irak y el nuevo pacto social por la ciencia

Nuestro mundo necesita el criterioindependiente de los científicos, quienes tendrán queredefinir con mucha modestia su papel en la sociedad sin supeditarsea las presiones nacionalistas, corporativas o ideológicas.

El sábado 6 de enero de 2007,hace dos días, el Consejo de la AmericanHistorical Association, AHA (fundada en 1889) rechazóuna resoluciónque unos días antes había aprobado la Asamblea General(Bussines Meeting) de la AHA reprochando a la administraciónBush haber violado los principios de “libre expresión(free speech), transparencia en los debates (open debate) y accesoabierto (open access) a los registros gubernamentales” y que, enconsecuencia, animaba a sus asociados, en tanto que ciudadanos, aemprender acciones públicas para defender el respeto a losvalores inherentes a la práctica profesional y para apoyar unarápida conclusión de la guerra de Irak.

Historians_Against_the_War_American_Historial_Association_(Atlanta,_2007)El Consejo adoptó la decisióntras comprobar que de los 4.800 asociados sólo habíanasistido a la Asamblea (Bussines Meeting) unas 200 personas.Sí aprobó, sin embargo, otras resoluciones que fueronapoyadas en la Asamblea con un respaldo parecido. El problemaentonces no era de quorum, sino la pertinencia de un dictamen que,según sus detractores, dividiría la AHA por ser unasunto más político que profesional (ver el relato en History News Network).

La propuesta fue promovida porHistoriansAgainst the War (HAW) y, según se argumentaba,era una respuesta adecuada al estado de permanente violaciónde las reglas que garantizan una investigación abierta, dadoque

a) se ha impedido que reconocidosinvestigadores extranjeros entren al país;
b) se ha acusado de revisionistas aquienes han cuestionado la credibilidad de los servicios deinteligencia;
c) se han reclasificado documentospreviamente desclasificados,
d) se ha suspendido el derecho de habeascorpus impidiendo que la defensa pudiera hacer elprescriptivo trabajo de investigación, y
e) se han utilizado técnicas deinvestigación (tortura y fabricación de pruebas, entreotros) contrarias a nuestra/la civilización y dignidad humana.

La resolución de AHA tiene comoprecedente otracontra la guerra del Vietnan (1969) y que tambiénfue derrotada, una decisión que otros historiadoresposteriormente valoraron muy negativamente por ser expresióndel (confortable) aislamiento que practican los académicosrespecto a los problemas que amenazan la vida en común.

Ya hemos tratado varias veces lastensiones creadas por la creciente politización de la cienciadurante la administración Bush (las llamadas guerra de laciencia) en relación al evolucionismo o el cambioclimático (y aquí). También hemos hablado de la mucha arrogancia conla que a veces se han comportado los científicos, ya seadesentendiéndose de las implicaciones de sus descubrimientos oapostando por la cienciasexy (la que da publicaciones, fama y premios), ya seainvolucrándose en asuntos turbios (antropologíay arqueologíabasuras) o mezquinos (farmachifles,por ejemplo).

En todos los casos se ha producido unamovilizaciónde científicos (ver también aquí)en defensa de una forma de entender las prácticas científicas(ethos de la ciencia) que, como ocurre en nuestro caso, implica nuevas maneras de construir el compromiso entre ciencia y sociedad. No sóloes que loscientíficos deben dedicar más tiempo a pensar lasconsecuencias de lo que hacen, sino que esperamos su criterioprofesional sobre lo que está sucediendo a nuestro alrededor,ya sea que hablemos de cómo reducir las emisiones de C02 o delos riesgos asociados al uso de transgénicos, ya sea que nosrefiramos a las tensiones migratorias o a los horrores de laguerra.

En fin, la inquietud expresada por elConsejo de la AHA acerca de los peligros de mezclar los interesesideológicos con los profesionales, tiene poco de académicay mucho de política. No se trata sólo de que lacreencia en que son separables implica adscribirse a unaepistemología simplista, sino que al sugerir como correcta lapráctica de la no pronunciación se está apoyando(al menos tácitamente) un forma (ominosa) de gestionar asuntospúblicos de muy amplias resonancias locales y globales.

Salir de la torre de marfíl enla que se refugiaron los científicos tras la Revoluciónfrancesa y las guerras napoleónicas no será fácil,ni estará exento de nuevas incertidumbre. Al fin y al cabo esofue lo que hicieron en la Alemania de Hitler y en la Rusia soviéticay fue un experimento desastroso, pero hoy quizás podamosreflexionar sobre aquella experiencia y estas urgencias para rehacerun nuevo pacto social por la ciencia, en la que los científicosrecuperarán el prestigio social si actúan en defensadel procomún y no de intereses corporativos.

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Comentarios

Esto es la guerra. Aunque no nos hayamos querido enterar. La primera victima de la guerra siempre es la verdad.

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