la independencia amenazada de los expertos

Una encuesta reciente ha probado que la independencia de los expertos y científicos que trabajan al servicio de la Food and Drug Administration no está asegurada, lo que implica que el estado hace dejación intolerable de sus responsabilidades.

El pasado 20 de julio, la Union of Concerned Scientists, UCS hizo públicos los resultados de una encuesta, lo supe vía Gooznews, realizada entre los empleados de la Food and Drug Administration, FDA que pretendía cuantificar el grado de independencia con el que operan los funcionarios de la mencionada agencia. La conclusión principal es inquietante, pues se prueba que “la ciencia en la Food and Drug Administration [está sometida] a peligrosas y perversas influencias políticas”.

El asunto es grave porque el objetivo de la FDA es comprobar la veracidad de la información incluida en la propaganda de una panoplia de productos que abarcan, entre otros, los fármacos y artefactos médicos, los alimentos y sus muchos aditivos y, en fin, los cosméticos. En la práctica, la cuarta parte de todo lo que gastan cotidianamente los americanos se dedica a comprar algo que está regulado/autorizado por la FDA. No es raro entonces que estemos ante una agencia que en 2001 daba empleo a unos diez mil funcionarios y que su presupuesto superara el billón (español, es decir un millón de millomes) de dólares.

Los resultados, como decíamos, dan que pensar. El 18,4 % reconocer haber sufrido presiones para excluir o alterar alguna información técnica de sus informes por razones que no eran científicas. Un tercio opina que no se sentía libres para expresar sus inquietudes sobre la seguridad de los productos que debían aprobar. El 61% afirma conocer casos en donde hubo interferencias políticas. También hemos sabido que el 70% considera que la FDA no cuenta con los medios suficientes para hacer bien su trabajo.

Y, al parecer, el problema no es nuevo, ni su influencia está disminuyendo. De hecho, la situación es tan grave que Michael Stebbins,  explica en Seed, califica la FDA de hervidero de descontentos. No es para menos. Tal y como están las cosas si crece la opinión de que las agencias, tales como la FDA, no son independientes o no cuentan con medios para hacer bien su trabajo, no sólo se pone en peligro la salud de los ciudadanos, sino la democracia misma.

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