Biocombustibles: Un Atentado Contra el Medio Ambiente

Ya nos lo temíamos unos y otros. La FAO, la UE, España, y con toda seguridad, muy pronto los “Bonos” relacionados con el mercado generado por el Protocolo de Kyoto extenderán el “cultivo de biocombustibles”.  No podemos más que llamar la atención sobre el atentado ecológico que tal hecho puede significar.  No damos crédito a tan desatinada iniciativa. No comprendemos como los científicos permanecen impasibles y algunos movimientos ecologistas alaban tal iniciativa. La economía globalizada ha llegado a un punto en donde, poner un parche aquí, significa que aparezca un agujero allá. Veamos que ocurre. ¿Por qué el cultivo de carburantes significará un grave delito ecológico?

Sinceramente, es difícil entender que actitudes tan timoratas sean aceptadas, sin tener en cuenta sus posibles consecuencias sobre el medio ambiente. Como veréis en el siguiente enlace, todo se reduce a una economía de mercado. Que no vendan motos. Tal medida no mejorará la degradación del medio ambiente, sino que la empeorará. Tampoco propiciará el descenso del CO2 atmosférico, como analizaremos seguidamente. Finalmente, tal furor por el “biofuel” quizás beneficie a la macroeconomía de algunos países latinoamericanos (y de los denominados en vías de desarrollo), empero afectará negativamente a la salud pública y el ambiente de tales países, a la vez que propiciará la deforestación  de nuevas tierras aun vírgenes, como las del Amazonas. Más aún, puede llegar a inducir a mayores tasas de pobreza.

 

En primer lugar, todo lo subvencionado es más caro de lo que parece. Pagamos por los subsidios que acompañarán a tales iniciativas y luego por los propios carburantes. Pero desde el punto de vista ecológico las consecuencias serán funestas.

 

Tras el abandono de tierras, España comenzó a revegetarse naturalmente, secuestrando carbono de la atmósfera. Ya abundaremos sobre el tema. Tan solo adelantar que nuestros matorrales son mejores captadores de carbono atmosférico que las repoblaciones forestales y, por supuesto, que los cultivos. La puesta de tierras abandonadas en cultivo, o la reconversión de otras, afectará negativamente al mayor sumidero de carbono terrestre, es decir a los suelos ¿O es que también vamos a llegar a proponer cultivos orgánicos para los de combustibles, e incrementar más aun los costes de producción (que pagarán los ciudadanos, por supuesto)? Eso sí, en un momento en el que este país iba a sufrir un drástico descenso de las ayudas comunitarias a la agricultura (por haber entrado nuevos socios del este, más pobres) se ha encontrado un nuevo “chollo” Insistimos, todo se reduce a una economía de mercado.

 

Alcanzar altos rendimientos significará, incrementar los insumos de fertilizantes y plaguicidas, empeorando la contaminación de suelos y aguas, justamente lo opuesto de lo que pretende la recientemente anunciada Directiva Europea de Protección de suelos. Toda una contradicción de nuestros sabios políticos de Bruselas. Del mismo modo, producciones rentables implicarán el riego, es decir el consumo de agua destinada a la agricultura. ¿Tenemos o no tenemos un grave problema en lo concerniente a nuestros escasos recursos hídricos, o no? Pues dicho problema se agravará: biocombustibles a cambio de un menor secuestro de carbono y mayores emisiones de CO2 desde el ámbito rural (puesta en labranza implicara el descenso de la materia orgánica de los suelos, que retornará en forma gaseosa a la atmósfera), contaminación y escasez de agua. ¿Respecto a la salud pública que? Ya abundaremos sobre el tema en otros post.

 

¿Y en el caso de los países Latinoamericanos? ¿Cual será el efecto? Si utilizamos los “bonos de carbono” en el fomento de la agricultura de biocombustibles, como moneda de cambio con vistas a que las industrias de los países ricos sigan emitiendo CO2 a la atmósfera, estaremos estafándoles y convirtiendo en humo (que no en humus) el espíritu del ya paupérrimo protocolo de Kyoto. Los problemas de salud pública generados por la agricultura y el riego con aguas residuales comienzan a ser trágico en algunos países como es el caso de México (abundaremos sobre este hecho en otro post). No albergo la menor duda que empresas especuladoras de los países ricos, que explotan los recursos de los pobres de una manera indecorosamente contaminante (como petroleras, de recursos mineros, etc.), tendrán más razones para seguir presionando a unos gobiernos de por sí débiles (que son capaces de todo con tal de salvar sus deudas externas con los ricos, como ya ocurre), con vistas a seguir su deforestación. En mi tierra tal práctica se denominaba “usura”. Ya me tendrá que explicar alguien como afectará también esta expansión demencial a la precaria alimentación ya crónica de ciertos Estados, en donde la población rural carece de casi todo.

 

¡No!. No lo duden, nos venden como ambiental lo que es anti-ambiental. Todo por salvar una economía no es sustentable. Todo para que las industrias de los estados ricos sigan emitiendo CO2. Todo porque no quieren enfrentarse a un nuevo modelo económico que no sólo beneficie a los ricos y repercuta también sobre los más desheredados. O realmente alcanzamos tal modelo global basado en el medio ambiente y un reparto más equitativo de la riqueza, o el actual acabará con todos nosotros.

 

Obviamente no todos los biocombustibles derivarán de la agricultura. Empero el reciclado de aceites y otras fuentes de residuos no parece que vayan a significar más que un ínfimo prechantaje del “biofuel” requerido. Nos encontramos pues ante otra estrategia de marcado que miente a los ciudadanos, intentando venderles “gato por liebre”: la degradación del suelo y su papel en el secuestro de carbono como algo ecológico y natural. ¡Mentira y de las más viles! No tenemos más remedio que comenzar a explicar que los suelos almacenan y pueden aún hacerlo mucho mejor, más carbono que la biomasa de la biosfera.  Hay otras formulas para descender las emisiones de gases de efecto de invernadero, pero esta es de la más perversa. Al menos con la energía atómica, el ciudadano medio sabía los intereses económicos que andaban detrás de tal iniciativa. Ahora se trata de desconcertarle, por no decir engañarle.

 

No hemos terminado, acabamos de empezar.

 

Juan José Ibáñez  

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