV provoca SIDA.
Por otra parte, el razonamiento contrario, fuera de un ámbito científico, puede llevar a efectos no deseados. Hace unos años el hecho de publicar la mejoría en la salud de los infectados por HIV gracias al tratamiento (considerar la enfermedad crónica en lugar de mortal) condujo a una relajación de los hábitos de protección y a un aumento de los casos de infección tanto entre homosexuales como en heterosexuales. Y esas personas morirán de SIDA o verán muy disminuida su calidad de vida por culpa de un tratamiento con efectos secundarios. Si ahora se extiende la teoría de que el HIV no produce SIDA (y no lo olvidemos, la muerte) esta relajación puede conducir a… realmente es irresponsable e ¡nsensato. La gente infectada por HIV se beneficia del tratamiento; no lo olvidemos. Y no les alentemos a que dejen de tomarlo. Sería malo para todos.