‘Carpeta sobre Paisajes de Suelos y los Suelos en el Paisaje’

El carbono lábil/soluble de los suelos y sedimentos de las llanuras de inundación y otros hábitats encharcados como marismas y manglares

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Llanura de Inundación en la región Caribeña de Colombia. Fuente en el propio enlace

 Hoy me voy e sumergir en terrenos pantanosos desde dos puntos de vista. El primero deviene en que la nota de prensa que vamos a “¿explicar?” en este post nos informa acerca de la dinámica del carbono de suelos y sedimentos que por estar encharcados ralentizan la descomposición de la materia orgánica que contienen, por los que suele acumularse allí, en donde el azufre desempeña una función importante o vital para el metabolismo microbiano. Se trata de ambientes en los que a menudo abundan los denominados Fluvisoles tiónicos: Suelos Ácido Sulfatados. Mi segunda ciénaga, ya muy personal, estriba en que la bioquímica del suelo que utilicé en mi paleolítico científico (inicios de la carrera profesional), ha pasado a ser patrimonio histórico de la ciencia. Pero si me atrevo a decir que el estudio en cuestión compete a lo que se denomina carbono soluble, más o menos equivalente al lábil, si bien algunos expertos no estarán de acuerdo. No obstante el Dr. Humus así me lo ha hecho saber.  En consecuencia seré breve con vistas a no divagar y hundirme, más aun si cabe, en el fango de la ignominia científica.

 Científicos de la Universidad de Stanford han llevado a cabo un estudio sobre la dinámica del carbono en llanuras de inundación como hábitats representativos de los ambientes encharcados, con escasa o nula concentraciones de oxígeno. Es bien sabido que en estos ambientes la actividad microbiana es baja y la descomposición de la materia orgánica lenta, por lo que los suelos tienden a actuar como sumideros o secuestradores de carbono. Para tales sitios, en conocido desde hace mucho tiempo que la actividad microbiana, a falta de oxígeno, echa mano del azufre, lo cual es advertido en el terreno por la presencia de minerales ricos en este elemento químico. Empero según estos bioquímicos y microbiólogos: “tal carbono subterráneo no permanece necesariamente bajo tierra a largo plazo. Al ser soluble en agua, el carbono puede filtrarse en las vías fluviales ricas en oxígeno, donde los microbios lo consumen fácilmente”. En otras alabras, al parecer, los materiales orgánicos solubles y no utilizados pueden migrar fácilmente a una vía acuática oxigenada en donde fluyen, y se descomponen ya más fácilmente, desencadenando floraciones de algas y otros problemas relacionados con la calidad de las aguas, finalizando en la atmósfera. En otras palabras lo que nos ¿desvelan? Los autores del estudio es que, en hábitats encharcados de esta clase, el secuestro de carbono es menor que el que se pensaba, relacionándolo inmediatamente con el cambio climático, como suele ser habitual, venga o no venga a cuento. Os dejo pues con la noticia traducida (por Google, esta vez sin mi ¡sabia! revisión, por lo que podéis taparos las narices, como cuando estáis delante de los ambientes en cuestión en donde os deleita ese hediondo hedor que desprenden los  denominados Fluvisoles tiónicos (Suelos Ácido Sulfatados). Os añado otros fragmentos de textos de libre acceso en Internet, que pueden ayudaros a entender los tipos de carbono involucrados y algunas cosillas que os aliviaran a la hora de interpretar el texto, si atesoráis los mismos precarios conocimientos que este impresentable bloguero (poco, o nada). La razón es que me acaban de operar ce cataratas en los ojos, por lo que además de perder neuronas también visión.

Juan José Ibáñez

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Geografía del Ecuador ayer y hoy (libro de acceso abierto en Internet)

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Dedicado a mi amiga, antigua alumna y mejor profesional: Loly.

Desde el interesantísimo sitio Web de José Ignacio Sánchez (Nosolosig, revista de Información Geográfica y Geotecnologías) se envían boletines semanales gratuitos sobre la actualidad en materia de geografía y sistemas de información geográfica que conciernen tanto a España como a Iberoamérica.  A primeros de mayo de 2017, José Ignacio nos informaba de la publicación en acceso abierto del Atlas Rural del Ecuador. Ya os explicaba en nuestro post Los Paisajes Culturales: Ecología del Paisaje y Geografía Regional que resulta muy difícil, por no decir imposible, interpretar los cambios territoriales sin entender el manejo presente y especialmente pasado de los usos del suelo en un territorio concreto. El hombre ha ido modificando pertinazmente los paisajes de todo el globo, hasta tal punto que cualquier estudio ecológico, agrario, edafológico o de cambio climático puede incurrir en graves errores si se despecia este tipo de información, práctica por desgracia harto frecuente. Y así se ven publicados en revistas de elevado prestigio artículos repletos de imprecisiones, cuando no barbaridades y sandeces que los autores podían haberse ahorrado de acudir a este tipo de lecturas. Pero la arrogancia de los científicos actuales se me antoja casi infinita (la ignorancia es muy atrevida). Yo aprendí así a interpretar el paisaje cuando realizaba mi tesis doctoral, ya que la teoría ecológica, por sí sola no puede dar cuenta de lo que actualmente observamos, aunque nos parezca un bosque genuinamente prístino.  Debemos agradecer al Gobierno de Ecuador y a José Ignacio esta información. Abajo os expongo ciertos párrafos, así como los enlaces para que adquiráis gratuitamente una versión digital de esta obra, recientemente publicada. Ojalá en un futuro cada país hispanoparlante cuente con una información de tal índole. Reitero que se trata de documentación imprescindible, en cualquier estudio agrario, medioambiental y ecológico.

Todos los países debiéramos tener este tipo de monografías y actualizarlas según los avances científicos nos regalen nuevas perspectivas del pasado e informen de cambios recientes en los usos de la tierra. Esperemos que cunda el ejemplo.

Juan José Ibáñez

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El ‘Soil Survey Manual’ del USDA ha sido actualizado (2017) Manual de Reconocimiento de Suelos (2017)

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El ‘Soil Survey Manual’ de la USDA ha sido actualizado (2017). Y como era de esperar, la noticia ha corrido como la pólvora por Internet. Desafortunadamente, aún no ha sido traducida al español, castellano. Habrá que esperar, pero ya os tendré informados.  No voy aquí a realizar un análisis de los nuevos contenidos.  Tan solo mentar que, en la nueva versión se incluyen por primera vez novedades metodológicas de gran interés, como la cartografía digital de suelos, obtención de información por sensores remotos, procesamiento de datos, normas para la  elaboración de modernos sistemas de información de suelos, etc.  Os dejó abajo con una síntesis de los correos electrónicos recibidos y las variadas formas de acceder al Manual de Reconocimiento de suelos de la USDA en su nueva versión. Espero que sea de interés, para aquellos que aún no tuvierais noticias de esta nueva versión, que sospecho que no seréis muchos. Como veréis también se añade la dirección para todos aquellos que deseen obtener el Manual en formato Papel

Juan José Ibáñez

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Degradación y Erosión de Suelos en México: la sombra trasatlántica de la Alfonsina Mesta (Régulo León Arteta)

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Don Quijote embistiendo a un ” escuadrón” de ovejas. Pintura antigua de Cerro de la silla.Ladera de cerro con terracillas causadas por sobre pastoreo en la llanura Huasteca. El sobre pastoreo del suelo de lo que antes fue selva, ha dejado vastas áreas yermas, incapaces de recuperarse sin ayuda humana (http://sierra-madre-oriental.blogspot.mx/2013/03)

La desertización y especialmente a la erosión de los suelos, que afectan al menos el 77% del territorio mexicano, son provocados por laboreo excesivo y sobrepastoreo. Aunque durante mucho tiempo la erosión fue atribuida a la tala inmoderada. En todo caso, en la época precolombina la desertización y erosión de los suelos, fueron prácticamente inexistentes. Ahora quizá por razones históricas dicho laboreo excesivo y sobrepastoreo, afecten a la mayor parte del ContinenteAmericano.

 Porque en el caso del sobrepastoreo sobresale desde 1273 en España, con la integración de los pastores de León y Castilla,  en el “Honrado Concejo de la Mesta de Pastores“, porAlfonso X el Sabio. Este monarca les otorgó privilegios tales como: como eximirlos del servicio militar, testificar en los juicios, derecho de paso, pastoreo y posteriormente, una fiscalización especial para protegerla de los agricultores.

 A la postre, Carlos V la moldeó para controlarlos mejor, mediante los grandes propietarios nobles y eclesiásticos, cuyos administradores cometían abusos. A causa de estos últimos se provocaron  largos e incontables pleitos entre pastores y agricultores, que se vieron incrementados, debido a la ya tradicional lejanía de los propietarios respecto a sus rebaños, hasta que en el año de 1836 en que fue abolida.

 El acostumbrado sobrepastoreo trashumante practicado por la influyente “Mesta de Pastores” sobre todo en La Mancha y Extremadura del reino de Castilla, provocó la formación de grandes extensiones de hierba y maleza de baja calidad, según Brailovsky. Esta tradición fue el motivo de una de las aventuras alegóricas del “Caballero de la triste figura” y el que después añorara tiempos pasados:

Las claras fuentes y corrientes ríos, en magnífica abundancia, sabrosas y transparentes aguas les ofrecían…”

 En la colonial Nueva España, esta práctica se repitió en el Nuevo Valle de la Extremadura, ahora Monterrey, Nuevo León, México y cuyo emblemático  ”Cerro de la Silla” exhibía nieve hasta el mes de mayo mientras los  valles “siempre eran verdes “, por la interacción de la alta humedad entre ellos y las montañas.

 Sin embargo, el estado actual del paisaje es producto del pastoreo de las ovejas, que en 1635 trajo Antonio Leal y que en 1715 superaban ya un número de cabezas de 1,100,000 al procrearse 300,000 al año, además del ganado mayor, asnal y caballar. Tales hechos fueron compilados por Como Rubio Cano en 1985 (“Desequilibrios ecológicos en el Valle de la Extremadura, asiento y cobijo de la ciudad de Monterrey)”, en la primera reunión del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) Monterrey, N.L.

 Todos estos acontecimientos provocaron el desequilibrio ecológico en ese valle, como indudablemente sucedió también en muchas regiones del resto del continente americano. Contribuyeron también los perennes conflictos de los posesionarios de la gestiones ganaderas o potreros, aledaños con los terrenos de indígenas desde la época colonial y a partir de la Revolución mexicana también con los usufructuarios de los ejidos mexicanos.

 En el estado de Veracruz, existen como nombres relictos: las comunidades de Paso de Ovejas y Boca de Ovejas, sin que haya referentes actuales del motivo de tales denominaciones.

 Así mismo, en la época colonial se promulgaron ” previsiones” en las Leyes de Indias, para el control del pastoreo y de protección forestal, además de las ordenanzas específicas de 1496 y 1518.

 Actualmente las gestiones ganaderas o potreros, son terrenos cubiertos por de vegetación secundaria, gramas o pastos nativos y ocasionalmente con pastos introducidos; todos ellos  cercados con alambre de púas formando los aludidos potreros. Una nieta mexicana de la Mesta Alfonsina resulta ser la poderosa Confederación Nacional Ganadera, sospechosa de la presencia del clenbuterol en la carne que consumimos en México. Anteriormente, dicho ganado deambuló por todo el terreno, buscando algunos brotes más o menos tiernos y de los cuales aprovecha sólo un 5%, mientras defecaba y pisoteaba el resto del terreno.

 Es en las laderas de los cerros, es donde la compactación del suelo por el pisoteo es más obvia, pero con más cuidado se puede apreciar en los terrenos planos y en ambos casos limita tanto el desarrollo de las raíces, como la velocidad de infiltración de la lluvia facilitando los escurrimientos y por ende la erosión hídrica.

 También ha sido otra alternativa de aprovechamiento, de los terrenos agrícolas degradados por erosión. Si bien, este cambio de uso del suelo de hecho fue frenado en México desde los 50 del siglo XX, entre 1972 y 1983 se desmontaron grandes superficies, para transformarlos en potreros. Apoyada dicha alternativa por el Banco de Crédito Rural y el Banco Mundial, se alteró el uso del suelo del 65% de la superficie nacional ( en su mayoría selva, que los expertos consideraban económicamente no rentable), hasta que se vio frenada por la crisis económica de 1982.

 Entre los programas gubernamentales aliados de esta degradación ambiental, sobresale desde 1992 el de “Certificación de Derechos Ejidales” (Procede) impuesto por un dueño de la hipoteca nacional o sea el Banco Mundial. Quien estipuló la figura Jurídica del “Dominio Pleno” en otras palabras, la privatización del ejido, sobreviviente de la propiedad comunal, protegida en época colonial hasta por los reyes de España. Y así se ha favorecido el mercadeo de parcelas, el individualismo, la desintegración de los núcleos agrarios, el incremento de la pobreza y el cambio del uso del suelo. Como resultado, sólo una tercera parte se siguió dedicando a actividades agropecuarias y algunos terrenos agrícolas pasaron a ser pasto de la ganadería extensiva, acelerando más la deforestación, degradación de los suelos y consecuentemente la pérdida de la biodiversidad.

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Paisajes agrarios, regadíos y cambio climático

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Más que una noticia científica, el estudio que presentamos hoy nos informa de algo que todos debiéramos sospechar aunque resulte mucho más difícil de corroborar científicamente (Climatic effect of irrigation over the Yellow River basinLos grandes espacios agrarios irrigados pueden afectar al mesoclima del territorio”. Y así, el escrito termina señalando que “El riego agrícola afecta el clima regional principalmente a través del cambio que sufre la dinámica de las aguas superficiales. Se han realizado investigaciones sobre el efecto del cambio climático causado por el de la humedad del suelo, pero el papel del riego no ha sido suficientemente analizado”. Gloriosa conclusión. ¡Sin comentarios!. Un momento….. Si existe algo de sustancia.  Desde que el hombre es hombre, ha deforestado grandes extensiones de terreno, como por ejemplo usando el fuego. Y además desde que se descubrió el riego, se han cultivado con este sistema espacios geográficos muy amplios en muchos lugares del planeta, dando lugar al nacimiento de civilizaciones que, a la postre crearon una retroalimentación positiva, es decir irrigado más, deforestado más, etc. Por lo tanto, el cambio climático antropogénicamente inducido comenzó en el Paleolítico y se recrudeció en el Neolítico. Pero todo ello ya lo explicamos hace años. El Antropoceno pues comenzó tras el Pleistoceno o antes, que no hace unas decenas de años como defienden los que se olvidan del pasado

 Obviamente, la evaporación de grandes cantidades de agua del suelo a la atmósfera debe repercutir sobre las condiciones climáticas del lugar, de igual modo que una menor evaporación realimenta sequías. Ahora, nuestros sabios se afanarán en la búsqueda del Santo Grial, es decir un modelito o algoritmo que pretenda infructuosamente predecir cuáles serán  las consecuencias usando unos pocos parámetros. ¡Misión Imposible!, como ocurre con las relaciones deforestación-cambio climático a escala regional, y esas sí que han sido objeto de numerosos estudios, desde el Amazonas hasta la “Madre Rusia”. ¿Resultados?: Ninguno, o simplemente la banal conclusión de que la pérdida de masas forestales genera un descenso en las precipitaciones del espacio afectado sin poder precisar más.

 La razón resulta ser trivial en ambos casos. Todo depende de la extensión del área analizada, del tipo de clima, del tipo de suelo, del tipo de vegetación, del tipo de riego y así un largo etc. No hay fórmulas milagrosas cuando entran en juego tantos factores. En el mejor de los casos, aun suponiendo que un modelito se ajuste a lo que acaece en un territorio, jamás será extrapolable a otro. Y tal dilema en la ciencia actual, en lugar de que los expertos reconozcan la dificultad insalvable del tema, tendrá como resultado la publicación de tropecientos artículos científicos en los que se divague hasta la extenuación sobre un asunto sin solución científica, hoy por hoy. El problema no es el proceso, que seguro que se da en la naturaleza,al alterarse los balances hidrológicos de regiones amplias. Y de eso en Rusia saben mucho, ya que nefastas planificaciones en la elaboración de planes hidrológicos con vistas a extender la agricultura de regadío, dieron lugar a desastres ecológicos de un enorme calado.

 ¿Tiene usted calor en este momento?. ¿Dispone de una manguera de riego para refrescar el suelo o el césped?. Si usted atesora tal fastuosa herramienta tecnológica, seguro que podrá refrescar un poco al aire a su alrededor. Pero tal hecho es trivial, mientras encontrar soluciones mágicas otra muy distinta. Piense en global y prediga localmente, como mucho. Y si se aburre, redacte un artículo sobre cualquier cosa que pueda afectar al clima de un modo u otro; hay tantos y tantos factores que de un modo u otro pueden afectar al sistema climático……….

Y cuando el agua subterránea escasee o la fluvial sea usada antes de alcanzar el área estudiada, volverá a cambiar el clima. ¿Verdad?.

Os dejo pues con esta fastuosa noticia de papel mojado.

Juan José Ibáñez    

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Las Rocas desprenden enormes cantidades de nitrógeno al suelo

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El nitrógeno que desprenden las rocas al suelo. Imágenes de El Himalaya y los Andes, Fuente: Imágenes Google

¿Cómo?. Según el estudio que presentamos hoy los autores defienden que la respuesta es afirmativa. ¡Qué lástima que estudios tan interesantes, como el que os vamos a mostrar hoy, se encuentren salpicados de imprecisiones, propaganda y, como, no alusiones continuas al cambio climático, varias de ellas sin sentido. Pero a lo que vamos. Se trata de una sorpresa para todos aquellos que trabajamos en el mundo de los suelos y sus relaciones con los restantes compartimentos de la biogeosfera global. “hasta el 26 por ciento del nitrógeno en los ecosistemas naturales proviene de las rocas, y la fracción restante se capta de la atmósfera”, exclamas estos investigadores” (…)  la meteorización del nitrógeno resulta ser una fuente de nutrientes globalmente importante para los suelos y ecosistemas en todo el mundo (…)”Estos resultados van a requerir la reescritura de los libros de texto“. Suponiendo que indagaciones posteriores confirmaran los resultados de esta investigación, efectivamente, sí habría que redactar de nuevo los manuales de edafología. Empero la ciencia requiere corroboraciones que confirmen este aserto. “Un árbol no hace un bosque”. Del mismo modo apuntan, como era de esperar, que tal aportación litológica, hasta ahora desconocida, varía según rocas, ambientes y paisajes. Sin embargo, la nota de prensa no explicita cuales, que tipo de rocas, si bien precisan más en espacios geográficos concretos.  

Respecto a los locuaces  y repetitivos comentarios del cambio climático, reitero que algunos pueden ser apropiados, pero la mayoría no. Eso sí, en vista de la originalidad del estudio, no analizaré en detalle cada uno de ellos. Mejor callarse y dejaros con la noticia, ya que desde el punto de vista de las ciencias del suelo, de ser cierta, no cabe duda que sería una gran aportación.  

Os dejo ya con la noticia traducida del inglés al castellano español.

Juan José Ibáñez

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Adiós Humedales Adiós (… y suelos hídricos)

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Colaje de Google imágenes

Al paso que vamos, un día no muy lejano, aquellos humedales que alegraban la vista y refrescaban el ambiente serán un recuerdo y/o charcas atiborradas de residuos malolientes.

 Como me alegraría poderos ofrecer noticias que nos alegraran a todos sobre la naturaleza y el hombre. Sin embargo, la prensa se encuentra repleta de notas de prensa preocupantes cuando no dramáticas, aparentes descubrimientos científicos que nos narran hallazgos intrascendentes, ¡Cuánto viejo vino en nuevas botellas!. Y si hablamos de tecnología, nos narran novedades que sirven de poco, u ocultando sus lados oscuros por ser dañinas para el medio ambiente, la salud humana o el control del procomún ciudadano diezmado por la avaricia de multinacionales y gobiernos sin escrúpulos. A menudo me entran ganas de cerrar la bitácora porque termino malhumorado.   Pero vayamos ya al tema que hoy nos preocupa y mucho. Abajo os dejaré los enlaces sobre varios post precedentes relacionados con el tema y más de 20 páginas de noticias que tan solo tienen el propósito de serviros de ejemplo entre otras miles.

 La superficie de España, como la de casi todos los países del mundo, se encontraba antaño salpicada de hermosos humedales, lagunas y charcas que embellecían el paisaje y enriquecían su biodiversidad. Sin embargo, actualmente han desaparecido en su inmensa mayoría. Hoy incluso nuestras zonas húmedas más emblemáticas, como Doñana, la Albufera y el Delta del Ebro, todas ellas mundialmente reconocidas y “en teoría protegidas”, corren graves riesgos de desaparecer, siendo muchos son los que piensan que tal proceso es ya irreversible, como nos informa SEO/BirdLife. De acuerdo a esta organización: el 64% de los humedales del mundo ha desaparecido del planeta desde 1900. Tal cifra ascendería al 87% si calculamos su extinción desde 1700. Más aun, según las mismas fuentes, en España, el 80% de los ecosistemas húmedos dulceacuícolas restantes padecen severos síntomas de degradación. “Adiós humedales adiós”. El Homo sapiens, piensa ya poco de por sí, y al parecer nada en la biosfera, así como la enorme belleza, valor y riqueza del mundo natural. Empero necesitamos sus enormes servicios ecosistémicos, les guste a algunos o no. Por lo que todo este drama del teatro ecológico ya nos pasa una dramática factura.  

 Las causas de tal pérdida son tan numerosas como para no poder enumerarlas aquí. Millones de maneras de infringir daños o extinguir la riqueza y variedad de la biosfera. Digamos que su aprovechamiento agrícola, y en el pasado también el riesgo de paludismo que padecían los hombres y mujeres que vivían en sus proximidades, dio lugar a la destrucción de parte de los mismos. Sin embargo,  hoy en día la sobreexplotación de las aguas subterráneas, junto a los trasvases de aguas corrientes inter-cuencas (como amenazan constantemente a las Tablas de Daimiel), ha dado cuenta de otros tantos  ecosistemas de la misma índole. Por su parte, en el litoral, primero la agricultura y luego el sellado urbano generado por la litoralización de la población (expansión de ciudades, polígonos industriales, residencias turísticas, cultivos bajo plástico, etc.) también han generado estragos devastadores, en el seno o cerca de los ambientes costeros. En países como España, pero también en otros muchos, la presencia de agua se encontraba correlacionada con la de los suelos más fértiles, hoy sepultados bajo asfalto y cemento, de tal modo que hemos descapitalizado la edafosfera más valiosa, perdiendo gran parte la soberanía alimentaria. En otros países, las perdidas en vidas humanas y los miles de millones de euros que cuestan los “denominados desastres naturales” causados por huracanes, tifones, etc., alcanzan cifras escandalosamente escalofriantes. De haber respetado aquellos ecosistemas, casi nada de lo ocurrido hubiera tenido lugar.   ¿Desastres naturales?. No tanto, sino que tales desgracias han sido más bien causadas  por la codiciosa sociedad que padecemos.

 Nuestros políticos no parecen percatarse de que aunque los humedales ocupan exiguas extensiones en comparación con la tierra firme que les rodea, albergan una biodiversidad impresionante. Por ejemplo, en las zonas áridas del SE Español, y más concretamente en Almería, acabo de publicar un trabajo en el que constata que el 50% de las comunidades vegetales, surgen de los lechos fluviales pedregosos de las ramblas, ocupando estos últimos menos del 1,5% de sus superficie. En este tipo de cauces,  generalmente secos, surgen afloramientos de las aguas subterráneas, dando lugar a maravillosas islas de biodiversidad y edafodiversidad.

 La pérdida de las comunidades dulceacuícolas de tal índole, no solo amenazan las plantas y pequeños invertebrados que allí habitan, al margen de crear una insufrible monotonía del paisaje, sino que lo mismo ocurre con peces, anfibios, reptiles y algunos mamíferos, así como de otras formas de vida. Más aún, muchas especies biológicas que no habitan directamente sobre las mentadas zonas húmedas, dependen a menudo de ellas con vistas a cubrir sus necesidades de agua. Por lo tanto, al desaparecer las primeras, no es infrecuente que se corra el riesgo de terminar dañando gran parte de la cadena trófica de los paisajes circundantes, siendo pues afectados espacios geográficos mucho más extensos. A menudo, la prensa general tan solo nos informa de la gravedad que sufren las enormes y diversas bandadas de aves migratorias que necesitan ineludiblemente de estos ambientes en sus recorridos anuales, siendo tan solo la punta del iceberg.

 Reiteremos una vez más que, en los litorales de diversas zonas del mundo, la desaparición de estas barreras naturales termina pasando factura, en forma de ingentes pérdidas en términos de vidas humanas, económicas y ecológicas, al dejar de frenar la violencia de huracanes, tifones y tsunamis que antaño proporcionaban las zonas húmedas a los lugareños ante tales desastres naturales, que de este modo no lo eran tanto como en la actualidad.       

 Aunque no se trata de pérdidas en sentido estricto, la contaminación de las aguas superficiales y subterráneas también ha asolado, estos ecosistemas acuáticos, por cuanto  sus aguas se han visto transformadas de elixir en veneno. Empero también los humedales atesoran otros servicios ecosistémicos como dulcificar los mesoclimas locales y secuestrar ingentes cantidades de carbono atmosférico a escala global. Algunos científicos sostienen que tal hecho ya ha repercutido en los climas regionales a gran escala.

Muchas regiones del globo, e incluso civilizaciones enteras crecieron sobre la fertilidad de los deltas que tapizan la desembocadura de los grandes cauces fluviales. Hoy, la cadena de embalses que los jalonan interrumpe el aporte de sedimentos, impidiendo contrarrestar el delicado balance que los mantenía en equilibrio meta-estable frente a la erosión marina. Decenas, por no hablar de millones de personas corren el riesgo de padecer hambrunas.

 Tarde y mal, algunos despiertan de su letargo, decidiendo crear humedales artificiales. Empero los contados casos en los que tal hecho ocurre, no compensan las perdidas de los naturales. Veamos por ejemplo el panorama en EE.UU.

 Según “ActionBioscience”: entre los años de 1780 y 1980, los 48 Estados inferiores perdieron el 53% de los humedales originales, equivalentes  a 42 millones de hectáreas. Por su parte, veintidós Estados han perdido el 50% o más de sus zonas húmedas naturales, siendo California la que encabeza el ranking al desaparecer el 91%, mientras que Florida ha sufrido la mayor reducción en términos de extensión (3.76 millones de hectáreas). Las causas principales han resultado ser la agricultura y el desarrollo urbano, como en la mayor parte del Planeta. Más recientemente, las pérdidas de los humedales dulceacuícolas han alcanzado la espeluznante cifras del 98%.  Un fenómeno tan alarmante ha acaecido también en Nueva Zelanda, ya que solo persiste el 8% de los humedales originales.

 Debemos recordar que no existen cifras contrastadas para la mayor parte de los países del mundo. Pues bien, retornando al caso de EE.UU., durante la administración Obama, el Departamento de Agricultura (USDA), parece haber realizado un gran esfuerzo con vistas a sanear su más que depauperado medio ambiente rural, fomentado la conservación de las enclaves de agua dulce e induciendo la creación de otros artificiales en las granjas, sustituyendo los abonos químicos por una agricultura orgánica, a la par que animando a que sus agricultores construyeran charcas al objeto de mantener la vida salvaje y obtener otros productos con valor en el mercado, como la cría de cangrejos. Pero con el cambio de reemplazo de su Presidente, comienzan a sonar lasTrumpetas del Apocalipsis”.  Los Boletines electrónicos de la USDA se encuentran, hoy por hoy, casi fuera de servicio desde un punto de vista ambiental.  Más económico. ¿verdad?.

 Reitero que abajo os he incluido abundante información sobre las millones de maneras de destruir, asolar y devastar, pero hay muchas más.

 La cuestión ya no estriba pues, en que podemos hacer con los humedales, sino con la propia especie humana. Adiós, humedales adiós.

 Juan José Ibáñez

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Los Suelos y la Preservación del Patrimonio Cultural (primeros ensayos metodológicos)

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Los suelos y el patrimonio cultural del pasado

Suelos y patrimonio cultural. Fuente: Colaje Google imágenes

Una extensión considerable de los suelos del mundo esconde y preservan parte del patrimonio cultural de nuestros antepasados.  No es fácil saber dónde, si no se usan nuevas metodologías y prospecciones detalladas. El desarrollo de infraestructuras y en parte también el laboreo puede destruir valiosas joyas que nos impidan conocer ciertos aspectos y episodios de la historia de la humanidad. Personalmente he venido defendiendo esta “función de preservación” desde hace unos 12-15 años, prácticamente ignorada por la inmensa mayoría de los expertos en la ciencia del suelo. Sin embargo, actualmente algo comienza a moverse.

La Unión Europea, desde el Joint Research Center, en el antaño denominado Buró Europeo de Suelos (European Soil Buro -ESB) y ahora renombrado como Centro Europeo de Datos (European Soil Data Centre -ESDAC), ha publicado un ensayo con propuestas metodológicas sobre el tema al que aquí aludimos.  Y utilizo el vocablo ensayo ya que se me antoja aun poco serio y aún menos riguroso. Sin embargo, algo es algo. Abajo os dejo la noticia traducida del suajili al español castellano, que incluye tal intento, reitero que en mi opinión aún muy prosaico. Sin embargo resulta recomendable leerlo. Del mismo modo, también se acaba de publicar un artículo científico acerca de la relación entre suelos y patrimonio cultural en donde se ofrecen más detalles.

Con vistas a conseguir tales objetivos, los autores y proponentes de la aproximación hacen uso de la base da datos de suelos de Europa, de la cual fui coautor. No se trata pues de una aproximación cuyas bondades permiten aplicar el procedimiento al conjunto de Europa, sino que esta es la base de datos de mayor cobertura y la han usado para testar, o mejor dicho publicitar las presuntas posibilidades que ofrece. Lo que a uno termina por irritarle, es que el primer autor, Mark, formaba parte conmigo del Comité ejecutivo del ESB en los inicios del siglo XXI. Yo insistí en el interés de este tema, a la que hicieron caso omiso la mayor parte de sus integrantes, y entre ellos Mark. Y unos 15 años después la hacen suya, aunque no aportan nada relevante. Muy al estilo inglés, la maniobra de este investigador, que aterrizó en aquel grupo, pesar de no tener ni idea de lo que era un suelo, demuestra como se las gasta la diplomacia y argucias  de los “British”. Abajo también os muestro algunos ejemplos extraídos de mi Researchgate (repositorio de las publicaciones escritas y publicadas a lo largo de mi trayectoria profesional) escritos en aquella época en donde se da fe de lo que digo. Luego publiqué varios artículos en revistas indexadas y capítulos de libros. Nada de ello consta en la bibliografía sobre la que se apoya Mark, con bastante descaro y poca ética.

¿Qué es lo que han hecho estos autores? ¿Qué nos proponen?. Cada tipo de suelos atesora unas propiedades que propician la conservación de ciertos compuestos y artefactos, o todo lo contrario. Unos edafotaxa pueden ser más apropiados para la conservación de ciertos restos que otros. Es decir, dependiendo de sus propiedades ciertos tipos de suelos pueden albergar algunos restos mejor que otros, o ninguno. Basándose en la mentada base de datos, y con algunos conocimientos de suelos nada complicados, es posible mostrar “mapitas”, muy atractivos sobre las coberturas edafológicas que mejor permiten conservar cierta clase de artefactos, materiales y compuestos de interés cultural. Entre ellos se citan huesos, dientes y conchas, sustancias orgánicas, metales y alecciones que dan cuenta de antiguos asentamientos (Cu, Fe y bronce), etc.  Y aquí termina todo. Es decir lo que parece una iniciativa novedosa no lo es, y sobre lo que se denomina predicción….. (prefiero no pronunciarme). Fin del cuento.

La cuestión estriba en que los artefactos de interés cultural han sido ubicados a lo largo del tiempo de forma dispersa por una gran variedad de enclaves, y los “mapitas” no dan, obviamente cuenta de ello, sino de los sitios en donde ¿pudieran? encontrarse mejor preservados, lo cual no quiere decir que los atesoren. Y todo ello en función de las premisas de las que parten los autores, que aun permanecen por ser corroboradas. Usando un mapa a escala 1:1M, es decir a escala muy grosera, poco se puede predecir, ya que se buscan asentamientos de reducidas extensiones y la generalización cartográfica omite muchos tipos de suelos minoritarios que también están presentes en las unidades de mapeo, aunque no aparezcan.

No obstante, soslayando estos procelosos y lamentables modos de proceder, al menos algo comienza a agitarse (¿verdad Mark?: ese colega que en su momento lo que yo defendí le entró por una oreja-que no oído- y le salió por otro), lo cual agradecerá la comunidad de edafólogos. Debo reconocer que trabajos oportunistas de esta catadura pueden ser positivos para todos los que amamos el mundo de los suelos. Eso sí en mi Researchgate, queda constancia de que no se trata de una inquina personal, sino hechos demostrablemente contumaces. Así se escribe hoy en día la historia de la ciencia.

Os dejo pues con la noticia……..

Juan José Ibáñez

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¿Cuáles Fueron Los Primeros Tipos de Suelos y Paisajes de Suelos de la Superficie Emergida de los Continentes?

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¿Paisaje parecido al que albergó los paisajes Primigenios? Curso de Agua en el Desierto de Atacama. Fuente: BlogCritics

Respuesta inmediata: ¡A saber!. La respuesta científica a la luz de los datos recopilados hasta 2016 es el motivo de este post. ¿Y en el futuro, conforme se descubran nuevas evidencias? ¡A saber!. Desde que en la década de los noventa del siglo pasado leí el primer libro de paleosuelos bien documentado, lógicamente se ha progresado bastante en los detalles, aunque no tanto en la sustancia. Es obvio que abordamos un tema de investigación muy complejo, como todos los relacionados con periodos paleozoicos o anteriores, con independencia del objeto de estudio. Abajo os hemos añadido algunos de los post editados hasta el día de hoy . Sin embargo ruego al lector que lea las dos últimas entregas, por cuanto se trata de publicaciones de 2016.  Sobre ellos se basará este post.

El primer problema surge al considerar que entendemos como suelos. Empero si soslayamos este asunto y sacamos de la ecuación los suelos hídricos y/o sumergidos, recientemente incluidos en la Clasificación Norteamericana de suelos (USDA- Soil Taxonomy), así como la de la FAO (WRB), entre otras, podemos comenzar a especular sobre argumentos científicos. Es decir, hablamos de conjeturas.  Los dos últimos post relacionados dan cuenta de hechos interesantes, como por ejemplo que, según algunos autores, fue la colonización de la tierra emergida por las plantas la que conformó la composición de la atmósfera actual, al liberar sus suelos/proto-suelos ingentes cantidades de oxígeno. Sin embargo se puede alegar que aquellas primeras plantas, relacionadas con los actuales musgos y hepáticas, no poseían sistemas radiculares propiamente dichos, por lo que los materiales “¿más o menos edafizados?” eran fácil presa de los procesos erosivos. No obstante, el último de los post editados, nos informa que aquellos primeros vegetales, ya extintos desde hace cientos de millones de años, finalmente evolucionaron hasta desarrollar sistemas pseudo-radiculares que, por lo que se sabe, anclaban la vegetación hasta un metro de profundidad, o quizás más.  Todo aquello ocurrió en el paleozoico y antes de que sobre la faz de la tierra surgieran las gimnospermas.  Pero a lo que vamos.

El patrón espacial de aquella invasión de la superficie terrestre por la vida acuática sigue siendo el mismo que yo publiqué en 1990, en base a estudios previos de finales de la década de los 80, por edafólogos que, a la postre, terminaron siendo buenos amigos personales. Casi todos los científicos del suelo y disciplinas afines presuponen (y no voy a discutirlo aquí), que la vida penetró en los continentes y archipiélagos por sus rutas más húmedas, es decir los corredores fluviales, tardando tiempo en independizarse se ellos.  Por tanto, se trataría de cuerpos edáficos asociados a los sedimentos que arrastran los ríos y depositan en sus márgenes, como las llanuras de inundación. Pues bien, de ser cierto, todo induce a pensar que los primeros edafotaxa sobre la tierra fueron denominados  Fluvisoles, conforme a la WRB. Ahora bien, si y solo si, aquellos ecosistemas del pasado atesoraban ya nada despreciale cantidad de materia orgánica, bajo encharcamientos prologados podían ralentizar su descomposición, por lo que no cabe descartar la presencia de Histosoles (es decir, suelos turbosos), estando los Gleysoles quizás  “provisionalmente” descartados, por cuanto no reciben aportes periódicos de los sedimentos arrastrados por las aguas corrientes. Es decir, si la vida avanzo en tierra firme por estos corredores, el agua o los sedimentos que acarrean condicionarían la formación de los primeros tipos de suelos conforme a las clasificaciones actuales y soslayando los posibles suelos subacuáticos a menos de 2m de profundidad, que denominados dentro de varios grupos de edafotaxa de la WRB con el calificador límnico.

No obstante, todo este escenario general, avalado a fecha de 2016 por la literatura científica, soslayan la presencia de zonas húmedas no relacionadas con los ríos, en las que la planitud del relieve, y en el caso de recibir abundantes lluvias, podían dar lugar a cuerpos de agua. En este sentido puede replicarse que al no estar asociados a los corredores…….  probablemente se encontrarían carentes de vida, por lo que no podríamos hablar de suelos en sentido estricto. Sin embargo el modelado terrestre evoluciona, por lo que ciertas zonas previamente conectadas pueden con el tiempo dejar de estarlo.  En consecuencia, personalmente no descartaría la formación de Gleysoles.

Pero dejémoslo aquí. No conviene nunca especular sobre especulaciones que proceden de considerar como válidas otras especulaciones precedentes, algo que no deja de ser habitual en las ciencias naturales-históricas. Y como la ciencia asevera que fuera de estos corredores no había vida, cabe cavilar como serían aquellos paisajes de suelos. Si partimos de que, al alegarse de los ríos el mundo vivo se esfumaba, y como corolario tampoco la materia orgánica generada por su descomposición, los suelos se limitaban a la orilla de los ríos, estando el resto de los continentes cubiertos por mantos de sedimentos y rocas desnudos. Hablamos pues de paisajes yermos carentes de cualquier atisbo de organismos vivientes.  Por lo tanto, si hacemos uso de la útil y sencilla clasificación de los paisajes en parches corredores y matrices, conforme a ciertas escuelas de la denominada ecología del paisaje, cabría argumentar que los paisajes de suelos consistirían en corredores lineales en el seno de una matriz no edáfica. Por lo tanto, puedo preguntaros, ¿existe “algo parecido” actualmente, al menos a nivel visual, es decir a vista de pájaro?. Pues francamente todo esto me recuerda a la fisonomía de los paisajes (muy) desérticos, en los que la vida suele limitarse a ciertos tramos de los corredores fluviales con aguas más o menos permanentes, ya que otros son efímeros y suelen permanecer secos durante muchos años, como los uadi y ramblas. Pues bien, ya vislumbramos una primera impresión  de aquellos extensos territorios en donde los suelos comenzaron a invadir y “colonizar”la tierra.

¿Y eso es todo?. No necesariamente. La denominada Glaciación global, que convirtió  a la Tierra en una casi interminable masa de hielo, antecedió al Paleozoico. Sin embargo, a parte de la glaciación Pleistocena, los expertos alegan que existieron dos previas. Conforme la actualmente reconocida  cronología de las glaciaciones, existieron dos más durante el Paleozoico, es decir “más o menos por aquellos tiempos en los que la vida tierra firme fue colonizada por la vida: (i) Karoo  (360 – 260 millones de años) en el Carbonífero y Pérmico y (ii) Andina-Sahariana (450 – 420 millones de años) durante el Ordovícico y Silúrico. Así pues, no debemos descartar la formación de cursos de hielo, nichos y otros modelados glaciares por los que la vida pudo ascender desde los océanos en sus presuntas épocas interglaciares. Y por tanto, también podrían haber aparecido los primeros Criosoles. ¿Y por fin se acabó todo?. Ha terminado juego de conjeturar. Pues sí, porque intencionalmente paro aquí. Sin embargo, conforme se añaden detalles a la sencilla conjetura inicial, sostenida en muchos libros de texto, el paisaje mental se complica, y como resultado también la posible existencia de otros potencialmente reales que pudieron acaecer.

El problema no reside en  proponer modelos sencillos, sino creérselos a ciegas, ya que en ciencia, como en otros ámbitos del saber, el diablo se oculta en los detalles Y cuanto más se cabila y se documenta uno personalmente……

Juan José Ibáñez

Algunos post previos relacionados con el tema……

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Los biocarbones o carbones pirogenéticos en los suelos del mundo. Una sorpresa inesperada

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Biocarbones  como práctica campesina: Fuente: Mother Earth News

La noticia que os vamos a comentar hoy (Taking stock of charcoal in the world’s soil) me ha causado una gran sorpresa, aunque tras meditar los contenidos parece lógica. En mi modesta opinión, esta es la mayor virtud del estudio. Los autores nos informan que, conforme a sus cálculos (aun con grandes incertidumbres), el 16% del carbono de los suelos del mundo posee origen pirogenético (PyC), lo cual resulta ser una cantidad ingente. Este tipo de materia orgánica del suelo (MOS) se puede generar por incendios naturales, la quema de rastrojos o la producción del ya mentado biochar (en sus diversas modalidades para mejorar las propiedades del suelo, o secuestrar carbono de la atmósfera), de los cuales hemos hablado con profusión en numerosos post de la bitácora. Por tanto, una mirada retrospectiva al papel de la MOS en los suelos y la biosfera adquiere una nueva dimensión, en la cual el fuego se alza como un protagonista de primer orden.

 Los incendios naturales se han producido siempre y ellos dan lugar al carbono pirogenético, como también la quema de residuos agrícolas desde tiempos inmemoriales. Ya hemos comentado estos carbones pirogenéticos se descomponen muy lentamente, actuando como secuestradores de carbono atmosférico.  Más aun, en algunas regiones “el PyC representa hasta el 60% de la materia orgánica edáfica”. ¡Tremendo!. Su mayor abundancia acaece en las regiones tropicales y decrece hacia los Polos. Lo mismo ocurre en los paisajes agrarios respecto a los que atesoran vida salvaje, lo que denuncia el importantísimo papel del ser humano en el secuestro de carbono que atesoran los suelos desde hace miles de años. Eso sí, los autores no nos informan, de lo que ya conocemos sobradamente, es decir que existen PyC capaces de retener agua y nutrientes mientras otros no. Esperemos que su iniciativa nos aclare en los próximos años que porcentaje almacenan los suelos de cada una de restas formas.

 Los investigadores que han publicado el artículo también comentan que: “Los pH elevados, y los suelos ricos en arcilla parecían retener el carbono orgánico pirógeno mejor que cualquier otro tipo de suelo”. Este resultado era de esperar, para todos aquellos que hayan trabajado mínimamente sobre el tema.  De aquí que debamos inferir que la actividad humana ya ha secuestrado de la atmósfera ingentes cantidades de CO2, miles de años antes de que este tema se pusiera de moda, algo así como si estuviéramos descubriendo la dinamita. Como siempre, nos creemos innovadores, cuando en realidad imitamos a nuestros ancestros y su conocimiento campesino (ver los numerosos post al respecto que alberga nuestra categoría: etnoedafología y conocimiento campesino), y con mucha dificultad.

 El estudio ha sido llevado a cabo haciendo uso de minería de datos de investigaciones precedentes publicadas en la literatura, lo cual conlleva ineludiblemente incertidumbres. Ahora bien, como veréis en la noticia original que os muestro abajo (como también en el artículo científico que se encuentra en acceso abierto), se ha liberado una base de datos en acceso abierto que permite obtener tal información, pero también enriquecerla con nuevas contribuciones. Es decir hablamos de una investigación participativa de gran interés. He traducido todo el texto del suajili al español-castellano,  por lo que os dejo sin más con sus contenidos. Buen trabajo. ¡si señor!.

Juan José Ibáñez

veamos pues la noticia……..

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