Cómo la roca se convierte en suelo: Las Propiedades de las rocas y los Suelos (El Esponjamiento)

El suelo es un medio poroso heterogéneo muy complejo, cuyas con propiedades físicas, químicas y biológicas interactúan entre sí ejerciendo una gran influencia sobre la hidrología y disponibilidad de nutrientes. Como sistema complejo, genera espontáneamente propiedades emergentes a cada nivel de la jerarquía estructural. Estas afectan y son a su vez afectadas por las plantas y las propias comunidades edáficas, mostrando los rasgos auto-organizativos de estos sistemas.  El todo es más q1ue la suma de sus partes, como muestra la Teoría General de sistemas dicta. Pero ¿Cómo la roca se convierte en suelo?

Se trata de una pregunta muy compleja, y que concierne a la rama de las ciencias del suelo denominada edafogénesis. Tan solo analizaremos en esta contribución, algunos rasgos de cómo los procesos edafogenéticos, partiendo de una materia prima (la roca) dan lugar a un producto (el suelo), que a diferencia de la primera atesora una cualidades idóneas para el desarrollo y mantenimiento de la vida.

 

Las rocas poseen unos valores de densidad aparente próximos a la densidad real. ¿Qué significan estos términos?

 

 

La densidad aparente, es una propiedad del suelo directamente relacionada con la estructura y tiene un gran interés ya que nos indica el grado de compactación del suelo (empaquetamiento de sus elementos materiales, ya sean orgánicos o inorgánicos). Se define pues como la masa por unidad de volumen y en éste se incluyen los huecos que presenta el suelo (poros mayoritariamente), a diferencia de la densidad real que sólo tiene en cuenta la densidad de las partículas que lo componen. El valor medio se sitúa en torno a 1.35 g/cm3 (1.1 y 1.7 Mg/m³), indicando un suelo con buena estructura y volumen de huecos. Si el suelo posee poco espacio poroso, ese valor aumentará, por el contrario, en suelos muy porosos disminuye. La relación entre densidad aparente y real nos informa sobre la porosidad, que resulta el volumen de espacio poroso que hay en el suelo.

 

La fracción para sólidos (Fs) se puede calcular desde la densidad aparente:

 

 

Fs = Dap/Dr                  (5.2)

 

en donde Dr es la densidad real de los sólidos, es decir de las partículas que componen un suelo. Típicamente tiene un valor alrededor de 2,65 Mg/m³. El total de espacio poroso en el suelo es 1 – Fs.

Por tanto una de las propiedades que diferencian los suelos de las rocas es su incremento en la porosidad, de tal modo que existen más posibilidades de almacenar agua y ponerla a disposición de la vegetación.

Del mismo modo, a diferencia de las rocas, la incorporación de materia orgánica al suelo, entre otras propiedades le conferirá la posibilidad de formar los ya mentados agregados organo-minerales. Tales estructuras (que no poseen las rocas), retienen eficientemente los nutrientes y los ponen a disposición de las plantas. Por tanto un suelo es un mejor medio para el desarrollo vegetal que las rocas, permitiendo a su vez ser un hábitat para las biocenosis edáficas, tema que esperemos que pronto lo aborde el Dr. Avelino García Álvarez.

El suelo ideal con óptimas condiciones para el crecimiento de plantas consiste, más o menos, en dos fracciones principales: 50 % sólidos (con una división posterior de 45 % minerales, 5 % materia orgánica) y 50 % espacio poroso (25 % agua (líquido) y 25 % aire (gaseoso)). Aunque el contenido de materia orgánica representa un pequeño porcentaje, constituye una diferencia esencial entre suelos productivos y no productivos, por su papel primordial en la génesis de las mencionadas estructuras.

 

El espacio poroso total varía de acuerdo con el tipo de suelo, que resulta ser algo menor en suelos arenosos y algo mayor en suelos arcillosos (aunque pudiera parecer no intuitivo). La porosidad ocupada por el aire y por el agua son inversamente proporcionales y están sujetas a fluctuaciones rápidas, dependiendo de las condiciones de humedad del suelo.

 

Resumiendo, al pasar de roca a suelo, el primero se transforma en una especie de esponja que almacena mucha más agua y retiene nutrientes, generando unos microclimas especiales que favorecen el desarrollo de la vida.

 

Juan José Ibáñez

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