Metaciencia y Ciencia (Una Nueva Perspectiva)

Dedicado a Francisco Bautista,

Etnoedafólogo de la Universidad

Autónoma de México

 

Hace tiempo que reflexiono sobre la naturaleza de una serie de estudios que he venido realizando y publicando durante los últimos años. En realidad, sería conveniente precisar que ya se han editado algunos (entre dos y tres ISI papers, según se vea), mientras otros están en prensa o recientemente remitidos a una revistas científicas. No se trata de vanidad, sin embargo debo indicar que muchos colegas que han acudido a conferencias en donde exponía la metodología y resultados obtenidos quedaron muy sorprendidos. Tal hecho no debe confundirse con un alarde de “chulería” (por no hablar de un ataque de vanidad). Simplemente, no se trata de estudios científicos al uso. Tras rascarme las neuronas más de lo debido, no se me ha “escurrido” otro término que el vocablo de metaciencia. Sinceramente, no creo que haber topado con la expresión más apropiada, por cuanto metaciencia equivaldría a un constructo que va más allá de la ciencia, como lo es la metafísica a la física. Palabro tan sencillo de formular debía ya habérsele ocurrido a otras mentes tan cortas como la mía. En consecuencia he buscado en Internet y efectivamente allí se encontraba, como os muestro en un par de ejemplos extraídos de las primeras páginas de Google en español, al introducir la palabrita de marras. A día de hoy, 23 de mayo de 2009, unos 3,300 documentos de la Web albergaban el “palabro”, mientras que en suahili, metascience lo hacía en 54,900 (siempre nos ganan por goleada). Ahora bien, en la mayoría de los casos se trataba de vino viejo en nuevas botellas, y para ser sincero, “creo” que ese no es mi caso. Básicamente, entiendo provisionalmente como metaciencia (sin pretender sentar cátedra alguna) al análisis del objeto de estudio de tal forma comprenda el binomio observador-observado a la hora de producir ciencia, que no filosofía, al menos como propósito principal. Veamos de qué hablo. Os advierto que en este post, solo incluiré los principios, relegando tanto el método como los resultados obtenidos y esperables para otra entrega, que se denominara “Análisis Metacientíficos”.

 

 

 

Eusebio Sempere. Fuente: Universidad de Alicante

 

De hecho, incluso existe una revista que lleva como título tal vocablo “metascience”. Sin embargo, sus objetos de estudio coinciden con los que os expondré más abajo en castellano (español en Iberoamérica), como podéis analizar seguidamente.

 

Metascience is a review journal which publishes high quality, comprehensive reviews of books in the fields of history and philosophy of science, and science and technology studies. Metascience specializes in innovative approaches including – beyond standard reviews – essay reviews, non-anglophone reviews, discipline survey reviews and ’round-tables’ in which up to four reviewers provide independent essay reviews of one book. The coverage includes short descriptive notices of books which are not reviewed at length. The reviews published in Metascience are accessible to a wide cross-section of the science studies community.

 

Lo que me imaginaba, una nueva forma de denominar los estudios sobre historia, filosofía y sociología de las ciencias y la tecnología. ¡Más de lo mismo!, como veréis al final del post. Como nos gustan los palabros, con vistas a ocultar que no proponemos nada nuevo aunque pretendamos que el lector así lo crea.  A pesar de todo no albergo dudas de que este sea el caso, sin que con ello quiera decir que otros chiflados hagan uso del término de forma algo más original. Lamentablemente, no conozco sus posibles contribuciones al conocimiento. Como me gustaría leer algo novedoso.

 

Vayamos pues con una definición iniciática, sin más pretensiones que intentar que comprendáis de qué hablo antes de continuar con la desiderata. Podríamos pues decir que la metaciencia consiste en:

 

 

 

Eusebio Sempere: Fuente: invertirenarte

 

(…) estudios científicos en el contexto de una disciplina determinada, cuyo objeto de estudio es contribuir al progreso de tal disciplina partiendo del sistema observador-observador observado, en lugar de soslayar al primero. Y al hacerlo puede ocurrir que las conclusiones sean parcial o radicalmente diferentes de lo que los investigadores aportamos a la hora de comprender, formalizar y teorizar sobre la materia bajo análisis. Más aún, todo lo que concierna al observador pasa a ser indagado haciendo uso del propio método(s) científico(s), es decir, apelando a la replicabilidad de los resaltados, análisis matemáticos, etc. Por tanto, el producto final será de interés a la disciplina, con “independencia” de que, indirectamente, puedan extraerse conclusiones de otra índole.

 

Por tanto, el vocablo metaciencia puede ser aplicado a cada una de las ramas de la ciencia, pudiendo hablarse de metabiología, metaedafología, metaclimatología, pero……… por razones históricamente obvias no podríamos hacer lo mismo con la “metafísica”.

 

Honestamente, cuando comencé a elaborar este tipo de análisis partiendo de la edafología, y con vistas a analizar la estructura de sus clasificaciones (taxonomías) y representaciones espaciales de los recursos edáficos (cartografías) me dejé llevar por la intuición. Como ya os mostraré en el post de “análisis metacientíficos”, se trataba de una necesidad (ante la rabia e impotencia que sufría por el ataque de ciertos colegas) más que de esnobismo. Y por suerte todo salió a la perfección (eso creo).

 

¿Por qué el observador?

Soy de los investigadores que consideran que la ciencia es un constructo social. Una sociedad o civilización con distintos valores y sistemas de creencias, posiblemente, atesoraría otra forma de entender la ciencia, incluidos principios, criterios para diferenciarla de otros modos de creencias, protocolos, etc. Si las civilizaciones maya o egipcia, por citar tan solo dos ejemplos, hubieran progresado sin mayores sobresaltos, es posible que hubieran desarrollado otros modos de hacer y entender la actividad que hoy llamamos científica. Seguramente, muchos de los resultados y predicciones de sus teorías serían similares a los de la ciencia occidental, pero no así el proceso histórico y su cosmovisión (manera de concebir el mundo). Pensar que sólo existe una manera de entender y hacer ciencia se me antoja más que pretencioso, como lo son los investigadores actuales y los valores de la sociedad de donde procedemos. Los estudios antropológicos, de psicología experimental, así como las ciencias cognitivas nos informan que nuestro sistema cognitivo transcultural atesora grandes similitudes (“Universales”), pero también algunas diferencias notables o propiamente “culturales”. Recientes estudios basados en el análisis de neuroimágenes que focalizaban su atención sobre el modo de proceder (y activar nuestras redes neuronales) de asiáticos y caucásicos, así lo han demostrado. Más aún, este tipo de aproximaciones constatan que los seres humanos no percibimos el mundo tal como es, sino que en base a nuestras percepciones sensibles, y experiencias previas personales y culturales, realizamos modelos de lo que creemos percibir del mundo exterior. Eso es ciencia, no lo he sacado de una chistera. En consecuencia, introducir al observador en la ecuación nos puede permitir alcanzar conclusiones diferentes de las que se obtendrían por los método tradicionales. ¿Y se puede llevar a cabo tal indagación apelando al método científico?: ¡Pues sí!.  Tan solo resulta necesario recopilar la información del observador de una manera tan sistemática como lo hacemos con el objeto que pretendemos analizar. ¿Se obtienen conclusiones diferentes?. Tan solo puedo alegar que en mi caso llegué un poco más allá, aunque perdiendo algo en el camino, como ocurre con cualquier modelo o teoría. En otras palabras, se puede llegar a enriquecer a la ciencia en si misma. Y antes de finalizar por hoy, tan solo reiterar que todo ello es reproducible, verificable, y bla, bla, bla.

 

Francisco bautista y Alfred Zinck me enviaron un borrador de artículo sobre teoría etnopedologica, con vistas a que colaborara con ellos para intentar mejorarlo y publicarlo. Muchas gracias, estos son los amigos que me gustan, y no los que me sangran. Al comenzar a revisar el manuscrito me percaté y recordé que parte de su discurso se encontraba relacionado con lo que aquí, sin más pretensiones, denomino metaciencia. Gracias amigos.  Ya os relataré en otro post como llegué a realizar tal análisis, si bien en “la mente fractal” y otros post incluidos en nuestra categoría “Taxonomías y clasificaciones” van desgranando, en buena parte, como llegue a esta cosa que denomino metaciencia, sea lo que sea. Os dejo abajo con otras maneras de entender el susodicho “palabro”, que como os he anticipado, no consisten más que viejo vino en nuevas botellas.

        

Pues bien, vayamos ahora con la percepción de metaciencia que se ofrece en este pdf. Este pdf.

 

En ciencia existen unas cuantas ideas básicas para poder mantener la visión de conjunto en el desarrollo del trabajo científico, que evite el problema más acuciante de la ciencia hoy día: el cientifismo. Como conceptos básicos, especialmente útiles en biología, podríamos enumerar los siguientes: saber que es la vida, la finalidad o teleología natural, la unidad de los seres vivos y el orden y subordinación natural de los seres vivos en la naturaleza. Estas cuestiones, como están más allá de lo que se puede investigar por medio del método científico, son cuestiones que se han llamado metacientíficas (del prefijo griego meta que significa más allá, por encima). Mucha de la literatura que recoge hoy las reflexiones filosóficas sobre la naturaleza y sobre el trabajo de los científicos, se denomina globalmente como metaciencia, aunque esto es sólo un nuevo nombre para la filosofía de la ciencia, o para la reflexión que el científico se puede hacer sobre los aspectos no estrictamente científicos de lo que estudia.

 

Del mismo modo, en esta página Web se nos informa del vocablo a la hora de defender que necesitamos imperiosamente un nuevo paradigma (me imagino que Kuhn estaría harto, por no apelar al uso de otro vocablo, por el abuso y confusión que ha credo el “populacho ilustrado” a la hora de utilizar el vocablo que el introdujo formalmente el filosofía de le ciencia):  

 

En ciencia existen unas cuantas ideas básicas para poder mantener la visión de conjunto en el desarrollo del trabajo científico, que evite el problema más acuciante de la ciencia hoy día: el cientifismo. Como conceptos básicos, especialmente útiles en biología, podríamos enumerar los siguientes: saber que es la vida, la finalidad o teleología natural, la unidad de los seres vivos y el orden y subordinación natural de los seres vivos en la naturaleza. Estas cuestiones, como están más allá de lo que se puede investigar por medio del método científico, son cuestiones que se han llamado metacientíficas (del prefijo griego meta que significa más allá, por encima). Mucha de la literatura que recoge hoy las reflexiones filosóficas sobre la naturaleza y sobre el trabajo de los científicos, se denomina globalmente como metaciencia, aunque esto es sólo un nuevo nombre para la filosofía de la ciencia, o para la reflexión que el científico se puede hacer sobre los aspectos no estrictamente científicos de lo que estudia.

  

Jajaja, esto es lo que pasa con harta frecuencia cuando se busca en Internet. Y lo peor es que uno al final no sabe si es el mismo autor o un plagio descarado, a no ser que se meta a fondo en el asunto. Sinceramente, no estoy por la labor en estos momentos. Eso sí, he detectado un blog que se denomina Metaciencia, si bien es cierto que no he leído sus contenidos.

 

Juan José Ibáñez

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