¿cuánta ciencia falsa circulante es admisible?
Hacedos años John Ioannidispublicó en PloS Medicine un artículo Whymost published research findings are false?en el que se argumentaba de forma impecable que la mayoría ola inmensa mayoría de hallazgos científicos publicadosson falsos, porque su certeza sólo es estadística ycircunstancial (ver el excelenteartículo aparecido en The Econonist). No nos extrañaentonces que el texto se lo hayan bajado de la red más de100.000veces y que la discusión sobre su contenido no acabe de apagarse(ver, por ejemplo, aquí).
Esta semana última, PLoSMedicine ha vuelto sobre el asunto difundiendo otros dosartículos que exploran esta problemática desde dosperspectivas diferentes y complementarias, verEurekAlert!. El primero se pregunta cómo evitar unaconclusión tan devastadora y, el segundo, explora cómopuede nuestra sociedad seguir habitando entre tantas incertidumbre.Losautores del primero de los artículos mencionados, RamalMoonesinghe, Muin J. Khoury y J. W. Janssens, estánde acuerdo en que el problema tiene que ver con la ausencia (crónicaen nuestro tiempo) de estudios que repliquen los experimentos paraverificar los resultados.
Y para comprobarlo han hecho un estudiosobre una muestra de 600 publicaciones, cuyos autores daban por buenala existencia de vínculos entre alguna variacióngenética y alguna enfermedad común. Pero dichasrelaciones de causalidad, basadas en hipótesisestadísticamente significativas, son mucho másinciertas de lo suponemos, como se explicó en MarginalRevolution. Hubo 166 artículos que sostuvieron alguno deestos vínculos en 3 o más veces, cuando en la prácticasólo había replicaciones consistentes en sólo 6casos. Así, los otros 160 artículos mencionaron lacorrelación variación/enfermedad porque lo habíanvisto publicado y no porque lo comprobaron.
Este Ioannidises el mismo que también en 2005 publicó uncontrovertidoartículo en JAMA en donde se afirmaba que el 30% de losensayos clínicos aparecidos en revistas científicasacreditadas eran posteriormente cuestionados. Hay un excelente postsobre este asunto en RespectfulInsolence. Una tesis que, como vemos, también puedeampliarse al conjunto de las publicaciones en genética.
El segundo artículo, firmado porBenjaminDjulbegovic y Iztok Hozo, se pregunta por lascircunstancias en la que unos resultados falsos de investigaciónpueden ser considerados aceptables por nuestra sociedad. O, en otrostérminos, cuánta incertidumbre epistemológica esadmisible para que sean admisibles las decisiones que basan sucredibilidad en investigaciones científicas que, como seexplica en artículo que estamos mencionando, tratan de decidirsi es mejor o no combinar quimioterapia y radiación paratratar un tipo de cáncer. Se ponen otros ejemplos, pero nadacambia. Las conclusiones parecen contundentes.
Siempre se da un balance entre losretornos esperados de una investigación (descubrimientosesperados) y la amenaza de fiasco si los trabajos concluyen precipitadamente (riesgos aceptados). Lo que prueban Djulbegovic yHozo es que si decae el nivel de alerta que previene a loscientíficos de aceptar hipótesis poco fundamentadas,entonces crece de forma alarmante el número de afirmacionescientíficas que circula y cuya principal credencial es queestán publicadas y no que estén verificadas.
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Comentarios
Soy científico profesional. En los más de veinte años que llevo en el oficio he vivido de muy cerca dos casos (2) de falsificación de datos científicos que me perjudicaron muchísimo. El primero fue en USA. En el otro caso, aquí en España, tuve que abandonar el laboratorio en la tesitura de irme o involucrarme en la estafa; preferí lo segundo considerando que el inductor del fraude había sido el propio director del grupo; cuando traté de denunciarlo al director de la institución no recibí más que amenazas veladas. Así es este sistema donde se castiga más al denunciante que al denunciado. El colmo del sarcaso es que estos dos personajes eran entonces ¡miembros del comité de buenas prácticas científicas!
Es posible que haya tenido particular mala suerte pero me cuesta creer que sea el único que ha vivido o sufrido las consecuencias de esta clase de delitos; le ha pasado a más gente con seguridad, pero callan porque sus carreras científicas peligran.
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Creo que puede circular tanta como la comunidad científica esté dispuesta a tolerar; al fin y al cabo es ese mismo colectivo quien induce al fraude considerando el modelo establecido de intensa competición por los recursos (limitados) y por la publicación de "perfil alto". Dado que únicamente sobreviven científicamente los que publican mucho en esa clase de revistas, la gente hace cualquier cosa, cualquiera, por llegar a ellas. La consecuencia es la existencia de un sistema corrompido y corruptor que premia al falsificador y penaliza a quien trabaja honradamente pues siempre será menos competitivo y "excelente" que aquél.
En junio de 2005 se publicó un "commentary" en "Nature" (Scientist behaving badly. Nature, 435, p737-738) en el que los mismos científicos corruptos confesaban a través de un cuestionario, naturalmente bajo estricto anonimato, que más del 33% habían fabricado ("cooking") o "cambiado el diseño, la metodología o los resultados de un estudio como respuesta a la presión de la entidad que lo financiaba". Cabía pensar que unos datos como esos harían reflexionar a la comunidad científica. Nada de eso ha ocurrido. Se sigue potenciando el publicar mucho, rápido y en revistas de alto índice de impacto. Las consecuencias están bien a la vista.