Los Suelos y la Memoria del Pasado: Sitios o Enclaves de Valor Edafológico

Con independencia de la estrategia para el diseño de reservas naturales de suelos, o “edafoparques” (por analogía con la figura de los geoparques) si se prefiere, existen otros enclaves cuya preservación debe ser atendida. Como ya hemos mentado los suelos son bloques de memoria de ambientes pretéritos, por lo que atesoran registros históricos que pueden tener un valor incalculable que va mucho más allá de los intereses de esta disciplina (reconstrucciones paleoambientales, cambios climáticos del pasado, etc.). De hecho, Retallack, Pinto y Holland, etc. han demostrado la estrecha imbricación entre atmósfera, biosfera, litosfera y edafosfera desde que se formó la superficie emergida de los continentes en los albores del origen de nuestro planeta. 

 

 

 

Paleosuelos superpuestos

En secuencias estratigráficas

Suelos de hasta 55 millones de años

 

Aquí debemos tener en cuenta que las taxonomías actuales de suelos difícilmente pueden ser usadas con vistas a una adecuada preservación de paleosuelos enterrados y/o suelos fósiles. Sin embargo, estos forman también parte del patrimonio edafológico y merecen ser conservados debidamente ya que su pérdida puede ser irreparable. Por tanto, debido a que los inventarios de suelos de un territorio no suelen tener presentes tales paleoedafotaxa, resultaría importante analizar la literatura que existiera sobre el tema (en un territorio concreto) e intentar localizar los emplazamientos en donde han sido descritos. Obviamente resultaría conveniente realizar prospecciones de campo adicionales, si existe financiación para ello. El análisis de la evolución de la edafosfera desde el origen de la tierra nos permitiría tanto una mejor comprensión de la edafosfera, como también de sus factores formadores, incluyendo los cambios climáticos.

 

 

 

Greg Retallack: de los paleoedafólogos

más respetados del mundo

 

Más aun, numerosas secuencias estratigráficas consisten en una superposición total o parcial de restos de paleosuelos. De hecho, las estratigrafías aluviales parecen ser su principal reservorio. Por poner un ejemplo, Graus y Brown, en 1986 detectaron la presencia de secuencias estratigráficas aluviales de Wyoming  que contenían entre 500 y 1200 paleosuelos superpuestos. Se trata de los denominados “multistorey and composite geosols” por Morrison, en 1967. Tal hecho permite realizar análisis paleoecológicos precisos que abarcan millones de años. Así pues, cabría preguntarse si estos enclaves también merecerían integrarse en el diseño de reservas naturales, o etiquetarlos como sitios de interés edafológico. No obstante, también pudiera ser que la paleoecología de tiempos remotos fuera contemplada explícitamente en la figura de los geoparques, siempre y cuando atesoren paleosuelos y los expertos de geodiversidad estén interesados en su preservación. Expongamos un ejemplo.

 

En el Macizo de Ayllón (sistema Central, España) existen unos pocos afloramientos de ferricretas lateríticas que personalmente describí en 1987. Su situación tan septentrional resulta singular, pudiendo adicionalmente ofrecer la posibilidad de realizar análisis geoisotópicos, peleomagnéticos, etc. que nos informen de los paleoclimas de finales del terciario en el centro de España. La cuestión sobre la que debe reflexionarse es sí deberían tenerse en cuenta o no en el susodicho diseño de reservas de suelos. Del mismo modo, cercanas a las lateritas mentadas también afloran secuencias de mantos de alteración de origen subtropical que alcanzar algunas decenas de metros de profundidad. Las clasificaciones de suelos tan solo tienen en cuenta el primer o los dos metros más superficiales de los solum. Tales estructuras de intemperización aportan también información de gran utilidad, siendo como las ferricretas en España, regolitos fósiles dignos de ser preservados. El problema es el mismo en ambos casos. Todo dependerá pues del concepto de suelo del que se parta. Cada vez son más los investigadores que consideran que deben analizarse suelo y regolito conjuntamente. Junto con mi amigo Jaume Boixadera analizamos el estado del arte de esta última cuestión en profundidad en este capitulo de libro en 2002 que puede bajarse libremente de Internet, pinchando en el siguiente título.

 

Ibáñez, J.J. and Boixadera, J. 2002. The search for a new paradigm in pedology: a driving force for new approaches to soil classification. In: Micheli, E. Nachtergaele, F. Jones, R. J. A. and Montanarella, L. (editors). Soil Classification 2001, (pp. 93-110), EU JRC, Hungarian Soil. Sci. Soc., FAO, 248 pp. EU, Italy

 

Sin embargo, desde otro punto de vista, cuanto más ambiciosa y onerosa resulta ser una iniciativa, tantas más dificultades se tendrán a la hora, tanto de realizar el estudio, como que este sea subvencionado. Por tanto debe buscarse siempre un compromiso aceptable entre lo científicamente deseable y lo económicamente viable.           

 

Juan José Ibáñez

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