El papel de la Heterodoxia y la Trasgresión en el Progreso Científico

El establishment y aquellos que trabajan en sus equipos, avanzan por los senderos de la indagación científica que ellos, u otros antes que ellos, los surcaron por primera vez. En consecuencia, constituyen tanto la ortodoxia como la imagen de la ciencia en un momento dado. Se trataría de lo que el filósofo Thomas Kuhn, denominaba ciencia normal. Sus estudios consisten en profundizar y progresar, pero raramente dan lugar a cambios conceptuales de enorme importancia, esos que transforman el destino de una especialidad, a lo cual el mencionado filósofo denomina cambios de paradigma. Su papel, en el fondo resulta ser bastante conservador. De vez en cuando, surgen heterodoxos, generalmente jóvenes, que desafían con conjeturas e hipótesis las teorías que los denominados sacerdotes defienden tal perros de presa. Comienza pues su “vía crucis”, de perseverar en su empeño. Desdenes, descalificaciones, incredulidad por sus trabajos, etc., jalonarán un destino que puede llevarlos a la fama o al fracaso. Por tanto, al margen de talento y buenas ideas, se necesita tenacidad y fortaleza de espíritu ante todo tipo de adversidades y aun de dejaciones. Obviamente, los senderos de la ciencia se encuentran repletos de sus cadáveres. Sin embargo, la grandeza de la indagación científica depende esencialmente de su genialidad y espíritu intrépido.

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El Vía Crucis de muchos grandes científicos. Fuente: AbsolutMexico.com

 

Personalmente, distingo tres tipos de investigadores: (i) los que una vez embarcados en las tareas científicas realizan su trabajo con normalidad, siendo su máxima ilusión alcanzar un día una cátedra, o algún protagonismo de segunda fila; (ii) aquellos que ocupan un lugar relevante en la ciencia normal, es decir los destinados a guiar y hacer progresar a las ciencias por las veredas trilladas, erigiéndose en sus máximos exponentes y valedores; (iii) los intrépidos heterodoxos, cuyo misión consiste en cambiar los destinos de la ciencia con ideas revolucionarias y provocadoras, si finalmente resultan ser ciertas. Sean sus propuestas acertadas o no, les espera un verdadero calvario. Resulta lógico, aunque no razonable, que los defensores del establishment les pongan todo tipo de zancadillas, por cuanto son los editores y árbitros de las revistas en donde pretenden publicar sus provocativas ideas los transgresores. También serán los que juzguen si son merecedores de financiación para llevar a cabo sus proyectos. Y digo que resulta lógico porque es humano (aunque poco “objetivo”) que los que ostentan el poder intenten aferrarse al mismo, con vistas a evitar que sus ideas se consideren obsoletas. Y esta es la cruel realidad que salpica la sociología de la ciencia. Nadie regala nada a nadie. Más aun, los transgresores y/o heterodoxos, comienzan a cruzar el desierto en absoluta soledad, en tanto que los ostentan el poder cuentan con hordas de aláteres encargadas de llevar a cabo el trabajo sucio con vistas a que sus popes les valoren más. Ya de por sí, son pocos los que se atreven a iniciar una lucha tan desigual: ¡David contra Goliat! Pero si logran alcanzar el éxito, inscribirán sus nombres con letras de oro en los anales de la ciencia.

 Me he encontrado en numerosas ocasiones con colegas desmoralizados y/o indignados porque sus “talentosas ideas” no eran valoradas por nadie, recibiendo constantemente burlas y desdenes. Cuando escucho sus quejas, suelo replicar “no hay otra vía: o luchas o te rindes, pero no esperes que nadie de de palmaditas en el hombro”.

 Nos olvidamos pues, que para triunfar en ciencia el talante es tan importante como el talento. Si el primero te permite desarrollar hipótesis audaces, el segundo resulta casi siempre imprescindible a la hora de  imponerlas bajo la artillería pesada de un enemigo, bien armado y numeroso. Quien se encuentre versado en historia de la ciencia difícilmente podrá discutir que mis argumentaciones son canónicas, aunque siempre se den excepciones que confirman la regla. Personalmente, decidí en su momento arrojarme al ruedo y ya se lo que se padece. Otra cuestión bien distinta es que mis ideas triunfen o terminen en el gigantesco baúl de los recuerdos. Siempre he defendido que es hermoso intentarlo. Al fin y al cabo, si no lo consigues, tu destino es el de la mayoría, la mediocridad. Nada que perder salvo la imagen ante los colegas. Sin embargo, reitero que la soledad del excéntrico (nombre de un blog con el que me topo asiduamente en el ciberespacio) es difícil de soportar, si no la asumes de antemano.

 Pues bien, hace un par de días, Robert J. Lefkowitz, afamado investigador que decidió, “Cruzar el Mar Muerto andando sobre sus aguas”, describía así su trayectoria vital. Su heterodoxia e intrepidez llegó, en este caso, a buen puerto, por lo que se permite narrar la historia con mucha tranquilidad y cierta condescendencia, fortuna que no atesoraron ni atesoran la inmensa mayoría de estos exploradores de tierras incógnitas. Empero finalmente él y sus posibles seguidores alcanzan el establishment, ocupando el lugar de otros, a la espera de que aparezcan en el horizonte nuevos aventureros que amenacen su trono. Y vuelta a empezar.  La irrazonable racionalidad de la ciencia.

 Lamentablemente en el pasado, muchos héroes de la ciencia actual fallecieron (o se suicidaron), no pudiendo ver culminado su éxito. Actualmente se suelen soslayar sus desventuras, salvo en las buenas biografías. La siguiente pintura de cuenta de su destino.

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Pintura Religiosa. Fuente: Blog Pintura Religiosa de Fernan Sator.

 Juan José Ibáñez      

  

Lograremos que los enfermos no se hagan resistentes a sus medicinas

 Entrevista a Robert J. Lefkowitz, investigador del Howard Hughes Institute (EE.UU.) que encontró la «cerradura» celular en la que encajan más de la mitad de los medicamentos actuales. Su próximo reto: fármacos más eficaces sin efectos secundarios.

 FUENTE | ABC Periódico Electrónico S.A. 13/08/2010

  

El nombre de Robert J. Lefkowitz (Nueva York, 1943) se ha convertido en un clásico en las quinielas de posibles premios Nóbel. Su candidatura no ha prosperado aunque sus investigaciones han impactado en casi todos los campos de la medicina. De su trabajo en el laboratorio ha salido una interminable lista de medicamentos que combaten enfermedades tan comunes como la hipertensión, las alergias, la depresión o el dolor. La clave de su éxito está en el descubrimiento de unos receptores que utilizan los fármacos y las hormonas como puerta de entrada a las células. El jurado del premio de la Fundación BBVA «Fronteras del Conocimiento» no dudó este año en reconocer su trayectoria.
Pregunta. Al principio pocos apostaban por su teoría. ¿Lo suyo fue una carrera en solitario?

Respuesta. Cuando empecé mi investigación en la década de los 70 mucha gente no creía que los receptores existiesen. Yo no estaba solo con mi teoría, pero estaba claro que había ciertas reticencias. Por aquel entonces era muy joven, apenas tenía 30 años y era arrogante. Tenía ese deseo de poner en tela de juicio las creencias y desafiarlas. Si entonces hubiera sabido lo difícil que era lograrlo, no hubiera tenido el coraje de emprender la tarea.
P. ¿Sin jóvenes científicos que desafíen al resto de la comunidad no hay avance?

R. Cierto. Cuanto más experimentado soy, más cerca estoy del «establishment» y menos dispuesto a imponerles mis ideas. El científico más innovador es siempre el más joven.
P. Su primer flechazo fue la cardiología, ¿cómo pasó de la consulta al laboratorio?
R. Mi objetivo era ser médico. Sólo después de terminar la residencia tuve la oportunidad de entrar en el NIH (Institutos Nacionales de Investigación de EE.UU) y empezar a investigar. Entonces no pensaba que sería el objetivo central de mi carrera. Sin embargo, una vez que haces un descubrimiento y experimentas esa emoción es como una droga. Me enganché al descubrimiento.

P. ¿Y sigue tan enganchado?

R. Claro. Como cualquier adicto necesito cada vez más dosis.

P. Ahora busca fórmulas que eviten que los medicamentos pierdan su efecto y generen resistencia. ¿Estamos cerca de encontrar la fórmula?

R. Sí, creo que será posible. Lograremos que los enfermos no se hagan resistentes a los fármacos, pero es un gran reto. Esto implica trabajar con uno de los mecanismos fundamentales incorporados a las propias células: la homeostasis. Este mecanismo permite que las células vuelvan a su estado original cuando están sometidas a la presencia de un estímulo. Si estimulas una célula con un fármaco, la célula buscará la fórmula de resistirse y retornar a la situación que tenía antes de ser estimulada. Una gran parte de mi investigación se basa en comprender los mecanismos mediante los cuales esa desensibilización tiene lugar y hemos encontrado las rutas que les lleva a dejar de responder a los medicamentos actuales. Ahora es posible empezar a interrumpir estos mecanismos.
P. ¿Tendrá una aplicación generalizada?

R. Tendrá un efecto muy general sobre todos los fármacos que interactúan con los receptores que yo he estudiado. Como éstos actúan sobre la mitad o más de todos los medicamentos será una estrategia aplicable a nivel general.

P. Se acaban de cumplir diez años del genoma humano. ¿Hemos progresado a un buen ritmo o ha habido más promesas que avances?
R. Creo que la velocidad ha sido la adecuada. Lo que no era razonable eran las expectativas, lo que algunos científicos que eran responsables de la secuenciación del genoma generaron como expectativas. Yo creo que presentaron esperanzas no realistas sobre los beneficios que se podrían obtener. Por eso ahora tenemos cierta sensación de fracaso. Las expectativas estaban infladas.
P. Por eso se dice que Craig Venter, «padre» del genoma y creador de la primera célula artificial, es un gran hombre de negocios. ¿Cómo le ve?

R. Craig Venter es un buen amigo mío. Nos conocemos desde hace décadas. Le voy a contar una anécdota. Cada vez que da una conferencia, si yo estoy presente entre el público, suele señalarme y decir que me debe su éxito en el genoma. En los 80 él también trabajaba en el campo de los receptores y lo dejó después de mi descubrimiento. Le vencí y buscó otro campo de investigación, por eso dice que me debe su éxito. Una vez le pregunté que por qué no compartía las ganancias del genoma conmigo. Pero no, él no comparte beneficios (risas).
P. Pues ya que no comparten beneficios insisto: ¿Qué pesa más en Venter su ciencia o su marketing?

R. Creo que es un excelente hombre de negocios, está claro. Pero también que es un auténtico visionario. Ve objetivos fundamentales y se rodea de los mejores. Ahí reside su éxito.
Autor:   Nuria Ramírez de Castro

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Comentarios

Juanjo según mis cuates ocilogos mejor conocidos como sociólogos pregonan que aún los lideres fácilmente terminan en caciques. Otros casi nacen como caciques. Las sinapsis llegan a no funcionan igual y es dificil aceptarlo.

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