biopiraterÃa y piraterÃa del lenguaje
Algunos asuntos relacionados con los continuos abusos de la propiedad intelectual comienzan a ser verdaderamente chuscos. Hay corporaciones multinacionales, lo cuenta Tomislav Medak en On The Commons, que están logrando patentar el nombre (sÃ, el nombre) con el que los indÃgenas o cualquier otro ciudadano del Brasil se refieren a las plantas con las que siempre han convivido y saben utilizar para atender sus necesidades.
El hecho entonces constituye un doble acto de pillaje: primero de biopiraterÃa y que consiste en identificar el principio activo que se oculta en una práctica sanatoria tradicional y después registrarlo en Estados Unidos como una innovación protegida por las leyes de la propiedad intelectual, lo que permite a su nuevo propietario explotarlo en exclusiva.
La nueva forma de piraterÃa es más sutil o (debiéramos decir) descarada. Consiste en apropiarse del nombre mismo de la planta y convertirlo en una marca. Se le llama lingo-piracy, piraterÃa del lenguaje. La consecuencia es que las compañÃas foráneas pueden impedir que los propios brasileños utilicen los productos que siempre usaron (y que están en su territorio) para montar empresas que operen en el extranjero.
Apropiarse de palabras usadas popularmente para referirse a plantas o remedios convirtiéndolas en marca es otra forma intolerable de piraterÃa. Bastan algunos ejemplos, como se hace en el comunicado de prensa de Intellectual Property Watch, para aclarar lo que decimos. Una compañÃa japonesa ha registrado el nombre açai (en USA acai porque no se admite la ç en una marca), palabra que identifica el fruto de una palmera considerado popularmente como la viagra amazónica. Hay también varias empresas que pleitean por hacer suya la palabra rapadura, término que describe una forma no refinada de preparar el azúcar de caña caracterÃstica del noreste del Brasil.
Por fin, la semana pasada llegó la respuesta del gobierno brasileño, publicando una lista de más de 5000 términos genéricos con los que la lengua portuguesa se refiere a la diversidad de plantas en Brasil. La enorme tabla ha sido enviada a la World Intellectual Property Organization (WIPO) y a la World Trade Organization (WTO) comunicándoles que tales palabras están en uso y no pueden estar en venta. Seguramente no servirá de mucho pues cada paÃs sigue sus propias reglas para decidir de quién son las marcas.
El gesto brasileño, en todo caso, hace evidentes dos formas increÃbles y cada dÃa más frecuentes de abusar del procomún: de una parte, creando nuevas fuentes de riqueza por la simple canibalización de recursos que pertenecÃan al patrimonio compartido de la humanidad. De la otra, utilizando las leyes de sus paÃses para seguir humillando a los gobiernos y a la ciudadanÃa de los paÃses menos desarrollados.
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Comentarios
Una vez más (y no soy proclive a los piropos), enhorabuena Antonio. Ya estoy hablando de este tema en mi weblog. No se trata solo de biopiratería sino de más, y más y más. Empresas contaminantes que no queremos afectando gravemente la aslud de la población, extensiones amazónicas taladas y quemadas por multinacionales (con sus propios embarcaderos en las grandes arterias fluviales (como lo de la cuenca del amazonas), para cultivas soja que luego llevan a sus países para alimentar el ganado que luego nos venden como hamburguesas. Del mismo modo ya empiezan a repoblar para biocombustibles que nos venderán aquí como "ecológicos". Es una verguenza que casi nada de esto aparezca en la prensa. Gracias por ayudarme a denunciar estoe hechos (auqnue lógicamente no leyeras lo que he escrito en mi Weblog). Luego mucha cooeración con latinoamérica y bla, bla, bla. La mayor parte es puro neocolonialosmo vilmente encubierto.
Juanjo Ibáñez



Los poderes públicos nacionales, y no digamos los internacionales, se refugian en la leyes que les justifican para mostrarse como simples árbitros. Objetivos y equidistantes. Para eludir el compromiso, para que no se cuestione su papel en juego. Para que los poderosos sigan confiando en su buen criterio y los atropellados no rompan la baraja. Para permanecer, para crear ilusión.
Nadie quiere asumir el riesgo de tener criterio propio.
Menos, en el caso de nuestro país, frente a los que crean riqueza construyendo allí donde su beneficio sea salvajemente mayor, o en el caso de los países científicamente poderosos, con aquellos que se expolian los recursos ubicados en terceros, prevaliéndose de su superioridad jurídica, ellos han hecho las leyes, científica, ellos son los dueños del conocimiento preexistente y comercial, ellos dominan los mercados.
Las leyes recogen el equilibrio (normalmente el desequilibrio) de poder anterior a que surgiese el conflicto que pretenden solucionar.
Pero, no olvidemos que primero fue la sociedad. Sólo nos queda la esperanza y la responsabilidad de crear el entramado social capaz de dar respuesta a los abusos vergonzantes como el que recoge este post.
Gracias por recordarnos que el ansia de apropiación de algunos esta conduciéndonos, primero a la degradación moral, después a la destrucción.
Tu voz se hace todavía más necesaria cuando el cambio de rutina nos puede facilitar ver lo que nos negamos en el día a día.