‘Fertilidad de Suelos y Nutrición Vegetal’

Los biocarbones o carbones pirogenéticos en los suelos del mundo. Una sorpresa inesperada

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Biocarbones  como práctica campesina: Fuente: Mother Earth News

La noticia que os vamos a comentar hoy (Taking stock of charcoal in the world’s soil) me ha causado una gran sorpresa, aunque tras meditar los contenidos parece lógica. En mi modesta opinión, esta es la mayor virtud del estudio. Los autores nos informan que, conforme a sus cálculos (aun con grandes incertidumbres), el 16% del carbono de los suelos del mundo posee origen pirogenético (PyC), lo cual resulta ser una cantidad ingente. Este tipo de materia orgánica del suelo (MOS) se puede generar por incendios naturales, la quema de rastrojos o la producción del ya mentado biochar (en sus diversas modalidades para mejorar las propiedades del suelo, o secuestrar carbono de la atmósfera), de los cuales hemos hablado con profusión en numerosos post de la bitácora. Por tanto, una mirada retrospectiva al papel de la MOS en los suelos y la biosfera adquiere una nueva dimensión, en la cual el fuego se alza como un protagonista de primer orden.

 Los incendios naturales se han producido siempre y ellos dan lugar al carbono pirogenético, como también la quema de residuos agrícolas desde tiempos inmemoriales. Ya hemos comentado estos carbones pirogenéticos se descomponen muy lentamente, actuando como secuestradores de carbono atmosférico.  Más aun, en algunas regiones “el PyC representa hasta el 60% de la materia orgánica edáfica”. ¡Tremendo!. Su mayor abundancia acaece en las regiones tropicales y decrece hacia los Polos. Lo mismo ocurre en los paisajes agrarios respecto a los que atesoran vida salvaje, lo que denuncia el importantísimo papel del ser humano en el secuestro de carbono que atesoran los suelos desde hace miles de años. Eso sí, los autores no nos informan, de lo que ya conocemos sobradamente, es decir que existen PyC capaces de retener agua y nutrientes mientras otros no. Esperemos que su iniciativa nos aclare en los próximos años que porcentaje almacenan los suelos de cada una de restas formas.

 Los investigadores que han publicado el artículo también comentan que: “Los pH elevados, y los suelos ricos en arcilla parecían retener el carbono orgánico pirógeno mejor que cualquier otro tipo de suelo”. Este resultado era de esperar, para todos aquellos que hayan trabajado mínimamente sobre el tema.  De aquí que debamos inferir que la actividad humana ya ha secuestrado de la atmósfera ingentes cantidades de CO2, miles de años antes de que este tema se pusiera de moda, algo así como si estuviéramos descubriendo la dinamita. Como siempre, nos creemos innovadores, cuando en realidad imitamos a nuestros ancestros y su conocimiento campesino (ver los numerosos post al respecto que alberga nuestra categoría: etnoedafología y conocimiento campesino), y con mucha dificultad.

 El estudio ha sido llevado a cabo haciendo uso de minería de datos de investigaciones precedentes publicadas en la literatura, lo cual conlleva ineludiblemente incertidumbres. Ahora bien, como veréis en la noticia original que os muestro abajo (como también en el artículo científico que se encuentra en acceso abierto), se ha liberado una base de datos en acceso abierto que permite obtener tal información, pero también enriquecerla con nuevas contribuciones. Es decir hablamos de una investigación participativa de gran interés. He traducido todo el texto del suajili al español-castellano,  por lo que os dejo sin más con sus contenidos. Buen trabajo. ¡si señor!.

Juan José Ibáñez

veamos pues la noticia……..

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Agricultura Regenerativa, Agricultura Orgánica, Agriculturas Ecológicas y Bioeconomía

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Fuentes: Soilforlife y Elements-Eco design

¡Vaya líos! ¡Vaya líos! Hace poco tiempo edité un post titulado: La Nueva Revolución Verde del Siglo XXI: Todo Preparado, pero, ¿para qué?. Evidentemente el propósito estriba en reemplazar la filosofía de los sistemas agrarios, basados en la clásica revolución verde que, tras su éxito inicial, tanto daño a causado al medio ambiente. ¿Por cuál?: otro que nos guie hacia la ansiada sustentabilidad ambientalmente amigable. La inmensa mayoría de las propuestas pretenden desacoplar agricultura y economía del petróleo, incluyendo la reducción drástica, cuando no supresión total, de los fertilizantes químicos y pesticidas, para ser reemplazados por enmiendas orgánicas y manejo integrado de las plagas sobre bases ecológicas.  Buena parte también de las propuestas pretenden erradicar, en la medida de lo posible, el uso de los organismos modificados genéticamente, aunque en otros muchos textos no se menta nada al respecto, o se habla de la agricultura de conservación, tras las que se escudan los amantes de ir tocando los genes a toda la biosfera (los archiconocidos  “tocagenes” por los lectores de esta bitácora). Y todo ello, principalmente en base a lo que se denomina agricultura orgánica. Personalmente, llevo años intentarme aclararme acerca de las diferencias entre agricultura ecológica y agricultura orgánica, pero sin mucho éxito.

En vista de que en el mundo anglosajón y germano los productos que proceden de la agricultura orgánica son los que tienden a ser legislados mediante las certificaciones gubernamentales pertinentes, no podía discernir claramente cuál era la diferencia clave entre lo orgánico y lo ecológico, hasta la lectura de una noticia que os ofrezco abajo, entre otras. Desconocía el significado preciso de estos vocablos en USA. La Administración Obama se encuentrba dando un impulso inusitado al universo de la agricultura orgánica, con vistas a reemplazar la clásica, como os comente en el post de la “Nueva Revolución Verde”. Sin embargo en palabras de Obama, tal encomiable empresa debería dar paso a una bioeconomía que incluyera los biocombustibles (¿pero sin son de primera generación, no aparecen los transgénicos en la ecuación?). Y es aquí, a través de un artículo editorial del New York Times, de donde he logrado vislumbrar algo mejor todo este galimatías. Pensaba, equivocadamente que los hijos del Tío SAM, para variar, tenían sus propios problemas, nomenclaturas, etc., y en parte era cierto, pero en parte no, al menos respecto a Europa. EE.UU. ya atesora una legislación de los productos orgánicos y los fomentan mediante sus gubernamentales “farm bills”. Ahora bien, también reconocen que hay distintos tipos de agriculturas alternativas, muchas de las cuales cumplen las especificaciones orgánicas, pero van mucho más allá en lo que respecta a sus consideraciones restrictivas, con vistas a que los alimentos no sean tan solo más saludables, sino plenamente naturales. Eso si, luego llegaron  las “Trump”etas del Apocalipsis y USA retornó a la ceremonia de la confusión.

Sin embargo, el tema se complica, al añadir otras demandas sociales y ambientales a la aludida ecuación. Si en un primer momento, el objetivo estribó en obtener alimentos más saludables, ahora otras propuestas llegan a hacer más énfasis en mejorar la calidad o la salud de los suelo. Esta última perspectiva es la que se ha denominado “regenerativa”, por lo que merecería una mayor atención en nuestra bitácora. Empero otras propuestas priorizan en secuestro de carbono por el medio edáfico, con vistas a paliar el cambio climático.

Resulta palmario que estos tres objetivos son plenamente compatibles. Sin embargo, algunas propuestas son más laxas que otras. Las certificaciones orgánicas, como ocurre en Europa, dan cuenta de las agriculturas más permisibles desde un punto de vista ambiental, frente a lo que solemos definir como agricultura ecológica. Por lo tanto, lo orgánico incluye a lo ecológico, pero no al revés. Y es justamente en este punto en el que los defensores de las últimas discrepan de las susodichas “certificaciones orgánicas”. Bajo todo este galimatías subyacen factores socioeconómicos de suma importancia, pero que no dejan de ser nuevas variables a contemplar, abundando una vez más en la confusión. Hablaremos luego de ellas.

Del mismo modo “como cada maestrillo tiene su librillo” se acuñan más y más vocablos que, aunque sobre el papel debieran servir  para clarificar, en la práctica ocurre todo lo contrario. Por ejemplo, dentro de lo que denominamos agricultura ecológica, también existen escuelas bastante variopintas, como la apelada  agricultura biodinámica, la ya mencionada agricultura regenerativa, la agricultura natural de no intervención y la agricultura mesiánica, entre otras muchas.

Seguramente todas ellas, por compartir objetivos similares son aceptables, siendo unas más que otras en función del espacio geográfico, tipo de suelo, cultivo a sembrar, clima, sociología de sus practicantes, etc., etc. Empero, al mismo tiempo, parte de estas escuelas abrazan ciertos principios ajenos a la ciencia, como las aptitudes/sensibilidades ante el mundo que nos rodea: modos de vida natural, la granja como un ente vivo, surgiendo esporádicamente palabros como homeopatía en agricultura ¿¿??, el seguimiento de los ciclos lunares ¿?, etc. Más aun, algunas de estas propuestas fueron lanzadas en el siglo XX, aunque también en el XIX.  Del mismo modo, algunas son sustentadas por ciertas fundaciones privadas o no, que como el Instituto Rodale, desde la distancia, personalmente no sabría deciros si se trata de centros de investigación serios, o agrupaciones sectarias o simplemente sectas, al estilo de ciertos movimientos místicos.

Pongamos un ejemplo, la agricultura biodinámica, ya propuesta en 1924, considera que las granjas deben ser tratadas como “un ente vivo”, demandándose de ellas que sean lo más autárquicas que sea posible. El concepto resulta ser sugestivo, pero llevarlo a la práctica ya es otra cuestión. Con vistas a poder seguir las directrices de esta escuela, la granja o predio debería albergar una gran diversidad de hábitats, que dieran lugar a poder atesorar diversos cultivos, tipos de ganadería, etc. Y este condicionante es difícil de alcanzar dificultando su implantación por cuanto se requieren amplios espacios heterogéneos desde el punto de vista ambiental (heterogeneidad de hábitats).

Y ahora vamos a intentar sintetizar el problema socioeconómico que personalmente más me preocupa, muy parecido al de Europa. Los pequeños agricultores, que en su día decidieron apostar por algún tipo de agricultura ecológica, se lamentan de que las grandes empresas y multinacionales,  bajo el amparo de las certificaciones orgánicas oficiales, excesivamente laxas, a menudo cumplen la ley, pero no su espíritu, lanzando al mercado productos menos saludables, no siendo tan respetuosos con el medio ambiente como proclaman. Reconocen que tal certificación es positiva, aunque debiera irse mucho más allá, con vistas a alcanzar la sustentabilidad. De este modo, por ejemplo (al menos en USA), los seguidores de la agricultura biodinámica van reemplazando las etiquetas certificadas orgánicas por las que ellos consideran que dan cuenta de la bondad de sus productos: es decir las.  Biodynamic Certification Marks”.

“Intentando resumir”: existen tres razones que están promoviendo rápidamente la emergencia de una agricultura ¿natural, ecológica, orgánica, biodinámica, regenerativa?, a saber: (i) conseguir alimentos saludables, (ii) paliar o revertir la degradación ambiental que sufre la biosfera como resultado de la revolución verde y (iii) incrementar en secuestro del carbono atmosférico por los suelos, paliando el previsible calentamiento climático y mejorando la calidad de los suelos simultáneamente. Del mismo modo, en ocasiones se introducen cosmologías e incluso factores “aparentemente místicos o esotéricos”, como los ciclos lunares, y más aún el mentado de la “homeopatía ¿¿??. Y Para terminar se encuentre abierta una guerra entre los pequeños agricultores que creen en lo que hacen, y las grandes compañías que se escudarán en los mínimos requerimientos, incluso haciendo fraude con vistas a obtener el máximo beneficio.

Una vez reconocido que el modelo agronómico de la revolución verde no puede seguir vigente y debe ser reemplazado por los motivos ya aludidos, me temo que la ceremonia de la confusión irá “in crescendo”, conforme a los intereses de los gobiernos y el yugo del imperialismo financiero. Parafraseando al entrañable Antonio Bello, la agricultura que necesitamos no requiere etiquetas, tan solo hace falta que sea amigable ambientalmente; que esté “bien hecha”,

Abajo os dejo abundante material (parte del cual he traducido desde el suajili)  para que os intentéis aclarar vosotros mismos, ya que ante tal marasmo de vocablos, perspectivas y enfoques, lo dicho hasta aquí tan solo puedo considéralo como una síntesis provisional.

Juan José Ibáñez

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El asombroso misterio del carbón pirogenético (un nuevo biochar detectado entre los pueblos aborígenes de África)

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Carbón pirogenético. Fuente: colaje google imágenes

El título con el que pretendía presentar este post era el siguiente: “El Carbón pirogenético: Los pueblos aborígenes de África lograban mejorar la fertilidad de suelos pobres en nutrientes, alcanzando así una agricultura plenamente sustentable.” Pero realmente, el tema, deprimente en manos de la ciencia actual, resulta asombroso a la luz de la etnoagricultura y etnoedafología. Por esta razón, abajo os he traducido buena parte de la nota de prensa original en inglés, dejando material adicional sobre lo que ahora algunos denominan “pirogenético”. Pero vayamos al meollo del contenido. Ya os hemos hablado en numerosas ocasiones del biochar. En la foto podréis observar cómo ha ido creciendo vertiginosamente el número de artículos que las revistas de prestigio han publicado sobre el tema. Sin embargo, sus propiedades no logran emular las que atesoraban las Terras Pretas (Propiedades y Fertilidad del Biochar). Reitero que abajo tenéis una relación de todo lo publicado en esta bitácora desde que Francisco de Orellana habló por primera vez de ellas, tras su descubrimiento en la desembocadura del “Gran Rio”. El biochar fue desarrollado por los pueblos aborígenes de la Amazonia. Básicamente se trata de un tipo de transformación de la materia orgánica mediante el fuego, y “algo más” (a saber qué), de tal modo que tras añadirse al suelo le otorgaba de una fertilidad enormemente superior a la de los pobres suelos naturales de la región. Y tal enmienda, al parecer, lograba persistir durante cientos y/o miles de años. De este modo, territorios infértiles adquirían una fertilidad pasmosa. La ciencia moderna intenta descubrir el secreto, con vistas a poder obtener con nuestra portentosa tecnología lo que los indígenas hacían sin prácticamente ninguna. Años después, unos investigadores japoneses mostraron al mundo el biochar natural a baja temperatura de las culturas del Nepal. Pues bien, en la noticia de hoy se nos informa que algo parecido ha sido hallado en pueblos aborígenes del oeste de África. ¡Sí1, ellos también transformaban suelos improductivos en altamente productivos sin necesidad de tecnológica, enormes insumos de agroquímicos contaminantes y otras prácticas que a la postre han resultado insustentables. Si logramos esclarecer el secreto de aquellos que han venido denominándose “salvajes” en occidente, alcanzar la sustentabilidad y la soberanía alimentaria a nivel mundial podría considerarse como un objetivo viable y próximo en el tiempo. Varios aspectos resultan asombrosos cuando hablamos de este tema.

¿Cómo es posible que tras casi quince años de intentos para desentrañar tal enigma la ciencia actual sea impotente, con todo nuestro instrumental y bagaje científico?

¿Cómo es posible que se lograra tal hazaña en tres continentes distintos (América, Asia y África) por pueblos que todo indica que jamás mantuvieron comunicación alguna?. Empero un manejo y enmienda semejante dicen que fue practicado en lo denominados Jardines Preuropeos Maoríes de Nueva Zelanda, es decir en Oceanía. De ser así, tan solo en Europa (por lo menos hasta la fecha, según los estudios realizados), sus culturas ancestrales fueron incapaces de fabricar tal piedra filosofal. ¿Quién defiende pues la supremacía aria?

Resulta complicado asumir todo este entramado de hechos y desechos carbonizados.  Aquellos amantes del misterio, siempre podrán apelar a que unos extraterrestres, al ver tanta miseria humana en el pasado, nos ofrecieron este regalito. ¿O realmente  nuestros ancestros lograron de alguna forma, aun por descifrar comunicarse globalmente? De ser cierto todo lo publicado en las revistas científicas,  ¿cómo es posible que este tema no se haya convertido en una prioridad de primer orden mundial? ¿Por qué no se nos despide a todos los agrónomos y edafólogos en vista de nuestra incompetencia?  Un misterio detrás de otro. Una de tres; ¿O somos incompetentes, o somos imbéciles, o la ciencia agronómica actual demuestra ser sumamente ineficiente?.

Os dejo pues con el material nuevo y una relación de los post previos (que no todos) relacionados con el tema……

Juan José Ibáñez 

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El misterio del maíz o Cintle entre el Anáhuac y el Tahuantinsuyo (Régulo León Arteta)

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Pinturas Rupestres – Toca da Esperança, Brasil. Fuente: http://enoqueviola. blogspot. mx/ 2013/04/central-bahia-epicentro-da-arqueologia.html

Palma Pupunha, Bactris gasipaes Kunth, Cortesía de Alex  Popovkin, Bahia, Brasil www.flickr.com

Maíz moderno y Teozintle tomado de Evie Rynkiewicz: http://itsabouttheecology.blogspot.mx/2011_09_01_archive.htm Cabeza Quetzal papalotl rodeada de hojas de maíz. de la populosa urbe Teotihuacana. http://arquehistoria.com/wp-content/uploads/2013/04/quetzalcoatl-teotihuacan.jpg

En la Masas Continentales Americanas existieron varias áreas culturales. Hasta donde ahora sabemos sobresalieron el Anáhuac y el Tahuantinsuyo. El primero comprendió el centro de México y Centroamérica, el segundo la cordillera Andina. Aunque estas culturas son relativamente recientes, ya que se están observando la concurrencia de muestras de actividad humana, de más de 200 000 años, como en Valsequillo, Puebla, México y Toca da Esperança, Brasil.

Por otra parte, se determinó que hace 65 Millones de años, en el Cenozoico (vida reciente), aparecieron los primates, cuando el continente sudamericano estaba casi unido al africano. En el Mioceno aún se encontraban muy próximos, por lo que sus respectivas biotas eran bastante similares. Así el reciente descubrimiento de dientes de monos, de hace veintiún millones de años, en América del norte, procedentes de Sudamérica, según Bloch y colaboradores, si bien no confirma la presencia de nuestros ancestros homínidos, si plantea tal posibilidad. Porque somos “bicho” curiosos por naturaleza, hasta que nos llevan a la escuela, parafraseando a Bernard Shaw.

Mientras que en Eurasia, a menudo, se privilegió el pastoreo y el monocultivo extensivo, América lo fue la agricultura intensiva y diversificada, favorecida en parte por ser la región más húmeda del planeta. Así los Collaguas en el cañón del Colca, perfeccionaron al extremo, en seis mil hectáreas, el sistema de riego de cultivo en terrazas, sostenidas por las raíces de la vegetación natural <arboles> y así el antiguo Perú dio de comer a todos sus habitantes según Brailovsky.

El cultivo del maíz (Esta palabra se deriva de mahiz para los taino (nobles) una de las ramas de los Arawaks caribeños) en la llamada milpa, es uno de los ejemplos más conocidos de la diversificación de la domesticación de vegetales de este continente. La obtención de esta última especie es una de las hazañas sin parangón mundial, de los anónimos fitomejoradores nativos y, reconocida como patrimonio de la humanidad. Aunque el nombre más cercano al original en náhuatl (una de las lenguas dominantes en el Anáhuac) es Centli. Esta labor la han devaluado, aun personajes de estas tierras como el porfirista mexicano Alonso de Bulnes, ninguneando al maíz frente al trigo. Por otra parte, resulta que el manejo humano de esta especie, ha sido de tal magnitud que junto con la Palma Pupunha brasileña, que ya no se pueden reproducir sin la intervención humana.  

Con todo y ello, el maíz criollito autodevaluándose, como lo llaman algunos campesinos mexicanos, o maíces criollos como algunos “técnicos” ignorantes mentan, para diferenciarlos de sus “mejorados” atasoran un tan enorme como denostado valor alimentario y nutricional. Aunque estas especies han beneficiado durante milenios a muchos humanos en el mundo, sus semillas se encuentran en peligro de ser propiedadas por unos mercachifles inescrupulosos, acto que no deja de ser pura piratería.

En la milpa, desde la prehispanidad, se cultivan simultáneamente semillas seleccionadas de cosechas anteriores de cecentli (En náhuatl como en latín, la repetición de la primera silaba, significa pluralidad) de periodo corto, medio y largo, leguminosas como el frijol (Phaseolus vulgaris) y cucurbitáceas como la calabaza (Cucubita pepo). Estas tres especies se aprovechan maduras y aun inmaduras, pero de la última hasta sus flores. Muchas plantas que para algunos son malezas, también son aprovechadas como alimento humano. Algunas resultan ser ricas en Omega 3, como las verdolagas (Portulaca oleracea) o en proteínas como los quelites (Chenopodium sp.). Mención aparte merecen, los aromáticos y sabrosos jitomates (Lycopersicum sp.) y chiles silvestres (Capsicum sp.) Además no debemos olvidarnos de numerosas plantas medicinales como lo es la (Árnica), etc.

La siembra de semillas de centli con tres periodos de cultivo, como nos compartía el insigne etnobotánico Efraim Hernandez Xolocotzi, es una estrategia de sobrevivencia. Planta de ciclo corto, permite asegurar una cosecha aun en caso de sequía. Mientras que los monocultivos del centli, de un solo ciclo, son aberraciones comerciales y antiecológicas proclives al abuso de agroquímicos.

 

La certeza de la antigüedad del cultivo del centli y su localización en el Anáhuac, se encuentra fuertemente limitada por la facilidad de su degradación, aun de los populares, entre los arqueólogos, granos de polen. A los cecentli silvestres se les atribuye una antigüedad de 80 mil años. Posiblemente, la hazaña de su mejoramiento genético, ocurrió en las alturas del sur de México y Centroamérica. Resulta innegable su relación con el teocintle. Hacia finales del siglo XIX, aún su cultivaban en Chihuahua, para mejorar la producción del centli según nos narraba Lumholtz.                                                   

Hasta hace poco tiempo, se reconocía que los restos más antiguos procedían de Guilá Naquitz, Oaxaca, con 5.400 años de edad, habiéndose detectado polen en San Andrés (México) por los arqueólogos datado de aproximadamente 5.100 años, en Tabasco (México). Sin embargo, las fitolitas del centli en la Amazonia ecuatoriana, fueron fechados con 5. 300 años a. n. e. Al perecer llegó a Panamá (¿cultura Coclé?) hace más de 7.000 años, donde tuvo una gran transformación y regresó a centro y Norteamérica, como al resto de Sudamérica. Así, en Huachichocama (Argentina), se encontraron indicios del centli asociados al chile, o frijol en un estrato de entre 7.670 a 6.720 años de antigüedad.

Además de la hazaña del mejoramiento, está la biotecnología, en la nixtamalización, es decir la cocción del centli con solución de cal, que disminuye ligeramente el contenido de vitaminas, almidón y la solubilidad de la proteína del maíz. Sin embargo tan proceso aumenta la biodisponibilidad de aminoácidos, fósforo, calcio,  fibra soluble y almidón resistente. Al disminuir el contenido de ácido fítico, mejora la absorción de minerales. La nixtamalización además eleva la disponibilidad de niacina, eliminando el desarrollo de la pelagra. 

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Certificación de Suelos: Alimentos Sanos

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Suelos sanos para lograr la salud de la Población. Fuente: FAO

 Cuando leo noticias sobre qué tal o cual alimento es bueno para la salud, por las razones de que sea, siempre albergo muchas dudas, aun soslayando que se trate de una moda o dude de los ensayos y protocolos utilizados con vistas a alcanzar tales conclusiones.  La razón es muy simple. Los vegetales asimilan los nutrientes del suelo, por lo que la composición química de los primeros depende de los segundos. Los investigadores sobre estas materias suelen soslayar este hecho, actitud que se me antoja incomprensible. Los ensayos se hacen sobre plantas recogidas en un cierto momento y lugar, por lo que no todos ellos atesoran los mismos elementos químicos. A menudo faltan o escasean, quizás los nutrientes y micronutrientes que los hace tan “saludables”. Otras veces pueden estar contaminados por productos o moléculas tóxicas, siendo pues el remedio peor que la enfermedad. Un ejemplo en el que se insiste muy a menudo es el consumo de pescado azul rico en  ácido graso omega 3 por sus beneficios contra las enfermedades vasculares, depresiones y desarrollo del cerebro de los infantes, entre otras de las numerosas bondades que se les presuponen. Ahora bien, si los nutricionistas no dejan de hacer énfasis en el consumo de estos frutos que nos otorga el mar, los toxicólogos alertan de la acumulación de metales pesados, etc. en muchos de ellos y como corolario del peligro que su alto consumo representa para la salud. ¿En qué quedamos? Obviamente, dependiendo de donde se realice la pesca la carga tóxica será mayor o menor, aunque el ciudadano lo desconoce.  Pues bien, lo mismo ocurre con el suelo y los vegetales, y la noticia de hoy da cuenta de ello, entre otros muchos ejemplos que fácilmente son detectables en Internet. Por lo tanto, no basta en absoluto inducir al ciudadano a que consuma determinados tipos de alimentos, si estos no atesoran los elementos químicos y moléculas que “en teoría deberían tener”. Para que una planta recomendada se consuma con las garantías que se les presuponen los galenos y nutricionistas en general, es necesario que crezcan sobre suelos que contengan los nutrientes asimilables adecuados. Por lo tanto, habría que analizar la composición química de los comestibles. Cuando un producto comienza a ser muy demandado, casi con toda seguridad, se cultivará en otros lugares, fuera de su ámbito geográfico natural, en suelos que pueden o no otorgarle los elementos químicos requeridos con vistas a que su consumo ofrezca a la salud las mentadas bondades.  ¿Se realiza este tipo de control?. ¡Francamente lo dudo!. No se trata constatar los valores “tradicionales de referencia”, sino los que realmente tienen al ser cultivados y comercializados en espacios geográficos distantes. 

 La noticia que analizamos hoy (Niveles bajos de selenio se asocian con el desarrollo de cáncer de hígado) es una clara muestra de ello. Como veréis seguidamente, la nota de prensa asevera que “Cuando el selenio está por debajo de los niveles óptimos, el aumento de su ingesta puede ser una estrategia más para la prevención del cáncer de hígado, además de evitar el consumo de alcohol, mantener un peso corporal saludable y dejar de fumar“. Francamente lo del tabaco no lo entiendo, aunque en esta ocasión resulta irrelevante. Del mismo modo también se da cuenta de que: “en 2012, se estima que ha habido 782.000 nuevos casos de cáncer de hígado en el mundo. Es la segunda causa más común de muerte por cáncer, siendo responsable de casi 746.000 fallecimientos en el mismo año; el 9,1% de todas las muertes relacionadas con el cáncer ese año (…) La incidencia de cáncer de hígado está aumentando en los países desarrollados (….). Pero a lo que vamos. Conforme a la noticia: El selenio es un micronutriente mineral que se encuentra en alimentos como (….). Sin embargo, los niveles de selenio en los alimentos dependen en gran medida de los niveles de selenio en el suelo donde se cultiva la comida y los animales pastan”.

 Los niveles en el suelo tienden a ser bajos en muchas regiones de Europa, lo que contribuye a reducir los niveles corporales de este elemento en comparación con las personas que viven en regiones con mayores concentraciones del mismo en el suelo, como América del Norte. En humanos, el selenio es esencial, sobre todo para el funcionamiento eficaz del sistema inmune y en el control de los procesos oxidativos relacionados con el desarrollo del cáncer (…) Los niveles en el suelo tienden a ser bajos en muchas regiones de Europa, lo que contribuye a reducir los niveles corporales de selenio en comparación con las personas que viven en regiones con mayores concentraciones de selenio en el suelo (..). En humanos, el selenio es esencial, sobre todo para (…)”. Pues bien, si esto es así, habría que enmendar los campos de cultivo con este micronutriente, pero también analizar, conforme a las condiciones del medio edáfico, su biodisponibilidad para que sea absorbido por las raíces y acumulado en las proporciones adecuadas en los alimentos.

 Reitero que este tema es archiconocido desde hace muchos decenios, conociéndose regiones en donde ciertas afecciones y enfermedades azotan a la población, debido a que en el medio edáfico escasean algunos nutrientes concretos”. Pues bien, en un mundo en que se intenta que el ciudadano consuma alimentos sanos y en especial algunos de ellos por sus “magníficas cualidades”,  todos nosotros deberíamos estar informados de si su composición química y bioquímica resulta ser la adecuada. Podemos pues analizar los alimentos, pero también certificar que los suelos en donde se han producido atesoran las cualidades adecuadas, entre las que por supuesto debe contemplarse la ausencia de elementos tóxicos de cualquier tipo.

 Por todo ello, no resultaría baladí, sino todo lo contrario, certificar la calidad de los suelos en donde se van a producir los alimentos “concretos” para el consumo humano. De no ser así, hasta las recomendaciones de los nutricionistas, marketing comercial,  y propaganda gubernamental pueden ser contraproducentes.

 Dicen que “somos lo que comemos”, empero la calidad de la ingesta depende de la del suelo. Francamente, no veo atisbo de una adecuada cultura científica, acorde con la propaganda que suele leerse, que ofrezca las necesarias garantías con vistas a alcanzar una alimentación saludable, como es el caso de los sabrosos pescados ricos en ácido graso omega 3., pero a veces también de altas concentraciones de metales pesados y otros tóxicos. Y dicho esto, puedo llegar a pensar que muchas de las recomendaciones nutricionistas penden de una cuerda muy floja.Ahora que se ha puesto de moda en Europa el consumo de Quínoa, por sus valores nutricionales, cabe preguntarse, ¿persisten cuando se cultivan  de forma industrial bajo otras condiciones edáficas?. Realmente su consumo en estas últimas condiciones es tan beneficioso para la salud, como nos publicitan?.

 ¿Porque no pues una certificación de los suelos y sus propiedades de donde provienen los alimentos?, ya que unos pueden ser mejor que otros con vistas a que produzcan los ansiados vegetales saludables de “una determinada especie”. Cada planta requiere una composición química del suelo determinada, ya que como los humanos no todas son iguales.

 Juan José Ibáñez

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Sobre las Plantas insectívoras y la pobreza en nutrientes de los suelos El caso de Venus atrapamoscas y…)

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Dionaea muscipula: Fuente ebay

 No suelo encabezar los títulos de los post utilizando palabras como “sobre” o “acerca de”. Sin embargo considero que en este caso resulta bastante apropiado, por cuanto lo que vamos a comentar hoy, usando una noticia reciente (Científicos europeos descubren cómo la venus atrapamoscas se convirtió en una planta depredadora) debe corroborarse. Y si finalmente se llegara a esta conclusión, se trataría de una noticia interesante y que concierne a los edafólogos y biólogos de suelos. Nos referimos a un estudio realizado sobre una especie concreta entre las relativamente numerosas plantas insectívoras (como por ejemplo las pertenecientes al género Drosophyllum, que en la  Península Ibérica y norte de áfrica, atesora al menos una especie endémica:  Drosophyllum lusitanicum). No obstante la noticia aparecida concierne a otra especie: Dionaea muscipula, conocida popularmente como Venus atrapamoscas. Seré muy breve ya que hace décadas que deje de estudiar anatomía y fisiología vegetal.  Lo que propone el estudio que abordamos hoy es que “posiblemente” muchas o algunas de las plantas actualmente insectívoras, pudieron evolucionar hasta tal tipo de alimentación al adaptarse a suelos pobres en nutrientes, extrayendo de los insectos, los nutrimentos que no puede obtener del medio edáfico. Parte del sistema, es decir la trampa, provendría de antiguas hojas, mientras que, las glándulas que descomponen su  cuerpo lo harían de antiguas raíces que, de este modo, cambiarán sus hábitos desde la absorción de nutrientes en el medio abiótico a ser depredadoras en el aéreo. Obviamente, no he encontrado más información ya que se trata del primer estudio de esta línea de investigación. No obstante he revisado en Internet dos géneros que personalmente conocía, y en ambos se mentaba que su hábitat incumbía a suelos con pobreza de nutrientes y a menudo encharcados. Desconozco si existe una convergencia adaptativa que afecta a diferentes taxones separados filogenéticamente, o no. Sea como sea, todo sugiere que el mundo vegetal encuentra soluciones como para adaptarse a cualquier tipo de suelos, en término de tiempos evolutivos. Abajo os dejo la noticia original y parte del material que he visitado en Internet.   

 Continua……..

Juan José Ibáñez

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La Inteligencia de los bosques y su comunicación bajo el Suelo

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No es de mi agrado, ni se encuentra justificado epistemológicamente, el que los científicos utilicemos antropomorfismos y metáforas que hagan pensar al ciudadano que la naturaleza es inteligente, tal  como solemos usar este vocablo para referirnos a la consciencia humana. En este blog tiendo a eludir tales argucias, aunque a veces no tengo más remedio que hacer uso de las mismas para reclamar la atención de los lectores en temas muy relevantes. El otro día, nuestro colaborador Régulo León Arteta nos envió un video bastante interesante en el que mostraba a una investigadora canadiense narrando como los árboles se comunican bajo el suelo incluso discerniendo relaciones de parentesco, pero también colaborando entre especies distintas. Francamente os aconsejo, por no utilizar el palabro “conmino” a que visionéis el video. Aunque la científica nos cuenta esta fascinante historia la narra en inglés, existe una función para leer su contenido en castellano. Se trata de una fascinante retrospectiva científica y personal. Para los menos versados con el manejo de estos artilugios electrónicos, he copiado abajo tanto los contenidos en suajili como su traducción al castellano. Merecería la pena que esos científicos que solo entienden de ortodoxia y publicaciones clamaran al cielo, para luego demostrarles en otros post, que es más sorprendente aun que al menos gran parte de este asombrosa historia ha ido demostrándose paulatinamente desde hace años en las más prestigiosas revistas del mundo, y como botón de muestra podéis entrar en el Researchgate de Suzanne Simard, justamente la conferenciante que divulga tal fascinante historia y comprobarlo. No es la única investigadora(or) que se ha topado con estos hallazgos, si bien su aportación sea innegable. Comprobaréis que ha publicado en algunas de las revistas más prestigiosas del Planeta. También Suzanne Simard muestra como la vocación puede con todo, incluso soslayar con la escasez o precariedad de recursos económicos, so pena de la persecución de “mamá Osa y su descendencia”. Adoro a este tipo de colegas, frente a los que solo piensan en los “papers”. No explicaré el tema porque su discurso es muy divulgativo y abajo podéis leerlo con todo lujo de detalles, dado que resulta tremendamente ameno. Muchas gracias Suzanne.

Ya os he comentado que, posiblemente, una de las principales propiedades del mundo orgánico deviene en que tanto la vida y su propia evolución, son reticuladas. Suzanne demuestra la red de relaciones entre los individuos, incuso de las distintas especies que componen un bosque, las cuales se llevan a cabo a través de las micorrizas que  cablean el suelo. Y así, como ya os mentamos en el post: la Vida Reticulada del Suelo, existe un asombroso entramado de cables vivos que se parece muchas veces, si es que no comparte las mismas leyes matemáticas (casi seguro), alpropio crecimiento de las redes sociales y su estructura, que a la postre también resulta ser similar al de las redes biológicas, metabólicas, ecológicas, etc.. Una de sus propiedades deviene de su enorme conectividad que se asemeja también sorprendentemente a la de nuestro cerebro.

Dicen que los árboles no nos permiten ver el bosque y en la narración de Suzanne lo comprenderéis. Tan chovinistas somos, que no entendemos que gran parte de la tecnología de la que nos vanagloriamos ya ha sido descubierta por la naturaleza hace millones y a veces eones de años. Nuestro ego anda por las nubes, pero muchas de las evidencias se ocultan en/bajo el suelo. Resulta lamentable que la mayor parte de los investigadores  no sepan preguntar debidamente a la naturaleza para que nos susurre al oído sus recónditos secretos. Se trata de un hecho curioso, como podréis comprobar, que en la charla de Susana, que presenta una fotografía indistinguible en la que aparecen la complejidad de la estructura de internet y otra de fractales, dos temas recursivos en nuestra bitácora.

Me encuentro casi en la obligación moral, ética y didáctica de recordaros que Darwin y el darvinismo dan cuenta de algunos rasgos de la vida. Empero nos muestran la cara más cruel y bestial de su estructura multifacética. Y la ciencia contemporánea ortodoxa, al divulgar la vida y la biosfera “según Darwin” han dado lugar a una sociedad súper-competitiva y cruel, repleta de guerras, destrucción, muerte, egoísmo y desigualdades. Pero existen otras perspectivas como las de Lamarck, Margulis y kropotkin, que avalan su cooperación, solidaridad y el apoyo mutuo, siendo hipótesis tan científicas como la del excesivamente venerado Darwin. Si hubiéramos construido una sociedad basada en los estudios de estos últimos, disfrutaríamos un mundo maravilloso, o como mínimo mejor que el actual. Y todo esto por culpa de un establishment miope, que no sabe ni adorar a los verdaderos héroes de la ciencia, ya que reitero que, de haberlos reconocido como tales, hubieran dado lugar a una sociedad/ecosistema en la que todos los seres humanos, la vida y la biosfera conviviríamos con mucha más paz y armonía. Una sociedad sustentable basada en el amor y la solidaridad, a diferencia del actual, en el que no unos pocos, que no se lo merecen, acaparan el reconocimiento, poder y/o riquezas, mientras la mayoría de los humanos sufre intensas penurias. De aquí, mi lucha contra la elección de la visión más salvaje y aterradora, es decir la darvinista (¡Juicio al darvinismo!), que ha tenido tan nefastas consecuencias y que nos confunde con una idea de progreso que se me antoja tan cegata como venenosa.

Pero no os sigo aburriendo, ya que la historia que seguidamente podéis leer y también visionar en el vídeo son tan deliciosas como para que no merezca la pena que me extienda en esta introducción. Esta se encuentra narrada con amor para profanos en la materia e incluso niños de corta edad, es decir público de todas las edades.

Asombrosa y embrujadora historia, que tiene poco o nada de ficción, por extraño que os perezca.

Juan José Ibáñez

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Los pastos y prados pluriespecíficos aumentan la producción de forraje mediante la mejora de las propiedades del suelo

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Ya os hemos ido relatando que durante la denominada revolución agraria del siglo pasado, las empresas mintieron tanto como para que los campesinos y ciudadanos en general comulgaran con ruedas de molino. Y así se taló el arbolado y arrancaron setos, convirtiendo agro-ecosistemas silvopastorales (pastos, prados y árboles) hermosos, productivos y ricos en especies, en aburridos y monótonos espacios carentes de belleza y biodiversidad, eso si fácilmente mecanizables.  Se nos convenció de que serían mucho más productivos y rentables. Si se les tocaban los genes, mejor que mejor. Y en aras del progreso muchos gobiernos se lanzaron a destrozar nuestro entorno. ¡Todo mentirá!

 R. Howard Skinner, investigador de la USDA, ha llevado a cabo un sencillo experimento durante 10 años desmontando tanta falacia. Todo ello me recuerda a una experiencia muy sencilla y un tanto pedestre que llevé a cabo personalmente hace pocos años y que os narraba en este post: Los Huertos y Jardines Domésticos: la preservación de la biodiversidad y el cuidado del suelo. Los resultados son exactamente los mismos.

 A falta de más verificaciones, lo que Skinner detecta es que la composición pluriespecífica del pasto secuestra más carbono, mientras que los compuestos de descomposición de tal materia orgánica en el suelo mejoran la estructura del medio edáfico que, como corolario, retiene más agua y nutrientes, incluso cuando alguna de las especies pratenses seleccionadas se pierde por el camino. He traducido por completo la nota de prensa original que abajo os proporciono, por lo que no abundaré más. La diversidad nos proporciona, resiliencia ecosistémica, sostenibilidad, mayor productividad de biomasa, y si es bien conducida, mejores beneficios para los ganaderos.   Todo era una pura patraña, algo que no debe extrañarnos de la agroindustria, tan embustera como la farmaindustria.

 Os dejo con la noticia original y la versión traducida al español-castellano. Y ya sabe, ¡ponga muchas especies en su vida!

 Juan José Ibáñez

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Aerosoles atmosféricos y su relación con la intensidad y duración de la lluvia: ¿La Gota Fría?

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Tormenta de polvo y aerosoles saharianos acercándose a las costas almerienses. Fuente: NASA

 Tras leer una nota de prensa en TerraDaily, que nos informaba de como en un artículo de investigación recientemente publicado se defendía que los aerosoles atmosféricos (naturales o antrópicamente producidos), en grandes cantidades, podían incrementar la intensidad y duración de las precipitaciones de eventos meteorológicos naturales, me vino inmediatamente a la cabeza si este proceso podría ser el causante de unos eventos usualmente catastróficos que suelen producirse de vez en cuando en el sureste de la Península Ibérica. Hablamos de lo que en España se denomina “gota fría”. Tales fenómenos extremos generan tormentas tremendas que causan inundaciones y graves destrozos en ciudades e infraestructuras, a la par que severos fenómenos erosivos. No en vano, en las provincias de Murcia y especialmente Almería, área en donde son muy usuales, la cobertura de suelos, soslayando edafotaxa muy someros (Regosoles y Leptosoles), cubre poco más del 25% del territorio. Es decir una extensión escasísima. Y es que allí las tormentas de polvo sahariano son bastante usuales, pudiendo coincidir (finales de verano y principios de otoño) con las mentadas condiciones meteorológicas que generan lagota fría”.  Empero al leer el artículo original, y con mis escasos conocimientos sobre meteorología, no pude separar el grano de la paja, quedándome con la duda. Si ambos procesos se encontraban relacionados, es decir, si al coincidir en el espacio y el tempo (al menos de vez en cuando) daban lugar a las devastadoras inundaciones que ocasionalmente acecen en el SE de la Península Ibérica, se podían extraer valiosísimas conclusiones, a la par que mejorar la previsión de los desastres naturales a los que dan lugar. Tal hecho podía dar cuenta de la erosión histórica del paisaje de aquellos espacios geográficos.

 Como ya os hemos comentado en varios post (almacenados en nuestra categoría Pérdida de los Recursos Edáficos: La Erosión), el polvo/aerosoles atmosféricos procedentes del Sahara y el Sahel, como de otros desiertos y regiones áridas del mundo, acarrean repercusiones positivas y negativas en lugares muy distantes (a menudo transcontinentales como es el caso del corredor  África-Caribe-USA), a modo de “teleconexiones”. Reitero, me quedé con la duda de si el polvo africano era el motivo de tan torrenciales y temidas tormentas. Pues bien, unos dos días después, mis tribulaciones se convirtieron en perplejidad, por cuanto los rotativos de prensa en España “daban por hecho” que la respuesta era afirmativa: ¡el aire cargado de aerosoles saharianos generaba en las condiciones meteorológicas adecuadas, la temible gota fría. En consecuencia busqué durante varias horas en Internet y no detecté ni un solo documento o información a este respecto. Posiblemente la razón podía residir en que no ha sido estudiado debidamente, dado que el estudio acababa de salir al mercado científico y debía esperarse a que se llevaran a cabo las investigaciones pertinentes.  ¡No lo sé!. Empero cabe la posibilidad que algún “plumillas” hubiera pensado como yo, y sin mayores verificaciones, lanzara la noticia sin el menor rubor. De darse este último caso, vendría a cuestionar por enésima vez, si de muchos periodistas científicos se comportan de hecho como los Paparazzi de la prensa del corazón, lanzando los bulos que les parecieran más oportunos con independencia de su rigor científico. Y al hacerlo falsean los resultados de las indagaciones científicas. Leí varias noticias, en todas, más o menos se venía a decir lo mismo, y en ningún caso se consultaba con un experto, como si de un contagio viral se tratara. Reitero que el tema podría ser relevante y trascendente, empero ¿Qué experto ha relacionado gota fría y polvo africano en el SE español?. ¿Lo sabe alguno de los lectores españoles?. ¿Me podría informar?. ¿Un nuevo y falaz bolo de plumillas perezosos a los que la verdad no les importa nada?. ¡A saber!. Y para finalizar me gustaría dejar constancia de que dicha vinculación, de existir, aclararía parte varios interrogantes de las investigaciones que llevo a cabo en esos territorios, por lo que me gustaría que se tratara de una conclusión veraz, pero ¿quién se puede fiar de esta gente?. Eso sí: Los aerosoles incrementan el contenido de nutrientes (calcio, magnesio, sodio, potasio, en los suelos de Almería, por lo que no es la escasez de los mismos un factor limitante, aunque lo que escasea y mucho es el agua.

Abajo os reproduzco una de las noticias y el resumen del trabajo original, junto a algún material adicional……….

 Juan José Ibáñez

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Biocarbones como fertilizantes: La Torrefacción de la biomasa

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Fuente: Colaje Google imágenes

 Al alba, en pleno desierto, o al menos en una zona árida de Bostwana (Gaborone), unos investigadores japoneses se afanan en rellanar enormes cafeteras para elaborar un riquísimo café torrefacto, por supuesto. Un corresponsal del Blog “Un Universo Invisible Bajo Nuestros Pies”, abre los ojos y observa atentamente los movimientos de sus colegas nipones. “De pronto, estos últimos cargan aquellos enormes recientes con su aroma exquisitamente humeante en camionetas”, poniéndose en marcha. ¡Qué groseros! Barrunta nuestro corresponsal desplazado hasta aquellos “tórridos lugares”. ¡Ni siquiera me han ofrecido una taza!. Pero apenas tiene tiempo de subirse precipitadamente a uno de aquellos vehículos. La caravana parte. Uno de los japoneses mira en su portátil la ubicación de la zona a la que d debían dirigirse, y tras una hora de tránsito indica por señas a sus compadres que ese es el lugar.   Los vehículos se ponen de nuevo en marcha lentamente hacia allí y apagan los motores. De pronto, ante los ojos atónitos de nuestro enviado especial, comienzan a verter el sabroso cafetito sobre el suelo, con mucho cuidado. Él se pregunta  a si mismo ¿Se tratará de despertar a los suelos de su prolongado letargo nocturno con cafeína?.  ¿Una nueva y revolucionaria manera de gestionar los suelos? Debemos reconocer que nuestro staff es escaso y el dominio del japonés no es nuestro fuerte, empero el enviado “conoce algunas palabras”. Se dirige hacia ellos y pregunta,  ¡Al margen de reprocharles que no le ofrecieran una taza de café y luego lo desparramaran sobre el suelo!, ¿que pretenden? ¿Cuál es el secreto de su experimento?. Responde afablemente uno de los nipones que había estado en España años atrás aprendiendo flamenco en Andalucía: “No cleo que le gustala ete café, no sienta muy bien: ¡malo, malo a uted!. Eta elaborado de resiluos de la biomassa”. El corresponsal que digámoslo ya, se llama Pepe, entre aliviado por no tener que sufrir más rebuscando en su precario vocabulario de la lengua del “país del sol naciente”, desconcertado por el “exquisito español” del asiático, y más aún por lo que se encontraba viendo insiste:  ¿Y que consiguen regando el suelo con ese líquido (ya gesticulando su rostro con un cierto asco)?. “Fácil, fácil, fácil, Así los suelos se humecen meol, absuelven mucha agua, mucha y nutritentrros, pol lo que  la cosecha mejollala; bonio ¿ehhh?, y solo mun eulo”. A su regreso nos narró entre  excitado y obnubilado su experiencia con un español bastante deplorable tras tanta charla en nipoñol….

Pero expliquémosla ahora porque esta iniciativa nipona tiene mucha enjundia. ¿Saben ustedes lo que es la biomasa torrefactada?. Se trata del producto obtenido  mediante el procesamiento de la materia orgánica de los residuos de cosechas, lodos residuales etc., que se utilizan para obtener energía al entrar en combustión. ¿Si pinchan en ese enlace, y leen atentamente, observarán que se trata de un procedimiento que produce unos materiales que luego troceados se utilizan para los fines aludidos. Son enormemente ricos en carbono requemado y repelentes al agua, por lo que se pueden almacenar al aire libre. ¿Pero cómo pueden mejorar la fertilidad del suelo y más aún incrementar su capacidad de retención de humedad y desprender nutrientes, o al menos incrementar su disponibilidad para las plantas de los ya existentes en el medio edáfico natural?. Tras escuchar atentamente tal cantidad de sandeces y deliberar si debíamos darle una oportunidad al reportero o despedirle del trabajo por payaso,  decidí previamente reunir a nuestro sanedrín de expertos, invitando de paso al afamado Profesor de Investigación Gonzalo Almendros, compañero desde hace 35 años  y prestigioso bioquímico del suelo, por lo que le apelamos cariñosamente Dr. Humus (entramos como becarios pre-doctorales simultáneamente en el CSIC y publicamos varios artículos conjuntamente en aquellos años de ¿eterna? Juventud). Pues bien, ni el propio Dr. Humus logró sacarnos de dudas, ya que también se quedó torrefactactado, es decir estupefacto.

 Veamos, como existe una gran confusión en la bibliografía entre lo que se denomina biochar, biocarbones y carbones (charcoal en la lengua del otro Imperio menguante, es decir el del Tio Sam). Ya hemos hablado “las mil y una noches” acerca del biochar, cuyos post los encontraréis tanto en nuestra categoría “fertilidad de suelos y nutrición vegetal”, así como en el que denominamos “etnoedafología y conocimiento campesino”. Allá podréis encontrar valiosa información.

También éramos conocedores de la producción de esas pellets de biomasa torrefactada, aunque ignorábamos el término. En principio, conforme a la literatura, el biochar se produce mediante una combustión en un ambiente bajo en oxígeno, mientras que la torrefacción en su total ausencia. ¡Eso creemos!, ya que en la nota de prensa, procedente de USA, en la que los nipones explican su tan inexplicable como apabullante hallazgo, haciendo uso simultáneamente de los vocablos torrefacción, biocarbón y biochar. El Dr. Humus también anda desconcertado a pesar de su gran talento, capacidad de trabajo y memoria descomunal. Y si eso ocurre mal asunto, ya que la confusión se encuentra en la literatura y notas de prensa, aun reconociendo nuestra ignorancia. Dividiremos pues nuestro farragoso análisis acerca de lo que dicen haber descubierto los investigadores descafeinados del sol naciente, antes de tomarse un té, pero también sobre el lugar elegido para el ensayo de campo, ya que los Aridisoles (suelos que se forman en ambientes áridos y desérticos) de Bostwana, y más aun con un carbón torrefacto de Jatropha curcas, que dicho sea de paso atesora algunas propiedades medicinales (¿será por eso?; ¿sanará los suelos?).

 El artículo original clarifica “algo” la diferencia entre el torrefactado y el proceso del biochar, empero toda la literatura existente resulta tan ambigua como para dudar si se acuñó el vocablo torrefacto a la hora de denominar tal enmienda con el fin exclusivo de causar la confusión en las filas del enemigo: colegas y lectores. Si el torrefactado y el corte en pellets dan lugar a productos hidrofóbicos, es decir repelentes al agua, al menos en primera instancia, resulta extraño que tras añadir la enmienda el medio edáfico este último retenga más agua. Obviamente la cantidad añadida 5% es bastante considerable y al mezclarse con los materiales del suelo puede alterar su estructura y quizás favorablemente, si bien por definición lo añadido no debería ser fácilmente descompuesto, por cuanto las mayor parte de las reacciones biogeoquímicas que acaecen en el medio edáfico demandan un medio acuoso. Pero ¡a saber!. Reiteremos que el ambiente es árido y tórrido, por lo que no es extraña la presencia de los Aridisoles. Sin embargo, la mayor parte de los tipos de suelos incluidos este orden de la USDA ST, poseen excesos de sales y nutrientes, ya que la escasa lluvia y la elevada evaporación no permiten lavarlos en profundidad, por lo que se acumulan así en su superficie. Sin embargo, leyendo el artículo original que no nos informa del tipo exacto de Aridisol, se nos informa de suelos oligotrofos, es decir pobres en nutrientes, los cuales no resulta ser lo más representativo de esta clase de suelos, dicho sea de paso.  En cualquier caso una lectura rápida del paper no informa de si el terreno se encuentre regado, lo cual resulta intrigante, ya que si apenas llueve, incrementar un 5% el contenido de humedad no serviría de mucho “la mayoría de los años”.  Más aun, la enmienda con los reiduos procesados de Jatropha curcas, debiera significar que en el territorio, al menos deben existir predios bajo riego para su producción y medios tecnológicos idóneos en su torrefacto procesamiento. Miren en Wikipedia la descripción del lugar (Bostwana, Gaborone), y detectarán que precisamente no se trata de un enclave excesivamente representativo, ya que parece encontrarse cerca de una gran ciudad, con pantanos, etc.

 Si partimos de un suelo yermo, y pobre en nutrientes, resulta fácil elevar “algo” su producción al añadir “algo” que no tenga propiedades perniciosas. Empero un incremento de agua del 5% y un ligero aumento de la disponibilidad de nutrientes no puede calificarse de experimento exitoso, ya que las producciones apenas mejorarían, sin un suplemento de agua adicional. Más aún, si la  Jatropha curcas, debe cosecharse en la zona ¿Cómo crece?: ¿en secano o regadío? Si lo hace sin agua suplementaria, ¿no daría lugar a escasas producciones?. Y una enmienda del 5% parece demasiada cantidad para tan escaso rendimiento. ¿Es rentable? Digamos, ya que resulta ser un detalle nada baladí, que el experimento fuera testado frente a parcelas control, que no recibían ningún tipo de enmienda, por lo que, añadir las pelles torrefactadas podría resultar en una fertilización más onerosa que otras muchas prácticas agrarias. El artículo tampoco dice nada al respecto.

 Resumiendo, se publica casi cualquier cosa, con independencia de su calidad, acerca de las bondades de quemar la biomasa y añadirla al suelo: biochar, biocarbones torrefactados, pasteurizados, vitaminados, liofilizados, ¿¿??.

Sin embargo, casi todas las culturas aborígenes neolíticas de los distintos continentes y ambientes (desde el gélido Nepal en la alta montaña, hasta los desiertos y bosques tropicales, a nivel del mar), convergieron en estas prácticas con muy buenos resultados al objeto de alcanzar prácticas agrarias sustentables. Actualmente parece que volvemos a redescubrir la pólvora, pero sin alcanzar el mismo éxito que nuestros ancestros. Materia de reflexión.

 Juan José Ibáñez

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