¿cabe internet en el español?
El número de páginas web publicadas en una lengua es un signo de su vitalidad. Sin embargo, cuando se habla de la pujanza de nuestra cultura casi todos los datos se refieren a los mercados del libro, el cine, la música, las exposiciones o los museos. Y aunque todos los soportes sean importantes, parece claro que el medio por antonomasia sigue siendo el papel impreso. La palabra en la red no acaba de contar con suficiente crédito. Peor aún, la web en España sigue siendo una asunto para chavalotes y para un sin fin de aburridas páginas institucionales. La explicación más simple tiene poco riesgo: la mayoría de los dirigentes son analfabetos digitales. Y lo peor no es que sepan casi nada, sino que enseñan a quienes les escuchan que la red es el reino de la confusión, la mediocridad y el pirateo.
Empezar por el final tiene sus riesgos, pues por mucho que se diga lasconvicciones no pueden reemplazar por completo a los datos. Sin cifrasnavegamos con una hélice que produce mucha espuma pero que no mueve elbarco. Lo habitual es que la pregunta del título se haga al revés, pueslo que se busca es saber si el español llegará a ser una de las lenguasde Internet. El asunto no es banal desde que sabemos que cerca de un15% del PIB está asociado al español, lo que significa que hay 600.000personas cuyo empleo en la educación, la publicidad, la edición, lastelecomunicaciones y la administración pende de la pujanza de lalengua. Los más optimistas nos invitan a ensanchar este recurso, puesla lengua además de ocio es un negocio.
Más aún, se trata deun bien que cuanto más se usa más abunda. No le pasa lo que al petróleoque además de agotarse, contribuye a contaminar y desestabilizar elplaneta. Pero si hablar en la calle es gratis, hacerlo en Internettiene un coste que tiende a crecer si aspiramos a que los programas,interfaces y utilidades que nos encontramos al navegar seanverdaderamente accesibles. De ahí que un escaso desarrollo de lasindustrias de la lengua en España, podría conducirnos a la paradoja de, como viene explicando José Antonio Millán,tener que pagar por usar el español.
El problema es que sóloel 4,6% de Internet está en español, mientras que el inglés representael 45%, unas cifras que empeoran al considerar que por cada usuario dehabla inglesa hay 1,47 páginas webs, mientras que la cifra desciende a1,25 por cada francés y a 0,58 por hispano parlante. No hay duda. Lasadministraciones tendrán que incrementar su actividad en la red, perose equivocan los gobiernos si, como hacen los negocios más anticuados,conciben como propaganda toda su política de comunicación.
Sobransignos concluyentes. El primer día que la Enciclopedia Británicapermitió el acceso libre a su edición on-line se alcanzaron los 12millones de conexiones. El dato es espectacular, pero se queda cortocuando conocemos el número de entradas (hits) o artículos (bits) deWikipedia, la nueva enciclopedia familiar de referencia en todo elmundo. eBay, el rastro global, también nos enseña mucho de cómo esInternet, pues el control contra el fraude lo realizan los propiosusuarios que dejan cada año 3 mil millones de comentarios advirtiéndoseentre sí contra las malas prácticas. Los tres casos admiten algunasconclusiones rotundas como, por ejemplo, que la apertura crea sólidascomplicidades con los usuarios y que la calidad del conocimiento o laseguridad de las transacciones es garantizada por las multitudes. Losejemplos disponibles son numerosos y dan verosimilitud a la tesis del giro amateur o, en otros términos, deque nuestra capacidad para catalogar, jerarquizar y valorar problemas yconductas hacen viable la emergencia de otras formas de visibilidad,fiabilidad y autoridad.
Lo se. Justo lo contrario de lo que noshan enseñado los herederos de Hobbes, Rousseau o Adam Smith, puescontra el consenso general legado por la Ilustración que quiso unasociedad hecha de gente calculadora, interesada y egocéntrica, locierto es que el altruismo y la cooperación son el verdadero motor dela supervivencia y sociabilidad humana. Todos los días aparecenestudios antropológicos, económicos, neurofisiológicos, biológicos ohistóricos que nos invitan a redescubrir en estos valores la condiciónhumana. En las universidades se sigue enseñándo que sólo vencen losmejor pertrechados, pero en las empresas más vanguardistas y en losmovimientos asociativos más innovadores el discurso dominante evoca laexistencia de una inteligencia colectiva que emerge en la colaboracióny no de la competición.
Lo que una lengua necesita parasobrevivir es que se use mucho. Justo lo que las nuevas tecnologíaspueden garantizar, pues hoy todos podemos ser autor, editor ydistribuidor de sus propias palabras. El coste es minúsculo y lainfluencia gigantesca. Y lo que decimos de los autores, también valepara los bibliotecarios, los libreros o los maestros. Cualquiera puedecatalogar una obra, criticarla o enseñar a valorarla. Y no importa lomucho que ignoramos, pues de la convergencia de todas estas tecnologías(blogs, wikis, tags, bookmarks, postcasting) y todas esas biografías(los usuarios que dejan sus comentarios o los autores que elaboranopiniones), están surgiendo nuevas formas de construir lo público yotros modos de crear conocimiento.
Por supuesto que hacefalta instalar más ordenadores o mejorar la velocidad de acceso. Loimportante, sin embargo, es no olvidar que la capacidad para usarprogramas, seleccionar datos, participar en comunidades virtuales,construir(se) identidades públicas, producir contenidos, remezclarobjetos y evaluar información, son actividades que conforman entre losjóvenes una educación informal que han adquirido sin necesidad de ir ala escuela. Los colegios pueden seguir aparentando que este curriculumoculto es sólo diversión y cháchara, pero lo que hacen es condenar alos niños al analfabetismo, mientras homenajean la pereza de susmaestros.
Y ahora volvamos al principio. El español estará enla red de la mano de las industrias de la lengua. Pero la pregunta queproponíamos era otra. ¿Cabe Internet en el español? Sí, si el españollogra ser un medio en donde anide y se acreciente la cultura hacker, esdecir la cultura transparente, altruista, colaborativa, horizontal ydistribuida. Las gentes de la cultura y de la ciencia siempre fueronlos aliados para este giro hacker, pero últimamente parecen estarcegados por la quincallería de las leyes de la propiedad intelectual. Los aliados debieran ser entonces los digital natives, pero en laescuela y en la administración pública se empeñan en negarles elderecho a participar en el diseño de su propio curriculum. No son losacadémicos ni los rectores quienes salvarán la lengua, sino losempresarios y los nerds. De otra manera el spanglish, el hinglish o,peor aún, el globish convertirán las demás lenguas en piezas de museo.
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