Análisis Metacientíficos y Metaciencia

Como ya os comenté en otro post precedente, Metaciencia y Ciencia (Una Nueva Perspectiva), propuse “informalmente” una nueva forma de abordar la investigación que,  no solo tiene en cuenta los resultados que obtenemos de la naturaleza, sino que incluye al observador, integrándolo en la ecuación. Tal hecho, tiene unas ciertas reminiscencias con ciertas perspectivas utilizadas, ya a principios del siglo XX, por algunos de los grandes teóricos de la física cuántica. Hoy mismo, me han llegado las pruebas de imprenta del segundo de los tres trabajos que conforman la trilogía que remití para su publicación sobre el tema. No pude encontrar españoles o hispanoparlantes que tuvieran fe, como para acompañarme en tal andadura al borde del precipicio. Finalmente, dos afamados edafólogos estadounidenses (Dick Arnold y Bob Ahrens) si decidieron unirse a esta aventura. En el mencionado post, sentamos las bases de lo que denominaba metaciencia. En esta entrega, relataré un ejemplo concreto de cómo se llevaron acabo tales abordajes modelo-teóricos. Así pues, definimos metaciencia como (….)

 

    (…) estudios científicos en el contexto de una disciplina determinada, cuyo objeto es contribuir al progreso de tal disciplina partiendo del sistema observador-observador observado, en lugar de soslayar al primero. Y al hacerlo, puede ocurrir que las conclusiones sean parcial o radicalmente diferentes de lo que los investigadores aportamos a la hora de comprender, formalizar y teorizar sobre la materia bajo análisis. Más aún, todo lo que concierna al observador pasa a ser indagado haciendo uso del propio método(s) científico(s), es decir, apelando a la replicabilidad de los resaltados, análisis matemáticos, etc. Por tanto, el producto final será de interés a la disciplina, con “independencia” de que, indirectamente, puedan extraerse conclusiones de otra índole.

 

 

 

Monet (arte impresionista). Fuente:

Baudelaire and the Impressionist Revolution

 

 Una buena parte de los contenidos, fui ofreciéndolos, de manera fragmentada, en diversos post incluidos en nuestra categoríaTaxonomías y clasificaciones  y en este contexto, resulta particularmente importante el titulado “la mente fractal”. Allí encontraréis abundantes detalles que enriquecerán lo redactado en esta ocasión.

 

Historia de un amargo aunque fructífero enfrentamiento:

“Un Choque de Doctrinas no es un desastre, sino una oportunidad” (Ilya Prigogine, Premio Nóbel de Química). Todo comenzó cuando en 1998 se publicó un discusión paper remitido a la revista Geoderma, en el que propuse el análisis de la edafodiversidad de la edafosfera a escala global, partiendo de una clasificación clásica de suelos, si bien, tales investigaciones las inicié en 1987. Comenzaron a salir publicadas en suahili  durante 1990 y 1994, proponiendo las herramientas matemáticas formalmente en 1995 (ver Categoría: “Diversidad, Complejidad y Fractales, con especial referencia a los post escritos durante 2006 y primeros meses de 2007). Estas últimas no eran novedosas, sino que habían sido extraídas de la literatura ecológica. Con posterioridad, ya fueron publicándose otros estudios más noveles. Pues bien, entre los comentarios (generalmente muy positivos) surgió la voz discrepante de Odeh, edafómetra que trabaja en Australia, pudiéndose considerar como la mano derecha de Alex McBratney. Este matemático alegaba que los tipos de suelos o edafotaxa eran entidades subjetivas elaboradas por algunos edafólogos clásicos (rancios), que en nada tenían que ver con las especies biológicas que sí eran objetivas. Como corolario, insinuaba que tales estudios eran irrelevantes, proponiendo como un procedimiento más riguroso la aplicación de taxonomías numéricas. No os aburriré con este asunto por cuanto ya lo he tratado en varios post incluidos en alguna (o ambas) de las “categorías mentadas”.

 

Seguidamente envié a la revista Geoderma otros dos papers, que fueron rechazados alegando las mismas razones: “el suelo es un continuo”, por lo que cualquier estudio basado en una clasificación subjetiva que no merecía el menor crédito. Eso sí, intentaban forzarme “explícitamente” a que, si usaba los procedimientos numéricos (la mayor parte propuestos por ellos) los “papers” podrían salir a la luz sin mayores problemas. Muchos de vosotros ya sabéis que no trago este tipo de chantajes o coacciones (al menos para mi lo son), comenzando una guerra fría que aun se libra en los campos de batalla en los que me muevo (abierta y/o bajo la superficie). Obviamente, los papers fueron publicados, pero en otras revistas indexadas, curiosamente, de “ecología”. Los ecólogos conocen sobradamente el dilema del continuo en su especialidad, no dan el mayor crédito a este tipo de chorradas, salvo excepciones (un españolito del que prefiero no hablar; ¡nadie es profeta en su tierra, pero personalmente debo ser “maldito!)

 

 

 

Monet (arte impresionista). Fuente: Orangerie

 

Clasificaciones como Inventarios        

Como en los primeros años de mi carrera profesional coqueteé con las taxonomías biológicas, y los argumentos del rival deben ser analizados con detalle, si se pretende contraatacar con rigor, se me “escurrió” llevar a cabo un análisis comparado de las estructuras matemáticas de las taxonomías biológicas y edafológicas. Y aquí comenzó una indagación que se ha prolongado durante muchos años y de las que os extraeré ejemplos de cómo llevar a cabo aproximaciones al análisis que denomino metacientífico.

 

Si realmente las especies son seres “objetivos” y los edafotaxa entidades “subjetivas” cabría esperar que la estructura matemática de ambos constructos fueran notablemente diferentes. Sin embargo, he te aquí que…………..

 

Tras el arduo trabajo para elaborar dos extensas bases de datos, una de un taxon de organismos del suelo (que agrupa a la mayor parte de los nemátodos fitoparásitos) y otra de la USDA Soil Taxonomy (con la inestimable ayuda de Margarita Ruiz Ramos, E.T.S.I Agrónomos de la UPM), comenzamos a realizar una batería de análisis matemáticos  que ya os hemos ido mostrando “en parte” (no he incidido apenas en los análisis multifractales, por cuanto resultan complejos de explicar a los no iniciados) en la categoríaTaxonomías y clasificaciones”. Todas y cada una de ellas se ajustaban a los mismos patrones. Por tanto, cabía responder a los críticos que:

 

1.        Las Taxonomías de Suelos son mucho menos subjetivas de los que algunos acríticamente suponían o…

2.       Las Taxonomías biológicas podían resultar ser tan subjetivas como las biológicas

3.       Bajo ambos constructos subyacían regularidades matemáticas que distaban lejos de ser aleatorias, por alguna razón.

 

En consecuencia, debían ser los críticos los que necesitaban explicar la supuesta arbitrariedad de las clasificaciones de suelos. Así pues, la pelota estaba sobre su tejado. Alex McBratney necesitaba contrarrestar mus críticas. El primer artículo que publiqué sobre el tema fue leído por nuestro ínclito enemigo, quien expuso el paper a su tropa en la página Web de esta comisión, con vistas a ser analizado críticamente.  Pero nadie contestó. ¿Por qué? ¿Más de 70 expertos no atesoran conocimientos como para responder a uno solo? ¡Parece que no!  Ya en el mismo número lanzamos otro paper con los primeros resultados, que eran ciertamente reveladores y que os explicaré en el próximo apartado.

 

Resultaba francamente intrigante que ambas taxonomías atesoran estructuras matemáticas que se asemejaban mucho a las de los inventarios de ambos recursos. Sin embargo, surgió una discrepancia. A pesar de tal parentesco, las distribuciones de abundancia (número de individuos por taxa en los inventarios, y número de subtaxa por taxón en las clasificaciones) eran más equitativas en las taxonomías que en los inventarios de campo, a pesar de que todas ellas eran conformes a las denominadas Curvas de Willis. Debemos dejar constancia que las clasificaciones, ya sean de especies, tipos de suelos u otro cualquier recurso, resultan ser, en un momento dado, los inventarios de la diversidad de las clases reconocidas por los científicos en una determinada época. Los análisis que llevamos a cabo demostraban que los patrones naturales (inventarios) y los constructos cognitivos elaborados a partir de ellos (clasificaciones) respondían a regularidades matemáticas muy semejantes, a excepción de su equitabilidad, como también os hicimos saber en este post.

 

 

 

Monet (arte impresionista). Fuente: artecreha

 

Desde la perspectiva de los sistemas complejos, tales estructuras clasificatorias mostraban propiedades que optimizaban el flujo de información, es decir podían concebirse como sistemas de información  (valga una vez más la “rebuznancia”) altamente eficientes. Lo mismo ocurre con los inventarios en lo concerniente a los flujos de materia y energía). Sin embargo, estos últimos eran más asimétricos. Una de dos o la mente humana emulaba y optimizaba la estructura del mundo natural y/o  ¿qué?

 

Desde el punto de vista de los sistemas complejos (sus derivaciones bayesianas), el  “Principio MaxEnt” justificaba la tendencia de las clasificaciones a ser simétricas, aspecto que ocurría en menor medida con los inventarios de los recursos naturales. Digamos para abreviar que una equitabilidad = 1 constata una distribución perfectamente simétrica, es decir, en oposición a cuando tal índice tiende a acercarse a “0”:

 

1.        Todas las especies de un inventario atesoran el mismo numero de especies o………

2.       En una taxonomía jerárquica cada Taxón (p. ej. un género) se ramifica en el mismo número de subtaxa (especies)

 

Obviamente, en la naturaleza tal hecho no es posible, por lo que difícilmente pueden elaborarse clasificaciones simétricas que den cuenta con el mayor rigor posible de la diversidad del mundo natural. A pesar de todo, mientras en los constructos mentales sobrepasaba el valor de 0,9 (equitabilidad muy elevada) en los inventarios suele fluctuar entre 0,4 y 0,7, aumentando según la madurez de los ensamblajes, o disminuyendo si sufren perturbaciones, Este último rasgo, si lo pensáis aporta mucha información, ya que nos informa de que, en ausencia de impactos, los ecosistemas (por ejemplo) tienden a aumentar tal equitabilidad (simetría), acercándose a las cifras obtenidas de los análisis clasificatorios. 

 

 

 

Monet (arte impresionista). Fuente: Art Offer

 

No obstante, debemos recalcar que ningún taxónomo (o creadores de una taxonomía) había sido consciente de que sus productos se sujetaran a tales estructuras formales. De hecho eran confeccionadas, desde el punto de vista estructural, de forma bastante intuitiva. Cundo les mostré su modo de proceder en dos congresos internacionales, se quedaron bastante estupefactos. ¿Todos tendemos a hacer lo mismo sin darnos cuenta? Las conferencias gustaron al público asistente, ya que les daba un sostén para defender su actividad ante el constante acoso de los edafometras.

 

Pero no podíamos negar que, a pesar de todo, restaban demasiados cabos suelos, demasiadas incógnitas por descifrar. Y es aquí en donde tanto las matemáticas, como la psicología experimental, antropología, entre otras disciplinas, comienzan a mostrarnos como el ser humano distorsiona su percepción de la naturaleza.

 

Estructuras: ¿Mente y/o Naturaleza?

Ernest Mayr, uno de los pensadores más reputados de la biología contemporánea y proponente del concepto biológico de especie, había criticado a las clasificaciones modernas por ser sistemas de información deficientes. En este post os explicamos el criterio del mencionado autor. Intuitivamente, Don Ernesto, denunciaba que una taxonomía eficiente debía atesorar una equitabilidad uno, con vistas a optimizar el acceso a sus contenidos. Pero he te aquí, que las que había en el mercado ya acercaban a tal cifra, si bien con desviaciones individuales considerables entorno al valor modal. Lo que sin saberlo proponía Mayr era un fractal perfecto, o para ser más precisos un árbol de relleno fractal totalmente simétrico.

 

Sometimos pues nuestros datos a un análisis fractal y multifractal, cuyos resultados mostramos a la comunidad científica en 2007. Ya hablamos de las conclusiones obtenidas en este post. Tanto la taxonomía biológica analizada, como la USDA Soil Taxonomy, se ajustaban moderadamente bien, desde un punto de vista estadístico, a leyes potenciales, mostrando la existencia de estructuras fractales subyacentes. Sin embargo, algunos puntos se desviaban de las predicciones. En consecuencia, decidimos realizar un abordaje multifractal. Una vez más, las conclusiones fueron sorprendentes, como ya os explicamos en este post.  De nuevo los resultados eran bastante concluyentes a la par que sugerentes. Ambas se ajustaban a estructuras multifractales cuando se eliminada un pequeño número de taxa, entre el 3 y el 4%.  ¿Cuáles eran los que divergían de la tendencia general?. Ni más ni menos que los que atesoraban más taxa por taxon, es decir, justamente aquellos taxa que nos desviaban en los análisis anteriores de alcanzar una equitabilidad mayor. En el caso de las biológicas,  correspondían a las especies de “mayor interés (en nuestro caso las que inducían graves plagas en los cultivos más consumidos a nivel mundial), o las cosmopolitas. En lo que concierne a las taxonomías edafológicas correspondían a su vez con los tipos de suelos de mayor interés agropecuario y a las familias “haplo”, es decir aquellas que eran consideradas más representativas o arquetípicas (y menos complejas) de una determinada rama del árbol clasificatorio.  ¿Y que nos aportan tales hechos? Simplemente que las desviaciones observadas de la estructura fractal eran propiciadas por sesgos cognitivos. Se estudian con más intensidad los taxones de mayor relevancia para los intereses humanos (peligro para los cultivos, elevadas aptitudes para la producción agraria) o las que son consideradas arquetípicas dentro de la estructura clasificatoria. El primer sesgo lo denominamos utilitarista, mientras que el segundo correspondía a otro que calificamos como cognitivo, en base a los desarrollos de la antropología y psicología experimental. Más aun, hemos comprobado también que las clasificaciones nacionales de suelos padecen de un sesgo geográfico, es decir, cada una de ellas posee en los niveles inferiores de la jerarquía más taxones cuanto más está representada este la rama (taxón jerárquicamente superior) en el espacio geográfico de su incumbencia, el nacional (mayor extensión superficial). Del mismo modo podemos señalar que las clasificaciones indígenas, tienden a atesorar una estructura similar, auque menos jerarquizada.  En este sentido cabe señalar que, diversos biotaxónomos, también denuncian la existencia de tales sesgos geográficos en las estructuras clasificatorias de los organismos vivos.

 

En consecuencia, podemos concluir que el ser humano, intuitiva e inconscientemente, tiende a ajustarse al modo de proceder de la naturaleza pero introduciendo sesgos que desvían a los constructos taxonómicos de su máxima eficiencia potencial. Pero hay más.

 

Al analizar simultáneamente las propiedades matemáticas de las clasificaciones y las representaciones espaciales de los recursos naturales (cartografías) constatamos que se encontraban íntimamente acoplados mediante leyes potenciales, de tal modo que cada mapa tiende a portar la misma cantidad de información potencial. Ya os explicamos este tema en nuestro post “La mente Fractal”, que se encuentra a punto de ser publicado en la revista Ecological Complexity (“The fractal mind, en suahiuli).

 

 

Limitaciones de la Mente Humana y la Percepción de la Naturaleza

Por casualidad, cayo un día en mis manos un afamado artículo de psicología experimental escrito por un tal George Miller  (¿serendipia?) que nos informaba de las limitaciones de la memoria reciente para discernir en breves segundos más de siete (más o menos 2, es decir entre 5 y 9) “tipos de cosas” distintas. Tras analizar varias clasificaciones edafológicas, así como el código de nomenclatura botánica, nos dimos cuenta de la existencia de la tendencia de una buena parte de los aparatos conceptuales clasificatorios a incluir unos siete sistemas jerárquicos (a veces alguno menos, casi nunca más). Resulta curiosa la ubicuidad de la regla de Miller que, aunque parezca asombroso, también se da en la estructura de los diccionarios.  Más aún, en nuestra categoría “Redes Complejas, Ecológicas y Sociales y el Mundo de Internet”, os mostramos varios post entre los que quisiéramos destacar este: “Los Mundos Pequeños y los Seis Grados de Separación: Una Conjetura Corroborada ¿Y la Regla de Miller?. Con vistas a que apreciéis tal ubicuidad.  En otras palabras, la Regla de Miller vuelve a aparecer con su número mágico 7, tanto en la estructura de las redes sociales del ciberespacio, como también ocurre en la expansión de epidemias y pandemias. Por tanto, una vez más, elaboramos una hipotética clasificación con siete niveles jerárquicos. El primero estaba constituido por siete taxa, cada uno de los cuales fraccionamos de forma iterativa en siete subtaxa, otras tantas veces. Tal constructo hipotético denominamos en denominarlo como “conjetura clasificatoria del 7×7”. Los resultados obtenidos fueron comparados con la estructura de la USDA Soil Taxonomy. Y una vez más, nuestras expectativas se vieron superadas por las evidencias empíricas. La curva potencial que obtuvimos, así como sus parámetros eran idénticos en nuestra conjetura taxonómica del 7X7 y la taxonomía americana de suelos. Posteriormente, nuestro amigo Pavel Krasilnikov, cuando finalizábamos con Dick Arnold el libro que vamos a publicar, ya me comunicó que en una primera aproximación una buena parte de las clasificaciones de suelos “parecen” ajustarse al 7×7. Tendremos que demostrarlo de un modo más riguroso.  

 

 

 

Algunos físicos detectan también dicen detectar

números mágicos. Fuente: Cocktail party Physics

 

Debido a todo ello, podemos defender que la estructura de las clasificaciones, en general,  son producto de la menta humana, pero intentando emular las leyes de la naturaleza, de la que se desvían introduciendo ciertos sesgos. En base a esta información Dick Arnold y este impresentable administrador han remitido para su publicación un listado de normas con vistas a que, de ser seguidos” las futuras clasificaciones sean sistemas de información más u “óptimamente eficientes” y padezcan de un menor número de sesgos.

 

¿Quedan más cosas que decir?: Por supuesto que sí. Empero nos estamos alargando demasiado. Digamos tan solo una, entre otras, que también merece especial atención. La USDA Soil Taxonomy fue elaborada de abajo hacia arriba (escalamiento ascendente; “scaling up”, en suahili), aunque como me comenta Dick, siempre debe aplicarse de arriba hacia abajo  (escalamiento descendente; “scaling down”, en suahili). Pues bien, si se cotejan los patrones de biodiversidad y edafodiversidad en espacios geográficos locales, regionales y globales (incluyendo su ajuste a estructuras fractales y multifractales), detectamos las mismas similitudes, con independencia de la escala de observación. Un nuevo rasgo de fractalidad. Empero tal hecho solo “parece” ocurrir con los edafotaxa más abstractos, es decir desde el nivel de subgrupo al de orden, en el contexto de la taxonomía americana. Todo apunta a que las familias y series, no se comportan como especies, sino que más bien lo hacen como razas geográficas. De poder corroborar este patrón, deberá llevarse sumo cuidado a la hora de comparar los patrones de edafodiversidad y la biodiversidad. En estos momentos nos encontramos trabajando en este asunto. Ahora bien, el que los edafotaxa más abstractos de suelos se correlacionen mejor con la biodiversidad de especies que los que lo son menos, nos impele a retrotraernos de nuevo hacia el importante papel que desempeñan las estructuras cognitivas en nuestras investigaciones científicas.   

 

Lamento la longitud de la desiderata, pero siempre considero instructivo elaborarlas desde un punto de vista histórico. Como habréis podido observar, los que llegarais hasta el final, el incluir al observador al mismo nivel que lo observado, tal como comentamos en nuestro post sobre “Metaciencia y Ciencia: Una Nueva Perspectivaresulta ser sumamente útil, con vistas a progresar en la indagación científica. Nuestras limitaciones cognitivas, intereses, etc., actúan soterradamente en la praxis, de tal modo que condicionan los resultados que obtenemos de la naturaleza. Tener en cuenta estos hechos, nos permite avanzar en investigación, así como conocer mejor el modo en que opera ese maravilloso aparato que llamamos cerebro. Abajo os dejo un listado de post relacionados con el tema.

 

Juanjo Ibáñez    

 

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Comentarios

He llegado hasta el final. Muy buen trabajo, Juanjo. Enhorabuena. Tendremos que repasar de nuevo algunos de tus post . Por cierto, citas una larga lista de ellos (teinta y nueve si no he contado mal) y dado el contenido del post y puesto que uno de los citados se llama "Estructuras clasificatorias", ¿No podrías clasificarlos en un número adecuado de grupos o apartados? ¿Qué tal quedarían distribuidos en seis o siete grupos? Algo asi, por ejemplo:

1. Política científica

2. Ciencia y Mente: Metaciencia

3. Taxonomía (general)

4. Taxonomía de suelos y organismos

5. Taxonomía aplicada a suelos

6. Taxonomía aplicada a organismos

Enfin, era por ayudarte a ordenar pero seguro que ya lo has hecho tu mejor en algún rincón de tu infinito (y fractal) universo.

Un abrazo,

Emilio

Hola Emilio,

Ggracias por tu comentario.

La verdad es que intentando hacer un post casi diario resulta difícil dedicarle mucho más tiempo del que ya lo hago. Tienes razón, pero también es cierto que los post más importantes ya están vinculados en el propio texto. Y el problema es que otros (o algunos de los primeros) son difíciles de clasificar en una sola categoría, por lo que habría en algunos casos que duplicarlos o triplicarlos. ¡Los Problemas Asociados a cualquier tipo de Clasificación! Espero que mejore el software del sistema de blogs para que así sea más fácil. En cualquier caso, no te quito la razón, pero ya he editado el post que aparecerá esta tarde y comienzo con el de mañana para dejar toda la tarde a mis trabajos profesionales. A partir del mes que viene, o el siguiente descenderé a 10-12 post mensuales y será todo un poco menos acelerado. Espero así hacerlos con más orden y cuidado. Del mismo modo el ir ya para los 1.200 post hace que la clasificación se convierta en un verdadero calvario.

Un fuerte abrazo y gracias por tener la paciencia de llegar hasta el final.

(requerido)

(requerido)


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