Archivo para la categoría ‘Componentes, Estructuras y Procesos en los Suelos’

El Fuego y su Ineludible Importancia en los Ecosistemas (Incendios Forestales)

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El Fuego en el MIndo; Fuente: Managing the human component of fire regimes: lessons from Africa By Sally Archibald; http://rstb.royalsocietypublishing.org/content/371/1696/20150346

 Hoy es un lunes de verano cualquiera. El domingo anterior pase varias horas buscando una tabla que había utilizado en alguna conferencia, hace más de 20 años, con vistas a demostrar a los asistentes que los incendios son recurrentes en todos los biomas del mundo desde hace cientos de millones de años, si bien las cifras que buscaba tan solo daban cuenta de los periodos de retorno en ecosistemas representativos de los mentados biomas (tundra, taiga, bosques templados, mediterráneos, subtropicales, tropicales, etc.). Lamentablemente no la encontré, ya que era antigua y no debí digitalizar la diapositiva. ¡Lo lamento!, no obstante los contenidos que os ofrecemos hoy dan cuenta de todo ello.

La diferencia entre unos ecosistemas y otros no estriba en que unos sean eventualmente pasto de las llamas y otros no, sino en los respectivos periodos medios de recurrencia o retorno. Así, en los bosques boreales, o en los templados la frecuencia es obviamente mucho menor que en los mediterráneos. Empero cabe señalar que si la memoria no me falla,  no ningún caso superaban los cien años. En algunos ambientes, como en los bosques subtropicales secos y en los aludidos mediterráneos, los periodos de retorno no superaban más que unos pocos decenios. Por lo tanto, la existencia de grandes bosques muy longevos sería más cuestión de serendipia (acontecimientos afortunados) y/o condiciones microclimáticas muy longevas que de sus propiedades idiosincrásicas.

De hecho, el artículo que ha dado lugar a la noticia de hoy ha sido publicado en la revista Fire Ecology, con un modesto factor de impacto de 1.4. Sorprende pues que un hecho que debía ser archiconocido por los expertos, sea publicado a bombo y platillo como si fuera un descubrimiento relevante. La revista en cuestión es estadounidense, lo cual no deja de ser una paradoja. Los investigadores y técnicos forestales yanquis, han sido pioneros en el uso del fuego para el control de la biomasa de los Chaparrales americanos, parte de cuyas limpiezas eran realizados por reclusos vigilados. Obviamente, en los bosques templados de aquél país los periodos de retorno son más prolongados que en los matorrales y bosques mediterráneos de California. El objetivo de un incendio controlado resulta doble (i) mantener los ciclos naturales del fuego y (ii) evitar que una excesiva acumulación de la biomasa, excedido tal periodo de retorno, diera lugar a incendios devastadores y mucho más peligrosos que los naturales. De hecho, en el susodicho artículo se defiende que el fuego es necesario para mantener la salud de los ecosistemas forestales a largo plazo, dictamen que ya defendimos aquí hace más de diez años, ya que las evidencias ya eran palmarias en las décadas de los años 80  y 90 del siglo pasado.

Obviamente, la acción humana ha alterado los ciclos naturales del fuego en numerosos ecosistemas, generalmente incrementando su frecuencia, aunque a veces induciendo el proceso contrario, especialmente en parques naturales y espacios protegidos, que nos gustaría que no fueran pasto de las llamas, hasta que les correspondiera de promedio. En este último caso, tendemos a proteger/aislar el combustible de la mecha, por lo que a la larga el problema resulta ser más grave. El abandono de tierras, la expansión urbana hasta el límite de los bosques, la construcción de residencias y urbanizaciones rodeadas de masas arboladas, turistas sin la debida cultura, etc.,  son algunas de las razones que generan gravísimos incendios, así como la pérdida de vidas humanas e infraestructuras, que no el fuego en si mismo. Ya escribimos sobre estos temas hace varios años, como podéis constatar en esta bitácora.

 A la vista de lo expuesto, los investigadores, armados con nuevas instrumentaciones no disponles cuando se elaboró la tabla aludida, deberían ir afinando los periodos de recurrencia y actuar en consecuencia cuando llega el momento. Del mismo modo los gestores de urbanismo necesitan inexcusablemente impedir que las construcciones humanas sobrepasaran los límites a los que anteriormente nos referíamos.  Más aún, tampoco se debía dejar que ciertos propietarios o instituciones oficiales reforestaran sin elaborar planes previos acerca de la ecología del paisaje que eviten que las llamas se propaguen a lo largo y ancho de grandes extensiones. Ahora bien, el fuego ha sido compañero, que no enemigo de la naturaleza, cientos de millones de años antes de que el hombre apareciera sobre la faz del Planeta.

 Junto con la nota de prensa que ha dado lugar a este post, os mostramos el enlace a un artículo que nos informa del papel del fuego en la biosfera desde tiempos remotos, así como otros datos de interés.  Y reflexionemos, el fuego no es el problema, sino que casi como siempre los conflictos los generamos nosotros, mediante nuestras acciones e inacciones.

Juan José Ibáñez

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¿Afectará el calentamiento climático de forma similar a los suelos y la vegetación?

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Una Violeta recogiendo Violetas. Los ramitos de Violetas son un clásico de la cultura tradicional madrileña. Con diferencia el mejor contenido de este post. Febrero 2017 Madrid. Foto: Juanjo Ibáñez

 Cuando lee uno noticias como la de hoy  (Future climate change will affect plants and soil differently), en una revista de la categoría de Nature, se pregunta si  una buena parte de los investigadores implicados saben lo que realmente es un suelo, ya que parece que no. ¡Ni idea! No he leído el texto original completo, empero si alguien se ha atrevido a leerse los post de esta bitácora sobre geografía de suelos, comprenderá que los resultados son obvios, triviales, mientras que las conclusiones expuestas ponen los “pelos de punta”. Yo casi vomito, lamento decirlo, pero es así.  Trabajos hechos para engrosar los CV, ya que en lo que respecta al progreso de la ciencia ¡nada de nada!. Lo único que ha avanzado en los últimos años en la materia sobre la que versa la nota de prensa, es la gran suma dinero dispendiado con la moderna tecnología. Las Nuevas botellas cuestan más que el vino viejo que contienen. Del mismo modo, lo que ha retrocedido dramáticamente resulta ser el conocimiento de los denominados expertos en materia de cambio climático y suelos. Y cuando se es ignorante se espetan preguntas estúpidas. Todo lo dicho en “Nature Reports”, o al menos en la nota de prensa debe tirarse a la basura (que además resulta ser muy confusa y confundente: contrastar con el resumen de la publicación científica), por cuanto es tóxica pra los lectores habituales de esta humilde bitácora. Hablaremos del efecto de un calentamiento climático y/o sequia sobre la vegetación y suelos en un gradiente climático del continente europeo.

 Pero aclaremos antes de todo, que resulta imperativo que los autores de los artículos exijan a los periodistas el manuscrito previo a su publicación, como lo hago yo, pues de no hacerlo son responsables tanto unos como otros. Pero en este mundo en donde la imagen vale más que el contenido…. La auto-complacencia por salir en la foto de los medios de comunicación, deviene en uno de los peores enemigos del pensamiento crítico que a los científicos nos presupone (pura leyenda urbana, al parecer).

 En primer lugar, comparar como responderán dos recursos naturales tan dispares como suelos y vegetación, aun que unos influyan en los otros, resulta absurdo. ¿Cómo se comparan dos estructuras tan distintas?.

 Abajo he traducido el texto en inglés mediante el traductor google, sin esmerarme lo más mínimo, ya que con los dedos de una mano me tapaba la nariz, de puro asco. Como veréis abajo una de las autores del estudio, nos habla de suelos encharcados y con formación de turba. Hablamos pues, ya sea de Gleysoles, ya de Histosoles. Por el contrario en el gradiente estudiado por los firmantes del artículo nos informan de suelos “secos” (¿?). En las zonas más áridas de este continente, como en los demás, dominan los Calcisoles, Gypsisoles, Solonchaks y otros edafotaxa que podéis ver en el siguiente post: Paisajes con Suelos Desérticos en Europa. Hablamos de dos mundos distintos desde cualquier punto de vista “racional”.

 La mayoría de los microrganismos unicelulares y pluricelulares (nematodos, colémbolos, etc., etc.) que habitan en el msuelo son acuáticos (aunque la tierra nos parezca bastante seca), por lo que si no hay agua desaparecen o pasan a formas latentes con diversas estrategias hasta que les rocíe el oro azul, y su actividad renazca, como florecen las flores. Del mismo modo, la temperatura del suelo disminuye rápidamente en profundidad, amortiguándose severamente, en contraste a las fluctuaciones que padece el mundo aéreo, tanto a lo largo del día, como de un ciclo anual. Confundir sequía con aumento de temperaturas se me antoja otro dislate desde un punto de vista científico. Sin embargo, el exceso de agua (anegación, encharcamiento) es tan dañino como su carencia. En otras palabras, la aridez resulta ser tan dañina como la paludificación (encharcamiento y acumulación de carbono) en el medio edáfico. Si en condiciones de sequedad extrema el ecosistema suelo casi paraliza su actividad,  siendo la materia orgánica escasísima, debido a la también pobre  biomasa vegetal,  lo mismo ocurre en los suelos encharcados de agua, si bien allí la materia orgánica no se descompone y como corolario se acumula. Por lo tanto en los de Gleysoles, e Histosoles del norte de Europa el descenso de la capa freática, permite la existencia de un suelo aireado y con humedad, favoreciendo el metabolismo biosférico (por ejemplo, la productividad primeria de la vegetación), es decir sacando al ecosistema suelo de su letargo, y facilitando pues la descomposición de la materia orgánica allí acumulada. Por el contrario, conforme el clima se hace más seco,  la falta de agua o una sequía prolongada, frenera la producción de la biomasa aérea, dando lugar a una ralentización extrema en la actividad biológica del suelo, tanto por falta de alimento, como de agua. Así pues, ya sean sequías prolongadas o un incremento de aridez, mejorarán la producción de los ecosistemas encharcados (que no húmedos) y una drástica reducción en los “secos”. Ya os expusimos diversos mapas y proporcionado abundante información sobre todos los tipos de suelos en Europa. En nuestras categorías (i) Taxonomías y Clasificaciones; (ii) Geografía de Suelos y megageografía y (iii) Curso Básico: Tipos de Suelos del Mundo, disponéis de toda la información necesaria para llegar a las mismas conclusiones vosotros mismos. Por lo tanto, resulta ridículo ¿descubrir?, como se alega en la nota de prensa, que: “ha quedado claro cómo la presión de los factores del cambio climático puede actuar de manera diferente y a veces incluso opuesta a través de estas condiciones” (refiriéndose al gradiente climático analizado). Obvio, trivial y banal. Afortunadamente el comentario del otro autor, en este caso español, al menos no son horripilantes, tan solo banales. Veamos dos ejemplos hilarantes.

 Del mismo modo, una tal Sabina, autora del estudio defiende que:. “Soil water plays a critical role in wet soils where water logging limits decomposition processes by soil biota resulting in a build-up of soil carbon as peat”. Traducido del suajili: El agua de los suelos tiene una importancia crítica en los “suelos húmedos ¿? (quiere decir encharcados, (pero su formación no da para tanta sutiliza) en donde el encharcamiento (ahora sí) limita los procesos de descomposición de la biota edáfica, y como corolario la materia orgánica se acumula en forma de turba. Lección de parvulario. Sin embargo la superficie de suelo cubierta por de Gleysoles, e Histosoles, incluso en el norte de Europa, a no ser que nos acerquemos al círculo polar ártico es ostensiblemente menos que la de los “secos”, es decir “no anegados por el agua”. Por lo tanto este ejemplo no me vale, ya que deviene en sacar conclusiones banales de los extremos de un continuo. Empero aquí entra en juego el gran Pope, al ilústranos en que 2 + 2 = 4, al clamar: “These results emphasise how sensitive soil processes such as soil respiration are to environmental change”. Os lo traduzco por cuanto este sí es un verdadero hallazgo precolombino: “Estos resultados enfatizan hasta qué punto son sensibles procesos tales como la respiración del suelo a los cambios ambientales”. Y el sabio se quedó tan orondo y satisfecho.  Si, el gran cerebro de este ejemplar acaba de rizar el rizo de la obviedad, alcanzando lo sublime, ya casi una divinidad digna de ser esculpida en oro y adornada de diamantes.

Si deseáis una información más sencilla y clara sobre esta iluminada investigación os recomiendo que leáis tan solo estos dos post de nuestro blog: (i) Desertificación en el Sur de Europa y en el norte ¿Qué?: Polvo versus Barro; (ii) Meta-Análisis: Suelos y Cambio Climático (Un Nuevo Estudio).

 En mi opinión, y al menos en lo que se refiere a la relación entre ecología, suelos y cambio climático, Nature y Science, han caído tan bajo que resulta difícil imaginarse algo tan rastrero. ¡Triste, lamentable! Al parecer confunden el suelo con “tener la creatividad por los suelos”.

 Juan José Ibáñez (más…)

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Descomposición de la materia orgánica del suelo, cadenas tróficas y megafauna

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Megafauna y ecosistemas prístinos. Fuente: Fuente Geocurrents: Pleistocene Re-Wilding: Environmental Restoration or Ecological Heresy?

 La mayor parte de los expertos en ciencias del suelo caemos en el “pecado mortal” de interpretar los procesos de descomposición de la materia orgánica en los ecosistemas naturales, soslayando la estructura de la cadena trófica que habita sobre el. Con harta frecuencia pensamos en la composición química de la vegetación y si sus propiedades resultan ser más o menos favorables como sustento de los organismos del suelo, el clima, los usos del territorio, y últimamente, para mi martirio, el soporífero cliché del cambio climático. Sin embargo, si deseamos “acercarnos” a entender que ocurría en los ecosistemas prístinos, faltan otros elementos, y en especial la estructura de las cadenas tróficas que atesoraban. Pero no es así. ¿A qué viene a cuento esta crítica? De eso versa este post, ya que el tema puede calificarse de cualquier forma menos de baladí.

 Como os hemos mentado en una serie de post, el hombre paleolítico generó la extinción masiva de la mayor parte de la megafauna de casi todos los continentes. Y al hacerlo, transformó los ecosistemas, afectando de paso al clima y a toda la biosfera. En consecuencia, los ecosistemas actuales, en su mayor parte, no corresponden a lo que cabría esperar sin la presencia humana. Hablar pues en general de ecosistemas prístinos carece de sentido en la mayoría de los casos.   Como  corolario, tampoco deberíamos usar el concepto de suelos prístinos, en lugar de naturales, salvo en contadas “excepciones”. Y reitero que todo reside en nuestra falta de atención a las cadenas tróficas. Simplificando mucho, podemos alegar que estas últimas se encuentran compuestas de depredadores (carnívoros), sus presas (mayoritariamente herbívoros), las plantas de que se alimentan los últimos, invertebrados, microrganismos, etc. En un ecosistema saludable (aunque lo mismo ocurre en la demografía de las sociedades) al razón número de individuos/unidad de biomasa desciende conforme escalamos eslabones a lo largo de la cadena trófica, por lo que también solemos referirnos a ellas como pirámides tróficas o poblacionales. Pues bien, el hombre paleolítico dio buena cuenta tanto de los carnívoros como de los herbívoros naturales de gran tamaño, colapsando  a menudo la estructura biocnóticas de los ecosistema, que dejo pues de ser prístina por definición. Debido a que los herbívoros son necesariamente más abundantes que sus depredadores, al erradicarlos, en la naturaleza dejaron de realizar una de sus principales funciones (aunque también necesidades), que a menudo, se soslaya; la digestión y transformación de gran parte de la biomasa vegetal, que finalmente era devuelta al suelo en forma de detritos, ya considerablemente descompuestos como para que los organismos del suelo terminaran de realizar su trabajo de humificación y mineralización con “normalidad”.  En términos coloquiales, uno puede entender que la dieta de los organismos del suelo, tras la desaparición de la megafauna de herbívoros, comenzó a ser mucho más indigesta y el metabolismo edáfico considerablemente lento y pesado (el atávico ardor de estómago).

 Tan solo hace falta observar los profundos y fértiles suelos de las estepas, pampas, praderas y otras formaciones pascícolas en las que abundan los herbívoros, cuando no son sobre-pastoreadas, para darnos cuenta de que, casi con total seguridad, el metabolismo del suelo y la humificación de la materia orgánica sufrió un severo impacto tras la desaparición de la megafauna. Cuando se cotejan los mapas sobre la fertilidad de los suelos del mundo, el lector observará que gran parte de ellos se encueran sobre esas formaciones herbáceas, salvo si estas medran sobre los viejos suelos de las formaciones cratónicas antiguas, pobres en nutrientes y sin apenas arcillas que colaboren en la retención de agua y nutrientes. De hecho, se necesitan muchos herbívoros con vistas a alimentar a los carnívoros, y tales bestias exigen una abundante fitomasa (biomasa vegetal) comestible, que no madera, leña y hojarasca. Tales circunstancias son más fáciles que acaezcan en espacios abiertos, semi-arbolados o no, que en bosques cerrados. De hecho, los estudios arqueológicos así lo avalan.  Pero también nuestro inconsciente. Se han realizado investigaciones acerca de los paisajes que más acogedores les parecen a los ciudadanos corrientes, habiéndose detectado  que las formaciones sabanoides o adehesadas (conceptos prácticamente sinónimos) las prefereidass. Posiblemente se trate de un vestigio escondido en nuestro subconsciente, reminiscencia de los ambientes en los que vivieron nuestros antepasados más remotos.

 Con la desaparición de la megafauna, la foresta de aquellos ecosistemas se cerraró dando lugar a hermosos y densos bosques. Sin embargo, la descomposición de la materia orgánica y su mezcla con la materia mineral con vistas a generar los agregados del suelo se vio obstaculizada/ralentizada por pura necesidad. Y todo debido a que la desaparición del eficiente microbioma rumiante de los herbívoros dejo huérfanos a los organismos del suelo, que se vieron obligados a hacerse cargo de la mayor parte del proceso de la descomposición de la biomasa y la formación de sustancias húmicas, Y ya se sabe, cuando desaparece un eslabón de la cadena trófica es como si ocurriera lo mismo que en una cadena industrial: el trabajo resulta ser más duro e ineficiente. Los edafólogos necesitaríamos reflexionar sobre este tema, en lugar de considerar que la megafauna es irrelevante en nuestros estudios, a la hora de extraer conclusiones de las pesquisas que llevamos a cabo. No se trata de cultura general, por cuanto al soslayar los contextos, no es infrecuente que nuestras perspectivas se desvíen del camino correcto.

En su momento os expuse este maravilloso ejemplo, que puede serviros para recapacitar: Fertilidad del Suelo y la Cadenas Tróficas: Un Sorprendente Cuento sobre el Mar, Placton, Krill, Salmones, Ríos, Osos y Suelos. Bajo os muestro una relativamente reciente nota de prensa sobre lo que actualmente sucede en reservas naturales de Veracruz. Lo he escogido no porque sea el mejor/peor), sino simplemente agradará a nuestro colaborador Régulo León Arteta que vive por aquellos lares. Cuando se decapita la cadena trófica, incluso en bosques…….

 Juan José Ibáñez     

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La respiración de suelos urbanos versus naturales y las huellas de la contaminación de las ciudades Industriales

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Fuente: colaje de google imágenes

Si como algunos investigadores comentan, la respiración del suelo es un indicador de su resiliencia, ahora resultaría que los suelos urbanos lo son, mucho más que los naturales. No me parece obvio, por tanto, utilizar respiración como síntoma de resiliencia, al menos por si sola. Hoy analizaremos dos notas de prensa derivadas de otros tantos artículos de investigación. La primera nos advierte que la respiración de los suelos urbanos puede alcanzar en algunas ciudades, como es el caso de Boston, el 72% del CO2 emitido por los propios combustibles fósiles, hecho que no deja de ser tan sorprendente como interesante. Y tales fuentes de CO2 parecen doblar la de los suelos rurales, por lo que de hecho comienzan a ser motivo de preocupación a la hora de mitigar el calentamiento climático. Según el estudio, los altos contenidos en materia orgánica, el espesor del mantillo, y la razón carbono/nitrógeno se encontraban en estos ambientes urbanos/periurbanos positivamente correlacionados con la respiración del suelo, es decir el CO2 que emiten a la atmósfera. Refiriéndose a los jardines domésticos o a las zonas ajardinadas, los investigadores que llevaron a cabo este estudio advierten de que, cuando los propietarios y jardineros añaden enmiendas orgánicas, a los suelos mentados con vistas a que sus céspedes crezcan con vigor ofrecen sabroso alimento, rico en nutrientes, a los microrganismos del suelo y, como resultado, estimulan su crecimiento, pero también las emisiones de anhídrido carbónico a la atmósfera.  Más concretamente, en la ciudad de Boston, detallan que, alrededor del 64 por ciento de los propietarios de viviendas fertilizan el césped, el 37 por ciento el uso de compost o abono orgánico, y el 90 por ciento utiliza “enmiendas” orgánicas del tipo de los mulching (acolchado). Todas estas “opciones, principalmente llevadas a cabo en los espacios verdes, públicos o privados,  se traducen en adiciones de carbono al suelo, promoviendo, como ya hemos comentado, las emisiones de CO2. No obstante, los doseles de los arboles contrarrestan “en parte” este proceso al absorberlo.

De ser cierto, resultaría paradójico, crear zonas verdes en las ciudades con vistas a que sean más sostenibles ambientalmente, cuando en realidad tal iniciativa podría generar efectos de retroalimentación positiva sobre el calentamiento climático. Resumiendo, ¡no hay forma de aclararse! ¿Qué debemos fomentar: asfalto, tierra yerma o zonas verdes?. Para aquellos que defienden que la respiración es un indicador de la resiliencia del suelo, lo lógico sería que sustituyéramos muchos espacios geográficos baldíos por vertederos, ya que estos si emiten CO2, metano y otros gases de invernadero en enormes cantidades. ¡Sin comentarios!. Eso si, los suelos urbanos suelen estar muy contaminados, como ya os hemos reiterado en varias ocasiones. Empero, tengamos también en cuenta que las urbes siguen creciendo en detrimento de los paisajes agrarios y naturales.  ¿Más Co2?

La segunda noticia nos informa de los esfuerzos de las autoridades y vecinos de ciudad de Detroit, cuya economía se derrumbó (de hecho se encuentra en bancarrota) como consecuencia de la decadencia de la industria automovilística antaño, santo y seña de esta ciudad. Por tanto, esta ciudad se encuentra sufriendo una enorme crisis acompañada de un proceso de des-urbanización y éxodo al medio rural. Pues bien, de acuerdo a los investigadores que llevaron a cabo el segundo estudio, entre las herencias de su anhelada edad de oro industrial, se encuentran suelos fuertemente contaminados, lo cual dificulta e incluso impide en ocasiones la regeneración de las infraestructuras verdes de la urbe.  En sus propias palabras: “historia de la industrialización y la urbanización de Chicago dejó su marca en el suelo. El medio edáfico actúa como una esponja, llegando a albergar contaminantes durante muchos años. En Chicago, los residuos procedentes de la fabricación industrial han inducido la acumulación de los productos químico-orgánicos indeseablemente tóxicos, metales pesados y otras sustancias persistentes. Tal hecho plantea serios problemas para la salud humana, animal y vegetal. ¡En fin!: “lo que no mata engorda”.

Como puede observarse, generar ciudades verdes sostenibles, resulta ser una terea bastante más compleja de lo que usualmente pensamos. Vivimos en una sociedad enferma y como todos sabéis: “a perro flaco todo son pulgas”.

Os dejo con las noticias mentadas…….

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Árboles, Bosques, Suelos y Erosión: El Efecto de las sequías persistentes: Un ejemplo Ilustrativo en Aragón España

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Paisajes de robles marcescentes. Colaje de Google imágenes al poner en el buscador Quercus subpyreneica

Hace algún tiempo, mi amigo Juan Botella, de la comarca de los Serranos en Valencia, me envió un artículo de la “Revista Aragón Turístico y Monumental” que llevaba por título: “¿Un indicio de cambio global? Clima y suelo modulan la vida del quejigo prepirenaico en Aragón”. Tal publicación me dejó bastante sorprendido. Ojalá una buena parte de los “papers” publicados en revistas indexadas (incluidas Science y Nature) trataran los temas de una forma tan sencilla, directa y exitosa.  Sus autores, Domingo Sancho José Javier Peguero y  Eustaquio Gil, pertenecientes  a la Unidad de Recursos Forestales del Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA), han realizado un gran trabajo, por lo que debemos felicitarles efusivamente. Debido a que afortunadamente su estudio se encuentra en acceso abierto, abajo hemos realizado un extracto del mismo, aunque insistimos que siempre es mejor leer el artículo original que, en este caso afortunadamente, evita todo tipo de extravagancias y tecnicismos. Por lo tanto, también os proporcionamos el encale para que lo podáis leer el documento entero y visionar sus imágenes, ya que la nomenclatura del género Quercus, es harto complicada y las imágenes que os proporcionamos pueden pertenecer a este u otro roble marcescente. Pero vayamos al grano.

Este tipo de roble marcescente, al que los autores denominan Quercus subpyrenaica, comenzó a comportarse anómalamente durante un periodo de sequía extrema, en una masa forestal formada por esta especie y su hermana la encina (Quercus ilex), de hoja perenne. No es nada usual que los árboles caducifolios de tipo marcescente pierdan las hojas en verano, meses antes del periodo habitual, es decir el otoño. Con independencia del calentamiento climático, al que se apela siempre, sea necesario o no, estos investigadores observaron que tan solo ocurría en ciertos individuos mientras que otros ejemplares mantenían sus hojas hasta la común caída otoñal. Sospecharon acertadamente que algún que otro factor debía influir en tal dicotomía. ¿Pierdo las hojas ya o espero al otoño?. Y como deben ser muy espabilados, en lugar de mirar al cielo, bajaron la vista hacia el suelo. Y pronto salieron de dudas: cuando el suelo era poco profundo y por lo tanto almacenaba poca agua se generaba el “marchitamiento precoz” de las hojas de los robles, empero si el medio edáfico era profundo y susceptible de mantener más recursos hídricos durante mayor tiempo, no; es decir la fenología seguía siendo la habitual. Abajo os lo explican con mayor detalle.  Se trata de una adaptación a la sequía extrema poco o nada conocida hasta la fecha.

 A menudo pensamos que para que crezcan las plantas se necesitan unas condiciones climáticas muy concretas, y en parte llevamos la razón, pero la naturaleza es mucho más sabia y compleja que nuestros simples modelos conceptuales. Las especies que habitan en un lugar determinado y más aún si su clima es tan variable como el mediterráneo, han sobrevivido a casi todo tipo de avatares y cambios climáticos naturales, por lo que pueden sorprendernos con estrategias adaptativas que solo emergen  cuando se produce una perturbación determinada que ya sufrieron en el pasado y para la cual tienen respuestas adaptativas, para nosotros desconocidas, por no ser visible durante muchos años o decenios.

 Obsérvese, que en estos individuos con marchitamiento precoz, la actividad biológica, es decir excluyendo tanto los paros vegetativos invernales, como los provocados por una aridez intensa, puede llegar a reducirse a poco más de tres meses, permaneciendo los casi nueves restantes sin realizar actividad fotosintética alguna. Se trata de un hecho sorprendente, al menos en la Europa mediterránea y templada.

 El hecho de que tal “extravagancia fenológica” tan solo se produzca en suelos someros nos indica que la erosión histórica de los recursos edáficos desempeña un papel tan importante como el clima.  Ya os he comentado en varios post previos que mi entrañable amigo y compañero José Luís González Rebollar (nótese que su segundo apellido de cuenta de otro tipo de roble) ha desarrollado un modelo de simulación numérica denominado  Diagramas Bioclimáticos. Al testarlo, en alguna ocasión, con mi más que prescindible colaboración, constatamos que la perdida de suelo produce, como el calentamiento climático, el denominado efecto pinza”, del que podréis aprender más en los enlaces que os muestro abajo o pinchando sobre este: “Cambio climático y Paisaje Vegetal. Se trata de que ambos factores (erosión y aridez) inducen a que los pinares que se encuentran en cotas altitudinales superiores vayan ganando extensión en detrimento del roble caducifolio/marcescente, ocurriendo lo mismo a menores cotas altitudes, en donde la encina lleva a cabo la misma acción de abajo a arriba. De este modo, en paisajes montañosos muy erosionados, o si el clima se aridifica, la franja del bosque caducifolio puede terminar por desaparecer, como así ha ocurrido en ciertos espacios geográficos de la Península Ibérica. Ahora bien, el estudio realizado por estos investigadores que trabajan para el Gobierno de Aragón, muestra como la pelea por persistir es feroz, acaeciendo estrategias singulares que despliegan las plantas en su lucha por la supervivencia, es decir en este caso para no desaparecer del espacio geográfico que ocupaban. No obstante, y en cualquier caso, queda patente como los efectos simultáneos de las cambios climáticos y perdida de suelos, pueden ser sinérgicos al caminar en la misma dirección.

 Comentando este asunto con Gonzalez rebollar, horas antes de redactar este post, me ha anunciado que en esta Autonomía ciertos investigadores utilizan los diagramas bioclimaticos en un proyecto internacional sobre este género de árboles que tantos y amplios espacios ocupa en el hemisferio norte del planeta (Quercus). Me alegro mucho por el autor y esta nacionalidad del Estado español, ya que el mentado modelo numérico es una de las mejores herramientas fitoclimáticas predictivas que conozco para los climas mediterráneos. Os dejo con la información de los mentados diagramas y la preciosa nota o artículo de divulgación de los doctores Sancho, Peguero y  Gil. No hay belleza mayor en la ciencia que la sencillez, como defenderían los colegas matemáticos.

Juan José Ibáñez

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La formación de los primeros suelos terrestres: Cuando los hongos invadieron la tierra emergida y la evolución mediante la cooperación

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Invasión de la Tierra por los seres marinos. Fuente: Plant pathogenic fungi

Ya sabéis que soy de los que opino que no se puede comprender plenamente casi nada en la vida, si no conocemos su génesis o historia. Y como no en este blog los suelos ocupan la primera plana… La noticia que os ofrezco hoy me resultó un tanto desconcertante, hasta que con paciencia logré extraer algo de luz.  La nota de prensa, que da cuenta del artículo original, ha aparecido en casi todos los noticieros científicos y prensa general a bombo y platillo. Resulta que cuando comencé a rebuscar la verdadera novedad del “descubrimiento” mi mente se precipitó en la confusión. Intentando reconstruir la historia, la noticia nos informa de se ha encontrado fosilizado cierto hongo terrestre hace más de 440 millones de años. Por lo que sabía hasta hace poco, los hongos micorrízogenos (asociaciones entre las raíces de las planta y los hongos) aparecieron en la tierra emergida entre el silúrico y devónico, poco después, o quizás a le vez, de que lo lograran las primeras plantas, como podéis leer con mayor profusión de detalles en el siguiente artículo”Las micorrizas: una relación planta-hongo que dura más de 400 millones de años”. Además sobre este tema os dejo abajo algunos fragmentos seleccionados de Wikipedia, sobre estos dos periodos geológicos, que también lo constatan.  Por ejemplo en el artículo enlazado arriba, que se encuentra en acceso abierto, puede leerse:

De hecho, los ancestros de los actuales briófitos y helechos ya presentaban asociaciones que recuerdan a las ahora conocidas como micorrizas arbusculares (….) Por otro lado, parece que la estrategia nutricional de la simbiosis en hongos es incluso anterior a la estructurada por los primitivos Glomeromycota y plantas, según indican Yuan & al. (2005). De acuerdo con estos autores, los fósiles encontrados en la Formación Doushantou, en Weng’an, al sur de China, presentan hifas estrechamente asociadas con cianobacterias o algas cocoides, a modo de primitivas formas liquénicas, datadas de una antigüedad de entre 551 y 635 Ma (…) Al igual que ocurriera con los hongos liquenizados, que debieron surgir al menos varias veces durante la evolución (…) la simbiosis micorrícica hubo de aparecer en repetidas ocasiones a lo largo del tiempo y en diferentes lugares de la geografía emergida del Paleozoico. Sin embargo, y a diferencia del mutualismo liquénico, las formas fúngicas que inicialmente se “especializaron” en la simbiosis micorrícica (Glomeromycota) fueron mucho menos diversas, aunque consiguieron estabilizarse morfológicamente y, prácticamente, se han mantenido iguales hasta nuestros días (…) las asociaciones mutualistas liquénicas, principalmente las establecidas por aquéllos, han surgido repetidas veces desde las otras formas nutricionales fúngicas (parásitas y saprobias). Mientras que, por su parte, los hongos ectomicorrícicos, mayoritariamente pertenecientes a Ascomycota y Basidiomycota, tuvieron su origen en formas saprotróficas  (…) evidencian el origen de las micorrizas, nos sitúa en el tránsito entre los periodos Ordovícico y Silúrico (445-447 Ma) (…) Sin duda, ello influyó en los todavía tímidos intentos de “terrestrialización” de plantas y hongos, que debemos entender que se produjeron de una manera gradual, reiterada y reversible, y espacialmente dispersa (….)  la coincidencia en tiempo y espacio de micobiontes y fotobiontes posibilitó el establecimiento de la asociación simbiótica para colonizar los nuevos ambientes de la interfase suelo-atmósfera (Selosse & Le Tacon, 1998). Los micobiontes ya tendrían desarrollada una alta capacidad de prospección tridimensional para la captación de los todavía muy escasos nutrientes disponibles en los sustratos emergentes, (…) lo que refuerza la idea de que los hongos micorrícico-arbusculares fueron esenciales para el éxito de las primeras plantas terrestres.

No obstante, en el mentado artículo también se menta que. “Si bien el registro fósil establece la aparición de las primeras plantas terrestres en unos 480-460 Ma de antigüedad, (..) Es evidente, pues, que son necesarios más estudios, que introduzcan datos fósiles y moleculares para alcanzar una correcta aproximación al devenir evolutivo en tiempos de la terrestrialización (…) En este sentido (…)  basados también en técnicas moleculares (…)  asumiendo las evidencias fósiles de presencia de organismos terrestres en el Devónico, estiman que el clado de los Glomeromycota (…) se originó al menos hace 460 Ma, y en consecuencia la terrestrialización no pudo ser muy anterior (..) precisamente las micorrizas arbusculares las predominantes, estando además presentes entre las plantas más primitivas, como hepáticas, pteridófitos y las gimnospermas más antiguas”.

 Obviamente yo no soy experto en el tema, perdiéndome en la jungla del árbol filogenético rápidamente. Lo que si he extraído de sustancia de estas lecturas y del artículo original (que no se encuentra en acceso abierto) deviene en que tanto los hongos micorrízogenos, como los saprofitos, aparecieron asociados a la invasión de la tierra por las plantas que vivían en las aguas. En otras palabras, el suelo comenzó a formarse, más o menos como lo conocemos, con la ayuda de estos organismos que, “más o menos simultáneamente en términos geológicos”, ayudaron a las plantas en su conquista terrestre a través de (i) la absorción de los nutrientes de aquellos protosuelos con la ayuda de las micorrizas, y (ii) la descomposición de la materia orgánica (necromasa) mediante hongos saprófagos. Comenzando así, el reciclado de nutrientes y la formación de suelos tal como los conocemos hoy en día.  Al parecer, Tortotubus resulta ser el primer ejemplar fósil que los expertos parecen identificar como saprófago a día de hoy, si he entendido bien.  Como corolario, todo ello corrobora nuestra defensa de la cooperación ante la competición en la evolución de la vida.

 Os dejo con el abundante material que he ido extrayendo para intentar aclararme primero e informaros después.

Juan José Ibáñez

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Laboreo en llanuras, microrelieve y encharcamiento o anegación de suelos

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Lower Tisza Valley. Fuente: In viaggio in Europa

Este post debe contemplarse como la continuación de otro previo que llevaba por título: “Microfotografía de suelos agrícolas el laboreo y su importancia en la hidrología de los campos arados”. Nuestro objetivo es mostrar como la acción de la labranza con arado (crestas y surcos) y las simples infraestructuras asociadas (canales de riego y drenaje) se trasforman naturalmente con el transcurso de los años, generando en zonas llanas y relativamente húmedas, justamente los problemas que pretendían evitar, el encharcamiento del agua tras lluvias intensas, pudiendo poner en riesgo la productividad de los cultivos que sobre ellas se asientan, en modelados como los de gran llanura húngara. Se trata de un ejemplo de lo que puede también acaecer en otros ambientes bajo condiciones similares de humedad y relieve muy plano. Si bien los diseños creados inicialmente parecían adecuados con vistas a evitar los problemas del anegamiento del agua, como mentamos, su espontanea transformación temporal agravó el problema debido a pequeñas modificaciones del microrelieve, que de no corregirse, seguirán agravándose en el futuro. El anegamiento del agua era visible, pero la falta de inventarios detallados impidió detectar las causas hasta hace pocos años.   La microtopografía creada por los elementos aludidos han terminado por desconectar los drenajes de las partes altas de las parcelas de las bajas y los canales de evacuación del agua, anegándose grandes extensiones como puede observarse en una de las fotos que se muestra en esta entrada.  En el primer post plantamos el problema, en este, transcribimos del suajili al español castellano parte del estudio de investigación del que hemos extraído el material. Del mismo modo, os proporcionamos la dirección de donde puede bajarse otro artículo que versa sobre este tema, así como una breve introducción al área de estudio, con especial énfasis en el  tipo de clima.  

 

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Lower Tisza Valley: is situated between the River Tisza and the sandy highlands of Kiskunság, to the north of the town of Szeged. Fish-ponds and saline lakes are surrounded by saline grassland, arable land, orchards and forestry plantations. Some of the fish-ponds contain large reedbeds (Phragmites), and native forest exists along the River Tisza. Human activities include arable farming, horticulture, reed-harvesting and hunting

Se trata de un caso palmario que debe hacernos reflexionar como pequeños cambios micro-topográficos, casi imperceptibles, que surgen como consecuencia de la labranza continuada, pueden alcanzar, a medio y largo plazo, consecuencias no previstas y dañinas para la productividad agraria. Os dejamos con el final del post precedente, antes de entrar a describir lo allí acaecido y que pudiera servir de ejemplo, para que no ocurra lo mismos en otros paisajes similares.

(…) Pero insistamos en el meollo de la cuestión: (i) toda superficie terrestre atesora micro-relieves por la dinámica natural del terreno y ecosistemas, incluyendo la acción dilatada del agua y el viento; (ii) tales patrones superficiales son arrasados por la labranza, cuando tenían su razón de ser, banalizándose y homogenizando grandes extensiones, en espacios geográficos casi-planos a los que llamamos llanuras; (iii) incluso estas modestas prácticas agronómicas y las consiguientes microestructuras a que dan lugar, evolucionan con el devenir del tiempo pudiendo ocurrir que surjan súbitamente problemas inesperados como consecuencia de alteraciones de “pequeños detalles”, aunque de conspicuas repercusiones; y (iv) como corolario de los ítems aludidos debemos comprender muy bien la estructura de cada paisaje agrario antes de intervenir. (…) 

Juan José Ibáñez

Vayamos pues sin más dilación a describir el problema………..

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Terra Rossa que cayó del Cielo

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Terra Rossa, Australia: Fuente: IUS Wines

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España A la izquierda, África al Sur e Islas Baleares en el Centro. Fuente: M Menorca Local

Los Suelos rojos mediterráneos, entre los cuales destacan por su interés las denominadas  Terra Rosa, han dado lugar a numerosos estudios durante décadas, por ser considerados como los más representativos o idiosincrásicos de los ambientes mediterráneos del mundo. En consecuencia, se han venido realizado asiduamente abundantes simposios y congresos sobre los mismos, y aun se sigue haciendo como en Eurosoil 2016 que se iba a clebrar en en Estambul. Sin embargo, la teoría clasica (versión hasta hace poco tiempo como hordodoxa) defendía que se trataba de edafotaxa formados sobre rocas carbonatadas, tras la disolución del carbonato cálcico, comienza a ser muy cuestionada. Hoy comienza a aceptarse que ni son representativos  de los mentados ambientes, así como que posiblemente su abundancia proceda de la cercanía de sus principales áreas de distribución, es decir que arriban al bioma mediterráneo desde los biomas los semiáridos y desérticos próximos. Ya hablamos hace años en nuestra bitácora sobre estos temas, como en los siguientes post: Los Suelos Rojos Mediterráneos y Lluvias Rojas, Polvos Rojos, Suelos Rojos. Así pues sintetizando, la principal diferencia entre ambas estriba en que la primera consideraba que su edafogénesis procedía por la alteración biogeoquímica de la roca madre, mientras que la segunda, como hemos venido señalando, propone que todos o buena parte de ellos son producto de la deposición eólica, o por la lluvia de sedimentos procedentes del Sahara u otras zonas áridas.  Hoy os vamos a mostrar una traducción al español-castellano del resumen de un artículo que lleva por título: The role of African dust in the formation of Quaternary soils on Mallorca, Spain and implications for the genesis of Red Mediterranean soils.

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Terra Rosa rellenando grietas de disolución de calizas Jardines de Alfabia (Terra Rossa). Fuente: Geocaching

La diferencia entre este estudio y los otros previos ,que personalmente leí, estriba en las sofisticadas técnicas geoisotópicas utilizadas con vistas a testar ambos puntos de vista o teorías enfrentadas. Sin embargo, no debemos descartar que ambas sean compatibles, es decir que en unos casos sean producto “principalmente” del material calizo o dolomítico subyacente, mientras que en otros de materiales trasportados en suspensión de lugares muy distantes.  Y así añadimos nuevas evidencias que avalan la conjetura que compartimos mi amigo Dick Arnold y este bloguero de que posiblemente la contribución a la formación de los suelos de los denominados materiales parentales o roca madre se encuentre sobrevalorada (al menos para ciertos tipos de suelos y en determinadas, pero extensas regiones biogeográficas), como señalamos en esta otra entrega: Roca Madre y Materiales Parentales: ¿El mismo concepto?. Fíjense en la imagen superior a este párrafo, que siempre me había intrigado, ya que encontrar estructuras semejantes resulta ser harto frecuente. Nunca entendí, como era posible que las Terras rosas se acumularen en las grietas superficiales de ese modo, mientras, a menudo en las plataformas llanas colindantes abundaban suelos calizos poco desarrollados, como las Rendzinas. En un caso concreto (muy parecido al de la imagen mencionada), también pude constatar personalmente que la formación de este edafotaxon, en algunos casos,  era debida simplemente a la erosión de una cobertura sedimentaria y suelos suprayacentes, por lo que tan solo permanecían estos materiales edafizados en las fisuras de rocas fuertemente calizas. Por lo tanto ya tenemos tres alternativas, no excluyentes. Os dejo pues con la traducción del aludido resumen y una breve descripción de la teoría clásica, según Wikipedia.

Juan José Ibáñez

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Microfotografía de suelos agrícolas el laboreo y su importancia en la hidrología de los campos arados

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Lower Tisza Valley. Mosaico Google imágenes

La microtopografía del terreno es un rasgo de la superficie terrestre que influye en numerosos procesos ecosistémicos, hidrológicos y topográficos.  En los espacios geográficos que comenzaron a laborearse ya desde inicios del del neolítico, la labranza borró cualquier rasgo de los mismos banalizándolos por superficies planas homogéneas. ¿Cierto o falso?: ¡todo depende del punto de vista!, como comenzaremos a describir en este post.  Pero adelantemos que el laboreo crea sus propios microrelieves con el arado, drenajes etc., y que estos a veces, cambian con el tiempo dando lugar a sorpresas, a menudo desagradables.

Generalmente, no me lleva mucho tiempo escribir un post. Sin embargo, de vez en cuando, te encuentras con un tema que se te atraganta por la razón que sea. Si la información es muy relevante insistes, en caso contrario suelo tirar la toalla. Hace unos meses me encontré con un artículo (que no nota de prensa) sugestivo sobre los efectos de la labranza en la microtopografía de zonas prácticamente planas, y como la evolución de estos pequeños patrones superficiales podían dar lugar a problemas agronómicos muy serios, hasta el punto de poner en riesgo la producción agraria en un país. Y al intentar describiros de forma sencilla este interesante tema, mi pluma se encasquilló. He tardado tres días en aclararme. Finalmente he redactado dos entregas con sangre, sudor y lágrimas. A veces se te atraviesa la redacción en suajili de un artículo, y si por desgracia el tema te es ajeno (no atesoras un adecuado bagaje sobre el mismo), la tortura estaba servida.     

El artículo de marras lleva el título de “Micro-topographical surface alteration caused by tillage and irrigation canal maintenance and its consequences on excess water development. El estudio en cuestión nos informa de lo que acaece en las amplias extensiones cultivadas de la gran llanura húngara, que en parte tuve el placer de visitar en 2002, pero no con el tiempo e información suficiente como para extraer conclusiones desde un punto de vista científico. Tampoco los colegas húngaros me explicaron el serio problema que sufría la producción agraria de su nación.  Esta región comenzó a cultivarse en los inicios del neolítico, por lo que su suelo ha sido arado de diversas formas.

 La cuestión clave que se planteaba en el artículo, al menos en mi opinión, estriba en que estos microrelieves evolucionan en función de su manejo, dando lugar a la génesis de micro-formas y procesos que con el transcurrir del tiempo pueden derivar en una alteración de la dinámica del agua superficial, hasta el punto de poner en riesgo la producción agraria. En el área de estudio, el problema surgido fue el estancamiento/anegación del agua sobre el suelo, dando lugar a la pérdida de cosechas en grandes superficies. Como señalan los autores tan solo recientemente se han percatado del problema, ya que averiguar lo que allí acaecía demandaba inventarios y cartografías sumamente detallados, las cuales han sido inusuales hasta tan solo hace unos pocos años. Como resultado, deberán llevar a cabo en el futuro investigaciones minuciosas con vistas a corregir las veleidades de tal dinámica micro-topográfica. Reiteramos que al área es muy plana, aunque con una ligera pendiente. La superficie agraria, al margen de los surcos y crestas de la labranza, también alberga canales de riego y drenaje, y todo este sistema ha evolucionado muy sutilmente hasta dan lugar al problema agrario que padecen.

Ya os hablé que el laboreo de laderas contrapendiente fue recomendado durante muchas décadas por la FAO, así como en numerosos manuales de agronomía. Todos ellos hicieron caso omiso de las enseñanzas de numerosas prácticas tradicionales campesinas, algunas de las cuales utilizaban el laboreo a favor de la pendiente, es decir fomentando la escorrentía superficial. Y todo tiene su razón de ser. El uso milenario del territorio de nuestros ancestros no podía perpetuarse si atentaba contra sus intereses, como finalmente se demostró. Hace ya 10 años, publicamos un post sobre esta “filia” de considerar que en todos los ambientes y superficies, la misma estrategia da lugar a resultados similares.  Tal inferencia es rotundamente falsa. En aquella entrada titulada “Haciendo Oídos Sordos del Conocimiento Campesino: El Problema de cómo Labrar en Laderas”, constatamos que no en todas las pendientes inclinadas es recomendable hacer caso de lo propuesto en los manuales, ya que en lugar de mejorar los predios, empeorábamos sus problemas, deteriorando el suelo, en aquel caso por erosión.

Sin embargo, hoy hablaremos de una situación fisiográfica diametralmente opuesta, las grandes llanuras. El método tradicional de labranza, fue justamente arar en sentido perpendicular a la pendiente, pero con el auxilio de los ya mentados canales de riego y drenaje (según la estación).  Y repetimos que lo que durante tiempo pareció funcionar correctamente, comenzó a empeorar en función de la dinámica de estas obras agrarias, conforme fueron “ligera” pero paulatinamente dando lugar a encharcamientos más extensos y prolongados.

En el presente post ya tan solo os ofreceremos algunos de los pasajes generales que se me antojan más ilustrativos, dejando para otro el problema aludido. También añadimos una breve introducción (traducida) del material que publicaremos en otro post. 

Pero resumamos e insistamos en el meollo de la cuestión: (i) toda superficie terrestre atesora micro-relieves por la dinámica natural del terreno y ecosistemas, incluyendo la acción dilatada del agua y el viento; (ii) tales patrones superficiales son arrasados por la labranza, cuando tenían su razón de ser, banalizándose y homogeneizando grandes extensiones, en espacios geográficos casi-planos a los que llamamos llanuras; (iii) incluso estas modestas prácticas agronómicas, y las consiguientes microestructuras a que dan lugar, evolucionan con el devenir del tiempo pudiendo ocurrir que surjan súbitamente problemas inesperados como consecuencia de alteraciones de “pequeños detalles”, aunque de conspicuas repercusiones; y (iv) como corolario de los ítems aludidos, debemos comprender muy bien la estructura de cada paisaje agrario antes de intervenir. Finalmente, añadiremos un poco de historia que también incumbe a la labranza ancestral de algunos territorios de América del Norte, algunos de cuyos detalles hemos recogido del artículo. Ya os describiremos, en un post posterior a este, el proceso con mayor detalle. 

Juan José Ibáñez

Pues bien, comencemos………..

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Ecología del Suelo en zonas Áridas y Semiáridas: Entre la Obviedad y la Incertidumbre

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Matorrales con esparto en las proximidades de Cabo de Gata. Foto de Juan José Ibáñez en Diciembre de 2014.

 En este post nos remitimos a comentar las notas de prensa (y los resúmenes en suajili de los trabajos originales), que no un análisis en profundidad de los dos estudios científicos mentados. Francamente lo que vais a poder leer raya entre la obviedad y las generalizaciones abusivas, si bien todos reconocemos que queda mucho por esclarecer en materia de ecología del suelo en zonas áridas. Durante décadas los ecólogos terrestres han soslayado el estudio del medio edáfico y su rol en la dinámica de las biocenosis vegetales y animales que habitan sobre los mismos. Esta fue una de las principales razones que propició la decadencia de la edafología en sentido amplio, como también su desaparición de muchos centros de investigación. Recientemente, numerosos ecólogos han comenzado a interesarse por ese universo invisible que para su casta que ha sido el suelo, lo cual, “en principio”, debiera ser una buena noticia.  Sin embargo, tal hecho ha sido enturbiado por la ausencia y/o escasez en sus equipos de investigación de verdaderos expertos en suelos que guiaran sus primeros pasos. Y así, muchas de sus aseveraciones, no tan solo en estos artículos, sino en tropecientos mil más, se encuentran repletos de obviedades, sesgos y aparentes descubrimientos, que en realidad eran archiconocidos desde hace décadas, y que incluso aparecían a los manuales básicos de edafología. Pero al parece,r redescubrir la dinamita deviene en ciencia de excelencia, y los artículos y libros redactados decenios atrás pasarán al olvido como pura bazofia. Así se escribe la historia, de forma tendenciosa, por supuesto. Reitero que no he tenido oportunidad de leer los artículos originales en este caso concreto, tan solo las notas de prensa y los resúmenes, ambos incluidos al final del post. No obstante son una muestra palmaria de la cantidad de obviedades y trivialidades que albergan, prácticamente idénticas a las que he podido leer en otros papers  publicados en las revistas consideradas como de sublime excelencia. Añadir a todo este batiburrillo una orientación hacia el problema del calentamiento climático convierte, por arte de magia, cualquier material en oro. Y así nos va.  Tampoco puede negarse que, a veces, puede detectarse algún aspecto concreto interesante, ya que actualmente disponemos de tecnología mucho más potente que 30 o 40 años atrás.   Este es el caso principalmente de la primera nota de prensa, en la cual la instrumentación de ciertas parcelas resulta ser muy sofisticada y novedosa (me las han mostrado personalmente). Sin embargo, no observamos ninguna información relevante en la segunda.

 Los lectores asiduos a esta bitácora inmediatamente reconocerán, tras leer las notas de prensa, que nosotros proporcionamos mucha más información y detalles, así como que hemos dado buena cuanta del 99% de lo escrito en tales noticias desde hace varios años. ¡No!, No somos muy listos, sino que se trata de hallazgos que han ido ofreciendo las indagaciones científicas precedentes  durante décadas. Hay que estar al día y no vender el vino ya rancio como si fuera u elixir exquisito que solo sabrían apreciar los enólogos. La ciencia ha entrado por unos derroteros lamentables.  ¿Qué novedades ofrecen estos estudios?. No, no os lo pregunto a vosotros, me lo pregunto a mí mismo,  sin encontrar respuesta.

 En esta ocasión. comentaré bajo las mismas notas de prensa, párrafo a párrafo, avalado por 35 años investigando en el ámbito de la edafología. Dudo que los autores puedan decir lo mismo, ya que entonces…… ¡no comment!

Juan José Ibáñez

 Comencemos pues……..

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