estándares, redes y comunicación

La tradicional invisibilidad de los estándares podría tener sus días contados si se confirmara la tendencia a ingresar de lleno en la agenda política de los movimientos ciudadnos

Cada acción que emprendemosnecesita de un sin fin de convenciones que estabilizan el mundo quehabitamos. No importa lo que tengamos previsto decir. De nadaserviría, si antes no hemos acordado la lengua en la quecomunicarnos o la hora en la que se producirá el encuentro. Yeso sin entrar en otros detalles como el uso horario al que remitimosla cita o la ciudad en la que vamos a encontrarnos. Los ejemplos sonsimples, pero no simplones y lo vamos a explicar. Sin esos y otrosmuchos acuerdos tácitos no hay comunicación. Losestándares están tan presentes como el aire querespiramos o la urbe que habitamos y, como ellos, son tan ubicuoscomo invisibles. Y si los estándares garantizan lacomunicación, habrá que admitir que es inviable unacomunidad que no se sustente sobre una constelación deconvenciones que no pertenecen a nadie y son de todos.

Estándares siempre hubo. Loestamos diciendo, pero no hay nada como querer darle escala a unproyecto, ya sea un imperio, una iglesia, un negocio o cualquier otraempresa, para que adquiera relevancia la necesidad de que la tareade recabar datos, celebrar ceremonias, impartir órdenes otransmitir mensajes respeten ciertas pautas que no necesariamentetienen que ser universales, ni verticales, ni sagradas, ni naturales.Hay una manera funcional de acercarse a los estándares que noquiere verlos como instrumentos coercitivos y/o impuestos, sino másbien como arreglos de conveniencia entre las partes que sirven paradecidir quién cruza un puente, cuál es el ritual de laboda o cuánta agua corresponde a cada regante.

Los estándares entoncessostienen (y son sostenidos!) por una comunidad que se hace tanto másestable cuanto mejor resueltos tenga las mil y una situaciones depotencial conflicto. Estas pequeñas reglas sirven para atarlo individual a lo colectivo y, desde luego, lo local a una ciertanoción de res publica. Los estándares sirvenpara vincular lo particular a lo abstracto y, tirando de ese hilo, alo global, a eso que antes nombrábamos muy pomposa yridículamente lo universal. Me doy cuenta de que estoyutilizando palabras que aluden a sociedades preindustriales, cuandoni siquiera todavía se usaba la noción misma deestándar.

Es cierto que hay muchos libros dehistoria que sólo mencionan la palabra estándar cuandollegó la hora de la electrificación de las ciudades yel mundo se vio abocado a un caos del que sólo una buencatálogo de reglas podía redimirnos. Pero no es verdad.El sistema de pesos y medidas se convirtió en una urgencia encuanto se ensancharon las posibilidades del mercado interior (elcolonial no planteaba estos problemas porque las metrópolisimpusieron la lengua, la fe y otros estándares menos píospero igualmente rentables). Antes de que se crearan esos consensoseconómicos, fueron desarrollándose otras convencionessobre cómo describir plantas, producir mapas, nombrarenfermedades o catalogar libros. La diferencia más importanteentre estas prácticas (las de los botánicos, losgeógrafos, los médicos o los bibliotecarios) y las quecondujeron al establecimiento del sistema de pesas y medidas, es quelas primeras surgen sin la intervención del estado y, lassegundas, aparentan ser menos dirigidas. Y esta parece ser lapráctica habitual: la gente, empresas económicas,sociedades profesionales o comunidades locales, se organizan sinpedirle permiso a nadie y adoptan sus convenciones en funciónde su propia manera de ver las cosas.

Las cosas podrían estarcambiando de forma acelerada y la obsesión por las patentespodría estar siendo compensada por la nueva manía porlos estándares. Y es que la globalización impone a lasempresas una economía de escala, a los gobiernos incrementarlos mecanismos de vigilancia, a los sindicatos y ONG defender lanoción de estándares sociales (convenciones contra eltrabajo esclavo o infantil) o la de estándaresmedioambientales. Los países menos industrializados ventambién cómo los estándares operan en muchoscasos como nuevas barreras comerciales tan eficaces como lasarancelarias. Los debates son muy intensos. En la práctica haymuchas organizaciones internacionales que promueven formas máso menos convergentes de ciudadanía global o ciudadaníamedioambiental (environmentalcitizenship) que saquen a los gobiernos y a lospartidos políticos de esa mezcla inconsistente de vulgaridad,ceguera y realpolitik.

Ya hemos dichos muchas cosas sobre quésignifica producir un estándar. Puede que demasiadas. Lomejor será recapitular algunos de los rasgos que másinteresan para el argumento que aquí queremos desarrollar:

  • invisibilidad. Los estándaresson tan ubicuos que tienden a hacerse invisibles.
  • interoperabilidad. No hayintercambio eficaz de palabras o mercancías sin estándares.
  • urbanidad. Sin estándaresninguna comunidad logra estabilizarse y ser habitable.
  • mutualidad. La adopción yproducción de un estándar es voluntaria y consensuada.

La estandarización es a nuestromundo lo que la mecanización al siglo XIX. Nuestra vida pendecada día más de máquinas abstractas(miniaturizadas y virtuales) que, mediante protocolos estrictos,interactúan con otras máquinas tambiénabstractas para producir algo. Ese algo al que nos referimos puedeser muchas cosas, desde el control de la red eléctricanacional al ritmo de pulsación de una válvulacoronaria. No hay duda de que hay mucho poder detrás de estasconvenciones que no siempre son tan neutrales desde el punto de vistaideológico o tecnológico. De forma que, en el extremo,un estándar puede favorecer o afixiar la expansión deuna cultura o de una empresa.

Esto sucede con los formatos dearchivos digitales (por ejemplo, el .doc) que MS utiliza pordefecto en su suite ofimática. Sabemos que el dominiohegemónico de MS sobre el mercado ha convertido sus formatosen una especie de estándar internacional que, en la práctica,amenaza la interoperabilidad de los sistemas y cuestiona la soberaníanacional de muchos estados. Tenemos más ejemplos de estándaresque no cumplen los dos requisitos mínimos de calidad ycompatabilidad (es decir, que son técnicamente discutibles ysocialmente disruptivos), pues necesitamos pocas palabras paraexplicar que con frecuencia muchos estándares sólo sonobstáculos a la libre circulación de mercancías,disfrazando con mucha verborrea técnica lo que no es másque una burda defensa de privilegios abusivos e insostenibles.

No es extraño entonces que sehable mucho de estándares y que los estados quieran estarpresentes en la toma de decisiones, aunque sólo sea porque losgobiernos son profusos consumidores de estándares. Desde elpunto de vista de la administración pública losestándares deberían ingresar al sistema de lagobernanza lo que implicaría caminar en la direccióndel open standards (también la web OpenStandards.net). No se niega entonces la importancia históricadel sector privado o de la contribución de gente a laproducción de estándares, sino que se estimula undiálogo menos local y más público. La ventaja deincluir a todos los actores interesados en la creación denormas es obvia, porque la incorporación de más puntosde vista garantiza la operatividad de las redes, favorece la economíade escala, evita la discriminación, corrige losdesequilibrios, mejora las garantías de los consumidores ypromueve la transparencia de los procesos.

Los estándares sin dejar de sermeras convenciones alcanzan también la condición debien común que conecta los objetos producidos a las prácticasque los producen, las usos locales con los mercados internacionales ylos intereses particulares con los valores globales. La salud, porejemplo, siempre es una circunstancia que hay que definir en uncuerpo, una comunidad y un hospital concretos, pero el diagnósticoy los cuidados que se le aplican, la historia clínica que seelabora y los métodos con los que se archiva, forman parte deuna estrategia que implementan los productores de medicamentos, losfabricantes de ordenadores, los administradores sanitarios, lasorganizaciones sindicales, las instituciones científicas y losorganismos internacionales.

Todo el mundo quiere estar seguro de loque significan las palabras que describen una situación. Decirque algunos protocolos valen en sitios muy distintos significa quenos estamos refiriendo a objetos móviles capaces de atravesar fronteras lingüísticas, políticas,corporativas, jurídicas, disciplinarias y tecnológicas.Son, en verdad, objetos muy especiales que sólo se desplazanverdaderamente cuando viajan junto a las prácticas que loscualifican y/o cuantifican o, en otros términos, que asegurantodos los procesos de evaluación y/o certificación. Sintales protocolos y/o dispositivos los estándares dejan de serinstrumentos de gobernanza y se convierten en meras imposiciones dequienes detentan las tecnologías pertinentes. Hablar degestión responsable de los estándares tambiénimplica habilitar mecanismos que aseguren el open access, el opendata y el open laboratory.

Tenemos un buen ejemplo para ilustrarla complejidad que adquieren las iniciativas de open estándares (ver la web del Open Standards International Symposium organizado por la Yale Law School a principios de este año).Pocos temas son más relevantes para la defensa del procomúnque la biodiversidad, un patrimonio genético, ecológicoy cultural heredado y que debemos legar a las generaciones venideras.Y no será fácil, pues son muchos los procesos en cursoque la amenazan, desde los asociados a la consideración delmedioambiente como un recurso hasta los derivados de la influenciadel cambio climático.

biodiversidad: ¿dónde están los datos? y ¿dónde están las especies? El mapa que mostramos demuestra que hayuna tremendo desequilibrio entre los lugares en donde se concentra labiodiversidad y aquellos emplazamientos en donde están lasinstituciones mejor preparadas para comprender las encrucijadas a lasque nos aboca su modificación, deterioro o abuso. Pero, losabemos, no hay ninguna posibilidad de preservar este patrimonioúnico sin un inventario eficaz de su riqueza, lo que equivalea la construcción de inmensas bases de datos que alguien debearchivar para que luego sean accesibles y usables para todos. Ya seve por donde vamos, pues estamos hablando de estándarescapaces de dar cuenta de la diversidad de objetos (genomas, especiesy ecosistemas) y tradiciones (formas de nombrar y usar) que semovilizan cuando hablamos de biodiversidad.

La biodiversidad es una de esas nuevasciencias que dependen de un uso intensivo de datos y de grandes infraestructuras de información. Vivimos en un mundo inmerso enmuchos océanos de datos. Pensemos en la infinidad de registrosque conservan nuestros movimientos por la ciudad o con el móvilo alguna tarjeta de crédito, por no hablar del rastro quedejan las búsquedas con Google o eBay. Los muchos proyectos degenética popular apuntan en la dirección de que nadaquede fuera de control. Los proyectos que predican la defensa de labiodiversidad también parecen converger hacia esta nuevaespecie de panóptico natural. Todo apunta en la direcciónde que el archivo es la forma que adopta un estado que si en el sigloXVIII sembró la urbe de museos donde exhibir y socializar lostesoros de la naturaleza (plantas y rocas, por ejemplo), hoyparecería querer horadarla con una multitud de silos en dondepreservar sus registros. Y así, mientras la Ilustracióncultivó los muchos medios de hacer visible lo que había,hoy estaríamos caminando en la dirección de hacerlos accesibles: la accesibilidad sería entonces un nuevo paradigmacognitivo que estaría sustituyendo a la visibilidad.

Los datos son un problema,especialmente cuando son tantos y proceden de lugares tan distintos ydistantes. Las inversiones para recabarlos son gigantescas. Pero denada sirven sin los metadatos que los hacen accesibles. Y aquínos encontramos con los acuerdos para levantarlos, etiquetarlos,almacenarlos y actualizarlos. Sin esas convenciones, las bases dedatos serían inútiles. Ocurre además que lamigración masiva del mundo desde el ámbito físicoal virtual acabará teniendo carácter performativo o,en otros términos, que sólo existirá aquello queesté catalogado y, más aún, el lugar donde estéinscrita la existencia de una cosa (planta, sistema o proceso)determinará su futuro.

Por eso es tan importante laornitología para los pájaros. Pronto, ninguno podrávolar o trinar al margen de los que sucede en nuestros laboratorios oconsejos de ministros. El lugar que les asignemos en nuestras basesde datos determinará su vida futura, pues todos seránobjeto de políticas que regularán su alimentación,migraciones o ciclos reproductivos. Y lo que vale para las aves,podemos extenderlo a las mariposas o los insectos, y pronto a lasbacterias, los hongos y las esporas.

La biodiversidad es entonces unproblema de datadiversidad (cache). Una pluralidad de fuentes que no seráoperativa hasta que sepamos catalogar ecosistemas y encontrar lasontologías que no ignoren las prácticas locales, puesno hay que olvidar que un árbol no es una cosa aislada sinoel nodo de una red que la vincula al suelo y al cielo, al aire, a lahistoria y a las otras especies circundantes. Una especie es unobjeto material por la materia orgánica que contiene, einmaterial por las dependencias que mantiene respecto a su entornoespacial y temporal. Los datos deben también ser capaces devaler para la el intercambio entre humanos, tanto como para lacomunicación entre máquinas, pues por mucho que quieranintervenir los administradores de los espacios naturales preservados,nada podrán hacer si los datos no llegan a la terminal deoperaciones, o llegan en un formato que no respeta las tradicioneslocales.

Pensando en la biodiversidad hemostenido que hablar de máquinas, redes, ontologías ytradiciones. Todo un sistema sociotécnico que se construye alrededor de estánadares.  Y es difícil exagerar la importancia de todos elementos en la vida futura de las hormigas, las selvas o elpolen. La naturaleza va a depender del concurso de muchosnaturalistas, biólogos y climatólogos, pero tambiéndel concurso de un ejército de archiveros, programadores,administradores de sistemas y, desde luego, campesinos, voluntarios yhackers. Los hackers porque nadie mejor que ellos comprende los retosdel trabajo distribuido y horizontal. Los voluntarios porque la masade datos a recabar es tan ingente que hará falta, como ya estásucediendo en Gran Bretaña o Canada, la contribución decentenares de miles de recolectores. Y de los campesinos o pueblosindígenas porque sus saber por la experiencia (que no por laexperimentación) es recipiendario del conocimiento acumuladopor tradiciones centenarias.

No todo el mundo comparte este entusiasmo por la participación y la posibilidad de abrir a la ciudadanía los espacios de toma de decisiones. Los hechos prueban, sin embargo, que quienes se oponen a esta deriva hacia los open standards no fundamentan sus recelos en argumentos basados en hechos o experiencias concretas, sino en prejuicios contra la capacidad de los (otros) nuevos actores para asumir responsabilidades colectivas.

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Comentarios

http://bascompte.net/

creo que lo que dices sobre biodiversidad tiene mucho que ver con lo que hacen el grupo de Jordi.

me gustaria saber al menos tres estándares definidos por ITU-T, IEEE, ISO, ANSI.

k son los estandares

mejor dime si

la vdd no encontre lo que buscaba en especifico, ya que yo buscaba los medios de comunicacion en red…pero bueno!!!. no lo encontre

Interesante lo que se expuso en la portada, pero no era lo que buscaba

interesante lo que an puesto en la portada pero no encontre lo que deseab a lo que realmente buscaba es standres de redes

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