El Problema de Evaluar el Estado de Degradación de los Suelos del Mundo y El Problema de la Política Científica Actual (GSP/FAO)

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Paisaje Árido de Almería (diciembre 2024). Foto. Juan José Ibáñez

Aproximadamente, a mediados de enero de 2015, el Secretario General de a la Alianza Mundial por el Suelo, Ronald Vargas, me propuso escribir un documento sobre el estado de los suelos del mundo que llevara por título. “Heathy Soils for a Healthy Life”, es decir el mismo lema que el del Año Internacional del Suelo. Obviamente me sentí muy honrado y feliz por la propuesta, por lo que acepté inmediatamente. Se firmo un contrato de consultor FAO y a trabajar. Ciertamente el plazo acordado: ¡cuatro semanas!, resultaba ser escasísimo, pero el reto era formidable y como tal estimulante. ¡No sabía en donde me había metido!.  Durante ese lapso de tiempo trabaje sin descanso, perdiendo la noción del día y la noche. Yo no sabía lo que era “estar en capilla”, frase que solemos utilizar en España cuando una persona se encierra para preparar la defensa de su tesis doctoral, una oposición, etc. Nunca me hizo falta. Empero a la vejez, viruelas, y a tres meses de cumplir los sesenta años tuve la desventura de entender este “concepto” en “mis propias carnes”.

Ronald y yo habíamos platicado por correo electrónico, durante la redacción de otra tarea colectiva para a la Alianza Mundial por el Suelo, llegando a la conclusión de que, por desgracia, los diferentes contribuidores solían utilizar cifras y tablas avaladas por la literatura científica consolidada. Y tal ortodoxia es pertinente cuando la información que proporcionan es reciente. Sin embargo, lamentablemente, no era el caso. Los Inventarios globales se realizan con cuenta gotas, por lo que proceder de esta forma conlleva hablar de lo que se pensaba/conocía hace decenios.  La depredación de la edafosfera mantiene su rumbo a toda velocidad, por lo que debía actualizar la información de todas las maneras posibles recurriendo, en el mejor de los casos, a páginas Web de Instituciones Internacionales y en el peor a publicaciones recientes, en donde los datos se han obtenido mediante modelos de simulación, juicio experto, etc. Sin embargo un modelización numérica tan solo resulta ser válida cuando es corroborada por nuevos datos. En el caso que nos preocupaba no era así por desagracia, por lo que distimtos autores muestran cifras  que delatan diferencias abismales. Es decir no tenemos ni idea, del estado actual de degradación de los suelos del mundo, motivada por diferentes razones. En ocasiones leía en algún documento muy reciente de la ONU, UNEP, FAO,  etc., cifras que parecían haber sido estimadas hacía pocos años, pero que al indagar… una nueva frustración. Y así pasaba el tempo desesperadamente, ya que por el plazo de tiempo acordado, cada minuto era oro. Extenuado envié el mentado documento en el tiempo previsto. Una semana después retomé su lectura. A los cinco minutos lo cerré, ya que se me antojaba lamentable. La FAO, es decir en este caso Ronald y colaboradores, pueden intentar mejorarlo o tirarlo a la basura. Y aunque tal decisión me tenga en vilo y pueda resultarme traumática, no es el motivo que me impele a escribir este post, ya que lógicamente a vosotros no os interesa en absoluto mi prurito personal. Pero a lo que vamos……

Resulta vital que cuando se lanzan iniciativas como las que os he comentado al principio del post, se informe a los políticos y ciudadanos que el problema resulta ser “francamente” muy grave. Si los recursos edáficos se degradan, a sabiendas de que quedan muy pocos suelos fértiles que podamos poner en cultivo, la demanda mundial de alimentos y la soberanía alimentaria de muchos países se encuentra amenazada. Pero como también os hemos narrado, la salud pública de los ciudadanos corre peligro.  Ahora bien:

¿Cuál es la extensión mundial degradada o amenazada por las variadas causas que acechan la salud y calidad de los suelos? 

¿Cómo se distribuyen por las distintas regiones del globo?. 

¿En qué grado los recursos edáficos que se encuentran degradados pueden rehabilitarse con mucho esfuerzo, o simplemente con medias viables?

¿Cuál es la extensión y distribución geográfica de los recursos edáficos degradados irreversiblemente?

¿Cuántas personas y en que regiones s sufren más las consecuencias?

¿En dónde, y a que tasa surgen y medran las amenazas emergentes (por ejemplo el sellado urbano del suelo, las superficies destinadas a la obtención de combustibles agroenergéticos,  el acaparamiento de tierras, etc.)?.

Etc. etc.

Pues bien resulta que llegados a este punto,  nos topamos con documentos de hace decenios, mientras que tan solo en escasas regiones se ha actualizado la información o simplemente no existe. Sin embargo este es precisamente el tipo de conocimiento indispensable con vistas a valorar las dimensiones de un problema, ya sea regional o global y especialmente en un año como este.

Resulta palmario, que algo falla estrepitosamente. No estamos haciendo bien nuestros deberes a pesar de disponer de la masa crítica de expertos y tecnología suficientes. Mientras los científicos redactamos “papers” para su posible publicación, los datos que echamos en falta suelen formar parte de unas breves introducciones: Nada que no se pueda sortear. Con vistas a redactar tales apartados, apelamos a esos vetustos datos, ya que son las fuentes más fiables, si apelamos al criterio de autoridad, pero que poco aportan al resto de los manuscritos remitidos para su publicación. Del mismo modo la geografía de estos temas no resultan ser “sexys” para las revistas de alto impacto, por lo que también escasea la información sumamente fragmentaria y atiborrada de lagunas. Más aun los países que tienen a bien llevar a cabo estos inventarios lo hacen con estándares diferentes, ya que parece más patriótico marcar diferencias con sus vecinos. ¡Flaco favor a la ciencia conllevan este tipo de nacionalismos!.

Del mismo modo,  los entes financiadores, internacionales y nacionales prefieren sufragar los gastos de programas de investigación más “sexy”, algunos de los cuales ………

Del mismo modo,  los entes financiadores, internacionales y nacionales prefieren sufragar los gastos de programas de investigación más “sexy”, algunos de los cuales hacen uso de simulaciones no corroboradas para rellenar las abundantes lagunas de información.  Conforme avanza la ciencia se necesitan más y mejores inventarios, incluso para llevar a cabo predicciones matemáticas más fiables. Empero llevar a cabo tales proyectos significa que hay que invertir mucho dinero y los donantes no están por la labor. Mejor financiar 70 proyectos vistosos de cara al público que ocho o diez, que recibirán menor cobertura mediática. Y en este mundo en el que el continente es más apreciado que contenido (….)    

Los inventarios georeferenciados y las correspondientes monitorizaciones, una vez realizados (pero que siempre deben estar en continua reevaluación), son justamente las premisas de partida indispensables con vistas a que podamos conocer el estado de los suelos del mundo, siempre que las iniciativas nacionales siguán patrones comunes (su armonización) y no se obstinen en marcar diferencias.

Por su parte las revistas indexadas exigen trabajos metodológicos, es decir en los que se propongan nuevas formas de llevar a cabo evaluaciones, en lugar de permitir corroborar/refutar aproximaciones previas. Como corolario, al cabo de un año se publican miles de estudios cuyos resultados no serán corroborados jamás, acumulándose como pilas de basura, ya que nunca sabremos si son fiables.  

Profundizar en el conocimiento de ciertos procesos resulta ser una tarea encomiable, pero no más necesaria que averiguar las verdaderas dimensiones de aspectos de degradación ambiental ya conocidos. Urge pues cambiar mentalidades en las agendas de las políticas científicas de las Instituciones y Organismos Nacionales e Internacionales.

Pues bien, en un mes me vi forzado a llevar a cabo una minería de datos que abarcaron algunos miles de páginas Web y documentos.  Luego debía averiguar qué datos eran recientes, ya que en muchas publicaciones con pocos meses de vida, cuando se escarba en ellas, me topaba que estaban basadas en datos obsoletos. Peor aún suelen encontrarse más información reciente en las páginas Web de entes oficiales, nacionales e internacionales. Sin embargo, como no suelen publicarse los resultados de estos estudios, en libros y monografías, uno se ve  obligado a citar el enlace de la página Web. Y aquí topamos con otro desafío casi insalvable. En fuentes de esta procedencia resulta harto frecuente, que encuentres una noticia en portada a la que accedes por una dirección de Internet determinada. Sin embargo cuando deja de ser noticia, a veces es borrada, a veces movida a otra dirección. De este modo a los pocos meses muchas de las referencias bibliográficas incluidas en el texto ya no sirven (incluso los mal pensantes pueden creer que te las has inventado), por cuanto su periodo de caducidad resulta ser lamentablemente breve. Dicho de otro modo, las referencias de la publicación son confusas y confundentes por lo que el manuscrito, por bueno que sea, pasará a recibir numerosas críticas.  

Todo esto, me pasaba por la cabeza mientras intentaba hacer el documento para la FAO. La experiencia ha sido muy valiosa, el proceso doloroso y agotador. ¿El resultado?. Yo me deprimí, mientras que no sé lo que pensarán Ronald y su equipo de la FAO….

Lo que si me ha quedado claro es que así no vamos a ninguna parte, o como mínimo gastamos, por no decir despilfarramos, muchos recursos sin sentido. No se trata del dilema entre investigación básica y aplicada ya que la primera es y será siempre imprescindible, al igual que la segunda. El tema es más complejo ya que ni los investigadores, ni los políticos, ni las editoriales científicas cumplen debidamente su labor para esa sociedad a la que tanto decimos defender. Se trata de la estructura de todo este cambalache la que debe reconsiderarse con vistas a crear sistemas de información eficientes, ya que los actuales resultan seróptimamente ineficientes”. Fue como una gestación muy difícil, con un parto doloroso, tras la cual abrazas a la criatura que acabas de engendrar en tus brazos, y al mirarla (….) te deprimes o comienzas a llorar. Cuando no hay buen material, cuando debes escoger de aquí y de allí, en el seno de un inmenso vertedero,  piezas útiles de aquí y allí …….

Juanjo Ibáñez  

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