derecho a la indiferencia

Las diferencias sonsostenibles cuando el estado garantiza que todos podamos  disponer de las capacidades para alcanzar el pleno estatuto de ciudadanía, sin importar la religión, la raza, el sexo o sitenemos o no alguna minusvalía.

Hace unos días estuvo ManuelDelgado en el Laboratoriodel Procomún para explorar la distinción entre locomún y lo colectivo. Allí nos explicó suconocidatesis sobre la ciudad como el espacio de las diferencias, puessin este rasgo estructural sería imposible la vida en comúny de ahí el derecho a la indiferencia, una aspiraciónque la aprendimos del movimientogay francés de los años 1970 y cuya expresiónafortunada debemos a Jean-LouisBory. Cansados de luchar por la afirmación de ladiferencia, era lógico que muchos pensaran en la posibilidadde pasar desapercibidos o, en otros términos, en el derecho aser tratados como simples ciudadanos, sin referencia a ningúnrasgo identitario.

Me encanta la fórmula empleada por Manuel Delgado: los ciudadanos tienen derecho a la indiferenciaen un espacio respetuoso con las diferencias. En estos tiempos deturbulencia y de avance de las expresiones xenófobas yexcluyentes, ya sea contra los venidos de otro país o loscreyentes en otra religión, ya sea contra cualquier otro rasgodiferencial, proceda de una minusvalía o de diferencias en elcolor de piel o de sexo (no me olvido tampoco de las que se inculcanen cada comunidad autónoma), tiene mucha razón quienreivindica el derecho a la indiferencia, pues todos deberíamoscompartir las calles y las leyes. Más aún, cuandoalguien pretenden exagerar las diferencias seguramente se estádestruyendo un bien común en beneficio de quienes logran laprevalencia de los (impuestos) valores identitarios sobre losciudadanos.

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