El Antropoceno: ¿Un Nuevo Periodo Geológico?

Actualmente se debate si el hombre ha cambiado en tal medida la faz del planeta como para hablar de una nueva era. Los defensores de tal tesis arguyen que nos hemos convertido en la principal fuerza geológica de La Tierra. En consecuencia, cabría decir que se ha iniciado el Antropoceno. ¿Existen evidencias como para avalar tal aserción? En cualquiera de los casos, se ha abierto un debate, que va más allá de su mera existencia. También se discute, entre los partidarios del Antropoceno, acerca de cuando podría haberse iniciado tal ¿periodo, era, etc.? En este post comenzaremos a analizar el tema. Seguidamente, escribiremos otros relacionados, pero que prentenden dar un paso adelante respecto a la propuesta original. Obviamente, también abordaremos la relación entre el presunto “Antropoceno” y los suelos.

 

 

 

Imagen Idílica del Antropoceno ¿?

 

La historia de La Tierra se ha venido dividiendo jerárquicamente en una serie de eras, periodos, etc. en base a evidencias geológicas y paleontológicas. Una buena parte de la categorización del continuo geológico, con vistas a clasificarlo en clases discretas conforme ha transcurrido la historia del planeta desde sus orígenes, se ha basado en las  discontinuidades del registro fósil. En otras palabras, momentos en los que tras una extinción masiva de especies comienza una nueva radiación, es decir el surgimiento de otras nuevas que reemplazan a las anteriores. A posteriori, se estudian las causas de tales extinciones masivas (cambios climáticos de diversa índole, fuerzas astronómicas, etc.).

 

 

¿El Antropoceno?

Impacto del hombre en la biogeosfera

 

Obviamente, hasta la actualidad, tal clasificación, basada principalmente en las crisis acaecidas en su biosfera, no tenía en cuenta a la especie humana, muy reciente en términos geológicos. Sin embargo, en el año 2.000, el Premio Nóbel Paul J. Crutzen (conocido por sus estudios sobre la capa de ozono) sugirió el término “Antropoceno” para referirse a ese momento en el que el ser humano se convierte en una gran fuerza geológica. Tal propuesta se hizo en el contexto del Programa Biogeológico Internacional, que como casi todos sabéis, surgió con la concienciación social sobre el cambio climático antropogénicamente inducido que seguramente padecemos. La referencia escrita considerada como seminal de la introducción de este neologismo en la bibliografía científica (que como a menudo ocurre con las buenas ideas, no fue publicada en una revista indexada) es la siguiente:

 

Crutzen, P. J., and E. F. Stoermer. 2000. The “Anthropocene”. Global Change Newsletter. 41: 12-13.  

 

Como todos sabéis, se habla de que estamos generando la sexta extinción de especies de mayor magnitud acaecida a lo largo de la historia de la tierra (¿o quizás del cuaternario?). De ser cierto, obviamente sí cabría hablar de un “Antropoceno”. Ahora bien, ¿es así? Personalmente albergo serias dudas. La cuestión no radica en que, efectivamente estemos causando la extinción de muchas especies, nadie lo duda. Sin embargo, aun nos encontramos inmersos en tal crisis y, como corolario, resulta prematuro saber su final, a no ser que vayamos de “pitonisos”. ¿Puede predecir nuestro futuro mirando a través de su bola de cristal? Sinceramente yo no, no soy brujo.

 

El registro fósil posee innumerables lagunas. Intentamos conocer las especies y ambientes del pasado a través del análisis y clasificación de sus formas de vida. No obstante, tan solo conocemos una minúscula parte de las que acaecieron en tiempos remotos. Cuando los cambios que se detectan son muy drásticos, se propone una nueva era, periodo, etc, geológica. Ahora bien, no podemos asegurar que las diferencias detectadas nos den lugar a discernir entre nuevas especies, tal como las entendemos en la actualidad. Pequeñas diferencias morfológicas avaladas por algunas singularidades genómicas nos sirven actualmente para diferenciar muchas especies. Tal precisión no es posible en el registro fósil. Del mismo modo, muchos taxa del pasado no se han conservado, otros aun permanecen por descubrir, etc. Más aun, nadie duda de que nuestro conocimiento a fecha de hoy sea muy fragmentario. ¿Podríamos predecir que evidencias permanecerán dentro de millones de años de nuestro impacto en el registro fósil?

 

En un hipotético escenario futuro, dentro de millones de años, los expertos de una “presunta especie inteligente”, ya proceda de nuestro linaje o no, podrán discernir si tendremos el dudoso honor de “merecernos” una era de la historia geológica que lleve nuestro nombre. Hoy por hoy, yo no sería nada taxativo a este respecto. ¿Razones?

 

·         Reitero que nos encontramos inmersos en una crisis cuyo final desconocemos. Podemos ser sensatos y cambiar nuestra sociedad con vistas a alcanzar un futuro sustentable sin mayores extinciones de especies, o terminar por destruir el planeta entero.

·         Todavía no existe consenso sobre numerosos aspectos del registro fósil y la clasificación jerárquica de la historia de la Tierra. Así, por ejemplo, para no retrotraernos excesivamente en el tiempo, todavía se debate cuantas glaciaciones de gran intensidad acaecieron durante el pleistoceno, y como corolario, el número de periodos glaciares e intergaciares. Los cuatro actualmente establecidos en una buena parte de la literatura son una mera convención.

·         Desconocemos los criterios que dentro de millones de años tendrá la “presunta especie racional” que nos sustituya con vistas a elaborar una clasificación más precisa.

·         Algunos participantes en este debate del Antropoceno lo retrotraen a los inicios del Holoceno, mientras que otros defienden que tan solo debe contemplarse desde el comienzo de la revolución industrial. En el primer caso, tan solo cabría reemplazar Holoceno por Antropoceno, con lo cual se trataría de un mero cambio nomenclatural basado en criterios que no se contemplaron con anterioridad.

 

Cabría añadir otros puntos adicionales. Sin embargo, no los he visto en las lecturas que hasta el momento he realizado sobre este tema. Debido a que varios de ellos tienen que ver con los suelos, aplazaré su análisis hasta el próximo post. Sin embargo, no me gustaría terminar sin plantear la siguiente pregunta:

 

¿Realmente merece la pena hablar del antropoceno, o se trata meramente de una nueva evidencia del poder que actualmente comienzan a tener los neologismos en la ciencia?

 

     

Continuará…………

 

Juan José Ibáñez

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