El pueblo Quilmes y su herencia Incaica: Gestión de suelos y cultivos

cultura-quilmes-argentina 

Ruinas Quilmes. Fuente: Tucumán Una Provincia Argentina Llena de Cultura

 Dedicado a nuestra amiga Rosa De Lima Holzmann

Hace unas semanas, Rosa De Lima Holzmann, una buena amiga del blog y ahora mía, nos envió un texto que explicaba sucintamente las prácticas y manejos de suelos del pueblo Quilmes (sí, ese que nos es muy conocido por una marca de cerveza argentina). Más concretamente me refiero a este documento: Los indígenas quilmes redactado por Carlos Eduardo Solivérez. Hasta el norte de Argentina alcanzó, como veréis, el  Imperio incaico, poco antes de la llegada de los europeos a las Américas. El sencillo texto redactado por Carlos Eduardo Solivérez, merece la pena leerse en su totalidad. Se encuentra en acceso abierto, pinchando en el primer enlace. Abajo os sintetizo un poco el contenido más relacionado con la agricultura y los suelos, y obviamente con sabor de las prácticas tradicionales Incas. Gracias a Carlos por ello.

Sin embargo, antes de comenzar, me gustaría compartir dos reflexiones con vosotros. La primera estriba en la cruel práctica de los imperios, incluyendo a los Incas, de doblegar y someter a los pueblos conquistados desarraigándoles de sus tierras y  llevándoselos a otros lares. Está práctica, desgraciadamente muy común,  se ha realizado hasta el siglo XX. La reciente guerra de los Balcanes fue fruto, en buena parte, de tal deplorable modo de proceder.

Resulta intrigante, y algún día la ciencia dará buena cuenta de este enigma, que ni en el caso de las civilizaciones Incas, y Mayas, se hayan encontrado restos de algún tipo de representación espacial, es decir de mapas en su sentido más amplio.  No se pueden controlar las vastas extensiones imperiales sin un profundo conocimiento del espacio y ubicación de los terrenos bajo sus dominios.   Francamente se me antoja inconcebible. Si leéis detenidamente el texto Carlos Eduardo Solivérez, posiblemente comencéis a entender el dilema y vislumbrar algo más allá. Fijaros bien cuando habla de caminos y postas o tambos. Personalmente he leído muchos textos en donde se habla de petroglifos, a menudo esparcidos por los bosques de LA (al margen por supuesto de las inscripciones que abundan en grandes urbes de aquellos pueblos). Estos, suelen atribuirse a enterramientos y otras prácticas culturales. ¿No podrían ser, algunos de ellos mapas o croquis para ir de un tambo a otro?. Una idea, que no alcanza ni el estatus de conjetura, pero ahí la dejo, ya que el significado de la mayor parte de los petroglifos de las civilizaciones mentadas sigue siendo desconocido.

Vamos pues a informarnos brevemente acerca estás prácticas Quilmes/Incaicas de la mano de Carlos Eduardo Solivérez

Juan José Ibáñez

Los indígenas quilmes redactado por Carlos Eduardo Solivérez

Algunos fragmentos

Los indígenas quilmes, una de las etnias tecnológicamente más desarrolladas del territorio argentino, habitaron el Valle de Santa María (Yocavil) al oeste de las sierras de Quilmes, en el noroeste de la actual provincia de Tucumán y casi en el centro de los Valles Calchaquíes que surcan las provincias de Salta, Tucumán y Catamarca. Construyeron sus viviendas, fortalezas, terrazas de cultivo, represas y canales de irrigación, cementerios y corrales en las laderas del cerro Alto Rey, a unos 1800 m sobre el nivel del mar (….)

Tributarios de los incas, quienes en 1480 les impusieron su lenguaje, los quilmes mantuvieron un notable grado de organización social y una compleja cultura material y espiritual. Construyeron caminos, en algunos casos con puentes colgantes fabricados con cuerdas, que los conectaban con el resto del imperio incaico. Cada uno de estos caminos tenía su correspondiente posta o tambo (del quechua tampu), vivienda temporaria de los enviados incas y lugar de almacenamiento de alimentos y otros avíos. (….). Tenían fuertes vínculos con otras etnias de los valles Calchaquíes, formando con ellos una unidad, que los arqueólogos llaman la cultura Santa María.

Los principales alimentos de los indígenas quilmes eran el maíz, los zapallos, los porotos, las papas y el maní que cultivaban en (…) terrazas totalmente despejadas de piedras (llamadas andenes de cultivo) construidas en las laderas del cerro, apuntaladas y subdivididas con muros de piedra (pircas) para evitar la erosión. Debido al clima árido debían irrigar artificialmente sus cultivos acumulando el agua de los arroyos en represas y distribuyéndola luego mediante acequias empedradas. La capacidad de la represa principal, construida de lajas unidas con una mezcla de barro y ripio fino, era de unos siete millones de litros. Su muro de contención, de 17 m de largo, tenía un grosor de un metro en su parte superior y de tres metros en la inferior, tal como se hace en las obras hidráulicas actuales para soportar mejor el aumento de la presión con la profundidad.

Tenían grandes rebaños de alpaca y de llamas, y usaban a las últimas para transportar cargas de no más de unos 30 kilogramos, máximo que el animal podía soportar. Con los huesos animales fabricaban peines, agujas, espátulas y torteros, usando sus pelos para hacer tejidos con telares incaicos. Cazaban ñandúes, guanacos, vicuñas, pecaríes y pavas del monte y recolectaban frutos en los valles y bosques circundantes de algarrobo (para ellos, debido a su multiplicidad de usos, el prototipo del árbol), molle, chañar y mistol. Fermentando la algarroba obtenían una bebida alcohólica, la aloja. Preparaban arrope con el fruto del algarrobo, del mistol y del chañar. Molían los alimentos, como la harina de algarrobo, en morteros de piedra y los conservaban en vasijas cerámicas y cestos tejidos con fibras vegetales (….) Hilaban y tejían tanto las fibras de sus animales como el algodón nativo del territorio. Mientras los adornos comunes eran de cobre, los de sus gobernantes eran de oro. Si bien sabían fundir y moldear los metales no hay evidencia de actividades mineras en la zona donde habitaban, por lo que probablemente obtenían el cobre metálico y el oro por trueque con otras etnias andinas Se protegían contra sus enemigos con fortificaciones de piedra llamadas pucarás, que eran (al igual que los castillos europeos) tanto puesto de observación como refugio de todos los pobladores en caso de invasión. Estaban armados con (…) y su estrategia defensiva era provocar aludes de piedra para barrer a sus asaltantes. (…).

Habitaban casas rectangulares o circulares de paredes de piedra y techos de paja y barro, que en el área urbana estaban adosadas como celdas en un panal de de abejas. Estas construcciones, que tenían un patio-taller central, les servían como vivienda y como lugar de trabajo y almacenamiento de sus productos agrícolas. El relleno intermedio de piedra y ripio de las paredes dobles y los techos de paja y barro asentados sobre troncos y cañas daban a los edificios excelentes propiedades aislantes, conservando el calor interior en las noches y el invierno, y rotegiéndolos del calor exterior en el verano. Las maderas de sus bosques les proporcionaba tirantes para las viviendas y combustible para sus hogares. Cortaban y labraban la madera con (…)

Eran gobernados por curacas, responsables de organizar la vida material y espiritual de la comunidad, socialmente agrupada en familias. Las autoridades divinas tenían sede en una construcción monumental consistente en una serie de grandes muros escalonados que ascendían hasta media altura del cerro, donde piedras blancas intercaladas entre las comunes piedras grises representaban figuras de camélidos y serpientes. Este homenaje o culto era probablemente consecuencia de que los camélidos eran su principal fuente controlada de alimentos y materias primas (lana, cuero y hueso), mientras que las serpientes eran el símbolo del rayo precursor de la lluvia que posibilitaba los cultivos (…). Adoraban al sol, al que conmiseraban la fuente de toda energía (…) Enterraban a sus muertos en lugares especiales, lo que testimonia su creencia en una vida después de la muerte. Los adultos se enterraban acompañados de alimentos y objetos que podrían necesitar en el más allá, mientras que los niños lo eran en urnas funerarias  (…).

En tres oportunidades diferentes los aguerridos quilmes, confederados con los restantes pobladores de los valles Calchaquíes, se rebelaron contra la servidumbre a que querían someterlos los conquistadores españoles (…)

Copiando la costumbre incaica, los conquistadores españoles resolvieron terminar con las rebeliones desarraigando a todos los pueblos calchaquíes de sus tierras ancestra-les. Los más bravíos, los quilmes, fueron los últimos en ser reubicados por la fuerza, en 1677, sobre la costa de la provincia de Buenos Aires (,…).

Bariloche, 10 de mayo de 2007.

Gracias Carlos y gracias Rosa por enviarme este texto.

Etiquetas: , , , ,

Si te gustó esta entrada anímate a escribir un comentario o suscribirte al feed y obtener los artículos futuros en tu lector de feeds.

Comentarios

Aún no hay comentarios.

(requerido)

(requerido)


*