‘Etnoedafología y Conocimiento Campesino’

Los minerales de arilla contra bacterias multiresistentes o superbacterias (Geomedicina)

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Fuente: Colaje Googloe imágenes

Veamos. El artículo que deseo mostraros hoy dice haber demostrado que ciertos tipos de arcilla erradican, al menos muchas de esas denominadas bacterias multirresistentes o superbacterias. De ser corroborada tal conclusión, se trataría de un notición ante esa epidemia de microbios que resisten a los antibióticos conocidos, siendo un grave problema para la salud pública mundial. La autora dice haber tenido inspiración en prácticas folk y/o etnomédicas que aun no han sido corroboradas.   Se trata de una publicación de 2019 que ha vió la luz en la revista EOS Earth & Space Science News, y que lleva por título: “Healing Power of Clay? Not as Off-the-Wall as You Might Think”. Yo la he leído en acceso abierto y espero que vosotros podáis hacerlo también. El documento tiene derechos de autor, por lo que no  puedo reproducirlo aquí. ¡Lástima que un blog que tan solo intenta publicitar el estudio publicado, despertando interés por el mismo, se vea obligado a cumplir con  este tipo de limitaciones. Por lo tanto utilizaremos otra estrategia, ya que acudiré a fuentes alternativas y tan solo traduzco aquí, vía google (sin revisión), algunos de los párrafos más interesantes y de carácter general, que no técnico.

Sin embargo, ciertos comentarios se me antojan un tanto absurdos. Alegar que a penas la ciencia ha mostrado interés por los remedios populares, tan solo constata la estupidez dimanante de la arrogancia científica. Muchos remedios folk han salvado y siguen salvando millones de vidas. Y de este tema hemos hablado varias veces, incluida de la propia geomedicina, en algunos post que están almacenados en nuestra categoría “Etnoedafología y Conocimiento Campesino”. Así, por ejemplo, en las siguientes entregas: “Nanomundos, Nanominerales, Ciencias de la Tierra, Biosfera, Suelos y Nanoedafología”  y “Arcillas, Suelo y Salud”, hablamos de la susodicha geomedicina, el poder curativo de las arcillas y el carácter “nano” de muchas las mismas”. Empero la autora parece olvidar de que ya existe una industria cosmética y de herbolarios que vende tales remedios naturales, así como que muchos dermatólogos recomiendan su uso. Personalmente, gracias a mi hermana, que era médico, he utilizado esas arcillas verdes para sanar varias veces granos en la cara y eccemas, con gran éxito. Lamentablemente, la tecnociencia médica que padecemos se encuentra más interesada en vender, y si el producto es caro aunque asequible por los consumidores tanto mejor.

Menos problemas tendría la humanidad si la ciencia se hubiese interesado por estudiar los poderes de la etnomedicina, incluso en la alimentación (Geofagia: Ingestión de los Elementos Minerales del Suelo en la Alimentación y Salud Humana a Través de la Historia).

Si utilizáis vuestro buscador y añadís vocablos como arcillas curación, poder antibacteriano, etc. encontrareis miles de páginas de todo tipo (de excelentes a paupérrimas), sobre el tema.

Me preocupa de este artículo una frase de la autora: “Quiero entender el mecanismo para que podamos fabricar arcilla sintética”. Seamos claros, hay ingentes cantidades de arcilla sobre la superficie terrestre y que se usan con fines terapeúticos, industriales, etc. ¿Por qué pues obtener una arcilla sintética? ¿No se buscará pues una patente ante todo? Me huele a Tecnociencia.

Por tanto, abajo os muestro cierto material, sobre las propiedades de cada tipo de arcilla en función de su color, para a renglón seguido dejaros los párrafos que he traducido de ese “importante artículo publicado” que, de ser cierto, sería más que bien venido. Habrá que esperar a ver si es corroborado por otros laboratorios, o si como muchas publicaciones no resulta ser más que otro de la plétora de que podrían calificarse como “fake science”. Por nuestro bien, ojalá no sea así. Un año despues (Febrero de 2020), de momento ninguna reacción en la rensa científica.

¿Qué?.

¿Nos damos una sesión de Fangoterapia?

¡Vale!.

Juan José Ibáñez

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La Desertización del Planeta Tierra: Los últimos reductos de la vida salvaje que aún permanecen por destrozar (primer mapa completo a escala fina)

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Áreas del Mundo que aun permenecen vírgenes: Fuente The map’s lead author James Watson of the Wildlife Conservation Society (WCS) and University of  of Queensland and https://www.wcs.org/

Nature: COMMENT  31 October 2018 : Protect the last of the wild

James E. M. Watson, James R. Allan and colleagues.

 La Tierra se va desertizando a pasos agigantados debido a la acción humana, si entendemos como tal la degradación de los espacios naturales y la vida silvestre que albergan. Los autores del estudio que presentamos hoy, también  ofrecen una definición más concreta en lo que respecta a la valoración de lo “silvestre” en los hábitats oceánicos. Lo que nos vienen a confirmar por enésima vez los investigadores que han redactado el artículo publicado en la Revista Nature es el hecho, archiconocido, de que nos estamos quedando sin una biosfera “mínimamente prístina”. Los datos que muestran y que os reproducimos abajo traducidos al español-castellano, a partir de una nota de TerraDaily, son estremecedores. Ahora bien, se trata de la “crónica de una muerte anunciada”, sino ocurre algo que “hoy por hoy” se me antoja absolutamente inviable.  Me explico. En la nota de prensa del boletín de noticias aludido puede leerse: “solo 20 naciones atesoran el 94% de las áreas silvestres terrestres y marinas del mundo (excluyendo la Antártida y la alta mar), siendo cinco mega-naciones (Rusia, Canadá, Australia, Estados Unidos y Brasil) las que acaparan el 70% de esta herencia biosférica”. Los autores argumentan que Esos estados tienen un enorme papel que desempeñar con vistas a asegurar los últimos reductos de la vida salvaje”, para luego reclamarles el papel de liderazgo en las próximas reuniones internacionales que se avecinaban (cuando redacté este post) sobre biodiversidad y cambio climático. Empero para ser más precisos, los autores definen vida silvestre o espacios naturales que deben preservarse en los siguientes términos “como aquellos lugares que no sufren actividad industrial, de acuerdo con la huella humana marina y terrestre. Las comunidades locales pueden vivir dentro de ellas, cazar y pescar, etc.”. Seguidamente nos recuerdan que “La pérdida de áreas silvestres no es solo una cuestión grave en materia de la conservación de la biodiversidad y el clima. Muchas áreas silvestres albergan a millones de indígenas que dependen de ellas con vistas a mantener sus  dilatadas conexiones bioculturales con la tierra y el mar. Su pérdida está erosionando muchas culturas alrededor del mundo”.

 Pues bien, no discutiremos aquí tal definición, aunque cabe recordar que adolece de serias limitaciones. Abajo podréis leer sus explicaciones. No obstante, el contexto determina el artículo ya que, como se desprende de la lectura de la noticia, lo que se pretende es presionar a los cinco países aludidos a que lideren las riendas de un macro-acuerdo ecológico, guiándonos por caminos más sostenibles.  Por lo tanto, y aunque la información publicada sea correcta, se trata de presionar a los países que más recursos silvestres poseen para que en los próximos convenios, tratados, convenciones, etc., se comprometan a virar sus políticas de preservación del medio ambiente. Y aquí cabe preguntarse: ¿Cuáles son las políticas  actuales de Rusia, Canadá, Australia, Estados Unidos y Brasil en materia medioambiental?. Para ponerse a temblar, y más aún si se tienen en cuenta los virajes hacia el ultra-neoliberalismo que actualmente acaecen en EE.UU y Brasil, a la hora de leer estas noticias (noviembre de 2018). ¿Y qué decir de la tradicional estrategia preservacionista de Rusia?. ¡Sin comentarios!. Tampoco los gobiernos de Australia y Canadá son precisamente un ejemplo a seguir en estos temas, como casi los de ningún país del mundo.  Empero, de cualquier modo, Ni Rusia, ni Brasil, ni EE.UU. aceptarán de ninguna forma asumir un papel que va contra sus intereses económicos bajo la dictadura de la economía ultraliberal que defienden a ultranza. Empero Canadá y Australia tampoco. Ninguno de ellos ha sido ejemplo, ni lo serán en un futuro cercano.

 El resto de los Estados, en el mejor de los casos, censurará/recriminará cínicamente la actitud de estos “cinco magníficos” defensores de la naturaleza, ya que se lo pueden permitir, en vista de que saben a ciencia cierta que esta “loable iniciativa” jamás saldría adelante y esos mega-Estados se negarán en redondo. Incluso si no estuvieran de acuerdo, la imagen de los censores mejoraría como defensores de una biosfera más saludable, aunque si tuvieran que liderar ellos…..¿¿??.

 Todos sabemos la devastación que hemos infringido a la naturaleza. Empero este tipo de iniciativas, avaladas por artículos previos, no dejan de ser más que pólvora mojada. Juego de políticas, lavados de imagen, emboscadas diplomáticas y poco más.

 Os dejo la noticia que ha ofrecido traducida ya que, a pesar de todo, atesora datos de interés.     

 Juan José Ibáñez

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Isla de Pascua, Rapa Nui, consumo de aguas salobres, descargas subterráneas,

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Fuente: Colaje imágenes Google

Los Rapa Nui , es decir los moradores de las Islas de Pascua de los que ya os hablamos en otro post, han despertado tanto la atención del público, como de los expertos, debido a sus afamadas estatuas denominadas Moái. Pues bien, en la nota de prensa que os ofrecemos hoy, se postula una conjetura  acerca de cómo con tan escasos recursos hídricos en una isla pequeña, sin ríos, ni casi lagunas (tan solo aguas pluviales y alguna cisternas recolectora excavada en el suelo, pero de escasa capacidad de almacenaje) podía suministrarse agua sustentablemente para el consumo de toda la población que se calcula en varios miles de habitantes. Y he aquí la ¡sorpresa!. Ellos defienden que, el consumo de recursos hídricos se realizaba  exactamente en donde los suelos/rocas de origen volcánico, muy permeables y porosos, confluían con las aguas salinas oceánicas en ciertos enclaves de la línea de costa. Hablamos pues de descarga de aguas subterráneas. Pues bien, sorprendentemente, parece ser allí en donde se ubican  los mundialmente conocidos denominadas Moái. La nota de prensa no aclara si el vocablo suelo, se refiera a las rocas y/o a los suelos, aunque en cualquier caso ambos afectan al ciclo hidrológico insular.  De hecho, conforme a estos colegas, en las primeras narraciones europeas sobre los habitantes de las islas de Pascua, “parece que se les ve o describe, ingiriendo agua del mar ¿¿??. 

Lo que me intriga e interesa, de ser corroborada su conjetura, es sencillamente que se trata de un recurso hídrico que también podría ser aprovechado en otros lugares con las mismas condiciones, es decir, otra fuente de agua dulce por explotar en ciertos territorios.  

Hoy, para variar, me he esmerado bastante más en la traducción del texto en inglés al español-castellano (con algunas licencias personales), como en extenderme en esta entradilla de post. Así podéis seguir la narración mejor, ya que poco más puedo añadir, excepto que me ha sorprendido todo el texto.  Francamente sorprendente y quizás útil.  Por cierto, en la fotografía que da pie a la entradilla, yo observo una laguna en lo que parece un antiguo volcán, pero al parecer el estudio es bastante completo y lo tenéis en acceso abierto (ver final del post).

Juan José Ibáñez

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Los Paisajes y Suelos de Latinoamérica. Debemos redescubrir la Historia (¿Y parte de la Ciencia?)

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Fuente: Colaje Google Imágenes

En un pasado remoto, hace ya tanto tiempo (….) la enorme masa de Tierra que hoy llamamos Latinoamérica era un paisaje prístino, fuera cual fuera su aspecto. Luego llegaron los seres humanos ¿cazadores recolectores?: ¡Posiblemente!. Empero hará más (o mucho más) de 6.000 años, la agricultura comenzó a expandirse “de algún modo”, hasta ocupar vastas extensiones o incluso la mayor parte del territorio. Aquella floreciente Latinoamérica atesoraba una enorme variedad de cultivos y manejos de suelos que, como mínimo, rivalizaron en su tiempo con los de otros continentes. Sin embargo, algo sucedió, o se enfrentaron a demasiados retos “fueran cuales fueran”. Súbitamente, en términos históricos, fueron desapareciendo culturas avanzadas e imperios. La vegetación natural volvió a expandirse sobre los antiguos paisajes agrarios hasta cubrirlos de selvas pluviales frondosas, u otro tipo de ecosistemas, según las características locales de un clima que también fue alterándose.  

Los pueblos y culturas, ¡a saber cuántas!, se unían por complejos entramados viales de caminos en los que transitaban mercancías, se intercambiaban bienes (agrícolas y al algunos animales, por no hablar de ganadería sensu estricto, ya que aún no lo sabemos) y conocimientos. Empero como seres humanos aquellos pueblos también guerreaban, naciendo y decayendo imperios, como en cualquier otro continente. En ecología y etnoagricultura siempre terminan achacando la culpa de la decadencia de los incas, mayas, etc., a la deficiente gestión de sus tierras. Empero conflictos bélicos y epidemias también pudieran ser la causa (….) ¿si la Duquesa Roja tuviera razón?. ¡A saber!.

Cuando llegaron los europeos y comenzaron a escribir sus crónicas, se nos quedó grabada la imagen de que la mayor parte de aquellos paisajes eran prístinos, y/o penas afectados por la acción humana. Y, así,  tal mito se incrustó en nuestros memes, como el narrado por Plinio el Viejo y Estrabón en la Península Ibérica que finalmente se descubrio ue era incierto.  Los científicos partieron de aquella falsa premisa durante décadas y décadas, por lo que los resultados de muchos estudios dieron lugar a conclusiones falsas o banales, ya fuera en historia, ecología, edafología, agricultura etc.

Posiblemente el mayor problema estribe en que conforme se realiza un imaginario viaje por aquellas maravillosas tierras, las fechas atribuidas a los enclaves en los que aparecen y desaparecen tales paisajes agrarios y culturas no coinciden con precisión. Quizás falten asentamientos y restos por descubrir para obtener una visión más nítida, que tan solo emerge ahora entre la neblina del desconocimiento, o como también se dice es “la punta del iceberg”. Quizás las técnicas actuales de datación aún no sean lo suficientemente fiables, pero también pudiera ocurrir que  la Duquesa Roja, tuviera razón (al menos en parte) aunque nadie de la academia ha deseado escucharla. Como veremos luego, Luisa Isabel Álvarez defendía:” Es que ha habido una confusión histórica. Había viajes a América desde los fenicios: los relatos que tomamos por viajes a África ¡eran, en realidad, viajes a América!”.

Los suelos prístinos de Latinoamérica, probablemente no existan ya, o tan solo permanezcan reductos en los hábitats más hostiles y recónditos lugares, siendo por tanto, poco representativos de los que les precedieron en aquella gran masa de Tierra. La cobertura de suelos fue transformada por la agricultura dando lugar a lo que hoy denominamos Antrosoles, Tecnosoles, etc. Estos suelos modificados por el hombre de las más ingeniosas maneras, atesoraban tantas propiedades inducidas que hoy sería imposible clasificarlos en los dos mentados grupos de suelos. Tampoco valen pues aquí los suelos prístinos como referentes del mundo natural antes del advenimiento del impacto humano.

Cuando intentamos buscar referentes prístinos de suelos y vegetación con vistas a observar como los hombres los hemos ido modificando, resulta que, posiblemente, no existan  sensu stricto. Desde hace pocos años tal descubrimiento (porque este sí lo es), ha comenzado a aflorar en la literatura científica. Sin embargo una gran parte de mis colegas aun insisten  “erre que erre” en no hablar de ello. Un bobo llamado Juan José Ibáñez que, para nada es experto en el tema” se interesó por lo que iba cayendo es sus manos, escribiendo numerosos post en su espeluznante bitácora acerca de la etnoedafología y etnoedafología latinoamericana “Un Universo Invisible bajo Nuestros Pies”, almacenándolos en la categoría que denominó “Etnoedafología y Conocimiento Campesino”.

Pues bien, en esta nueva entrega de la saga, os proporcionamos varias noticias, nuevas, y más o menos recientes (hasta octubre de 2018). Algunas han sido escritas en Español-castellano mientras otras en Suajili, ya que según Luisa Isabel Álvarez, a América se la denominaba África, como veremos posteriormente. Puedo entender a Luisa Isabel Álvarez, ¡grande de España!, y “roja de corazón”, cuando se lamentaba debido a que sus estudios e ingentes archivos históricos no eran considerados por los historiadores y otros eruditos, al no ser ella una experta académica con acreditación. Desconozco si lleva razón o no. Sin embargo su impresionante legado merece la pena ser examinado y estudiado con vistas a separar el grano y la paja. Quizás allí se encuentren esperando testimonios que arrojen mucha más luz sobre el tema. ¿Caballeros Templarios en la Patagonia?. ¿Tartessos, la primera civilización occidental en alcanzar América? Quizás, ¡A saber!. Aunque de ser cierto las asincronías temporales que mentamos con anterioridad pudieran así ser  explicables.

Os dejo con todo este abundante material nuevo.

Juan José Ibáñez

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Los Suelos de la Sabana, pastoreo tradicional y heterogeneidad de hábitat

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Google imágenes, una de la cual procede de este blog que recomendamos: Ideas, Inventions and Innovations: Credit: © Stephen Goldstein/Washington University

Personalmente sigo carcajeándome de los que proponen el Antropoceno y defienden el periodo preindustrial/industrial  (aproximadamente durante el siglo XIX), como su inicio. Desde el Paleolítico, como hemos venido alegando, es decir antes del nacimiento de la agricultura, el ser humano ya había transformado el paisaje de grandes extensiones de la Tierra. Imagínense lo que acaeció en el Neolítico. Sobre todo ello hemos escrito en numerosos post almacenados en nuestra categoría “etnoedafología y conocimiento campesino”.  También os hemos mostrado que la selva pluvial amazónica y las de Mesoamérica fueron antaño paisaje antrópicos, que no prístinos.  No obstante, el estudio que vamos a analizar hoy me parece muy interesante, ya que retrocede de nuevo al Paleolítico Africano y, basándose en evidencias edafológicas, parece demostrar que el pastoralismo ancestral trasformó los paisajes de las sabanas africanas. Tal hecho fue debido al manejo del ganado por los pastores y, en concreto,   por el enriquecimiento de los suelos en nutrientes esenciales, a través de sus heces, huesos, etc. Los paisajes de suelos de la sabaneros son muy pobres en nutrientes, por lo que sí incrementa en fertilidad da lugar a que medren pastos ricos y nutritivos. De hecho, una vez los pastores y ganados dejaron tal  impronta, los animales salvajes “parece” que los frecuentaron por sus delicatesen alimentarias, manteniendo su estructura. En consecuencia, estos maravillosos ecosistemas de sabana que podemos disfrutar hoy, son en parte producto de la acción pastoral o ganadera, por crearse numerosos nuevos hábitats que las fuerzas de la naturaleza soslayaron.  En ecología ya nadie discute que la biodiversidad aumenta conforme lo hace el número de hábitats por lo que….. Imagínense ahora que, probablemente, un proceso parecido se repitió numerosas veces a lo largo de la historia del hombre en diferentes lares del planeta. Posiblemente sucedió así.

 Abajo os dejo los detalles de la nota de prensa en suajili, incluidos varios comentarios más concretos que conciernen a los suelos, traducida al español castellano. Por cierto, he gastado más tiempo intentando descifrar el significado “Herder pen sites”. Ni rastro en Internet hasta que en lugar de “pen” teclee “penin”, el cual me dio la pista. Este es el problema de inventar palabros innecesarios. Os recomiendo que leías el texto ya que se me antoja francamente interesante.

 Juan José Ibáñez

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Civilizaciones, Suelos y Sequías (FROM THE DESK OF RATTAN LAL)

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Colaje Google imágenes

Rattan Lal  ha sido hasta aproximadamente un año el presidente de la Unión International de las Ciencias del Suelo (International Union of Soil Sciences) o IUSS. Desde que comenzó su mandato,  publicó y envió mensualmente una columna de opinión a los socios denominada From the Desk o Desde el escritorio, a la cual puede accederse en la página Web de esta asociación, o por las alertas que nos envían diversas sociedades nacionales, como en mi caso la SESCS. Se trata de una carta breve en la que da cuenta en términos sencillos de la importancia de los suelos en temas concretos. Lamentablemente, tan solo he podido acceder a estas en inglés, por lo que supongo que no se realiza traducción alguna a otros idiomas. Francamente no sé qué opinar sobre este tipo de iniciativas. Por un lado, son bien venidas, aunque por otro pueden entenderse como la entronización de la opinión del establishment y/o como un acto de egolatría. Depende de cada lector. No atesoro elementos de juicio como para mostraros mi opinión. No estaría mal que se hubiera invitado a otros popes de la IUSS a realizar misivas similares, aunque se trata de una opinión muy personal. No conozco personalmente a Rattan (si bien hemos intercambiado unos pocos correos electrónicos), por lo que estos comentarios no son fruto de ninguna animadversión, sino de mi intrínseco recelo ante cualquier muestra de poder factual que afecte a  algún ámbito de la sociedad, sea la que sea.  En cualquier caso, revisé estas misivas y traduje algunas que considere relevantes, o al menos interesantes. Ya os las iré mostrando en algun post. Tampoco sería descabellado que las sociedades nacionales las tradujeran y las enviaran a sus asociados, especialmente a aquellos que no se encuentran versados en el dominio del suajili.

 El mes de septiembre de 2018 Rattan Lal  escribió una cuartilla que concierne a las sequías que algunos expertos suponen que condujeron al declive de antiguas civilizaciones. Eso es lo que muchos colegas piensan, aunque yo no generalizaría, para casi todos los casos, como suele ser habitual en la literatura científica. Obviamente el eje central son los suelos. Os dejo el contenido de esta carta en concreto, así como su traducción al castellano. No opinaré sobre el contenido.  

 Juan José Ibáñez

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El avance imparable de la agricultura ecológica en detrimento de la Industrial: ¿Intensificación sustentable?.

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Fuente: Colaje Google imágenes

¿“Intensificación Sustentable”?. En los últimos cuatro años ha comenzado a renacer el interés por todo aquello que hemos divulgado en este blog desde 2005, con cientos de post dedicados al tema. La FAO, la Unión Europea y otros organismos internacionales, finalmente “parece que han entrado en razón. “La agricultura industrial es, a todas luces insustentable”.  Esta última daña la salud humana, la soberanía alimentaria y, por supuesto, se encuentra devastando la biosfera.  Empero albergo dudas de si se trate de una moda, o que en realidad ¿por fin? se han abierto los ojos contra los devastadores estragos de la agricultura industrial y la tiranía de los gigantescos lobbies de la agroindustria. A veces pienso que el ser humano es tonto por naturaleza, mientras que también abundan los científicos oportunistas, con una cara más dura que el cemento. Ya he comentado que, en este mundo dominado por el márquetin  e Internet, los palabros atesoran un poder irreprimible.  En aras de retornar a la racionalidad perdida, ahora se habla  de ¿“Intensificación Sustentable”?, que no deja de ser lo que muchos ciudadanos concienciados por su salud, la soberanía alimentaria y el medio ambiente vienen defendiendo desde hace varias décadas.  Al parecer fue Jules Pretty (como veréis en la primera nota de prensa), la primera investigadora que utilizó  el ambiguo y confundente palabro desustainable intensification“. Ahora se vanaglorian de su gran sabiduría. Comienzo a pensar que, con vistas a labrarse una afamada trayectoria investigadora, resulta más útil ser ocurrente que talentoso. Y por ello, retornamos al tema de las modas y la fuerza de ciertos vocablos. Tanto nuestras autoridades, como la comunidad científica, deben dirigirse hacia la concienciación de lo que es bueno para todos, en lugar de dar renda suelta a las jocosas, y a veces perversas  palabras, que no dejan de ser vino rancio en nuevas botellas.

Hoy ofreceremos dos noticias, la primera  que versa sobre la   ¿“Intensificación Sustentable”? (traducida al castellano) y otra más insustancial aparecida en español-castellano que, en el fondo, vienen a decir lo mismo: seguir el camino de la agricultura ecológica y un genuino desarrollo sostenible sobre los pilares del sentido común. Me vuelve a llamar la atención, de que ahora, como en la primera nota de prensa se nos informe de que “Casi un tercio de las granjas del mundo han adoptado prácticas más respetuosas con el medio ambiente sin dejar de ser productivas (…). Los investigadores analizaron granjas que usan alguna forma de “intensificación sostenible”, un término que da cuenta de diversas prácticas, incluida la agricultura orgánica, que usan tierra, agua, biodiversidad, trabajo, conocimiento y emisión de gases de Invernadero” (….) casi una décima parte de las tierras agrícolas del mundo se encuentra bajo alguna forma de intensificación sostenible, a menudo con resultados espectaculares. Han visto que las nuevas prácticas pueden mejorar la productividad, la biodiversidad y los servicios de los ecosistemas al tiempo que reducen los costos de los agricultores. Por ejemplo, documentan cómo los agricultores de África occidental han aumentado los rendimientos de maíz y yuca; unos 100.000 agricultores en Cuba aumentaron su productividad en un 150 por ciento y redujeron el uso de pesticidas en un 85 por ciento

De lo que se habla en la primera nota de prensa, en gran parte, es que deben haberse contabilizado o añadido las actividades de aquellos pueblos que nunca abandonaron sus tradicionales y sustentables sistemas productivos. Tan solo comenzamos en las sociedades modernas a sumar hectáreas, perdidas por el camino de lo que denominaron progreso, en detrimento de la devoradora agricultura y ganadería industriales.  Comer ecológico era la norma hace unos 50 años.

Cuando uno lee estas noticias, tiene la impresión de que ha surgido un vertiginoso movimiento que se propaga a la velocidad de la luz, cuando en realidad  la FAO, y otras instituciones rogaban por retornar al sentido común, en contra de la propaganda maliciosa de los lobbies de la agroindustria y de unos dirigentes que basaban su sentido de la prosperidad en el dicho de “mala comida para hoy en base al hambre y pobreza del mañana”. Se trata de una percepción completamente falsa. “Roma no se construyó en un día”. Hacen falta decenios, comenzando con ímpetu desde hoy mismo, con vistas a que tal retorno a la racionalidad ecológica y la sensatez se propaguen por todo el planeta.   Defender lo contrario es e necios.

Por lo tanto la buena noticia (la gran buena nueva) sería que retrocediéramos en el camino andado, mejorando su piso con las nuevas tecnologías y conocimientos, ante tanta insensatez humana; si esa que nos lleva al precipicio social y al gran desastre ecológico.

Permítanme que les narre algún episodio de lo que recuerdo de mi España allá por la década de 1960, en un país de economía modesta y doblegada por un dictador fascista. “Hijo(a) retorna las botellas de leche, vino y cerveza a las tiendas y compra (….)”. Casi todo era reciclable, mientras que el plástico un capricho de los ricos. Se compraba en tiendas de los barrios, llevando nuestras bolsas propias de tela. Los comerciantes nos ofrecían sus productos en papel de estraza o de periódico leídos, y así un largo etc.   

En las décadas de 1960/70 arribaron como la quinta esencia de la posmodernidad, los envases no retornables, es decir los que contaminan y apilamos a la postre en ingentes cantidades, que dañan el medio ambiente y afectan a la salud. Poco a poco, aquellos comercios de barrio desaparecieron y fueron reemplazados por las denominadas “grandes superficies”, es decir supermercados, hipermercados,  etc., que por “jugar con ventaja” (se adquiría a precios más baratos a los fabricantes, haciendo uso de varias artimañas, algunas legales y otras no tanto –puedo dar fe de ello-) terminaron por arrasar aquellos comercios y mercados, y como corolario también las comunidades de consumidores de barrio fueron perdiendo sus relaciones vecinales y cohesión social. 

Seguidamente, en la década de 1980, al incorporarse ambos cabezas de familia al mercado laboral, se ganó en bienestar, a cosa de hacer muchas de las compras, semanalmente, en esas grandes superficies, para lo cual hacía falta cargar todo en los automóviles personales, consumir enormes volúmenes de gasolina, contaminar, envolver todo en plásticos y más plásticos, etc. Finalmente, a partir de la década de los 2000, aquella ventaja de dos cabezas por familia, dos trabajos, dos sueldos, terminó por diluirse hasta el punto en que el uno más uno ya no era igual a dos, sino a uno. Es decir, que deben trabajar los dos para alcanzar las mismas ganancias que antes lo hacía uno, con un móvil, una TV y algunos DVD de regalo. Y por favor que no se me malinterprete. Defiendo a ultranza la incorporación al mercado laboral de la mujer.  Sin embargo no se puede digerir, que ahora trabajemos más horas dispongamos de menos tiempo para estar con nuestros hijos, que no podamos, a menudo, ni tomar una cerveza con los amigos en el bar de abajo y que para más inri, los empresarios nos califiquen de vagos a todos aquellos que no estén pensando en el trabajo las 24 horas del día.

La tecnología debe ayudarnos a vivir mejor, a hacernos más libres, empero,  ha ocurrido todo lo contrario. Tecnología para el bienestar, no tecnología para soportar el malestar.  Cambiar los modos de vida de los ciudadanos cuesta mucho, nos engañaron, y ahora retroceder será una tarea de titanes. Empero conseguir los propósitos del desarrollo sostenible exige retroceder, mejorar el piso de la carretera con lo mejor de la tecnología actual y andar por un nuevo camino.

El caso de Cuba, política aparte, fue imperativo, se hizo de la necesidad virtud y por ello su huella ecológica es “0” o insignificante. Todo debe cambiar, pero no para que todo siga igual. Lo mismo ocurrió con la agricultura a partir de la denominada revolución verde de los años 1960

Uno de los padres: Hijo(a) retorna las botellas de leche, vino y cerveza a las tiendas y compra (….).

Hijo(a): Solo si me prometes un Smartphone “Gold”, y me compras el último videojuego. ¡¡¡UFFFF!!!,

Uno de los padres: No te preocupes hijo bajo yo, para que no termines lastrado por la esclavitud infantil.  ¿¿??

Os dejo, no sin antes recomendar vívidamente que leais las buenas noticias, pero no olvidemos el pasado, si deseamos un futuro mejor para nuestros hijos y una naturaleza más sana. 

Juan José Ibáñez

Continua…..

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¿Que son las malas Hierbas y la Maleza?

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Malas hierbas y maleza. Fuente: Colaje Imágenes Google

 Hierba mala nunca muere

El otro día, leyendo la Revista Phytoma, tope con un artículo escrito por  Cesar Fernández Quintanilla y que llevaba por título  Sobre la multifuncionalidad de las llamadas ‘malas hierbas’. Realmente me gustó mucho. En ciencia, todas las ideas y propuestas que nos hagan recapacitar sobre la debilidad de los conceptos de los que habitualmente hacemos uso sin pestañear me parecen bienvenidos por su potencialidad heurística. Y por ello, va a ser el tema de este post. La rama de las ciencias agrarias que trata sobre estas ¿indeseables? especies vegetales recibe el nombre de malherbología, existiendo asociaciones para su estudio y usualmente erradicación. La eliminación de las malas hierbas, a nivel mundial,  mueve al año decenas o quizás centenas de miles de millones de Euros. Ahora bien, su principal uso se lleva a cabo por parte de la agricultura industrial. Como plaguicidas, la erradicación sostenida temporalmente de tales especies vegetales mediante agroquímicos causa serios daños al medio ambiente y la salud humana, dando lugar a controversias como la generada por el archifamoso caso del glifosato de Monsanto, empresa recientemente absorbida por la multinacional Bayern.    

La siguiente definición extraída de Internet y avalada por otras que os expongo abajo, resulta ser confusa y/o confundente en términos rigurosamente científicos: Se denomina maleza, mala hierba, cuyo, planta arvense, monte o planta indeseable a cualquier especie vegetal que crece de forma silvestre en una zona cultivada o controlada por el ser humano como cultivos agrícolas o jardines”. Ósea que, por ejemplo, cualquier especie vegetal que crezca en las macetas de mi terraza, ¿Es mala por naturaleza?. Las definiciones utilitaristas suelen acarrear conflictos, y estamos ante un caso palmario.

Según el tipo de agricultura del que hablemos, las malas hierbas pueden ser consideradas perversas, irrelevantes o “recomendables”, como en el caso del que os hablamos en nuestro post: “Agricultura Ecológica y Filosofía Oriental: El Método de Masanobu Fukuoka y su libro de libre acceso en Internet”. Aunque sin llegar a tal extremo, que preferís vosotros: ¿una agricultura ecológica o una agricultura industrial?. Tampoco debemos olvidarnos de la agricultura tradicional fruto del conocimiento campesino (ver nuestro post: “Agriculturas Tradicionales versus Agricultura Industrial”). No obstante cabe alegar que “el debate acerca de las agricultura ecológica y las tradicionales también se encuentra viciado”. ¿Y entonces?: cual es el futuro de la agricultura y sus enfrentadas alternativas”. ¿Dios Dirá, yo no soy pitoniso. En el caso de la agricultura natural de Masanobu Fukuoka, se recomienda no erradicar las malas hierbas. Y así entre la agricultura moderna (alimento y veneno para el hombre y la biosfera)” y la oriental previamente mentada, las malas hierbas pueden ser consideradas más o menos dañinas según el tipo de manejo. A base de golpetazos, promesas incumplidas y constataciones empíricas “la agricultura industrial comienza a percibirse como un riesgo para la soberanía alimentaria de los países”, ya que se encuentra causando contaminación de suelos y aguas, problemas para la salud pública y pérdida de biodiversidad”. Del mismo modo las malas hierbas suelen terminar adaptándose al adquirir mecanismos deresistencia a los herbicidas”, proceso que a la postre induce graves pérdidas de productividad y dispendios económicos. Posiblemente, Cesar Fernández Quintanilla, no esté de acuerdo con todas estas apreciaciones, pero asienta o no, el tema es otro.

Cesar da de pleno en la diana, aunque no os adelantaré el contenido que os reproduzco justamente al final de este post, si bien su nota es el núcleo central. No cabe duda de que en ciertas circunstancias los agricultores se encuentran obligados a usar pesticidas contra las malas hierbas. Empero la cantidad y frecuencia depende del manejo del suelo, plantas a cultivar, etc. Una especie que puede ser considerada mala hierba en ciertos lugares y circunstancias, e intrascendente o benéfica en otras.  Y aquí, una vez más, debemos tener muy presente el peligro de las antonimias en ciencia (ver nuestro post: El Discurso Científico, los Conceptos Contrarios y la Perspectiva de Jean-Marc Lévy-Leblond). Pongamos un ejemplo clásico que nos muestra la historia de la edafología. Hace algún milenio, un tipo de suelos denominado Vertisoles, resultaba prácticamente inútil en materia de producción agraria, siendo una maldición para el campesino al que le tocara en suerte. Sin embargo, con la invención del arado romano, su manejo resultó ofrecer generosas cosechas, es decir una bendición.   Hoy es considerado uno de los más productivos del mundo.

Reiteramos que Cesar pone el dedo en la llaga en esta cuestión, al abordar clara y concisamente que una planta no puede ser considerada buena o mala per se (salvo contadísimas ocasiones)  y menos aún si tan solo se percibe desde un único punto de vista. Os dejo ya con la el breve artículo mentado, definiciones clásicas de malas hierbas, etc. pero el documento de por  Cesar Fernández Quintanilla, se encuentra al final.

Juan José Ibáñez

Hierba mala nunca muere

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La cultura Maya y sus devastadoras consecuencias sobre la erosión del suelo y el secuestro de carbono

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Colaje: Google imágenes

 Si nuestro entrañable amigo y colaborador Régulo León Arteta, levantara la cabeza, me atizaría con una maza en la cabeza y espetaría: “Juanjo: no se te puede dejar solo” ¿?. Y estaría cargado de razón. Sin embargo el título  es un reflejo fiel de los contenidos de las dos notas de prensa que os muestro hoy, una de las cuales he traducido al español castellano del boletín de noticias Sciencedaily. Dado que me he esmerado un poco más de lo habitual con el material del traductor Google, no me explayaré en demasía. Podéis leer por vosotros mismos de que versa el estudio, sin mis torturantes desideratas. Vamos allá. Pero antes debo confesar que me pregunto a mí mismo si a la civilización Maya, muchos colegas le tienen maná o inquina. La bibliografía se encuentra repleta de artículos sobre su decadencia y, por raro que resulte en nuestros días, muchos colagas prefieren echarle la culpa antes a los mayas que al cambio climático. ¡Esta si es efectivamente,  una novedad!, empero también que yo, por una vez, ponga en tela de juicio  tales adherencias. Todo esto me resulta un tanto enigmático. En el peor de los casos, si los Mayas, como todos los pueblos, cometieron errores en el uso de las tierras,  no debemos echarnos las manos a la cabeza, ya que nosotros hemos cometido los mismos y muchos más, a pesar del orgullo tecnológico del que tanto presumimos.  

 Sin embargo, si debo resaltar que se trata de uno de los post que me ha llevado más tiempo componer, no en lo concerniente a su redacción, sino con vistas a aclararme  en un terreno que no había explorado con anterioridad (la cera de las hojas de las plantas). Me he leído hasta tres veces el artículo original de Nature, he consultado con colegas que investigan en bioquímica del suelo, etc.  ¿Resultado? En lugar de iluminarse, mi sistema neuronal sufría tremendos y masivos apagones. Resumiendo, si me equivoco, por favor perdonarme.

 Los investigadores dicen haber descubierto que la “dramática deforestaciónque llevó a cabo la cultura Maya hace unos 4.000 años, erosionó los suelos y/o degradó la calidad de los mismos, al perder parte de la materia orgánica que almacenaban en aquellos bosques ¿primigenios?.   Pues bien, mil años después de su colapso, las reservas de carbono edáfico no se han recuperado, a pesar de encontrase recubiertos por maravillosas selvas tropicales. Si ya lo pensaba yo, pero no me atrevía a compartirlo con vosotros: El Antropoceno se inició por culpa de los Mayas: ¿¿??. Es una broma por supuesto.

 Se me ocurren mil y una razones como para dudar de tales aseveraciones. En primer lugar, el clima varió en diversos momentos a lo largo del intervalo temporal analizado. Se produjeron episodios de mayor humedad, alternando con otros áridos. En estos casos, uno debe de cuidarse mucho de llevar a cabo especulaciones apresuradas. Teniendo en cuenta todo lo que se sabe de los Mayas y sus acertados manejos de suelos (aunque con toda seguridad también cometieron errores), es lógico pensar que no deforestaran por placer, sino, para su puesta en cultivo, al contrario de lo que los autores del estudio aducen. Al parecer aquellas reforestaciones dieron lugar a episodios de erosión severos. Empero, ¿qué tipo de fertilización recibían por parte de aquella civilización?. Probablemente orgánica y tal vez en grandes cantidades. Recordar, por mostraros tan solo dos ejemplos, los casos de las Chinampas en México, y de las Terras Pretas en Brasil. Más aun, el artículo se centra en las ceras vegetales y en este sentido se puede alegar que plantas como la Jojoba y la cendelilla, muy ricas en estos materiales, resultaban ser altamente apreciadas por el pueblo Maya, siendo cultivadas por aquél entonces, o como mínimo recolectadas en sus formas silvestres. Empero tales especies, según leo en Internet (abajo os dejo información), se encuentran principalmente asociadas a ambientes áridos y semiáridos de aquél país. En general, la cera de las hojas y algunos frutos parecen conferirles una alta resistencia a la aridez y la sequía. Según los autores, los territorios se encuentran actualmente recubiertos de frondosas selvas tropicales de lluvia. Los Mayas se manejaban bien en los espacios geográficos secos mediante sofisticadas obras de riego. Repetimos que las plantas en zonas semiáridas parecen acumular mucha más cera que cuando el clima es húmedo, teniendo sus suelos, además escasa materia orgánica o reservas de carbono. El estudio, por su naturaleza, no da cuenta del porcentaje o contenido de tal tipo de carbono, sino exclusivamente de las susodichas ceras y su edad, dando por sentado que a cuanto más ceras más materia orgánica albergarían los suelos. Las estimaciones fueron realizadas mediante técnicas isotópicas.

Por lo tanto, yo tamnién podría aventurar que los investigadores pretenden llevar a cabo comparaciones, partiendo de premisas bastante inciertas, si se tienen en cuenta los vaivenes climáticos, cambios en los sistemas de manejo (que variaron con el transcurso del tiempo), avatares geopolíticos, etc. Ya os comenté que, al menos en los 40 o 50 cm superficiales, el medio edáfico de los bosques tropicales atesora muy poca materia orgánica, si se comparan con los boques y praderas que albergan los ecosistemas en los climas templados y fríos. Ellos analizan los materiales presuntamente procedentes de horizontes sub-superficiales que se acumulan actualmente en sedimentos lacustres, lo cual conllevan otra serie adicional de incertidumbres que no pueden soslayarse. Empero estas también afectan a una metodología que se ha ensayado en contadas ocasiones, por lo que aún dista mucho de poder ser considerada fiable.  Finalmente, la reiterada lectura del artículo de Nature me hizo ver que estos investigadores encajaban sus razonamientos, muchos de ellosno suficientemente corroborados, con bastantes dudas. En fin, os dejo con la noticia, pero también con mis tribulaciones. Añado material para los que estéis interesados en saber más de las ceras de las hojas, ya que por mi parte no hay más “cera” de la que arde.

 Juan José Ibáñez

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Un Avatar en La Tierra (Los Waiapi de la Amazonía)

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Fuente: Colaje Google Imágenes

Tras visionarla, quizás a muchos humanos nos hubiera gustado habitar en un planeta del tipo que se describe en Avatar, la película. Lo que muchos desconocerán es que “aún existen” lugares y pueblos en la Tierra cuyos habitantes disfrutaban de un mundo mágico y placentero semejante, hasta que llegó el Homo tecnológicus subespecie depredator para acabar con tal intolerable felicidad. Hablamos del pueblo Wajãpi, escondido en pequeños y recónditos pedazos de selva amazónica. En un post anterior  (¿El Progreso trae felicidad?. Viajando al jardín del Edén en el Amazonas), ya os comentamos diversos aspectos de su dramática situación, costumbres, agricultura, manejo del suelo, etc. Os recomendamos también la lectura de la siguiente entrega: El Expolio a los Pueblos Indígenas en Aras del Progreso: Los Dongria Kondh, Avatar y James Cameron.

 Lo que cabe preguntarse es si tanto progreso tecnológico nos ha ido separando del verdadero bienestar, en lugar de abrirnos nuevos caminos de paz, harmonía, conocimiento genuino y confort. Francamente, comienzo a sopesarlo muy seriamente. Cuando uno entra en la saga de los sexagenarios y ha vivido/sufrido multitud de experiencias, comienza a valorar que lo mejor que le puede ocurrir a un ser humano, resulta ser simplemente disfrutar de su vida en paz, divertirse a raudales tras cumplir con sus necesidades más básicas, encontrarse rodeado de familia y amigos, sin beligerancia alguna contra otros, contemplar con respeto y amor el universo que le ha ofrecido tanto disfrute, para finalmente despegarse para siempre de nuestro cuerpo material, rodeado de todo lo que quiere. Y todo ello tiene que ver tanto con los bienes que le ofrece su ambiente, como por haber nacido en una cultura tan especial como humilde. El hombre moderno siempre desea más, y confunde lo material con lo espiritual. La vida se nos escurre entre los dedos deseando más dinero, éxitos, un hogar repleto de artefactos, estresados casi siempre a la hora de dar la mejor educación a sus hijos, en competencia/lucha cotidiana con nuestros congéneres. A la postre, el estrés, la depresión y la infelicidad enferman esos mismos cuerpos y almas. La noticia central de hoy lleva el título: “Para la Tribu amazónica el bosque pluvial es el universo entero”.… ya que tienen todo lo que demandan y desean a su alrededor. Como veréis abajo, he traducido rápidamente la noticia científica del suajili publicada en TerradDaily al español castellano usando el ingenio Google, por lo que no esperéis delicatesen lingüísticas.

 Reitero que, por lo que a día de hoy saben los expertos, muchas de las tribus amazónicas fueron más sofisticadas que las que actualmente resisten. Algo ocurrió, según se piensa en 2019, un par de siglos antes de la llegada de los europeos, que arrasaron con todo lo que encontraron a su paso, (¿qué sucedió?). Se desconoce la causa y las fechas precisas, pero gran parte de la cuenca amazónica era un paisaje semi-agrario, rebosante de prácticas agronómicas y manejos de suelos ingeniosos, diversos y sofisticados. ¿Qué paso pues?; ¿Por qué se perdió (ver post: “Los Bosques Amazónicos: ¿Paisajes Prístinos o Paisajes Culturales?”). Posiblemente, muchas de las etnias y pueblos no culturizados ¿?¿? que aún restan en aquellos lares, son el fruto de un retroceso tecnológico, típico de la falta de intercambios culturales, necesidad de huir constantemente del hombre blanco (perdiendo parte de su sedentarismo), pérdida de diversidad de recursos naturales en espacios pequeños, así como también de unas organizaciones sociales dispersas en diminutos poblados, etc. Empero tal hecho no hizo mella en su modo de vida, aunque necesariamente debió cambiar.

 En la película Avatar, se hablaba de una inteligencia natural distribuida por todo el bosque en donde los seres del suelo y las raíces de las plantas, funcionaban como una ciudad, muy inteligente, pero además genuinamente sustentable. En nuestro post: “La Inteligencia de los bosques y su comunicación bajo el Suelo” os explicamos que una nueva corriente de pensamiento, así como evidencias empíricas, parecen constatar que lo narrado en Avatar no resulta ser descabellado, en absoluto, aunque seguramente idealizado.

 Quizás los Wajãpi se encontraban y aun lo hacen (aunque mermados) en su Avatar, y nosotros pensando que es un producto de nuestra calenturienta imaginación. ¡Qué lástima!. Todo lo que podríamos seguir aprendiendo de un pueblo tan respetuoso, afable, feliz y sustentable. Empero preferimos exterminarlos porque somos cultos y sofisticados ¿? ¿?. ¡No tenemos perdón!.  Y por ello los Wajãpi, hartos, nos han declarado la guerra al mundo entero, al menos si se pisan sus dominios. Ya les han engañado demasiadas veces: han dicho ¡basta!.

 Hoy os dejamos pues nuestro más entrañable recuerdo y solidaridad con los Wajãpi, y otras tribus latinoamericanas que sufren los mismos padecimientos y exterminios ante nuestro hipócrita y cómplice desinterés. ¿Un Avatar en la Tierra?. Al parecer antaño así puedo ser, actualmente una quimera.

PD. Observar en la narración como entienden y utilizan el concepto de “cansancio/fatiga del suelo”. 

 Juan José Ibáñez

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