‘Historia de la Tierra y de los Suelos.’

El Impacto de embalses y represas sobre el cambio climático, los suelos y el ciclo del carbono

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Embalses o reservorios y su ciclo de vida: Colaje Google Imágenes

 Esas malditas hidroeléctricas van a alterar el clima… ¿Y qué no?.

 Ya que el sistema climático no deja de ser, tal como lo entendemos y a menudo estudiamos, más que el propio sistema biogeosférico, cualquier actividad del hombre que altere la superficie terrestre y su biota, afecta como corolario al clima. Y así, ciertos investigadores a provechan el más mínimo resquicio y/o hueco entre los granos de arena, aun no visitado en su relación con el clima, para advertirnos que se ha soslayado, esto, aquello y lo de más allá, siendo ¡graviiiisimo!. ¡Es que no acertamos nunca!. ¡Siempre se nos olvida algo!. ¡Los científicos somos un desastre! Y este es el caso de la noticia que os ofrecemos hoy. De todos es conocido que las presas son trampas de suelos y sedimentos erosionados cabeceras arriba, al margen de las aguas que trascurren por sus cuencas de drenaje, a menudo contaminadas. Estos muros ecológicos alteran la dinámica fluvial de diversas maneras, como se muestra en una segunda noticia, expuesta tras la primera, y que os he traducido del suajili al español castellano, si bien ya la han traducido otros mejor que yo (ver al final del post). Y así se modifican todos los suelos y sistemas superficiales terrestres aguas abajo, y especialmente en la desembocadura de los ríos en los que el balance entre la erosión costera inducida por las aguas marinas y aporte de sedimentos se mantiene en un equilibrio metaestable. Por ejemplo, los deltas (tierras muy productivas) van perdiendo extensión y muchos humedales también. Pero todo esto es tan viejo como para ser conocido por Matusalén. El único dato digno de mención, que aun ¡debe ser corroborado!, deviene de que también secuestran casi el 20% del carbono que transportan estas redes de drenaje, y que de este modo, queda atrapado por esas malditas construcciones, tan artificiales como vitales para el hombre. Lo mismo lógicamente ocurre con parte de su carga de nutrientes. Eso sí, una porción  aún desconocida de carbono será emitida directamente desde el reservorio a la atmósfera, aunque se desconoce en que cuantía. Por otro lado, al ir colmatándose o rellenándose con los materiales atrapados, los sedimentos allí almacenados, ¡muy a su pesar!, deben ser extraídos con vistas a que el volumen de almacenaje de agua mengue en la menor medida posible. Es la operación a la que denominamos dragado. De este modo, los sedimentos son expuestos de nuevo a las inclemencias de ese clima que tanto nos inquieta y parte de su carbono irá también a la atmósfera, que no al mar. Y así el dato dice algo, aunque no mucho, a pesar de la relevancia que dan los autores a una cifra por corroborar. No olvidemos que la nota de prensa no informa de la proporción del carbono que es realmente edáfico, respecto al que procede de otras fuentes, como la hojarasca, el desprendido por aguas residuales y bla, bla, bla. Más grave aún, en mi opinión, como señala la segunda noticia, es la fragmentación draconiana de un sistema que conforma necesariamente un continuo, destrozando finalmente mucho más que la dinámica natural del propio curso fluvial: gran parte del paisaje. Hace ya una década que editamos en el blog el post titulado El Sistema Cardiovascular de Gaia: La Manifestación de un Planeta Enfermo.

 Por tanto, sí, efectivamente, casi todo afecta al clima, que resulta ser un niño muy sensible, frágil y rabioso, al que todo le daña. Y los científicos lo miran por todos los lados, empero como “expertos” que aun distan de reconocer plenamente su anatomía, fisiología y patología, como su propia ignorancia. Y ya sabéis, si tenéis una ocurrencia de este tipo relacionada con el clima, a poco que redactéis bien el texto, puede ser publicado en alguna de las revistas científicas de prestigio, que comienzan aparecerse a la prensa rosa, como mínimo en este tema.

 Os dejo pues con las dos notas de prensa que os hemos mencionado.

Juan José Ibáñez …..

……en fase de somnolencia.  (más…)

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El hombre ¿viejo? del Nuevo Mundo (Régulo León Arteta)

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Cronología de civilizaciones pre-colomb-inas, a n. e. y d. n. e. Los monumentos de Sechin Bajo, Casma, Perú. Febrero de 2008

Cuando el Papa Alejandro “decretó”, desde el Vaticano, que se había descubierto un Nuevo Mundo, se generó una “visión” del mismo y de quienes eran sus habitantes. Tal perspectiva ha trascendido sin grandes cambios hasta la fecha, bajo diferentes pseudo-dogmas, siendo una de las áreas del conocimiento humano que más la ha vivido, la antropología. Conviene recordar que aun en 1959, nadie creía en la posibilidad del origen africano del ser humano, a pesar de que ya había sido sugerida por Charles Darwin.

Uno de esos falazmente denominados dogmas fue engendrado por Alex Hrdlicka, a principios del siglo pasado, defendiendo que el hombre asiático lo había colonizado, durante la última glaciación, llegando por el estrecho de Bering. Tal posibilidad ha sido contundentemente defendida en los libros de texto y hasta en algunos de historia, del prestigioso Colegio de México, a pesar de las opiniones disidentes  de Rivet y Krickeberg, así como también de las investigaciones llevadas a cabo por De Sahagún. En consecuencia, los habitantes de más al norte “debían”, dada su antigüedad, atesorar un mayor desarrollo cultural que los del sur, pero no fue así, como se observa en la gráfica que encabeza el post. Las barras grises corresponden a culturas norteamericanas. Inclusive en el sur de las Américas se observa simultaneidad, existiendo evidencias de transferencia cultural y tecnología desde el sur hacia el norte.

Por cierto el descubrimiento de edificaciones en Sechin Bajo (Perú) con 5 500 años de antigüedad, refuerzan la posibilidad de un mayor desarrollo cultural en el hemisferio sur.

Contextualizando, hace 65 Millones de años, durante el Cenozoico parece ser que aparecieron los primates, situándose el continente sudamericano casi a la mitad de la distancia actual del africano. En el Mioceno, hará unos 35 millones de años, tales masas de tierra, al parecer, permanecían relativamente próximas, según parecen testificar ciertos fósiles de Perú y Libia, que muestran el origen africano de nuestros peludos parientes, es decir los monos de Sudamérica.  Como gran parte de su biota son muy similares, inclusive hay autores que son de la opinión de que hasta hubo intercambios ancestrales entre ambos continentes.

Además la unión entre el norte y el sur del “nuevo mundo” es geológicamente reciente. El descubrimiento, no hace mucho tiempo, de piezas dentales de  monos, con veintiún millones de años de antigüedad en América del norte, procedentes de Sudamérica, si bien no confirma la presencia simultánea de ancestros del “animal humano”, si plantea esa posibilidad.

Pero la puntilla que acabó con el pseudo-dogma del presumido tránsito por el estrecho de Bering, fue un estudio genómico realizado en México y publicado por Silva-Zolezzi y colaboradores (PNAS del 2009). Estos autores afirman la inexistencia de rastros genéticos de dichos ancestros, en la población de descendientes de indígenas mexicanos, con genes únicos y muy diversos, quizá propios de su gran antigüedad en el continente.

Un corolario interesante de estas disquisiciones sería la imposibilidad de encontrarlos más al sur y por ende ratificar su efecto colonizador. Todo ello me obliga a pensar otras alternativas, para la intrusión del mono desnudo en las Américas  y su posible antigüedad. Cabe recordar el caso, un poco lejano en tiempo y espacio, del hombre de Xuchang, publicado este año y que para los investigadores chinos es una nueva especie, independiente de las africanos con 105.000 a 125.000 años de antigüedad y ancestros del chino moderno del norte. Pocos días antes de escribir este post, ha sido editada la siguiente noticia: Alguien vivía ya en América hace 130,000 años.

La historia del poblamiento humano de las Américas aún permanece por “descubrir”.  

Regulo León Arteta

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Las Rocas desprenden enormes cantidades de nitrógeno al suelo

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El nitrógeno que desprenden las rocas al suelo. Imágenes de El Himalaya y los Andes, Fuente: Imágenes Google

¿Cómo?. Según el estudio que presentamos hoy los autores defienden que la respuesta es afirmativa. ¡Qué lástima que estudios tan interesantes, como el que os vamos a mostrar hoy, se encuentren salpicados de imprecisiones, propaganda y, como, no alusiones continuas al cambio climático, varias de ellas sin sentido. Pero a lo que vamos. Se trata de una sorpresa para todos aquellos que trabajamos en el mundo de los suelos y sus relaciones con los restantes compartimentos de la biogeosfera global. “hasta el 26 por ciento del nitrógeno en los ecosistemas naturales proviene de las rocas, y la fracción restante se capta de la atmósfera”, exclamas estos investigadores” (…)  la meteorización del nitrógeno resulta ser una fuente de nutrientes globalmente importante para los suelos y ecosistemas en todo el mundo (…)”Estos resultados van a requerir la reescritura de los libros de texto“. Suponiendo que indagaciones posteriores confirmaran los resultados de esta investigación, efectivamente, sí habría que redactar de nuevo los manuales de edafología. Empero la ciencia requiere corroboraciones que confirmen este aserto. “Un árbol no hace un bosque”. Del mismo modo apuntan, como era de esperar, que tal aportación litológica, hasta ahora desconocida, varía según rocas, ambientes y paisajes. Sin embargo, la nota de prensa no explicita cuales, que tipo de rocas, si bien precisan más en espacios geográficos concretos.  

Respecto a los locuaces  y repetitivos comentarios del cambio climático, reitero que algunos pueden ser apropiados, pero la mayoría no. Eso sí, en vista de la originalidad del estudio, no analizaré en detalle cada uno de ellos. Mejor callarse y dejaros con la noticia, ya que desde el punto de vista de las ciencias del suelo, de ser cierta, no cabe duda que sería una gran aportación.  

Os dejo ya con la noticia traducida del inglés al castellano español.

Juan José Ibáñez

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El Poblamiento precolombino del Amazonas: Agricultura, gestión hídrica y forestal (Un duro golpe a la ecología teórica).

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¿Fue la Amazonía así antes de la colonización europea?. Fuente:  Message to Eagley restos arqueológicos actuales de geoglifos comparado con las ruinas de los británicos de Stonehenge. Fuente: Ancient Origins

 El mito de la Cuenca Amazónica se ha venido abajo, como ya os adelantamos en nuestra bitácora hace años (ver por ejemplo el siguiente post, es decir el más reciente: Los Bosques Amazónicos: ¿Paisajes Prístinos o Paisajes Culturales?), antes de que los últimos estudios científicos lo confirmaran. Abajo os añado la información más reciente que, no deja lugar a dudas. Deberemos pues otorgar otro calificativo a esta maravilla de la naturaleza. ¡Que poco sabemos de la población y pasado de las Américas, así como de la transformación de sus paisajes. Ahora se nos informa de que los primeros humanos llegaron allí hace 130.00 años, es decir 100.000  antes de lo que se pensaba hasta 2017.  Se me antoja que estas cifras hay que estimarlas aun con cautela, a la espera de que sea corroborada por nuevas investigaciones. Pero de lo que si no cabe ya duda es que aquella considerada selva amazónica primaria no lo era, sino más bien un jardín del edén.

¿Vegetación prístina? ¿Suelos prístinos? Si el paisaje era en buena medida agrario, no podemos hablar pues en esta región, cubierta de edafotaxa extremadamente pobres, de una cobertura de suelos prístina. Y si eran poco aptos para la producción agraria, ¿cómo los cultivaban? ¿Utilizaban biochar o biocarbón? ( ver relación de post previos al final de esta entrega). Posiblemente, pero tal vez haciendo uso de otras tecnologías agrarias, forestales, hidráulicas aun desconocidas en la actualidad. Todo un enigma. Como veréis la nota de prensa, uno no puede dejar de asombrarse al leer sobre setos de bambú, palmeras, etc. que ahora brillan por su ausencia, etc. Y estos presuntos hechos han sido refrendados al visionar los geoglifos desde el aire, estructuras especialmente abundantes en américa. ¿tanto como para pensar que…? Se puede encontrar mucha información en internet sobre los últimos tipos de glifos. Eso sí, no debería extrañarnos pues, como exclaman los autores del estudio, de que aquellos paisajes agrarios fueran forestados, por cuanto ha sido la norma  de las agriculturas campesinas de todo el planeta hasta hace unas pocas décadas.

Ahora también debemos meditar muy seriamente sobre la desorbitante cantidad de publicaciones científicas que describen la ecología de la región basándose en la premisa de la más que milenaria antigüedad de sus especies y ensamblajes en comunidades, ya que apenas sobrepasan los 700 años. Por lo tanto, muchas de las conjeturas que defendían cientos de investigadores, en la apabullante numerosidad de artículos y libros editados sobre la naturaleza en la Amazonía, deben ser cuestionadas y revisadas. ¿Cómo es posible que en tan escaso tiempo se alcanzara la biodiversidad actual?.  ¿Qué ocurrió?. Son variadas e importantes las preguntas que debemos hacernos, tanto como los mitos científicos que se derrumban. Y aunque la prensa científica aún no ha digerido este tema, los fundamentos de la ecología necesitan ser revisitados.  

La noticia es lo suficientemente clara y más aun tras la lectura de los diversos post relacionados abajo relacionados con esta materia. Seguimos alardeando de conocimientos, cuando en realidad somos aprendices de brujos, y por cierto, bastante ignorantes. Las Américas fueron vislumbradas y usadas por los colonizadores europeos, pero resulta palmario que no las comprendemos. El pasado se encuentra ahí…. En nuestro futuro.  Y mientras tanto nosotros, con toda nuestra tecnología seguimos siendo incapaces de lograr un desarrollo sostenible, al contrario que sus poblamientos precolombinos.

Juan José Ibáñez

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Suelos Contaminados y Agua Fósil: Hipotecando nuestro futuro

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Agua Fósil: Fuente: la Ciudad sobre el Lago

 El Homo depredador, y su soberana estupidez no reparan en medios para descapitalizar nuestro ansiado futuro sustentable. Mientras la ciencia alardea acerca de sus conocimientos y portentosas tecnologías con vistas a salvar el planeta de su más que probable tenebroso destino, la realidad se obstina en contradecir tales asertos. Eso sí, a veces nos deparan sorpresas tan indeseables como desmitificadoras de lo que muchos investigadores se ufanan de proclamar como “verdad científica”.  Y aquí tenemos la denominada “agua fósil”, que da muestra de nuestro poder demoledor. Ahora resulta que ese agua ni es fósil, ni aislada, ni libre de contaminantes, ni nada por el estilo, estando conectada con las superficiales, que estamos contaminando, y los suelos ya cargados de sabrosonas sustancias peligrosas, vía atmósfera e hídrica. No debe extrañarnos por tanto estas otras noticias, aparecidas en los medios de comunicación hace unos meses: “Las fosas más profundas del océano tienen niveles “extraordinarios” de contaminación”. Contaminación sin fronteras, soslayando el terrible basurero en que estamos convirtiendo el espacio exterior vía satelital. ¡Lo hemos conseguido”. ¿Qué debemos degradar/contaminar/extinguir ahora?. ¡Pongámonos a ello!. ¿no hay problema!. Parece ser que es lo único que sabemos hacer a la perfección: ecocidio, que a la postre equivale a suicidio.  No nos engañemos, por mucho que le intenten convencer, este es el mejor aval de esa gloriosa geoingeniería planetaria.

 Hasta no hace mucho tiempo, se pensaba que la corteza litosférica se encontraba aislada del manto terrestre, cuando no es así. Posiblemente, tarde o temprano se descubra que lo mismo ocurre entre el manto y el núcleo de nuestro planeta azul-contaminado. Tampoco las aguas subterráneas se encuentran desconectadas de las más superficiales y así in largo etc. Gaia y Gea son sistemas abiertos, por lo que cualquier “creencia”, que no ciencia, que pretenda clasificarla en compartimentos estanco  se encuentra destinada a ser refutada, cuando no a obstaculizar futuros progresos.

 Ahora resulta que ese agua fósil”, se encuentra contaminada, como mínimo con productos radioactivos, y si es así, con todo lo que vertimos en nuetra sociedad super-contaminante.  ¿Quedan reservas de agua virgen” para el futuro? Pues va a ser que no, ya o verán. Virgen, genuinamente virgen, ya no queda nada. Y reiteramos que si, como de fe la noticia de hoy, los ensayos termonucleares terminaron depositando sus venenosos elementos en donde creíamos que era imposible, con toda seguridad, lo mismo se encuentra ocurriendo con otros productos polucionantes, ya hablemos de fertilizantes, agroquímicos, nanopartículas, etc. etc.  Todo es cuestión de tiempo. ¡Acabemos con Gaia y Gea, para que ese estúpido debate sobre el denominado Antropoceno mute de mala ciencia en realidad!. Y no añadiré ni una palabra más, ya que la nota de prensa habla por sí sola.

Juan José Ibáñez

 Encuentran radiactividad en las aguas subterráneas de todo el mundo

Una investigación ha descubierto restos de un isotopo radiactivo en el agua subterránea acumulada en pozos de todo el mundo, que se usa para consumo humano y el riego de cultivos. Esta contaminación amenaza también al agua fósil, almacenada a más de 250 metros de la superficie terrestre durante más de 12.000 años, donde han encontrado rastros del agua de lluvia actual.


FUENTE | Tendencias21; 05/05/2017

 Una investigación que analizó el agua subterránea en más de 6.000 pozos de todo el mundo ha encontrado restos de tritio, un isótopo radiactivo que se extendió por todo el mundo como resultado de las pruebas con bombas termonucleares, en la mitad de los pozos analizados. El estudio, dirigido por el hidrogeólogo Scott Jasechko, de la Universidad de Calgary, se ha publicado en Nature Geoscience, según informa la citada universidad en un comunicado.

Este descubrimiento señala que la lluvia contaminada y la nieve derretida pueden mezclarse con las aguas subterráneas fósiles y contaminar potencialmente el agua antigua, que hasta ahora se consideraba a salvo de la influencia humana.

El agua más reciente contiene más carbono radioactivo por haber estado expuesta a la atmósfera terrestre y al suelo contaminado por los ensayos nucleares del siglo pasado. Las aguas fósiles se han mantenido aisladas bajo tierra durante mucho tiempo, sin que la actividad humana las afecte.

Sin embargo, aunque se encuentran a más de 250 metros de la superficie terrestre, las aguas fósiles, que tienen más de 12.000 años de antigüedad, presentan ahora rastros de agua de lluvia actual, lo que las vuelve vulnerables a los contaminantes derivados de actividades modernas en la superficie, según los investigadores.

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¿Qué es la Geodiversidad?: Estimación de la Geodiversidad

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Geodiversidad y Patrimonio Geológico. Fuente: Instituto Geológico y Geominero de España Edición Parques Nacionales, Noviembre 2014. Se recomienda bajar el archivo al que se vincula esta imagen.

En un artículo precedente: ¿Qué es la Geodiversidad?: El Concepto, Definición” ya os explicamos el interés de cuantificar la geodiversidad como parte del patrimonio natural, así como la definición/(es) de la misma. Vimos que aunque se trataba de una definición “aparentemente clara, su operacionalización con vistas a cuantificar la diversidad del patrimonio geológico resultaba ser un campo repleto de minas, sin que se hayan propuesto herramientas matemáticas plenamente aceptadas por la comunidad científica. Un concepto que no puede operacinalizarse o formalizarse con vistas a comparar las estructuras y procesos en distintos territorios impide el progreso de la rama emergente del conocimiento científico que lo presenta, llevando ineludiblemente al caos y la eclosión de neologismos que vuelen a mostrar que en la ciencia actual a menudo priman más las apariencias que los contenidos. Pero permitirme que recoja de nuevo los dos primeros párrafos del mentado post antes de entrar en materia.

Tras la cumbre de Río de Janeiro en 1992, durante la que se popularizó el vocablo biodiversidad, los celosillos de ramas afines comenzaron/comenzamos a acuñar neologismos como geodiversidad y edafodiversidad, aspecto que dice muy poco en materia de creatividad y originalidad. Acuñar un nuevo neologismo científico no aporta nada sino existe un corpus doctrinal sólido detrás que respalde contenidos rigurosamente científicos.

Resulta sorprendente e ilustrativo analizar lo acaecido tras acuñar los vocablos de marras y más aún cuando “en teoría y solo en teoría”, la definición de geodiversidad acedada incluye también la edafodiversidad. La realidad ha sido muy distinta, como veremos, aunque hoy tan solo hablaremos del concepto y sus ramificaciones, dejando los métodos de cuantificación y otros asuntos para algunos post que seguirán a este. Por hoy nos bastará exponer la definición y llevar a cabo un análisis crítico e histórico de la misma.

Pues bien, la cuantificación de la diversidad de cualquier recurso natural demanda la existencia de una clasificación previa de los objetos de estudio. Si estas son universales (como ocurre en el caso de los suelos), el proceso puede ser “relativamente” sencillo, por cuanto durante más de sesenta años cuales cientos de ecólogos han trabajado sobre el tema, publicando, testando, corroborando y refutando  abundantes herramientas matemáticas propuestas con vistas a alcanzar tales objetivos. Al fin y al cabo, una taxonomía universal, en un momento dado de la historia, da cuenta de lo que en los estudios de diversidad biológica se denomina “biodiversidad de inventario”, o lo que es lo mismo nos informa del inventario de la biodiversidadAquí nos encontramos pues con el primer obstáculo y solo teniendo en cuenta, como señalamos arriba, “geología, geomorfología y suelos”. Por un lado no existe ninguna clasificación universalmente aceptada en geomorfología, o en su defecto de modelados del terreno, que incluyan aspectos que den cuenta de su génesis. En consecuencia, cada país y aun distintas escuelas geomorfológicas propondrán clasificaciones que otros investigadores o Estados no aceptarán. Unos nos dirán que existen 100 unidades taxonómicas, otras 1.000, otras 100.000, etc. Por lo tanto según hagamos uso de  un constructo clasificatorio u otro obtendremos resultados muy dispares al intentar cuantificar la geodiversidad.

Del mismo modo, la geología es una ciencia que intenta estudiar una multitud de objetos distintos, que van desde la diversidad de minerales, rocas, estructuras tectónicas,  fósiles, etc. En este caso, hablamos de subdisciplinas distintas: mineralogía, petrología, tectónica, paleontología, etc. imposibles de ubicar en una única taxonomía.  Como corolario cada objeto de estudio requiere una clasificación específica. Dicho de otro modo, bajo el concepto de diversidad geológica (excluyendo la diversidad geomorfológica y la edafodiversidad) para cuantificar lo que denominamos geodiversidad necesitaríamos unas taxonomías universales que a menudo no existen, aun acotando mucho los ítems/subdisciplinas que los expertos consideren, por “consenso” que deben ser incluidos”. Debe concluirse pues que a día de hoy resulta totalmente inviable cuantificar la geodiversidad de una forma científica y rigurosa, lo cual resulta ser un impedimento insoslayable con vistas al progreso de esta rama emergente del conocimiento. Sin embargo, no es el único obstáculo con el que nos vamos a encontrar.   Y para demostrarlo, supongamos que si existieran tales constructos taxonómicos aceptados por sus respectivas comunidades de expertos.

En el ámbito que hoy conocemos como biodiversidad, también surgieron (y siguen haciéndolo aunque muy esporádicamente) propuestas para valorar cuantitativamente la diversidad de diferentes objetos de estudio: diversidad genética, diversidad de especies, diversidad de ecosistemas, diversidad funcional, diversidad de hábitats, diversidad filogenética, etc. Sin embargo, la mayor parte de los estudios versan sobre las especies biológicas, sustituyéndose el vocablo biodiversidad, por los respectivos, diversidad de hábitats, diversidad de ecosistemas, etc., etc., cuando los estudios no versan sobre ellas, de tal modo que cuando un ciudadano mínimamente informado escucha o lee el término biodiversidad  ya sabe a lo que nos referimos (“especies biológicas). De hecho, tampoco existe en ecología, biología de la conservación y  biogeografía, taxonomías universales de hábitats, ecosistemas etc., lo cual no ha resultado ser impedimento insalvable para el progreso de esta rama del conocimiento. La razón estriba en que, con el tiempo, se fueron destilando/tamizando los objetos de estudio y alcanzado consensos que aunque a menudo tácitos, no dejan de ser aceptados por la mayor parte de los expertos. Se pueden publicar, por ejemplo, trabajos sobre diversidad de ecosistemas o diversidad de hábitats, empero su valor se limita a comparar unos pocos espacios geográficos de los que se dispone la información adecuada a la hora de establecer clasificaciones “ad hoc” y extraer consecuencias del  porqué unos son más diversos que otros, cuales son patrones espacio-temporales detectados, etc. Obviamente si las tendencias observadas coinciden con las obtenidas por otros expertos haciendo uso de constructos taxonómicos alternativos, algo hemos avanzado. No obstante, no podemos usar los valores numéricos obtenidos en estos estudios para alegar con cifras hasta qué punto unos son más diversos que otros, conformándonos con  conclusiones generales de carácter cualitativo o semi-cuantitivo. Sin embargo cuando un científico informa de la pérdida de biodiversidad y ofrece cifras,  suelen concernir a las especies, géneros, o familias, etc., del árbol de la vida, que albergan las taxonomías biológicas con sus respectivos “códigos internacionales de nomenclatura”. Estos productos sumamente importantes no han despertado el interés de los estudiosos de la geodiversidad, cuando, de usarse, permitirían correlacionar hasta cierto punto los taxones de clasificaciones distintas. Hasta la fecha en materia de geodiversidad no se ha alcanzado tal grado de madurez, intentando comenzar la casa por el tejado. Mucho más se habría  avanzado si los geólogos y  geomorfólogos  se hubieran nutrido de la lectura de los diferentes problemas que han debido ir sorteando los estudiosos de la biodiversidad a lo largo de los años, en lugar de amarrar al vuelo neologismo y poco más. No existen diferencias a la hora de aplicar muchos algoritmos, desarrollados en el ámbito de la biodiversidad a las indagaciones sobre edafodiversidad, cuando se parte de clasificaciones universales y se tienen medios para obtener abundancias o frecuencias de los objetos de estudio en un espacio geográfico concreto. Pero aún hay más.

Diversos investigadores sobre biodiversidad abordaron matemáticamente como proponer índices que no solo tuvieran en cuenta el número de especies biológicas, sino también la distancia taxonómica entre ellas. Por ejemplo, reflexionemos sobre el siguiente caso.  Analizamos dos áreas que atesorarán el mismo número de litotipos (litologías) digamos “X”. Si una de ellas posee tan solo rocas plutónicas, mientras que la otra atesora también sedimentarias y volcánicas, sería deseable que la última fuera considerada más diversa que la primera ¿Cómo cuantificarlo? Pues bien tras años y años analizando el problema no se ha encontrado una solución satisfactoria. ¡Me explico!. Los ecólogos matemáticos dedicados a la biodiversidad intentan respetar unos determinados y razonables axiomas que deben cumplir tales índices. Pues bien, todas las propuestas realizadas con vistas a incluir tal distancia taxonómica en los índices de diversidad, terminan por incumplir varios de ellos.  Nadie ha encontrado forma alguna de solventar tal problema, tras décadas de denodados esfuerzos, por lo que son denominados “blandos” y menos valorados que los “duros” que si los cumplen, pero que se desentienden de la distancia taxonómica. En vista de ellos, la mejor solución estriba en analizar la diversidad de cada una de los niveles jerárquicos que componen una taxonomía (por ejemplo, y por no ser exhaustivo: ….órdenes, familias, géneros, especies) para a la postre realizar algún tipo de valoración cualitativa o semi-cuantitativa.

Y en este sentido, debido a la imprescindible inclusión e intrínseca necesidad de valorar de geodiversidad mediante diversos sistemas taxonómicos, muchos de los cuales no son universales, la tarea se vuelve más y más compleja, por no decir irresoluble, a día de hoy. Sin embargo tal hecho no significa  que no pueda progresarse en el análisis cuantitativo de la geodiversidad, si analizamos sus componentes parte por parte; diversidad mineral, diversidad geomorfológica, diversidad de fósiles, edafodiversidad, etc., reconociendo de antemano que, por muchos decimales que añadamos a una cifra, esta debe siempre ser valorada con mucha cautela y entendida como una aproximación. Las prioridades de las administraciones e investigadores (que siempre tendemos a valorar más el recurso que estudiamos que los restantes), tarde o temprano, tendrán que asumir la necesidad de acudir al denominado “juicio experto por algunos” y “juicio subjetivo” por otros.

En el ámbito de la biodiversidad no existe ningún solo lugar de la Tierra en la que se hallan determinado y clasificado todos los seres vivos, desde virus a mamíferos, por lo que a fin de cuentas las cifras que pueden leerse son, como hemos mentado aproximaciones llevadas a cabo, en el mejor de los casos, aplicando modelos numéricos que jamás han sido corroborados. Por lo tanto, no debiera despilfarrarse financiación y esfuerzos en la búsqueda del Santo Grial, un índice de diversidad universal que de cuenta de todos los objetos estudiados.

Terminamos por hoy, no sin antes amenazaros con que redactaremos dos post más sobre geodiversidad, uno relacionado con el diseño de reservas bajo el principio de subsidiariedad y otro en el que retornaremos a profundizar en la otra cara de la moneda de la diversidad, soslayada hasta la fecha en la cuantificación del patrimonio geológico. Como veremos, este “lado oscuro, por desconocido, atesora un gran  valor intrínseco, posibilitándola capacidad de utilizar los resultados obtenidos en los estudios de geodiversidad, como “hipótesis nula” con vistas a testar los patrones ya detectados en los de biodiversidad, lo cual ayudaría a que los estudiosos de esta última vuelvan su vista hacia el insoslayable valor de la geodiversidad. Por lo tanto esta saga de entregas …..

Continuará…………. 

Juan José Ibáñez

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Razones y consecuencias para los desastres por deslizamientos de tierras en América Latina (Ciencia Oficial)

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Inundaciones relámpago “flash floods, ya denominadas “huaycos” por los campesinos de las regiones andinas, cuando se refieren a las corrientes de lodo, han despertado la atención de los medios de comunicación de todo el mundo. En esencia no difieren de las denominadas “gota fría” del SE de la península Ibérica. Tales desastres naturales suelen abundar cuando el fenómeno climático denominado de “El Niño” resulta ser más pronunciado causando, al margen de muerte y destrucción, pérdida y contaminación de suelos, cosechas y vegetación natural.  Cuando las áreas afectadas se encuentran en zonas de alta sismicidad, sus estragos son considerablemente más brutales. Según Augusto Ortiz de Zevallos, las culturas precolombinas (como por ejemplo la  Civilización Inca o Quechua) los temían y  tenían más en consideración que la sociedad actual con su tan cacareada prodigiosa tecnología, aunque con idéntica falta de respeto por el hombre y la naturaleza.  En consecuencia sus construcciones y espacios estratégicas no eran afectadas por estos procesos superficiales terrestres. Las causas y repercusiones vienen muy bien redactadas y sencillamente explicadas en el blog “Desastres naturales y tiempo severo”, por lo que os remito a este sitio Web con vistas a una lectura amena de todo este asunto.

Generalmente, una expansión urbana desordenada e intensa debida a la desertización rural (éxodo de un campesinado pobre hacia las ciudades) y especialmente cuando en el entorno periurbano abundan chabolas, vertederos y  casas paupérrimamente construidas, agravan seriamente los efectos de loshuaycos“. Y esto es especialmente cierto en aquellas áreas más susceptibles de sufrir desastres ambientales, como los tsunamis y aludidos diluvios.

La Siguiente noticia, extraída de TerraDaily (que os reproduzco más abajo) no deja de ser un documento oportunista, por cuanto no alega nada nuevo bajo el sol. Todo lo dicho podría aplicarse a otras partes del mundo bajo situaciones geopolíticas, y geoambientales similares. ¿Cuáles son pues las razones de la alta frecuencia relativa de estos eventos extremos?:

Las sociedades contemporáneas han conducido a que grandes extensiones de  bosques fueran reemplazadas por granjas, eliminando las barreras naturales que restringen el curso del agua de las lluvias torrenciales”. Hablamos pues de deforestación y puesta en cultivo o pastizal en áreas vulnerables a sufrir tal tipo de procesos calamitosos. A menudo, los nuevos asentamientos, la construcción de infraestructuras y redes viales, han soslayado lo que las culturas precolombinas conocían sobradamente. Y aquí intervienen pues factores sociales y geopolíticos.

Asñi pues, condiciones climáticas como la del Niño, que generan intensos periodos de lluvias torrenciales, los frecuentes terremotos (muy abundantes en la costa andina del océano pacífico) deficientes planificaciones urbanísticas y la pobreza, siempre la pobreza, son los responsables de los daños causados. ¡Eso es todo!. No pueden pues evitarse las causas naturales, pero si sus estragos sobre la población, pero también en parte el medio natural.   Nada nuevo bajo el sol para el Homo tecnologicus, por desgracia. “La naturaleza no perdona”, como se menta en la noticia.

Y reiteramos que tras  leer durante años muchos acerca de los riesgos naturales, los deslizamientos y avalanchas son aquellos desastres que causan probablemente la mayor parte de las víctimas a nivel global. Del mismo modo, vimos también las probables razones que intentaban dar respuesta a la siguiente pregunta  ¿Por qué los Humanos se Asientan en Áreas Tectónicamente Activas?.

El ser humano tiene la desagradable e innata actitud de intentar buscar culpables y linchar a quien haga falta para resarcirse de las tragedias.  Y esto incluye a los científicos que intentan predecir eventos difícilmente previsibles. Todos somos responsables del factor humano, gobiernos, campesinos, e incluso aquellos que desde otros países permitimos que nuestros Estados ricos (cada vez menos) basen su bienestar dilapidando los recursos de los que menos tienen.

Lo dicho, se supone que un boletín de noticias de la categoría de TerraDaily debiera editar notas con una mayor sustancia. La narración en suajili que os muestro abajo podía haberla escrito yo en 15 minutos con los ojos cerrados. ¡Lamentable!. Os dejo pues con la noticia

Juan José Ibáñez

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Industrias líticas paleolíticas, silicretas y su tratamiento térmico por el fuego

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Silicretas y herramientas. Fuente: Google imágenes

 El sílex era uno de los materiales líticos (generalmente rocas propiamente dichas) más usado por nuestros antepasados en la prehistoria de la “edad de piedra”. Con él elaboraban los utensilios de mayor dureza de que podían disponer., hasta que consiguieron ingeniárselas para desarrollar tecnologías que les permitieron moldear metales.

 Todavía desconocemos todos los pasos y progresos que tuvieron que llevarse a cabo para pasar de la edad de piedra a la edad de los metales, como os explicamos abajo.  Usualmente se ha venido defendiendo que en todas las elaboraciones de utensilios líticos el sílex era el material más común. Sin embargo, en amplios espacios geográficos, y especialmente bajo los espesos mantos de suelos y regolitos que subyacen en antiguos crátones de trópicos y subtrópicos, las rocas se encuentran a gran profundidad, no estando a menudo al alcance de aquellas culturas. En consecuencia se veían obligados a hacer uso de horizontes del suelo endurecidos, los cuales tampoco son muy frecuentes, aunque afortunadamente en aquellos ambientes aparecían en, o cerca de la superficie con mayor profusión que otros. Este es el caso de los plintosoles, que  aún siguen siendo muy útiles como materiales en la construcción de viviendas en muchos poblados africanos.

 El uso del fuego fue una de las primeras tecnologías que usaron aquellos humanos a la hora de calentarse, cocinar y modelar la naturaleza. Como ya os comentamos en algunos post hace muchos años (por ejemplo, este entre otros: Suelos Pobres: Ladrillos Negros y Ladrillos Rojos (Materiales para el Hombre), el ingenio humano ha resultado ser formidable a lo largo de su historia. Tarde o temprano debieron percatarse de que el fuego podía mejorar la maleabilidad y dureza, de ciertos horizontes endurecidos con vistas a fabricar armas y utensilios mejores que los que poseían. Nos referimos a las silicretas u horizontes endurecidos por la cementación de sílice. Por tanto, no debe extrañar  la historia que os narramos hoy, de la cual ya escribimos un post, cuando se detectaron las primeras evidencias, que hoy la ciencia ha confirmado. Por lo tanto, no cabe la sorpresa ante la afirmación de que parte de los materiales edáficos fueran usados para elaborar armas, hogares, aislantes y otros ingenios. Cuando algo les resultaba útil o mejoraba lo anterior, tarde o temprano, los seres humanos terminan haciendo uso de ello, con vistas a mejorar sus vidas. Los suelos, no solo han servido usados para la agricultura y ganadería, sino en todo lo que hiciera falta en cada momento y lugar. Y de eso va la historia que os narramos a continuación. 

La silicreta es un tipo de horizonte edáfico endurecido que se generan en ciertos ambientes, abundando en determinados espacios geográficos. En un post anterior ya hablamos sobre este tipo de suelos a los que denominamos Durisoles, señalando que: “se distribuye principalmente por extensas áreas en Australia, Sudáfrica y Namibia, así como en los Estados Unidos de Norteamérica (particularmente, Nevada, California y Arizona). En menor medida también pueden detectarse en América Central, Sudamérica,  Kuwait y ciertas regiones Mediterráneas”. Del mismo modo, en el siguiente post: Silicretas, Tecnología Paleolítica, Pirotecnología y Evolución de la Conciencia Humana, abundamos también acerca del tema, si bien por aquel entonces el estudio nos informaba de evidencias, que no de hechos ya mejor contrastados, como en la nota de prensa que os mostramos hoy, y que reproducimos de dos noticieros, uno en español y otro en inglés.  En consecuencia seremos muy breves.

 Juan José Ibáñez

 Continúa………

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La Virosfera, Los Suelos y la Biosfera

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Virosfera. Fuente: Colaje Google imágenes

La virosfera, o el conjunto de todos los virus que alberga la Tierra es aun terra incognita para la ciencia. Y como veremos hoy, resultará prácticamente imposible entender el funcionamiento de la vida hasta que comprendamos el papel que estos diminutos organismos desempeñan, tanto en la evolución como en la dinámica de la biosfera. El ciudadano tan solo es informado de los virus cuando estos generan enfermedades y pandemias, demonizándolos por ser extremadamente peligrosos, como también solía hacerse antaño con las bacterias. Empero desde estas últimas hasta (y sin excepción) los animales superiores se encuentren preñadas de numerosas especies víricas, la mayoría de las cuales no causan daño alguno, y tal vez desempeñan un papel de vital importancia. ¿Y en los suelos?. Más de lo mismo. Todos los organismos del suelo, desde las más minúsculas arqueas y bacterias albergan estas formas de ¿vida? en su interior, por lo que si extendemos a las mismas el concepto de especie, la virosfera podría ser considerada la reina de la biodiversidad edáfica. Si un gramo de suelo posee 40 millones de bacterias, tenga la total seguridad que también atesorará cientos de millones de virus.

 Debemos, adicionalmente tener en cuenta que parte de su material genético se incorpora a los genomas de sus huéspedes generando un flujo horizontal de genes que, tal vez, conecte “de alguna forma”, todo el árbol filogenético a modo de gigantesca red, corroborando entonces nuestra visión previa de la vida reticulada y su evolución a lo largo de la historia de la Tierra.   Nosotros mismos, nuestros genomas, son también en parte víricos, es decir algo tenemos de virus, mucho más de lo que pensáis como podréis observar hoy. Y no solo su diversidad, sino que a pesar de su tamaño, también se especula que la biomasa que suponen en el seno de la biosfera puede llegar a ser enorme, increíble, aunque por falta de información todos los datos que leáis no dejen de ser más que meras especulaciones: la punta del iceberg.  Según se señala más abajo, alguna be las hipótesis más audaces defiende que “La masa acumulada de su biomasa excedería todas las plantas y animales en la tierra“. ¿Sera verdad?.

 El contenido que os vamos a ofrecer hoy, ser basa en los fragmentos de dos post redactados en español, así como en una noticia recientemente ofrecida por terraDaily en suajili. Podemos considerar que  el material extraído del post titulado virosfera, perteneciente al magnífico blog de Miguel Ángel Jiménez Clavero que lleva por título Virus Emergentes y Cambio Global, nos ofrece la visión más ortodoxa y conservadora, mientras el siguiente, secuestrado del Blog: Disiciencia, la perspectiva más  atrevida/provocativa. En cualquier caso, como podréis observar, las cifras sobre su abundancia, diversidad y biomasa son enormes, por no decir asombrosas. A pesar de todo, el verdadero enigma subyace en el papel que “podrían desempeñar” en los avatares de la vida sobre la tierra, cuyo conocimiento podría modificar radicalmente nuestra concepción de la evolución biológica, así como poner en tela de juicio la filosofía subyacente al neo-darvinista actualmente imperante, aunque en paulatino desmoronamiento.

 ¿Se puede conocer la vida y la biosfera sin entender la Virosfera?. Todo apunta a  que la respuesta, en esa enorme red biológica que recubre y penetra la Tierra, resulta ser necesariamente negativa. Pero habrá que esperar para vislumbrar el paisaje mental adecuado. El reto de entender la Virosfera es enorme, pero quizás, cuando lo logremos, nuestra visión de la vida y de nosotros mismos cambie radicalmente. En este post más que en la mayoría de los redactados en este blog hasta la fecha, resulta imperativo que leáis al menos el contenido en español extraído de los dos blogs mentados, el cual os resultará asombroso. Que lo disfrutéis.

 Juan José Ibáñez

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Los Suelos y la Preservación del Patrimonio Cultural (primeros ensayos metodológicos)

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Los suelos y el patrimonio cultural del pasado

Suelos y patrimonio cultural. Fuente: Colaje Google imágenes

Una extensión considerable de los suelos del mundo esconde y preservan parte del patrimonio cultural de nuestros antepasados.  No es fácil saber dónde, si no se usan nuevas metodologías y prospecciones detalladas. El desarrollo de infraestructuras y en parte también el laboreo puede destruir valiosas joyas que nos impidan conocer ciertos aspectos y episodios de la historia de la humanidad. Personalmente he venido defendiendo esta “función de preservación” desde hace unos 12-15 años, prácticamente ignorada por la inmensa mayoría de los expertos en la ciencia del suelo. Sin embargo, actualmente algo comienza a moverse.

La Unión Europea, desde el Joint Research Center, en el antaño denominado Buró Europeo de Suelos (European Soil Buro -ESB) y ahora renombrado como Centro Europeo de Datos (European Soil Data Centre -ESDAC), ha publicado un ensayo con propuestas metodológicas sobre el tema al que aquí aludimos.  Y utilizo el vocablo ensayo ya que se me antoja aun poco serio y aún menos riguroso. Sin embargo, algo es algo. Abajo os dejo la noticia traducida del suajili al español castellano, que incluye tal intento, reitero que en mi opinión aún muy prosaico. Sin embargo resulta recomendable leerlo. Del mismo modo, también se acaba de publicar un artículo científico acerca de la relación entre suelos y patrimonio cultural en donde se ofrecen más detalles.

Con vistas a conseguir tales objetivos, los autores y proponentes de la aproximación hacen uso de la base da datos de suelos de Europa, de la cual fui coautor. No se trata pues de una aproximación cuyas bondades permiten aplicar el procedimiento al conjunto de Europa, sino que esta es la base de datos de mayor cobertura y la han usado para testar, o mejor dicho publicitar las presuntas posibilidades que ofrece. Lo que a uno termina por irritarle, es que el primer autor, Mark, formaba parte conmigo del Comité ejecutivo del ESB en los inicios del siglo XXI. Yo insistí en el interés de este tema, a la que hicieron caso omiso la mayor parte de sus integrantes, y entre ellos Mark. Y unos 15 años después la hacen suya, aunque no aportan nada relevante. Muy al estilo inglés, la maniobra de este investigador, que aterrizó en aquel grupo, pesar de no tener ni idea de lo que era un suelo, demuestra como se las gasta la diplomacia y argucias  de los “British”. Abajo también os muestro algunos ejemplos extraídos de mi Researchgate (repositorio de las publicaciones escritas y publicadas a lo largo de mi trayectoria profesional) escritos en aquella época en donde se da fe de lo que digo. Luego publiqué varios artículos en revistas indexadas y capítulos de libros. Nada de ello consta en la bibliografía sobre la que se apoya Mark, con bastante descaro y poca ética.

¿Qué es lo que han hecho estos autores? ¿Qué nos proponen?. Cada tipo de suelos atesora unas propiedades que propician la conservación de ciertos compuestos y artefactos, o todo lo contrario. Unos edafotaxa pueden ser más apropiados para la conservación de ciertos restos que otros. Es decir, dependiendo de sus propiedades ciertos tipos de suelos pueden albergar algunos restos mejor que otros, o ninguno. Basándose en la mentada base de datos, y con algunos conocimientos de suelos nada complicados, es posible mostrar “mapitas”, muy atractivos sobre las coberturas edafológicas que mejor permiten conservar cierta clase de artefactos, materiales y compuestos de interés cultural. Entre ellos se citan huesos, dientes y conchas, sustancias orgánicas, metales y alecciones que dan cuenta de antiguos asentamientos (Cu, Fe y bronce), etc.  Y aquí termina todo. Es decir lo que parece una iniciativa novedosa no lo es, y sobre lo que se denomina predicción….. (prefiero no pronunciarme). Fin del cuento.

La cuestión estriba en que los artefactos de interés cultural han sido ubicados a lo largo del tiempo de forma dispersa por una gran variedad de enclaves, y los “mapitas” no dan, obviamente cuenta de ello, sino de los sitios en donde ¿pudieran? encontrarse mejor preservados, lo cual no quiere decir que los atesoren. Y todo ello en función de las premisas de las que parten los autores, que aun permanecen por ser corroboradas. Usando un mapa a escala 1:1M, es decir a escala muy grosera, poco se puede predecir, ya que se buscan asentamientos de reducidas extensiones y la generalización cartográfica omite muchos tipos de suelos minoritarios que también están presentes en las unidades de mapeo, aunque no aparezcan.

No obstante, soslayando estos procelosos y lamentables modos de proceder, al menos algo comienza a agitarse (¿verdad Mark?: ese colega que en su momento lo que yo defendí le entró por una oreja-que no oído- y le salió por otro), lo cual agradecerá la comunidad de edafólogos. Debo reconocer que trabajos oportunistas de esta catadura pueden ser positivos para todos los que amamos el mundo de los suelos. Eso sí en mi Researchgate, queda constancia de que no se trata de una inquina personal, sino hechos demostrablemente contumaces. Así se escribe hoy en día la historia de la ciencia.

Os dejo pues con la noticia……..

Juan José Ibáñez

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