Archivo de junio, 2005

democratizar el diálogo con la ciencia

Nuestra sociedad debe superar definitivamente el concepto de divulgación y explorar nuevas formas de comunicación entre los científicos y los ciudadanos. [Antonio Lafuente]

Las ciencias tienen sus propias prácticas, valores y tradiciones. Y necesitan ser protegidas para que su desarrollo pueda realizarse en condiciones óptimas, manteniendo niveles de rigor e independencia imprescindibles. Pero sabemos también que de la investigación se derivan aplicaciones o innovaciones que pueden modificar drásticamente nuestra vida, el entorno medioambiental o el tejido social, como también las formas de vida y las opciones disponibles para las generaciones futuras.

Se trata de asuntos demasiado graves para dejarlos en las manos exclusivas de los científicos, los gestores o los políticos. Así se explica la reciente aparición en Francia de una serie de organizaciones cuyo objetivo general y compartido es promover nuevas formas de debate público que tengan la tecnociencia como temática principal. Entre ellas, cabe mencionar las siguientes: ViVagora, Sapience, 1001 sciences, Fondation Sciences CitoyennesFutura-Sciences.

ViVagora nace en 2003 convencida de que nuestros estados y organismos internacionales no son muy eficientes en la elección y en el arbitraje de las prioridades. Es habitual que “la justicia se confunda con la legalidad, las opciones políticas con el alineamiento según las recomendaciones de los expertos.” En fin, que para superar estas carencias de nuestro sistema democrático, organizan debates temáticos sobre las implicaciones que se derivan del desarrollo de la biomedicina, buscando la participación de científicos, políticos, industriales, activistas, ONG y público en general.

Sapience nace en 2004 de la convicción de que es imprescindible que científicos y profanos retomen el diálogo. Su principal objetivo es combinar sabiduría con justicia, pues sus promotores creen más que razonable interrogarse sobre si si los progresos científicos están siendo suficientemente consensuados, o simplemente si son razonables o prudentes.

1001 sciences fue creada en 1997 a partir de una iniciativa de miembros del club “sciences et citoyens” del CNRS de Lyon que tomó la forma de un café des sciences. Ahora hay cafés científicos en varios países de Europa. Su objetivo es organizar debates entre ciudadanos y científicos, ver el blog que animan, que huyan de las posiciones simplistas de quienes creen que lo único que se puede hacer es divulgar maravillas o predicar a los irredentos.

Sciences Citoyennes fue creada en 2002 para favorecer los movimientos de reapropiación ciudadana de la ciencia y ponerla al servicio del bien común. La Fundación asume que la capacidad para producir criterio experto ha caido por completo en manos privadas y en su capacidad para ejercer lobbying. Por otra parte, la mercantilización creciente del conocimiento,  impide  que ” el estado sea ya una garantía suficiente para asegurar una investigación y un asesoramiento experto de interés general”.  De ahí que el objetivo de sciences citoyennes sea crear un tiers secteur scientifique que sirva a la sociedad civil para contrarrestar el peso excesivo que ya tiene la industria privada en su asociación con el sector público.

Futura-sciences nace en 2001 para ofrecer información contrastada y de calidad (revisada por un comité de expertos) que ayude a entender y debatir las encrucijadas que la tecnociencia plantea a nuestra sociedad.

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las revistas open access mejoran su impacto

Los autores que ya decidieron publicar en revistas open access están de enhorabuena, pues además de dar mayor visibilidad al trabajo, mejoran notablemente su índice de impacto [Antonio Lafuente]

Peter Suber nos cuenta que Thomson ISI ha asignado a PLoS Biology, una revista Open Access que tiene menos de dos años, un factor de impacto de 13.9. Esta cifra la sitúa entre las más reconocidas de su área (general biology journals), por encima de EMBO Journal, Current Biology y de los Proceedings of the National Academy of Sciences.

La noticia, sin embargo, era esperada, pues muchas de las revistas OA (en la actualidad son ya 1624) se han comportado de forma similar. BioMedCentral acaba de confirmarlo con enorme satisfacción, pues confirma que el open access no merma la calidad de los artículos respecto a los que se difunden por subscripción. Los datos prueban además que el gran beneficiario de esta iniciativa es el autor, quien logra los máximos índices de visibilidad, junto a factores de impacto tan notables como crecientes. Las cinco revistas que han sido calificadas este año, han obtenido un resultado memorable:

  • BMC Bioinformatics obtuvo un factor de impacto de 5.42, reforzando su reputación como uno de las revistaslíderes en su campo
  • BMC Genomics entra en el Journal Citation Report con un respetable 3.25, colocándose en el tercio superior de títulos de su área y entre el 20% de títulos de referencia en biotecnología.
  • BMC Molecular Biology alcanzó la cifra de 3.12
  • BMC Musculoskeletal Disorders llega al 1.00, en la mitad superior de los títulos en ortopedia.
  • BMC Genetics tiene 0.92
  • Critical Care ha subido de 1.9 a 3.21, siendo ya la tercera revista de su especialidad.

Hay otras muchas revistas publicadas por BioMed Central, institución financiada por el US National Institutes of Health y que en la actualidad maneja más de 130 títulos, que han mejorado de forma estimable su ranking en su especialidad respectiva: BMC Infectious Diseases pasó de 1.25 a 2.07. BMC Cell Biology (2.62, en la mitad superior del ranking). BMC Health Services Research (desde 0.68 a 1.23). BMC Cancer (de 1.70 ao 2.29) y BMC Public Health (alcanzó la cifra de 1.55). Respiratory Research, con 4.03 es una de las cinco revistas más citadas en su campo.

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la fuerza del voluntariado

El trabajo en las ONG representa ya el 10% del empleo en EEUU. [Antonio Lafuente]

Las ONG son un sector de la actividad económica que no deja de sorprendernos. Ya hemos tratado este asunto en otro post, la revolución amateur, y seguramente volveremos a hacerlo.  Freelantropy es una organización norteamericana que les ayuda a conseguir fondos y que en su web, como también en el Philanthropy Journal, incluye algunos datos impresionantes. Valga, como prueba, un botón de muestra:

  • El sector está compuesto por más de un millón de organizaciones que están dando empleo al 10% de la fuerza laboral de EEUU. En los últimos 20 años ha crecido más deprisa que la administración pública y que el sector privado.
  • Las donaciones dadas por particulares a las ONG subieron hasta los 250 mil millones de dólares que, en términos generales, se distribuyeron del siguiente modo: religiosas (86.000 millones de dólares), educativas (32.000 millones), fundaciones (21.000 millones), salud (21.000 millones), servicios sociales (19.000 millones), artes, cultura, humanidades (13.000 millones), medioambiente (7.000 millones),…
  • El 89% de los hogares contribuye con una media de 1.620 $US. Hay 83,9 millones de adultos que son voluntarios, lo que representa más de 9 millones de empleados a tiempo completo. El coste de este trabajo alcanza a precios de mercado los 239 mil millones de dólares.
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ecologismo y gobernanza de madrid 2012

Los tiempos cambian deprisa: el alcalde conservador de Madrid necesita y consigue para su candidatura olímpica el apoyo de Greenpeace y WWF/Adena. [Antonio Lafuente]

El pasado viernes 24 se presentó el Planteamiento Ecológico preliminar de la candidatura olímpica Madrid 2012. Al acto acudieron varias organizaciones ecológicas (Greenpeace, WWF/Adena) que, junto al IDAE, habían ayudado a redactar el documento, y que saludaron con entusiasmo el compromiso del alcalde de organizar las primeros juegos basados exclusivamente en energías renovables.

El alcalde Ruiz Gallardón, del conservador Partido Popular,  declaró en rueda prensa, informan El Mundo y El País, que “Si las Administraciones han incorporado exigencias ambientales, ha sido gracias al esfuerzo de los ecologistas, a los que sólo se les puede reprochar no haber aparecido antes”. Algunos dirán que sólo es un gesto táctico, destinado a satisfacer la inquietud de algún asesor que sabía de la importancia que para la candidatura de Sidney tuvo el apoyo de Greenpeace. Lo cierto, en todo caso, es que el aval del movimiento ecologista ha sido demandado y que las palabras de reconocimiento dejan clara su aportación a la gobernaza.

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wiki salvará europa

La constitución europea puede ser escrita por todos los ciudadanos europeos o, inlcuso, todos los del mundo. [Antonio Lafuente]

El reciente fracaso en Francia y Holanda de la Constitución europea parece haber paralizado gravemente un proceso que nunca suscitó demasiado entusiasmo. Lo mejor entonces es preguntarle a la gente cómo gestionar mejor este asunto.

Y pocas ideas podrían ser más pertinentes que la genial propuesta de Emmanuel Delannoy, ver la web y el blog asociado Noolithic:  emplear la tecnología wiki para redactarla entre todos. La idea ya tiene nombre, Wikitution, y se ha puesto en marcha.

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Turismo Nuclear: de Chernobyl a California

Después de Bravo 20: the Bombing of the American West, es difícil volver a mirar los desiertos de Nevada, Utah, Arizona o California con la mirada ingenua de quien cree estar ante el sublime espectáculo de la naturaleza. [Tiago Saraiva]

Una joven ucraniana se pasea en moto por las ruinas de Chernobyl (http://www.kiddofspeed.com/). Sus fotos se han hecho famosas e inspiran a otros jóvenes europeos a un turismo alternativo: visitar paisajes nucleares. No es evidente el motivo que les atrae, ¿por qué cambiar los placeres del cálido Mediterráneo o los  Alpes sublimes por lugares tan lúgubres? Ta vez sea que nuestras experiencias estéticas no sólo se nutren con lo bello y lo sublime, sino que incluyen también lo pintoresco.

No siempre sabemos o podemos convivir con las buenas proporciones clásicas o con la elevada estatura moral de los paisajes montañosos. Muchas veces nos resulta más sugerente experimentar el efecto del paso del tiempo en la pintura, o sobre otras personas u objetos. Y así, de la mano de lo pintoresco, lo sucio y lo viejo entraron al lienzo.

Han sido, sin duda, los fotógrafos del Oeste norteamericano quienes mejor han captado las tensiones en los paisajes nucleares, formándose incluso un Atomic Photographers Guild (Alessandra Ponte: Desert Testing).  Después de Bravo 20: the Bombing of the American West de Richard Misrach y Myriam Misrach, es difícil volver a mirar los desiertos del Nevada, Utah, Arizona o California con la ingenuidad de quien cree estar ante el  espectáculo sublime de la naturaleza. Y es que esos parajes, evocadores de fronteras últimas o de soledades telúricas, fueron los elegidos por militares y científicos para ser el banco de prueba del arsenal atómico estadounidense.

Desde comienzps de los 40, espacios inmensos fueron convertidos en bienes públicos controlados por el gobierno federal, ignorando los derechos de las comunidades locales y negando cualquier problema medioambiental. Las fotografías de Misrach de pozos de animales donde la gente deposita el ganado muerto por causas desconocidas o de dunas como escenario de los combates de los bombarderos de la marina norte-americana, desvelan toda la ingenuidad implícita en, por ejemplo, las imágenes del desierto de Ansel Adams.

Y no es mera casualidad que Adams fotografiara con el mismo entusiasmo el desierto y las gigantescas presas que estaban colonizando el Oeste allá por los años 30 y 40.  Lo sublime tecnológico era visto en la misma clave que el natural, y ambos ponían a los seres humanos frente a objetos que se le imponen tanto por su desproporcioanda escala, como por su inaudita grandiosidad. Hay entonces una relación íntima entre esa forma de mirar el desierto, entendido como un mar inmenso e inhóspito que nada tiene que ver con la escala humana, y el sueño yankee de convertir el Oeste en un vergel que diera continuidad al paisaje en el Este de donde provenían. A golpe de presas y ferrocarriles se doblegó una naturaleza virgen que esperaba la acción civilizadora de los pioneros.

Lo que la retórica de lo sublime ocultaba es que para mucha gente ese mismo paisaje formaba parte de una experiencia cotidiana que nada tenía que ver con la grandilocuencia de las fotos de Adams. Para recuperar esa otra mirada tenemos que recular todavía más, hasta los trabajos de  E. Muybridge en la década de 70 del siglo XIX.  Durante las guerras de exterminio de los indígenas, Muybridge (más conocido como uno de los padres del cine) fotografió los mismos paisajes que más tarde captaría la cámera (sublime) de Adams. Lo que a Muybridge le interesaba sólo lo podía captar un objetivo pequeño , pues se olvidó de la grandiosidad del oeste y  miró hacia el pintoresquismo de la vida cotidiana india (Rebecca Solnit: River of Shadows: Eadweard Muybridge and the Technological Wild West). 

Y de pronto  nos damos cuenta de que la “naturaleza” no es tan natural y que incluso el Oeste, no fue nunca una inmaculada página en blanco aguardando la llegada de un gobierno que la convirtiera en un bien público, pues el desierto, podría ser inhóspito, pero estaba lleno de vida: era un bien común.

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wikipedia y la lucha contra las catástrofes

Las catástrofes son un asunto de la incumbencia de los políticos y de los científicos, pero la escala descomunal de los males que provocan demanda la construcción social y participativa de los remedios [Antonio Lafuente]

Lucas González Santa Cruz, responsable de la Red de Médicos/as Centinelas de Canarias, ha decidido ampliar la entrada gripe aviar en la Wikipedia con los contenidos relativos a pandemic preparedness (preparativos para la pandemia). El epidemiólogo canario piensa que los mencionados preparativos deben ser construidos social y técnicamente, lo que obliga a involucrar no sólo a los servicios de salud, sino también a la ciudadanía en su conjunto.

Para desarrollar esta idea ha solicitado ayuda de los subscriptores de ProMED-mail, la lista de correo que se ocupa de la rápida notificación internacional de enfermedades emergentes promovida por la International Society for Infectious Deseases:  “en el último tsunami, Wikipedia jugó un papel importante después del golpe. Ahora tenemos la oportunidad de efectuar algunos preparativos antes de la pandemia”.

La suerte merecida de esta idea ha sido que fue referenciada en el influyente Boing Boing. Desde entonces, un proyecto que apenas podía despegar cuenta ya con muchos entusiastas. La iniciativa es genial, pues como informa el blog de Stephen O’Grady, Teccosystems, la información fue uno de los problemas críticos en la pandemia de gripe española de 1918-1921.  esta fue la conclusión a la que llegó John Barry (The Great Influenza. The Epic Story of the Daedliest Plague History, 2004).  Los gobiernos de entonces para acabar con el pánico que se apoderó de las gentes, en vez de garantizar la libre difusión de datos, optaron por cerrar los media y sólo tolerar la información oficial. Pero la gente, que veía en las calles lo que negaban la prensa y las radios, perdió toda confianza en los funcionarios.

En definitiva que la supervivencia, dependió entonces y probablemente dependerá ahora (si llegara a confirmarse la amenaza de esta pandemia) de las fuentes no oficiales y, muy especialmente, del boca a boca. Este extremo se confirmó en el análisis que hizo un grupo de ingenieros del National Institute of Standards and Technology de la conducta seguida por la gente que logró escaparse con vida del derrumbamiento de las Torres Gemelas.

El asunto, lo explica Jamais Cascio en world changing, es cómo crear instrumentos eficaces para abordar las catástrofes, pues la solución exige, desde luego, mucha ciencia y tecnología, pero el factor de escala demanda también (y, quizás, habría que decir principalmente) mucho sentido común, mucha participación y mucha solidaridad. La gestión de una crisis sanitaria de proporciones gigantescas, en todo caso, desborda los saberes y las prácticas de los expertos, pues como pasó en la gripe de principios de siglo, no tardaron en faltar las camas, los medicamentos, el instrumental y demás artefactos sanitarios y técnicos.

Por eso tiene esta apariencia de genial la idea de usar la Wikipedia para, primero, poner al alcance de todos los remedios que en cada lugar puedan ser eficaces y, segundo, implicar a los propios afectados en la construcción de la estrategia defensiva. 

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Ciudadanía y medicamentos

Los ciudadanos se implican cada vez más en la vigilancia de los sistemas de control farmacéutico. [Nuria Valverde]

Una de las noticias que abrían el New York Times del 10 junio de 2005 se refería a la inoperancia de un organismo como la FDA para sacar de la circulación un medicamento, Propulsid, cuyos efectos secundarios son graves. En España, la Agencia Española del Medicamento prohibió la comercialización de la cisaprida (principio activo del Propulsid) a primeros de 2005, después de haber restringido notablemente su uso desde el 2000. Y su prohibición ha pasado sin pena ni gloria. Pero en otros casos, como el del Vioxx (New Target, Diario Médico, El País, Asociación afectados por Vioxx ), la alerta ha permeado todo el espectro social.

Definir qué es un medicamento y cuáles son los medicamentos indispensables, es algo que nos compete a todos. Por supuesto, el problema es bastante complejo, porque como ya decía Lee S. Simon, responsable del Dpto. de Analgésicos de la FDA, en 2002 : 1) los controles clínicos (RTC, random test control) son de poca relevancia cuando las enfermedades son crónicas; 2) el sistema americano (como el inglés, y el español) se basa en la comunicación espontánea de los efectos adversos de un medicamento, y estas comunicaciones son realmente escasas.  Para Simon, según parece, la farmacovigilancia debería mantenerse en manos de los médicos y las industrias farmacéuticas.

Sin embargo, de acuerdo con la Fundación Institut Català de Farmacologia, es difícil confiar en una industria cada vez más desvinculada de los valores morales que acompañan a la práctica médica, y en una práctica médica cada vez menos crítica con los medicamentos. Es esta situación de desajuste entre el consumo, la eficacia y la correcta aplicación del término medicamento lo que ha puesto en marcha un movimiento de vigilancia ciudadana sobre los medicamentos. Un movimiento que comenzó a cobrar visibilidad en 1998, cuando Social Audit inicia su campaña contra los antidepresivos, que le llevarían a una investigación sobre los procedimientos de autorización de fármacos en Gran Bretaña (ver Medicines out of control?).

Numerosas asociaciones han seguido esta senda de la denuncia. Y así la Health Action International, que federa a 150 asociaciones de 70 países y cuyo presupuesto ascendió en 2003 a 762.068?, se ha puesto en marcha para denunciar la falta de transparencia en la gestión de la investigación y el mercado farmacológicos. También la Canadian Health Coalition hace un seguimiento de la Big Pharma y del papel de las autoridades canadienses. Y recientemente la asociación ciudadana Public Citizen acaba de abrir una página web (Worstpills.org) destinada exclusivamente a prevenir contra el consumo de medicamentos cuyos efectos secundarios están demostrados o que, por el contrario, son ineficaces.

Por supuesto, la máquina farmacéutica no se para por ello, y cada día afrontamos con perplejidad noticias como la inminente aprobación de BiDil (FDA, New York Times), la primera droga diseñada para un grupo racial, el afro-americano. Una noticia que ha despertado las suspicacias de los expertos en derecho hacia las llamadas drogas étnicas y el de grupos de investigación como RaceSci, preocupados por seguir los usos científicos y tecnológicos del concepto de raza. En todo caso, hay algo refrescante en este movimiento. Se trata de hacer volver a la ciencia a sus originales cauces de bastión del bien común. El curso moral del conocimiento no se mantiene solo.

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civic science v. citizen science

El sistema de la gobernanza, especialmente en las cuestiones medioambientales, reclama de los científicos mayor sensibilidad hacia los saberes e intereses locales (civic science). Simultáneamente, promueve la aparición de ciudadanos con voluntad de intervenir y profundos conocimientos científicos (citizen science). Las tensiones entre ambos actores, no son entre legos y  sabios, sino entre dos formas diferentes y complementarias de ser experto. [Antonio Lafuente]

Son muchos los acuerdos internacionales que reconocen la profunda relación existente entre supervivencia y medioambiente. En consecuencia, no sorprende que la Declaración de Rio (1992, principio 10) y la World Summit on Sustainable Development Implementation Plan (Johanesburgo,2002, párrafo 26) impulsen la participación ciudadana en ciencia, pues, de una parte, el entorno ya es un problema político de primera magnitud y, de otra, las decisiones medioambientales son más eficaces cuanto mayor sea la implicación de los afectados.

La monitorización de medioambiente (environmental monitoring) por parte de todos los actores presentes (activistas, funcionarios, científicos, empresarios, lugareños) se ha manifestado como una iniciativa tan eficaz como gestionable. En Canada se cuenta actualmente, según Stewardship Canada, 221 iniciativas de monitorización del aire, las especies, las sostenibilidad o las aguas. Y todo indica que la cifra podría ser mucho más grande si se contabilizaran, por ejemplo, los grupos de observadores formados en las escuelas, un mecanismo muy popular, socorrido y novedoso de buscar alternativas al problema de las dos culturas (EMAN).

El asunto es que la gobernanza mediombiental ha abierto la puerta a dos tipos genéricos de implicación ciudadana. En la primera modalidad, los ciudadanos asumen el papel de científicos (citizen science) y tratan de producir y difundir forma independiente (aún cuando busquen el apoyo de científicos, generalmente procedentes del sector público) la información que necesitan. En la segunda alternativa, no son los ciudadanos los que viajan al país de la ciencia, sino que son los científicos los que se desplazan hacia el de la experiencia o, en otros términos, que los ciudadanos obligan a los expertos a no desdeñar sus conocimientos vernaculares sobre el entorno local (civic science).

Tal deriva puede representar un problema, pues no siempre las instituciones están preparadas para administrar formas tradicionales y contingentes del saber. Los protocolos expertos, con frecuencia, son demasiado rígidos y están pensados por gentes que hasta hace muy poco despreciaban cualquier información que no fuera producida con los instrumentos técnicos y conceptuales utilizados en el medio académico.

Pero los tiempos cambian deprisa. Todo parece indicar que las diferencias entre civic science y citizen science serán cada vez más imperceptibles. En la práctica, los debates mediomabientales, ya no escenifican conflictos entre científicos y legos, sino entre grupos de expertos diferentes. Y así, el mayor problema que enfrenta la implementación del sistema de la gobernanza no es el de cómo resolver las tensiones que se crean por la concurrencia de dos estilos de razonar, sino en cómo evitar el colapso de una sociedad en la que los expertos manifiestan profundos desacuerdos.

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los académicos se distancian de sus gobiernos

La élite científica mundial se alinea con los activistas y apremia a sus gobiernos [Antonio Lafuente]

Las Academias de Ciencias de Alemania, Francia, Italia, Gran Bretaña, Rusia, EEUU, Canadá y Japón, los ocho países que integran el club de los más ricos del planeta, más las de Brasil, China e India, han dirigido una declaración conjunta sobre el cambio climático a los presidentes y jefes de gobierno que se reunirán en la cumbre del G8 que se celebrará en Gleneagles (Escocia) el próximo 6-7 de julio.

El mensaje, según extracta The Scientist, es inequívoco: “Está claro -dice Robert Blay, presidente de la Royal Society- que los líderes del mundo, incluidos los del G8, no podrán alegar la incertidumbre de algunos aspectos del cambio climático como una excusa para no emprender acciones urgentes que detengan la emisión de gases de efecto invernadero”. Y es que, en efecto, cada día hay menos espacio para los escépticos.  Las sospechas de que en este debate predominaran los elementos emocionales van siendo cada día menos razonables. No estamos ante un mito. Por si no quedara claro, las Academias parecen adoptar el lenguaje de los activistas: “No nos equivoquemos, tenemos que actuar ya”.

El texto conjunto es igualmente claro: “El cambio climático es real [...] Hay fuertes evidencias de que el calentamiento global está ocurriendo”. Catherine Pearce, portavoz de Friends of the Earth, después de dar la bienvenida a los académicos a este nuevo consenso en Kyoto, les ha animado a que se impliquen más, rechazando las declaraciones retóricas: “Los países del G8 representan el 13% de la población mundial, pero son responsables del 45% de los gases de efecto invernadero emitidos [...] Los paísese del G8 deben aceptar su responsabilidad histórica en la creación del problema y dar pruebas de liderazgo mediante la reducción anual de sus emisiones”. 

Las cifras y las convicciones eran bien conocidas, la novedad de ahora procede de la crisis de legitimidad que se puede producir cuando las instituciones científicas se atreven a desautorizar a las políticas.

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