epistemología cívica
Los laboratorios son un espacioprivilegiado de producción de conocimiento. En su interiorexisten potentes mecanismos de control destinados a garantizar lafiabilidad de cuanto allí se hace o circula por las redes que losinterconectan. Pero no sólo hay ciencia en las institucionescientíficas, como tampoco son los centros académicos ode investigación los únicos lugares dónde seproduce conocimiento.
En efecto, una sociedad necesitaconstantemente tomar decisiones que involucran cuestiones en las quelos científicos tiene mucho que decir, aún cuando notengan la última palabra, ni tampoco puedan actuar como situvieran el monopolio de la verdad. Y, claro está, se trata dedecisiones que deben adoptar la apariencia de ser sensatas,equilibradas, pertinentes, necesarias, aquilatadas, consensuadas yveraces. Producir tales compromisos, así como losprocedimientos para lograrlos y luego implementarlos, es crearexperiencia, organización, redes y, en definitiva,conocimiento.
La epistemología cívica(civic epistemology) es un concepto acuñado por SheilaJasanoff que da cuenta del conjunto de normas, procesos einstituciones involucradas en la producción, validacióny aplicación del conocimiento a la política. Sihablamos de células madre, semillas transgénicas,anorexia, recursos hídricos, cambio climático,incendios forestales, polinización con abejas o cáncerde mama, es imprescindible escuchar a los científicos delramo. Pero además de esta voz experta,la prácticacotidiana demuestra que afortunadamente también son escuchadosotros actores. No sólo porque son varios lo valores que sequieren defender (rigor, eficacia, competitividad o pluralidad), sinoporque son distintas las capacidades que hay defender (derecho a laequidad, derecho a la dignidad o derecho a la libertad).
Gestionar esta cesta de valores ycapacidades, implica desarrollar esquemas de credibilidad, estilos deevaluación, formatos de reunión, marcos de comunicacióny protocolos de decisión. Todo esto hay que definirlo con unaconcepto que, como ya hemos dicho, es epistemología cívica. Buscamos un concepto nuevo porque no podemos acercarnos a estascuestiones como si se tratara de algo que nos viene dado, unapráctica de la que se ocupa el estado. Necesitamosproblematizarlas, no tanto para seguir escribiendo artículos,como para contribuir a sostener el mundo que habitamos. El conceptoentonces es también, como se explica en TheCrossing resumiendo una reciente conferencia (escucharla)de Jasanoffen STEPS, unaherramienta que nos permite analizar cómo se toman decisionesy cómo se pueden mejorar los procesos.
Hay mucha gente que critica lareligión, el ejército y, digamos, el arte. Pero, ¿quiéncritica la ciencia? ¿Sólo los tecnófobos, losintegristas y los charlatanes? La respuesta es no. Esta ha sido latarea desarrollada en las tres últimas décadas por losestudios de la ciencia: preguntarse cómo funciona la ciencia,cómo trabajan los científicos. El sistema educativo nise han enterado. En la enseñanza sólo se habla dehechos y muy poco de cómo se logran y cómo influyen ennuestras prácticas culturales y políticas.
Tampoco se aprecia la influencia de losestudios de la ciencia (CTS, ciencia, tecnología y sociedad)en las políticas de comunicación de la ciencia, basadasen las pautas del llamado publicunderstanding of science (comprensión públicade la ciencia). Unas pautas que dan por probado el modelo deldéficit, construido alrededor de la convicción de quela ciudadanía sabe poca ciencia y, lo más importante,que cuando sepa más, cuando sea atraída a la cultura delos científicos, acabará aceptando también sumanera de ver las cosas. Así, lo que el modelo del déficitmoviliza son programas de divulgación, exposicionesmaravillosas, actuaciones espectaculares y discursos proselitistas.
El modelo del déficit, ver elexcelente informe de DEMOS ThePublic Value of Science, así como los comentarios dePielkeen Prometheus, ha recibido vigorosas críticas: tiende aignorar las diferencias culturales, minimizar la capacidad deintervención ciudadana, privilegiar el papel de losespecialistas, desdeñar los enfoques generales y volatilizarla experiencia histórica. Los partidarios de la cultura de ladivulgación no se han enterado de que es muy probable que lagente quiera saber más sobre cómo se asignan losrecursos de investigación, cómo se deciden losestándares que fijan la calidad del aire o que hacen saltarlas señales de alarma que nos avisan de graves inestabilidadesen el sistema financiero, de riesgo de enfermedades contagiosas o delas insistentes amenazas de sustancias cancerígenas. La gentequiere saber quién fue Eintein, qué es un gen o cuántole debemos Cajal, pero también aspira a conocer cómo sedetermina la calidad de lo que comemos, en qué no afecta ladegradación del medioambiente y por qué hay tanta genteque discutía hasta antes de ayer la naturaleza androgénicadel cambio climático.
La epistemología cívica,como explicaClark A. Miller, nos convoca a otras políticas. Losestudios de Jasanoff, entre otros, muestran que la forma en la que seafrontan estas problemáticas cambia mucho de unos paísesa otros. Lo que es tanto como decir que no hay una sola manera dehacer las cosas y que la cultura política de cada paísgenera diferentes maneras de abordar asuntos tan delicados. En suestudio Designsof Nature (reseñaen Nature) sobre las diferencias en el tratamiento de lostransgénicos en Alemania, Reino Unido y Estados Unidosquedaron muchas cosas claras como, por ejemplo, la imposibilidad deseparar ciencia y política. Pero hay más.
Hay tres conclusiones que vienen alcaso de lo que estamos diciendo. La primera tiene que ver con que enla sociedad del conocimiento las noción medular de democraciase oscurece dramáticamente si los ciudadanos son apartados delas políticas de ciencia y tecnología. Por otra parte,entramos ya en la segunda conclusión, es obvio que hacerpolítica sobre la vida (OGM, células madre,transplantes, tecnologías reproductivas, residuos, nuevasenfermedades o fertilizantes y depresión) obliga a inventar unnuevo estatuto de ciudadanía y, en consecuencia, a reiventarlo que entendemos por nación. Y, ya en tercer lugar, que lacultura científica no tiene que ver con lo exótico, lomaravilloso, lo heroico, lo genial o lo “otro”, sino másbien con la habilidad para dotar a los ciudadanos de las capacidadespara evaluar asuntos científicos.
Y, en esta línea,vale la pena recordarle a los científicos, los gestores y los políticos que las dudas de la gente, así como sus críticase intromisiones, no necesariamente tiene que ser fruto de laignorancia, los prejuicios o la inconciencia, sino probablemente desu distinta manera de entender la política o de gestionar losasuntos públicos.
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Hola,
estaría encantado si me pudieras dar alguna bibliografia más exacta acerca de esta Epistemología Cívica. Deseo informarme más al respecto.
Atte.
H.