google, los libros y la noci贸n de cultura

El proyecto de Google de digitalizar grandes bibliotecas plantea dif铆ciles interrogantes sobre la leyes de propiedad intelectual y sobre la noci贸n misma de cultura.

Google se propone subir a la red 30 millones de libros en los pr贸ximos ocho o diez a帽os. Para ello est谩 firmando acuerdos con grandes bibliotecas que le dejan copiar sus fondos a cambio de recibir una copia completa del trabajo. El coste total de la operaci贸n se calcula que pueda ascender a unos 800 millones de d贸lares. Y para hacernos una idea del ritmo de procesamiento, sabemos que en la Universidad de Michigan  se est谩n escaneando unos diez mil vol煤menes a la semana.  O sea que s铆, que Google, seg煤n reza su propia filosof铆a corporativa, sigue empe帽ada en 鈥…organizar la informaci贸n del mundo y hacerla 煤til y accesible para todos鈥.

La cuesti贸n es que, como explica este mes Jeffrey Toobin en The New Yorker,los libros son tambi茅n una mercanc铆a regulada por leyes que protegen lapropiedad intelectual. Se calcula que alrededor del 20% del materialimpreso pertenece al dominio p煤blico, incluyendo en este porcentaje laspublicaciones del gobierno o todos los textos cuyo copyright yaexpir贸.  Y cuando Google dice estar organizando la informaci贸n, lo quehace es tomarla de donde est茅 y servirla a trav茅s de su buscador.  Noofrece, sin embargo el libro completo, sino  frases que rodean lapalabra que se busca en todos lo libros que ya est茅n en sus servidores.Para el usuario normal es como ir a la librer铆a y andar hojeandocualquier cosa que le llame la atenci贸n.  No vamos a entrar en c贸mo sepuede hacer negocios regalando servicios (ver aqu铆).

El asuntoes que los autores y las editoriales quieren participar en el fest铆n ycobrar un porcentaje en concepto de derechos. Su planteamiento essimple.  Si las palabras/ideas las encaden贸 alguien (el autor, author)y las empaquet贸/difundi贸 una empresa (el editor, publisher), cualquierproducto derivado de esta mercanc铆a que llamamos libro (como, porejemplo un gui贸n de cine) debe pagar derechos.  Y, en consecuencia, hancolocado sendas demandas que seg煤n parece deben resolverse a lo largode 2007.

La posici贸n de Google es muy distinta. En primer lugar,sostiene que la informaci贸n que ofrecen a los usuarios ayuda a losautores/editores a encontrar clientes y que, en todo caso, nunca dan elproducto completo, sino una exhaustiva informaci贸n contextual enrespuesta a una pregunta concreta.  Pero hay m谩s, pues mantienentambi茅n que el objeto que venden es un producto derivativo o, en otrost茅rminos, que cuando el libro es digitalizado e ingresa en susservidores lo que resulta es una entidad completamente nueva, cuyovalor procede del algoritmo inventado por Google para indexar palabrasy responder preguntas (Google Book Search). 

Igual que nopagan derechos los cocineros por usar recetas sacadas de un libro, nilos m煤sicos por inspirarse en el folclore o los fot贸grafos por dispararcontra las estrellas (y estrellitas); por los mismos motivos que losensayistas no adquieren deuda alguna con el director de Ciudadano Kane,el predicador en la misa dominical o el ej茅rcito americano  que lanz贸la bomba sobre Hiroshima, tampoco deben pagar quienes, como Google,usan una lata de sopa de tomate o un urinal para hacer arte. Todosesperamos que John Cage no quiera patentar el silencio como composici贸nmusical, ni que tampoco genere derechos la interpretaci贸n porel personal de The Guardian de la composici贸n 4′33”.

Y si un juez sentencia locontrario, toda nuestra cultura, el mundo mismo que habitamos, ser铆asacudido por una ola de estupidez sin precedentes. Lo peor es que siexistiera un tribunal tan contrario al sentido com煤n (una hip贸tesisnada descabellada, si consideramos la certeza de Bush presidente)  yobligara a Google a pagar, las cosas empeorar铆an todav铆a m谩s.  Ser铆anmuchos d贸lares, pero pagar铆an con publicidad, con OPAS hostiles osimplemente con dinero contante y sonante.  La inversi贸n de Googleser铆a impresionante, pero conseguir铆a  los derechos de todo y, desdeluego, como explic贸 Lawrence Lessig, desanimar铆a a cualquier otra empresa quequisiera meterse en el mercado de las palabras. 

Los autores yeditores, trafican mucho con Darwin, pero no lo han le铆do y, no saben que el futuro no es de los m谩s fuertes, ni de los m谩s inteligentes,sino de quienes den la mejor respuesta a los cambios.  Justo locontrario de lo que hacen, pues al parecer lo 煤nico que se les ocurrees presionar para que se hagan leyes que expandan abusivamente losderechos de propiedad intelectual y as铆 repartirse unos recursos  (unaespecie de nuevo impuesto) con los que financiar el dif铆cil (o puede que resistencialista) tr谩nsito de las viejas empresas a las nuevas tecnolog铆as.

Y quiz谩s muchos pagar铆amos para preservar empleo en el sector o su bella cara, peroque por favor no lo hagan por nuestro bien y mucho menos para salvar lacultura.

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Comentarios

Antonio,

Excelente reflexión!- Hacia tiempo que no leía un artículo tan claro sobre el impacto de la digitalización del libro en el sector cultural.

Sin lugar a dudas, Internet representa el principal desafío de las editoriales. Las nuevas tecnologías apartarán a todos aquellos profesionales del sector del libro que se resistan a incorporar estas nuevas herramientas en sus empresas.

Es cierto que todavía no se han lanzado modelos de negocio viables basados en tecnologías Web 2.0, pero todo parece indicar que la participación de los usuarios (lectores, libreros, bibliotecarios, etc.) y la digitalización y distribución de sus contenidos serán los factores más relevantes de estos nuevos modelos.

Javier Celaya

Gracias Javier. No estoy muy seguro de que valga la afirmación de que no hay modelos de negocio basados en la web 2.0. Hay muchas referencias posibles, pero yo tengo debilidad por el blog de Juan Freire. Te envio a un artículo que, como todo lo de Juan, es atinado.

http://nomada.blogs.com/jfreire/2006/12/estrategias_par.html

Antonio,

Es cierto que existen ya varios modelos de negocio muy interesantes basados en tecnologías web 2.0, pero me refería al sector editorial español.

Desgraciadamente, ninguna editorial española apuesta firmemente por la digitalización de sus libros o por algo tan sencillo como facilitar una conversación entre lectores sobre sus libros a través de la Red. Ninguna librería apuesta firmemente por el modelo Amazon de recomendación entre lectores o lectura de primeros capítulos, sólo algunas grandes superficies facilitan la compra por Internet.

La digitalización de los libros es incontestable, la clave está quién lo hace (Google o los europeos) y cómo lo hacen (público o privado). Existen cerca de 35 millones de libros en el mundo, pero sólo un 10% están libres de derechos de autor. Un 15% en circulación (librerías o en catálogos de editoriales) y el resto, un 75%, en el olvido de las bibliotecas no digitalizadas.

En mi opinión, este es el principal reto del sector, y dadas las posturas contradictorias de la mayoría de las editoriales españolas, ¿estamos hablando de egos personales, posturas corporativas, beneficios comerciales, etc. en vez de cómo afrontar este desafío?.

Javier

La cuestión reside, me temo, en que Google no es una ONG sino una empresa con ánimo de lucro.

De nuevo, pareces ver la creación literaria como una mera encadenación de palabras: "si las palabras/ideas las encadenó alguien (el autor, author)", y en tanto en cuanto las palabras ya estaban aquí antes que yo, tu argumento parece decir que el autor no ha aportado nada nuevo.

Según tú, por tanto, lo mejor es que todo el mundo done a Google libremente sus obras, o sino Google acabará por comprar esas obras, sea como sea. Entonces, ¿qué alternativa dejas al autor? Todo esto está muy bien, pero imagino que si haces una casa con tus manos, te gustaría tener algún derecho sobre esa casa, porque te ha llevado un esfuerzo.

No entiendo porqué todo eso no es aplicable a las obras literarias, sean cultura o no. De verdad que no entiendo porqué el autor, por el mero hecho de ser creador, está obligado a ceder su obra al dominio público con las condiciones que éste le imponga. Realmente, sin ironía, no lo entiendo.

Gracias por tu comentario que parece mostrar un deseo de entender lo que está pasando. Desde luego un programa informático que mezcle al azar palabras no logrará crear una novela. Así que mo hay más remedio que admitir que cualquier intento de reducir al absurdo lo que se intenta decir, sólo logrará aislarnos más a unos de otros e impedir que podamos reflexionar con serenidad. La consecuencia es que la cultura seguirá siendo lo que ya es un mega negocio del que vive casi todo el mundo menos el propio creador.

Estoy seguro de que hay formas de abordar estos problemas sin que todo se lo coman unos pocos que nada tienen que ver con la creación, porque lo justo es decir que el grueso del pastel se lo comen las productortas, distribuidoras y las sociedades de gestión de derechos. Mucha gente ha sido convencida de que no hay otra manera de hacer las cosas, pero yo no estoy entre ellos. Más aún, creo que deberíamos dedicar más esfuerzo a encontrar soluciones económicias y jurídicas (para los creadores).

Desde luego Google es una empresa privada pero hace más por la cultura que, por ejemplo, la SGAE o la SONY. Se que su propósito es ganar dinero vendiendo publicidad, pero no se podrá negar que ha puesto a disposición de la gente más cultura que todas nuestras Universidades y bibliotecas juntas. Y es que, en efecto, muchos de los argumentos a favor (de la expansión abusiva de) los derechos de autor proceden de la incapacidad de la mayoría de los agentes onvolucrados en el negocio de la cultura para adaptarse a lasa nuevas tecnologías.

Sugerir que no sentimos respeto por la creatividad o los artistas es un exceso. Lo que no se entiende es por qué se tiene que hacer ricos un sinfin de intermediarios para que quede algo para los muchos y mucho para los pocos. Un ejemplo, cuando se expandió el tiempo (hasta casi cien años) de pertenencia/disfrute de los derechos a los autores en USA, Lawrence Lessig, catedrático en Stanford, creador de Creative Commons y experto en estos asuntos, propuso una enmienda al proyecto de ley para que después de 25 años hubiera que solicitar la ampliación de derechos hasta el plazo que prevía la ley. Con esta pequeña correción se evitaba que toda la cultura que en la práctica no genera derechos (la inmensa mayoría de lo que se produce pasa al olvido al poco de aparecer) quedara encerrada/oculta/olvidada. Al mismo tiempo se hacía crecer el dominio público y se abría la posibilidad de 1ue otras personas crearan nuevos productos a partir de los antiguos. La respuesta fue no y así se prestó más atención a los grandes lobbies de la indutrsia cultural que al sentido común.

En fín, creo que somos muchos los que pensamos que la concepción actual de los derechos de autor no cumple las dos funciones para las que fue inventada: favorecer la creatividad de una sociedad en su conjunto y crear un escenario jurídico que garantice una vida digna para los creadores.

El asunto no es si debe ceder al dominio público los frutos de su trabajo, sino cuanto tiempo debe poseer en exclusiva los derechos sobre su trabajo. Si quisiéramos arreglar las cosas, a mi modo de ver, deberíamos explorar la figura del usufructo o, en otros términos, que los frutos de la creación pertenecieran en usufruto al autor por un tiempo (lo más corto posible) para después ingresar al procomún.

Gracias por expresar tus opiniones en este rinconcito de la web.

Efectivamente, estoy de acuerdo en que los derechos de autor deben de pertenecer al autor, y no a las distribuidoras, editoras, discográficas, etc etc etc. De hecho, quizá no deberían poder cederse legalmente a terceros, sino que éstos deberían *siempre* pertenecer al autor, porque como su nombre indica, son derechos de autor.

Y respecto a cuando tiempo, mi opinión, no demasiado reflexionada y así a bote pronto, es que como máximo, hasta que éste fallezca, a no ser que decida hacerlo antes (no fallecer, se entiende, que ese es otro tema).

En efecto, Google está haciendo mucho por la cultura, pero te confieso que me gustaría saber si por su parte hay algo más que altruismo detrás de todo esto.

No me des las gracias, es un placer :)

Exacto, sólo altruismo. Habrás visto que todo cuanto hago en este blog se publica con una licencia Creative Commons. Nada tengo que ver, creo, con Google. Digo creo porque quién sabe lo que Google sabe de todo (incluido de cada uno de nosotros).

Yo también publico mi blog con Creative Commons, aunque he de reconocer que con una licencia más restrictiva (reconocimiento y sin obras derivadas). A pesar de ello, si algún día decido cambiar la licencia de aquello que yo pueda crear y publicar en el futuro, espero poder hacerlo como autor de mis "obras".

Y respecto al último paréntesis, piensa que probablemente Google tiene un perfil psicológico tuyo y mio -datos de nivel medio-, además de acceso a correo personal, documentos, etc etc (que yo me meto mucho con ellos pero soy el que más hace uso de sus servicios al final… :) Y en un país sin leyes de protección de datos personales. Que yúyu, ¿eh?

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