Archivo para la categoría ‘biohackers’

amateur y tecnocidanos

Si los amateur son una consecuencia de la cultura de la Ilustracion, los tecnocidanos han surgido para ayudar a corregir sus excesos.

La existencia de los amateur en cienciaes la mejor prueba de que la curiosidad, el goce por aprender, elespíritu altruista son un gesto quecuenta con cierto prestigio social. Los historiadores lo interpretancomo signo inequívoco de la expansión cultural de la ciencia y unsíntoma de la buena salud que goza la imagen pública de la llamadamoral de la ciencia, un concepto que da amparo al encuentro entre laculturas del rigor y la cultura nacional o, dicho de otra manera, dela convergencia entre las dios repúblicas: la República del Saberque hace de la ciencia un bien común, y de la República civil quehace del bien común una política.

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ciencia tetris

Una nueva generación de juegos diluye la frontera entre entretenimiento y conocimiento y hace posible (o, quizás, probable) que un niño acabe ganando un premio Nobel.

La verdad, lo merezcan o no, losjugadores de video, al igual que los adictos a la telebasura, tienenmala fama. A veces se les presenta, lo mismo que se hizo con losjugadores de rol, como gente sociópata, enajenada y hastafanática. Su imagen, como también se hizo con losnerds,está fabricada con una mezcla de tecnofilia, ensimismamiento,misantropía y digamos desaliño. Son unos frikisque lentamente van trocado su tópica y antipáticaestampa por otra más afable, lo que tal vez tenga que ver conque siempre conocen alguna chapuza para mejorar el rendimiento delordenador o cómo sacarle mayor partido al móvil. Prontoademás podrán ganar un premio Nobel y dejarnosboquiabiertos.

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Prólogo

El carnaval de la tecnociencia

Otro libro nuevo y, sin embargo, distinto. Es diferente  porque se postula como de crítica de la ciencia. ¿Necesita la  ciencia, como el arte o la justicia, una crítica externa realizada  por ciudadanos que no vivan entre probetas, telescopios y  otros instrumentos de investigación? Aquí, en las páginas que  siguen se aboga apasionadamente por una respuesta afirmativa. No es un texto contra los científicos, sino a favor de los  ciudadanos y la participación. Todo el contenido gira alrededor de tres ejes: las nuevas tecnologías, los nuevos patrimonios y las nuevas formas de ciudadanía. Pero el lector no encontrará un discurso que se despliega como los ríos en su  delta, sino una colección plural de breves historias que exploran el papel actual de la ciencia y que animan a los públicos a  plantar cara: un gesto para asumir nuevas responsabilidades y  para sacudirse el estigma de la modernidad que les condenó a  ser el otro de la ciencia: la representación pública de los que  no saben.

El carnaval de la tecnociencia es un libro que plantea una  resistenciaal presente. Para ser eficaces hemos construido un  argumento en tresetapas. En la primera, hemos colectado  muchas experiencias departicipación ciudadana en ciencia y  puesto en valor el conocimientoamateur y profano. La segunda parte insiste en la creciente importanciaque tienen los expertos en la gestión de nuestro mundo y muestra lasenor mes presiones a las que son sometidos por las grandescorporaciones industriales y las administraciones públicas. En la tercera, nos hemos interesado en la tecnociencia y en su capacidad paraalterar el entorno simbólico y natural que habitamos, amenazando aveces los bienes compartidos que, como  las plazas, la lengua, lasmatemáticas, el aire, las selvas o el genoma, son el fundamento sobreel que se asienta nuestra vida  en común.

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semillas, ciencia ciudadana y cambio climático

El calentamiento global nos asoma a unhorizonte en el que las formas tradicionales de cultivo tendránque cambiar. Para contrarrestar el impacto del cambio climáticocampesinos, activistas y hackers han diseñado WikiseediA.

El cambio climático afectaráa la agricultura y, previsiblemente, cultivos que un díafueron característicos de una comarca, un paisaje y una gastronomía,dejarán de serlo. Así, la noción misma de localcambiará radicalmente, pues ya no será un términoútil para describir formas tradicionales de relacionarnos conel paisaje, el tiempo o la alimentación. El calentamientoglobal modificará el clima y también las prácticasculturales heredadas.

Eso que llamamos cultura localtendrá que adaptarse al nuevo ambiente introduciendo, porejemplo, nuevas semillas y distintas formas de cultivarlas. Podemosesperar a que se precipiten los acontecimientos y a que los gobiernostomen decisiones, pero hay más alternativas. Una de ellas sellama SeedPod, la conocimos gracias al excelente World Changing y su propósito es laconstrucción colectiva de una WikiseediA.

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la descripción de especies y la biopiratería

La defensa de la biodiversidad implica que la descripción de especies debe integrar el procomún.

La biodiversidad es uno de los dones dela naturaleza que debe ser protegido. Y, desde luego, como el aire,los fondos oceánicos, el ciclo del agua o la protecciónUVA, integra el procomún o, en otros términos, lo quees de todos y de nadie al mismo tiempo. Defender la biodiversidadexige conocerla, lo que implica inventariarla. El problema es que lamayoría de los contenidos taxonómicos aparecen enrevistas de pago (con copyright), mientras que el 95% las plantas quese estudian pertenecen a zonas del planeta sin recursos paraadquirirlas.

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nación protésica

La industria de las prótesis sigue en expansión y amenaza con producir una nueva subclase social, una nueva forma de precariado subprotésico.

La solución protésica para nuestros problemas no deja de ganar crédito. Las cifras de gentes que acuden a buscar prótesis cosméticas o químicas sigue avanzando. Según EurekAlert, en 2005 hubo más de 10 millones de cirugías estéticas en USA , y no hay que ser muy avispado para vaticinar la llegada de un nuevo bazar de prótesis genéticas y electrónicas.

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ciencia de garaje: posthumanos, biohacker y biopunk

El desarrollo del sotfware libre enseña que no siempre la ciencia demanda grandes inversiones, una experiencia (la de los hackers y la garage science) que hoy se está extendiendo en el movimiento de los biohackers. [Antonio Lafuente]

La imagen de unos muchachos, con aspecto de hippie, inventando el PC y el software libre es poderosa. Seguramente hay en ella algo de exageración, pero también es cierto que en entre aquellos jóvenes y, sobre todo, en los valores que defendían, germinó una parte sustantiva de la revolución que han provocado las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC). Desde entonces han pasado muchas cosas, pero sigue siendo impactante que la recordemos como garage science (ciencia de cobertizo garaje).

La excelencia intelectual, entonces, no implica necesariamente instituciones académicas. Al contrario, muchas veces la creatividad está reñida con los excesos formales, ya sean jurídicos o policiales, ya sean políticos a administrativos. Aquí, en nuestro caso, estamos hablando de una actividad del mayor rigor científico que se hizo al margen de las instituciones académicas. Hablamos, sin embargo, de un fenómeno que no es tan reciente como podíamos imaginar. La garage science es la forma que adoptó el trabajo que hicieron gentes tan reputadas como John Dee, Robert Boyle, Anton van Leeuwenhoek, Antoine Lavoisier, James Watt, Michael Faraday, Thomas Edison, Steve Jobs y Bill Gates. (más…)

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tatuajes parlantes: la monitorización de las masas

La implantación de chips RFID bajo la piel avanza entre quienes la asimilan como un juego y quienes la abrazan como un destino y, entre ambas opciones, se sitúan los que la demonizan y los que luchan por su socialización. [Antonio Lafuente]

Muchos artistas y hackers han comenzado implantarse chip bajo la piel para saber lo que pasa. Con el tamaño de un grano de arroz, el coste de 3 euros y una instalación simple mediante jeringa, el asunto no parece presentar la menor dificultad para que pronto se convierta en una moda (ver encuesta de CNN). Lo cool no es el piercing o el tatuaje, sino el chipping (chipearse). De momento parece un juego inocente que involucra al propio cuerpo y a las nuevas tecnologías.

El asunto no es nuevo pero esta semana ha cobrado nueva actualidad porque Amal Graafstra, un hacker y empresario de 29 años, y Jennifer Tomblin, su novia, han decidido celebrar San Valentin implantándose un chip RFID que funciona como un abracadadra que abre la puerta de sus casas y da acceso a sus computadores. Están seguros de que compartir las llaves que suprimen las barreras a su intimidad en los dos mundos que habitan, el presencial y el virtual, es la mejor prueba de amor que pueden darse.
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tecnocidanos

tecnocidanos es un neologismo que se forma de la hibridación entre tecnociencia y ciudadanos. Los tecnocidanos son todos esos ciudadanos expertos que proliferan en esta era tecnocientífica.

No es sencillo conceptualizarlos, aunque sea muy fácil visualizarlos. Son tecnocidanos, entre otros, los miles de hackers que dominan las TIC, como también todos los ciudadanos cuyas preocupaciones medioambientalistas o sanitarias les han conducido hasta la lectura y discusión competente de temas especializados y hasta muy recientemente reservados al mundo académico.

Siempre hubo gentes con una enorme afición por la astronomía, la ornitología o la arqueología, por sólo citar algunos ejemplos muy conocidos. Sabemos que estos colectivos son muy diversos, además de celosos defensores de su identidad amateurs, lo que no impide que podamos decir que su contribución a la expansión de la ciencia ha sido más decisiva de lo que los historiadores les han reconocido.

Durante las primeras fases del desarrollo de la radio, la electricidad o el teléfono, aparecieron numerosos grupos de ciudadanos que lucharon para impedir que el desarrollo de estas tecnologías derivase hacia su monopolización financiera, centralización administrativa y privatización tecnológica. Sus luchas de entonces nos recuerdan las batallas más recientes a favor del software libre, el copyleft y el wireless.

También tenemos otras lecciones que aprender de los movimientos antinucleares de la década de los 60 o de los afectados por el SIDA en los 80. En ambos casos, surgieron ciudadanos que no aceptaron dejar en manos de los expertos asuntos de tanta trascendencia política y social. Aparecieron colectivos que lograron apropiarse del lenguaje técnico y expresar sus inquietudes en unos términos que no pudieran ser ignorados por los propios ingenieros o médicos. Y así es como algunos ciudadanos trataron de compatibilizar la necesidad del rigor con la voluntad de ser solidarios.

Pero hay más. Todos los días brota en la red una nueva página que vertebra a familias afectadas por una enfermedad calificada de incurable. El origen de estos grupos de afectados es muy parecido. Siempre hay una primera persona que no acepta el ultimátum de un diagnóstico fatal y que acude a Internet buscando información para alimentar su esperanza. Nunca falta tampoco quien, emulando la deriva emprendida en la década de los ochenta por los enfermos del SIDA, pierde el miedo al lenguaje y decide profundizar en las bases de datos médicas. Y como el interés agudiza el ingenio y espolea la voluntad, el amateur se convierte en experto y así comienza a discutir con científicos sus propias hipótesis sobre la enfermedad.

¿De qué hablamos? De la citizen science, de las sciences citoyennes, de un cataclismo que está socavando las estructuras del saber y que, en definitiva, anuncia un mundo en el que ya no tendrá cobijo la vieja imagen de la ciencia que creaba barreras infranqueables entre los sabios y los legos o entre la academia y la urbe.

De todos los nuevos mecanismos de participación ciudadana en ciencia, ninguno es más espectacular, ni cuestiona con mayor fuerza el dominio sobre el saber de las corporaciones, académicas o empresariales -si es que todavía pueden hacerse estas discriminaciones tan características del siglo pasado-, que el movimiento vinculado al open source, el open content y al Open Access.

Mucho se discute acerca de si estas iniciativas son el germen de un nuevo contrato social, basado en ideales comunitaristas, filantrópicos, descentralizados, horizontales, abiertos, como los únicos valores capaces de restaurar en toda su amplitud las nociones de bien común, libre acceso al conocimiento, y gestión coparticipativa en los proyectos.

En fin, tecnocidanos nace para darle importancia a estos procesos y con la clara voluntad de convertirse en una referencia en lengua castellana para quienes estén interesados en los distintos movimientos que reclaman mayor participación ciudadana en ciencia. (más…)

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