ciencia y bien común
La historia de la ciencia podría contarse como la de una empresa orientada a la conversión de la naturaleza en un recurso o, en otros términos, en un bien accesible, fragmentado, mercantilizado y, finalmente, susceptible de ser patrimonializado. El ámbito de la propiedad, privada o pública, es inconcebible sin todas las tecnologías que han podido transformar los océanos, los bosques, la atmósfera, el ciclo del agua o de los nutrientes, el genoma, la lengua y el paisaje en impresionantes fuentes de riqueza. Muchas de ellas se han mantenido dentro de las esfera del dominio público y no todas han contribuido a sostener e incluso ampliar la desigualdad o los desequilibrios que hoy vemos en el mundo.
Nuestradeuda con la ciencia es indiscutible. Un discurso que disimulara susmuchas aportaciones civilizatorias, sería tan inquietante como unapolítica insensible a las muchas amenazas que proyectan las nuevastecnologías sobre la vida en común, el medioambiente y la privacidad. Pero no basta con criticar el mal uso de los distintos dispositivostécnicos, salvo que despreciemos el hecho de que nunca hubo unadistribución equitativa del conocimiento y sus artefactos. La tecnología no es autónoma porque siempre tuvo dueños y por eso hablamosde canibalización del procomún.
Quiendispone de los medios puede convertir la vida, el aire y el espacio enel asiento de industrias que explotan la capacidad para produciringenios biológicos, aeronáuticos o electromagnéticos. El cuerpo, laintimidad y la angustia siguen siendo fronteras inagotables sobre las que se asientan inmensos negociosbasados en la habilidad para movilizar prótesis, controlar espaciosprivados y vender medicamentos, placebos y cosmética. Y ahorarecapitulemos, el aire, el agua, la biodioversidad, el cerebro, losmares, la sensibilidad, la vida salvaje, el habla, el folclore siemprefueron parte de un patrimonio colectivo heredado. Eran bienes comunesque están siendo amenazados y, muchos casos, privatizados, como seexplica en The Forum of Privatization and the Public Domain.
Laciencia misma era un bien público que está siendo transferido a lasgrandes corporaciones editoriales e industriales ya sea porque paraestar informado hay pagar las altas cuotas de suscripción que cobrarlas revistas científicas (ver, por ejemplo, Bien común y open access),ya sea debido a la expansión abusiva y sin precedentes de las políticasde derechos de propiedad intelectual (ver, por ejemplo, Bay-Dole Act y la Biz. Science) . Si se pueden patentar líneas de código o secuencias de ADN, se está autorizando la creación de monopolios basados en descubrimientos(como la ley de la gravitación universal o el cabo de Hornos) y no eninvenciones (como la máquina de vapor o el canal de Panamá).
Cierto,nuestro mundo es muy complejo. Tanto que, como estamos diciendo, esimpensable una línea divisoria nítida que separe la ciencia comoconocimiento de la ciencia como recurso. Y llegados aquí cabe entoncesescribir una narrativa menos beata de la idea de naturaleza o de estadoy más crítica con su contribución inopinada a la destrucción de losbienes comunes. No hay comunidad sin bienes que compartir, ynecesitamos una historia que los haga visibles, una política que losproteja y una tecnología que los sostenga.
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MUY INTERESANTE, DEBERÍA EXPLICARSE ESTA VISIÓN EN TODOS LOS LABORATORIOS. CAMBIARÍA LA SOBERBIA Y INDIFERENCIA SOCIAL DE MUCHOS CIENTÍFICOS