Concepto de Geodiversidad

¿Qué es la Geodiversidad?. Pues bien, digamos para empezar que depende de cada autor. Me atrevería a señalar que tal concepto, hoy por hoy, deviene en  una Caja de Pandora. Mal asunto. Siempre me debatí entre estudiar biología y geología. Finalmente, aunque el destino me inclinó por la primera, bien pudiera haber ocurrido lo contrario. Y en ese cruce de caminos opté por la edafología, que si bien desde un punto de vista pragmático parecía una decisión adecuada, desde el lado profesional se podría asimilar a cavar tu propia tumba, al menos en España. Ahora resulta que, si saberlo, al mismo tiempo que otros intentaban definir el vocablo de marras yo lo hice también, como hoy veremos. Corría el año de gracia (o desgracia) de 1993. ¿Pero que es la geodiversidad? Adentrémonos pues en este caos. Intuyo que no voy a hacer muchos amigos. Sin embargo, esta vez, he optado por usar una estrategia defensiva que consiste escoger el trabajo en acceso abierto de un buen amigo, ya que el entenderá mis tribulaciones, ¿Verdad Jerónimo López?. Adelantemos que la conclusión resulta ser: “quien mucho abarca poco aprieta

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Cordillera andina fotografiada desde la ciudad Inca de Machu Picchu. Foto: Juan José Ibáñez

Hace pocas semanas, rehaciendo un artículo, conforme a las veleidades de los referees, uno de ellos me solicitó que aclarara las similitudes y diferencias entre los términos de edafodiversidad y geodiversidad. Comencé a revisar la bibliografía y casi me muero de espanto. Avancemos también que los estudios de edafodiversidad preceden a los de geodiversidad, y la literatura está para constatarlo (Ibáñez et al. 1990). Poco después, tras la firma del Convenio Sobre la Biodiversidad Biológica de 1992, que no sobre la Biodiversidad (Cumbre de Río de Janeiro), al parecer a los amigos australianos les dio por pensar, decir y escribir: ¿Y porqué no hablamos de edafodiversidad?, ¿Y porqué no hablamos de geodiversidad?. Y así comenzó el marasmo. Ya veremos en otro post como de haberse hablado de diversidad geológica, en lugar de geodiversidad, el lío hubiera sido bastante menor. Pero a río revuelto ganancia de pescadores, es decir de advenedizos. Los neologismos no hacen ciencia, empero al parecer algunas mentes mediocres se aprovechan de ellos para aparentar que sí lo hacen.

Con vistas a realizar algunas clarificaciones, he optado por escoger el trabajo publicado por L. Carcavilla, J.J. Durán y J. López-Martínez, que lleva por título, Geodiversidad: concepto y relación con el patrimonio geológico. Pinchando sobre el enlace os lo podéis bajar libremente. Es un buen producto, lo malo ha devenido de la proliferación de conceptos y sus extraños contenidos, como iremos viendo en este y otros dos post que le seguirán. Escojamos pues algunas de las definiciones que nos han hecho el favor de traducir estos geólogos, como mi buen amigo, con el que en su día publiqué varios trabajos. Hablamos de Jerónimo López. Veamos pues cual es el problema, así como que argumentan a este respecto Carcavilla y colaboradores.

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Desierto de Nazca, Perú. Foto: Juan José Ibáñez

 Para Nieto (2001) geodiversidad es: “el número y variedad de estructuras (sedimentarias, tectónicas, materiales geológicos (minerales, rocas, fósiles y suelos), que constituyen el sustrato de una región, sobre las que se asienta la actividad orgánica, incluida la antrópica”.

 (…) Gray (2004) considera que la geodiversidad es “el rango natural de diversidad de rasgos geológicos (rocas, minerales y fósiles), geomorfológicos (formas del terreno y procesos) y suelos, incluyendo sus relaciones, propiedades, interpretaciones y sistemas” (…). Esta definición refleja la habitual distinción que hacen los anglosajones de geología, geomorfología y edafología como componentes del medio natural abiótico. Las citadas definiciones de Nieto y Gray son las más utilizadas en la bibliografía española y anglosajona, respectivamente.

 Pero dejemos la definición en ingles que ofrece el propio Gray, debido a que  los matices en este caso resultan ser extremadamente importantes, aunque como veremos, la traducción de Carnacilla y colaboradores es precisa. Según este individuo (2004):

 Geodiversity: the natural range of geological (rocks, minerals, fossils), geomorphological (landform processes) and soil features. It includes their assemblages, relationships, properties, interpretations, and systems.

  En la página web del British Geological Survey se define geodiversidad como “la variedad de ambientes geológicos, fenómenos y procesos que dan lugar a los paisajes, rocas, minerales, fósiles y suelos y que proporcionan el marco para el desarrollo de la vida en la Tierra”. (…)

 En la recientemente aprobada Ley de Patrimonio Natural y Biodiversidad (Ley 42/2007) incluye entre sus definiciones la de geodiversidad, entendida como “la variedad de elementos geológicos, incluidos rocas, minerales, fósiles, suelos, formas del relieve, formaciones y unidades geológicas y paisajes que son el producto y registro de la evolución de la Tierra”.

 Por último, la International Association of Geomorphologists (2003), define geodiversidad como: “la variedad de ambientes geológicos y geomorfológicos considerados como la base para la diversidad biológica en la Tierra”.

  Se han propuesto una multitud de definiciones adicionales, debido a que resulta más fácil especular alegremente que llevar a cabo constructos teóricos “operacionales”. ¿Qué definición os resulta más correcta?. Sin que me convenza del todo, cabría señalar que la peor es la de Gray, es decir la más famosa, “entre las aquí expuestas”. Sin embargo, a la última, le sobran las palabras finales. ¿No debe conservarse el registro fósil, aunque no resulte un “ambiente” “base” para preservar la biodiversidad?  ¿A que viene todo esto? Veámoslo.

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Fósiles preservados en la Reserva Nacional de Paracas Perú. Foto: Juan José Ibáñez

 La estimación de la geodiversidad incluye demasiados recursos naturales. Cada uno de ellos demanda una clasificación o taxonomía. Si se desean comparar los resultados entre distintos territorios o regiones administrativas, las últimas deben ser aceptadas por todos los expertos. Del mismo modo, cada espacio geográfico a comparar debe tener inventariado, conforme a una taxonomía, cada uno de los ítems incluidos en la definición de GeodiversidadLos índices o estimas que incluyen tan variedad de recursos (litología, geomorfología, suelos, fósiles, etc.) son difícilmente interpretables. Contemplar simultáneamente estructuras, procesos, propiedades, relaciones, interpretaciones etc., incluso para un mismo recurso, se enfrenta a retos que se antojan insuperables a la hora de la operacionalización del concepto. De este modo, puede constarse que las definiciones que soslayan “parte” de tales apreciaciones resultan ser aquellas que tan solo nos informan de la variedad. Tal vocablo implica, como el usado en los estudios de biodiversidad, “riqueza”, es decir el número de elementos diferentes dentro de una clasificación concreta, lo que a la postre soslaya procesos, relaciones, propiedades, etc. Sin embargo, siguen enfrentándose al reto de incluir en los análisis formales objetos a conservar tan variados como fósiles, litologías, tipos de suelos, etc.

 Resulta palmario que los expertos implicados, al adaptar el neologismo “geodiversidad”, como sinónimo de diversidad geológica, soslayaron que si los ecólogos hubieran seguido las mismas directrices, en este momento carecerían de inventarios cotejables y comparables.  Cierto es que en los conceptos de biodiversidad se tienen encuenta diversas entidades: taxa (generalmente especies), ecosistemas, funcionalidades, hábitats, etc. Sin embargo, no han osado incluir todas ellas en un mismo saco, con vistas a su ulterior análisis, al contrario que numerosos geólogos y geográfos.

 Resulta mucho más clarificador, es decir menos confundente”, inventariar la diversidad litológica, diversidad geomorfológica, diversidad de fósiles etc. por separado y mostrarlas tal cuales.  A la postre, cada una de ellas atesora su propio valor intrínseco como partes insoslayables de nuestro patrimonio natural. Si seguidamente se pretenden proponer índices complejos que engloben en un mismo número todas ellas, podrá realizarse tal tarea. Ahora bien ¿Qué valor tendrán?. Su interpretación será harto difícil y de un valor más que cuestionable. Finalmente, si un territorio concreto merece ser conservado, por su riqueza paleontológica, deberá hacerse con independencia de que sea escasamente diverso en litologías, tipos de modelados, suelos, etc.

 No obstante, la escasa bibliografía que, hasta la fecha, ha intentado abordar la cuantificación de la geodiversidad muestra que cada cual ha intentado incluir los inventarios que tenía a su disposición, pocas veces los mismos, conforme a diferentes taxonomías (y de diferente finura), por lo que los resultados obtenidos no dejan de ser estimaciones “ad hoc” sin capacidad de permitir una valoración “más o menos objetiva” que pueda cotejarse con la de otros lugares. De este modo, no se pueden diseñar políticas de conservación transnacionales, e incluso en muchos casos nacionales.

 Finalicemos con el origen del término. Son muchos los autores que hablan del trabajo seminal de Sharples (1993), difícil de conseguir. Mientras que nosotros hicimos uso del mismo vocablo en inglés (en el “summary”) de tal año de gracia. Nos referimos concretamente a:

 Sharples, C., 1993. A Methodology for the Identification of Significant landforms and Geological Sites for Geoconservation Purposes. Hobart: Forestry Commission.

 De Alba, S., Saldaña, A., Ibáñez, J.J., Zinck, A., Pérez-González, A., 1993. Repercusiones de la evolución de los sistemas de incisión fluvial sobre la complejidad de los paisajes geomorfológicos en áreas con superficies de tipo raña. In: Pinilla, A. (Coord.), Symposium sobre la Raña, SECS-CSIC-CAM, pp. 81-93.

 Una valoración cuantitativa de las relaciones entre diversidad geomorfológica, edáfica y fitocenótica puede encontrarse, ya en 1994:

 Ibáñez,J.J., Pérez-González,A., Jiménez-Ballesta,R. Saldaña,A. & Gallardo-Díaz,J. 1994. Evolution of fluvial dissection landscapes in mediterranean environments. Quantitative estimates and geomorphological, pedological and phytocenotic repercussions. Z.Geomorph.N.F., 37(4): 123-138.

 Más aun, el primer trabajo sobre la cuantificación de la edafodiversidad preceden incluso a la definición de geodiversidad y el neologismo de edafodiversidad: Hablamos de:

 Ibáñez,J.J., Jiménez-Ballesta,R. & García-Álvarez,A. 1990. Soil Landscapes and drainage basins in mediterranean mountain areas. Catena, 17(6): 573-583.

 Pero el tema no termina auuí.  Las herramientas formales para el estudio de la edafodiversidad, se proponen de una forma palmariamente explícita en: 

 Ibáñez,J.J., De-Alba,S., Bermúdez, F.F. & García-Álvarez.A. 1995. Pedodiversity: concepts and measures. Catena, 24: 215-232.

 Pues bien, rarísimos son los trabajos acerca de la geodiversidad que tienen en cuenta tales estudios, a pesar de que el vocablo suelos aparece en la definición de tal concepto. La pregunta del millón resulta ser: ¿Por qué? De haberlo hecho, como también de analizar debidamente los retos planteados en el los análisis de biodiversidad, actualmente, tanto el caos modelo-teórico, como el metodológico existentes en la literatura sobre geodiversidad serían menores, en el peor de los casos.

 Para finalizar este post, digamos que nos hemos quedado cortos, ya que otras corrientes de la literatura sobre el tema resultan ser aun mucho más confusas, como podremos entender en nuestro próximo post. Espero y deseo que mis amigos geólogos no se molesten. Me encuentro abierto, a debatir estos temas donde, cuando y como sea necesario. Y lo dicho: “quien mucho abarca poco aprieta”.

 Continuará…………   

 Juan Jose Ibáñez

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