filantrocapitalismo y filantropía 2.0

Mientras toma cuerpo la sospecha de queel filantrocapitalismo es capitalismo por otros medios, emergen otrasformas de filantropía plenamente adaptadas a la web 2.0.

La penúltima moda que nos llega deEEUU es el filantrocapitalismo (philanthrocapitalism) , un términohíbrido que no sólo favorece la coexistencia pacífica entre laseconomías del don y la de mercado, sino que va más allá paradefender que la única ética posible es el mercado o, en otrostérminos, que la única estrategia sostenible capaz de enmendar losdesequilibrios y las injusticias que provoca el capitalismo es elfilantrocapitalismo. El capitalismofilantrópico es un movimiento expansivo que seapropia de otras etiquetas de éxito mediático, como lo son laresponsabilidad social corporativa, la venture philanthropy,los social entrepeneurs o, como le gusta llamarlo a Bill Gates, elcreativecapitalism. Sus defensores hablan de filantropíapost-política, un novedoso cóctel que mezclaprácticas de brockers, tecnologías de la web 2.0 y objetivoshumanitarios.

No faltan quienes piensan que se tratade una pócima intragable y, peor aún, que la función históricadel filantrocapitalismo es acabar con la filantropía o, dicho deotra manera, que la cambiará tanto que pronto será irreconocible.Esta la tesis que sostiene MichaelEdwards en su provocador Justanother Emperor? The Myths and relalities of Philanthrocapitalismy que ha dado origen a un interesante debate en OpenDemocracy.

Para decirlo con muy pocas palabras, elfiloatrocapitalimso sería el resultado de aplicar los métodos de laeconomía capitalista a la solución de los problemas del mundo. Elejemplo más claro y mencionado lo tenemos en la Bill and MelindaGates Foundation, un gigante de la filantropía que, además deempequeñecer a muy ilustres antecedentes (las fundacionesRockefeller, Mellon, Ford o Carnegie), consolida la tendencia a quesean las empresas conectadas a la economía del conocimiento (entreellas, las dot.com a la cabeza) las que toman el mando de la economíaglobal. Pero hay más ejemplos del nacimiento de los primerossuperpoderesde la filantropía que podríamos comentar siguiendolos movimientos de iniciativas como las de The Wellcome Trust,Clinton Global Initiative, Google.org, eBay o de otras iniciativascomo la conocida One Laptop per Child (OLPC) o el espectaculardesarrollo de las microfinanzas y los microcréditos.

En total, se calcula que en lospróximos cuarenta años habrá en circulación para actividadesfilantrópicas unos 55 billones (españoles) de dólares (55 x10^12), una cantidad de tal magnitud que cambiará radicalmente laimagen de la filantropía, desde un perfil modesto, residual yperiférico al de una actividad visible, competitiva y nuclear. Milton Friedman, el gurú de los neoliberales, no se mordía lalengua para decir que las estrategias asociadas a la responsabilidadsocial corporativa tenían por finalidad vender más, incrementar elvolumen de negocios. Los filantrocapitalistas de hoy son menosdescarados y hablan de organizaciones sin fines de lucro (non profit)y de mejorar la imagen corporativa, pero su finalidad declarada escambiar el mundo o, dicho con otras palabras, ensanchar el mercadoinsuflando nuevos consumidores.

Ya lo hemos insinuado. La escala de lasnuevas organizaciones no encaja en los patrones habituales. Lasestadísticas nos invitan a separarlas en dos grandes grupos. Unomuy pequeño que absorbe la mayor parte de los recursos (el 2% de lasorganizaciones captan el 66% de los recursos) destinados a corregirlas grandes carencias que hay en el planeta y otro, el llamado tercersector, más modesto en cuanto a recursos, objetivos y ámbito deactuación, caracterizado por su capacidad para movilizar pequeñasdonaciones de multitudes de ciudadanos. En estado Unidos, porejemplo, se sabe que el 70% por los hogares destinan una pequeñacantidad a las llamadas Public Charities. Las diferencias son tangrandes que no falta quien aboga por nombrar el filantrocapitalismocomo cuarto sector.

Y es que la confusión no parececomplacer a nadie. Las grandes fundaciones filantrópicas y su cortede brillantes managers no dejan de insinuar que las otras, susprecedentes históricos, son organizaciones ineficaces ydespilfarradoras, incapaces de asegurarse los fondos en entornosabiertos. Esto explica también, veronPhilanthropy, la reciente obsesión por las métricas(en plural, porque no hay un consenso sobre lo que debe medirse), esdecir por la identificación de variables con las que cuantificar laeficacia, transparencia y credibilidad de las organizaciones quecompiten por los fondos disponibles. Es fácil de entender que losrecelos entre unas y otras vayan en aumento, aún cuando el 70% desus ingresos proceda de la venta de bienes y servicios.

Sin duda nos estamos refiriendo a laexistencia de mucho oleaje en el mar de la filantropia. Pero los másinquietante es el mar de fondo. Los partidarios delfilantrocapitalismo reniegan de las prácticas bondadosas ocaritativas de la filantropía tradicional y sólo confían en elmercado y en su capacidad para movilizar un pequeño y muy preparadoejército de emprendedores que, dotados con los recursos necesarios,lograrán introducir en el mercado las correcciones que convengan. Ydesde luego no dejan de señalar la incapacidad secular de losestados de ser incapaces de resolver con un coste razonable muchos delos problemas que vemos en nuestras ciudades o en las zonas másdepauperadas del planeta.

No deja de ser sorprendente que lo quehasta ahora se conceptualizaba como carencias del mercado que mal quebien se trataban de corregidas mediante prácticas característicasde la economía del don, al margen y muchas veces contra la voracidaddel mercado, sean presentadas ahora como circunstancias que sólopueden enmendarse recurriendo a los entrepeneurs y a su experienciaen la economía de mercado. Así las cosas, no es exagerado hablar yade la floreciente industria de la filantropía y toda su parafernaliade expertos, consejos, institutos, informes, revistas y estándares.Fuera del mercado, nos dicen, sólo multiplicaremos los escenarios de la injusticia. Las estadísticas, sin embargo, no parecen darlesla razón.

Ya se aquéllo que siempre se lesrecuerda a los ingenuos: hay verdades, mentiras y estadísticas.Pero, lo cierto, es que siguen siendo un instrumento, quizásmejorable, para la fabricación de consensos públicos. En fin, seacomo fuera, lo cierto es que contamos con un estudiorealizado por la Stanford Business School entre 1999y 2006 sobre una muestra de 12000 ONG medioambientales que confirmaque las organizaciones son más efectivas cuanto más puras, másradicales y más desorganizadas, una conclusión que discute lafacilidad con la que suele asociarse pragmatismo y eficacia. Las pequeñasson más pragmáticas y demuestran mayor capacidad de adaptación enentornos hostiles. Por otra parte, cada vez se hace más obvio queentre las llamadas venture philanthropies (22 de 25, explicaEdwards) tienen conflictos con los activistas y losreceptores de las ayudas. Unos y otros desconfían de los métodosutilizados (mercantilizaciónde la filantropía) y denuncian que la noción desocial en las denominadas social ventures o socialentrepeneurships no se refiere tanto a la identidad marginal delos destinatarios de la acción, como a la naturaleza de lasprácticas (metodología) que conforman la prestación de losservicios.

El asunto es polémico, porque quientiene sed busca desesperadamente el agua que necesita y quizás nohaga alarde de muchos miramientos antes de saciarse. Los nuevosfilántropos del capitalismo, el club más elitista del mundo,siempre dirán aquello de que blanco o negro lo importante es que elgato cace ratones. En su entusiasmo, se comportan como si fuera larevolución un objeto de diseño. Hay, sin embargo,un ejército de cooperantes y voluntarios dispuestos a quitarles larazón y, hablando desde su experiencia, confirmar que delantede problemas complejos los gatos no saben cómo moverse y que,además, se necesitan habilidades difíciles de cuantificar eimposible de estandarizar.

El filantrocapitalismo es un fenómenoque tiene que ver con la forma en la que las dot.com entienden laresponsabilidad social corporativa. A diferencia de la llamada porJudithRodin, Rockefeller Foundation, filantropía 1.0, lanacida a principios del siglo XX y orientada a la creación deinfraestructuras culturales (Museos, Hospitales o Universidades), lanueva filantropía interactúa directamente con estados y su objetivono es reforzar la acción pública, sino sentar la bases para unareorganización política del mundo que desborda la capacidad de lasnaciones y de los organismos internacionales. Si la filantropía 2.0,nacida tras la II Guerra Mundial, puso el énfasis en el desarrollode las ONG y la creación de instrumentos transversales desolidaridad, la actual, la global solidarity, se vuelca en losgrandes retos asociados con las crisis de salud (pandemias yendemias) y del medio ambiente (calentamiento global, biocarburantesu OGM), dos enormes y muy sexys áreas que movilizan objetos de tantaimportancia como los virus, los fármacos, los residuos, lassemillas, el agua, los bosques y, en definitiva, los asuntos máscandentes de la economía del conocimiento.

De pronto ha surgido una nueva einmensa fuente de recursos para la ciencia (también aquí). Merece la pena aquídetenerse en la consideración de si deberíamos distinguir este tipode actividades (las que, por ejemplo, la Fundación Gates financia enAfrica contra el SIDA) de las que, sin salir del área de la salud,despliegan las corporaciones farmacéuticas en colaboración conlaboratorios públicos y en el entramado jurídico de las nuevasleyes de la propiedad intelectual con la intención de introducirnuevos productos de base cognitiva en el mercado. Eltecnofilantrocapitalismo (en palabras de Robin, filantropía 3.0)parecería estar desmarcándose de las actuales estrategiascaracterísticas de la tecnociencia e iniciando otra modalidad de labiopolítica, basada en la misma división internacional delconocimiento, pero ahora habilitando nuevos espacios de poder paralos consejos de administración en detrimento y en competición conlos acumulados por los consejos de ministros.

La mencionada aproximación de Robin noes muy convincente. Tiene razón en que la noción (o el meme) de lo2.0 alude a la naturaleza distribuida, descentralizada oparticipativa de la acción política o cultural. Pero no basta con la explosión de organizaciones filantrópicas que se produce enel mundo noratlántico a partir de la década de 1970. Dichaproliferación de ONG o de colectivos ciudadanos capaces de recabarrecursos e interactuar con las instituciones públicas en la gestiónde los problemas sociales no es más que una extensión (y desdeluego un cambio de escala) de las iniciativas precedentes quesupieron movilizar el mundo a favor del voto de la mujer, losderechos humanos o la igualdad de oportunidades. Nada que discutirsobre la importancia de estos movimientos.

La condición 2.0 es otra cosa. Tieneque ver con la posibilidad de reunir cuerpos dispersos y crearcomunidades virtuales capaces de autoregularse y autofinanciarse.Hablar de filantropía 2.0 implica reconocer en su constituciónformas y valores que nacen de una rebelión de los legos contra laautoridad de los expertos y el poder de las institucionesfinanciadoras, tanto si la transferencia de recursos se hace enrespuesta a los requerimientos de la llamada responsabilidad socialcorporativa, como de la innominada responsabilidad social pública,porque ya sabemos que en términos históricos hay mucha relaciónentre la prosperidad de unos y la ruina de otros. Tenemos algúnejemplo al que remitir estas consideraciones abstractas: el comerciojusto o consumo ético sigue siendo un sector minúsculo de laeconomía, pero que crece todos los años a un ritmo sorprendente. En2007 el fairtrade en el Reino Unido movilizó unos 620 millones de euros,unos 3000 productos y más de 200 compañías. Son ya 7 millones de familias de todo el mundo las que viven gracias al comercio justo. El crecimiento es tannotable que se espera para 2012 un volumen de negocio cercano a los2,5 mil millones de euros.

Sigamos con los caso pequeños y, sinembargo, representativos de lo que está pasando. El ejemplo de ahora, lo supe vía Tactical Philanthropy,lo tomo del blogde Ed Boyden, quien nos propone la noción de openphilanthropy para explicar la naturaleza de los cambios. Secalcula que en Estados Unidos hay unos 60 millones de americanosobesos y que, en consecuencia, tienen tendencia a la diabetes. Supongamos ahora que el 10% entregaran al año 10 dólares, lo quesupondría reunir unos 60 millones de dólares (la American DiabetesAssociation cuenta con un presupuesto de 46,4 millones de dólares), a una organización que investigara sobre estos problemas. Supongamosque este procedimiento pudiera generalizarse a otros problemas uotros colectivos, virtuales o no. habríamos inventado una especie demercado abierto de la filantropía donde las buenas ideas encuentranlos recursos necesarios. De la misma forma que funciona la economíade mercado, dispondríamos de un mecanismo en red capaz de movilizarrecursos, humanos o no humanos, privados o públicos, de fundacionesopulentas o de agrupaciones voluntaristas, orientados a la soluciónde conflictos.

Las buenas organizaciones tendrían elbanco que andan buscando y muchos expertos (científicos, juristas,periodistas o artistas) podrían emanciparse de sus actualespatronos y buscar con mayores posibilidades de éxito el bien común.En fin, no hay que ser rico como los esposos Gates para intentarresolver los problemas de mundo. Una afirmación que lasasociaciones del cáncer, entre otras muchas organizaciones convenientemente reconocidas en el reciente report de la Comisión Europea Giving More for Research in Europe (2006), handemostrado que no es una simple utopía. Pero hay más, y tenemos másejemplos estimulantes de cómo hacercosas grandes por amor.

KIVAes una especie de eBay de la filantropía y también una tecnologíaque permite a los emprendedores modestos en países pobres publicitarun plan de negocios, un proyecto empresarial modesto, y solicitarfinanciación internacional para su puesta en marcha. Sí, en efecto,es la filosofía de los microcréditos sin intermediarios, singrandes prestamistas y a escala planetaria. Más aún, Kivaconvierte a los prestamistas (cualquiera de nosotros, dada lascantidades que se solicitan) en socios o, mejor aún en potencialesasesores de cada movimiento. Hasta la fecha Kiva ha dado amparo a40.000 microempresas, y ha canalizado inersiones por valor de 28millones de dólares procedentes de 270.000 prestamistas.

DonorsChoosees otra iniciativa emocionante. Consiste en que profesores o alumnospueden ofrecer o solicitar servicios educativos para los que serequiera algún recurso, desde gentes interesadas en aprender oenseñar, hasta aulas, dineros, muebles o dispositivos tecnológicos.En total ya se han involucrado 1,2 millones de estudiantes enescuelas públicas, 70.000 donantes y 26 millones de dólares. Meetup también tiene mucho deadmirable y ha sido capaz de reunir a gentes de una misma ciudad, otal vez dispersas por el planeta, que tienen algún interéscompartido y que quieren tratarlo juntos. Cada día, esta tecnologíapuede organizar hasta 2000 encuentros y, sólo en abril, promovió laformación de 74000 comunidades. En la actualidad son 30.000 losgrupos activos.

Para terminar y sólo para mostrar otrocaso, algo diferente por no ser de naturaleza altruista, que noshabla de la pluralidad de iniciativas en marcha y de la naturalezadescentralizada y participativa que puede tener la red. Me refieroahora a craigslist,una web que promueve los anuncios por palabras (de la que eBay poseeel 25% de las acciones) y que ya se ha extendido por 567 ciudades. Nohace mucho alcanzó el difícil récord de ser la 8 página web másvisitada del mundo. Con Craigslist han encontrado trabajo más de dosmillones de personas y hay 90 millones de gentes chateando alrededorde los bienes que se compra/venden y que se publicitan a través de30 millones de anuncios nuevos cada mes.

La filantropía 2.0 es también partede la economía de la larga cola. Y, desde luego, comprender que elmundo está lleno de pequeños grupos de pequeños emprendedores,pequeños financieros o pequeños desarrolladores, en los mundos delsoftware, del conocimiento, de los negocios o de la cultura,producirá una revolución en el mundo de la filantropía que seráde una naturaleza muy distinta a la que ya produjo elfilantrocapitalismo. La solución consiste en hackear la filantropía (hacking philanthropy). Si la gente ha podido construir Wikipedia, noveo porqué le estaría vedada la posibilidad de definir lasprioridades en las políticas de cooperación o en las sanitarias,educativas y científicas.

El tercer sector del conocimientopodría recabar suficientes recursos como para contratar laboratoriosuniversitarios, crear nuevos sistemas de evaluación de lacompetencia científica por impares (con o sin los pares) y producirnuevas e insospechadas formas de interlocución con la administración(los llamados poderes públicos) para crear una agenda política que,por ejemplo, corrija el sesgo que tiene y que permite a uno pocosenriquecerse rápida y desmesuradamente a costa del procomún. Aquíacaba el post, pero queda abierta la pregunta a la que nos enfrentóel filantrocapitalismo: ¿Essostenible la filantropía?

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Comentarios

El proyecto más interesante me parece el de Kiva. El mundo desarrollado se maravilla de que 25 euros sean una suma importante en el tercer mundo. La posibilidad de hacer las donaciones directamente a los propios promotores, el que lo puedan hacer como un préstamo, o una inversión, es una visión radicalmente diferente de los comedores de beneficiencia o el auxilio social con el que que occidente operaba en el resto del planeta. El benefactor es un individuo, no una estructura profesional y cultural que exportaba "el bien" a *los pueblos que dios no ha elegido*. Habrá que ver si algo así es bien recibido por las pequeñas iglesias laicas de las ong’s.

La necesidad de que la filantropía se parezca más a los mercados de capital es un asunto común entre los nuevos filántropos, sobre todo aquellos que han hecho sus fortunas a través de las finanzas. Según estos filántropos, para que el mercado… http://guiadetrabajo.iespana.es/

Nunca hay un adiós definitivo, así lo he aprendido yo, y de verdad creo, pese a ser interesante el filantrocapitalismo, que en el mundo conviven cinco discursos el histérico, es decir el del oprimido, la mujer etc… El del amo, el capitalista, el del analista y el universitario, para mi corto entender, ya sé que no tengo el discurso universitario, es decir una carrera que me avale, para mi entender digo, el discurso histérico ha de desenmascarar individualmente los otros discursos, y encontrarse a sí mismo, es el único discurso que todavía persiste esclavo, el último paso de la historia, el descubrimiento de lo femenino que por otra parte hay en todos nosotros.

Bien, no creo ni en lo que he dicho, puesto que la verdad es el silencio.

pues en mi pueblo hay un hombre con licantropia

Tkm

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