el pozo de tales

El desencuentro entre sabios y legos es tan antiguo como la filosofía misma.

La ciencia es una actividad de naturaleza controversial. Y así, la discrepancia es un instrumento clave en la conformación colectiva de los asertos científicos. Tanto, que haríamos muy bien sospechando bajos niveles de excelencia allí donde falten dudas, errores y fracasos. Sin embargo, pocas veces se hacen públicas. Lo más frecuente es que sólo se escuche una loa interminable y cacofónica que quiere ver en los científicos una especie de atlantes civilizatorios.

No entraremos a discutir esta cansina fábula de la modernidad, pero laidea de que un experto habla en nombre de la objetividad es absurda. Y,por ello, cuando los problemas tienen mucho impacto social, losprofesionales pueden llegar a convertirse en actores tan decisivos comoincontrolables. Muchas veces, en medio de la proliferación deopiniones, los expertos, lejos de ser la solución, forman parte delproblema. No es raro entonces que parezca estar acentuándose la tensiónsiempre latente entre las elites y la ciudadanía o, en otros términos,que avance la desconfianza entre legos y sabios: un conflicto, porcierto, más antiguo de lo que sospechamos.

Sus ecos nos llegandesde el siglo VI a.C, tal como lo cuenta Platón en el Teeteto. Veamoslos detalles. Tales, uno de los siete sabios de la antigüedad, fundadorde la filosofía y la astronomía, sale de casa para observar los cielos.Abstraído en sus pensamientos no ve el pozo que hay en el camino y seprecipita al fondo. El único testigo citado es su sirvienta tracia, unamujer ignorante y, como todos los tracios, obsesionada por el culto asus muchas deidades. ¿Pero qué pinta en el cuento esa mujer? Larespuesta es fácil: está ahí para reírse; la sirvienta se mofa de quealguien que mira tan alto se desentienda de lo que está a sus pies.Quien mira al cielo (de los astros), ignora el suelo (de loscreyentes).

La tracia entonces -los detalles los hemosaprendido con Blumenberg- evoca la pérdida de sentido de la realidadatribuida a los intelectuales, y además les reprocha su indolencia antelos asuntos mundanos, incluido el desdén hacia las creencias religiosaspopulares. La fábula de Platón, probablemente tomada de Esopo, comovemos, no tiene nada de inocente, pues el gesto atribuido a Tales,anticipando lo que sería ya norma en Sócrates, acabó siendoinsoportable en la polis griega, pues los sabios andaban cuestionándolotodo y revolviendo aquilatadas tradiciones. Y así quienes comenzaronsiendo gente quisquillosa, acabaron apareciendo criminales. El leveaccidente de Tales se convirtió en martirio para Sócrates.

Elmito ha sido muchas veces contado y otras tantas modificado. Su sombra seprolonga hasta nuestros días, porque la acusación de que el filósofo esun inútil, un parásito social, aunque nace al mismo tiempo que laastronomía, está lejos de ser un tópico superado. Y tenemos versionespara todos los gustos. Montaigne acusó a la tracia de ser enemiga de lasabiduría al no evitar la caída, Michel Serres explicó con rabia que elpozo era un Observatorio, no un lugar de perdición sino de trabajo.

Enfin, el problema de la incomunicación entre los sabios y los legos esviejo. Nace con la ciencia misma. Su representación como un conflictoentre dos culturas (la humanista y la científica) es tan reciente, comocarente de interés. Su popularizador fue Snow, alguien que durante laguerra fría avivó la sospecha de que los intelectuales, además decoquetear con los totalitarismos de derechas y de izquierdas, habíandado la espalda a la ciencia y la tecnología. Los humanistas entoncesfueron calificados de ignorantes, engreídos y ludditas. Gentes que, portanto, debían ingresar en la categoría de los legos.

Más aún,aquella mujer plebeya puede renacer convertida en la anónima heroína deuna rebelión. ¿Contra la ciencia? Tal vez, pues la deriva de loscientíficos hacia posiciones pretendidamente objetivistas y apolíticas(es decir, al margen de los asuntos mundanos) está llegando a su fin.Todo parece indicar que en un mundo tan complejo tendrán que descenderde la peana e implicarse en los asuntos públicos.

Etiquetas:

Si te gustó esta entrada anímate a escribir un comentario o suscribirte al feed y obtener los artículos futuros en tu lector de feeds.

Comentarios

Buenos días

Justamente hoy me he encontrado yo con una situación similar, al charlar con un amigo. La dicotomía entre el mundo del conocimiento (ciencia, filosofía, etc) con el mundo más cercano, más palpable, es real para la inmensa mayoría de la población, aún aquella con formación académica. La conversación derivó hacia la supuesta sensibilidad espiritual del tercer mundo en contraposición al mecanicismo occidental, pero en cualquier caso no sabemos transmitir el ámbito adecuado de la ciencia.

A veces, me siento derrotado. Como científico y como divulgador

Un saludo,

David

Pero David, ¡do not worry, be happy!. Si usted me divulga mucho ymuy bien. El problema aludido por Antonio tenía que llegar tarde o temprano. La arrogancia se paga, y los científicos han mostrado una supina. En verdad que parecen pretender suplantar a la regilión.

Para todos aquellos que nos paga el ciudadano con sus impuestos debíamos recordar que el dinero no nos realmente lo da una Institución, si no los ciudadanos, por lo que a ellos nos debemos, no a las instituciones solamente. El día que se entienda, a lo mejor cambiamos de actitud y tendencias de complicidad: del Estado al pueblo. La web 2.0 puede ayudarnos mucho en este giro.

El ciudadano entiende en muchos casos que su idea de progreso no es lo que entiende el capitalismo: "flexobilidad, trabajo precario, mileuristas, deslocalización, etc. ¿Tienen razón?. Yo creo que sí. Si los científicos no nos percatamos de ello lo pagaremos.

Juanjo Ibáñez

Hola David. Quienes lean estos comentarios deberían saber que tienes un factor h (una medida de la repercusión del trabajo de los científicos) muy por encima del que tienen la inmensa mayoría de los científicos españoles y que, además, eres editor del blog Cuaderno de bitácora estelar al que technorati le asigna el puesto 73.111 entre los 70 millones de blog existentes. O sea que sí, que Juanjo tiene razón cuando te recuerda lo bien que lo haces todo, ya sea que te juzguemos como científico, ya sea que te veamos como divulgador.

Otra cosa es que vivas como una derrota la distancia entre sabios y legos. Mi convicción es que la escisión entre científicos y ciudadanos tiene muchas causas y que, entre ellas, no es de menor importancia la indolencia/incapacidad de los científicos ara conectar con los problemas que tiene nuestro mundo. Hay muchos investigadores que están cansados de luchar por mejorar su factor de impacto (su fama, su imagen, su prestigio) y que, con frecuencia, se sienten prisioneros de una dinámica perversa que ni siquiera están seguros de que sirva para favorecer el aumento del conocimiento.

Espero que lo que te pasa sea pasajero. Lo sea o no, un par de cervezas ayudan a pasar el trago. Un abrazotey mucho ánimo.

Sobre el factor h:

http://es.wikipedia.org/wiki/%C3%8Dndice_h

Cuaderno de bitácora estelar:

http://weblogs.madrimasd.org/astrofisica/

Ultimamente he leido que pro fin se ha alcanzado un CONSENSO en torno al cambio climatico debido al co2 producido por el ser humano.

Es dificilismo encontrar controversia sobre este asunto y cuando la hay se la elimina rapidamente, tachandola de fascista o financiada por grupos de capitalistas muy malos que van a acabar con nuestro planeta.

¿Deberia cachondearme del CONSENSO del PROTOCOLO DE KIOTO?

¿O con tu escrito de hoy solo te refieres al CONSENSO sobre postulados cientificos que ya nos avisaras en su momento?

La ciencia aisla variables para estudiar las condiciones naturales… pero cómo controla las que no tiene en cuenta? No dudo que cierta tecnología artificial funcione pero a la hora de sustituir a la naturaleza nada funciona… lo digo como biólogo. Y como ciudadano digo, si alguien escucha, que deberíamos volver a una senda más natural… por lo menos en lo que a la agricultura se refiere… Las plantas crecen porque es lo que hacen… Y de los científicos lo único que tengo que decir es que los que profesamos ese dogma (aunque a medias) podemos idealizar las cosas pero no podemos saber cómo son… los otros, los que se cren con la verdad, los que sirven al sistema… la usan para justificarse y justificar su medio de vida. Además no entiendo cómo se puede tener tanta fe en los números cuando existen tratados sobre el mismo de más de un millar de páginas de los cuales a mí particularmente me resultaría complicadísimo entender… y ellos, nada, usan los números, fórmulas, estadísticas… y Alá: por arte de la divina ciencia se agarran a verdades como puños… hechas de polvo…

Además, preséntale a uno de esos científicos con asiento cualquier idea simple pero que funcione, que ante su logística inabarcable acabará haciendo aguas y exigiéndote a tí esa logística… Lo digo por experiencia propia… me pedían datos de algo que se ve a simple vista… Al final, cuando recurrí a ellos para que me los facilitasen, los científicos acabaron por decirme textualmente: esos datos son confidenciales… eran de una industria privada como la pesca que sin embargo arma barcos con dinero público y explota a personas y caladeros (bienes públicos). Y así, una vez más la ciencia le hace el juego al Poder, al Capital… como antes hacía la Iglesia intentando quemar a Copérnico o Galileo, entre otras brutalidades.

Escribe un comentario

(requerido)

(requerido)


*