espacio de las diferencias, los enigmas y las máquinas
La energía es un concepto expansivo. Estando siempre en el campo semántico de las nociones de fuerza, potencia o poder y en estrecha connivencia con las máquinas, los ingenieros y el dinero, asistimos a su ensanchamiento por los ámbitos de la eficiencia, la diversidad y los desechos. La energía entonces es uno de los mejores argumentos para pensar el mundo. Podemos, como ya se hizo desde mediados del siglo XIX y de la mano de las Exposiciones Universales, homenajear a las máquinas devoradoras de energía y creadoras de potencia, como si quisiéramos fundar un espacio de tributo a las burguesías emprendedoras schumpeterianas, un sitio de culto al progreso, una catedral laica donde impostar nuestras muchas inconsistencias civilizatorias y sociales.
Al avanzar por el contenido del paisaje de ideas aquí descritopronto veremos que no se trata de un proyecto sobre las máquinas sinosobre lo maquínico. En principio, no se excluye nada de lo que unproyecto más convencional incluiría, pero ciertamente dirige laatención hacia objetos que nunca encontraríamos en un diseño estándar,o sea en cualquiera de los ya instituidos en muchos lugares del mundo,bajo envoltorios del tipo museo del ferrocarril, museo del agua, museode obras públicas o museo textil y, por acumulación o federación, museonacional de ciencia y tecnología.
Nuestra propuesta de museo es triplemente innovadora: de un lado,no está concebido como un proyecto memorialista, consagrado a mostrarla marcha histórica y triunfal de las máquinas. No es otraregurgitación posible del viejo sueño renacentista del gabinete de lasmaravillas. Nuestra oferta no invitará a los visitantes a sorprenderseante el espectáculo del ingenio pasado, sino que los animará aintervenir sobre el presente. Por otra parte, no queremos separar laenergía que mueve las máquinas de los residuos que producen. Y estaapuesta describe un futuro asociado a nuestra capacidad para resolverlos muchos y variados enigmas que plantean los residuos. Y, ya entercer término, queremos ampliar la noción de máquina de su imagenentronizada en la sociedad industrial que la asocia a los humos y losengranajes. En la sociedad del conocimiento, las máquinas virtuales sonlas que mueven el mundo y, como vamos a mostrar, nos referimos a losmuchos dispositivos inventados por el genio humano que sirven paraautomatizar funciones, cosa que siempre hubo, como prueba la existenciaancestral de vademecum, protocolos iniciáticos, bancos de semillas,mapas de límites, cuadros genealógicos o tablas de penas y castigos.
Digestión de las máquinas
La energía nace de una diferencia. Siempre que hay un gradiente esposible convertirlo en un recurso y diseñar una máquina capaz deaprovecharlo y hacerlo una fuente de poder. Pensemos en una ley físicay en la fórmula que la expresa estableciendo vínculos estrictos entrealgunas de las variables presentes en un fenómeno natural como, porejemplo, la ley de la gravitación universal de Newton que proclama laaparición de una fuerza siempre que existan dos masas distintasseparadas. Cuando tenemos agua elevada una altura y somos capaces deidear algún dispositivo que nos permita aprovechar dicho diferencial dealtura hemos creado un mecanismo capaz de producir energía.
La fórmula que nos permite calcularla funciona como un dispositivode transducción (es decir que transforma algo en otra cosa heterogénea,tal como hace el pick-up que convierte la diferencia de alturas en elsurco de un disco en una onda electromagnética que se puede ampliarpara que haga vibrar -transduce un diferencial electromagnético en otromecánico- las membranas de un altavoz). No siempre disponemos de lamencionada fórmula (una ley que establece la relación entre losdistintos flujos de datos que, en realidad, no son más querepresentaciones algebraicas de magnitudes físicas, químicas obiológicas), porque no todas diferencias han sido algebraizadas.
Dediquemos unos minutos a pensar algunos ejemplos que nospermitan avanzar el argumento. El dispositivo que garantiza lacapitalización de la diferencia no siempre es una maquinaria hecha detornillos, engranajes y tracciones. Además de las campanas, losmolinos, los hornos de fundición y los alternadores también contamoscon un sinfín de máquinas de muy diferente naturaleza. No todo sonpianos, barcos, cámaras o radares, artefactos capaces de aprovechar ladistinta naturaleza de las cuerdas, de los vientos, de las luces o delas ondas para convertir la variación de alguna magnitud detectable enuna utilidad para producir discos, salazones, modas y mapas. Haytambién muchos dispositivos virtuales, hoy obvios por la amplitud yubicuidad de la cultura digital, capaces también de automatizarfunciones como, por ejemplo, chatear en la red o vigilar elfuncionamiento de una central nuclear. Los algoritmos entoncesfuncionan como verdaderas máquinas que se alimentan con datos yautomatizan funciones.
Son muchos los interrogantes a los que nos conduce esterazonamiento. Usemos un ejemplo escandaloso para retar al sentidocomún: ¿quién produce los pobres, la falta de recursos o lasestadísticas? La pregunta sólo quiere desestabilizar lo que damos por(demasiado) obvio, pues sin una herramienta que los haga visibles (yasea la cámara de fotos, la prensa periódica o la tabla que conecta larenta per capita con la calidad de vida) nuestra sociedad no podríasituarlos en la categoría de entes públicos y, en consecuencia,políticos. Lo sabemos, la única relación posible entre una cámara, laretórica y una tabla estadística es su naturaleza maquínica, sucapacidad para automatizar registros o funciones y, en definitiva, parahacer patente una determinada manera de ver y, desde luego, transformarel mundo.
Gramática de las diferencias
No es tan fácil inventar diferencias. Las que nos interesan, almenos, deben cumplir varias condiciones. Entre ellas, la másimportante es que sean objetivas o, en otros términos, que puedan serdescritas con palabras sostenidas por muy amplios consensos, tangrandes que hay mucha gente que prefiere hablar de universalismo dellenguaje, de los problemas y hasta de las soluciones. Nuestroargumento, sin embargo, no exige tanto. Nos basta con referirnos atérminos ampliamente testeados o contrastados, lo que significa queconstruimos relaciones tan provisionales como experimentales. Y sí, laciencia es un gigantesco mecanismo capaz de establecer orden en ladiferencia o, dicho en otros términos, de hacer que las singularidadesderiven de esquemas conceptuales más generales, logrando convertircualquier contingencia en algo predictible o, en otros términos, en unejemplo de la aplicación de alguna ley, protocolo, algoritmo oprincipio. Tener una fórmula equivale a producir una frase que creauna relación objetiva entre (un número simplificado de) variablescontrastadas de un fenómeno.
Una fórmula, lo dijimos, es un dispositivo que automatizafunciones, pero que también inventa diferencias medibles y pesables,pues no hay que olvidar que las leyes comen datos. Hablar estosalfabetos de la ciencia implica entonces ser capaz de habitar entrediferencias normalizadas y potencialmente convertibles en recursos. Nos basta con dos ejemplos para aclarar hacia dónde nos dirigimos. Sialgún biólogo, antropólogo o psicólogo experimental o, mejor aún, lostres expertos juntos, cada uno desde su especialidad, llegara a laconclusión probada (es decir, consensuada en los medios profesionalesen los que se mueven) de que las mujeres son genética, cultural omentalmente inferiores, entonces la ciencia estaría autorizando unaespecie de tutelaje hacia ellas que rápidamente se podría aprovecharpara pagarles menos o digamos limitarlas al servicio doméstico u otrasservidumbres, lo que es tanto como convertir la diferencia en unrecurso del que sacar energía más barata. Otro tanto puede decirse denumerosos casos que tiene que ver con distintas formas de dominiorespecto a las colonias, la naturaleza, los animales, los débiles o losbárbaros. Las exclusiones se construyen sobre diferencias autorizadaspor algún principio moral o natural y, más frecuentemente, por unamezcla de ambos.
A estas alturas, el segundo caso que prometíamos necesita menospalabras. ¿Acaso no podemos convertir la diferencia de color de piel enun recurso? ¿No es cualquier clasificación un ensayo de distinguirentre plantas, sistemas políticos o coeficientes de inteligencia deforma que mientras separamos unas especies de otras, podamos reconocersus propiedades y luego usarlas de las forma más conveniente? Lomismo sucede de los mil y un intentos de clasificar la materia según sudensidad, calor específico, potencial de carga, constituyentes atómicoso composición química. Hay muchas maneras de crear diferencias. Y, aligual que contamos con un alfabeto que sirve para comunicarnostransformando el caos que nos circunda en un entorno socializable,contamos con otros lenguajes especializados en la tarea de hacervisibles y consensuados el sin fin de relaciones entre las cosas que nopor ocultas dejan de ser objetivas.
El ánimo de simplificar y nuestra experiencia nos dice quepodemos reconstruir todas las frases posibles a partir unos cuantosalfabetos especializados: el alfabeto de la materia, el alfabeto de lavida, el alfabeto de las poblaciones, el alfabeto de los deseos, elalfabeto de la naturaleza y de alfabeto de los bits. Habrá lectoresmás visionarios, como algunos gurú de las actuales ciencias cognitivastipo O. Wilson, D. Dennet o R. Dawkin, que nos dirán que no haydiferencia entre los lenguajes que describen los deseos y la vida.También sabemos de los muchos esfuerzos, iniciados por Schroedinger ycuyo rastro nos lleva hasta Leibniz de fundir en un sólo alfabeto viday materia. Igualmente hay que hablar de la frustrada voluntad dederivar lo social de lo natural y nadie lo estudió mejor que Foucaultni lo deseó tanto como Comte y Althuser.
Vida, materia y bits no necesitan por el momento mayor comentario.Al hablar de poblaciones nos referimos a los lenguajes que saben derazas, naciones, asalariados, bolsas, tratados y guerras. Si hablamosde los deseos es para darle toda la importancia que merecen lasestrategias que quieren domesticar la melancolía, el miedo, laspasiones, el consumo, el espectáculo y la publicidad, todas ellas, sinduda, objetos de inmensos negocios e interminables batallas.
Y, para noser demasiado presentistas y así dedicar nuestro tiempo a pensartambién el mundo antiguo o primitivo hemos dado carta de naturaleza allenguaje de los hechiceros, los chamanes, los yerberos, las matronas ylos artesanos, todos ellos inventores de diferencias no algebraizablespero transformables en energía.
Nuestra roseta de alfabetos entonces es un círculo de seis coloresque son seis sensibilidades, seis formas de conocer, seis maneras demirar el mundo, seis gramáticas para crear sentido y seis artefactospara producir diferencias. Cierto, la describimos como estática, perohace bien quien quiera aventurar hipótesis sobre su naturalezacaleidoscópica. Por el momento, sin embargo, no queremos complicar máslas cosas.
Política de los enigmas
Sin residuos no hay máquinas. Todas las gramáticas tienen queasomarse a la doble frontera de lo que no puede decirse y de lo que nosaben cómo decirlo: son las basuras y los enigmas. Cada producción dejasu rastro de riesgo, incertidumbre o incomprensión. Lo que sobra ytambién lo que no alcanza son el claroscuro de contraste que realza loque hay. No hay tecnología sin residuos y, lo sabemos ahora mejor quenunca, no hay futuro sin respuestas para todas las amenazas querepresentan tanto resto contaminante, tanto despilfarro insostenible,tanta desigualdad sangrante, tanto deseo insatisfecho, tantoconocimiento desperdiciado. Cierto, nuestro futuro está en los residuos.
Pero antes de concluir necesitamos introducir un nuevoelemento de reflexión, pues lo humano sólo se ha podido realizar poradaptación a los cuatro entornos que han hecho posible el mundo quehabitamos: el cuerpo, la naturaleza, la urbe y el ámbito de lo digital,cuatro entornos que, además de relativamente autónomos entre sí,también son gigantescos (por su complejidad) sistemasproductores/consumidores de energía, así como devoradores de recursos ygeneradores de residuos. Hablar de ellos como sistemas técnicos omaquínicos implica dar la importancia que merece al hecho de quehistóricamente siempre anduvimos inventando modelos que explicaran sufuncionamiento mediante construcciones sagradas, animistas, mágicas ocientíficas, lo que es tanto como afirmar que los entornos podíanmovilizarse con palabras (de algún dios), fuerzas (de algún espíritu),artimañas (de algún genio) o leyes (de algún legislador). En todos loscasos, bastaba algún principio (y sus correspondientes ritos y/oprotocolos) para explicarlo y/o instrumentalizarlo todo.
Un párrafo más para explicar el gráfico. Hemos dibujado cincosistemas para luego hablar de sólo cuatro entornos, una confusión quedeja abierta la decisión de si fundir o no universo con naturaleza. Las referencias a la ciudad y lo urbano, abarcan todas las creacionesque han hecho posibles las megalópolis, desde los aeropuertos y laciencia a los jardines y el derecho. Nos damos cuenta de ladesproporción que se crea entre el entorno gigantesco de la naturalezao la urbe y los aquí nombrados como cuerpo y digital. Se trata de unade las decisiones más comprometidas y, a nuestro juicio, más necesariasde este proyecto. La aceleración de la capacidad de las nuevastecnologías para penetrar, modificar e instrumentalizar la sustanciavital de la que estamos hechos, así como la consideración de susórganos y tejidos como el espacio radical de la singularidad,convierten el cuerpo en ámbito indiscutible y decisivo de intensasbatallas económicas, políticas y tecnológicas.
En los albores de la red de redes, antes de que se generalice la web2.0, la web semántica y la web de las cosas, no faltan analistas queafirmen que estamos frente a un mundo nuevo que no puede serconsiderado como una mera extensión del mundo de las comunicaciones,los media o las finanzas. Participa de muchas de sus características,pero ninguna queda sin ser prácticamente irreconocible por el embate delo global, lo participativo, lo distribuido, lo digital y lo modular.Al describir los cuatro sistemas en los que se ha desplegado lohumano, hemos construido un mundo basado en la noción de diferencia,máquina y sistema, y al contrario de lo que es habitual no queremosponer el énfasis en la producción de bienes, sino también en la de losmales, pues unos y otros deben ser redistribuidos con equidad.Cualquier evocación al problema del cambio climático o referencia a lasucesión de crisis alimentarias o medioambientales, por sólo citaralgunos casos muy mediáticos, hace innecesario prolongar esta parte delproyecto.
No hay futuro fuera de los residuos. Una frase simple yllena de connotaciones inesperadas. La primera, contra los beatos delprogreso, del tiempo no vivido y del porvenir, es que nuestro futuroestá dentro de nuestro mundo, es ya un inquieto pasajero en el mismobuque y con idéntico destino. No hay entonces historia lineal, nitampoco es particularmente adicta al antropocentrismo occidental en elque que nos vamos a asfixiar. Hay otra consecuencia sobre la que valela pena detenerse un suspiro. Si los pobres, los excluidos, losinmigrantes o los deprimidos pueden ser explicados, lo que es tantocomo construidos, en términos discursivos mediante disciplinas bienintencionadas, racionales y cosmopolitas -esfuerzos encomiables quetratan de producir un porvenir humanizado-, entonces no hay más remedioque considerar a todos los desheredados como desechos reciclables. Losabemos, nadie está pidiendo su exterminio, como sí se hizo en otrasépocas con los bárbaros, los ateos, los incrédulos, los agnósticos, losindígenas, los gitanos, los negros, los rojos o los judíos.
Igual que ampliamos la noción de máquinas para que cupieran losalgoritmos, los códigos, los protocolos, las tablas, los gráficos, loscuadros y los sistemas clasificatorios, ahora también necesitamosensanchar el concepto de lo que sobra o, mejor aún, de lo que quedacomo residuo sin que sepamos bien qué hacer, ni donde esconderlo paraque no perturbe el bienestar del resto. Un bienestar que es político yque también es ontológico, porque no sólo hablamos de nivel de vida ode consumo, moda, salud y educación, sino que también nos referimos ala incapacidad para separarnos de las máquinas. La energía y toda suparafernalia maquínica quiere aliarse con las estrategias que buscanensanchar el horizonte, pero no es menos cierto que ya les resultaimposible evitar su inquietante opacidad. La respuesta no está en lainnovación tecnológica, sino en la innovación social. La política de laluz, como querían los ilustrados del Siécle des Lumières, ha de sersustituida por una antropología de las anomalías, los residuos y losenigmas.
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Comentarios
Hay un programa de investigación del Economic & Social Research Council del Reino Unido muy interesante en este sentido:
http://www.thewasteoftheworld.org/
Saludos,
Alberto
Gracias Alberto. He visto la incipiente web incipiente que tienen y me según me ha parecido creo que se trata de un proyecto que se interesa por las basuras, las que producen las máquinas y no las que surgen cuando ensanchamos los automatismos hasta abarcar todo el ámbito de lo maquínico.
Hola de nuevo, Antonio. Sin duda: "Waste of the world" es un programa de investigación empírica sobre lo residual, no una exploración teórica de las economías de escala de los nuevos automatismos. Pero en la medida que el programa incluye exploraciones antropológicas creo que encontraras espacios de intersección (entre lo empírico y lo maquínico) comunes. Por ejemplo, el estudio del "exceso" como sistema de producción: los "sacrificios" y "cremaciones" a los que se someten los textiles en el mercado global de ropa de segunda mano, que se compra en lote en paises como Reino Unido o Estados Unidos y viaja a "descomponerse" y "re-encarnarse" en nuevas figuraciones y configuraciones – en nuevos ropajes y tejidos – en la India. Aquí entran a jugar de manera imprevista la economía política de lo residual productivo con la residualidad misma como relación social. Lo maquínico, lo residual y la sociabilidad misma aparecen entonces entramadas en una ecuación compleja cuyos términos deben ser esclarecidos/interrogados/estudiados etnográficamente. Abrazos, Alberto
Tienes razón Alberto. Gracias por hacerme ver alguno de los recovecos de Waste of World que no supe ver a primera vista. Volveré a mirarlo con más interés.



Está interesante. Me encantó esta propuesta para montar un "museo" de las basuras (y de los residuos o incertidumbres!).
Ojalá se haga en algún sitio! Correré la voz.