decisión histérica de la American Chemical Society
No hay día sin su afán. Llevamos cerca de tres años comentando algunas de las muchasinconsistencias sobre las que se apoya la práctica de laciencia. Algunos amigos me dicen que no hacen falta másejemplos para justificar una revisión en profundidad del papelde la ciencia en nuestro mundo. Y creo que tienen razón, aúncuando los más beatos afirman que todavía no hemossobrepasado el nivel de lo que podríamos llamar simplesexcepciones a la regla. ¿Qué regla? Pues que la mayoríade los científicos adoptan actitudes impecables y que laciencia, en tanto que institución, goza de muy buena salud.Pero no es verdad. Lamentablemente, no es correcto afirmar que lasprácticas abusivas sean personales, mientras que las conductashonorables sean institucionales.
El caso de la centenaria AmericanChemical Society espanta por su grosería yprepotencia. Todo el mundo de la ciencia está migrando haciael open access. Cada país, cada Universidad, cada sociedadprofesional ha elegido su estrategia. Unos van más lentos yotros, sin embargo, han apostado por liderar esta deriva histórica,como es el caso de los National Institutes of Health, la FundaciónWellcome o las decenas de signatarios de la Declaraciónde Berlín.
La Unión Europea y la OCDE, entremuchas organizaciones, lo tienen claro: el conocimientofinanciado con fondos púbicos debe ser de acceso libre,gratuito y por internet para todos los contribuyentes. Para losciudadanos, semejante proceso de apertura es de sentido comúny también de justicia, pues no sólo será másbaja la factura que los estados pagarán por la informacióncientífica, sino que también se favorece la creatividaden los laboratorios y la calidad de nuestra democracia cuando aumentala cantidad y calidad de la información circulante.
La American Chemical Society, sinembargo, lejos de sumarse a esta deriva histórica, ha adoptadouna decisión histérica. Trataremos de explicar loshechos en pocas palabras. La ACS es una organización privada,cuyas publicaciones y bases de datos, ejercen un liderazgoindiscutible y hasta hace muy poco incontestado en el mundo de laquímica. Naturalmente está integrada por miembros de lacomunidad química, desde los industriales a los profesores. Y, claro está, gran parte de las investigación que hanhecho sus miembros se ha financiado, total o parcialmente, conrecursos químicos. Pero, no. Quienes la gestionan, dicen queno al open access y que sus archivos son una propiedad exclusiva porla que se cobra a quien quiera usarlos.
La American Chemical Societycuenta con información, principalmente artículospublicados, sobre unas 100 millones de sustancias o secuencias químicas. Cada sustancia, como es de esperar, recibe un número que operacomo su identificador universal, tanto en los intercambios profesionales como en los comerciales. En la comunicación química,como también sucede en la botánica o en la médica,nada es más necesario que unos nombres estándar quegaranticen la fluidez de los intercambios. Sería increíbleque dichos términos, cifras o acrásticos fueran propiedad de alguien. Esimpensable que el nombre de los ríos, las estrellas, lossantos o los héroes fuera una propiedad de los estados, losastrónomos, la Iglesia o la Academia de la Historia. Puesbien, en el caso de la química, por absurdo que parezca, esoes lo que ocurre.
Nos falta un matiz para que nuestrahistoria haga honor al rigor que pretendemos. Hay varios sistemas dedenominación, pero el que conocemos como CASnumbers (Chemical Abstract Service) es el másamplio, completo y versátil de los existentes. Sólo esun número (la cafeína, por ejemplo, responde alalgoritmo 58-08-2), un identificador abstracto, cuyas propiedades oespecificaciones técnicas están contendidas en algunode los papers publicados por la ACS. Y así las cosas, la ACSha convertido esta información en un patrimonio con el quepretende enriquecerse. Si alguien quiere saber a quécorresponde y cuáles las propiedades de la sustancia 58-08-2tiene que consultar sus bases de datos y pagar 6 dólares porel servicio. Lo peor no es la factura que cobran, sino la oposicióna que estos descriptores puedan ser consultados automáticamentey utilizados en las ontologías químicas que haránque funcione la websemántica química, esa web que seránavegable por robots.
Hay algunas herramientas que permitenhacer la conversión del identificador de unos sistemas declasificación a otros. De hecho hay muchos intentosde hackear la química, pero no basta con tener la osadíay disponer de los conocimientos, porque, como explica PeterMurray-Rust, no siempre está claro que hay detrás de unadenominación o, en otros términos, son frecuentes loscasos de sinonimia o de polisemia. Y aún cuando lasequivalencias entre las denominaciones y los diferentes sistemas declasificación fueran biunívocas, la traducciónsólo funcionaría cuando no hubiera problemas. Y así,siempre que algo suene raro o parezca que las cosas no encajan deltodo, no hay más remedio que regresar al artículooriginal en la que fue inicialmente descrita la sustancia y por laque le fue asignado el descriptor que ha sido traducido o hackeado.
El nombre de las cosas tiene dueñoy, en consecuencia, se puede limitar su uso. Hay inmensos interesesmetidos en la producción, custodia y venta de datos. Quieneshan invertido en conseguirlos es lógico que quierancomercializarlos. Lo que aquí cuestionamos es que la AmericanChemical Society pueda ser considerada propietaria exclusiva, cuandola inmensa mayoría de cuanto adquirido estuvo protegido porprivilegios que sólo obtenían organizaciones quefuncionaban sin fines de lucro y consagradas al saber:filantrópicas y filosóficas.
Para demostrar que suantipatía hacia la cultura abierta es firme, laSCS ha prohibido a Wikipedia utilizar en sus artículos unadenominanción que les pertenece. Se calcula, seexplica en ChemConnector, que Wikipedia hace referencia a unas5000 sustancias (alrededor del 0,01 del total), pero si el pleito vaadelante tendrá que sustituir el CAS number, llamadoen ChemSpider, el número de teléfono en el mundo dela química, por el designador que le corresponda en laclasificación PubChem,la alternativa que como PubMedavanza el mundo de la ciencia abierta.
¿Es razonable que alguno de losjardines botánicos inaugurados durante la Ilustración oque alguno de los servicios meteorológicos abiertos en elsiglo XIX quisieran apropiarse de los datos que custodian? Desdeluego, sólo hay una respuesta posible: No, lo que implica unamovilización para exigir de los químicos que dejen deusar la denominación privada que monopoliza la AmericanChemical Society y que organicen un boicot contra cualquier actividadpromovida por esta organización antidiluviana. No soy elprimero que lo lo ha propuesto, y nohan faltado científicos que temen las represalias, porqueigual que venden la información, también pueden vetar aquienes se muestren menos colaboradores de lo que esperan. A nadie leextrañará entonces que GlynMoody haya escrito un vitriólico post en su magníficoOpen… con eltítulo TheWorld’s Leading Anti-Scientific Society (La SociedadAnticientífica Lider Mundial).
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Comentarios
Gracias Juanjo.
Aunque a distancia estoy al tanto de estas dificultades de las que hablas. El otro día se las comentaba a un colega y su reacción fue preguntarme si la victima de las agresiones (tú mismo) era o no una persona conflictiva.
Comprendí que no basta con sacarlas a la luz y que necesitamos recopilar los otros casos e invitar a los afectados a tomar cafe para, entre todos, calibrar el peso que tienen todavía estos mandarines de la ciencia.
Después, obviamente, algo se nos ocurrirá para que entiendan que pertenecen a otra época y que sus conductas deben cambiar. Cuenta conmigo si organizas algo. Saludos
Primero sería quedar para que te cuente la historia y luego decidir.
Pero de verdad que es un ejemplo. Creo que actitud de la ACS encubre un problema de fondo con el que tendrá que enfrentarse el movimiento Open Access. No ocurrirá con todas las Sociedades Científicas, sino con aquellas que con medios parecidos a las de ACS consiguieran ganancias extra considerables respecto a lo que pagan sus socios. Analizándolas podría incluso predecirse con cierta confianza cuales generarán problemas, al igual que sabemos que en en la puesta en marcha del Acuerdo de Bolonia ciertos colegios cuya fuerza es brutal pondrán toda la carne en el asador necesaria para no perder los privilegios que hoy tienen "porque sí". Y es un problema si los investigadores se dejan influenciar por esos lobbys a la hora de tomar decisiones.
Más aún resulta preocupante que algunas Soc. Internacionales y aun eventos como congresos sean parcialmente subvencionados oor multinacionales como Elsevier. ¿Que ocurriría si a muchas Soc. Científicas con escasos recursos les aumentarán el patrocinio dichas multinacionales a cambio de presionar para que sus colegiados no sigan el movimiento Open A?. Y no sigo porque termino dando ideas.
Un abrazo y hablamos cuando quieras.

Hola Antonio,
Buen post, mala noticia. Pero sinceramente van a ocurrir más cosas de este tipo. Si quieres un día te muestro el paralelismo entre esto y lo que me está ocurriendo a mi personalmente a escala muy pequeña y que nadie parece querer entender. Muchas sociedades científicas son lobbys puros y duros. Y cuando como en el caso que narras sacan además pingues beneficios, se convierten así como en una especie de “Colegio Profesional”. Y ya sabes como se las gastan por aquí y algunos entorpecen el proceso de Bolonia por sus anacrónicas “competencias profesionales”. Y no van a dejar que les roben la “gallina de los huevos de oro”. Supongo que dado el ambiente que se respira en USA con el Open Access serán los propios colegas los que fuercen a tal Sociedad, se segregan, etc. Pero después de esta habrá otras que tengan chanchullos similares y volverá algún que otro problema..
Estaba con un colega Ruso y Otro de USA solicitando hacer un libro sobre correlación entre todos los sistemas taxonómicos nacionales respecto a los dos internacionales. Vamos estándares puros y duros. La editorial inglesa lo ha aceptado. Pero si te cuento el barullo y la indignación que se ha producido en ciertos lobbies alucinas.
Antonio si a un mero blogger le quieren quitar la bitácora y le amenazan por suplantar (falso y más que falso) el nombre de la Sociedad aunque lleve 30 años en ella imagínate lo que aun queda por luchar en estos campos feudales y medievales. Desde luego lo bueno es que, hoy por hoy, ha ocurrido en USA y es el mejor sitio para que les den un escarmiento y quede como escaparate para otras iniciativas tan gloriosas que pudieran nublar el futuro.
Un abrazo
Juanjo Ibáñez