justicia social y fraude científico

¿Puede nuestra sociedad sobrevivir a los muchos casos de fraude científico que viene sucediendo? ¿Se está haciendo lo suficiente para defender la integridad de la ciencia? ¿A quién correspondería tomar iniciativas?

Empecemospor los hechos. Los científicos se despliega en ámbitosmuy diversos de actividad, como lo son el laboratorio, las aulas, loscongresos, los comités o las asesorías. Al final, sinembargo, su prestigio se lo juegan como escritores o, en otrostérminos, en las publicaciones. Nadie discute la importanciade los artículos científicos, un géneroliterario severamente normalizado que tiene que ofrecer informaciónrelativa al método de trabajo empleado, los datos obtenidos,los gráficos o imágenes que los representan y, desdeluego, las referencias a otros artículos que, al sermencionados, son identificados como una fuente de autoridad.

Lascitas, en consecuencia, crean un mercado inesperado, pues lareputación de un investigador o la veracidad de lo que sepublica están asociadas a la calidad de la revista en laque se difunde o el número de citas que recibe. Y sí,de una cosa tan simple penden asuntos muy complejos. En la actualidadhay cerca de 8000 revistas científicas de calidadinternacional reconocida que canalizan 27 millones de citas al año,unas cifras que nos autorizan a tratar la ciencia como una empresagigantesca que moviliza masas ingentes de recursos, personas ytextos.

Esto significa que además de conceptos, instrumentosy fórmulas, también hay que considerar constitucionaltodo lo que se relaciona con las editoriales, las instituciones y losnegocios. Y es que, como decimos, la mayoría de las decisionesque le afectan no se toman en el laboratorio, sino por algúncomité ministerial o en el consejo de administraciónde alguna empresa.

Elmundo de la ciencia, en definitiva, es un mundo burbujeante. Tomemosdos ejemplos que lo expliquen. Estos días se habla mucho delcalentamiento global y de las graves decisiones políticas quehay que tomar tras ser admitidas las predicciones que veníanhaciendo los expertos. Pensemos también en esas cienmil sustancias químicas descontroladas -incorporadas en laalimentación, los tejidos o la cosmética-, cuyosefectos sobre la salud y el medioambiente son desconocidos. El climay la química no son entonces asuntos de la exclusivaincumbencia de los científicos, dado que los experimentos encurso se están haciendo en tiempo real y tiene un alcanceplanetario.

Todos somos conejillos de Indias, una realidad querefuerza la idea de que todo cuanto pasa en un laboratorio puedetener inmensas consecuencias políticas y económicas.Tantas que sería demasiado ingenuo hacerse de nuevas ante elhecho de que lascorporaciones y los gobiernos traten continuamente de influir en lamarcha de la ciencia. No es difícil entonces entenderde dónde proviene el fraude, como tampoco vaticinar queestamos ante un problema de importancia creciente.

Loprimero que hay que saber es que todas las revistas científicasde primer rango han sido humilladas al publicar textos que conteníaninformación falsa o manipulada. De hecho, los editores hantenido que admitir que no están preparados para controlar unaconducta, cuyo origen está en la creciente presión quereciben los investigadores, tanto desde el mundo académicocomo desde el industrial. No es difícil explicarlo. Ya hemosdicho que la calidad de un científico se mide por el impactode las publicaciones que realiza, de forma que su prestigio y, portanto, los contratos que obtiene y los puestos que ocupa dependen engran medida del número de citas que recibe. La situaciónes tan grave que suele describirse mediante el lema Publicaro morir, una elegante manera de explicar por qué loscientíficos tienden a dar por definitivos y publicitar hechosque todavía son inciertos.

Lasgrandescorporaciones han incrementado en un 800% su transferencia derecursos a los laboratorios públicos en los últimos20 años. Y con los dineros llegó la prácticadel secretismo, pues losinvestigadores son obligados a firmar cláusulas deconfidencialidad que restringenla publicación de resultados. Los valores que sostienen(¡y eran sostenidos por!) la comunidad científica estánsiendo gravemente amenazados. El año pasado saltó a laprensa la noticia de que el lobby energético americanofinanciaba estudios que cuestionaran la naturaleza antropogénicadel cambio climático. Luego supimos que eran informesimpulsados por fundaciones falsamente filantrópicas ynulamente científicas.

Todos los meses nos enteramos de quealgún laboratorio farmacéutico oculta efectossecundarios, incita al consumo de medicamentos, prima a los médicosque “saben” recetar o intoxica la opinión públicadifundiendo datos obtenidos por investigadores a la carta. La últimaestrategia utilizada consiste en contratar bufetes de abogados,agencias de publicidad y laboratorios de investigación para,en una acción combinada, usardatos manipulados que impidan los consensos científicos,retrasen la regulación de los mercados, mientras, en paralelo,se plantean pleitos interminables o campañas de difamacióncontra quienes denuncian la increíble panoplia de corruptelasmanifiestas.

Dosideas más. La primera tiene que ver con la crecientedependencia de nuestras vidas respecto de la ciencia, pues todo loque ingerimos, vestimos y, en general, hacemos, está conectadoa la calidad de los datos que garantizan su salubridad. La segunda espara asomarnos al abismo que supondría permitir que lasprácticas científicas pudieran ser pervertidas porquienes quieren mejorar su influencia o sus ganancias. Y es que, enefecto, laciencia es un asunto demasiado importante para dejarlo en manos delos científicos. ¿A quién debemos reprocharla crisis de valores que aquí hemos esbozado? ¿A quiéncorresponde defender la integridad de la ciencia?

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Comentarios

Los científicos como todo grupo social albarga buenas y malas praxis. La experiencia americana ya muestra que aunque conozcamos el fraude de colegas más vale no decirlo pues quien denuncia paga, hasta que se constituyen las cominiones pertinentes como ocurrió en USA. Aquí se creo una Comisión de Ética Científica que no consideró oportuno crear una comisión correspondiente sobre el tema (me lo comentó uno de sus miembros). Ósea que la clase científica tiene miedo a abrir es apuerta. Tal Comisión es necesaria, y si los científicos lo negamos o desatendemos comenzamos a ser parte del problema.

Ya he hablado de esto en varios post, pero claro está (…) también en la web hay castas y castas.

Juanjo Ibáñez

Dice el texto "Nadie discute la importancia de los artículos científicos, un género literario severamente normalizado que tiene que ofrecer información relativa al método de trabajo empleado, los datos obtenidos, los gráficos o imágenes que los representan y, desde luego, las referencias a otros artículos que, al ser mencionados, son identificados como una fuente de autoridad." Es decir, entre lo que se escribe, los artículos científicos están mucho más controlados que otros.

Y dice una entrada posterior en este blog (sobre el software libre): "Y así, se intenta intimidar a los consumidores … siguiendo las pautas de una estrategia FUD (fear, uncertainty y doubt), consistente en sembrar miedo, incertidumbre y dudas sobre los productos ofrecidos "

En resumen, sofismo anticientífico.

No entiendo el argumento, si lo hubiera, de "C Aleman". Por supuesto que los artículos científicos están sometidos a severos controles de calidad. Tal ciecunstancia jamás ha sido discutida en este blog. Hablar de los fallos del sistema peer review no equivale a minusvalorar la importancia de la ciencia, sino a tratar de entender cómo puede suceder y cuáles son sus posibles consecuencias.

No es fácil hablar de estos asuntos, pues siempre surge alguien (muchas veces científico funcionario) que se da por ofendido y reacciona con cajas destempladas. Yo creo que, en el peor de los casos, debe admitirse que al igual que hay una crítica de cine, de música o de arte, también necesitamos críticos de la ciencia, lo que implica aceptar que hablar de ciencia sea una práctica social abierta al conjunto de la ciudadanía.

Por otra parte, calificar el blog en su conjunto de sofista sin ofrecer ningún argumento es una práctica difamatoria que sólo pretende la descalificación de quien piensa distinto. Y aunque "C Aleman" lo lograra el problema seguiría presente, aguardando al siguiente "sofista". En fin, ir por la red dando coces, escondiéndose tras el anonimato, a todo lo que se mueve es un gesto autoritario e ignorante.

Supongo que no servirá de nada, pero le invito a que desarrolle sus ideas al respecto para así iniciar una conversación que no incremente la ya demasiada basura que hay en el mundo.

ME GUSTARIA QUE SU PRESTIGIOSA EMPRESA ME ENVIE DOCUMENTOS E INFORMACION ACTUALIZADA SOBRE AVANCES EN INVESTIGACION CINETIFICA DE CARATER FORENSE, IGUALMENTE SI TIENEN ALGUNSO LIBROS RELAIONADOS PARA UNA POSIBLE COMPRA ………GRACIAS

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