deprimente control de los antidepresivos
Las farmacéuticas publican losdatos que les convienen. Nuevamente, casi como todos los años,acabamos de enterarnos, vía NewEngland Journal of Medicine (NEJM), (17 de enero), que enEstados Unidos se sigue practicando la publicación selectivade los datos que favorecen los puntos de vista de las corporaciones.El estudio da publicidad a un escándalo, o mejor aún,como se explica en TheWall Street Journal, a otro de los muchos escándalos quepersiguen a este sector de la investigación y la industria enel mundo.
Los hechos se explican rápido.Para comercializar un medicamento hay que realizar una serie deensayos clínicos preceptivos que garanticen su efectividad ypertinencia. Los datos se depositan en la Food and DrugAdministration, FDA, la agencia de control reguladora en EstadosUnidos, y tras ser analizados, se pasa a la aprobación o nodel nuevo medicamento. Posteriormente, los científicosparticipantes en las pruebas intentan dar a conocer sus trabajos enrevistas científicas de prestigio. una actividad que no sóloagranda su reputación, sino que prestigia el principio activo(medicamento) al que se refiere el artículo. Y decimosprestigia, porque sorprendentemente sólo se publican datosfavorables, y muy raramente los ensayos negativos.
Lo que se nos cuenta en NEJM, verMedPageToday, es que Erick Turner y su equipo han monitorizado 74ensayos clínicos realizados con 12.564 adultos para probar 12de los más populares antidepesivos (incluidos Prozac, Zuloff yEffexor) aprodados por la FDA entre 1987 y 2004. Tras contrastar losdatos depositados en la FDA con aparecidos en revistas se hacomprobado que el 94% de los ensayos publicados son positivos. Losnegativos, sin embargo, fueron masivamente ocultados. Veámoslocon más detalle. De los 38 ensayos que acreditaba lapertinencia terapéutica de alguna molécula sepublicaron 37. Hubo otros 12 ensayos cuyas conclusiones fuerondiscutidas, pero 6 fueron también publicados. De los 24restantes que fueron negativos, 3 fueron correctamente publicados, 5se difundieron como si hubieran dado positivo y otros 16 no han sidotodavía publicados. La situación es tan grave que, comodeclarabaal diario Público Albert Fernández, Jefe dePsiquiatría del Hospital Principe de Asturias de Madrid, losmencionados resultados no le sorprenden “en absoluto”.
En fin que, como en la prácticasólo se publican datos positivos, se podría decir quelas revistas científicas operan como instrumentos depropaganda. No digo que lo sean, sino que son instrumentalizadas comomeros aparatos de publicidad y no como plataformas para difusiónde hechos científicos comprobados: palancas para hacernegocios, antes que santuarios donde cristalizan las conclusionescontrastadas.
El asunto es inquietante y su alcanceplanetario. La Food and Drug Administration es un gigante con un presupuesto para 2008 de 2,1mil millones de dólares y cuya función regulamercancías (alimentos, fármacos, cosméticos,…) que representan la cuarta parte de lo que gastan cada día losnorteamericanos. La FDA es uno de los puntales sobre los que seasienta la fiabilidad del gobierno y la promesa de bienestar social.Pero sus actuaciones, ya sea por falta de presupuesto y de personalcon alta formación científica, ya sea por la desidia desus comités o por las presiones de los lobby empresariales,verJAMA, deja mucho que desear.
Lasituación no es nueva y llueve sobre mojado. Basta unapequeña búsqueda en la red para comprobar laprofundidad del problema. Hay muchas fuentes que consultar, aunquebasta con no olvidar los blogs Alliancefor Human Researh, ClinicalPsychology and Psychiatry: A Closer Look y, por supuesto, el deDavidHealy, Letthem Eat Prozac. Recordemos, no obstante, algunos casos sonados. Entre 1998 y 2002 GlaxoSmithKline, GSK, realizó cinco ensayos clínicos para evaluar los efectos del antidepresivo Paxil, pero sólo publicó uno que le era favorable, ocultando datos que sugerían un aumento de los sentimientos suicidas entre los jóvenes que lo consumían. En agosto de 2004, ver cómo lo cuenta Guardian, tras una sentencia en los tribunales de New York, tuvo qie hacer públicos todos los datos disponibles.
En noviembre de 2004, The Wall Street Journal hizo público, ver New York Times, el dato de que Merck conocía desde hacía años, y lo había ocultado, que su antiartrítico Vioxx incremenrtaba significativamente los ataques al corazón. En fin, un estudio posterior de la FDA estimó que el citado “medicamento” pudo haber producido unos 27000 infartos. El escándalo fue y sigue siendo mayúsculo. Tanto, que los National Institutes of Health, NIH, decidieron exigir a los científicos que contaran con su ayuda financiera que publicaran todos los datos a través de su base de datos PubMed Central. Muchos editores de revistas, ver Washington Post, se sumaron a la iniciativa.
A la luz de estos hechos, probados ante los tribunales, seguir diciendo que la regulación está obstaculizando la innovación, como suele escucharse, es una barbaridad. No es verdad que las peticiones de mayor eficacia en la defensa de la salud pública se hagan por enemigos del progreso. Además, alguien debe explicar ya que no todos los avances tecnológiocos conducen al progreso social y que cada vez son más necesarios los estudios de la ciencia que traten de calibrar el impacto derivado de las nuevas tecnologías.
Hace apenas unos meses que se hapublicado un informe que, como se explica en CommonsDreams, ha dejado perplejo a todo el mundo. En efecto, el informeFDAScience and Mission at Risk (noviembre de 2007) viene a concluirque los consumidores norteamericanos están a la interperie yque, como seviene solicitando desde hace tiempo, es urgente introducir lapráctica de la revisiónpor pares (peerreview) en los informes, documentos y decisiones que circulanpor sus numerosos comités, bien entendido que hay que, como semuestra en KlamathBasin, entender la diferencia entre ciencia académica yciencia reguladora (regulatoryscience).
Volvamos a principio. Los buenosmédicos y profesores, no los farmachifles,recomiendan fármacos siguiendo los criterios que aprenden enlas revistas científicas. De forma que cuando la informaciónllega sesgada, manipulada, incompleta o falseada y las revistas o lasagencias reguladoras (la FDA en este caso) no pueden, saben o quierenevitarlo, entonces fallan simultáneamente dos institucionesclaves de la democracia técnica: la empresa científicay la administración pública.
Son muchos los activistas y ciudadanos,muchos científicos incluidos, que se preguntan, ver lamencionada Alliance for HumanResearch Protection o el artículo de Peter Lurie yAlison Zieve Sometimesthe silence can be like the thunder, si las revistas o la FDA estánhaciendo lo suficiente. También hay muchas miradas que sedirigen hacia las Universidades o Laboratorios en donde trabajan loscientíficosque se prestan a estas operaciones de informaciónselectiva o, en otros términos, de blanqueo de datos. ¿Acasono deberían ser expulsados de la academia?
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ESTO NO SE PUBLICÓ EN NÍNGÚN DIARIO PERUANO, HACE POCO HA REVENTADO EL PROBLEMA: BUSH Y EL VATICANO HABÍAN PROHIBIDO
LA INVESTIGACIÓN SOBRE CELULAS MADRES Y SU POSTERIOR APLICACIÓN A LASCURAS DE DIFERENTES MALES A BAJOS COSTOS, TAMBIÉN HA ABIERTO
UNA INVESTIGACIÓN A LA FDA, DOMINADA POR LAS TRANSNACIONALES FARMACEÚTICAS Y GRUPOS DE MEDICOS ADHERENTES A ÉLLA.
IMAGINATE CELULAS MADRES A BAJO COSTO, QUE PASARÍA POR EJM, CON LOS MEDICAMENTOS PARA LA DIABETES…