El Futuro de la Agricultura y la Importancia del Recurso Suelo

En el Boletín de Noticias de la CAM de hoy (16 de Septiembre de 2006) aparecía un monográfico bajo el encabezamiento de La manipulación genética de las plantas, un polémico avance tecnológico. No puedo resistirme a esbozar unos cuantos comentarios. Hay días que creo vivir en una sociedad enloquecida. Algunos ya comienzan a hablar de bobalización en lugar de globalización. Y es que lo que uno tiene que leer adolece de una incoherencia total. Me centraré en el factor suelo, ese ente tan olvidado por todos, como imprescindible para casi todo. Resulta que a pesar de las proclamas y propagandas en boga, por un lado falta suelo laborable y por el otro dilapidamos este capital de la manera más ignominiosa.  No sé si alguien sabrá hacia donde vamos. Lo que sí que sé es que así, como veréis, no vamos a ningún lado mejor. Huertas de biocombustibles, vergeles de fármacos (..). Pero, ¿sobre que suelos?

 

 

 

Mapa de la Degradación de los Suelos del Mundo

Proyecto GLASOD; Fuente: Aquí

Mientras García Olmedo defiende los cultivos transgénicos, también nos advierte que la falta de suelo laborable es uno de los problemas más graves con vistas a alimentar a una población creciente.  Por su parte, las empresas de base biotecnológica quieren salir de los laboratorios con vistas a desarrollar la agricultura molecular de fármacos. Vamos lo que se pretende es abaratar los costes de producción convirtiendo a las plantas en birreactores farmacológicos (o huertos de medicamentos). Eso sí, el menú nanotecnológico aun tendrá que esperar. También algún atolondrado clama racionalidad (¿pero de adonde habrá salido este “descerebrao”). Más aún dice que la tecnología apenas ha inventado nada que no supieran los primeros agricultores (lo dicho, viene de Marte). Es obvio que los huertos moleculares requerirán grandes extensiones de suelos fértiles y ser generósamnte regados, si desean ser rentables.

 

Pero por su parte, ya vimos en otros post, como nuestra sociedad y los que defienden que la tecnología lo puede arreglar todo, quieren también sembrar a “troche y moche” huertos de biocombustibles de muy dudosa viabilidad, si subvenciones, a parte de sus repercusiones  medioambientales. Tales cultivos, como no, también requieren suelos de calidad y riego generosos, si se desea alcanzar de ellos alguna rentabilidad.

 

Sin embargo habría que recordar que gran parte de nuestro desarrollo industrial se realizó en áreas de fácil acceso, con disponibilidad de agua y suelos fértiles (que no suelen ser muy abundantes por estos lares mediterráneos). Este es el caso, por ejemplo del Corredor del Henares de nuestra Comunidad Autónoma. Mientras tanto, la especulación urbanística en el litoral está devorando todas las huertas de levante, una parte de nuestro agro más productivo (suelos fértiles, una vez más). Por supuesto, también se requiere agua, tanto para el consumo humano, como para regar los campos de golf que crecen como setas en otoño a su sombra.

 

Mientras tanto el precio del kilo de cereal para producir biodiesel supera al del consumo humano. Está claro que un automóvil da mejores prestaciones que un hombrecillo cualquiera, al memos en la lógica de la bobalización; ¡perdón!, de la globalización (en que estaría yo pensando). No hablemos de los vertederos, que también demandan su espacio.

 

Total que despilfarramos (sepultamos) nuestros paisajes de suelos más productivos, mientras deseamos diversificar la producción del solar hispano con cultivos de combustible y fármacos. Sabemos que en España todos los suelos de elevada productividad han sido cultivados por centurias (no hay más). Si ahora disponemos de menos superficie y deseamos expandir los Globo-negocios, habrá que reducir drásticamente el suelo dedicado a la producción alimentaria ¿O no? Pues bien señores, añadamos otra coletilla a nuestro refranero de estupideces. Ya sabemos lo de que ¡inventen otros!, ahora llega el de ¡Qué nos den de comer otros!.

 

Quizás un día no muy lejano entremos en una crisis económica mundial que requiera cierto grado de autarquía alimentaria. De ser así, nos comeremos los adoquines, el cemento, las pelotitas de golf, los combustibles potenciales (espero que no sean muy flatulentos) y los fármacos por venir (¿exceso de medicación: sobredosis?). Perdonar la ironía, pero reflexionemos también, por favor.

 

Por un lado nos hace falta suelo “productivo” para alimentar la industria biotecnológica y abastecernos de energía “verde”, mientras por otro sepultamos el que queda bajo gruesas capas de hormigón (¿será para preservarlo?). Lo mismo podríamos decir de los recursos hídricos. Y mientras unos y otros cada vez más degradados y contaminados.

 

¿Es esa la lógica del marcado? ¿Será por eso que los países ricos invadimos los países latinoamericanos de fábricas de biodiesel, llevamos allí nuestras empresas más contaminantes, etc., etc.? Seguramente. Nada de esto tiene sentido, por mucho que nos hablen de la “lógica del mercado”, ¿sustentabilidad (del capital of course)? y de “tecnologías verdes”. Eso si todo lleva la etiqueta “bio”. Menos mal que la UE acaba de reglamentar el uso racional del vocablo “bio”. Como dicen nuestros popes nos acercamos a una revolución ecológica. Nadie lo duda ¿O será usted tan políticamente incorrecto para osar hacerlo?    

 

Juan José Ibáñez

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