Archivo para la categoría ‘Carpeta sobre Paisajes de Suelos y los Suelos en el Paisaje’

El Microbioma del Suelo (un ejemplo de las praderas norteamericanas)

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Las extensas paraderas de Kansas. Fuente: Colaje Google imágenes

 La nota de prensa de la que vamos a hablar hoy nos informa de la enorme diversidad de especies bacterianas  en las extensas praderas de Kansas. Para ilústralo escojamos tres breves fragmentos: “el suelo es testigo de la increíble diversidad y el caos de la vida dentro de incluso el puñadito más pequeño de tierra. Sólo una cucharadita de suelo de Kansas contiene decenas de miles de especies microbianas” (…) “Jansson considera que la labor de desentrañar las comunidades microbianas del suelo resulta ser una tarea especialmente difícil ya que existe una diversidad enorme. Los científicos estiman de 50 a 100 veces más especies microbianas las que habitan una muestra de suelo típico que  en el intestino humano. Además, la mayoría de los microbios del suelo nunca han sido cultivados en un laboratorio en el que se podrían estudiar a fondo” (…).  “El suelo es uno de los ecosistemas más complejos y diversos del planeta. Es un sustrato tridimensional complejo; No hay nada que se le parezca. Ya os hemos ido informando acerca de la extraordinaria diversidad de los organismos del suelo. Empero hablar de especies bacterianas resulta ser un tema más que espinoso, yo diría que es como andar por arenas movedizas, o navegar por aguas turbulentas, como podréis por ejemplo ver aquí: genómica bacteriana”. Por lo tanto la pregunta/respuesta  del millón de euros sería pues: ¿cómo se puede cuantificar la diversidad de bacterias de un volumen dado del suelo, si no disponemos de un concepto aceptado de las mismas, como ocurre con todos o casi todos los procariotas?. Empero cuando la maquinaria de la secuenciación masiva de los “toca genes” se pone en marcha, no hay falta de conceptos que les frene. Ellos estiman la variedad genética, es decir el microbioma del suelo en su conjunto, para a la postre señalar que existen tropecientas mil especies. Punto y final.  ¿Y qué ocurre con la  de la enorme promiscuidad que implica el flujo horizontal de genes entre bacterias que no se encuentran estrechamente vinculadas desde el punto de vista filogenético?. Al parecer ¡les da igual! (La Extraordinaria Genética de los Microorganismos del Suelo).

Personalmente me interesa, como a casi todos los lectores el microbioma del suelo. Ahora bien este es un problema y la diversidad de especies otro distinto, hasta que alguien desenrede la enmarañada madeja, o acierte milagrosamente a regalarnos con un concepto de especie apto para todo al árbol de la vida.  Y hoy por hoy no se atisban respuestas en el horizonte.

 En cualquier caso, debido al perfeccionamiento de los progresos realizados para las secuenciaciones masivas del genoma de las muestras, así como de su velocidad de procesamiento, los “toca genes” se asombran de todo.  Y así conforme mejoran estas técnicas instrumentales y se exploran más hábitats y muestras, más cara de bobos se les pone y más tonterías redactan en la literatura científica (ver por ejemplo el post El Microbioma del Suelo en Central Park (Nueva York).  Por lo tanto, y por citar un caso cualquiera, si un día, a un equipo de investigadores se le “escurre” la hedionda idea de estudiar los virus que contienen  las aguas residuales, no debe extrañarnos en absoluto que nos vengan a decir algo así como: Hallado el Mayor Punto Caliente de biodiversidad Vírica del Planeta: Las Aguas Residuales”. Un paper más en una revista de campanillas, una muesca a añadir al revolver del pistolero. Entre toda esta la retórica que podréis leer en la nota de prensa original que se esconde una única novedad que resulta ser: “(…) incluyen la primera reconstrucción del genoma completo de un solo microbio en un muestra de suelo complejo. Otros grupos han reconstruido los genomas completos de los microbios de ambientes menos complejos, incluidas las minas, tapetes microbianos, y el microbioma humano”. Es decir aislaron un microrganismo, según ellos “entre miles”, para a la postre secuenciar su genoma. Punto y final. El resto de las cifras son tan poco creíbles que no merece la pena discutirlas. Mucho peor son otros papers que, a partir de datos de la misma naturaleza, intentan vendernos una cuantificación de la diversidad funcional de las comunidades microbianas. Quien conozca bien los temas relacionados con la biología edáfica sabrá, sin lugar a dudas, que esta última es enorme, aunque su cuantificación rigurosa no deje de ser más que una quimera.

 Realmente estas cifras son improcedentes e irracionales. Sin embargo, los análisis comparativos de los microbiomas del suelo, que se basen en las mismas técnicas e intensidad de muestreos, si deben aportar información valiosa. No hablemos pues de diversidad de especies sino de la variabilidad o variedad del microbioma. Empero en la ciencia actual, los investigadores priman impresionar al público en lugar de ofrecerle contenidos honestos, sinceros. Y así lo que podría ser importante y relevante, por efecto del “publica o perece”, se transforma en información irrelevante, confusa y confundente. Abajo os dejo con la nota de prensa, traducida rápidamente (por lo que padece de defectos), pero que os mostrará cuanta morralla puede leerse en la prensa científica actual.

Juan José Ibáñez

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La Inteligencia de los bosques y su comunicación bajo el Suelo

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No es de mi agrado, ni se encuentra justificado epistemológicamente, el que los científicos utilicemos antropomorfismos y metáforas que hagan pensar al ciudadano que la naturaleza es inteligente, tal  como solemos usar este vocablo para referirnos a la consciencia humana. En este blog tiendo a eludir tales argucias, aunque a veces no tengo más remedio que hacer uso de las mismas para reclamar la atención de los lectores en temas muy relevantes. El otro día, nuestro colaborador Régulo León Arteta nos envió un video bastante interesante en el que mostraba a una investigadora canadiense narrando como los árboles se comunican bajo el suelo incluso discerniendo relaciones de parentesco, pero también colaborando entre especies distintas. Francamente os aconsejo, por no utilizar el palabro “conmino” a que visionéis el video. Aunque la científica nos cuenta esta fascinante historia la narra en inglés, existe una función para leer su contenido en castellano. Se trata de una fascinante retrospectiva científica y personal. Para los menos versados con el manejo de estos artilugios electrónicos, he copiado abajo tanto los contenidos en suajili como su traducción al castellano. Merecería la pena que esos científicos que solo entienden de ortodoxia y publicaciones clamaran al cielo, para luego demostrarles en otros post, que es más sorprendente aun que al menos gran parte de este asombrosa historia ha ido demostrándose paulatinamente desde hace años en las más prestigiosas revistas del mundo, y como botón de muestra podéis entrar en el Researchgate de Suzanne Simard, justamente la conferenciante que divulga tal fascinante historia y comprobarlo. No es la única investigadora(or) que se ha topado con estos hallazgos, si bien su aportación sea innegable. Comprobaréis que ha publicado en algunas de las revistas más prestigiosas del Planeta. También Suzanne Simard muestra como la vocación puede con todo, incluso soslayar con la escasez o precariedad de recursos económicos, so pena de la persecución de “mamá Osa y su descendencia”. Adoro a este tipo de colegas, frente a los que solo piensan en los “papers”. No explicaré el tema porque su discurso es muy divulgativo y abajo podéis leerlo con todo lujo de detalles, dado que resulta tremendamente ameno. Muchas gracias Suzanne.

Ya os he comentado que, posiblemente, una de las principales propiedades del mundo orgánico deviene en que tanto la vida y su propia evolución, son reticuladas. Suzanne demuestra la red de relaciones entre los individuos, incuso de las distintas especies que componen un bosque, las cuales se llevan a cabo a través de las micorrizas que  cablean el suelo. Y así, como ya os mentamos en el post: la Vida Reticulada del Suelo, existe un asombroso entramado de cables vivos que se parece muchas veces, si es que no comparte las mismas leyes matemáticas (casi seguro), alpropio crecimiento de las redes sociales y su estructura, que a la postre también resulta ser similar al de las redes biológicas, metabólicas, ecológicas, etc.. Una de sus propiedades deviene de su enorme conectividad que se asemeja también sorprendentemente a la de nuestro cerebro.

Dicen que los árboles no nos permiten ver el bosque y en la narración de Suzanne lo comprenderéis. Tan chovinistas somos, que no entendemos que gran parte de la tecnología de la que nos vanagloriamos ya ha sido descubierta por la naturaleza hace millones y a veces eones de años. Nuestro ego anda por las nubes, pero muchas de las evidencias se ocultan en/bajo el suelo. Resulta lamentable que la mayor parte de los investigadores  no sepan preguntar debidamente a la naturaleza para que nos susurre al oído sus recónditos secretos. Se trata de un hecho curioso, como podréis comprobar, que en la charla de Susana, que presenta una fotografía indistinguible en la que aparecen la complejidad de la estructura de internet y otra de fractales, dos temas recursivos en nuestra bitácora.

Me encuentro casi en la obligación moral, ética y didáctica de recordaros que Darwin y el darvinismo dan cuenta de algunos rasgos de la vida. Empero nos muestran la cara más cruel y bestial de su estructura multifacética. Y la ciencia contemporánea ortodoxa, al divulgar la vida y la biosfera “según Darwin” han dado lugar a una sociedad súper-competitiva y cruel, repleta de guerras, destrucción, muerte, egoísmo y desigualdades. Pero existen otras perspectivas como las de Lamarck, Margulis y kropotkin, que avalan su cooperación, solidaridad y el apoyo mutuo, siendo hipótesis tan científicas como la del excesivamente venerado Darwin. Si hubiéramos construido una sociedad basada en los estudios de estos últimos, disfrutaríamos un mundo maravilloso, o como mínimo mejor que el actual. Y todo esto por culpa de un establishment miope, que no sabe ni adorar a los verdaderos héroes de la ciencia, ya que reitero que, de haberlos reconocido como tales, hubieran dado lugar a una sociedad/ecosistema en la que todos los seres humanos, la vida y la biosfera conviviríamos con mucha más paz y armonía. Una sociedad sustentable basada en el amor y la solidaridad, a diferencia del actual, en el que no unos pocos, que no se lo merecen, acaparan el reconocimiento, poder y/o riquezas, mientras la mayoría de los humanos sufre intensas penurias. De aquí, mi lucha contra la elección de la visión más salvaje y aterradora, es decir la darvinista (¡Juicio al darvinismo!), que ha tenido tan nefastas consecuencias y que nos confunde con una idea de progreso que se me antoja tan cegata como venenosa.

Pero no os sigo aburriendo, ya que la historia que seguidamente podéis leer y también visionar en el vídeo son tan deliciosas como para que no merezca la pena que me extienda en esta introducción. Esta se encuentra narrada con amor para profanos en la materia e incluso niños de corta edad, es decir público de todas las edades.

Asombrosa y embrujadora historia, que tiene poco o nada de ficción, por extraño que os perezca.

Juan José Ibáñez

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El Fuego y su Ineludible Importancia en los Ecosistemas (Incendios Forestales)

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El Fuego en el MIndo; Fuente: Managing the human component of fire regimes: lessons from Africa By Sally Archibald; http://rstb.royalsocietypublishing.org/content/371/1696/20150346

 Hoy es un lunes de verano cualquiera. El domingo anterior pase varias horas buscando una tabla que había utilizado en alguna conferencia, hace más de 20 años, con vistas a demostrar a los asistentes que los incendios son recurrentes en todos los biomas del mundo desde hace cientos de millones de años, si bien las cifras que buscaba tan solo daban cuenta de los periodos de retorno en ecosistemas representativos de los mentados biomas (tundra, taiga, bosques templados, mediterráneos, subtropicales, tropicales, etc.). Lamentablemente no la encontré, ya que era antigua y no debí digitalizar la diapositiva. ¡Lo lamento!, no obstante los contenidos que os ofrecemos hoy dan cuenta de todo ello.

La diferencia entre unos ecosistemas y otros no estriba en que unos sean eventualmente pasto de las llamas y otros no, sino en los respectivos periodos medios de recurrencia o retorno. Así, en los bosques boreales, o en los templados la frecuencia es obviamente mucho menor que en los mediterráneos. Empero cabe señalar que si la memoria no me falla,  no ningún caso superaban los cien años. En algunos ambientes, como en los bosques subtropicales secos y en los aludidos mediterráneos, los periodos de retorno no superaban más que unos pocos decenios. Por lo tanto, la existencia de grandes bosques muy longevos sería más cuestión de serendipia (acontecimientos afortunados) y/o condiciones microclimáticas muy longevas que de sus propiedades idiosincrásicas.

De hecho, el artículo que ha dado lugar a la noticia de hoy ha sido publicado en la revista Fire Ecology, con un modesto factor de impacto de 1.4. Sorprende pues que un hecho que debía ser archiconocido por los expertos, sea publicado a bombo y platillo como si fuera un descubrimiento relevante. La revista en cuestión es estadounidense, lo cual no deja de ser una paradoja. Los investigadores y técnicos forestales yanquis, han sido pioneros en el uso del fuego para el control de la biomasa de los Chaparrales americanos, parte de cuyas limpiezas eran realizados por reclusos vigilados. Obviamente, en los bosques templados de aquél país los periodos de retorno son más prolongados que en los matorrales y bosques mediterráneos de California. El objetivo de un incendio controlado resulta doble (i) mantener los ciclos naturales del fuego y (ii) evitar que una excesiva acumulación de la biomasa, excedido tal periodo de retorno, diera lugar a incendios devastadores y mucho más peligrosos que los naturales. De hecho, en el susodicho artículo se defiende que el fuego es necesario para mantener la salud de los ecosistemas forestales a largo plazo, dictamen que ya defendimos aquí hace más de diez años, ya que las evidencias ya eran palmarias en las décadas de los años 80  y 90 del siglo pasado.

Obviamente, la acción humana ha alterado los ciclos naturales del fuego en numerosos ecosistemas, generalmente incrementando su frecuencia, aunque a veces induciendo el proceso contrario, especialmente en parques naturales y espacios protegidos, que nos gustaría que no fueran pasto de las llamas, hasta que les correspondiera de promedio. En este último caso, tendemos a proteger/aislar el combustible de la mecha, por lo que a la larga el problema resulta ser más grave. El abandono de tierras, la expansión urbana hasta el límite de los bosques, la construcción de residencias y urbanizaciones rodeadas de masas arboladas, turistas sin la debida cultura, etc.,  son algunas de las razones que generan gravísimos incendios, así como la pérdida de vidas humanas e infraestructuras, que no el fuego en si mismo. Ya escribimos sobre estos temas hace varios años, como podéis constatar en esta bitácora.

 A la vista de lo expuesto, los investigadores, armados con nuevas instrumentaciones no disponles cuando se elaboró la tabla aludida, deberían ir afinando los periodos de recurrencia y actuar en consecuencia cuando llega el momento. Del mismo modo los gestores de urbanismo necesitan inexcusablemente impedir que las construcciones humanas sobrepasaran los límites a los que anteriormente nos referíamos.  Más aún, tampoco se debía dejar que ciertos propietarios o instituciones oficiales reforestaran sin elaborar planes previos acerca de la ecología del paisaje que eviten que las llamas se propaguen a lo largo y ancho de grandes extensiones. Ahora bien, el fuego ha sido compañero, que no enemigo de la naturaleza, cientos de millones de años antes de que el hombre apareciera sobre la faz del Planeta.

 Junto con la nota de prensa que ha dado lugar a este post, os mostramos el enlace a un artículo que nos informa del papel del fuego en la biosfera desde tiempos remotos, así como otros datos de interés.  Y reflexionemos, el fuego no es el problema, sino que casi como siempre los conflictos los generamos nosotros, mediante nuestras acciones e inacciones.

Juan José Ibáñez

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¿Afectará el calentamiento climático de forma similar a los suelos y la vegetación?

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Una Violeta recogiendo Violetas. Los ramitos de Violetas son un clásico de la cultura tradicional madrileña. Con diferencia el mejor contenido de este post. Febrero 2017 Madrid. Foto: Juanjo Ibáñez

 Cuando lee uno noticias como la de hoy  (Future climate change will affect plants and soil differently), en una revista de la categoría de Nature, se pregunta si  una buena parte de los investigadores implicados saben lo que realmente es un suelo, ya que parece que no. ¡Ni idea! No he leído el texto original completo, empero si alguien se ha atrevido a leerse los post de esta bitácora sobre geografía de suelos, comprenderá que los resultados son obvios, triviales, mientras que las conclusiones expuestas ponen los “pelos de punta”. Yo casi vomito, lamento decirlo, pero es así.  Trabajos hechos para engrosar los CV, ya que en lo que respecta al progreso de la ciencia ¡nada de nada!. Lo único que ha avanzado en los últimos años en la materia sobre la que versa la nota de prensa, es la gran suma dinero dispendiado con la moderna tecnología. Las Nuevas botellas cuestan más que el vino viejo que contienen. Del mismo modo, lo que ha retrocedido dramáticamente resulta ser el conocimiento de los denominados expertos en materia de cambio climático y suelos. Y cuando se es ignorante se espetan preguntas estúpidas. Todo lo dicho en “Nature Reports”, o al menos en la nota de prensa debe tirarse a la basura (que además resulta ser muy confusa y confundente: contrastar con el resumen de la publicación científica), por cuanto es tóxica pra los lectores habituales de esta humilde bitácora. Hablaremos del efecto de un calentamiento climático y/o sequia sobre la vegetación y suelos en un gradiente climático del continente europeo.

 Pero aclaremos antes de todo, que resulta imperativo que los autores de los artículos exijan a los periodistas el manuscrito previo a su publicación, como lo hago yo, pues de no hacerlo son responsables tanto unos como otros. Pero en este mundo en donde la imagen vale más que el contenido…. La auto-complacencia por salir en la foto de los medios de comunicación, deviene en uno de los peores enemigos del pensamiento crítico que a los científicos nos presupone (pura leyenda urbana, al parecer).

 En primer lugar, comparar como responderán dos recursos naturales tan dispares como suelos y vegetación, aun que unos influyan en los otros, resulta absurdo. ¿Cómo se comparan dos estructuras tan distintas?.

 Abajo he traducido el texto en inglés mediante el traductor google, sin esmerarme lo más mínimo, ya que con los dedos de una mano me tapaba la nariz, de puro asco. Como veréis abajo una de las autores del estudio, nos habla de suelos encharcados y con formación de turba. Hablamos pues, ya sea de Gleysoles, ya de Histosoles. Por el contrario en el gradiente estudiado por los firmantes del artículo nos informan de suelos “secos” (¿?). En las zonas más áridas de este continente, como en los demás, dominan los Calcisoles, Gypsisoles, Solonchaks y otros edafotaxa que podéis ver en el siguiente post: Paisajes con Suelos Desérticos en Europa. Hablamos de dos mundos distintos desde cualquier punto de vista “racional”.

 La mayoría de los microrganismos unicelulares y pluricelulares (nematodos, colémbolos, etc., etc.) que habitan en el msuelo son acuáticos (aunque la tierra nos parezca bastante seca), por lo que si no hay agua desaparecen o pasan a formas latentes con diversas estrategias hasta que les rocíe el oro azul, y su actividad renazca, como florecen las flores. Del mismo modo, la temperatura del suelo disminuye rápidamente en profundidad, amortiguándose severamente, en contraste a las fluctuaciones que padece el mundo aéreo, tanto a lo largo del día, como de un ciclo anual. Confundir sequía con aumento de temperaturas se me antoja otro dislate desde un punto de vista científico. Sin embargo, el exceso de agua (anegación, encharcamiento) es tan dañino como su carencia. En otras palabras, la aridez resulta ser tan dañina como la paludificación (encharcamiento y acumulación de carbono) en el medio edáfico. Si en condiciones de sequedad extrema el ecosistema suelo casi paraliza su actividad,  siendo la materia orgánica escasísima, debido a la también pobre  biomasa vegetal,  lo mismo ocurre en los suelos encharcados de agua, si bien allí la materia orgánica no se descompone y como corolario se acumula. Por lo tanto en los de Gleysoles, e Histosoles del norte de Europa el descenso de la capa freática, permite la existencia de un suelo aireado y con humedad, favoreciendo el metabolismo biosférico (por ejemplo, la productividad primeria de la vegetación), es decir sacando al ecosistema suelo de su letargo, y facilitando pues la descomposición de la materia orgánica allí acumulada. Por el contrario, conforme el clima se hace más seco,  la falta de agua o una sequía prolongada, frenera la producción de la biomasa aérea, dando lugar a una ralentización extrema en la actividad biológica del suelo, tanto por falta de alimento, como de agua. Así pues, ya sean sequías prolongadas o un incremento de aridez, mejorarán la producción de los ecosistemas encharcados (que no húmedos) y una drástica reducción en los “secos”. Ya os expusimos diversos mapas y proporcionado abundante información sobre todos los tipos de suelos en Europa. En nuestras categorías (i) Taxonomías y Clasificaciones; (ii) Geografía de Suelos y megageografía y (iii) Curso Básico: Tipos de Suelos del Mundo, disponéis de toda la información necesaria para llegar a las mismas conclusiones vosotros mismos. Por lo tanto, resulta ridículo ¿descubrir?, como se alega en la nota de prensa, que: “ha quedado claro cómo la presión de los factores del cambio climático puede actuar de manera diferente y a veces incluso opuesta a través de estas condiciones” (refiriéndose al gradiente climático analizado). Obvio, trivial y banal. Afortunadamente el comentario del otro autor, en este caso español, al menos no son horripilantes, tan solo banales. Veamos dos ejemplos hilarantes.

 Del mismo modo, una tal Sabina, autora del estudio defiende que:. “Soil water plays a critical role in wet soils where water logging limits decomposition processes by soil biota resulting in a build-up of soil carbon as peat”. Traducido del suajili: El agua de los suelos tiene una importancia crítica en los “suelos húmedos ¿? (quiere decir encharcados, (pero su formación no da para tanta sutiliza) en donde el encharcamiento (ahora sí) limita los procesos de descomposición de la biota edáfica, y como corolario la materia orgánica se acumula en forma de turba. Lección de parvulario. Sin embargo la superficie de suelo cubierta por de Gleysoles, e Histosoles, incluso en el norte de Europa, a no ser que nos acerquemos al círculo polar ártico es ostensiblemente menos que la de los “secos”, es decir “no anegados por el agua”. Por lo tanto este ejemplo no me vale, ya que deviene en sacar conclusiones banales de los extremos de un continuo. Empero aquí entra en juego el gran Pope, al ilústranos en que 2 + 2 = 4, al clamar: “These results emphasise how sensitive soil processes such as soil respiration are to environmental change”. Os lo traduzco por cuanto este sí es un verdadero hallazgo precolombino: “Estos resultados enfatizan hasta qué punto son sensibles procesos tales como la respiración del suelo a los cambios ambientales”. Y el sabio se quedó tan orondo y satisfecho.  Si, el gran cerebro de este ejemplar acaba de rizar el rizo de la obviedad, alcanzando lo sublime, ya casi una divinidad digna de ser esculpida en oro y adornada de diamantes.

Si deseáis una información más sencilla y clara sobre esta iluminada investigación os recomiendo que leáis tan solo estos dos post de nuestro blog: (i) Desertificación en el Sur de Europa y en el norte ¿Qué?: Polvo versus Barro; (ii) Meta-Análisis: Suelos y Cambio Climático (Un Nuevo Estudio).

 En mi opinión, y al menos en lo que se refiere a la relación entre ecología, suelos y cambio climático, Nature y Science, han caído tan bajo que resulta difícil imaginarse algo tan rastrero. ¡Triste, lamentable! Al parecer confunden el suelo con “tener la creatividad por los suelos”.

 Juan José Ibáñez (más…)

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La Importancia de los suelos en las predicciones de la productividad de los cultivos a escala global.

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Usos del Suelo/vegetación real de los suelos del mundo. Fuente: Helmholtz Community of German Research Centres.

 Hoy os ofrecemos otra información que pudo haberse publicado hace mucho más de treinta años. De hecho la podíamos haber redactado cientos de expertos en edafología hace casi un siglo. ¿Expertos?. ¡Tampoco debemos ser muy exigentes!: basta con un alumno universitario mediocre. Ahora bien, para la grandiosa revista Nature resulta ser una novedad. ¡Colosal equipo de revisores!. Dentro de poco nos informarán de que se acaba de descubrir que el Neolítico consistió en el descubrimiento de la agricultura por parte de algunos de nuestros antecesores paleolíticos. ¡Bravo, genial, colosal, idea digna de Einstein!.  ¿Qué pretenden los autores (ya que los revisores, una vez más, demuestran una supina ignorancia ¿Triásica?). Pues bien, al margen de publicar y vanagloriarse de tanta estupidez, hacer ver a la comunidad científica que no entienden nada de edafología, que se necesita prestar una mayor atención a los suelos y la recolección de su información, si queremos “correr” modelos agroclimáticos más precisos. Y eso lo sabe hasta un becario que acabe de entrar hace un par de semanas en el IIAS. Veamos si me explico, ya que también aparece el JRC de la UE. Hará unos 25 años, que me incorporé a un grupo de expertos de la Unión Europea, con vistas a mejorar el mapa de Suelos de Europa en el contexto de un macro-proyecto continental denominado MARS. ¿Qué significan tales siglas”: “Monitorización de la agricultura por sensores Remotos”, y recalquemos que haciendo uso de  modelos agroclimáticos. Y para alcanzar tal objetico se demandaba información de suelos armonizada a escala continental.  Aquello termino hará unos 20 años.   Pues bien la rabiosa, furiosa y furibunda novedad de este estudio estriba en reconocer lo mismo a escala global y, reescribiendo falazmente la historia …..escribir  haciendo pensar al lector inexperto que son pioneros por haber descubierto que la producción de los cultivos no solo depende del clima, sino también de los tipos de suelos sobre los que crecen, algo que aunque se sabía desde hace unos 10.000 años, algunos/muchos parecen ¡haberlo olvidado!. Y para rematar tan espeluznante hallazgo, nos informan que cuando se fertilizan y riegan los suelos, su tipología influye menos que si no se hace. ¡Glorioso!. Eso sí, reconocen que los suelos menos fertilizados y pobremente o nada irrigados suelen acaecer en los países más pobres. Por lo menos ¡han visionado algo de TV!.

 La verdadera cuestión a responder, sería como tras haberse gastado enormes sumas de dinero en modelizaciones de esta guisa, nadie se había percatado hasta ahora que los modelos agroclimáticos, a cualquier escala, reclaman más datos que los climáticos, y entre ellos lógicamente los de suelos. Alguna vez he dicho en broma que en Europa parecía no quedar vida inteligente, y tras leer esta noticia la hago extensiva hasta sus supuestas mentes pensantes y próceres de la ciencia continental. ¡Qué lástima!. He traducido el texto de la nota de prensa de estos sacerdotes del paleolítico al cristiano, con vistas a que podías entender, la magnitud de este descubrimiento en todas sus vertientes y que cambiarán el mundo, garantizando de paso la soberanía alimentaria.    El artículo también podéis leerlo en acceso abierto, pinchando sobre el enlace del resumen.

 Y antes de dar paso a la noticia fijaros en la siguiente frase: “En los modelos de cultivos, como en la realidad, los suelos tienen la capacidad de amortiguar o amplificar los efectos del clima”. Reiteremos: “En los modelos de cultivos, como en la realidad”. ¿Y si los resultados de los modelos de cultivo no concuerdan con la realidad?. ¿Qué debemos creernos?: ¿La realidad o las predicciones de un modelo que debiera dar cuenta de ella?. Tengan por seguro que estos modelizadores defenderán los modelos, ya que la realidad virtual es políticamente correcta pero la que vivimos/sufrimios los demás puro espejismo de nustra supina ignorancia.

Pasen pues y lean la antología del disparate publicada en verano de 2016. Lo dicho….

la fuga de cerebros se ha convertido en pandemia global”.

Pesen, lean y diviértanse de lo lindo…….

Juan José Ibáñez

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Descomposición de la materia orgánica del suelo, cadenas tróficas y megafauna

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Megafauna y ecosistemas prístinos. Fuente: Fuente Geocurrents: Pleistocene Re-Wilding: Environmental Restoration or Ecological Heresy?

 La mayor parte de los expertos en ciencias del suelo caemos en el “pecado mortal” de interpretar los procesos de descomposición de la materia orgánica en los ecosistemas naturales, soslayando la estructura de la cadena trófica que habita sobre el. Con harta frecuencia pensamos en la composición química de la vegetación y si sus propiedades resultan ser más o menos favorables como sustento de los organismos del suelo, el clima, los usos del territorio, y últimamente, para mi martirio, el soporífero cliché del cambio climático. Sin embargo, si deseamos “acercarnos” a entender que ocurría en los ecosistemas prístinos, faltan otros elementos, y en especial la estructura de las cadenas tróficas que atesoraban. Pero no es así. ¿A qué viene a cuento esta crítica? De eso versa este post, ya que el tema puede calificarse de cualquier forma menos de baladí.

 Como os hemos mentado en una serie de post, el hombre paleolítico generó la extinción masiva de la mayor parte de la megafauna de casi todos los continentes. Y al hacerlo, transformó los ecosistemas, afectando de paso al clima y a toda la biosfera. En consecuencia, los ecosistemas actuales, en su mayor parte, no corresponden a lo que cabría esperar sin la presencia humana. Hablar pues en general de ecosistemas prístinos carece de sentido en la mayoría de los casos.   Como  corolario, tampoco deberíamos usar el concepto de suelos prístinos, en lugar de naturales, salvo en contadas “excepciones”. Y reitero que todo reside en nuestra falta de atención a las cadenas tróficas. Simplificando mucho, podemos alegar que estas últimas se encuentran compuestas de depredadores (carnívoros), sus presas (mayoritariamente herbívoros), las plantas de que se alimentan los últimos, invertebrados, microrganismos, etc. En un ecosistema saludable (aunque lo mismo ocurre en la demografía de las sociedades) al razón número de individuos/unidad de biomasa desciende conforme escalamos eslabones a lo largo de la cadena trófica, por lo que también solemos referirnos a ellas como pirámides tróficas o poblacionales. Pues bien, el hombre paleolítico dio buena cuenta tanto de los carnívoros como de los herbívoros naturales de gran tamaño, colapsando  a menudo la estructura biocnóticas de los ecosistema, que dejo pues de ser prístina por definición. Debido a que los herbívoros son necesariamente más abundantes que sus depredadores, al erradicarlos, en la naturaleza dejaron de realizar una de sus principales funciones (aunque también necesidades), que a menudo, se soslaya; la digestión y transformación de gran parte de la biomasa vegetal, que finalmente era devuelta al suelo en forma de detritos, ya considerablemente descompuestos como para que los organismos del suelo terminaran de realizar su trabajo de humificación y mineralización con “normalidad”.  En términos coloquiales, uno puede entender que la dieta de los organismos del suelo, tras la desaparición de la megafauna de herbívoros, comenzó a ser mucho más indigesta y el metabolismo edáfico considerablemente lento y pesado (el atávico ardor de estómago).

 Tan solo hace falta observar los profundos y fértiles suelos de las estepas, pampas, praderas y otras formaciones pascícolas en las que abundan los herbívoros, cuando no son sobre-pastoreadas, para darnos cuenta de que, casi con total seguridad, el metabolismo del suelo y la humificación de la materia orgánica sufrió un severo impacto tras la desaparición de la megafauna. Cuando se cotejan los mapas sobre la fertilidad de los suelos del mundo, el lector observará que gran parte de ellos se encueran sobre esas formaciones herbáceas, salvo si estas medran sobre los viejos suelos de las formaciones cratónicas antiguas, pobres en nutrientes y sin apenas arcillas que colaboren en la retención de agua y nutrientes. De hecho, se necesitan muchos herbívoros con vistas a alimentar a los carnívoros, y tales bestias exigen una abundante fitomasa (biomasa vegetal) comestible, que no madera, leña y hojarasca. Tales circunstancias son más fáciles que acaezcan en espacios abiertos, semi-arbolados o no, que en bosques cerrados. De hecho, los estudios arqueológicos así lo avalan.  Pero también nuestro inconsciente. Se han realizado investigaciones acerca de los paisajes que más acogedores les parecen a los ciudadanos corrientes, habiéndose detectado  que las formaciones sabanoides o adehesadas (conceptos prácticamente sinónimos) las prefereidass. Posiblemente se trate de un vestigio escondido en nuestro subconsciente, reminiscencia de los ambientes en los que vivieron nuestros antepasados más remotos.

 Con la desaparición de la megafauna, la foresta de aquellos ecosistemas se cerraró dando lugar a hermosos y densos bosques. Sin embargo, la descomposición de la materia orgánica y su mezcla con la materia mineral con vistas a generar los agregados del suelo se vio obstaculizada/ralentizada por pura necesidad. Y todo debido a que la desaparición del eficiente microbioma rumiante de los herbívoros dejo huérfanos a los organismos del suelo, que se vieron obligados a hacerse cargo de la mayor parte del proceso de la descomposición de la biomasa y la formación de sustancias húmicas, Y ya se sabe, cuando desaparece un eslabón de la cadena trófica es como si ocurriera lo mismo que en una cadena industrial: el trabajo resulta ser más duro e ineficiente. Los edafólogos necesitaríamos reflexionar sobre este tema, en lugar de considerar que la megafauna es irrelevante en nuestros estudios, a la hora de extraer conclusiones de las pesquisas que llevamos a cabo. No se trata de cultura general, por cuanto al soslayar los contextos, no es infrecuente que nuestras perspectivas se desvíen del camino correcto.

En su momento os expuse este maravilloso ejemplo, que puede serviros para recapacitar: Fertilidad del Suelo y la Cadenas Tróficas: Un Sorprendente Cuento sobre el Mar, Placton, Krill, Salmones, Ríos, Osos y Suelos. Bajo os muestro una relativamente reciente nota de prensa sobre lo que actualmente sucede en reservas naturales de Veracruz. Lo he escogido no porque sea el mejor/peor), sino simplemente agradará a nuestro colaborador Régulo León Arteta que vive por aquellos lares. Cuando se decapita la cadena trófica, incluso en bosques…….

 Juan José Ibáñez     

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La formación de los primeros suelos terrestres: Cuando los hongos invadieron la tierra emergida y la evolución mediante la cooperación

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Invasión de la Tierra por los seres marinos. Fuente: Plant pathogenic fungi

Ya sabéis que soy de los que opino que no se puede comprender plenamente casi nada en la vida, si no conocemos su génesis o historia. Y como no en este blog los suelos ocupan la primera plana… La noticia que os ofrezco hoy me resultó un tanto desconcertante, hasta que con paciencia logré extraer algo de luz.  La nota de prensa, que da cuenta del artículo original, ha aparecido en casi todos los noticieros científicos y prensa general a bombo y platillo. Resulta que cuando comencé a rebuscar la verdadera novedad del “descubrimiento” mi mente se precipitó en la confusión. Intentando reconstruir la historia, la noticia nos informa de se ha encontrado fosilizado cierto hongo terrestre hace más de 440 millones de años. Por lo que sabía hasta hace poco, los hongos micorrízogenos (asociaciones entre las raíces de las planta y los hongos) aparecieron en la tierra emergida entre el silúrico y devónico, poco después, o quizás a le vez, de que lo lograran las primeras plantas, como podéis leer con mayor profusión de detalles en el siguiente artículo”Las micorrizas: una relación planta-hongo que dura más de 400 millones de años”. Además sobre este tema os dejo abajo algunos fragmentos seleccionados de Wikipedia, sobre estos dos periodos geológicos, que también lo constatan.  Por ejemplo en el artículo enlazado arriba, que se encuentra en acceso abierto, puede leerse:

De hecho, los ancestros de los actuales briófitos y helechos ya presentaban asociaciones que recuerdan a las ahora conocidas como micorrizas arbusculares (….) Por otro lado, parece que la estrategia nutricional de la simbiosis en hongos es incluso anterior a la estructurada por los primitivos Glomeromycota y plantas, según indican Yuan & al. (2005). De acuerdo con estos autores, los fósiles encontrados en la Formación Doushantou, en Weng’an, al sur de China, presentan hifas estrechamente asociadas con cianobacterias o algas cocoides, a modo de primitivas formas liquénicas, datadas de una antigüedad de entre 551 y 635 Ma (…) Al igual que ocurriera con los hongos liquenizados, que debieron surgir al menos varias veces durante la evolución (…) la simbiosis micorrícica hubo de aparecer en repetidas ocasiones a lo largo del tiempo y en diferentes lugares de la geografía emergida del Paleozoico. Sin embargo, y a diferencia del mutualismo liquénico, las formas fúngicas que inicialmente se “especializaron” en la simbiosis micorrícica (Glomeromycota) fueron mucho menos diversas, aunque consiguieron estabilizarse morfológicamente y, prácticamente, se han mantenido iguales hasta nuestros días (…) las asociaciones mutualistas liquénicas, principalmente las establecidas por aquéllos, han surgido repetidas veces desde las otras formas nutricionales fúngicas (parásitas y saprobias). Mientras que, por su parte, los hongos ectomicorrícicos, mayoritariamente pertenecientes a Ascomycota y Basidiomycota, tuvieron su origen en formas saprotróficas  (…) evidencian el origen de las micorrizas, nos sitúa en el tránsito entre los periodos Ordovícico y Silúrico (445-447 Ma) (…) Sin duda, ello influyó en los todavía tímidos intentos de “terrestrialización” de plantas y hongos, que debemos entender que se produjeron de una manera gradual, reiterada y reversible, y espacialmente dispersa (….)  la coincidencia en tiempo y espacio de micobiontes y fotobiontes posibilitó el establecimiento de la asociación simbiótica para colonizar los nuevos ambientes de la interfase suelo-atmósfera (Selosse & Le Tacon, 1998). Los micobiontes ya tendrían desarrollada una alta capacidad de prospección tridimensional para la captación de los todavía muy escasos nutrientes disponibles en los sustratos emergentes, (…) lo que refuerza la idea de que los hongos micorrícico-arbusculares fueron esenciales para el éxito de las primeras plantas terrestres.

No obstante, en el mentado artículo también se menta que. “Si bien el registro fósil establece la aparición de las primeras plantas terrestres en unos 480-460 Ma de antigüedad, (..) Es evidente, pues, que son necesarios más estudios, que introduzcan datos fósiles y moleculares para alcanzar una correcta aproximación al devenir evolutivo en tiempos de la terrestrialización (…) En este sentido (…)  basados también en técnicas moleculares (…)  asumiendo las evidencias fósiles de presencia de organismos terrestres en el Devónico, estiman que el clado de los Glomeromycota (…) se originó al menos hace 460 Ma, y en consecuencia la terrestrialización no pudo ser muy anterior (..) precisamente las micorrizas arbusculares las predominantes, estando además presentes entre las plantas más primitivas, como hepáticas, pteridófitos y las gimnospermas más antiguas”.

 Obviamente yo no soy experto en el tema, perdiéndome en la jungla del árbol filogenético rápidamente. Lo que si he extraído de sustancia de estas lecturas y del artículo original (que no se encuentra en acceso abierto) deviene en que tanto los hongos micorrízogenos, como los saprofitos, aparecieron asociados a la invasión de la tierra por las plantas que vivían en las aguas. En otras palabras, el suelo comenzó a formarse, más o menos como lo conocemos, con la ayuda de estos organismos que, “más o menos simultáneamente en términos geológicos”, ayudaron a las plantas en su conquista terrestre a través de (i) la absorción de los nutrientes de aquellos protosuelos con la ayuda de las micorrizas, y (ii) la descomposición de la materia orgánica (necromasa) mediante hongos saprófagos. Comenzando así, el reciclado de nutrientes y la formación de suelos tal como los conocemos hoy en día.  Al parecer, Tortotubus resulta ser el primer ejemplar fósil que los expertos parecen identificar como saprófago a día de hoy, si he entendido bien.  Como corolario, todo ello corrobora nuestra defensa de la cooperación ante la competición en la evolución de la vida.

 Os dejo con el abundante material que he ido extrayendo para intentar aclararme primero e informaros después.

Juan José Ibáñez

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Terra Rossa que cayó del Cielo

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Terra Rossa, Australia: Fuente: IUS Wines

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España A la izquierda, África al Sur e Islas Baleares en el Centro. Fuente: M Menorca Local

Los Suelos rojos mediterráneos, entre los cuales destacan por su interés las denominadas  Terra Rosa, han dado lugar a numerosos estudios durante décadas, por ser considerados como los más representativos o idiosincrásicos de los ambientes mediterráneos del mundo. En consecuencia, se han venido realizado asiduamente abundantes simposios y congresos sobre los mismos, y aun se sigue haciendo como en Eurosoil 2016 que se iba a clebrar en en Estambul. Sin embargo, la teoría clasica (versión hasta hace poco tiempo como hordodoxa) defendía que se trataba de edafotaxa formados sobre rocas carbonatadas, tras la disolución del carbonato cálcico, comienza a ser muy cuestionada. Hoy comienza a aceptarse que ni son representativos  de los mentados ambientes, así como que posiblemente su abundancia proceda de la cercanía de sus principales áreas de distribución, es decir que arriban al bioma mediterráneo desde los biomas los semiáridos y desérticos próximos. Ya hablamos hace años en nuestra bitácora sobre estos temas, como en los siguientes post: Los Suelos Rojos Mediterráneos y Lluvias Rojas, Polvos Rojos, Suelos Rojos. Así pues sintetizando, la principal diferencia entre ambas estriba en que la primera consideraba que su edafogénesis procedía por la alteración biogeoquímica de la roca madre, mientras que la segunda, como hemos venido señalando, propone que todos o buena parte de ellos son producto de la deposición eólica, o por la lluvia de sedimentos procedentes del Sahara u otras zonas áridas.  Hoy os vamos a mostrar una traducción al español-castellano del resumen de un artículo que lleva por título: The role of African dust in the formation of Quaternary soils on Mallorca, Spain and implications for the genesis of Red Mediterranean soils.

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Terra Rosa rellenando grietas de disolución de calizas Jardines de Alfabia (Terra Rossa). Fuente: Geocaching

La diferencia entre este estudio y los otros previos ,que personalmente leí, estriba en las sofisticadas técnicas geoisotópicas utilizadas con vistas a testar ambos puntos de vista o teorías enfrentadas. Sin embargo, no debemos descartar que ambas sean compatibles, es decir que en unos casos sean producto “principalmente” del material calizo o dolomítico subyacente, mientras que en otros de materiales trasportados en suspensión de lugares muy distantes.  Y así añadimos nuevas evidencias que avalan la conjetura que compartimos mi amigo Dick Arnold y este bloguero de que posiblemente la contribución a la formación de los suelos de los denominados materiales parentales o roca madre se encuentre sobrevalorada (al menos para ciertos tipos de suelos y en determinadas, pero extensas regiones biogeográficas), como señalamos en esta otra entrega: Roca Madre y Materiales Parentales: ¿El mismo concepto?. Fíjense en la imagen superior a este párrafo, que siempre me había intrigado, ya que encontrar estructuras semejantes resulta ser harto frecuente. Nunca entendí, como era posible que las Terras rosas se acumularen en las grietas superficiales de ese modo, mientras, a menudo en las plataformas llanas colindantes abundaban suelos calizos poco desarrollados, como las Rendzinas. En un caso concreto (muy parecido al de la imagen mencionada), también pude constatar personalmente que la formación de este edafotaxon, en algunos casos,  era debida simplemente a la erosión de una cobertura sedimentaria y suelos suprayacentes, por lo que tan solo permanecían estos materiales edafizados en las fisuras de rocas fuertemente calizas. Por lo tanto ya tenemos tres alternativas, no excluyentes. Os dejo pues con la traducción del aludido resumen y una breve descripción de la teoría clásica, según Wikipedia.

Juan José Ibáñez

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Microfotografía de suelos agrícolas el laboreo y su importancia en la hidrología de los campos arados

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Lower Tisza Valley. Mosaico Google imágenes

La microtopografía del terreno es un rasgo de la superficie terrestre que influye en numerosos procesos ecosistémicos, hidrológicos y topográficos.  En los espacios geográficos que comenzaron a laborearse ya desde inicios del del neolítico, la labranza borró cualquier rasgo de los mismos banalizándolos por superficies planas homogéneas. ¿Cierto o falso?: ¡todo depende del punto de vista!, como comenzaremos a describir en este post.  Pero adelantemos que el laboreo crea sus propios microrelieves con el arado, drenajes etc., y que estos a veces, cambian con el tiempo dando lugar a sorpresas, a menudo desagradables.

Generalmente, no me lleva mucho tiempo escribir un post. Sin embargo, de vez en cuando, te encuentras con un tema que se te atraganta por la razón que sea. Si la información es muy relevante insistes, en caso contrario suelo tirar la toalla. Hace unos meses me encontré con un artículo (que no nota de prensa) sugestivo sobre los efectos de la labranza en la microtopografía de zonas prácticamente planas, y como la evolución de estos pequeños patrones superficiales podían dar lugar a problemas agronómicos muy serios, hasta el punto de poner en riesgo la producción agraria en un país. Y al intentar describiros de forma sencilla este interesante tema, mi pluma se encasquilló. He tardado tres días en aclararme. Finalmente he redactado dos entregas con sangre, sudor y lágrimas. A veces se te atraviesa la redacción en suajili de un artículo, y si por desgracia el tema te es ajeno (no atesoras un adecuado bagaje sobre el mismo), la tortura estaba servida.     

El artículo de marras lleva el título de “Micro-topographical surface alteration caused by tillage and irrigation canal maintenance and its consequences on excess water development. El estudio en cuestión nos informa de lo que acaece en las amplias extensiones cultivadas de la gran llanura húngara, que en parte tuve el placer de visitar en 2002, pero no con el tiempo e información suficiente como para extraer conclusiones desde un punto de vista científico. Tampoco los colegas húngaros me explicaron el serio problema que sufría la producción agraria de su nación.  Esta región comenzó a cultivarse en los inicios del neolítico, por lo que su suelo ha sido arado de diversas formas.

 La cuestión clave que se planteaba en el artículo, al menos en mi opinión, estriba en que estos microrelieves evolucionan en función de su manejo, dando lugar a la génesis de micro-formas y procesos que con el transcurrir del tiempo pueden derivar en una alteración de la dinámica del agua superficial, hasta el punto de poner en riesgo la producción agraria. En el área de estudio, el problema surgido fue el estancamiento/anegación del agua sobre el suelo, dando lugar a la pérdida de cosechas en grandes superficies. Como señalan los autores tan solo recientemente se han percatado del problema, ya que averiguar lo que allí acaecía demandaba inventarios y cartografías sumamente detallados, las cuales han sido inusuales hasta tan solo hace unos pocos años. Como resultado, deberán llevar a cabo en el futuro investigaciones minuciosas con vistas a corregir las veleidades de tal dinámica micro-topográfica. Reiteramos que al área es muy plana, aunque con una ligera pendiente. La superficie agraria, al margen de los surcos y crestas de la labranza, también alberga canales de riego y drenaje, y todo este sistema ha evolucionado muy sutilmente hasta dan lugar al problema agrario que padecen.

Ya os hablé que el laboreo de laderas contrapendiente fue recomendado durante muchas décadas por la FAO, así como en numerosos manuales de agronomía. Todos ellos hicieron caso omiso de las enseñanzas de numerosas prácticas tradicionales campesinas, algunas de las cuales utilizaban el laboreo a favor de la pendiente, es decir fomentando la escorrentía superficial. Y todo tiene su razón de ser. El uso milenario del territorio de nuestros ancestros no podía perpetuarse si atentaba contra sus intereses, como finalmente se demostró. Hace ya 10 años, publicamos un post sobre esta “filia” de considerar que en todos los ambientes y superficies, la misma estrategia da lugar a resultados similares.  Tal inferencia es rotundamente falsa. En aquella entrada titulada “Haciendo Oídos Sordos del Conocimiento Campesino: El Problema de cómo Labrar en Laderas”, constatamos que no en todas las pendientes inclinadas es recomendable hacer caso de lo propuesto en los manuales, ya que en lugar de mejorar los predios, empeorábamos sus problemas, deteriorando el suelo, en aquel caso por erosión.

Sin embargo, hoy hablaremos de una situación fisiográfica diametralmente opuesta, las grandes llanuras. El método tradicional de labranza, fue justamente arar en sentido perpendicular a la pendiente, pero con el auxilio de los ya mentados canales de riego y drenaje (según la estación).  Y repetimos que lo que durante tiempo pareció funcionar correctamente, comenzó a empeorar en función de la dinámica de estas obras agrarias, conforme fueron “ligera” pero paulatinamente dando lugar a encharcamientos más extensos y prolongados.

En el presente post ya tan solo os ofreceremos algunos de los pasajes generales que se me antojan más ilustrativos, dejando para otro el problema aludido. También añadimos una breve introducción (traducida) del material que publicaremos en otro post. 

Pero resumamos e insistamos en el meollo de la cuestión: (i) toda superficie terrestre atesora micro-relieves por la dinámica natural del terreno y ecosistemas, incluyendo la acción dilatada del agua y el viento; (ii) tales patrones superficiales son arrasados por la labranza, cuando tenían su razón de ser, banalizándose y homogeneizando grandes extensiones, en espacios geográficos casi-planos a los que llamamos llanuras; (iii) incluso estas modestas prácticas agronómicas, y las consiguientes microestructuras a que dan lugar, evolucionan con el devenir del tiempo pudiendo ocurrir que surjan súbitamente problemas inesperados como consecuencia de alteraciones de “pequeños detalles”, aunque de conspicuas repercusiones; y (iv) como corolario de los ítems aludidos, debemos comprender muy bien la estructura de cada paisaje agrario antes de intervenir. Finalmente, añadiremos un poco de historia que también incumbe a la labranza ancestral de algunos territorios de América del Norte, algunos de cuyos detalles hemos recogido del artículo. Ya os describiremos, en un post posterior a este, el proceso con mayor detalle. 

Juan José Ibáñez

Pues bien, comencemos………..

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Desastres Ecológicos Causados por la Agroenergética y Biocombustibles de Primera Generación: El Gran Incendio de los Histosoles de Indonesia

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Para mi amiga Glory de Vilanova del……

Desde al menos 2008 (ver relación de post previos al final de este), hemos venido denunciando que (i) los biocombustibles de primera generación (gran parte de ellos cultivados), pero también de los de segunda generación (parte de ellos elaborados a partir de residuos naturales, o de subproductos de las producciones agrarias) iban a terminar creando muy serios problemas medioambientales, pero también severas amenazas para la soberanía alimentaria de muchos países (al secuestrar suelos fértiles en la obtención de “biofuels” en lugar de producir  alimentos destinados a una población hambrienta). Y así ha sido. Reiteramos que no somos adivinos, sino que los ciudadanos son engañados/estafados, una y otra vez, incluso cuando industrias y gobiernos dicen llevar a cabo ciertas iniciativas con vistas a paliar la degradación ambiental, el calentamiento climático,  y alcanzar un desarrollo sostenible.  Y estas son las peores amenazas, por cuanto a los profanos en la materia se les toma por idiotas y se les intenta convencer falazmente de que verdaderas atrocidades son buenas para el medio ambiente, es decir, tomando la mentira como bandera.  Y hoy demostraremos que nuestras advertencias contra los desastres que genera el hombre, usando tales argucias, comienzan a convertirse en realidad, menos de 10 años después.  Lo que no logramos entender es que científicos y técnicos defiendan tanta estulticia o callen demostrando su falta de sesera y/o peor aun, su complicidad.

Como veréis en los post aludidos, ya alertamos que el cultivo del aceite de palma en bosques vírgenes del SE asiático asentados sobre turberas, es decir, Histosoles, conllevaría una catástrofe ecológica en selvas en las que ni tan siquiera había entrado el hombre, generando una enorme pérdida de biodiversidad desconocida para la ciencia, degradación ambiental y serias amenazas contra la salud pública (especialmente como resultado de la ingente cantidad de partículas que acarrea el humo de los incendios a la atmósfera). El contenido de todos aquellos post se ha convertido  en una cruda realidad, por no hablar de pesadilla. Al parecer, tanto interés soslayó los principios más básicos en el uso y manejo de los Histosoles. Cuando se intenta arrasar un bosque que medra en zonas pantanosas, estas deben drenarse. Recordemos que el encharcamiento ralentiza la degradación de la materia orgánica del suelo (SOM) dando lugar a los mentados Histosoles (cuyo contenido mayoritario es el carbono de los restos vegetales), con harta frecuencia.  Al drenarse y compactarse estos últimos,la descomposición de la SOM se acelera, pero también otros procesos subterráneos que generan la combustión de estos cuerpos edáficos, proceso que ya ocurre algunos ecosistemas naturales y en muchos vertederos. Pues bien, no hay más sordo que el que no quiere escuchar. Y así dos millones de hectáreas de este tipo de suelos son pastos del fuego en el SE asiático gracias a las plantaciones de aceite de palma.

La paradoja, de la cual ya advertimos, deviene de que al intentar reducir el consumo de combustibles fósiles por esta vía, se han emitido mucho más CO2 a la atmósfera del que tal actividad agroenergética hubiera logrado paliar tras muchos decenios de producción. Como decimos en España, si no quieres caldo toma cien tazas. Hace falta ser ignorantes o simplemente tramposos, ya que tal proceso de degradación era inevitable, con los conocimientos actuales: ¡no hay más ciego que el que no quiere ver!.  Lo ocurrido es la crónica de un desastre anunciado.   Sin embargo, el problema no termina con las emisiones por cuanto la desecación y compactación de las turberas también induce procesos de subsidencia y su rehabilitación se me antoja una tarea titánica (y cuando se habla de dos millones de hectáreas, sostendría que imposible). No hablamos de un pequeño territorio sino de pasajes extensísimos.  Resulta patético que algunos de los Estados que permitieron este terrorismo ecológico, a la postre, han implementado una legislación con vistas a la protección de tales ecosistemas, pocos años después de permitir tal desastre (menos de un decenio). ¿Habrá que alabarlos, o estigmatizarlos?.

Obviamente el precio de tal restauración superará varios cientos de millones de dólares o euros, por lo que a estos gobiernos descabezados el dinero embolsado por permitir tal atrocidad les va a salir muy, pero que muy caro. ¿Y las compañías que en principio se beneficiaron?. Seguramente guarden sus beneficios sin mayores problemas. ¿Los tramposos siempre ganan?: ¡parece que bajo la dictadura financiara así es!.  Y mientras tanto, ingentes cantidades de Co2 se emiten desde allí a la atmósfera, por iniciativas que “decían estar destinadas a combatir el calentamiento climático” ¿ustedes lo entienden? ¿No?. Lamentablemente yo sí. Vivimos una gran mentira, por no decir muchas, que tan solo acarrean beneficios a los adláteres de la dictadura financiera que padecemos.

Pues bien, ahora resulta, como se muestra en la nota que abajo os reproducimos, que algún gobierno y fundación ofrecen el premio de un millón de dólares -Indonesian Peat Prize- (y quizás más con el tiempo), para aquellos que ofrezcan una solución que permita sofocar el “gran incendio de este tipo de suelos”.

Como veréis en los comentarios que abajo muestro, escritos desde Australia por Budiman Minasny (que se presentará al premio, no lo duden, ya que se trata de propaganda de los edafometras con los que tan mal me llevo), se informa que el problema para proteger las selvas que quedan parte de que sus turberas superen los 3 metros de profundidad. Extraño criterio ¿no?.   ¿Y la diversidad de flora, fauna, etc.?. Francamente no sabemos que pensar, y cabe especular  si (i) realmente intentan enmascarar los restos de su estupidez de cara a la opinión pública, o (ii) o pretenden acotar las áreas que pueden seguir arrasándose sin que entren en combustión los Histosoles. Y me callo, porque si sigo….

Pido perdón, ya que se ha calentado mi pluma. Empero era un desastre anunciado, ya que lo ocurrido aparece en cualquier biografía decente sobre el manejo de las turberas.  Reitero, vivimos una gran mentira. Nadie utiliza, ni el cerebro, ni el más mínimo conocimiento del manejo de suelos, ni el sentido común. Lamentable, todo muy lamentable. Eso sí, seguro que muchos colegas que en su monumento enmudecieron, ahora irán a luchar entre ellos para intentar conseguir el tesoro, es decir el aludido millón de dólares. Así nos va. ¿Y esto es todo?. Pues va a ser que no. Cuando leáis el próximo post os llevaréis las manos a la cabeza.

Juan José Ibáñez

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