‘Biomas del Mundo y la Biodiversidad de Los Países’

Los extensos bosques de las zonas áridas al descubierto por los nuevos satelites

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Arbolado disperso y masas forestales en zonas áridas. Fuente: Colaje Imágenes Google

¿Por qué Tiger Woods no se llama Tiger Bush?

Las tierras secas ocultan un bosque tan grande como la selva amazónica. ¿Verdad o mentira?. Pues esta vez va a ser cierto. Hoy no redactaremos casi nada, ya que la noticia es absolutamente clara y explícita, además de interesante. Del mismo modo, constamos como, con excesiva frecuencia, los científicos llevamos a cabo evaluaciones y juicios de valor, basándonos en conocimientos obsoletos e instrumentaciones deficientes. Y cuando por ejemplo, estas últimas mejoran, nuestra ignorancia queda afortunadamente al descubierto.  La nota de prensa (que abajo os reproduzco abajo) comienza señalando que: “Imágenes de Google y Bing desvelan 467 millones de hectáreas nuevas de árboles en las regiones áridas. (…) Ocultos en un mar de tierra árida hay tantos árboles como en la selva amazónica. Puestos todos juntos ocuparían 467 millones de hectáreas de arbolado. Esto supone aumentar el total de cubierta arbórea de estas regiones hasta 1.327 millones de hectáreas. La cifra, estimada por un grupo de científicos gracias a imágenes aéreas de alta resolución, eleva un 9% la superficie arbolada del planeta. Este inmenso bosque escondido hasta ahora a los ojos de los satélites podría tener grandes implicaciones en el clima y la biodiversidad de la Tierra”. Personalmente considero que habría que añadir también el secuestro de carbono por la biomasa y los suelos. Y todo ello debido a que en este estudio se ha utilizado imágenes satelitales de grano fino, en lugar de los obsoletos Landsat con pixeles de 30 metros. Y ya se sabe, cuando se agudiza la vista, se observan más y más detalles, como los arboles dispersos, aunque hay más que contar.

Toda esta arboleda, en su mayor parte dispersa, aunque no siempre, debe aportar grandes cantidades de biomasa al suelo y secuestrar carbono orgánico de la atmósfera. Dicho de otro modo, al aportarse  restos orgánicos lo suelos también albergarán más vida y más biodiversa de la que se suponía, por lo que sus propiedades también serán mejores. Y así, constatamos que las denominadas zonas áridas, no son en sí mismas secarrales incapaces de albergar arbolado y otras formas de vida.   Las cifras que podéis leer hablan por sí mismas. No se puede concluir que estamos ante simples mejoras de las estimaciones realizadas hasta la fecha, sino de un cambio total de perspectiva. Os dejo también algunos de los post que ya hemos escrito sobre el tema. ¿Por qué Tiger Woods no se llama Tiger Bush?. Posiblemente porque aún no ha perdido la suficiente foresta sobre su cabeza (al parecer bastante árida, en ciertos temas) como para pasar de bosque a sabana y de esta a la vegetación dispersa, tan característica de los ambientes áridos. Esta última se ensambla en unos idiosincrásicos patrones bandeados denominados “Tiger Bush”, como son descritos en la literatura científica. Y sabéis que “Woods” es algo así como bosquete y “Bush” arbustos de talla alta).

Juan José Ibáñez

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El Poblamiento precolombino del Amazonas: Agricultura, gestión hídrica y forestal (Un duro golpe a la ecología teórica).

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¿Fue la Amazonía así antes de la colonización europea?. Fuente:  Message to Eagley restos arqueológicos actuales de geoglifos comparado con las ruinas de los británicos de Stonehenge. Fuente: Ancient Origins

 El mito de la Cuenca Amazónica se ha venido abajo, como ya os adelantamos en nuestra bitácora hace años (ver por ejemplo el siguiente post, es decir el más reciente: Los Bosques Amazónicos: ¿Paisajes Prístinos o Paisajes Culturales?), antes de que los últimos estudios científicos lo confirmaran. Abajo os añado la información más reciente que, no deja lugar a dudas. Deberemos pues otorgar otro calificativo a esta maravilla de la naturaleza. ¡Que poco sabemos de la población y pasado de las Américas, así como de la transformación de sus paisajes. Ahora se nos informa de que los primeros humanos llegaron allí hace 130.00 años, es decir 100.000  antes de lo que se pensaba hasta 2017.  Se me antoja que estas cifras hay que estimarlas aun con cautela, a la espera de que sea corroborada por nuevas investigaciones. Pero de lo que si no cabe ya duda es que aquella considerada selva amazónica primaria no lo era, sino más bien un jardín del edén.

¿Vegetación prístina? ¿Suelos prístinos? Si el paisaje era en buena medida agrario, no podemos hablar pues en esta región, cubierta de edafotaxa extremadamente pobres, de una cobertura de suelos prístina. Y si eran poco aptos para la producción agraria, ¿cómo los cultivaban? ¿Utilizaban biochar o biocarbón? ( ver relación de post previos al final de esta entrega). Posiblemente, pero tal vez haciendo uso de otras tecnologías agrarias, forestales, hidráulicas aun desconocidas en la actualidad. Todo un enigma. Como veréis la nota de prensa, uno no puede dejar de asombrarse al leer sobre setos de bambú, palmeras, etc. que ahora brillan por su ausencia, etc. Y estos presuntos hechos han sido refrendados al visionar los geoglifos desde el aire, estructuras especialmente abundantes en américa. ¿tanto como para pensar que…? Se puede encontrar mucha información en internet sobre los últimos tipos de glifos. Eso sí, no debería extrañarnos pues, como exclaman los autores del estudio, de que aquellos paisajes agrarios fueran forestados, por cuanto ha sido la norma  de las agriculturas campesinas de todo el planeta hasta hace unas pocas décadas.

Ahora también debemos meditar muy seriamente sobre la desorbitante cantidad de publicaciones científicas que describen la ecología de la región basándose en la premisa de la más que milenaria antigüedad de sus especies y ensamblajes en comunidades, ya que apenas sobrepasan los 700 años. Por lo tanto, muchas de las conjeturas que defendían cientos de investigadores, en la apabullante numerosidad de artículos y libros editados sobre la naturaleza en la Amazonía, deben ser cuestionadas y revisadas. ¿Cómo es posible que en tan escaso tiempo se alcanzara la biodiversidad actual?.  ¿Qué ocurrió?. Son variadas e importantes las preguntas que debemos hacernos, tanto como los mitos científicos que se derrumban. Y aunque la prensa científica aún no ha digerido este tema, los fundamentos de la ecología necesitan ser revisitados.  

La noticia es lo suficientemente clara y más aun tras la lectura de los diversos post relacionados abajo relacionados con esta materia. Seguimos alardeando de conocimientos, cuando en realidad somos aprendices de brujos, y por cierto, bastante ignorantes. Las Américas fueron vislumbradas y usadas por los colonizadores europeos, pero resulta palmario que no las comprendemos. El pasado se encuentra ahí…. En nuestro futuro.  Y mientras tanto nosotros, con toda nuestra tecnología seguimos siendo incapaces de lograr un desarrollo sostenible, al contrario que sus poblamientos precolombinos.

Juan José Ibáñez

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Adiós Humedales Adiós (… y suelos hídricos)

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Colaje de Google imágenes

Al paso que vamos, un día no muy lejano, aquellos humedales que alegraban la vista y refrescaban el ambiente serán un recuerdo y/o charcas atiborradas de residuos malolientes.

 Como me alegraría poderos ofrecer noticias que nos alegraran a todos sobre la naturaleza y el hombre. Sin embargo, la prensa se encuentra repleta de notas de prensa preocupantes cuando no dramáticas, aparentes descubrimientos científicos que nos narran hallazgos intrascendentes, ¡Cuánto viejo vino en nuevas botellas!. Y si hablamos de tecnología, nos narran novedades que sirven de poco, u ocultando sus lados oscuros por ser dañinas para el medio ambiente, la salud humana o el control del procomún ciudadano diezmado por la avaricia de multinacionales y gobiernos sin escrúpulos. A menudo me entran ganas de cerrar la bitácora porque termino malhumorado.   Pero vayamos ya al tema que hoy nos preocupa y mucho. Abajo os dejaré los enlaces sobre varios post precedentes relacionados con el tema y más de 20 páginas de noticias que tan solo tienen el propósito de serviros de ejemplo entre otras miles.

 La superficie de España, como la de casi todos los países del mundo, se encontraba antaño salpicada de hermosos humedales, lagunas y charcas que embellecían el paisaje y enriquecían su biodiversidad. Sin embargo, actualmente han desaparecido en su inmensa mayoría. Hoy incluso nuestras zonas húmedas más emblemáticas, como Doñana, la Albufera y el Delta del Ebro, todas ellas mundialmente reconocidas y “en teoría protegidas”, corren graves riesgos de desaparecer, siendo muchos son los que piensan que tal proceso es ya irreversible, como nos informa SEO/BirdLife. De acuerdo a esta organización: el 64% de los humedales del mundo ha desaparecido del planeta desde 1900. Tal cifra ascendería al 87% si calculamos su extinción desde 1700. Más aun, según las mismas fuentes, en España, el 80% de los ecosistemas húmedos dulceacuícolas restantes padecen severos síntomas de degradación. “Adiós humedales adiós”. El Homo sapiens, piensa ya poco de por sí, y al parecer nada en la biosfera, así como la enorme belleza, valor y riqueza del mundo natural. Empero necesitamos sus enormes servicios ecosistémicos, les guste a algunos o no. Por lo que todo este drama del teatro ecológico ya nos pasa una dramática factura.  

 Las causas de tal pérdida son tan numerosas como para no poder enumerarlas aquí. Millones de maneras de infringir daños o extinguir la riqueza y variedad de la biosfera. Digamos que su aprovechamiento agrícola, y en el pasado también el riesgo de paludismo que padecían los hombres y mujeres que vivían en sus proximidades, dio lugar a la destrucción de parte de los mismos. Sin embargo,  hoy en día la sobreexplotación de las aguas subterráneas, junto a los trasvases de aguas corrientes inter-cuencas (como amenazan constantemente a las Tablas de Daimiel), ha dado cuenta de otros tantos  ecosistemas de la misma índole. Por su parte, en el litoral, primero la agricultura y luego el sellado urbano generado por la litoralización de la población (expansión de ciudades, polígonos industriales, residencias turísticas, cultivos bajo plástico, etc.) también han generado estragos devastadores, en el seno o cerca de los ambientes costeros. En países como España, pero también en otros muchos, la presencia de agua se encontraba correlacionada con la de los suelos más fértiles, hoy sepultados bajo asfalto y cemento, de tal modo que hemos descapitalizado la edafosfera más valiosa, perdiendo gran parte la soberanía alimentaria. En otros países, las perdidas en vidas humanas y los miles de millones de euros que cuestan los “denominados desastres naturales” causados por huracanes, tifones, etc., alcanzan cifras escandalosamente escalofriantes. De haber respetado aquellos ecosistemas, casi nada de lo ocurrido hubiera tenido lugar.   ¿Desastres naturales?. No tanto, sino que tales desgracias han sido más bien causadas  por la codiciosa sociedad que padecemos.

 Nuestros políticos no parecen percatarse de que aunque los humedales ocupan exiguas extensiones en comparación con la tierra firme que les rodea, albergan una biodiversidad impresionante. Por ejemplo, en las zonas áridas del SE Español, y más concretamente en Almería, acabo de publicar un trabajo en el que constata que el 50% de las comunidades vegetales, surgen de los lechos fluviales pedregosos de las ramblas, ocupando estos últimos menos del 1,5% de sus superficie. En este tipo de cauces,  generalmente secos, surgen afloramientos de las aguas subterráneas, dando lugar a maravillosas islas de biodiversidad y edafodiversidad.

 La pérdida de las comunidades dulceacuícolas de tal índole, no solo amenazan las plantas y pequeños invertebrados que allí habitan, al margen de crear una insufrible monotonía del paisaje, sino que lo mismo ocurre con peces, anfibios, reptiles y algunos mamíferos, así como de otras formas de vida. Más aún, muchas especies biológicas que no habitan directamente sobre las mentadas zonas húmedas, dependen a menudo de ellas con vistas a cubrir sus necesidades de agua. Por lo tanto, al desaparecer las primeras, no es infrecuente que se corra el riesgo de terminar dañando gran parte de la cadena trófica de los paisajes circundantes, siendo pues afectados espacios geográficos mucho más extensos. A menudo, la prensa general tan solo nos informa de la gravedad que sufren las enormes y diversas bandadas de aves migratorias que necesitan ineludiblemente de estos ambientes en sus recorridos anuales, siendo tan solo la punta del iceberg.

 Reiteremos una vez más que, en los litorales de diversas zonas del mundo, la desaparición de estas barreras naturales termina pasando factura, en forma de ingentes pérdidas en términos de vidas humanas, económicas y ecológicas, al dejar de frenar la violencia de huracanes, tifones y tsunamis que antaño proporcionaban las zonas húmedas a los lugareños ante tales desastres naturales, que de este modo no lo eran tanto como en la actualidad.       

 Aunque no se trata de pérdidas en sentido estricto, la contaminación de las aguas superficiales y subterráneas también ha asolado, estos ecosistemas acuáticos, por cuanto  sus aguas se han visto transformadas de elixir en veneno. Empero también los humedales atesoran otros servicios ecosistémicos como dulcificar los mesoclimas locales y secuestrar ingentes cantidades de carbono atmosférico a escala global. Algunos científicos sostienen que tal hecho ya ha repercutido en los climas regionales a gran escala.

Muchas regiones del globo, e incluso civilizaciones enteras crecieron sobre la fertilidad de los deltas que tapizan la desembocadura de los grandes cauces fluviales. Hoy, la cadena de embalses que los jalonan interrumpe el aporte de sedimentos, impidiendo contrarrestar el delicado balance que los mantenía en equilibrio meta-estable frente a la erosión marina. Decenas, por no hablar de millones de personas corren el riesgo de padecer hambrunas.

 Tarde y mal, algunos despiertan de su letargo, decidiendo crear humedales artificiales. Empero los contados casos en los que tal hecho ocurre, no compensan las perdidas de los naturales. Veamos por ejemplo el panorama en EE.UU.

 Según “ActionBioscience”: entre los años de 1780 y 1980, los 48 Estados inferiores perdieron el 53% de los humedales originales, equivalentes  a 42 millones de hectáreas. Por su parte, veintidós Estados han perdido el 50% o más de sus zonas húmedas naturales, siendo California la que encabeza el ranking al desaparecer el 91%, mientras que Florida ha sufrido la mayor reducción en términos de extensión (3.76 millones de hectáreas). Las causas principales han resultado ser la agricultura y el desarrollo urbano, como en la mayor parte del Planeta. Más recientemente, las pérdidas de los humedales dulceacuícolas han alcanzado la espeluznante cifras del 98%.  Un fenómeno tan alarmante ha acaecido también en Nueva Zelanda, ya que solo persiste el 8% de los humedales originales.

 Debemos recordar que no existen cifras contrastadas para la mayor parte de los países del mundo. Pues bien, retornando al caso de EE.UU., durante la administración Obama, el Departamento de Agricultura (USDA), parece haber realizado un gran esfuerzo con vistas a sanear su más que depauperado medio ambiente rural, fomentado la conservación de las enclaves de agua dulce e induciendo la creación de otros artificiales en las granjas, sustituyendo los abonos químicos por una agricultura orgánica, a la par que animando a que sus agricultores construyeran charcas al objeto de mantener la vida salvaje y obtener otros productos con valor en el mercado, como la cría de cangrejos. Pero con el cambio de reemplazo de su Presidente, comienzan a sonar lasTrumpetas del Apocalipsis”.  Los Boletines electrónicos de la USDA se encuentran, hoy por hoy, casi fuera de servicio desde un punto de vista ambiental.  Más económico. ¿verdad?.

 Reitero que abajo os he incluido abundante información sobre las millones de maneras de destruir, asolar y devastar, pero hay muchas más.

 La cuestión ya no estriba pues, en que podemos hacer con los humedales, sino con la propia especie humana. Adiós, humedales adiós.

 Juan José Ibáñez

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El asombroso misterio del carbón pirogenético (un nuevo biochar detectado entre los pueblos aborígenes de África)

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Carbón pirogenético. Fuente: colaje google imágenes

El título con el que pretendía presentar este post era el siguiente: “El Carbón pirogenético: Los pueblos aborígenes de África lograban mejorar la fertilidad de suelos pobres en nutrientes, alcanzando así una agricultura plenamente sustentable.” Pero realmente, el tema, deprimente en manos de la ciencia actual, resulta asombroso a la luz de la etnoagricultura y etnoedafología. Por esta razón, abajo os he traducido buena parte de la nota de prensa original en inglés, dejando material adicional sobre lo que ahora algunos denominan “pirogenético”. Pero vayamos al meollo del contenido. Ya os hemos hablado en numerosas ocasiones del biochar. En la foto podréis observar cómo ha ido creciendo vertiginosamente el número de artículos que las revistas de prestigio han publicado sobre el tema. Sin embargo, sus propiedades no logran emular las que atesoraban las Terras Pretas (Propiedades y Fertilidad del Biochar). Reitero que abajo tenéis una relación de todo lo publicado en esta bitácora desde que Francisco de Orellana habló por primera vez de ellas, tras su descubrimiento en la desembocadura del “Gran Rio”. El biochar fue desarrollado por los pueblos aborígenes de la Amazonia. Básicamente se trata de un tipo de transformación de la materia orgánica mediante el fuego, y “algo más” (a saber qué), de tal modo que tras añadirse al suelo le otorgaba de una fertilidad enormemente superior a la de los pobres suelos naturales de la región. Y tal enmienda, al parecer, lograba persistir durante cientos y/o miles de años. De este modo, territorios infértiles adquirían una fertilidad pasmosa. La ciencia moderna intenta descubrir el secreto, con vistas a poder obtener con nuestra portentosa tecnología lo que los indígenas hacían sin prácticamente ninguna. Años después, unos investigadores japoneses mostraron al mundo el biochar natural a baja temperatura de las culturas del Nepal. Pues bien, en la noticia de hoy se nos informa que algo parecido ha sido hallado en pueblos aborígenes del oeste de África. ¡Sí1, ellos también transformaban suelos improductivos en altamente productivos sin necesidad de tecnológica, enormes insumos de agroquímicos contaminantes y otras prácticas que a la postre han resultado insustentables. Si logramos esclarecer el secreto de aquellos que han venido denominándose “salvajes” en occidente, alcanzar la sustentabilidad y la soberanía alimentaria a nivel mundial podría considerarse como un objetivo viable y próximo en el tiempo. Varios aspectos resultan asombrosos cuando hablamos de este tema.

¿Cómo es posible que tras casi quince años de intentos para desentrañar tal enigma la ciencia actual sea impotente, con todo nuestro instrumental y bagaje científico?

¿Cómo es posible que se lograra tal hazaña en tres continentes distintos (América, Asia y África) por pueblos que todo indica que jamás mantuvieron comunicación alguna?. Empero un manejo y enmienda semejante dicen que fue practicado en lo denominados Jardines Preuropeos Maoríes de Nueva Zelanda, es decir en Oceanía. De ser así, tan solo en Europa (por lo menos hasta la fecha, según los estudios realizados), sus culturas ancestrales fueron incapaces de fabricar tal piedra filosofal. ¿Quién defiende pues la supremacía aria?

Resulta complicado asumir todo este entramado de hechos y desechos carbonizados.  Aquellos amantes del misterio, siempre podrán apelar a que unos extraterrestres, al ver tanta miseria humana en el pasado, nos ofrecieron este regalito. ¿O realmente  nuestros ancestros lograron de alguna forma, aun por descifrar comunicarse globalmente? De ser cierto todo lo publicado en las revistas científicas,  ¿cómo es posible que este tema no se haya convertido en una prioridad de primer orden mundial? ¿Por qué no se nos despide a todos los agrónomos y edafólogos en vista de nuestra incompetencia?  Un misterio detrás de otro. Una de tres; ¿O somos incompetentes, o somos imbéciles, o la ciencia agronómica actual demuestra ser sumamente ineficiente?.

Os dejo pues con el material nuevo y una relación de los post previos (que no todos) relacionados con el tema……

Juan José Ibáñez 

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Los Bosques Amazónicos: ¿Paisajes Prístinos o Paisajes Culturales?

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Bosque de Lluvia amazónico. Fuente: World for Travel y Descubriendo el pasado de los paisajes y pueblos amazónicos. Fuente: Mail Online

El ser humano ha modelado prácticamente toda la biosfera. Difícilmente podemos hablar de paisajes prístinos, sino culturales, incluso en los bosques tropicales lluviosos de la cuenca amazónica.

La perturbación por la acción del hombre de los ecosistemas forestales ha sido menormente diversa, desde su total erradicación, hasta el incremento de la biodiversidad de los mismos. Así por ejemplo, en la Europa mediterránea, la denominada por Paco González Bernáldez “frutalización” del bosque viene a recordarnos que, a lo largo de la historia las culturas que habitaron en estos ambientes, eliminaron las especies arbóreas que menos les interesaban, preservando las que les ofrecían mayores beneficios, fomentando en los espacios sabanoides resultantes, la creación de pastos y/o policultivos. En consecuencia las masas forestales perdían biodiversidad de las especies leñosas, pero dando lugar a sistemas agrosilvopastorales, que no agroforestales, muy diversificados. En este post mostraremos la asombrosa historia de los paisajes amazónicos en un pasado no muy lejano.

Ya hemos explicado en numerosos post, como conforme a la geoarqueología, etnoagricultura y etnoedafología progresaban, iba poniéndose en duda el mito de la Amazonía pristina, como fue el caso, entre otros, de nuestra entrega dedicada al explorador Francisco de Orellana y la enmienda actualmente conocida como biochar

Willian Baleé (año 2000) explicaba en un interesantísimo artículo publicado en la Revista Mundo Científico, como a la hora de comprender la biodiversidad del Amazonía se ha soslayado el factor humano, es decir el papel de sus pueblos indígenas con vistas a fomentar la biodiversidad que hoy observamos, y que incluso podría ser mayor de la acaecida hace siglos tras la desaparición/desorganización de muchas de aquellas culturas. Los pueblos aborígenes amazónicos cultivaron extensas superficies de la cuenca amazónica, desde hace al menos 6.000 años, siendo la domesticación de especies, la formación de campos elevados y la creación de suelos antrópicos sobre ellos, prácticas muy comunes que terminaron por aumentar la biodiversidad. Como mínimo,  muchos de los puntos calientes o hotspots de biodiversidad de esta región aparecen sobre antiguos suelos antrópicos, sitos en campos elevados. Hablamos de lo que se ha denominado agricultura forestal, y que tiene que ver con el concepto de reservas extractivas, puesto de moda durante la última década del siglo XX. Se supone que durante los recorridos y cambios de asentamientos, aquellos pueblos indígenas llevaban consigo ciertas especies de cultivo (u otras con distintos fines, como para la obtención de ciertos medicamentos, fibras, etc.). Tales semillas debían ser sembradas tras desbrozar parte de la vegetación natural, aunque dejando intacta en su mayoría. Del mismo modo, o en combinación, los campos elevados resultaban ser nuevos hábitats originados por el hombre, con vistas a mantenerse fuera de los estragos de las inundaciones estacionales de los caudalosos ríos, típicos de la región. Ahora bien, posiblemente también tuvieran cabida algunos manejos que erradicaran toda la cubierta arbórea. Lo mismo puede decirse de las chamiceras, si bien su extensión parecía ser mucho menor que la que se produjo tras la denominada colonización.

Reiteramos que en el mentado artículo se menciona como muchos puntos calientes de biodiversidad se ubicaban en enclaves elevados (frecuentemente con obras para favorecer el drenaje) cuyos suelos se habrían formado por la progresiva acumulación intencional de materiales ricos en carbono orgánico (Antrosoles). Por tanto, las remociones de suelo para formar hábitats no inundables permitían que los asentamientos y los cultivos más importantes no terminaran por ser sumergidos o dañados. Se trata de un tema que aún sigue siendo motivo de debate, aunque, como veremos a continuación, se acumulan numerosas evidencias a favor de que la cuenca amazónica resultaría ser un paisaje cultural y no un paraíso prístino.

Más allá del Jardín del Edén    

Recientemente, nuestro colaborador Régulo León Arteta, me envió un trabajo recientemente aparecido en una revista de las denominadas de prestigio, publicado por investigadores brasileños que ponía cabeza abajo y patas arriba hasta las perspectivas más osadas sobre la naturaleza prístina/cultural de la región amazónica en su sentido más extenso (incluyendo desde el Orinoco hasta la  parte norte de la América Austral, etc.). Tal material se encuentra en acceso abierto, por lo que al final de este post os dejo el enlace con vistas a que lo podáis leer con detenimiento. Clement y colaboradores, el año de gracia/o desgracia de 2015, parecen demostrar, haciendo uso de una bibliografía extensísima, una perspectiva diametralmente opuesta a la que sostenía la naturaleza prístina del paisaje amazónico. Según estos autores, desde el Holoceno medio, los pueblos indígenas de esta maravillosa región comenzaron a desarrollar una agricultura que, a la postre, culminó en una insospechada hasta ahora revolución agraria y cultural, que dista mucho del panorama que han venido ofreciendo, tanto  la prensa científica como la divulgativa. Y así se culminó con una estructuración político-social de gran alcance que vinculaba a diversos pueblos aborígenes de etnias distintas. En consecuencia, el Amazonía debiera entenderse como un paisaje cultural y centro de domesticación de diversas plantas y animales, en cuya transformación intervinieron numerosos pueblos (pertenecientes, entre otras, a las familias lingüísticas Arahuaca, Pano, Tupi-Guaraní, Caribeñas y Tipití). De nuevo, según estos autores, aquellos paisajes culturales debían/podían alimentar a bastantes millones de personas, estando repletos de los más diversos tipos de gestión del suelo y el vuelo. La extensión de las terras pretas llegó a alcanzar el 3,2% del territorio, aunque  también crearon otros suelos antrópicos con menor contenido de materia orgánica, obras hidráulicas, canales, lagunas con fines piscícolas, extensas redes viarias que facilitaban los intercambios comerciales y un largo etc. Si bien los asentamientos más sofisticados bordeaban las grandes arterias fluviales, no es menos cierto que otros de menores dimensiones alcanzaron los interfluvios de las cuencas de drenaje. La gestión del territorio, como también acaeció y aun lo hace en otras muchas culturas y regiones del mundo, era de naturaleza centrípeta, es decir cerca de las aldeas se ubicaban los cultivos más productivos (sobre los suelos antrópicos más oscuros por su enriquecimiento en carbono), siendo la gestión más laxa (y menores las enmiendas de materia orgánica aplicadas al medio edáfico), conforme se alejaban del poblamiento.  De hecho, la Península Ibérica y otros paisajes los paisajes culturales atesoran estas mismas y lógicas características.

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Tipos de suelos, biodiversidad del suelo y respuesta a las perturbaciones

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Mapas del mundo de los Arenosoles (arriba) y Vertisoles (abajo). Fuente: FAO

De corroborarse los resultados del artículo que analizamos hoy, se habría dado un gran paso hacia adelante en lo que concierne a predecir los efectos del cambio climático y otras perturbaciones ambientales sobre la diversidad de los organismos edáficos, pero también en la propia comprensión de la estructura y dinámica del suelo. Lástima que los autores pongan el carro delante de los caballos en sus indagaciones (el calentamiento de la atmósfera), si bien tal hecho no resta mérito a la investigación. Tras un análisis de distintos tipos de suelos esparcidos por varias partes del mundo, así como de la biodiversidad que conocemos de los mismos, resulta que la textura/estructura se comporta como el factor determinante de su resiliencia a la deforestación y el cambio climático (al contrario que el pH, la disponibilidad de nutrientes, humedad y temperatura, etc.). De este modo, los suelos arenosos serían los más vulnerables, mientras que los arcillosos los más estables ante las perturbaciones de la deforestación, cambio climático y presumiblemente otros impactos ambientales. La razón estriba en sus acusadas diferencias de lo que se viene denominando superficie efectiva (effective surface área). Ya os hemos comentado que el suelo es un medio poroso heterogéneo, por lo que la superficie expuesta a la hidrosfera y atmósfera depende de su textura y estructura. Y así, si nos preguntamos  ¿Cuanto mide un metro cuadrado de suelo?, por cuanto resulta que puede variar en órdenes de magnitud dependiendo de la su granulometría, la cual formando agregados por la acción de la materia orgánica, genera su enorme porosidad compuesta por cavidades de todos los tamaños. Cuanto más arcilla contenga un perfil del edáfico tanta más superficie efectiva atesorará el solum. Lo contrario ocurre si las cantidades de arena son considerables. Groso modo, los primeros son denominados Vertisoles, mientras que los segundos Arenosoles, cuya distribución en el mundo resulta ser bastante diferente, como os mostramos en la figura de arriba. Ya expuse personalmente en una conferencia internacional que llevaba por título “How long is a square meter of soil?, que tan solo resultaba ser una propuesta más rigurosa del post  ¿Cuanto mide un metro cuadrado de suelo?,” una nueva con vistas a alcanzar una definición más precisa del suelo, cuando se apela a dos conceptos previos, la superficie efectiva y el ambiente iónico. Los resultados que os vamos a exponer, de ser ciertos, confirman nuestra conjetura.

Cuando un suelo arenoso es deforestado, su menor agregación desprende rápidamente la materia orgánica, ya sea a la atmósfera, ya en forma particulada a las aguas. Mediante este tipo de degradación edáfica los horizontes orgánicos se deterioran con facilidad, modificando drásticamente la composición de sus comunidades microbianas, como confirma la investigación científica que os exponemos abajo, llevada a cabo en la Universidad de Yale. Por el contrario, los Vertisoles atesoran gran cantidad de arcillas expansivas. Estas partículas de diminutas dimensiones, al contrario que las arenas, poseen la propiedad de retener nutrientes y agua entre sus láminas, pero además proporcionan una gran superficie efectiva al medio edáfico. Pues bien, los científicos de Yale dicen haber constatado que independientemente del bioma, la deforestación de un suelo arcilloso no genera una gran pérdida de la superficie mentada, retiene bien los nutrientes, mantiene sus comunidades microbianas más estables y desprende menos carbono, ya sea a la atmósfera o al agua percolante.  Por tanto los Vertisoles deberían ser muy  resiliente a las perturbaciones, mientras que los Arenosoles enormemente frágiles. Obviamente existes otros taxa que, en menor grado, también tienen propiedades arénicas o vérticas, por lo que muchos de ellos deberían tenerse en cuenta, al, margen de los ya mentados Arenosoles y Vertisoles, a la hora de discernir entre resiliencia y fragilidad, en el sentido aludido. Los investigadores que firman el trabajo hablan de superficie efectiva, y esta depende de la textura y la estructura, ahora bien la primera variable es medida usualmente mientras que la segunda no. Por esta razón apelan exclusivamente a la granulometría, es decir a la cantidad de arena, limo y arcilla presente en los suelos. No obstante llama la atención que una sola variable parezca ser tan importante ante la plétora que podrían estimarse. Tal hecho, de ser corroborado por otros estudios, daría a los mapas edafológicos un gran poder predictivo. Debéis tener en cuenta que los suelos de los bosques atesoran, por lo general, una buena estructura, hasta que su deforestación la degrada, surgiendo así la relevancia de la textura.

Como cifras orientativas, a nivel global  los Arenosoles cubren 9 millones de Km2, es decir el 7% de la edafosfera, aunque si tenemos en cuenta las arenas cambiantes y las dunas activas, tal porcentaje alcanzaría la cifra del 10% de la  superficie terrestre emergida. Por su parte los Vertisoles se extienden por 3.350.000 km2, lo cual equivale al 3% de la superficie mundial. Dicho de otro modo, son más abundantes los Arenosoles que los Vertisoles. En cualquier caso, debemos recordar que los suelos francos, con un porcentaje equilibrado de las tres fracciones granulométricas (arena, limo y arcilla), resultan ser los más aptos para la agricultura, aunque de los Vertisoles bien gestionados pueden obtenerse muy buenas cosechas, al contrario de lo que acaece con los Arenosoles.

Reitero que este estudio se me antoja de gran importancia, “de confirmarse sus conclusiones”, ya que ofrecerían variables fáciles de estimar y que son de gran relevancia a la hora de dividir los taxones en las clasificaciones de suelos al uso. En otras palabras, sería relativamente fácil inventariar y cartografiar las áreas más resilientes y las más frágiles a partir de las cartografías y bases de datos de suelos disponibles. Debo reconocer que he sonreído al leer la nota de prensa y consultar el estudio, ya que refuerzan mis conjeturas para alcanzar una definición de suelos mejor que las actuales, basándose exclusivamente en la superficie efectiva y el ambiente iónico.  Os dejo  pues abajo la nota de prensa original.

Juan José Ibáñez

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Biodiversidad, plantas vasculares, selvas tropicales: El papel de los hongos del suelo

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Reserva Forestal de Chiquibul (Belice). Colaje Google images

Los hongos que se esconden en el suelo son esenciales para el mantenimiento de la diversidad de los bosques tropicales y sus pautas de distribución en el paisaje.  

Este post complementa, amplia y  matiza los contenidos de otra entrega previa publicada en septiembre de 2013 y que llevaba por título “El Secreto de la Biodiversidad de los Bosques Tropicales: La Ecología del Suelo“. Se trataba de corroborar la hipótesis de Janzen–Connell que pretendía postular las razones de la gran diversidad de especies vasculares que cohabitan en las selvas en espacios reducidos. Hablamos de una controvertida hipótesis,  aún bajo debate, y que los autores del estudio que analizamos hoy dicen haber corroborado. Eso sí, debemos recordar que una corroboración, a falta de más evidencias, no implica que tal propuesta teórica deba ser aceptada. Para tal fin resulta imperativo que existan numerosas evidencias a favor y muy pocas en contra, hablando en términos estadísticos.

Como ya sabéis los  bosques tropicales son enormemente diversos en plantas vasculares, mientras que la distribución espacial de las mismas resulta ser muy dispersa. En otros tipos de biomas, que atesoran ecosistemas menos heterogéneos, como regla, las especies vegetales tienden a aparecer agrupadas en manchas ajustándose al patrón denominado de  distribuciones contagiosas. Por esta razón los ecólogos, siguen intrigados, buscando ofrecer una explicación de esta dispersión que no se ajusta al último patrón aludido, que es muy “contagioso”.  Conforme a la hipótesis de Janzen–Connell una posible causa podría residir en que los patógenos y depredadores especializados en atacar a ciertos taxones, incrementa su abundancia en mayor medida que la tasa a la que lo hace la especie vegetal afectada, dejando así espacio para que germinen allí otras especies En otras palabras, serían las plagas y depredadores las fuerzas motoras de que los hábitats de los bosques tropicales sean tan diversos en especies y no emerjan los patrones de distribuciones “contagiosas” representativas de la mayor parte de los ecosistemas terrestres. Digámoslo de otro modo adicional, las plagas y depredadores podrían ser los responsables de persista una la alta diversidad por unidad de área de las selvas tropicales húmedas. Entre los candidatos a realizar este filtro de la biodiversidad se encontrarían los insectos, bacterias, virus, etc.

Según la hipótesis de Janzen–Connell, conforme la población de determinadas especies de plantas aumenta, las plagas especializadas que los atacan aumentan a un mayor ritmo. Esto hace que las plagas mantengan a las plantas dominantes controladas y así se da una oportunidad a  la germinación de otras especies. Cuanto más común es una planta más agresivamente parece ser atacada, lo que constituye un mecanismo que mantiene la diversidad.  Así pues, las plagas que atacan a plantas individuales benefician paradójicamente al bosque en su conjunto.

Los autores del estudio rociaron las semillas y plántulas en diversas parcelas de una reserva forestal de Belice, ya con fungicidas, ya con insecticidas, repetidamente a lo largo del tiempo, dejando  otras como control. Tras un plazo temporal concreto (en mi opinión demasiado breve) detectaron que en las áreas fumigadas con fungicidas la diversidad de plántulas disminuyó, mientras que las que lo fueron con insecticidas, no ocurrió lo mismo, aunque sí se produjo un cambio en la distribución de abundancia de las especies. De tal experiencia los autores infirieron que efectivamente los insectos, pero en especial los hongos del suelo parecen ser los responsables de la alta diversidad y dispersión espacial de los árboles de los bosques tropicales lluviosos.

¿Qué opino yo?. Desde luego tan solo mediante una experiencia no puede dilucidarse, es decir, corroborar o refutar una hipótesis, pero es un comienzo. Sin embargo mantengo varias dudas: ¿Por qué los hongos de los suelos tropicales controlan en tal medida la diversidad de las plantas vasculares, mientras que en la mayor parte de los restantes ecosistemas del mundo no ocurre lo mismo?.  Los investigadores que llevaron a cabo el estudio apelan a que se trata de patógenos muy especializados que tan solo infectan una o un grupo reducido de especies. Ahora bien, tal especialización patogénica aparece en otros ambientes, mientras que la composición y dispersión de las especies no parece alterarse de esta forma. Obviamente nos encontramos ante ecosistemas (quizás y solo quizás como veremos en otros post) enormemente antiguos en los que la coevolución puede haber disfrutado del suficiente tiempo como para generar tales estructuras y dinámicas.  Por el contrario, largos periodos de estabilidad no acaecen en la mayoría de los ecosistemas. Por tanto, de acuerdo con la hipótesis de Janzen-Connell, las plántulas que están más alejadas de sus “padres/madres” atesoran una ventaja competitiva, ya que no sufren el ataque de los depredadores y/o de especies patogénicas específicas que se encuentran con mayor frecuencia y densidad alrededor de “papa/mama”. Pero un momento (…) Si consultamos Wikipedia podemos leer:

Este mecanismo ha sido propuesto con vistas a dar cuenta de la diversidad de los bosques, ya que promueve la supervivencia de un número de diferentes especies de plantas dentro de una región localizada. Mientras anteriormente se postulaba tan solo a la hora de explicar la gran diversidad de los bosques tropicales, al menos investigación posterior ha demostrado que también podría extenderse (la hipótesis de Janzen-Connell) en biomas templados (…) ¡Ahhh!. ¿Quizás tal proceso sea más infrecuente en los bosques de otros biomas, como los templados, debido a que el ser humano a arrasado todo vestigio de ecosistemas pristiños?. Pero todo esto no dejan de ser más que especulaciones. El título el resumen de la noticia en ScienceDaily se puede leer:

Los hongos regulan la diversidad de las selvas húmedas tropicales  haciendo que les especies dominantes sean víctimas de su propio éxito.  ¿Especies dominantes?. ¿Entonces las hay?.

¿Y si pensamos en términos agronómicos?. No tendremos razón los que defendemos los policultivos frente a los monocultivos?. ¿Y la rotación de cultivos destinada a disminuir la carga patogénica de los suelos?. Pero ya estoy desbarrando. ¡Me callo! (…) Pues no (…) Esto es lo que se llama “morir de éxito“.

Os dejo pues con la noticia………

Juan José Ibáñez

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Diversidad de Suelos y Diversidad de las Especies

Soy de esos investigadores a los que no les gusta enviar sus papers a los gabinetes de prensa con bombo y plantillo intentando a toda costa que le den publicidad para que aparezca en la prensa de carácter general. Siento un poco de vergüenza ajena ante este tipo de actitudes, por mucho que estén de moda. Hace unas semanas, en la página Web de la “Soil Science Society of America (SSSA)” apareció en portada la reseña de un artículo de mi propia cosecha aparecida en una revista de esta sociedad. Fue la que recibió más comentarios positivos, por lo que la editorial me escribió un mail felicitándome. Hasta aquí la historia que se suele contar, ocultando los verdaderos entresijos que subyacen bajo estas pomposas propagandas. Finalmente serán, con el tiempo, los propios colegas, con sus citaciones o desdén, los que emitan un verdadero veredicto. Os contaré en otro post la historia de este y otro paper con vistas a que  valoréis la tan cacareada objetividad de la revisión por pares. ¡No os lo perdáis!. Vivimos en un mundo repleto de parafernalias en donde el contenido es fagocitado por él continente, hecho que detesto. Sin embargo, hace unas horas pensé que si hubiera procedido de otro autor, la habría comentado, por lo que finalmente he decidido escribir un post de la misma. La reseña o nota de prensa de la SSSA os la proporciono abajo.

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Mapa de los suelos del Mundo que apareció en la noticia de la SSSA acompañando, en su día, a la nota de prensa

Investigadores españoles (léase este impresentable administrador de esta bitácora) e Italianos (Enrico Feoli, sí es realmente un gran científico) han publicado un estudio en el que dicen demostrar que la diversidad de especies biológicas a escala mundial se encuentra principalmente determinada por la diversidad de los suelos a escala global. Estos científicos llevaron a cabo un análisis del número de especies de plantas vasculares, anfibios, reptiles, aves y mamíferos de todos los países del mundo, cotejándolos con el área y número de tipos de suelos (edafotaxa) de los mismos, detectando resultados sorprendentes ¿¿??. Hasta el momento, en esta clase de estudios, la comunidad científica había detectado una clara correlación entre el área y la diversidad de especies. Sin embargo, en el artículo de marras, los autores añadieron también los suelos.

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Imagen (pantallazo) de la página Web de la SSSA en donde apareció la noticia

Los resultados obtenidos por estos investigadores constaron, en primera instancia, que todas las variables se encontraban correlacionadas positivamente con un alto nivel de significación estadística. De aquí, podía haberse inferido que el área también era la principal fuerza determinante de la diversidad los países, ya fuera de especies o edafotaxa. En otras a mayor extensión de un Estado, mayor riqueza de especies. Más aún, en todos los casos, los ajustes obtenidos para cada una de estas variables, incrementaban con el área conforme a una ley de escala o distribución potencial, siendo por tanto huella de una presunta estructura fractal. Tal patrón ya ha sido corroborado en multitud de ocasiones. Sin embargo, la correlación de las especies de todos los grupos taxonómicos se correlacionaban más con los suelos que con el área, lo que sugiere que posiblemente la extensión superficial sea una mera variable subrogada de la heterogeneidad ambiental de un territorio. En otras palabras a mayor área, mayor heterogeneidad ambiental, siendo esta última la que inducirá a que se generen más nichos ecológicos, mayor número de especies y clases de suelos. En consecuencia los autores infieren que, la diversidad de suelos, obtenidos por inventarios georeferenciados y mapas, debiera ser un mejor predictor del número de especies biológicas que el área, siendo esta última la que más utilizada por muchos expertos en biodiversidad al contrario que los edafotaxa. No obstante (…)

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Paisajes Otoñales de la Montaña Mediterránea (Sierra de Guadalupe, Las Villuercas)

En nuestro post anterior sobre los paisajes otoñales mediterráneos nos adentramos en la Sierra de Gredos. Hoy lo haremos en el sistema montañoso del Macizo de las  Villuercas (Extremadura, España), con especial énfasis en la Sierra de Guadalupe, en cuya capital del municipio, que lleva el mismo nombre, se encuentra el maravilloso Real Monasterio de Santamaría de Guadalupe, con su virgen negra, muy relacionado todo ello aunque indirectamente con el descubrimiento de las Américas. Pero ese es otro tema. Continuamos pues mostrando esos maravillosos paisajes otoñales, enormemente biodiversos, gracias a la gestión tradicional de las sierras mediterráneas. Las culturas de montaña dieron lugar a una ocupación del espacio, enormemente variada y sustentable, basada en el aprovechamiento de diversos cultivos y una cabaña ganadera heterogénea  (cabras, cerdos, ovejas, vacas, y más al sur también toros de lidia). Tales mosaicos de vegetación han sido tradicionalmente muy resistentes a los incendios forestales. Por desgracia, el éxodo de la población campesina hacia las ciudades y zonas industriales, tuvieron como resultado la pérdida de biodiversidad, degradación del suelo, la extinción de muchos pastizales de montaña invadidos a la postre por matorrales y finalmente reforestados con monocultivos de coníferas (pinos). Estos últimos, generaron tanto la monotonía como la incidencia de los incendios. Afortunadamente en ciertos lugares de la Sierra de Gredos, y Guadalupe (Comarcas de La Jara, Ibores y Guadalupe) estos sistemas ancestrales no han sido “excesivamente” alterados por las desdichadas reforestaciones con pinares y eucaliptares, amantes del fuego, como todos sabemos. Viajaremos pues hoy a este enclave, dejando para un último post las áreas de menor altitud en donde surgen en todo su esplendor esos singulares sistemas Ibéricos a los que denominamos dehesas en España y montados en Portugal.  Adelantemos que allí se produce la mayor parte del corcho mundial, al margen de otras maravillas que ya narraremos. Resulta difícil en estos bucólicos paisajes discernir entre la naturaleza salvaje y el aprovechamiento agropecuario. Comparen pues estas estructuras con la monotonía de la agricultura industrial y los reiterados monocultivos de coníferas. ¡Que diferencia! ¿Verdad?. Os mostraremos 15 fotos que espero os deleiten la vista.

Entre las especies arbóreas naturales podemos destacar, sin ser exhaustivos,  encinas, alcornoques, quejigos, roble melojo, madroños, castaños (naturalizados hace miles de años),  enebros, pinos, etc (..) En las riveras de los cauces fluviales y fisiografías que dan lugar al almacenamiento de agua, se ubican otros árboles como  los nogales, olmos, chopos, sauces, alisos, loros, y un largo etc. En esta matriz seminaturalizada se instala una agricultura basada en los aludidos cultivos tradicionales, que además del castaño, incluyen olivares, frutales (principalmente perales), huertas familiares con cultivos varios, etc.. Un poco más abajo, en la reliquia geomorfológica edafológica más antigua de Europa (la Raña y sus extraños suelos a caballo entre los Acrisoles, Luvisoles y Plintosoles, es decir posiblemente inclasificables con las taxonomías actuales de suelos) se están expandiendo los viñedos, dando lugar a vinos de estimable calidad. Todo un mundo que explicar, aunque esta vez nos remitimos a mostrar visualmente tal riqueza, nostalgia de lo que hubo hasta que los urbanita, desde sus ciudades, decidieron en aras del ¿progreso? arruinarlo todo. Todo este colorido territorio aumenta por la gran abundancia de castaños (y antiguamente perales) en el dominio del robledal castellano (melojo, marojo o rebollo). Como detalle, os mostramos un ejemplo de un ejemplar de castaño en un enclave en donde llegan a alcanzar los 700 años de edad, 17 metros de altura y 8 perímetro. Prácticamente su nacimiento se remonta a los tiempos de Cristóbal Colón, que por allí creo que también anduvo. Pues lo dicho espero que disfrutéis.

Juan José Ibáñez

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Bosque mixto mediterráneo de montaña. Foto. Juan José Ibáñez

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Paisajes Otoñales en la Montaña Mediterránea (Sierra de Gredos)

Los ciudadanos en España andamos un tato tristes y taciturnos, preocupados por la actitud de nuestra clase política y la crisis económica que los poderes fácticos generaron.  Si escribo uno de los tradicionales post de opinión de los fines de semana me echan de este sistema de bitácoras. ¡Eso seguro!. En cualquier caso, existe ya demasiada indignación en Internet como para seguir abundando en el tema y aburrir a la postre a nuestros lectores latinoamericanos. En consecuencia, durante las próximas tres entregas, expondré fotos de los increíbles paisajes otoñales de la montaña mediterránea del centro y oeste de la Península Ibérica. Tras una larga sequía de dos años, durante octubre y noviembre de 2012 ha caído lluvia en abundancia. Bajo estas condiciones, los paisajes otoñales se me antojan sublimes y en consonancia con la tristeza que muchos ciudadanos padecemos en estos tiempos de crisis. Hoy mostraremos seis imágenes que ilustran tal belleza en la carretera que va desde Arenas de San Pedro a Guisando. Durante el otoño los árboles perennifolios mantienen sus hojas mientras los caducifolios las deprenden lánguidamente, dando lugar durante su marchitez a un bucólico mosaico con un variopinto juego de colores. Se trata de la Sierra de Gredos, un parque nacional, en la Provincia de Ávila. Espero y deseo que al menos alguno, disfrutéis con las imágenes y sus leyendas. Una lástima no poderlas añadir tal cual, sino degradadas para que no se cargue el sistema, ralentizándose la conexión a los ciudadanos que no disponen de banda ancha.  Todas ellas han sido fotografiadas por este impresentable administrador en noviembre de este año del señor. ¡Amen! La próxima semana nos iremos a la Sierra de Guadalupe, en las Hurdes, Extremadura. Las imágenes serán aun más espectaculares, os lo prometo.

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Ladera cubierta por pinos, huertos con arboles frutales, olivares y bosques caducifolios de rivera. Al fondo, entre las nubes comienzan a vislumbrarse pequeños bosquetes del roble castellano o melojo. Foto. Juan José Ibáñez

Por lo que respecto a los suelos de la zona, dominan los Rankers, Cambisoles sobre derrubios coluviales y afloramientos rocosos, preservándose en algunos enclaves suelos con horizontes argílicos. Todos ellos atesoran considerables cantidades de materia orgánica, pH moderadamente ácido y una relativa pobreza en nutrientes.

Al otro margen de la carretera, en donde abundaban antaño los pinares, la masa forestal fue pasto de las llamas hace más de diez años. Hoy el paisaje se recupera, debido a que la precipitación de la zona supera los 1.000 mm anuales. No obstante la talla del bosque es escasa, contratando su monotonía con las imágenes que os mostramos hoy en su estructura mosaicista típica de estos ambientes. El sempiterno problema de las repoblaciones forestales con monocultivos de coníferas.  La antigua vegetación potencial consistía del roble castellano (melojo o rebollo), hoy prácticamente devorada por los susodichos pinares.

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Agua de Lluvia atrapada en tela de araña. Foto. Juan José Ibáñez

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