Impacto de los Incendios sobre los Sistemas Edáficos y la Calidad de los Suelos: La Complejidad del Problema

Como ya os he comentado en alguna ocasión, a veces, me resulta más difícil redactar algo coherente sobre temas en los que he investigado que para aquellos en los que soy un profano. Y este es uno de ellos. Cuando leemos noticias de algo que no sabemos, deseamos información clara y precisa y concluyente. Es mucho más fácil comentar que los fuegos generan daños negativos sobre los suelos que explicar: ¡ni sí ni no!, sino todo lo contrario. Pero nos encontramos en esta última situación. He leído algunos artículos recientes, científicos y de divulgación, sobre el tema, y todos parten de los efectos malignos del fuego sobre los suelos. Así es muy fácil divulgar ¿verdad? Pero la información de que disponemos es mucho más ambigua. A demás está la contingencia. Aquello que puede decantar, en el caso que nos ocupa, ha defender el papel satánico o benefactor de un evento perturbador, como lo son los incendios. Se trata de antropomorfismos (pensar sobre la naturaleza en términos como lo hacemos con otros humanos: bueno o malo, por ejemplo) que en nada benefician a la divulgación científica. Las metáforas son clarificadoras cuando se utilizan con prudencia y acierto. Pero estos constructos devienen confundentes cuando se aplican a la ligera y fuera de contexto. Pero Volvamos al asunto que nos ocupa: ¿Cuáles son las repercusiones del fuego sobre los suelos?

 

Muchos investigadores de excelencia, que no excelentes científicos, ya habrían satanizado  el fuego a estas alturas, frotándose la manos, sin mayores reparos (¡más ¡pasta en los próximos años!). Viven de eso. No informan bien. Pero veamos el tema con un ejemplo virtual: Imaginaros dos bosques de pinos piñoneros (mejor matorrales arbolados como apuntamos aquí). Uno de ellos crece en el centro de la Península Ibérica sobre suelos ácidos (digamos que Cambisoles dístricos), el otro en el litoral sobre suelos ricos en bases (calizas alternando con margas que dieron lugar a Calcisoles). Pues bien, imaginemos dos escenarios climáticos otoñales tras un incendio veraniego, tras el cual luego no se registraron precipitaciones dignas de mención durante esa estación.

 

  1. Lluvias otoñales abundantes en precipitaciones de escasa intensidad y temperaturas moderadas (típicas del otoño) para el pinar “ácido-continental”
  2. Lluvias escasas pero torrenciales, también con temperaturas moderadas para el pinar básico-litoral.

 

Ambos escenarios son muy plausibles en la Península Ibérica. Digamos, a demás, que el incendio en ambos casos afectó solo al vuelo (la canopia y parte del sotobosque), pero no penetró en el suelo. También situación muy verosímil, siendo la que genera menos daños, por lo general. Digamos el pinar continental disfrutó de la condiciones climatológicas señaladas en “a”, mientras que el litoral pedeció las de “b”. Recordemos que las lluvias torrenciales son harto frecuentes en el litoral mediterráneo.

 

Pues bien, sostengo y podría demostrar que, el impacto del fuego podría ser hasta benéfico en el primer caso (pinar ácido-continental) y desastroso en el segundo. ¿Por qué?. Analicemos caso por caso.

 

En el pinar continental, las cenizas enriquecieron el suelo en nutrientes, (la materia orgánica no fue afectada, ya que el suelo no penetró en el suelo). Estos elementos minerales fueron retenidos por el complejo de cambio (agregaos: arcilla-humus), por cuanto no estaba saturado por iones bivalentes, como lo son el calcio y el magnesio. Tras las primeras y suaves lluvias otoñales, la actividad biológica del suelo se disparó, generándose a la par una abundante biomasa (estupenda cantidad de hierba otoñal a la que por aquí se le denomina otoñada). Dicho de otro modo, la vegetación herbácea creció vigorosa por el aporte de nutrientes y las buenas condiciones de humedad y temperatura. Es decir, la superficie quedo recubierta por una densa cobertura vegetal que frenó la escasa erosión que podía acaecer. Una vez cubierto de biomasa cespitosa, la susodicha superficie quedó protegida frente a lluvias intensas que pudieran acaecer en el invierno. Como resultado, la calidad del suelo mejoró. Al año siguiente comenzaron a germinar ciertos matorrales pirófitos y a rebotar otros. Como ya mentamos en los enlaces puestos con anterioridad, los matorrales arbolados mediterráneos requieren del fuego para poder persistir y no ser reemplazados por otro tipo de comunidades.

 

El segundo caso es bien distinto. El suele era rico en nutrientes, por lo que una “sobredosis” pudo generar hasta problemas de salinidad. En el mejor de los casos, los iones serían rápidamente lixiviados o exportados por el agua de escorrentía o la percolación tras las lluvias torrenciales. Del mismo modo, el suelo desnudo fue presa de procesos erosivos, perdiéndose parte de un recurso no renovable. Obviamente la calidad del suelo empeoró.  

 

¿Me vais entendiendo? Pero la cosa no acaba aquí. Dos cuestiones cabe mentar. El Incendio debe entenderse en un contexto espacial. Un incendio no afecta homogéneamente (por igual) a toda la superpie quemada. Por tanto, tras él, la heterogeneidad espacial del efecto de las llamas deja un mosaico que debe, pero no suele ser estudiado, con vistas a conocer la gravedad o severidad del evento y analizar la posible respuesta vegetal. La estructura mosaicista y su disposición puede ser de gran relevancia dspués de que el pinar fuera pasto de las llamas.  Por otro lado, las quemas tradicionales del matorral para generar pasto, no se realizaban en los periodos de mayor riesgo, sino todo lo contrario (por ejemplo en otoño tras una lluvia suave, con el suelo y la vegetación húmeda, lo que impide que arda completamente la vegetación, generándose así  un aporte neto de materia orgánica al suelo). Bajo estas prácticas seculares, los suelos raramente debía ser afectados negativamente, salvo fallos del pastor y/o agricultor o eventos contingentes excepcionales en la zona quemada. Mediante este procedimiento, la biomasa susceptible de combustión era más baja que la que acaece actualmente en nuestros pinares mentados.

 

Para los que tras leer esta nota se agarraran un berrinche, les prometo que en la próxima, aportaré información más a su gusto. En cualquier caso, creo haber dejado bien claro que las generalizaciones al uso, de puro simples, resultan ramplonas y equívocas. Sí, ya sé algunos profesores (y científicos también) son así. Que le vamos a hacer. De todo hay en la viña del señor.

 

No puedo evitarlo. Lo siento. Para todos aquellos que leyeran la entrevista al afamado edafólogo  Dr. Carballeira, les remito a ésta virtual nota de prensa:

 

Periodista:: Dr. Carballeira, permítame que le asalte así durante sus vacaciones en la playa.

Doctor Carballeira: Ustedes los de la prensa no respetan nada.

Periodista: Lo siento la actualidad manda.

Doctor Carballeira: No lo que manda es vender periódicos a costa de lo que sea.

Periodista: (me callo; porqué me enviarán a entrevistar a este elemento). Seré muy breve profesor Carbelleira.

Doctor Carballeira: Lo dudo.

Periodista: (pero será idiota) Siempre con su humor gallego ¿eh?

Doctor Carballeira: Siempre con sus impertinencias ehhhh?.

Periodista: (¡¡e mato!). jajajaja. ¿Cómo afectará a nuestros suelos la gran oleada de incendios que a padecido nuestra amada Galicia natal?

Doctor Carballeira:: Como el dicho de los pimientos del padrón.

Periodista: (¡¡e machaco la cabeza!). jajajaja. Ya sé unos pican y otros no. Pero, ¿como se traduce este dicho a la situación que hemos sufrido?

Doctor Carballeira:: Sigue sin enterarse de nada ¿no?

Periodista: (¡¡e estrangulo!). jajajaja (¡no sé si podré contenerme) ¿Pues no! Usted es muy inteligente para mí

Doctor Carballeira:: Se nota, se nota. Por eso usted es periodista y yo científico.

Periodista: (¡No puedo más ¡e machaco la cabeza o le prendo fuego, lo juro). jajajaja. ¡Así es, Así es!

Doctor Carballeira:: Pues que en unos sitios bien y en otros no.

Periodista: ¿ya empezamos con sus juegos de palabras?

Doctor Carballeira:: ¿No?. Ya hemos terminado.

Periodista: Solo una pregunta más. Se lo ruego

Doctor Carballeira:: ¡uhhmmmmm!

Periodista: ¿Cree que ha habido algún tipo de confabulación en esta extraña oleada de fuegos?

Doctor Carballeira:: Como en el dicho popular: “Yo no creo en las meigas, pero haberlas hailas”

Periodista: ¿Ehhhh?.

Doctor Carballeira:: ¡Que es usted un idiota, rapaciño!. No me extrañaría que fueran ustedes los responsables. Con tal de vender son capaces hasta de prender fuego a su madre.

Periodista: (me despiden. Como  me despidan me dedico a pirómano. Por mi madre)

 

Juan José Ibáñez

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