¿será privada la ciencia futura?
Nunca disminuye la demanda de nuevos recurso para la ciencia. Tampoco quedará decepcionado quien esté interesado en inventariar las mil maneras de construir la ecuación a más dinero más ciencia, y viceversa. No importa cómo se diga, pues el coro tiene bien ensayado el estribillo: sin ciencia no hay futuro. Sorprende, no obstante, lo poco que se habla del tipo de futuro que queremos. Más aún, necesitamos superar esta especie de pereza con la que nuestras sociedades promueven un debate abierto sobre asuntos tan públicos.
Uno de los mayores esfuerzos que despliegan quienes se dedican a la política de la ciencia se orienta a estimular la presencia del sector privado en la investigación científica.
Vale decir, como se muestra en The Daily Transcript, que estos desvelos, al menos en términos cuantitativos (no queremos hablar de manipulación estadística o, más finamente, ingeniería financiera) han sido exitosos. Y aunque el proceso de corporativización de la ciencia no ha sido igual en todos los países, hay consenso en que cuanto mayor es la privatización de la investigación, más profundos son los procesos de modernización social y económica.
Cabe, sin embargo, la pregunta de si al cambiar la procedencia de los fondos también se modifica el tipo de ciencia que se hace. La respuesta sólo puede ser afirmativa. Así, por ejemplo, mientras que los fondos procedentes de la industria farmacéutica dedicados a ensayos clínicos, según un estudio de la American Medical Association, crecieron entre 1994 a 2003 desde 4,0 mil millones US$ hasta 14,2 mil millones US$, los que que vinieron de fondos públicos permanecieron estables.
Poco más vamos a decir, pues lo cierto es que todo apunta a que los ensayos clínicos han pasado a ser una asunto en manos privadas, lo que seguramente ayuda a explicar las continuas noticias que aluden a fraudes científicos, especialmente en el ámbito de las biociencias, y nos da la ocasión para preguntarnos hasta qué punto la investigación privada puede reemplazar a la que se hace con fondos públicos. O, en otros términos, no basta con pedir más ciencia (o más dinero para la ciencia), también necesitamos discutir qué tipo de ciencia queremos.
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Los grandes laboratorios privados de los años 60/70 -IBM, Xerox, AT&T- que hacían I+D a largo plazo han sido sustituidos por start-ups que hacen I+D a muy corto plazo. Lo más parecido a I+D privada a largo plazo que tenemos hoy es el cacareado 20% del tiempo de los empleados de Google.
La visión de Ars Technica me parece más acertada:
http://arstechnica.com/news.ars/post/20060724-7340.html