banalización de la genética
Los emigrantes echan de menos a susparientes y tratan de atraerlos al país que les datrabajo. Tanto es así que en Francia la reagrupaciónfamiliar es hoy el principal vector de emigración. Pero elgobierno no para de inventar triquiñuelas para dificultarestos movimientos de población. La última trampa es elproyectode ley presentado el 28 de septiembre último que promueve lostest de ADN para acreditar el parentesco.
El nuevo proyecto biopolítico sejustifica afirmando que hay un atasco de 23.000 demandas dereagrupamiento pendientes y se legitima por el hecho de que esvoluntario y que, cuando sea positivo, será reembolsado por elestado. Así de fácil (o de razonable). Los políticos, de acuerdo con los científicos, vuelven a ensanchar sus dominios sobre lohumano desarrollando nuevos procedimientos que aparentemente lespermiten gestionar asuntos tan delicados como el parentesco de los otros, los defuera.
La diferencia ahora es que el controlde lo humano se aplica a los emigrantes y adopta la forma de unaespecie de xenofobia de estado. Jean-PierreLe Goff está denunciando estas nuevas prácticas enla Francia de Sarkozy, mostrándolas como signos inquietantesdel advenimiento de la cultura del manager que debe seguir al proceso de desculturalizaciónde la sociedad. Y es que los legisladores no parecen percibir laexistencia de adopciones, segundos matrimonios y nuevos arreglosfamiliares, por ejemplo, entre homosexuales. Tratar de resolversemejantes complejidades con simples (y, seguramente, costosas)pruebas genéticas equivale a negar que lo real pueda serlegal. De hecho el proyecto está encontrando dificultades entre algunos diputados de la Unión por un Movimiento Popular (UMP) del presidente.
Por otra parte, de aprobarse la reforma, se estaría presionando a las personas para que se sometieran a una prueba con muy graves consecuenciaspsicológicas y sociales, pues son muchas las estadísticasque hablan de entre un 5%- 8% de la población que podríaser adulterina o, en otrtas palabras, no ser hijo de quien dice su madre. Averiguar estas cosas puedeproducir heridas difícilmente reparables.
Muchos científicos,por otra parte, no comparten esta voluntad gubernamental deimplicarlos en políticas de exclusión que eluden abordar losproblemas de fondo (pobreza, enfermedades y guerras) y, como se hacedesde Sauvonsla Recherche, están solicitando firmas para manifestar surechazo. ClaudeHurriet, presidente del Institut Curie y promotor de la leyHuriet que protege a los ciudadanos del uso abusivo de los datosbiomédicos y, con otros representantesde organizaciones en defensa de los derechos humanos, hablan deuna inquietante banalización del ADN.
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