ciencia y política del clima

El clima es una problemática que concita los debates más apasionados y que nos permite visualizar la necesidad de un nuevo orden mundial, así como de otro marco de relaciones entre ciencia y política.

Las cuestiones relacionadas con el clima siempre han tenido las mayores connotaciones políticas. La ciencia del clima es un concepto muy moderno (hasta hace poco era confundida con la meteorología), aún cuando sean antiguos y proliferativos los escritos de muy diversa naturaleza que trataban de explicar cómo caracterizar el clima y su impacto sobre el territorio, la salud o la conducta.

La astrología, la psicología, la medicina, la agricultura, la navegación y el urbanismo, por sólo citar algunos ejemplos claros, eran saberes cuya construcción demandaba firmes convicciones (o pruebas) sobre nuestra relación con los meteoros. El clima entonces siempre fue un asunto muy controvertido. Pero una cosa es hablar de implicaciones políticas de la ciencia y otra muy distinta de politización de la ciencia. Todo parece indicar que cuando hablamos del clima es muy difícil distinguir entre ambas.
En términos históricos puede decirse que pocos temas se ha acomodado mejor que el clima para ser conceptualizados en términos morales. Por sólo referirnos al siglo XVIII, abundan los diagnósticos elaborados por brillantes filósofos (Locke, Montesquieu o Kant) y científicos (Sydenham, Buffon, o Blumenbach) que dan por probado que a cada clima corresponde un temperamento y que, obviamente, pertenece a los climas templados el privilegio de haber producido la civilización occidental. El destino de quienes habían nacido en áreas tropicales era integrar naciones subalternas.

Sin duda, el clima fue la mejor herramienta para visualizar (y naturalizar!) las tensiones entre las distintas áreas del planeta. Las cartografías que favorecía el conocimiento del clima eran morales y servían para ordenar el mundo según los prejuicios raciales, culturales y de género. El clima daba cuenta de por qué el mundo debía ser gobernado por hombres, europeos y blancos.

Hoy también el clima es un tema con tendencia a enrevesarse. El International Panel on Climate Change, un grupo de 2000 científicos procedentes de más de 100 países, patrocinado por la ONU, es una de las muchas organizaciones científicas que considera probada la relación entre calentamiento global del planeta y actividad humana.

Hay otras muchas instituciones respetables que han concluido lo mismo. Más que de consenso, habría que hablar de clamor científicos, pues no es fácil encontrar un tema que habiendo sido tan contrastado, suscite tanta coincidencia. Naomi Oreskes, ver Science, ha revisado 928 abstracts de artículos publicados entre 1993 y 2003 en revistas de calidad contrastada (peer review journals) y no encontró ninguno que cuestionara la hipótesis mencionada.

Los científicos están de acuerdo, pero hay poderosas corporaciones industriales (especialmente las vinculadas al petróleo y el automóvil) que quieren impedir (o retrasar) la aplicación de los compromisos de Kyoto. Para lograrlo están ensayando una maniobra bien interesante: convertir un problema político (reducir los niveles de emisión de CO2) en otro científico (aclarar si el calentamiento global es consecuencia de la actividad humana). Entre sus estrategias, parece tener éxito la llamada manufacturación de incertidumbre, consistente en mantener estructuras (aparentemente) científicas que sostienen que la hipótesis androgénica es problemática, que no hay que precipitarse, que hay que estar más seguros, etc. En fin, que adoptan las formas de los científicos (apelando a la imposibilidad de hacer afirmaciones incontestables o absolutas), cuando sólo son agencias de propaganda dispuestas a intoxicar la opinión.

Y decimos que parecen tener éxito porque la prensa, incluida la más exigente, parece estar siguiendo el juego. Al menos esta es la conclusión a la que llega un importante estudio Jules y Maxwell T. y Jules M. Boykoff (Balance as Bias: Global Warming and the US Prestige Press, pdf; ver también un resumen en Fairness & Accuracy In Reportng (Fair) sobre el seguimiento que los periódicos están haciendo de las noticias sobre el clima.

Las conclusiones a las que llegan los Boykoff son inquietantes, pues tras un análisis de 636 artículos publicados en medios de prestigio -aparecidos en New York Times (41%), Washington Post (29%) y Los Angeles Times (25%)- resultó que sus autores practicaban la técnica del balance de opiniones, dando en el texto igual peso a la opinión de los entrevistados que estaban a favor que a la de los que estaban en contra del calentamiento como efecto humano (53%). Otro 35% subrayaba el impacto de la acción humana pero presentaba los dos (supuestos) lados del debate. El asunto es escandaloso porque los periodistas estarían dando apariencia profesional a un tratamiento profundamente sesgado que equipara el criterio contrastado de los científicos con la opinión (indocumentada) de los lobbies corporativos.

¿Es incompatible el consenso científico con el consenso político? Para ser veraces, los científicos someten sus trabajos a discusión en foros públicos (congresos, seminarios, peer review). Aunque sabemos que puede haber fraude, no es menos cierto que el sistema funciona y que la discusión sirve para cualificar qué hechos son relevantes y cuál es su alcance. En política las cosas suceden de otra manera. El consenso se logra balanceando las posiciones en conflicto, siempre que se acepte que los puntos de vista de los unos sólo contienen una visión de la realidad parcial y complementaria a la de los otros.

La retórica del consenso suele imponerse en circunstancias excepcionales y siempre que la partes implicadas vean en peligro el sistema mismo. ¿Pero qué sucede si los periodistas ya han decidido por su cuenta y riesgo que el calentamiento global del planeta no es un tema científico, sino político? Alguien podría interpretar que, como se insinúa en voiceless, al menos en este caso, balancear la opinión equivale a silenciar la menos conformista.

El asunto es espinoso como se explica en otro interesante informe de Matthew C. Nisbert y Chris Mooney para Skeptical Inquirer, The Next Big Storm: Can Scientist and Journalists Work Toghether to Improve Coverage of the Hurracane-Global Warning Controversy?. Después de haber asistido a un coloquio científico (al que fueron invitados algunos periodistas) sobre huracanes y calentamiento global, todos los asistentes convinieron en que los periodistas se están enfrentando a problemas de una complejidad sin precedentes. Las cuestiones climáticas deberían plantearse en una escala temporal de siglos, de forma que cualquier intento de establecer correspondencias rápidas entre, digamos, el Katrina o Wilma y el cambio climático, está condenado a enfrentar problemas extremadamente complejos y, en consecuencia, a niveles crecientes de incertidumbre.

Los periodistas entonces optan por quedarse con lo que entresacan de Nature o Science y, lo más importante, los titulares que subliminalmente les suministran los propios científicos. La dificultad de los objetos y las enormes implicaciones políticas y culturales de los problemas hacen el resto. Si, además, tenemos en cuenta que hay mucho sabueso (al servicio de algún lobby) vigilando que nadie se “exceda” en la opinión, entenderemos las ventajas (que no el glamour, ni el compromiso) de una posición cautelosa o, pretendidamente, objetiva.

El artículo de Nisbert (Framing Science) y Mooney (The Intersection), ambos integrados en el paradigmático cluster de blogs científicos ScienceBlogs, se basa en varias docenas de entrevistas a científicos y periodistas científicos conectados al cambio climático. Los periodistas han reconocido que, tras los desastres producidos por los huracanes de 2005, entendían que su obligación era cubrir la dimensión científica de los fenómenos.

En términos generales, las noticias que elaboraron fueron construidas alrededor de tres ejes principales: el titular producido por alguna revista de prestigio, la fuertes discusiones dentro de la comunidad científica y la discutida credibilidad de las instituciones gubernamentales. La consecuencia es que, para no resbalar y mantener el crédito profesional, los periodistas optan por describir un contexto estrictamente científico que, para distraer a los lectores, se completa con noticias acerca de graves enfrentamientos en congresos o declaraciones sobre las presiones que padecen los climatólogos empleados en organismos públicos para que no adopten posiciones públicas.

El problema es que los científicos tampoco quieren arriesgar la objetividad que se les atribuye y evitan adentrarse en el análisis de las consecuencias políticas de lo que (desde el punto de vista científico) está pasando. Lo que Nisbert y Mooney defienden es que los periodistas deberían intentarlo y no renunciar a la función (crítica) de mediadores que nuestra sociedad les tiene encomendada. Más aún, dedicar tanto espacio a explicar si es o no la actividad humana la que provoca el calentamiento global podría interpretarse como una deserción de sus responsabilidades, pues cualquiera que sea la causa del calentamiento, nadie discute que las poblaciones cercanas a las costas están amenazadas y que, en consecuencia, debería hablarse más de urbanismo, seguros y especulación inmobiliaria. Esta es la clara posición adoptada en Down to Earth.

La voluntad de ser objetivos no debería empañar la obligación de ser solidarios. Y esto vale también para los científicos, igualmente cuestionables si pretenden seguir eludiendo sus responsabilidades públicas, pues la objetividad (científica) no implica la neutralidad (política). De hecho parece urgente acabar con este equívoco de mucho abolengo y poco fundamento.

La Royal Society ha recomendado a las revistas científicas que cuando difundan artículos que traten asuntos candentes, publiquen simultáneamente otro artículo (también peer review) que explore las consecuencias políticas. De esa manera, lo periodistas y los científicos podrían navegar por todas las dimensiones sin refugiarse en la (ya improbable) autonomía de la ciencia.

Hoy también, como hace tres siglos, el clima es un objeto que hace visibles y vertebra un sin fin de problemas que permanecían ocultos o dispersos. El clima, según hemos explicado aquí, vuelve a ser un asunto de mucho impacto público y, por tanto, político. Según parece, hablar del clima podría llegar a ser políticamente incorrecto, porque nos obligaría a tratar asuntos delicados, como lo son el muy desigual reparto de los males que ocasiona el vertido de gases de efecto invernadero. Quienes más contaminan son los que menos sufren las consecuencias.

Los mapas climáticos deberían mostrar estas injusticias y pretender que sólo sean científicos o impedir que emerjan estas nuevas cartografias morales es sencillamente intolerable. Por dos motivos: 1) porque es de justicia acabar con las desigualdades más sangrantes, y 2) porque mientras se contamina se está agostando el procomún, pues el aire siempre fue y debería seguir siendo un bien de todos y de nadie al mismo tiempo.

Los científicos y periodistas tendrán en algún momento que, juntos o por separado, hacer frente a estas responsabilidades y abandonar la estúpida pretensión de que para hablar de ciencia hay que superar la tentación de tratar sus implicaciones políticas. Hay quienes apuestan por la tesis de que son los blogueros quienes están llamados a ocupar este nuevo espacio de opinión y crítica. Tal vez sea así, el tiempo lo dirá. De otra manera, la ciencia del clima seguirá siendo lo que siempre fue: una simple herramienta (revestida de mucha retórica ptolemaica, hipocrática y herodotiana) para asegurar el dominio occidental sobre el resto de los pueblos del mundo.

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Comentarios

Gracias, tu blog hace falta

Hola Antonio,

Tema interesante y muy bien tratado. Si te aconsejo que analices mis notas sobre desertificación ya que la "big science" medioambiental tambien está sesgada desde un principio. Numerosos expertos se quejan de que se hace demasiado caso en la prensa a las predicciones de las simulaciones de los MGCA, que al fin y al cabo no son más que predicciones con incertidumbre y que fallan ante test posdictivos (no simulan con frecuencia bien los cambios climáticos del pasado), por lo que albergan ciertas dudas (y digo dudas) de si estamos frente a un cataclismo o no. Pero sobre todo dudan de las predicciones. Yo, por ejemplo, mantengo la postura de que las acusadas modificaciones biogeosféricas deben "ineludiblemente" estar afectando al clima. Obviamente es difícil rebatir que el incremento de CO2 debe estar causando un cierto calentamiento. Ahora bien ¿porque las "evidencias de que se disponen actualmente señalan que en interglaciares anteriores se produjo un incremento de las concentraciones de esta gas varias veces superiores a la actual por causas naturales?.

En cualquier caso, esto mnjo lleva a frenar un hecho del que se disponen de muchas evidencias. "Y aquí el principio de porecaución es el que vale. Es decir por precaución debemos paliar el problema ya que además nadie duda que debemos buscar alternativas al petroleo (recurso a punto de agotarse). Ahora bien, cuando los "popes de una disciplina" imponen su criterio (de consenso)" y cuando expones tus quejas pareces (o se te trata) como a un hereje.

Quiero decir que por la parte científica tamnién hay una fuerte presión para decir que el clima está cambiando. Y lo que es peor muchos que se dicen expertos a pelan a razones científicas carantes de fundamento. He hablado de ello con expertos honestos y ya prefieren no hablar, no porque defiendan a las multinacionales, sino porque la literatura científica también comienza a estar plagada de artículos con poco sustento empírico, conclusiones que no se basan solidamente en los datos, etc. Y es aquí donde los criterios de autoridad de los popes "hacen más mal que bien". Dicho de otro modo no es un debate limpio por ningun lado.

No hay, por ejemplo muchos científiocos españoles para tratar correctamente los impactos, futuros escenarios, etc. de un "previsible calentamiento climático. Más aun un forzamiento radiuativo puede llevar a medio plazo a un enfriamiento por causas que no voy a analizar aquí. Y los expertos honestos lo saben. La ciudadanía quiera claridad. Los expertos se encuentran ante un sistema complejo no,lineal cuyo comportamiento es en parte imprevisble, ciertos organismos internacionales quieren usar el calentamiento como un mecanismo de redistribución de la riqueza a noivel global para paliar los efectos de la globalización económica, y finalmente los defensores del modelo económico encuentran que: " a rio revuelto ganacia de pescadores".

Todo muy complejo. Ahora bien a mi se me acuse de defensor de las multinacionales por ciertos colegas y movimientos ecologistas, por decir que se presta demasiada credibilidad a los MCGA, pero defendiando el principio de precaución. Es decir la imperiosa necesidad de buscar y poner en práctica tecnologías limpìas que mitiguen la emisón de gases de invernadero. ¿es justo?

Así está la cosa.

Un cordial saludo

Juanjo Ibáñez

Perdón por las seguras faltas que he cometido al escribir muy rápido y sin revisor.

Quisiera saber: ¿cuales son las implicaciones economicas, sociales, politicas, economicas y eticas del calentamiento global? por favor….

Redalyc, pone a disposición de los usuarios más de 119805 artículos a texto completo, los cuales podrá leer, criticar y analizar.http://redalyc.uaemex.mx/

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