El saqueo de la cultura
El mundo de los derechos de autor nosólo es extremadamente desigual (todo es para unos pocos) sinoque los negocios que genera están muy polarizados hacia unnúmero ridÃculo de paÃses.
Mostrar estaafirmación es el objetivo del mapa, sacado de Wordmapper, que mostramos, construido con datos pertenecientes a 2002. En la representacióncadapaÃs tiene un tamaño proporcional a lo que ingresópor derechos de propiedad intelectual. Estados Unidos captóel 53% del total. Le siguen en tamaño Japón y ReinoUnido, dos paÃses que también exhiben sus excesosbulÃmicos en estas materias.
Seguro que hay gente que al ver estemapa se cree que refleja la originalidad, inventiva o creatividad delos habitantes de esos paÃses obesos. Pero lo justo es decirque la gordura que ostentan sólo refleja la potencia de susindustrias culturales y de sus organismos de vigilancia para quenadie se escape sin pagar. Hasta podrÃamos decir, viendo haciadónde van los flujos de capital, que alguien se estáhaciendo muy rico mientras privatiza cosas que son de todos y queestán en la atmósfera, como el aire que respiramos.
La cultura, desde el punto de vista delcreador, no es otra cosa que un incansable proceso de diálogo,copia, pega, mezcla, cita, emborronado, ensayo y sampleado para, unavez terminado, volver a empezar con nuevos intercambios y parecidoscomercios. Las palabras, las ideas, las imágenes son de todosy cada quien las toma de aquà y de allà paraproponernos otra manera de formatearlas, ordenarlas, maquetarlas,decirlas,…
Quienes se dedican a estas cosas tienen el derecho devivir con decencia, pero es dudoso que sea defendible que tengamos eldeber de hacer inmensamente ricos a los que mueven los hilos de laindustria cultural, creando modas y estrellas por unos dÃas o,cuando la cosa dura unas semanas, autenticas genialidades de lapasarela, el escaparate, la pantalla, la prensa, las ondas y ahorainternet.
En fin, no somos pocos los que nospreguntamos qué tendrá que ver todo esto con lacultura, una palabra que venerábamos por creerla asociada anuevas formas de sentir, expresar o experimentar con palabras,imágenes, sonidos o formas. Pero, no importa, lo que querÃaera mostrar un mapa y, al mirarlo otra vez, es difÃcil nollegar a la conclusión de que estas leyes de propiedadintelectual son la nueva impostura (legal y “civilizatoria”, como se decÃa en el siglo XIX) que seutiliza para seguir desviando recursos (ahora, los culturales) desdelos paÃses pobres a los ricos.
Si las cosas siguen asÃ,no serÃa de extrañar que la gente y los gobiernos seenfaden y reclamen, para compensar la sangrÃa, derechos porfotografiar el Sahara, cocinar guacamole, pasear por Nepal, rezar enLa Meca o tararear una bossa.
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Comentarios
Me he dado una vuelta por tu blog en busca de opiniones, ideas, conexiones arriesgadas y evaluaciones éticas, y me ha gustado lo que ha salido. Como científico (por profesión) y como ciudadano te felicito. Por estos casi dos años de publicaciones, y por la calidad de las mismas. Por mi parte invito a todos a entrar a la República de las Ciencias (y las Letras).
Como curiosidad: La cultura tiene una evolución Lamarckiana, es decir, se transmiten los caracteres adquiridos en vida. Por eso es tan rápida. La biológica es Darwiniana, está sometida a procesos de selección natural de los caracteres óptimos, en un ambiente local cambiante, previamente formados. Y es más lenta. Pero el Homo sapiens gracias a la cultura, información extrasomática, acumulada fuera del cuerpo, mediante libros, etc. ha llegado a donde está ahora. Forma parte de nuestro legado. No necesitamos almacenar la información genéticamente ni empezar de nuevo en cada vida. El mundo nos transmite sus conocimientos. No se puede negar a nadie la cultura. Es nuestro derecho como especie.
Un saludo
Aunque comparto tu opinión en torno a la posición de los paises pobres y ricos en relación a la transferencia o como dices, saqueo de cultura, creo que tu visión del autor es excesivamente simplista. La creación va más allá de "un incansable proceso de diálogo, copia, pega, mezcla, cita, emborronado, ensayo y sampleado". De hecho, "diálogo" es la única palabra que entre todas esas parece recoger algún sentido de crear.
Da la impresión de que desde tu punto de vista, la creación es, simple y llanamente, coger palabras y mezclarlas sin que aparentemente haya ningún proceso creativo en esa composición: "cada quien las toma de aquí y de allí para proponernos otra manera de formatearlas, ordenarlas, maquetarlas, decirlas (…)". Y ese proceso creativo es precisamente el meollo de la cuestión, que como digo, no pareces tener en cuenta en ningún momento.
Me alegro de que estemos de acuerdo en que la situación de los países pobres en relación a la problemática de los derechos de autor tiene todo el aspecto de ser profundamente injusta. MIrando el mapa es difícil marcar la friontera entre pobres y ricos, porque en esta materia todo apunta a que hemos creado una estructura a nivel mundial en la que todo el mundo sale perdiendo menos un puñado de paises.
El otro asunto es más problemático. Quienes defienden la actual estructura de los derechos de autor ponen mucho empeño en sostener una especie de teoría de la genialidad. Por contra, los que nos oponemos nos dedicamos a subrayar la inmensa deuda que un autor adquiere cpon lo realizado por los antecesores. Si no estuvieran de por medio las grandes multinacionales de la cultura y de la gestión de derechos, estoy seguro de encontraríamos la manera de seguir conversando sobre estos asuntos para encontrar ese punto en el que hay entendemiento entre lo privado y lo público cuando hablamos de cultura.
Siempre fue un orgullo para los creadores sentirse enanos a hombros de gigantes o miembros de esa virtual Republica de las Letras organizada por iguales, donde la innovación era fruto de una especie de fruto surgido de la atmósfera cultural y ética que se respiraba. Hace apenas una s décadas las gentes de la cultura sentían el orgullo de pertenecer a ese mundo y ninguno, especielmante si era genial, se hubiera sentido ofendido al decirle que la cultura era ese proceso de digerir colectivamente palabras, imágenes y prácticas.
Tal vez te parezca que hablo sin respeto para el trabajo de creación. Pido disculpas por ello, pero no se ajusta para nada a la realidad. Pero este respeto no se convierte a beatería. Hay que distinguir entre los distintos agentes involucrados en el negocio de la cultura para que al ir conversando sepamos de quien hablamos al mencionar la palabra creación.
Disculpa que yo tampoco entienda tu escasa sensibilidad para discriminar entre los creadores y esos otros actores que han organizado un negpcio en el que casi todo es para ellos y sus paises.
Aún estando de acuerdo en la impagable herencia que cada persona lleva tras de sí y que refleja cuando habla, cuando piensa o cuando crea, consciente o inconscientemente, pienso que sin asumir el concepto de la creación, o la genialidad, no estaríamos donde estamos. Entiendo que las ideas, las obras, no se crean de la nada y la existencia de obras anteriores, aunque influyente, no lo es todo, sino que es necesario ir un poco más allá. Las ideas que tú o yo exponemos aquí quizá sean eso, un cortar y pegar, un coger de aquí y allá, y un poco de creación. Pero decir lo mismo de cualquier obra es ir un poco lejos, aunque imagino que tu intención no es esa.
Quizá el problema aquí es que como dices, entendemos distintas cosas por creadores. Para mi, las distribuidoras, productoras, editoras, etc etc, no forman parte de la creación. Y en ese aspecto, Bisbal o Chenoa no son creadores, por citar algunos que seguro que conocemos. Son básicamente parte de empresas que se dedican a vender música.
En el otro lado, y yéndome también a los extremos, considero que Susan Sontag, Michael Walzer o Camilo José Cela sí que lo son. Ellos son los creadores de sus obras. El resto, entiéndase como distribuidoras, editoras, etc, no son creadoras de nada. Son parte de un negocio que aunque aún hoy en día es necesario -todos queremos poder seguir yendo a la librería a comprar libros aunque haya que pagarlos-, a pesar de tener que ser un mero intermediario pretende ser el que le da valor a la obra.
No sé qué más decirte; pienso que un autor es aquella persona que crea una obra original, a pesar de las numerosas influencias que ha podido tener tanto él como la cultura y sociedad en la que ha vivido. El resto, es paja.
Bueno de acuerdo. Pero si es tan genial, seguro que no está pensando en los lujos del consumo extravagante y carisísimo. Y, en todo caso, yo habla siempre de leyes pendasa para que los normales podamos vivir en paz. Saludos
La situación de afán apropiatorio nos esta llevando no sólo a la injusticia, sino diretamente a la más grande de las estupideces.
Como sino es posible que en la universidades publicas de Madrid no te dejen hacer fotos de sus edifcios en los exteriores y que te echen a dos policias para evitar que saques una foto de un facultad, para proteger su PI.

Difícl no recordar el aserto de Benjamin: "Documentos de cultura, documentos de barbarie"