Diseño de Reservas Naturales de Suelos (Biodiversidad y Geodiversidad) 4.

Los Suelos como subrogados de la biodiversidad edáfica y aérea: Ya comentamos como MacBratney (1992, 1995) e Ibáñez (1995, 1996 1998, 2001 y 2003) proponen el diseño de redes de reservas naturales de suelos, con vistas al mantenimiento de la edafodiversidad como parte integrante del patrimonio geológico. Ibáñez et al. (2001b), a partir de los resultados del Egeo ya comentados en otra contribución, elaboran una metodología apta para el diseño de redes de reservas naturales de suelos capaces de preservar tanto la edafodiversidad taxonómica como la biodiversidad albergada en los suelos. Así, en el caso de los sistemas Insulares del Egeo, estos autores comprueban como son suficientes 45 km cuadrados de territorio para conservar  toda la edafodiversidad presente en sus más de 10.000. La idea partió al comprobar que los ensamblajes de edafotaxa en las islas del Egeo mostraron ser subconjuntos anidados (Ibáñez et al. 2004) pasando ampliamente la prueba de los tes estadísticos. Resulta sorprendente que en la proposición original de esta Teoría, como en el caso de la Biogeografía Insular,  sus autores defendieran que las migraciones y extinciones, eran los principales mecanismos generadores de tales subconjuntos. Sin embargo, estos pueden sustituirse por vocablos edafogenéticos sin que se altere el resultado, aspecto que demostramos en el trabajo mentado de 2004.

Como puede deducirse, las regularidades detectadas en las entidades abióticas ensayadas (paisajes de suelos, edafotaxa, unidades geomorfológicas y litológicas) son sorprendentemente semejantes a las mostradas en la literatura ecológica para los organismos vivos. Debido a que los resultados en ecología son interpretados en términos biológicos, los antecedentes señalados pueden ser relevantes al menos en tres aspectos diferentes: (i) ¿cuáles son las razones de las semejanzas y diferencias obtenidas entre los recursos bióticos y abióticos? (ii) ¿deberá la teoría ecológica modificar algunos de sus fundamentos, una vez comprobadas las semejanzas mencionadas? y (iii) ¿cuáles son sus implicaciones para la gestión y evaluación ambiental?

 

El primer apartado nos conduce a discernir entre regularidades de bajo nivel (biológicas, edafológicas) y de alto nivel (p. ej. aplicables al conjunto de los sistemas superficiales terrestres, tanto bióticos como abióticos, como lo son los sistemas no lineales). Mientras las primeras son necesariamente inconmensurables entre entidades de naturaleza tan dispar como edafotaxa y biotaxa, las segundas podrían analizarse mediante las susodichas herramientas proporcionadas por las denominadas ciencias de la complejidad. A pesar de ello, existen numerosos indicios de que, en ambos casos, se comportan como estructuras disipativas, con patrones semejantes de auto-organización espacial y temporal que conducen hacia un incremento de su complejidad (ver especialmente las contribuciones de Ibáñez y Phillips. Los dos siguientes interrogantes parecen tener una respuesta explícita. Las implicaciones para el futuro de la edafología son mayores de lo que pudieran imaginarse. El análisis comparado de los recursos bióticos y edafológicos podría servir para corroborar o refutar algunas de las teorías vigentes, como la Teoría de la Biogeografía Insular, o la denominada Teoría Lognormal, sobre las cuales ya se han generado serias polémicas. Si esto es cierto, serviría para relanzar la edafología en ámbitos del conocimiento que hoy disfrutan de un gran prestigio, como lo es la conservación de los recursos biogeosféricos. Las implicaciones para la gestión y evaluación ambiental también pueden ser amplias. Así, por ejemplo, en ausencia de los inventarios biológicos apropiados (muy frecuente en los países en vías de desarrollo), los mapas de suelos podrían utilizarse como  indicadores de la biodiversidad de plantas vasculares o la del propio suelo (Ibáñez et al. 2003). Debe tenerse en cuenta que no existe ningún inventario exhaustivo de la biodiversidad del sistema edáfico, por cuanto tal tarea requeriría cuantiosas inversiones y la participación de un número de especialistas desproporcionado. Por el contrario, los mapas de suelos son muy comunes, incluso en los países poco desarrollados.

 

¿Por qué entonces no han sido utilizados hasta la fecha? La respuesta sería: Novedad, Inercia y criterios de autoridad. Novedad, debido a que los resultados tan solo han comenzado a publicarse recientemente. Inercia, por cuanto los científicos son muy reacios a cambiar de criterios. Autoridad, como consecuencia de que suele esperarse a que algún científico de prestigio avale la bondad de un método novedoso para que este sea utilizado por los vulgares mortales. Por cierto voy a enviar mis trabajos publicados a Willimas, con quien mantuve correspondencia al respecto hace unos tres o cuatro años.  Habrá pues que esperar algún tiempo antes de que los biólogos de la conservación reaccionen y pierdan sus temores, o a que se refuten mis propuestas.

 

Juan José Ibáñez

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