‘Componentes, Estructuras y Procesos en los Suelos’

Resistencia a los antibióticos y las bacterias del suelo al rescate

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Un antibiótico eficaz contra bacterias resistentes es descubierto. Fuente: Teletica

Ya hemos comentado en diversos post, varios de los cuales exponemos abajo, que los microorganismos del suelo han sido la principal arma que ha utilizado la medicina para defendernos de las infecciones. Y todo ello gracias a los antibióticos que producen. Empero, como somos estúpidos por naturaleza, estamos convirtiendo esta gran reserva de medicamentos, que han salvado cientos de millones de vidas, en un problema descomunal, al inducir que sea justamente en el recurso suelo en donde ahora estos bichitos generan bacterias multirresistentes. No se puede utilizar el medio edáfico como en vertedero de antibióticos y/o otros elementos dañinos para la salud pública. No me repetiré más, por cuanto  abajo os muestro bastante material, previamente escrito para esta bitácora.

La noticia de hoy nos informa de que, a pesar de todo, y ante el fragante desprecio de la farmaindustria por los sufrimientos que padece la población, al no invertir en el descubrimiento de nuevos antibióticos (sino no es escandalosamente rentable para estas multinacionales, no investigan), de nuevo los microrganismos del suelo vienen a nuestro rescate. Y eso es precisamente lo que nos relata las dos noticias que os ofrecemos hoy sobre el mismo tema. Hablamos de la pseudouridimycina, recientemente detectada en una muestra de suelo. Os dejo pues con las noticias, no antes sin recalcar que si seguimos usando el suelo como vertedero en donde abandonar nuestras inmundicias, las consecuencias de nuestros actos acabarán generando una pandemia global de dimensiones impredecibles. Los expertos alegan que este nuevo fármaco no generará resistencias, aunque eso ya es harina de otro costal…..

Juan José Ibáñez

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La temperatura del suelo y el cambio climático

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Perfiles de la temperatura del suelo a diferentes escalas y foto extraída de la nota de prensa original.                                  

Cuando se habla de la temperatura del suelo, nos solemos referir a la que puede medirse en su superficie, y esta fluctúa en estrecha reacción con la del aire.  Ahora bien, las estimaciones son muy distintas de las que se miden a lo largo del perfil edáfico. La Taxonomía americana clasifica los suelos hasta dos metros de profundidad, mientras que la WRB tan solo a uno. En cualquier caso el perfil mentado puede prolongarse mucho más en diversos edafotaxa. Debe también tenerse en cuenta que diferentes tipos de suelos se encuentran constituidos por materiales que poseen diferentes propiedades a la hora de difundir el calor. Hace ya decenios, mientras hacía el servicio militar, estuve colaborando con el lamentablemente fallecido Aureliano Blanco de Pablos del CEBAS (ahora conocido por el IRNASA) del CSIC en Salamanca. Aureliano era microclimatólogo y realizamos varias experiencias de campo juntos acerca de la temperatura y humedad del suelo a diferentes profundidades. Una de las primeras lecciones que aprendí, es que, por lo general, la temperatura desciende rápidamente conforme avanzamos desde la superficie hacia la base del solum, siendo las fluctuaciones día/noche  e incluso las estacionales, escasas conforme penetramos desde arriba hacia abajo, por el consabido amortiguamiento de los materiales edáficos. De aquí mi experiencia para poder discutir la sorprendente nota de prensa de la que hablamos hoy.  

 En la Universidad de Berkeley, algunos “expertos” parecen haberse preocupado por el olvido en los estudios de cambio climático a la hora de medir la temperatura del perfil edáfico hasta varios metros de profundidad, y estimar sus repercusiones sobre la pérdida de carbono, vía respiración del suelo. Por lo tanto, sus indagaciones hubieran estado más que justificadas, si no hubiera sido porque de suelos debían saber muy poco mientras que de sus microclimas, nada en absoluto, si se lee la nota de prensa. Utilizaron un instrumental muy sofisticado y durante más de un año. Los resultados obtenidos eran llamativamente alarmantes: estimaron una gran pérdida de carbono al aumentar artificialmente la temperatura, por lo que: ¡cómo no!, la nota de prensa advierte al “mundo, mundial”, de los efectos devastadores que se producirían de aumentar tres o cuatro grados la temperatura de la atmósfera, como predicen algunos modelos climáticos (muchas mayores emisiones de CO2 que las previstas hasta la fecha).   Y una vez más: ¡cómo no!, clamaron que esta grave omisión, repercute seriamente en las estimas y predicciones de los modelos climáticos. Eso sí por su ignorancia en todo lo relacionado con la microclimatología del suelo, calentaron el perfil del suelo por igual (homogéneamente), desde la superficie hasta más de dos metros. ¿Un error sin importancia?. ¡Pues va a ser que no!. Se trata de una barbaridad injustificable.  Reitero que si calentamos el aire tres o cuatro grados, la elevación de la temperatura a uno o dos metros será muchísimo menor, no llegando en casi ningún caso a sobrepasar unas décimas de grado. En consecuencia todos sus alarmistas cálculos se vienen abajo. Estudiar los efectos de los cambios climáticos sobre un recurso natural demanda trabajar conjuntamente con expertos en el tema. Empero al parecer a los primeros ¿expertos? Les parece irrelevante. Y así una gran idea se convierte en un deplorable estudio falazmente alarmante. No me dedico  a buscar notas de prensa y menos aún a leer papers con vistas a criticar a los expertos que trabajan sobre cambio climático, os lo puedo asegurar. Simplemente me leo las noticias de los boletines a los que estoy inscrito y….. por cada una de ellas razonable, se publican varias que son para tirarse de los pelos. Y hablamos de la Universidad de Berkeley. ¡Pero qué pena!, cuánto dinero y esfuerzo malgastado por no leer algo, unos principios básicos, antes de comenzar la investigación.   

Juan José Ibáñez  

Os dejo con la noticia en Suajili, ya que para que voy a traducir tanta tontería……

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La Inteligencia de las plantas y el ensamblaje de sus rizosferas: Conversaciones mutualistas entre raíces y los microorganismos del suelo (rizosferas)

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Diálogos entre rizosfera y raíces: Colaje Google imágenes.

 La bellísima noticia que tenemos la oportunidad de ofreceros hoy, nos informa del fascinante mundo de las relaciones entre los organismos pluricelulares y los microrganismos que necesitan para sobrevivir. Como podréis leer vosotros mismos más abajo, existen muchas similitudes cualitativas profundas entre lo que acaece en el microbioma humano y el vegetal (“Microorganismos del Suelo y Microbioma Humano ¿Cuál es la relación?”.  Este post abunda en la hermosa historia que os mostramos en el post que versaba a cerca de La Inteligencia de los bosques y su comunicación bajo el Suelo. También os explicamos como “El Sistema Inmune de las Plantas se Encuentra en los Suelos”. Como podréis leer deleitándoos simultáneamente, las raíces de las plantas exudan las sustancias pertinentes para que alrededor de sus rizosferas prosperen los microbios que más les benefician en la captación del agua y los nutrientes que necesitan para desarrollarse, a la par que actúan como un sistema inmune que las defienden de los patógenos. No cabe duda que sus exudados atraen a sus mejores socios, intentando expulsar de su entorno a los nocivos o inútiles.

 Y así, una vez más se difumina la frontera entre lo que definimos como individuo y el concepto de ecosistemas, dando lugar, en parte a esa vida reticulada que esconde el suelo. No cabe duda de que el mecanismo de comunicación más importante entre las diferentes especies que cohabitan en la biosfera resulta ser de naturaleza química, que a la postre sirve a la hora de generar mecanismos de cooperación y apoyos mutuos, en redes enormemente diversas, útiles extensas y complejas.    Del mismo modo, todo a punta a que son las raíces las que  conducen al ensamblaje lo más óptimo posible de sus rizosfera.  Hace varios años le pregunté a una experta en rizosferas sobre los organismos modificados genéticamente. Ella más o menos me contestó. ¿no me gusta entrar en polémicas, pero si puedo asegurarte que cuando se le tocan los genes a las plantas, sus rizosferas cambian drásticamente. ¿cada uno que extraiga sus propias conclusiones.

 Os dejo pues con la nota de prensa original y su traducción al inglés. Que disfrutéis.

Juan José Ibáñez

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Paisajes agrarios, regadíos y cambio climático

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Más que una noticia científica, el estudio que presentamos hoy nos informa de algo que todos debiéramos sospechar aunque resulte mucho más difícil de corroborar científicamente (Climatic effect of irrigation over the Yellow River basinLos grandes espacios agrarios irrigados pueden afectar al mesoclima del territorio”. Y así, el escrito termina señalando que “El riego agrícola afecta el clima regional principalmente a través del cambio que sufre la dinámica de las aguas superficiales. Se han realizado investigaciones sobre el efecto del cambio climático causado por el de la humedad del suelo, pero el papel del riego no ha sido suficientemente analizado”. Gloriosa conclusión. ¡Sin comentarios!. Un momento….. Si existe algo de sustancia.  Desde que el hombre es hombre, ha deforestado grandes extensiones de terreno, como por ejemplo usando el fuego. Y además desde que se descubrió el riego, se han cultivado con este sistema espacios geográficos muy amplios en muchos lugares del planeta, dando lugar al nacimiento de civilizaciones que, a la postre crearon una retroalimentación positiva, es decir irrigado más, deforestado más, etc. Por lo tanto, el cambio climático antropogénicamente inducido comenzó en el Paleolítico y se recrudeció en el Neolítico. Pero todo ello ya lo explicamos hace años. El Antropoceno pues comenzó tras el Pleistoceno o antes, que no hace unas decenas de años como defienden los que se olvidan del pasado

 Obviamente, la evaporación de grandes cantidades de agua del suelo a la atmósfera debe repercutir sobre las condiciones climáticas del lugar, de igual modo que una menor evaporación realimenta sequías. Ahora, nuestros sabios se afanarán en la búsqueda del Santo Grial, es decir un modelito o algoritmo que pretenda infructuosamente predecir cuáles serán  las consecuencias usando unos pocos parámetros. ¡Misión Imposible!, como ocurre con las relaciones deforestación-cambio climático a escala regional, y esas sí que han sido objeto de numerosos estudios, desde el Amazonas hasta la “Madre Rusia”. ¿Resultados?: Ninguno, o simplemente la banal conclusión de que la pérdida de masas forestales genera un descenso en las precipitaciones del espacio afectado sin poder precisar más.

 La razón resulta ser trivial en ambos casos. Todo depende de la extensión del área analizada, del tipo de clima, del tipo de suelo, del tipo de vegetación, del tipo de riego y así un largo etc. No hay fórmulas milagrosas cuando entran en juego tantos factores. En el mejor de los casos, aun suponiendo que un modelito se ajuste a lo que acaece en un territorio, jamás será extrapolable a otro. Y tal dilema en la ciencia actual, en lugar de que los expertos reconozcan la dificultad insalvable del tema, tendrá como resultado la publicación de tropecientos artículos científicos en los que se divague hasta la extenuación sobre un asunto sin solución científica, hoy por hoy. El problema no es el proceso, que seguro que se da en la naturaleza,al alterarse los balances hidrológicos de regiones amplias. Y de eso en Rusia saben mucho, ya que nefastas planificaciones en la elaboración de planes hidrológicos con vistas a extender la agricultura de regadío, dieron lugar a desastres ecológicos de un enorme calado.

 ¿Tiene usted calor en este momento?. ¿Dispone de una manguera de riego para refrescar el suelo o el césped?. Si usted atesora tal fastuosa herramienta tecnológica, seguro que podrá refrescar un poco al aire a su alrededor. Pero tal hecho es trivial, mientras encontrar soluciones mágicas otra muy distinta. Piense en global y prediga localmente, como mucho. Y si se aburre, redacte un artículo sobre cualquier cosa que pueda afectar al clima de un modo u otro; hay tantos y tantos factores que de un modo u otro pueden afectar al sistema climático……….

Y cuando el agua subterránea escasee o la fluvial sea usada antes de alcanzar el área estudiada, volverá a cambiar el clima. ¿Verdad?.

Os dejo pues con esta fastuosa noticia de papel mojado.

Juan José Ibáñez    

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Las Rocas desprenden enormes cantidades de nitrógeno al suelo

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El nitrógeno que desprenden las rocas al suelo. Imágenes de El Himalaya y los Andes, Fuente: Imágenes Google

¿Cómo?. Según el estudio que presentamos hoy los autores defienden que la respuesta es afirmativa. ¡Qué lástima que estudios tan interesantes, como el que os vamos a mostrar hoy, se encuentren salpicados de imprecisiones, propaganda y, como, no alusiones continuas al cambio climático, varias de ellas sin sentido. Pero a lo que vamos. Se trata de una sorpresa para todos aquellos que trabajamos en el mundo de los suelos y sus relaciones con los restantes compartimentos de la biogeosfera global. “hasta el 26 por ciento del nitrógeno en los ecosistemas naturales proviene de las rocas, y la fracción restante se capta de la atmósfera”, exclamas estos investigadores” (…)  la meteorización del nitrógeno resulta ser una fuente de nutrientes globalmente importante para los suelos y ecosistemas en todo el mundo (…)”Estos resultados van a requerir la reescritura de los libros de texto“. Suponiendo que indagaciones posteriores confirmaran los resultados de esta investigación, efectivamente, sí habría que redactar de nuevo los manuales de edafología. Empero la ciencia requiere corroboraciones que confirmen este aserto. “Un árbol no hace un bosque”. Del mismo modo apuntan, como era de esperar, que tal aportación litológica, hasta ahora desconocida, varía según rocas, ambientes y paisajes. Sin embargo, la nota de prensa no explicita cuales, que tipo de rocas, si bien precisan más en espacios geográficos concretos.  

Respecto a los locuaces  y repetitivos comentarios del cambio climático, reitero que algunos pueden ser apropiados, pero la mayoría no. Eso sí, en vista de la originalidad del estudio, no analizaré en detalle cada uno de ellos. Mejor callarse y dejaros con la noticia, ya que desde el punto de vista de las ciencias del suelo, de ser cierta, no cabe duda que sería una gran aportación.  

Os dejo ya con la noticia traducida del inglés al castellano español.

Juan José Ibáñez

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Metales pesados, antibióticos y suelos: en la base de la resistencia antibiótica

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 Colaje de Almadén y los experimentos realizado por los autores de este post

Dra. Marina Robas Mora; Dr. Pedro Antonio Jiménez Gómez y Dr. Agustín Probanza Lobo

 Universidad San Pablo CEU. Facultad de Farmacia; Dto. de Ciencias Farmacéuticas y de la Salud; Área de Microbiología

 La aparición de resistencias a antibióticos en bacterias patógenas (que previamente eran sensibles) es uno de los principales retos a los que se enfrenta la Microbiología actual.  Cada vez hay más evidencias de microorganismos ambientales altamente resistentes a los antibióticos. Los genes que dan lugar a esta resistencia ambiental tienen la capacidad de ser transferidos a patógenos y, de hecho, existen pruebas de que algunos genes de resistencia se han originado en bacterias ambientales.

Teniendo en cuenta lo anterior, y considerando que la contaminación, en general, y por metales pesados, en particular, puede seleccionar de forma cruzada resistencia microbiana a antibióticos, pasamos de tener un problema de naturaleza puramente ambiental a un claro ejemplo de riesgo para la salud pública. Varios autores ya habían descrito que el efecto de los contaminantes sobre la biosfera es mucho más amplio que la dimensión puramente ambiental, pudiendo afectar la estructura y la actividad de la microbiota ambiental. En este sentido, la cross-selección entre la contaminación por mercurio y la resistencia a antibióticos (los mismos determinantes genéticos responsables de la resistencia a antibióticos y a metales) es una de sus consecuencias y un claro ejemplo de los efectos de este tipo de contaminantes, no solo sobre el medio ambiente, sino potencialmente sobre la salud humana y animal. A día de hoy, no está completamente descrito el alcance del impacto que la contaminación por genes de resistencia pueda tener para la salud humana, así como para la evolución de las poblaciones microbianas. Los estudios sobre la resistencia a antibióticos en suelos demuestran que las bacterias ambientales portan genes de resistencia a antibióticos independientemente de la actividad humana. Estas bacterias, muchas de ellas no olvidemos que son productoras naturales de este tipo de sustancias, por tanto, actúan como reservorios naturales de genes de resistencia y suministran  genes transferibles, lo que constituye un  problema  de  salud pública que se creía superado. Lamentablemente, la ignorancia humana ha llevado erróneamente a considerar que el suelo es una esponja de lo más adecuada para almacenar y absorber con una enorme resiliencia todos los desechos que le incorporásemos con la consecuente, aunque no siempre considerada, reducción de su potencial empleabilidad. Si a esto le sumamos que de todos los ambientes posibles, el suelo es, probablemente, el ambiente más heterogéneo y actúa como el sumidero de todos los residuos y desechos imaginables, entre ellos los efluentes urbanos, ganaderos, industriales, sanitarios,… ninguno previsiblemente libre de antibióticos, abandonamos la dimensión ambiental para generar un cóctel de lo más prometedor, de interacciones microorganismos-sustancias químicas, cuyo potencial efecto sobre la flora y fauna desconocemos por completo.

Un claro ejemplo de ello (que nos puede servir como referencia para entender la dinámica edáfica), es el ámbito en el que hemos estado trabajando durante los últimos cuatro años, y que vio la luz en forma de Tesis Doctoral, es la situación que se vive en la que probablemente sea la zona minera más importante a nivel global: el Distrito Minero de Almadén. Éste es conocido por ser la región del mundo que más ha abastecido con mercurio desde la época de los Romanos hasta su cierre en el año 2003. Tanto es así que los datos más actuales disponibles revelan la existencia de valores elevados (o incluso extremadamente elevados) del contaminante en suelos (de casi 9000 μg/g, frente a los 1-1,5 μg/g que establece como límite la legislación vigente para este metal pesado). Así mismo, se han detectado niveles alarmantes en cangrejos y en plantas, (algunas de las cuales podrían haber sido empleadas como pasto o incluso para consumo humano). Conociendo esta información y sabiendo que esta concentración va in crescendo según ascendemos en la cadena alimentaria, parece lógico que la mayor parte de los estudios que se llevan a cabo a día de hoy en la zona, sean con fines restauradores o rehabilitadores a fin de mitigar los problemas causados por la contaminación por mercurio y encontrar usos alternativos del suelo que impulsen de nuevo la economía local. Sin embargo, los métodos físico-químicos tradicionalmente empleados, aunque permiten obtener buenos resultados en procesos de descontaminación de suelos afectados con metales pesados, son caros y pueden resultar agresivos con el medio ambiente, por lo que actualmente se plantea otra posible vía de actuación, la biológica, como una alternativa más eficaz, económica y respetuosa con el medio ambiente. Esto implica el empleo de organismos para reducir, eliminar, contener o transformar los contaminantes en suelo, agua y aire, a través del empleo de métodos biotecnológicos como la biorremediación. Una de las técnicas más conocidas de remediación biológica es la fitorremediación. Si se optimiza el efecto sinérgico entre las plantas y sus microorganismos asociados a la raíz pasa a denominarse fitorrizorremediación que es precisamente donde hemos desarrollado nuestra línea de trabajo. Fue precisamente buscando bacterias asociadas a las raíces (rizosfera) de plantas naturalmente crecidas en los suelos de Almadén (para su ulterior uso en procesos de fitorrizorremediación) que nos dimos cuenta de un hecho que nos abriría un nuevo enfoque del estudio. Las complejas comunidades microbianas que estábamos estudiando con fines restauradores, presentaban elevados niveles de resistencia a antibióticos. La pregunta es obligada ¿cómo es posible que, en medio de un paraje natural sin elevada presión antrópica (o ganadera) encontremos resistencias antibióticas a sustancias del mundo clínico, como por ejemplo quinolonas? ¿cómo han llegado hasta ahí? ¿qué significado biológico tienen? pero no solo eso, lejos de terminar ahí, seguimos con las sorpresas al comprobar que esa resistencia comunitaria varía en función de si analizamos suelos rizosféricos o si analizamos suelos libres, ¿qué papel juega la vegetación, más concretamente la rizosfera de las plantas en la selección de su microbiota edáfica simbiótica?

Aún estamos lejos de dar respuesta a todas estas preguntas (aunque trabajamos incesantemente en ello) pero lo que es innegable es que esta situación es extrapolable a muchos otros ambientes en los que la presencia de un contaminante favorece la selección de cepas naturalmente resistentes y de cepas capaces de adquirir mecanismos de resistencia a partir de elementos génicos móviles, tales como integrones, transposones o plásmidos. Desafortunadamente, el medio natural es sensible a este problema, y la resistencia a antibióticos amenaza la prevención y tratamiento de un rango creciente de infecciones causadas por bacterias. Por ello, un elevado número de gobiernos de todo el mundo están dedicando esfuerzos para combatir un problema que amenaza los logros de la medicina moderna. Ya la Organización Mundial de la Salud en el año 2014, emitió un comunicado en el que alertaba de que una era post-antibiótica en la que las infecciones más comunes o incluso lesiones menores pueden suponer un riesgo para la vida, lejos de ser una visión apocalíptica y fatalista, es una posibilidad en el presente siglo XXI.

 Y así es como hemos pasado de lo que a primera vista es un problema meramente ambiental, la contaminación de los suelos con metales pesados, a un problema global de salud pública; la resistencia a antibióticos. Queda mucho por hacer y nos comprometemos a seguir en esta prometedora línea de investigación, ya que los problemas siempre deben abordarse desde la base. La crisis de resistencia antibiótica a la que estamos asistiendo en los últimos años, que por fin empieza a hacerse eco en los medios de comunicación y a llegar a los oídos de la población en general, no puede o, mejor dicho, no debe abordarse exclusivamente atendiendo a la cúspide de la pirámide: el ámbito clínico. Debemos ahondar en el problema y buscar el origen y no solo en las consecuencias (que también), respondiendo a alguna de estas preguntas: ¿Cuál es el verdadero origen de la resistencia a los antibióticos? ¿Cómo y en qué momento entra en contacto la población con dichas resistencias? ¿Es por un abuso de antibióticos como nos hacen ver a través de una inadecuada prescripción médica, o un uso (abuso) inadecuado de los antibióticos, o más bien la sobreexposición es inconsciente a través de los alimentos (vegetales y animales) y consumo de aguas? ¿Quizá una combinación de todo lo anterior? Por ello, hacemos un llamamiento a un análisis más global e integrado de la problemática. Que la resistencia a antibióticos en un problema clínico es indiscutible, pero también ambiental, no olvidemos ninguna de las dos caras de la moneda o nos será muy difícil dar en la diana.

Autores:

Dra. Marina Robas Mora

Dr. Pedro Antonio Jiménez Gómez

Dr. Agustín Probanza Lobo

 

Universidad San Pablo CEU.

Facultad de Farmacia

Dto. de Ciencias Farmacéuticas y de la Salud

Área de Microbiología

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Del olor a tierra mojada a la transmisión aérea de las bacterias patógenas del suelo

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Fuente: Google imágenes

Ya os hemos narrado en otros post, actualmente se reconoce que los microorganismos viven en una biosfera y edafosfera globalizadas, siendo transportados por el aire a largas distancias, ya sean patógenos o no.  También pueden llovernos ranas, peces sapos y ¿culebras?, como os narramos e uno de los post previamente aludidos. Eso sí, el hombre y su alocada tecnología intenta emularlos de la forma más sangrienta, como esas bombas y misiles que también diluvian sobre las cabezas de muchos pobres o desheredados de la Tierra.

Hoy os vamos a mostrar un curioso trabajo que pretende explicar cómo pudieran dispersarse los microorganismos desde el suelo, a través del aire, tras los impactos de las gotas de lluvia, incluidos los que inducen enfermedades patogénicas. El contenido se basa en la siguiente nota de prensa reproducida y traducida de la original que llevaba por título: “A light rain can spread soil bacteria far and wide” (Una llovizna también puede ser un medio para la propagación lejana y amplia de bacterias), aparecida en el boletín de noticias TerraDaily, Como veis, el título no nos informa de novedad alguna, aunque la noticia “creo que sí”. Tan solo os traduzco los fragmentos más interesantes, pudiendo ver la nota de prensa original al final de este post. Vamos allá……

Utilizando imágenes de alta resolución, los investigadores del Departamento de Ingeniería Mecánica del MIT observaron el efecto de las gotas de lluvia que caían sobre un suelo seco cargado de bacterias. Cuando caen a velocidades que imitan a las de una lluvia ligera, a temperaturas similares a las que acaecen en las regiones tropicales, las gotas liberan aerosoles, algo así como un “rocío de niebla”, según los autores. Cada aerosol transportó hasta varios miles de bacterias del suelo. Los investigadores encontraron que estos microorganismos permanecieron vivos más de una hora después. (…) Si estas bacterias aerotransportadas fueran transportadas más lejos por el viento, podrían recorrer grandes distancias, antes de colonizar y asentarse en el suelo de la una nueva ubicación.

“Imagínese que una planta infectada con un patógeno en una zona determinada, así como que el agente patógeno se hubiera extendido por los suelos de los alrededores. En tal caso, la lluvia podría dispersarlo aún más. Las gotas artificiales de los sistemas rociadores también podrían producir este tipo de dispersión, por lo que la investigación en cuestión atesora implicaciones fitopatológicas, es decir, sobre el control de la dispersión de los patógenos”. Según los cálculos de los científicos que llevaron a cabo el estudio, la precipitación mundial pudiera ser responsable de entre el 1 y el 25 por ciento de la cantidad total de bacterias emitidas desde el suelo. (….).  A medida que las gotitas de agua entran en contacto con el suelo (caen sobre el mismo) atraparán pequeñas burbujas de aire de su superficie, elevándose después para estallar a través de la gotita, creando un spray que albergará gotitas más pequeñas de agua o aerosoles. En ese momento, el grupo propuso que este mecanismo pudiera explicar los orígenes delpetricor“- el característico olor a tierra que a menudo sigue a una tormenta de lluvia. Otros científicos se pusieron en contacto con ellos ya que habían “notado” que tal proceso podía ser el motivo desencadenante de una enfermedad concreta (más detalles en la nota de prensa original).

 En el laboratorio, el equipo examinó el efecto de la lluvia sobre tres especies no infectadas por bacterias del suelo patógenas, sobre seis tipos de suelo seco, entre los que se incluyeron arcilla, arcilla arenosa y arena. Los investigadores simularon la lluvia haciendo caer gotas individuales de agua desde varias alturas diferentes (condicionando pues su velocidad de descenso) sobre estos “suelos”, a través del agujero de un pequeño disco que se colocó justo encima, con vistas a capturar cualquier aerosol que estallara desde la superficie. También comprobaron si la temperatura era otra variable a tener en cuenta, variando la temperatura superficial del medio edáfico, Todo ello ayuda a emular distintas  intensidades de lluvia.

Encontraron que las gotitas produjeron el mayor número de aerosoles en suelos con temperaturas de alrededor de 86 grados Fahrenheit, similares a las que acaecen en las regiones tropicales. Las gotitas también producían más aerosoles cuando impactaban sobre los suelos de arcilla arenosa; La arena tendía a absorber las gotitas por completo antes de que se formaran burbujas o aerosoles. Los autores observaron mayores recuentos de aerosoles cuando las gotas cayeron a velocidades de entre 1,4 y 1,7 metros por segundo – aproximadamente la intensidad de una lluvia ligera o llovizna.  Justo a tal velocidad, el agua penetra en el suelo sin generar salpicaduras, pero lo suficientemente rápido como para atrapar aire, “Este último, confinado, libera burbujas que estallan, liberando así los aerosoles. Encontramos pues una  relación entre la distribución del tamaño del aerosol y el número de burbujas que explotan“.

Seguidamente, los investigadores firmantes del estudio recogieron los aerosoles que rociaron sobre el disco pequeño, transfiriéndolo a recipientes apropiados como para llevar a cabo un conteo del número de bacterias en cada aerosol. Encontraron que el número de bacterias variaba de cero a varios miles en una sola gota de esa agua de lluvia, dependiendo del tipo de suelo, la densidad de bacterias dentro de un suelo dado, la temperatura del mismo y la velocidad del impacto de las gotas.

El equipo identificó tres parámetros principales necesarios para estimar el número total de bacterias u otras partículas que pueden ser dispersadas por una sola gota de lluvia golpeando una superficie porosa: la densidad de bacterias y burbujas de aire en una superficie dada, así como un parámetro al que denominaron eficiencia de aerosolización, es decir la relación entre el número de bacterias en una superficie y el número de bacterias que finalmente se dispersan desde la misma.

Usando estos tres parámetros, los investigadores estimaron que el número total de bacterias dispersadas por las gotas de lluvia puede oscilar entre 10.000 billones y 800.000 billones de microorganismos al año. Como resultado, la precipitación global puede contribuir a liberar del 1,6 al 25% de la cantidad total de bacterias del sueloa tierra. Obviamente, se requiere más investigación con vistas a  reducir la gama de emisiones globales de bacterias por la lluvia, pero la generación de aerosoles por las aguas precipitaciones podría ser un importante mecanismo de transferencia de bacterias al medio ambiente. Finalmente, los investigadores que realizaron esta investigación se proponen ahora averiguar si este mecanismo pudiera ser también responsable de ciertas infecciones en humanos, animales y plantas, así como los impactos climáticos derivados de la formación de nubes, por la nucleación de hielo.

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Suelos Contaminados y Agua Fósil: Hipotecando nuestro futuro

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Agua Fósil: Fuente: la Ciudad sobre el Lago

 El Homo depredador, y su soberana estupidez no reparan en medios para descapitalizar nuestro ansiado futuro sustentable. Mientras la ciencia alardea acerca de sus conocimientos y portentosas tecnologías con vistas a salvar el planeta de su más que probable tenebroso destino, la realidad se obstina en contradecir tales asertos. Eso sí, a veces nos deparan sorpresas tan indeseables como desmitificadoras de lo que muchos investigadores se ufanan de proclamar como “verdad científica”.  Y aquí tenemos la denominada “agua fósil”, que da muestra de nuestro poder demoledor. Ahora resulta que ese agua ni es fósil, ni aislada, ni libre de contaminantes, ni nada por el estilo, estando conectada con las superficiales, que estamos contaminando, y los suelos ya cargados de sabrosonas sustancias peligrosas, vía atmósfera e hídrica. No debe extrañarnos por tanto estas otras noticias, aparecidas en los medios de comunicación hace unos meses: “Las fosas más profundas del océano tienen niveles “extraordinarios” de contaminación”. Contaminación sin fronteras, soslayando el terrible basurero en que estamos convirtiendo el espacio exterior vía satelital. ¡Lo hemos conseguido”. ¿Qué debemos degradar/contaminar/extinguir ahora?. ¡Pongámonos a ello!. ¿no hay problema!. Parece ser que es lo único que sabemos hacer a la perfección: ecocidio, que a la postre equivale a suicidio.  No nos engañemos, por mucho que le intenten convencer, este es el mejor aval de esa gloriosa geoingeniería planetaria.

 Hasta no hace mucho tiempo, se pensaba que la corteza litosférica se encontraba aislada del manto terrestre, cuando no es así. Posiblemente, tarde o temprano se descubra que lo mismo ocurre entre el manto y el núcleo de nuestro planeta azul-contaminado. Tampoco las aguas subterráneas se encuentran desconectadas de las más superficiales y así in largo etc. Gaia y Gea son sistemas abiertos, por lo que cualquier “creencia”, que no ciencia, que pretenda clasificarla en compartimentos estanco  se encuentra destinada a ser refutada, cuando no a obstaculizar futuros progresos.

 Ahora resulta que ese agua fósil”, se encuentra contaminada, como mínimo con productos radioactivos, y si es así, con todo lo que vertimos en nuetra sociedad super-contaminante.  ¿Quedan reservas de agua virgen” para el futuro? Pues va a ser que no, ya o verán. Virgen, genuinamente virgen, ya no queda nada. Y reiteramos que si, como de fe la noticia de hoy, los ensayos termonucleares terminaron depositando sus venenosos elementos en donde creíamos que era imposible, con toda seguridad, lo mismo se encuentra ocurriendo con otros productos polucionantes, ya hablemos de fertilizantes, agroquímicos, nanopartículas, etc. etc.  Todo es cuestión de tiempo. ¡Acabemos con Gaia y Gea, para que ese estúpido debate sobre el denominado Antropoceno mute de mala ciencia en realidad!. Y no añadiré ni una palabra más, ya que la nota de prensa habla por sí sola.

Juan José Ibáñez

 Encuentran radiactividad en las aguas subterráneas de todo el mundo

Una investigación ha descubierto restos de un isotopo radiactivo en el agua subterránea acumulada en pozos de todo el mundo, que se usa para consumo humano y el riego de cultivos. Esta contaminación amenaza también al agua fósil, almacenada a más de 250 metros de la superficie terrestre durante más de 12.000 años, donde han encontrado rastros del agua de lluvia actual.


FUENTE | Tendencias21; 05/05/2017

 Una investigación que analizó el agua subterránea en más de 6.000 pozos de todo el mundo ha encontrado restos de tritio, un isótopo radiactivo que se extendió por todo el mundo como resultado de las pruebas con bombas termonucleares, en la mitad de los pozos analizados. El estudio, dirigido por el hidrogeólogo Scott Jasechko, de la Universidad de Calgary, se ha publicado en Nature Geoscience, según informa la citada universidad en un comunicado.

Este descubrimiento señala que la lluvia contaminada y la nieve derretida pueden mezclarse con las aguas subterráneas fósiles y contaminar potencialmente el agua antigua, que hasta ahora se consideraba a salvo de la influencia humana.

El agua más reciente contiene más carbono radioactivo por haber estado expuesta a la atmósfera terrestre y al suelo contaminado por los ensayos nucleares del siglo pasado. Las aguas fósiles se han mantenido aisladas bajo tierra durante mucho tiempo, sin que la actividad humana las afecte.

Sin embargo, aunque se encuentran a más de 250 metros de la superficie terrestre, las aguas fósiles, que tienen más de 12.000 años de antigüedad, presentan ahora rastros de agua de lluvia actual, lo que las vuelve vulnerables a los contaminantes derivados de actividades modernas en la superficie, según los investigadores.

Continua…….

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Industrias líticas paleolíticas, silicretas y su tratamiento térmico por el fuego

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Silicretas y herramientas. Fuente: Google imágenes

 El sílex era uno de los materiales líticos (generalmente rocas propiamente dichas) más usado por nuestros antepasados en la prehistoria de la “edad de piedra”. Con él elaboraban los utensilios de mayor dureza de que podían disponer., hasta que consiguieron ingeniárselas para desarrollar tecnologías que les permitieron moldear metales.

 Todavía desconocemos todos los pasos y progresos que tuvieron que llevarse a cabo para pasar de la edad de piedra a la edad de los metales, como os explicamos abajo.  Usualmente se ha venido defendiendo que en todas las elaboraciones de utensilios líticos el sílex era el material más común. Sin embargo, en amplios espacios geográficos, y especialmente bajo los espesos mantos de suelos y regolitos que subyacen en antiguos crátones de trópicos y subtrópicos, las rocas se encuentran a gran profundidad, no estando a menudo al alcance de aquellas culturas. En consecuencia se veían obligados a hacer uso de horizontes del suelo endurecidos, los cuales tampoco son muy frecuentes, aunque afortunadamente en aquellos ambientes aparecían en, o cerca de la superficie con mayor profusión que otros. Este es el caso de los plintosoles, que  aún siguen siendo muy útiles como materiales en la construcción de viviendas en muchos poblados africanos.

 El uso del fuego fue una de las primeras tecnologías que usaron aquellos humanos a la hora de calentarse, cocinar y modelar la naturaleza. Como ya os comentamos en algunos post hace muchos años (por ejemplo, este entre otros: Suelos Pobres: Ladrillos Negros y Ladrillos Rojos (Materiales para el Hombre), el ingenio humano ha resultado ser formidable a lo largo de su historia. Tarde o temprano debieron percatarse de que el fuego podía mejorar la maleabilidad y dureza, de ciertos horizontes endurecidos con vistas a fabricar armas y utensilios mejores que los que poseían. Nos referimos a las silicretas u horizontes endurecidos por la cementación de sílice. Por tanto, no debe extrañar  la historia que os narramos hoy, de la cual ya escribimos un post, cuando se detectaron las primeras evidencias, que hoy la ciencia ha confirmado. Por lo tanto, no cabe la sorpresa ante la afirmación de que parte de los materiales edáficos fueran usados para elaborar armas, hogares, aislantes y otros ingenios. Cuando algo les resultaba útil o mejoraba lo anterior, tarde o temprano, los seres humanos terminan haciendo uso de ello, con vistas a mejorar sus vidas. Los suelos, no solo han servido usados para la agricultura y ganadería, sino en todo lo que hiciera falta en cada momento y lugar. Y de eso va la historia que os narramos a continuación. 

La silicreta es un tipo de horizonte edáfico endurecido que se generan en ciertos ambientes, abundando en determinados espacios geográficos. En un post anterior ya hablamos sobre este tipo de suelos a los que denominamos Durisoles, señalando que: “se distribuye principalmente por extensas áreas en Australia, Sudáfrica y Namibia, así como en los Estados Unidos de Norteamérica (particularmente, Nevada, California y Arizona). En menor medida también pueden detectarse en América Central, Sudamérica,  Kuwait y ciertas regiones Mediterráneas”. Del mismo modo, en el siguiente post: Silicretas, Tecnología Paleolítica, Pirotecnología y Evolución de la Conciencia Humana, abundamos también acerca del tema, si bien por aquel entonces el estudio nos informaba de evidencias, que no de hechos ya mejor contrastados, como en la nota de prensa que os mostramos hoy, y que reproducimos de dos noticieros, uno en español y otro en inglés.  En consecuencia seremos muy breves.

 Juan José Ibáñez

 Continúa………

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Los Suelos y la Preservación del Patrimonio Cultural (primeros ensayos metodológicos)

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Los suelos y el patrimonio cultural del pasado

Suelos y patrimonio cultural. Fuente: Colaje Google imágenes

Una extensión considerable de los suelos del mundo esconde y preservan parte del patrimonio cultural de nuestros antepasados.  No es fácil saber dónde, si no se usan nuevas metodologías y prospecciones detalladas. El desarrollo de infraestructuras y en parte también el laboreo puede destruir valiosas joyas que nos impidan conocer ciertos aspectos y episodios de la historia de la humanidad. Personalmente he venido defendiendo esta “función de preservación” desde hace unos 12-15 años, prácticamente ignorada por la inmensa mayoría de los expertos en la ciencia del suelo. Sin embargo, actualmente algo comienza a moverse.

La Unión Europea, desde el Joint Research Center, en el antaño denominado Buró Europeo de Suelos (European Soil Buro -ESB) y ahora renombrado como Centro Europeo de Datos (European Soil Data Centre -ESDAC), ha publicado un ensayo con propuestas metodológicas sobre el tema al que aquí aludimos.  Y utilizo el vocablo ensayo ya que se me antoja aun poco serio y aún menos riguroso. Sin embargo, algo es algo. Abajo os dejo la noticia traducida del suajili al español castellano, que incluye tal intento, reitero que en mi opinión aún muy prosaico. Sin embargo resulta recomendable leerlo. Del mismo modo, también se acaba de publicar un artículo científico acerca de la relación entre suelos y patrimonio cultural en donde se ofrecen más detalles.

Con vistas a conseguir tales objetivos, los autores y proponentes de la aproximación hacen uso de la base da datos de suelos de Europa, de la cual fui coautor. No se trata pues de una aproximación cuyas bondades permiten aplicar el procedimiento al conjunto de Europa, sino que esta es la base de datos de mayor cobertura y la han usado para testar, o mejor dicho publicitar las presuntas posibilidades que ofrece. Lo que a uno termina por irritarle, es que el primer autor, Mark, formaba parte conmigo del Comité ejecutivo del ESB en los inicios del siglo XXI. Yo insistí en el interés de este tema, a la que hicieron caso omiso la mayor parte de sus integrantes, y entre ellos Mark. Y unos 15 años después la hacen suya, aunque no aportan nada relevante. Muy al estilo inglés, la maniobra de este investigador, que aterrizó en aquel grupo, pesar de no tener ni idea de lo que era un suelo, demuestra como se las gasta la diplomacia y argucias  de los “British”. Abajo también os muestro algunos ejemplos extraídos de mi Researchgate (repositorio de las publicaciones escritas y publicadas a lo largo de mi trayectoria profesional) escritos en aquella época en donde se da fe de lo que digo. Luego publiqué varios artículos en revistas indexadas y capítulos de libros. Nada de ello consta en la bibliografía sobre la que se apoya Mark, con bastante descaro y poca ética.

¿Qué es lo que han hecho estos autores? ¿Qué nos proponen?. Cada tipo de suelos atesora unas propiedades que propician la conservación de ciertos compuestos y artefactos, o todo lo contrario. Unos edafotaxa pueden ser más apropiados para la conservación de ciertos restos que otros. Es decir, dependiendo de sus propiedades ciertos tipos de suelos pueden albergar algunos restos mejor que otros, o ninguno. Basándose en la mentada base de datos, y con algunos conocimientos de suelos nada complicados, es posible mostrar “mapitas”, muy atractivos sobre las coberturas edafológicas que mejor permiten conservar cierta clase de artefactos, materiales y compuestos de interés cultural. Entre ellos se citan huesos, dientes y conchas, sustancias orgánicas, metales y alecciones que dan cuenta de antiguos asentamientos (Cu, Fe y bronce), etc.  Y aquí termina todo. Es decir lo que parece una iniciativa novedosa no lo es, y sobre lo que se denomina predicción….. (prefiero no pronunciarme). Fin del cuento.

La cuestión estriba en que los artefactos de interés cultural han sido ubicados a lo largo del tiempo de forma dispersa por una gran variedad de enclaves, y los “mapitas” no dan, obviamente cuenta de ello, sino de los sitios en donde ¿pudieran? encontrarse mejor preservados, lo cual no quiere decir que los atesoren. Y todo ello en función de las premisas de las que parten los autores, que aun permanecen por ser corroboradas. Usando un mapa a escala 1:1M, es decir a escala muy grosera, poco se puede predecir, ya que se buscan asentamientos de reducidas extensiones y la generalización cartográfica omite muchos tipos de suelos minoritarios que también están presentes en las unidades de mapeo, aunque no aparezcan.

No obstante, soslayando estos procelosos y lamentables modos de proceder, al menos algo comienza a agitarse (¿verdad Mark?: ese colega que en su momento lo que yo defendí le entró por una oreja-que no oído- y le salió por otro), lo cual agradecerá la comunidad de edafólogos. Debo reconocer que trabajos oportunistas de esta catadura pueden ser positivos para todos los que amamos el mundo de los suelos. Eso sí en mi Researchgate, queda constancia de que no se trata de una inquina personal, sino hechos demostrablemente contumaces. Así se escribe hoy en día la historia de la ciencia.

Os dejo pues con la noticia……..

Juan José Ibáñez

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