El Periodista Científico como Paracientífico y Sociólogo del Entramado Inherente a la Indagación Investigadora (Curso Breve de Periodismo Científico y 8)

Continuamos con nuestro Curso Breve sobre Periodismo Científico, haciendo hoy referencia a ciertos elementos clave que determinarán si los “plumillas” explican correctamente la ciencia a los ciudadanos o les confunden para el gozo de de los poderes fácticos (el periodista como su propagandista o vocero). A fin de cuentas una de las preguntas básicas que debemos respondernos sería la siguiente ¿Se puede explicar lo que no se entiende? Ahora bien, otro interrogante menos trivial, aunque esencial devendría de preguntarnos también ¿Entienden los investigadores en que estriba la empresa científica? Obviamente, aquí debo ofreceros una respuesta que, a priori resulta, un tanto desconcertante. En la mayoría de los casos los expertos no conocemos debidamente el entramado de relaciones en el que nos encontramos inmersos. Se trata de un asunto muy grave, aunque fácil de entender y explicar. Finalmente hoy nos preguntaremos ¿Pueden los investigadores por si solos avanzar mediante la  tecnociencia en la comprensión del mudo, así como resolver la plétora de problemas que acucian a nuestra sociedad?. Lamentable, o afortunadamente, la contestación a este interrogante también debe ser casi negativa: ¡muy poco!. Como entramado de múltiple de relaciones, casi todos los ciudadanos formamos parte de este inmenso y heterogéneo tablero de ajedrez, es decir una red de interrelaciones profusa y compleja. Si el periodista no se percata de ello, difícilmente podrá ofrecer al ciudadano la información pertinente.

El jardin de las delicias El Bosco

El Científico en su Pedestal versus la realidad de la actividad investigadora. El Jardín de las Delicias de “El Bosco”

Os recordamos de nuevo que, como en post anteriores, partimos del material proporcionado en el artículo en acceso abierto denominado Let’s follow the actors! Does Actor-Network Theory have anything to contribute to science journalism? (International for Advanced Studies Journal of Science Communication, cuyos autores resultan ser Carlos Fioravanti, Lea Velho. Ya hemos comentado hasta la saciedad que estos autores basan sus argumentaciones en la Teoría-Actor Red propuesta por dos de los más prominentes expertos de los denominados “estudios sociales de la ciencia”. Hablamos de Bruno Latour y Michell Callon. Ahora bien, hoy terminaremos dando cuenta del contenido de su artículo, dejando un par de post de nuestra propia cosecha que seguirán a este, a la hora de rematar este modesto curso. Eso sí, comenzaremos en este post realizando una cierta metáfora o paralelismo entre el periodismo científico y el deportivo, por cuanto además de ilustrativo se me antoja muy didáctico.

Para todos aquellos amantes del deporte no les resultará extraño las argumentaciones que intento esbozar líneas abajo, y si les gusta el fútbol, tanto mejor.

Imagínense que un “plumillas” pretende explicar al público la actividad deportiva haciendo uso de entrevistas a afamados personajes que la practican “en activo” (léase Leo Mesi o Cristiano Rolando, en el caso del fútbol). Cuando  se dialoga a estos populares personajes, las conclusiones que obtendríamos acerca de la práctica del deporte que profesan serían bastante decepcionantes. A ellos tan solo se les solicita que desplieguen sus geniales cualidades sobre el césped, siguiendo las “directrices” de los cuerpos técnicos de sus clubes deportivos. Bien aconsejados, insistiendo que se trata de una actividad “colectiva”, que deben mantenerse en buena forma física, etc., podrán lograr grandes éxitos para el disfrute de sus seguidores. Ahora bien, ¿aportarían más sustancia que si llevara a cabo tal iniciativa preguntando a jugadores más modestos? ¡Pues va a ser que no!. Tanto los científicos afamados, como los modestos obedecen al mismo patrón de conducta, incluyendo que, por muy estrellas que sean, forman parte de un equipo en el que otros desempeñarán funciones menos vistosas aunque también esenciales. Una cuestión es jugar al fútbol o indagar en un laboratorio, y otra bien distinta comprender todo lo que atañe a su deporte o ciencia en profundidad. Expresémoslo desde un punto un punto de vista deportivo. Tácticas, estrategias, el papel de los cuerpos técnicos responsables de sus estados de formas y actitudes, la agudeza y oportunidad de los fichajes que realicen sus clubes, el poder financiero y organización interna de sus clubes respecto a los de sus rivales, etc., etc., serán responsables del éxito de los equipos, pero también del rendimiento de sus grandes estrellas. No es lo mismo investigar en el MIT de Massachussets que en el laboratorio de una universidad de un país pobre. En otras palabras, lo mismo ocurre en la práctica científica. Tanto los investigadores afamados, como los más mortales, no pueden dar cuenta de la esencia de la ciencia, siendo tan solo nodos de una red de relaciones en la que intervienen otros muchos agentes, como las instituciones, agentes de financiación, lobbies, política científica de los gobiernos, intereses patrios, etc.

Sin embargo, muchos deportistas, tras finalizar su carrera deportiva, desean seguir vinculados a al deporte, realizando cursos de entrenadores, trabajando como comentaristas deportivos, etc., etc.  Y con tal motivo, estudian y analizan hasta llegar a entender lo que cuando estaban en la cancha no eran capaces. Algunos de los más afamados fracasarán, mientras que otros que llevaban a cabo tareas menos brillantes alcanzarán la fama. Lo mismo puede decirse de los investigadores. Existen muchos sacerdotes de la ciencia de avanzada edad que nos harían un gran favor quedándose en su casa, mientras que científicos más modestos pueden alcanzar el éxito como divulgadores científicos, autores de libros acarca de la ciencia, periodistas, etc. Dicho de otro modo, tanto en uno como en otro colectivo, la genialidad (o el desempeñar un buen papel) depende tanto de sus genes, nemes y avatares vitales. El propio Einstein comentaba que la ciencia le sirvió como refugio a la hora de evadirse del suplicio que para un judío como él consistía en vivir en la Alemania nazi.  ¿De haber disfrutado de un entorno más placentero hubiera llevado a cabo su genial aportación a la ciencia? Nadie lo puede aseverar, ni tan siquiera el mismo. En el caso de un deportista (e incluso artistas), si estos son cuidados y adiestrados debidamente por los agentes responsables de su rendimiento, probablemente todo irá bien. Eso si, la perspicacia de un ojeador de los clubes puede determinar que alcancen el estrellato o permanezcan en el anonimato (lo mismo podría alegarse de los mecenas en el caso de numerosos artistas). ¿No ocurre lo mismo con los jóvenes talentos en ciencia? Fijaros por favor en la cantidad de agentes implicados. La aproximación ANT tan solo muestra, en términos formales, aspectos fácilmente comprensibles a los amantes del deporte como estos. De ahí que los agentes que se denominan “no humanos” (léase por ejemplo, los clubes y entidades financieras, que avalan las pretensiones de los últimos,  cuerpos médicos, masa social, infraestructuras, etc.,) también desempeñen papales esenciales.

Pues bien, resulta paradójico que mientras los “plumillas deportivos” que merecen tal nombre son totalmente conscientes de todo ello, no ocurre lo mismo en el caso de los periodistas científicos. Podríamos alegar que nuestras universidades e instituciones no ofrecen, desafortunadamente, estas enseñanzas en el caso de la actividad científica. Y tal argumentación se me antoja veraz, tan solo hasta cierto punto. Así, para llegar a ejercer de entrenador, un antiguo futbolista se verá obligado tanto a realizar los cursos pertinentes como a pasar con éxito los exámenes correspondientes. No obstante, para alcanzar el éxito en su nueva actividad deberá leer, tener la mente abierta, ensayar y aprender sin descanso. Vivir de sus experiencias futbolísticas le aportará un plus, pero ni mucho menos todo lo esencialmente imprescindible. Empero raramente suele ocurrir lo mismo en el caso de los periodistas científicos.

Entiendo como “paracientíficos” a todos aquellos ciudadanos que se instruyen vocacionalmente en los muchos aspectos que atañen a la indagación científica en su conjunto. Resulta condición necesaria aunque no suficiente saber de ciencia. Adicionalmente uno debe adiestrarse en filosofía (el método científico) y sociología de la ciencia. Sin embargo, nunca está demás entender los comportamientos e intereses de la sociedad de la que formamos parte. Todo ello requiere una formación larga e intensa, pero también apasionante, si se atesora una cierta vocación. Lo mismo ocurre con otro tipo de periodismos, como la mayoría de vosotros sabéis.

A lo largo de mi carrera profesional, he sido entrevistado por numerosos periodistas, unos mejores y otros nefastos.  Con harta frecuencia, los rotativos de prensa y televisión, me enviaban jovencitos tiernos recién salidos de sus facultades que no sabían ni que preguntar. Tan solo deseaban que fuera yo (el científico) el que les diera “carnaza” para redactar un suculento artículo que convenciera sus jefes de sus dotes como “plumillas”. Y aquí cabe presentarse de nuevo ¿Quiénes son los responsables, los novatos o sus jefes de redacción? La respuesta es obvia. Si en tus primeros pasos te ponen delante del toro (….). En otras palabras, aunque un investigador les ofreciera material suculento para escribir una buena noticia, aunque cuidando hacerlo de una forma diplomática (léase sutil o indirecta) eran totalmente incapaces de entender su contenido, a no ser fuera de contundente, más que explícito (denuncias contumaces y políticamente incorrectas).  Francamente así no hay forma de llevar a cabo un periodismo científico digno de llevar tal nombre.

Sin embargo, otro hecho bien distinto es que “plumillas maduros”, que debieran estar curtidos en mil batallas, se conformen con una mera entrevista al científico afamado como objeto principal de su actividad, haciendo a la postre gala de su profesionalidad ante sus jóvenes colegas. Lamentablemente se trata de una casta que abunda en demasía. Una buena entrevista, al margen de todo el trabajo colateral que requiere, depende tanto de la calidad e incisión de las preguntas como de las respuestas del entrevistado. Por mucho que se interpele a un investigador de “excelencia”: dos no juegan si uno no quiere. Se trata de algo trivial.

Un magnífico expresidente de mi institución (CSIC), me comentó confidencialmente que, tras años de intensa y exitosa actividad, había llegado a la conclusión de que consideraría su carrera como un éxito si hubiera aportado “algo”al ámbito de las humanidades. ¡Magnífica respuesta de una mente abierta!. Sin embargo, ser un científico genial en el ámbito de una determinada disciplina, no implica que todas sus elucubraciones en otros ámbitos también lo sean. Uno puede ser genial jugando al fútbol y un idiota en todo lo demás.

Ya he reiterado en otros post precedentes (no incluidos en este curso) que me sorprende sobremanera que “muchos científicos de excelencia” consideren que un sistema de I +D +i (ciencia, tecnología e información) consiste sobre todo en la posibilidad de “obtener pasta”. Como ya hemos explicado, la aproximación ANT, pero también el sentido común, nos dictan todo lo contrario, si bien no se desdeña la financiación, por supuesto. ¿No le ocurre lo mismo a un afamado deportista cuando se considera mal pagado? ¿En donde aparece en tales discursos el significado inherente al vocablo “sistema?

Resumiendo, el buen periodismo científico, salvo contadas excepciones brilla por su ausencia. Abajo os dejo el final del artículo de Carlos Fioravanti, Lea Velho, que os mostrará hasta que punto, la actividad científica es una empresa que, de uno u otro modo, concierne a un buen número de ciudadanos que se consideran ajenos a ella. Ruego al lector que reflexione sobre el siguiente aspecto previamente apuntado. Un paracientífico (léase aquí un buen “plumillas”), por atesorar conocimientos que la mayoría de los investigadores desconocen, debiera ser capaz, mediante preguntas sutiles, agudas y acertadas “tirar de la lengua” a la mayor parte de los miembros integrantes de la comunidad científica, por cuanto buena parte de los últimos responderían  al estilo de Leo Messi y Cristiano Ronaldo (con todos mis respetos a sus geniales cualidades). Cuando hablamos de sagacidad, trabajo y formación continuada hacemos referencia a buenos profesionales.

Juan José Ibáñez

III Unificando la aproximación ANT y el periodismo científico

Dos historias sobre la tuberculosis ejemplifican cómo la aproximación ANT puede ser utilizada con vistas a enriquecer el trabajo periodístico. El primero presenta un actor no-humano - una nueva cepa de bacterias muy peligrosas aparecida en Río de Janeiro - se convirtió en punto de partida para discutir la red de los actores involucrados en el estudio de tal enfermedad. Siguiendo a la bacteria, la falta de conexiones entre los actores humanos pudo ser comprobada.

Los resultados del trabajo científico, tales como que el anuncio de la detección de una cepa muy peligrosa de Mycobacterium tuberculosis, raramente se traducen en nuevas formas de diagnosticar o tratar la tuberculosis. Encontrar nuevos aliados se convirtió en un difícil reto para los médicos. Uno de ellos recordó una vieja broma entre los expertos sobre la tuberculosis en los hospitales brasileños: cuando dos de ellos se reúnen, discuten por lo menos tres propuestas para salvar al mundo de la amenaza de la tuberculosis. Científicos, médicos y legisladores reconocieron que deberían trabajar juntos – cuando lo hicieron, la incidencia de tuberculosis disminuyó.

En la historia, Manuel Bandeira, poeta brasileño que falleció a causa de la tuberculosis, actuó como mediador, transformando un problema epidemiológico lejano, epidemiológicos en una tragedia individual. Él sintetizó su profundo sentido de pérdida debido a la tuberculosis en el poema “neumotórax“:

Fiebre, hemoptisis, disnea y sudoración nocturna.

Toda una vida que podría haber sido y no fue.

Tos, tos, tos.

Esta historia también pone de manifiesto que la red de los agentes era más amplio y más fuerte diez años antes. Entonces, cualquiera podía participar comprando pegatinas que contribuyeron a apoyar las campañas públicas contra la tuberculosis.

Asimismo, las pruebas de detección de TB incluyeron a los ciudadanos antes de la entrada a la escuela o el trabajo.

La segunda historia describe los obstáculos para desarrollar y lanzar nuevos medicamentos con vistas a tratar la tuberculosis, que se han anunciado en los últimos años. Funcionarios, científicos y médicos de los países ricos y pobres, entrevistados en una reunión médica internacional sobre la tuberculosis (diciembre de 2009, Cancún, México), reconocieron que las dificultades para la erradicación de las tuberculosis cada vez más multiresistentes frente a un amplio espectro de  antibióticos, era debida principalmente a la falta de infraestructura local en los diagnósticos y tratamientos, aumento de la pobreza en los países más afectados, y la escasa colaboración entre organizaciones no gubernamentales, científicos y empresas privadas. Los nuevos fármacos, cuando surgen, no serán efectivos si las personas que más los necesitan no pueden llegar o acceder a los mismos en un centro médico. Así, unas buenas redes viales hasta los hospitales cercanos resultan ser tan importantes como los propios medicamentos. Desde la perspectiva de la aproximación ANT, los seres humanos y no humanos necesitan encontrarse debidamente conectados adecuadamente a la hora de resolver muchos problemas (recordar avalanchas tras desastres naturales).

Organizaciones no gubernamentales como la Lianza TB (“TB Alliance“) y de las Vacunas Áreas  (“Areas Vaccines“) trabajaban con las comunidades locales en base a nuevas  moléculas prometedoras para la creación de fármacos efectivos, mientras que las sociedades médicas internacionales enseñaban a los estudiantes chinos a detectar síntomas de la tuberculosis en sus familias, y los pacientes antiguos y recientes, como también ocurría en pequeñas comunidades en Tanzania.

Conclusiones

La aproximación ANT ofrece una variedad de herramientas que muy útiles a la hora de  escribir una información más variada o diversificada, de como opera la empresa científica. Por tanto, puede contribuir de manera significativa a reducir la dependencia de las revistas embargo (¿de pago?, ¿especializadas?), ayudando a ampliar la visión de la ciencia más allá de la estrechez de miras que implica fijarse tan solo de los científicos y los logros que dicen haber alcanzado, indagando y valorando otras fuentes de noticias de la ciencia, y la publicación. De este modo pueden redactarse historias originales. Mucho más podría ser expuesto sobre el tema a la hora de redactar historias más atractivas, e instructivas de como se desarrolla la indagación científica.

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