‘Carpeta sobre Paisajes de Suelos y los Suelos en el Paisaje’

Isla de Pascua, Rapa Nui, consumo de aguas salobres, descargas subterráneas,

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Fuente: Colaje imágenes Google

Los Rapa Nui , es decir los moradores de las Islas de Pascua de los que ya os hablamos en otro post, han despertado tanto la atención del público, como de los expertos, debido a sus afamadas estatuas denominadas Moái. Pues bien, en la nota de prensa que os ofrecemos hoy, se postula una conjetura  acerca de cómo con tan escasos recursos hídricos en una isla pequeña, sin ríos, ni casi lagunas (tan solo aguas pluviales y alguna cisternas recolectora excavada en el suelo, pero de escasa capacidad de almacenaje) podía suministrarse agua sustentablemente para el consumo de toda la población que se calcula en varios miles de habitantes. Y he aquí la ¡sorpresa!. Ellos defienden que, el consumo de recursos hídricos se realizaba  exactamente en donde los suelos/rocas de origen volcánico, muy permeables y porosos, confluían con las aguas salinas oceánicas en ciertos enclaves de la línea de costa. Hablamos pues de descarga de aguas subterráneas. Pues bien, sorprendentemente, parece ser allí en donde se ubican  los mundialmente conocidos denominadas Moái. La nota de prensa no aclara si el vocablo suelo, se refiera a las rocas y/o a los suelos, aunque en cualquier caso ambos afectan al ciclo hidrológico insular.  De hecho, conforme a estos colegas, en las primeras narraciones europeas sobre los habitantes de las islas de Pascua, “parece que se les ve o describe, ingiriendo agua del mar ¿¿??. 

Lo que me intriga e interesa, de ser corroborada su conjetura, es sencillamente que se trata de un recurso hídrico que también podría ser aprovechado en otros lugares con las mismas condiciones, es decir, otra fuente de agua dulce por explotar en ciertos territorios.  

Hoy, para variar, me he esmerado bastante más en la traducción del texto en inglés al español-castellano (con algunas licencias personales), como en extenderme en esta entradilla de post. Así podéis seguir la narración mejor, ya que poco más puedo añadir, excepto que me ha sorprendido todo el texto.  Francamente sorprendente y quizás útil.  Por cierto, en la fotografía que da pie a la entradilla, yo observo una laguna en lo que parece un antiguo volcán, pero al parecer el estudio es bastante completo y lo tenéis en acceso abierto (ver final del post).

Juan José Ibáñez

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Científicos: Las generaciones malditas (Ciencias del Suelo y Muchas Más)

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Generaciones malditas Fuente: Juan José Ibáñez

No hay mayor satisfacción que dedicarse vocacionalmente a la ciencia, ni peor castigo de lograrlo en un aguda crisis de credibilidad. Hablamos de las generaciones malditas

Hoy dejaremos de hablar de LA actualidad, pseudo-actualidades y falsas actualidades para comentaros algunas reflexiones personales, tras 41 años de trabajar como profesional (incluyendo periodos de becario). Me permitiré ese lujo. Y quizás, desde el punto de vista de la sociología de la ciencia aportemos un granito de arena, por cuanto jamás he leído nada parecido y son décadas de lecturas. Por supuesto, muchos colegas edafólogos ya entrados en años, pero también de otras variopintas disciplinas, con toda seguridad han recapacitado acerca de este asunto, por ser igualmente afectados.  Pero ¿qué es una generación maldita?.

Sin intentar sentar cátedra alguna, acuño el término en referencia a los investigadores que habiéndose de jóvenes inclinado vocacionalmente por dedicarse al estudio de una disciplina, esta cae en descredito, o simplemente comienza a ser ignorada por nuestros gestores, investigadores de otras mmaterias y la propia sociedad. Es decir, la rama de la ciencia afectada deja de ser considerada como integrante de las principales prioridades (“mainstream”) a las que “dicen” que debemos dedicarnos en un momento dado de la historia. Y como corolario, apenas se ofertan proyectos de investigación, becas, y por supuesto, los inocentes afectados serán soslayados de cualquier tipo de promoción científica. El gran pecado de estos profesionales reside en haber tenido el atrevimiento, descaro o inocencia de apasionarse por un tema que no interesa en un periodo concreto de la historia de la ciencia. Resumiendo, sin comerlo ni beberlo, eres considerado un paria que “pierde el tiempo” dedicándose a temas intrascendentes. Suele ocurrir que a la larga, tal crisis disciplinaria transmute en prestigio incondicional, pero para muchos de esos  pobres desgraciados resulta ser demasiado tarde. ¡Ya son viejitos!.

Este post, aunque basado en mi experiencia personal como edafólogo, es igualmente aplicable a científicos de otras muchas disciplinas. Fitosociólogos, geomorfólogos, taxónomos, etc. etc. sufren el mismo ostracismo y desconsideración por parte de otros investigadores.

Personalmente, soy de los pocos colegas que conozco que se interesó por la morfología, génesis y clasificación de suelos en el primer curso de la carrera universitaria, tanto cuando comencé a cursar CC. Geológicas como cuando finalmente acabé en la de CC. Biológicas. ¡Qué tipo tan raro!. En 1978 ingrese en mi centro de investigación de toda la vida, y al que aún me siento ligado sentimentalmente, como el integrante de un matrimonio muy bien avenido al que se le muere la pareja. Fíjense si la fecha era antigua que por aquel entonces se denominaba “Instituto de Edafología y Biología Vegetal”. Pues bien, cuando me incorporé algún año después al equipo de mi Director de Tesis (Francisco Monturiol), que trabajaba sobre morfología, génesis, clasificación y cartografía de suelos, pululaban varios investigadores senior y un abundante personal técnico. Empero llego la gran crisis edafológica a nivel internacional. A día de hoy tan solo permanezco yo investigando esos temas y me queda aproximadamente un año para alcanzar la edad mínima de jubilación. Pero las cosas han ido cambiando “un poco” desde 2014. Demasiado tarde para hacer carrera. ¡La suerte está echada!. Como científico cometí ese pecado original (ser vocacional), y he pagado las consecuencias. ¿Me arrepiento?. Pues va a ser que no, ya que he indagado sobre el tema que escogí, el que me gustaba, y sabía las consecuencias. Los más vocacionales seguimos trabajando como guerrilleros o partisanos, otros prefirieron cambiar de línea de investigación con vistas a promocionar sus carreras, obtener proyectos y becarios. ¡Ni una sola plaza ha ofertado mi institución que incumbe a miles de investigadores de las más variadas tareas científicas, desde que yo obtuve la mía en 1986.  Podemos pues hablar de la gran extinción. Cuando mis autoridades decidieron que me incorporara al Museo Nacional de Ciencias Naturales, yo me preguntaba ¿A dónde?: ¿Un despacho para pasar los últimos años sentado y calladito, o una vitrina de exposición en el Museo, con una etiqueta que señalara mi verdadero status “el último edafólogo del CSIC”. Obviamente, en temas más aplicados, como por ejemplo, la contaminación y erosión de suelos, a sus expertos no se les infligió tal severo castigo.  Eso sí, el denominado cambio climático, les terminó relegando una década después a posiciones menos honrosas de los rankings de moda, si bien se escudan en relacionar sí o sí (venga a cuento o no) la desertización con el cambio climático. En cualquier caso, reitero que, al menos en Europa, la catarsis fue general. En las Universidades al menos, la docencia, permitió que algunos de sus profesores persistieran en esos temas concretos, aunque bajo las mismas condiciones de miseria y desprecio, compaginándolos pues con otros asuntos más sexy.

Cuando en septiembre de 2005 comencé la andadura en esta bitácora, ya entre los primeros post editados podían leerse títulos como los siguientes: (i) ¿Se Extingue la Edafología? (1: Introducción); (ii) ¿Se Extingue la Edafología?. 2. Sobre la Falta de Cultura de los Investigadores Experimentales; (iii) ¿Se Extingue la Edafología?: 3. El Significado de Reduccionismo Epistemológico; (iv) El Día de Todos los Santos o las Últimas Actividades de los Edafólogos. Más aún, creé una categoría para almacenar todos los post dedicados al tema y que lleva el título de: “la Crisis de la Edafología”. Así pues este blog nació con plena crisis, creció con la crisis y seguramente se extinguirá con renacimiento de la edafología en sentido estricto (no me refiero a las ciencias del suelo en general). ¡Porca miseria!

Posiblemente la mayoría de los jóvenes universitarios eligen sus carreras en función de la publicidad que emiten los medios de comunicación de masas, y que no deja de ser orquestada por los políticos, las necesidades económicas del momento, y los científicos famosos de ciencias sexy, desconociendo la inmensa mayoría hasta en el significado del vocablo edafología. Empero devino la pandemia degradación ambiental y el cambio climático volteó todo.

El análisis del sistema climático, por pura necesidad, se tradujo  en la obligación de conocer las emisiones de gases de invernadero, el secuestro de carbono por los suelos, etc., así como influyen en tales procesos los componentes bióticos y abióticos del ecosistema edáfico. Al mismo tiempo la mega-contaminación planetaria que sufrimos causada esencialmente por los agroquímicos, ha envenenado suelos y aguas, puesto en riesgo la soberanía alimentaria y causado una traumática pérdida de biodiversidad. Y así los suelos subieron paulatinamente en el ranking de interés de las agencias gubernamentales. Demostrado pues el fracaso en el manejo de suelos llevado a cabo por la agricultura industrial, la FAO, ONU; EU, etc., retornaron su vista hacia modos de producción más ecológicos y sustentables que demandan una gestión de loe recursos edáficos muy cuidadosa.  Y así surgieron el Año Internacional de los Suelos, el Día Mundial de los Suelos y otras macabras celebraciones.

Sin embargo parte de nuestros acervo edafológico se ha perdido, al menos por el momento aunque quizás para siempre, como mostramos en los post: (i) El Olvido de la Ciencia: El Efecto Internet; (ii) Ciencia Olvidada: “El Efecto Internet”; (iii) Los Colonialismos y el Olvido de la Ciencia: El Efecto de la Lengua del Imperio; (iv) Prostituyendo la Historia de la Ciencia (Ciencia Amnésica e Imperio Anglosajón) etc. Por un lado, con tanto modelos, algoritmos, simulaciones, IA, etc., actualmente los jóvenes se encuentran mejor formados que nosotros ante un PC. Sin embargo en el estudio de campo de los suelos, su génesis, clasificación etc.,  su adiestramiento en numerosos países es más que precario, doloso. Por supuesto siempre acaecen excepciones. Otros detalles relacionados podéis leerlos en los post aludidos.

Cuando vuelvo la vista atrás, recuerdo tanta precariedad y desdén que solo podía gritar desde mi interior: ¡que he hecho yo para merecer esto!. Obviamente muchos colegas clamaron en balde expresiones parecidas, “pública y privadamente”. Resistí, adquirí cierto reconocimiento internacional, ¡cierto!, empero, ¿hasta dónde podríamos haber llegado tanto yo como otros muchos edafólogos, si la ceguera social y política no hubiera campado a sus anchas?. Las modas son un cáncer en la ciencia, pero marcan las agendas en materia de política científica (ver por ejemplo post como estos: Las Modas en Ciencia y el Sufrimiento de los Científicos Creativos; ¿Hacer Buena Ciencia o Publicar?: Entre la Espada y la Pared)

Puede entenderse que en un momento determinado, las urgencias sociales, que no comerciales, determinen los planes de investigación de países e instituciones. Resulta inexplicable que por tal motivo, se ignore que debemos seguir conociendo el mundo que nos rodea desde todas las perspectivas. Lo que hoy se antoja irrelevante, mañana puede ser determinante. Este es el caso de la edafología a partir de 2015, pero también lo es y lo será de otras, como, por citar tan solo un par de ejemplos, las antiguas escuelas de ecología de los paisajes culturales no anglosajonas, o la agroecología paisajística que tanto necesitaríamos ¡ya!.

Mi tristeza no reside tanto en lo que podía haber logrado alcanzar yo personalmente, sino, sino en vista de todo el conocimiento sepultado o perdido, el cual es evidente cuando uno repasa la literatura científica reciente y detecta sin cesar “viejo vino en nuevas botellas, o los re-descubrimientos incesantes de la dinamita. Actualmente se publican en revistas de gran prestigio estudios sobre suelos llevados a cabo por analfabetos que, si se les pone delante de un perfil y le dices que saquen una foto, en el mejor de los casos se hacen un selfy.

Juan José Ibáñez

De la Filosofía de la Ciencia a la Filosofía de la Tecnociencia (Nuevo Curso Básico y Sus Razones)

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Los Paisajes y Suelos de Latinoamérica. Debemos redescubrir la Historia (¿Y parte de la Ciencia?)

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Fuente: Colaje Google Imágenes

En un pasado remoto, hace ya tanto tiempo (….) la enorme masa de Tierra que hoy llamamos Latinoamérica era un paisaje prístino, fuera cual fuera su aspecto. Luego llegaron los seres humanos ¿cazadores recolectores?: ¡Posiblemente!. Empero hará más (o mucho más) de 6.000 años, la agricultura comenzó a expandirse “de algún modo”, hasta ocupar vastas extensiones o incluso la mayor parte del territorio. Aquella floreciente Latinoamérica atesoraba una enorme variedad de cultivos y manejos de suelos que, como mínimo, rivalizaron en su tiempo con los de otros continentes. Sin embargo, algo sucedió, o se enfrentaron a demasiados retos “fueran cuales fueran”. Súbitamente, en términos históricos, fueron desapareciendo culturas avanzadas e imperios. La vegetación natural volvió a expandirse sobre los antiguos paisajes agrarios hasta cubrirlos de selvas pluviales frondosas, u otro tipo de ecosistemas, según las características locales de un clima que también fue alterándose.  

Los pueblos y culturas, ¡a saber cuántas!, se unían por complejos entramados viales de caminos en los que transitaban mercancías, se intercambiaban bienes (agrícolas y al algunos animales, por no hablar de ganadería sensu estricto, ya que aún no lo sabemos) y conocimientos. Empero como seres humanos aquellos pueblos también guerreaban, naciendo y decayendo imperios, como en cualquier otro continente. En ecología y etnoagricultura siempre terminan achacando la culpa de la decadencia de los incas, mayas, etc., a la deficiente gestión de sus tierras. Empero conflictos bélicos y epidemias también pudieran ser la causa (….) ¿si la Duquesa Roja tuviera razón?. ¡A saber!.

Cuando llegaron los europeos y comenzaron a escribir sus crónicas, se nos quedó grabada la imagen de que la mayor parte de aquellos paisajes eran prístinos, y/o penas afectados por la acción humana. Y, así,  tal mito se incrustó en nuestros memes, como el narrado por Plinio el Viejo y Estrabón en la Península Ibérica que finalmente se descubrio ue era incierto.  Los científicos partieron de aquella falsa premisa durante décadas y décadas, por lo que los resultados de muchos estudios dieron lugar a conclusiones falsas o banales, ya fuera en historia, ecología, edafología, agricultura etc.

Posiblemente el mayor problema estribe en que conforme se realiza un imaginario viaje por aquellas maravillosas tierras, las fechas atribuidas a los enclaves en los que aparecen y desaparecen tales paisajes agrarios y culturas no coinciden con precisión. Quizás falten asentamientos y restos por descubrir para obtener una visión más nítida, que tan solo emerge ahora entre la neblina del desconocimiento, o como también se dice es “la punta del iceberg”. Quizás las técnicas actuales de datación aún no sean lo suficientemente fiables, pero también pudiera ocurrir que  la Duquesa Roja, tuviera razón (al menos en parte) aunque nadie de la academia ha deseado escucharla. Como veremos luego, Luisa Isabel Álvarez defendía:” Es que ha habido una confusión histórica. Había viajes a América desde los fenicios: los relatos que tomamos por viajes a África ¡eran, en realidad, viajes a América!”.

Los suelos prístinos de Latinoamérica, probablemente no existan ya, o tan solo permanezcan reductos en los hábitats más hostiles y recónditos lugares, siendo por tanto, poco representativos de los que les precedieron en aquella gran masa de Tierra. La cobertura de suelos fue transformada por la agricultura dando lugar a lo que hoy denominamos Antrosoles, Tecnosoles, etc. Estos suelos modificados por el hombre de las más ingeniosas maneras, atesoraban tantas propiedades inducidas que hoy sería imposible clasificarlos en los dos mentados grupos de suelos. Tampoco valen pues aquí los suelos prístinos como referentes del mundo natural antes del advenimiento del impacto humano.

Cuando intentamos buscar referentes prístinos de suelos y vegetación con vistas a observar como los hombres los hemos ido modificando, resulta que, posiblemente, no existan  sensu stricto. Desde hace pocos años tal descubrimiento (porque este sí lo es), ha comenzado a aflorar en la literatura científica. Sin embargo una gran parte de mis colegas aun insisten  “erre que erre” en no hablar de ello. Un bobo llamado Juan José Ibáñez que, para nada es experto en el tema” se interesó por lo que iba cayendo es sus manos, escribiendo numerosos post en su espeluznante bitácora acerca de la etnoedafología y etnoedafología latinoamericana “Un Universo Invisible bajo Nuestros Pies”, almacenándolos en la categoría que denominó “Etnoedafología y Conocimiento Campesino”.

Pues bien, en esta nueva entrega de la saga, os proporcionamos varias noticias, nuevas, y más o menos recientes (hasta octubre de 2018). Algunas han sido escritas en Español-castellano mientras otras en Suajili, ya que según Luisa Isabel Álvarez, a América se la denominaba África, como veremos posteriormente. Puedo entender a Luisa Isabel Álvarez, ¡grande de España!, y “roja de corazón”, cuando se lamentaba debido a que sus estudios e ingentes archivos históricos no eran considerados por los historiadores y otros eruditos, al no ser ella una experta académica con acreditación. Desconozco si lleva razón o no. Sin embargo su impresionante legado merece la pena ser examinado y estudiado con vistas a separar el grano y la paja. Quizás allí se encuentren esperando testimonios que arrojen mucha más luz sobre el tema. ¿Caballeros Templarios en la Patagonia?. ¿Tartessos, la primera civilización occidental en alcanzar América? Quizás, ¡A saber!. Aunque de ser cierto las asincronías temporales que mentamos con anterioridad pudieran así ser  explicables.

Os dejo con todo este abundante material nuevo.

Juan José Ibáñez

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Complejidad de las Redes Fluviales: Efectos Sobre la Diversidad Natural (biodiversidad, edafodiversidad geodiversidad y mucho más)

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Redes de Drenaje Complejas. Fuente: Colaje Google imágenes

 Hoy os mostraré una nota de prensa tan interesante como obvia. Se trata de un tema que ha centrado mi atención científica durante al menos dos decenios, por lo que he publicado hasta la saciedad sobre el asunto. No me detendré aquí  a abundar en los detalles, ya que caería irremisiblemente en la auto-propaganda. Los autores del estudio que os mostramos hoy defienden que las redes de drenaje más complejas, ricas en ramificaciones de afluentes, son las que atesoran una mayor diversidad piscícola y auguran también que seguramente suceda lo mismo en sus márgenes fluviales, por lo que tales morfologías deben ser respetadas con vistas a la conservación de le diversidad. Empero omiten numerosos trabajos previos publicados hasta la fecha. Por ejemplo, yo ya publiqué tales conclusiones en 1.990 y aún sigo haciéndolo, ya que un solo estudio no genera doctrina alguna. Es obvio que estos autores no se encuentran versados sobre el tema, por cuanto la propuesta más conocida con vistas a determinar la complejidad de una cuenca de drenaje pueden al menos rastrearse hasta la década de los años “40” del siglo pasado.

 Justamente en este post os mostramos algunas evidencias de como al aumentar la complejidad de las redes de drenaje lo hacen también la biodiversidad, edafodiversidad, litodiversidad, diversidad geomorfológica y diversidad de formas del relieve.  Y tales resultados los hemos obtenido analizando las redes de drenaje desde escalas 1:15.000 a 1:1.000.000.  Sin embargo, cabe matizar aquí algo que parecen ocultar los autores. Si bien es cierto que la complejidad resulta ser fundamental, por cuanto determinará las formas del relieve, también lo es que las cuencas de drenaje más extensas resultan ser las más complejas. En otras palabras, el área determina per se en parte tal heterogeneidad. Por tanto, las relaciones entre la biodiversidad, edafodiversidad, litodiversidad, diversidad geomorfológica y diversidad de formas del relieve, incrementan conforme lo hace el área, siguiendo exactamente los mismos patrones, siendo pues estructuras fractales. Las mayores redes acarrean una mayor cantidad de agua y sedimentos, generando riquísimos modelados del relieve, que no pueden ser logrados por las que no transcurren ingentes cantidades de energía y materia, es decir las de menor superficie.

 La complejidad de las redes de drenaje puede ser estimada mediante las Leyes de Horton y los números de Strahler, que de cualquier forma resulta ser de lo más sencillo, ya que se trata Se trata de estructuras fractales. Obviamente existen otras propuestas, empero esta es tan sencilla como fácil de calcular, siendo su uso muy generalizado.

 Resumiendo, al margen de la diversidad de peces, la complejidad de las redes de drenaje parece incrementar todo tipo de diversidades naturales. Por lo tanto me encontraría tentado a defender que, cuando uno pretende llevar a cabo cualquier tipo de inventario de estas diversidades, se escoja la cuenca más heterogénea (mayor) y se olvide de todas las demás, salvo excepciones. Sin embargo, existe un problema difícil de sortear. 

 Las cuencas de mayor extensión, y como corolario más diversas, son las que justamente, por estas características, así como por acarrear mayores caudales,  han sido las más explotadas y habitadas por el ser humano desde su origen, ya que ofrecen más recursos naturales. Es decir actualmente se encuentran muy perturbadas, cuando no  totalmente modificadas/destrozadas. Por ejemplo, España, atesora una de las mayores infraestructuras hidráulicas del mundo, cuyos cauces mayores se encuentran jalonados pornumerosos embalses. Esos últimos rompen la dinámica natural de aguas y sedimentos. Del mismo modo, son también los corredores fluviales (y por tanto ecológicos) y las llanuras costeras en donde se ubica una buena parte del tejido industrial. En consecuencia, la alteración y degradación de estas unidades ambientales resulta ser enorme, desoladora. Y así perdimos en la Península Ibérica hermosos y fértiles valles, así como otros rasgos de los modelados fluviales que las caracterizan. Actualmente ni tan siquiera se pueden sostener los caudales ecológicos necesarios, en muchos casos. Del mismo modo, cerca de los grandes cauces se han instalado las mega-urbes desde hace miles de años, siendo sus vertederos naturales. Omito una descripción de la relación entre estas grandes redes y las diversidades anteriormente aludidas, ya que hemos redactado numerosos post sobre el tema. Los autores del estudio alegan que hay que preservarlas. ¡Un poco tarde! ¿No?.  Os dejo pues con esta innovadora y asombrosa noticia.

 Juan José Ibáñez

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Los Suelos de la Sabana, pastoreo tradicional y heterogeneidad de hábitat

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Google imágenes, una de la cual procede de este blog que recomendamos: Ideas, Inventions and Innovations: Credit: © Stephen Goldstein/Washington University

Personalmente sigo carcajeándome de los que proponen el Antropoceno y defienden el periodo preindustrial/industrial  (aproximadamente durante el siglo XIX), como su inicio. Desde el Paleolítico, como hemos venido alegando, es decir antes del nacimiento de la agricultura, el ser humano ya había transformado el paisaje de grandes extensiones de la Tierra. Imagínense lo que acaeció en el Neolítico. Sobre todo ello hemos escrito en numerosos post almacenados en nuestra categoría “etnoedafología y conocimiento campesino”.  También os hemos mostrado que la selva pluvial amazónica y las de Mesoamérica fueron antaño paisaje antrópicos, que no prístinos.  No obstante, el estudio que vamos a analizar hoy me parece muy interesante, ya que retrocede de nuevo al Paleolítico Africano y, basándose en evidencias edafológicas, parece demostrar que el pastoralismo ancestral trasformó los paisajes de las sabanas africanas. Tal hecho fue debido al manejo del ganado por los pastores y, en concreto,   por el enriquecimiento de los suelos en nutrientes esenciales, a través de sus heces, huesos, etc. Los paisajes de suelos de la sabaneros son muy pobres en nutrientes, por lo que sí incrementa en fertilidad da lugar a que medren pastos ricos y nutritivos. De hecho, una vez los pastores y ganados dejaron tal  impronta, los animales salvajes “parece” que los frecuentaron por sus delicatesen alimentarias, manteniendo su estructura. En consecuencia, estos maravillosos ecosistemas de sabana que podemos disfrutar hoy, son en parte producto de la acción pastoral o ganadera, por crearse numerosos nuevos hábitats que las fuerzas de la naturaleza soslayaron.  En ecología ya nadie discute que la biodiversidad aumenta conforme lo hace el número de hábitats por lo que….. Imagínense ahora que, probablemente, un proceso parecido se repitió numerosas veces a lo largo de la historia del hombre en diferentes lares del planeta. Posiblemente sucedió así.

 Abajo os dejo los detalles de la nota de prensa en suajili, incluidos varios comentarios más concretos que conciernen a los suelos, traducida al español castellano. Por cierto, he gastado más tiempo intentando descifrar el significado “Herder pen sites”. Ni rastro en Internet hasta que en lugar de “pen” teclee “penin”, el cual me dio la pista. Este es el problema de inventar palabros innecesarios. Os recomiendo que leías el texto ya que se me antoja francamente interesante.

 Juan José Ibáñez

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Civilizaciones, Suelos y Sequías (FROM THE DESK OF RATTAN LAL)

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Colaje Google imágenes

Rattan Lal  ha sido hasta aproximadamente un año el presidente de la Unión International de las Ciencias del Suelo (International Union of Soil Sciences) o IUSS. Desde que comenzó su mandato,  publicó y envió mensualmente una columna de opinión a los socios denominada From the Desk o Desde el escritorio, a la cual puede accederse en la página Web de esta asociación, o por las alertas que nos envían diversas sociedades nacionales, como en mi caso la SESCS. Se trata de una carta breve en la que da cuenta en términos sencillos de la importancia de los suelos en temas concretos. Lamentablemente, tan solo he podido acceder a estas en inglés, por lo que supongo que no se realiza traducción alguna a otros idiomas. Francamente no sé qué opinar sobre este tipo de iniciativas. Por un lado, son bien venidas, aunque por otro pueden entenderse como la entronización de la opinión del establishment y/o como un acto de egolatría. Depende de cada lector. No atesoro elementos de juicio como para mostraros mi opinión. No estaría mal que se hubiera invitado a otros popes de la IUSS a realizar misivas similares, aunque se trata de una opinión muy personal. No conozco personalmente a Rattan (si bien hemos intercambiado unos pocos correos electrónicos), por lo que estos comentarios no son fruto de ninguna animadversión, sino de mi intrínseco recelo ante cualquier muestra de poder factual que afecte a  algún ámbito de la sociedad, sea la que sea.  En cualquier caso, revisé estas misivas y traduje algunas que considere relevantes, o al menos interesantes. Ya os las iré mostrando en algun post. Tampoco sería descabellado que las sociedades nacionales las tradujeran y las enviaran a sus asociados, especialmente a aquellos que no se encuentran versados en el dominio del suajili.

 El mes de septiembre de 2018 Rattan Lal  escribió una cuartilla que concierne a las sequías que algunos expertos suponen que condujeron al declive de antiguas civilizaciones. Eso es lo que muchos colegas piensan, aunque yo no generalizaría, para casi todos los casos, como suele ser habitual en la literatura científica. Obviamente el eje central son los suelos. Os dejo el contenido de esta carta en concreto, así como su traducción al castellano. No opinaré sobre el contenido.  

 Juan José Ibáñez

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Suelos, Incendios Forestales y Cambio Climático (¿reforestación o pastizales?)

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En los ambientes mediterráneos muchas especies de coníferas son extremadamente pirofíticas o pirófilas (amantes del fuego). Obsérvese una plantación de algarrobos intacta entre una masa arbolada de pinos quemada a su alrededor. Incendio forestal (Comarca de los Serranos, Valencia, España) Foto: Juan José Ibáñez

 Todos los veranos, en los biomas y ambientes cuya estación seca coincide con el verano, los incendios forestales son comunes. Hablamos pues de paisajes mediterráneos y semiáridos, en general. En los últimos años este fenómeno parece recrudecerse, al aumentar las temperaturas, posiblemente como resultado del calentamiento climático.  Es usual que la prensa alarme al público sobre “fuegos que se avecinan, con más virulencia y frecuencia”. Con toda sinceridad, yo no tengo tan claro que el cambio climático sea el principal responsable de lo que “actualmente” sucede, ya que ha sido demostrado hasta la saciedad que el viento por un lado, la matorralizaciíon de cultivos abandonados,  la pauperrima gestión por parte de las administraciones, así como la mala planificación urbanística deben ineludiblemente incluirse en la ecuación. Tampoco olvidemos los incendios accidentales e intencionales , ya sean debidos a especulaciones urbanísticas o a insensatos pirómanos.  La falta de limpieza del monte que tradicionalmente era llevada a cabo por los campesinos, ahora depende en muchos casos de los gobiernos, cuya dejadez en tiempos de crisis es palmaria, como se ha demostrado en el sur de Europa, pero también en los países nórdicos (incendios veraniegos de 2018). ¡Más madera a la hoguera! Tampoco se trata de mezclar ese calorcito adicional generado por la alteración del clima, con un fenómeno recurrente en la historia de la Tierra desde que el hombre descubrió el fuego. Pero hay más. Las especies de crecimiento rápido, como las coníferas y eucaliptus, junto a matorrales pirofíticos (amantes del fuego) son fácilmente presa de las llamas, al contrario que los bosques de angiospermas. En 2018, los expertos sospechan que gran parte de los incendios en Europa fueron debidos a  la falta de planificación territorial, y/o  a las “manazas” del hombre y/o a la dejadez de los gestores político-ambientales. Seguimos sin diseñar una silvicultura adaptada a este tipo de ambientes.

 Sin embargo, existe otro aspecto que suele pasarse por alto. Las reforestaciones con fines madereros deben considerarse monocultivos para el aprovechamiento humano. Desde este punto de vista, resulta materia de reflexión el incluir parte de lo que denominamos selvicultura en una genuina agricultura para la obtención de madera o materiales lignocelulósicos. No es lo mismo aprovechar el monte natural que plantar árboles para el consumo humano. A veces las especies replantadas se naturalizan generando una desorganización de los ecosistemas y agrosistemas colindantes quede, este modo, a menudo, son más inflamables y aptos para la propagación del fuego.  

 Con demasiada frecuencia, la reforestación obedece más a la necesidad de madera y celulosa que a la restauración del medio natural, ya que de otro modo, se plantarían especies de crecimiento lento más resistentes al fuego, que las plantas que medran con tal fenómeno natural.  Pero la sociedad necesita madera y más madera. Otra cuestión es que, a la postre nuestras autoridades escondan/omitan este pequeño detalle, cuando son principalmente las áreas cubiertas por especies pirofíticas (o pirófilas) las que terminan siendo pasto de las llamas. De aquí que los resultados del estudio que os presentamos hoy deban entenderse con cautela.

 Ya sabéis que en durante los últimos años los incendios forestales se encuentran causando estragos en California, que disfruta de clima mediterráneo. Y así, ha llegado a mis manos este estudio, cuyos resultados no dejan de ser triviales o, como mínimo, esperables: las áreas cubiertas por pastos pierden menos carbono que las forestales.  La razón es obvia. Gran parte de la biomasa y necromasa de los pastizales se encuentran bajo el suelo, y este las protege, en gran medida, de su combustión. No se debe confundir al ciudadano entre lo natural y lo artificial.

 En consecuencia los autores de este estudio sopesan la posibilidad de implantar pastos en lugar de reforestar, como medida para evitar las emisiones y fomentar las reservas de carbono en el suelo. No es mala cosa que lo recordemos o aprendamos. Sin embargo, mutar de hermosas áreas arboladas en yermos pastizales estivales no creo que sea del agrado de casi nadie, tanto más cuando existen otras soluciones que ya han sido esbozadas en este blog, quizás algo más costosas que mantener un bosque (perdón masa arbolada) tal como lo hacen hoy en día nuestras autoridades, pero enormemente económicas si se tienen en cuenta los efectos sobre las mentadas emisiones, procesos erosivos, económicos y humanos de los incendios forestales: paisajes mosaicistas, repoblar con especies apropiadas y limpiar los cortafuegos mediante la acción de la carga ganadera (ella trabaja por nosotros limpiando el monte, creando pastos, suministrando carne y leche y a veces productos para confeccionar tejidos), al estilo de las propuestas de mi entrañable amigo José Luis González Rebollar. Y como diría este investigador con “mayúsculas”: una cosa es crear o implantar un pasto y otra bien distinta mantenerlo, para lo cual suele ser necesaria la implantación de una carga ganadera adecuada, como también ocurre en la limpieza de los cortafuegos a los que obliga su metodología.  Por lo tanto, transformar bosques o monocultivos en áreas arboladas y/o mantener cortafuegos acarrea mucho más que una mera siembra de especies herbáceas: escoger las especies pascícolas adecuadas, sembrar las plantas comestibles pertinentes y adaptadas al ambiente, escoger el ganado adecuado, incentivar la llegada de los pastores, etc., etc. De no hacerlo, los pastos darán lugar a matorrales y bosques, que serán inflamables o no, en función que de las especies que naturalmente los colonicen sean pirofíticas (amantes del fuego muy frecuentes, como mínimo, en los ambientes mediterráneos) o no. Como veis, la ingenua o ignorante perspectiva de la investigación llevada a cabo en USA adolece de una miopía aguda. Lo que realmente se necesita es una selvicultura preventiva en la que intervenga una ganadería extensiva sustentable.  

 Y podríamos seguir y seguir……. Es moneda de uso corriente en la ecología del cambio climático este tipo de estudios que, por su ramplonería, omotiré en abundar este texto con más “calificativos descalificativos”. Os dejo pues con la nota de prensa y el significado de pirofítico o pirófilo.

 Juan José Ibáñez

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Nuevo Atlas Mundial de Desertificación: New World Atlas of Desertification (JRC en Acceso Abierto)

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World Atlas of Desertification (2018)

Aleluya!!!!!. ¡Por fin!, aunque aún no se disponga de la versión en español-castellano.  Ha llovido mucho, demasiado. Los contenidos del Atlas antiguo eran totalmente obsoletos. Tengo conocimiento de que se ha trabajado mucho, y durante bastante tiempo, por lo que en esta versión aparecen mapas dignos de llevar tal nombre. Obviamente los contenidos son recientes y más ricos que en las precedentes.  Estas, son algunas conclusiones que se han extraido, pero existen otras muchas, por cuanto ha transcurrido casi un año desde el anuncio oficial. 

Os dejo tan solo con la breve reseña del libro traducida al español. El Atlas puede bajarse entero. Sin embargo, si vuestro acceso a Internet es lento, resulta recomendable ir haciéndolo por partes. Abajo os dejo la información con vistas a que os apropiéis de esta monografía como más os convenga. ¡Que lo disfrutéis!.

Juanjo Ibáñez

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Hipótesis Nula e Hipótesis Alternativa en Ecología y Edafología

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Fuente. Imágenes Google 

Hace años le pregunté a un afamado ecólogo italiano, como reconocían si un patrón determinado  en el ámbito de la macroecología era idiosincrático de las comunidades biológicas. El me respondió que la hipótesis nula era la ausencia del mismo, por lo que si se detectaba era propio a la naturaleza de la organización/distribución o patrón detectado de las especies biológicas. Realmente me sorprendió. Francamente, como pionero de los estudios de edafodiversidad (pedodiversity),  me planteé que la hipótesis nula era que los que yo detectaba en edafodiversidad y la distribución de los suelos en el paisaje era conforme a los que acaecían en el ámbito de la biodiversidad y ecología del paisaje. El primer trabajo a este respecto que publicamos sobre el tema llevaba por título “Nested subset analysis and taxa-range size distributions of pedological assemblages: Implications for biodiversity studies”. En aquél “paper” mostrábamos, en base a estudios previos, que las regularidades detectadas en el ámbito de la biodiversidad y macroecología eran habitualmente los que nosotros encontrábamos en nuestros temas de estudio, es decir la diversidad de los suelos y sus pautas de distribución en el paisaje. Como corolario la asunción de los macro-ecólogos y expertos en diversidad resultaban cuestionables, por no decir refutables. Debido a ello deberían pues replantearse los contenidos de su corpus doctrinal.   

Pero aclaremos primero que podemos entender en términos sencillos por macroecología, para lo cual extraeré unas breves líneas de la Revista Ecosistemas: La macroecología estudia los patrones y procesos de distribución y abundancia de las especies a escalas regionales o incluso globales. Esta definición es muy semejante a la de Biogeografía, que es la ciencia que estudia la distribución de las especies a gran escala…….  y…).

La actividad científica debería consistir esencialmente, o al menor ser parte fundamental, en la proposición de hipótesis y en los estudios pertinentes para refutarlas o corroborarlas, como defendía el filósofo de la ciencia Carl Popper. En otras palabras, se trataba de separar el grano de la paja hasta alcanzar teorías científicas robustas. Lamentablemente, la política del “publica o perece” ha dado lugar a que los investigadores nos preocupemos casi exclusivamente en proponer que no en corroborar, a no ser que algún insensato ataque nuestros constructos teóricos ya publicados. Y así, numerosas ideas, hipótesis y evidencias empíricas interesantes pasan, tras ser lanzadas, al limbo de los autistas en un abrir y cerrar de ojos.  No escribo estas líneas por el caso que me afecta y os he narrado, sino que por desgracia es moneda de uso corriente en la actividad científica contemporánea. Estas disciplinas a las que me refiero ya en el título del post, se basan esencialmente en los análisis estadísticos, por lo que considero conveniente explicar en esta entrega en qué consisten las denominadas Hipótesis nula  e Hipótesis alternativa. De lo dicho anteriormente, yo personalmente desprendería la siguiente hipótesis alternativa: “Una buena parte de los patrones detectados en los estudios de diversidad, ya sea de suelos o de comunidades vivas, son debidas a la dinámica no-lineal y/o compleja de ambos recursos naturales“. Obviamente sigue siendo una hipótesis meramente especulativa (a pesar que se haya demostrado tanto en suelos como en ecosistemas), ya que la literatura científica actual se encuentra repleta de hipótesis que no han sido debidamente corroboradas o refutadas. De aquí que, en ausencia de esta noble y vital tarea para el progreso de la ciencia, me vea obligado a alinearme como podéis constatar abajo, con aquellos que soslayan ofrecer explicaciones pormenorizadas de la razón ¿científica? de sus hallazgos, sustentando los resultados que publico en su robustez/debilidad estadística.    

Comencemos pues por intentar explicar informalmente que son las Hipótesis Nulas y Alternativas, así como las críticas que a veces reciben por parte de los investigadores que analizan sus objetos de estudio con reflexión y sentido común.

Juan José Ibáñez

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Bosques tropicales y sequía (¿Reforestación Inteligente?)

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Colaje de imágenes de Google sobre bosques tropicales panameños.

 ¡Se hunde el barco, bajen las lanchas!: ¡Por favor atiendan: ¡niños, ancianos y enfermos que se suban los primeros!. Esta frase, o alguna parecida, la habréis oído con harta frecuencia en las películas de cine!.  Pues bien, la noticia que vamos a analizar hoy nos viene a decir lo mismo!. Todos saben que las criaturas animales más débiles, por término general son las más jóvenes, aún en fase de crecimiento, mientras que las más vetustas, cuyos cuerpos han ido deteriorándose con el devenir del tiempo también resultan ser frágiles. Quien tiene un jardín, bien podría decir lo mismo de sus plantas adaptadas al entorno.

 Tropical forest response to drought depends on age (La respuesta de los bosques tropicales a la sequía depende de su edad) acaba de descubrir lo obvio, aunque debemos reconocer que también aporta algún detalle de interés. Que cada especie vegetal responde de diferentes formas a los periodos de sequía es una obviedad en la que no merece desperdiciar palabras. Que los individuos de una misma especie reaccionan de forma dispar a los impactos ambientales y enfermedades no merece más calificativo que ¡sin comentarios!. Y quien tenga unos mínimos conocimientos de geobotánica estará harto/a de observar ejemplos en la naturaleza.  Veamos algo ahora de la sustancia, ya que se encuentra en los suelos.

 Conforme la sequía se prolonga, la transpiración del medio edáfico y la evaporación de las plantas van haciendo descender el depósito de agua almacenada en el medio edáfico, succionando finalmente la que permanece a mayor profundidad. Los árboles pueden ser, según la especie, de enraizamiento somero o profundo, por lo que (…) ya sabéis la respuesta. También es trivial, una enseñanza de parvulario que, conforme un árbol crece, lo hace hacia arriba, en el medio aéreo y hacia abajo en el suelo, el consabido geotropismo (gravitropismo), por poner una nota de color académica.  Como corolario, las plantas maduras, y en especial los árboles maduros pueden succionar el agua hasta varios metros en el seno del suelo/regolito mientras que un vástago joven no o con dificultades.  Si volvemos a recordar que unas especies atesoran sistemas radiculares que penetran a mayores profundidades: ya tenéis los relevantes resultados de esta investigación. Añadamos que los individuos viejos y las especies arbóreas de enraizamiento somero son las primeros(as) en caer tras arreciar los vientos (huracanes, tormentas tropicales). Como corolario, resulta palmario que un ecosistema forestal maduro adquiera un aspecto mosaicista, aunque también intervienen otras causas que sería largo de describir en un post.  Por lo tanto, se me antoja insustancial el alegato de los autores de este trabajo cuando escriben en la nota de prensa:

 “Los árboles tropicales responden a la sequía de manera diferente dependiendo de su edad, de acuerdo con una nueva investigación dirigida por un científico postdoctoral en la Universidad de Wyoming”.

“Descubrimos que la edad del bosque importa”.

“Nuestros resultados indican que los factores más importantes para la regulación de la transpiración en los bosques jóvenes tienen que ver con su capacidad para acceder al agua en el suelo, mientras que los bosques más antiguos se vieron más afectados por las condiciones atmosféricas”.

Estamos trabajando en técnicas de diseño que llamamos ‘reforestación inteligente’, tomando decisiones sobre qué especies de árboles plantar para lograr diferentes objetivos de uso de la tierra”,

¿Reforestación inteligente?: al parecer, antes de este sensacional descubrimiento, se sembraba al azar. Me resulta difícil entender el valor del estudio. Al parecer los científicos pensamos que la naturaleza es tonta. Y por eso intervenimos, pero con la desventurada ¡sorpresa! añadida de que a menudo lo hacemos mucho peor, ya que la degradación de la biosfera sigue su curso al no disponer de tanto talento, nuestra Smart Inteligentia. ¡Amén!

Os dejo con la noticia traducida, aunque si no lo hubiera hecho, tampoco os secuestraria prácticamente ninguna conclusión de sustancia.

Juan José Ibáñez

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