‘Los Suelos las Plantas y la Vegetación’

El Ciclo de la Rizofagia: La obtención de nutrientes por las plantas a través de sus rizosferas

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 Ya hemos hablado del papel esencial de esas comunidades  de microorganismos a la que denominamos rizosfera, que se adhieren a los sistemas radicales de las plantas, ayudándolas a absorber los nutrientes del suelo necesarios para su crecimiento. Se trata de un microbioma, en muchos aspectos, semejante al de los animales, al que podríamos denominar fitomicrobioma. Una investigación publicada en 2018, dice haber encontrado el mecanismo esencial, si bien, resulta archiconocido que sin la rizosfera los vegetales no lograrían sobrevivir, como nosotros sin nuestro microbioma. Pues bien, abajo os dejo la nota de prensa que he traducido lo mejor que he podido.  Empero el inglés-americano “coloquial” de las notas de prensa no tiene nada que ver con el más ortodoxo de los artículos, siendo a veces confuso y confundente, al menos para mí. Este es un caso. En vista de ello he traducido también el resumen del artículo original, bastante más esclarecedor. Dado que está vez me he intentado esmerar más de lo habitual en la traducción de este extraño suajili popular al español-castellano, es preferible que lo leáis, no sin antes exponeros algunos de mis puntos de vista, bastante críticos, como suele ser usual, por desgracia.

 El artículo se me antoja interesante, aunque la nota de prensa adolece de ciertos sesgos que desmerecen el estudio publicado. Si los entrecomillados de los autores corresponden “de verdad” a lo que ellos mentaron, cabe añadir que no se esmeraron mucho, por ser condescendiente. Nos centraremos tan solo en algunos aspectos.

 Según estos investigadores, la planta cría a los microorganismos como un ganadero a su rebaño, o un granjero cuida para que sus cultivos medren. Se trata de una metáfora, simplemente eso, una metáfora. No obstante la explotan más allá de unos limites razonables. En la nota de prensa “parece” que hacen hincapié que tal granja o rancho compete a todos los microrganismos del suelo, cuando resulta no ser cierto.  Como señala el resumen del artículo original, tal cultivo tan solo concierne a los organismos simbióticos de la rizosfera. Cabría recordar aquí que, una de las funciones de este tipo de comunidades microbianas reside en actuar como un muro/sistema inmunitario contra los microbios patógenos que por vivir en el suelo que podrían dañar el desarrollo de los vegetales. ¡Crasa amnesia!. Finalmente, se introduce en el mismo saco a  bacterias y hongos, sin especificar si se trata de micorrizas y/o si el mecanismo también les afecta a ellas, o no.

 Si resulta interesante la explicación del mecanismo y el ¿constatar? como las bacterias beneficiosas de la comunidad simbiótica penetran en el interior del sistema radicular, en donde “parecen dejar sus nutrientes”, por cuanto se trataría de un proceso, no solo superficial sino que transgrede las fronteras entre las raíces y los microrganismos de la rizosfera. Según estos investigadores los simbiontes realizarían su ¿ciclo de vida? en dos fases, una en el medio edáfico y otra en el seno de las raíces. Obviamente, nos informan de cómo tal hecho se produce, lo cual si es, según tengo entendido, una verdadera novedad.

 Finalmente, y por desgracia, los autores se explayan mediante una auto-propaganda digna de ser reprochada en todo lo que concierne a las aplicaciones potenciales de sus hallazgos. Pongamos un ejemplo:

“Comprender cómo funciona este mecanismo puede permitirnos cultivar plantas sin fertilizantes o con un mínimo de fertilizantes y sin herbicidas. Podemos manipular el sistema para aumentar el crecimiento de plantas deseables y disminuir el crecimiento de plantas indeseables, utilizando potencialmente los mismos microbios”.

Digamos que partir de una propuesta, aun por corroborar hasta alcanzar el contenido de la frase que podéis leer arriba, existe un largo camino, algo así como un viaje de la Tierra a Marte. De ser cierto, estos científicos merecerían el Premio Nobel, por su ayuda en garantizar la soberanía alimentaria, eliminar la polución causada por los fertilizantes, contaminación de plaguicidas, así como erradicar las malas hierbas y plantas invasoras. ¡Vamos una verdadera revolución agraria! ¿Qué diría yo?: ¡menos lobos caperucita!. Os habéis pasado de la raya miles de kilómetros. Por cierto literalmente Rizo-fagia se traduciría literalmente por “comer raíces”, cuando en realidad, utilizan el concepto del modo opuesto, ya que son estas las que devoran, cultivan o manejan, por así decirlo, a los microorganismos. Empero hay muchas páginas Web en Internet que se tragan todo como si fueran golosinas, sin cuestionar nada en absoluto. Este es un ejemplo.

Os dejo ya con la nota de prensa y el resumen traducido, que de cualquier modo, atesora bastante interés.  

Juan José Ibáñez

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Los Paisajes y Suelos de Latinoamérica. Debemos redescubrir la Historia (¿Y parte de la Ciencia?)

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En un pasado remoto, hace ya tanto tiempo (….) la enorme masa de Tierra que hoy llamamos Latinoamérica era un paisaje prístino, fuera cual fuera su aspecto. Luego llegaron los seres humanos ¿cazadores recolectores?: ¡Posiblemente!. Empero hará más (o mucho más) de 6.000 años, la agricultura comenzó a expandirse “de algún modo”, hasta ocupar vastas extensiones o incluso la mayor parte del territorio. Aquella floreciente Latinoamérica atesoraba una enorme variedad de cultivos y manejos de suelos que, como mínimo, rivalizaron en su tiempo con los de otros continentes. Sin embargo, algo sucedió, o se enfrentaron a demasiados retos “fueran cuales fueran”. Súbitamente, en términos históricos, fueron desapareciendo culturas avanzadas e imperios. La vegetación natural volvió a expandirse sobre los antiguos paisajes agrarios hasta cubrirlos de selvas pluviales frondosas, u otro tipo de ecosistemas, según las características locales de un clima que también fue alterándose.  

Los pueblos y culturas, ¡a saber cuántas!, se unían por complejos entramados viales de caminos en los que transitaban mercancías, se intercambiaban bienes (agrícolas y al algunos animales, por no hablar de ganadería sensu estricto, ya que aún no lo sabemos) y conocimientos. Empero como seres humanos aquellos pueblos también guerreaban, naciendo y decayendo imperios, como en cualquier otro continente. En ecología y etnoagricultura siempre terminan achacando la culpa de la decadencia de los incas, mayas, etc., a la deficiente gestión de sus tierras. Empero conflictos bélicos y epidemias también pudieran ser la causa (….) ¿si la Duquesa Roja tuviera razón?. ¡A saber!.

Cuando llegaron los europeos y comenzaron a escribir sus crónicas, se nos quedó grabada la imagen de que la mayor parte de aquellos paisajes eran prístinos, y/o penas afectados por la acción humana. Y, así,  tal mito se incrustó en nuestros memes, como el narrado por Plinio el Viejo y Estrabón en la Península Ibérica que finalmente se descubrio ue era incierto.  Los científicos partieron de aquella falsa premisa durante décadas y décadas, por lo que los resultados de muchos estudios dieron lugar a conclusiones falsas o banales, ya fuera en historia, ecología, edafología, agricultura etc.

Posiblemente el mayor problema estribe en que conforme se realiza un imaginario viaje por aquellas maravillosas tierras, las fechas atribuidas a los enclaves en los que aparecen y desaparecen tales paisajes agrarios y culturas no coinciden con precisión. Quizás falten asentamientos y restos por descubrir para obtener una visión más nítida, que tan solo emerge ahora entre la neblina del desconocimiento, o como también se dice es “la punta del iceberg”. Quizás las técnicas actuales de datación aún no sean lo suficientemente fiables, pero también pudiera ocurrir que  la Duquesa Roja, tuviera razón (al menos en parte) aunque nadie de la academia ha deseado escucharla. Como veremos luego, Luisa Isabel Álvarez defendía:” Es que ha habido una confusión histórica. Había viajes a América desde los fenicios: los relatos que tomamos por viajes a África ¡eran, en realidad, viajes a América!”.

Los suelos prístinos de Latinoamérica, probablemente no existan ya, o tan solo permanezcan reductos en los hábitats más hostiles y recónditos lugares, siendo por tanto, poco representativos de los que les precedieron en aquella gran masa de Tierra. La cobertura de suelos fue transformada por la agricultura dando lugar a lo que hoy denominamos Antrosoles, Tecnosoles, etc. Estos suelos modificados por el hombre de las más ingeniosas maneras, atesoraban tantas propiedades inducidas que hoy sería imposible clasificarlos en los dos mentados grupos de suelos. Tampoco valen pues aquí los suelos prístinos como referentes del mundo natural antes del advenimiento del impacto humano.

Cuando intentamos buscar referentes prístinos de suelos y vegetación con vistas a observar como los hombres los hemos ido modificando, resulta que, posiblemente, no existan  sensu stricto. Desde hace pocos años tal descubrimiento (porque este sí lo es), ha comenzado a aflorar en la literatura científica. Sin embargo una gran parte de mis colegas aun insisten  “erre que erre” en no hablar de ello. Un bobo llamado Juan José Ibáñez que, para nada es experto en el tema” se interesó por lo que iba cayendo es sus manos, escribiendo numerosos post en su espeluznante bitácora acerca de la etnoedafología y etnoedafología latinoamericana “Un Universo Invisible bajo Nuestros Pies”, almacenándolos en la categoría que denominó “Etnoedafología y Conocimiento Campesino”.

Pues bien, en esta nueva entrega de la saga, os proporcionamos varias noticias, nuevas, y más o menos recientes (hasta octubre de 2018). Algunas han sido escritas en Español-castellano mientras otras en Suajili, ya que según Luisa Isabel Álvarez, a América se la denominaba África, como veremos posteriormente. Puedo entender a Luisa Isabel Álvarez, ¡grande de España!, y “roja de corazón”, cuando se lamentaba debido a que sus estudios e ingentes archivos históricos no eran considerados por los historiadores y otros eruditos, al no ser ella una experta académica con acreditación. Desconozco si lleva razón o no. Sin embargo su impresionante legado merece la pena ser examinado y estudiado con vistas a separar el grano y la paja. Quizás allí se encuentren esperando testimonios que arrojen mucha más luz sobre el tema. ¿Caballeros Templarios en la Patagonia?. ¿Tartessos, la primera civilización occidental en alcanzar América? Quizás, ¡A saber!. Aunque de ser cierto las asincronías temporales que mentamos con anterioridad pudieran así ser  explicables.

Os dejo con todo este abundante material nuevo.

Juan José Ibáñez

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Complejidad de las Redes Fluviales: Efectos Sobre la Diversidad Natural (biodiversidad, edafodiversidad geodiversidad y mucho más)

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Redes de Drenaje Complejas. Fuente: Colaje Google imágenes

 Hoy os mostraré una nota de prensa tan interesante como obvia. Se trata de un tema que ha centrado mi atención científica durante al menos dos decenios, por lo que he publicado hasta la saciedad sobre el asunto. No me detendré aquí  a abundar en los detalles, ya que caería irremisiblemente en la auto-propaganda. Los autores del estudio que os mostramos hoy defienden que las redes de drenaje más complejas, ricas en ramificaciones de afluentes, son las que atesoran una mayor diversidad piscícola y auguran también que seguramente suceda lo mismo en sus márgenes fluviales, por lo que tales morfologías deben ser respetadas con vistas a la conservación de le diversidad. Empero omiten numerosos trabajos previos publicados hasta la fecha. Por ejemplo, yo ya publiqué tales conclusiones en 1.990 y aún sigo haciéndolo, ya que un solo estudio no genera doctrina alguna. Es obvio que estos autores no se encuentran versados sobre el tema, por cuanto la propuesta más conocida con vistas a determinar la complejidad de una cuenca de drenaje pueden al menos rastrearse hasta la década de los años “40” del siglo pasado.

 Justamente en este post os mostramos algunas evidencias de como al aumentar la complejidad de las redes de drenaje lo hacen también la biodiversidad, edafodiversidad, litodiversidad, diversidad geomorfológica y diversidad de formas del relieve.  Y tales resultados los hemos obtenido analizando las redes de drenaje desde escalas 1:15.000 a 1:1.000.000.  Sin embargo, cabe matizar aquí algo que parecen ocultar los autores. Si bien es cierto que la complejidad resulta ser fundamental, por cuanto determinará las formas del relieve, también lo es que las cuencas de drenaje más extensas resultan ser las más complejas. En otras palabras, el área determina per se en parte tal heterogeneidad. Por tanto, las relaciones entre la biodiversidad, edafodiversidad, litodiversidad, diversidad geomorfológica y diversidad de formas del relieve, incrementan conforme lo hace el área, siguiendo exactamente los mismos patrones, siendo pues estructuras fractales. Las mayores redes acarrean una mayor cantidad de agua y sedimentos, generando riquísimos modelados del relieve, que no pueden ser logrados por las que no transcurren ingentes cantidades de energía y materia, es decir las de menor superficie.

 La complejidad de las redes de drenaje puede ser estimada mediante las Leyes de Horton y los números de Strahler, que de cualquier forma resulta ser de lo más sencillo, ya que se trata Se trata de estructuras fractales. Obviamente existen otras propuestas, empero esta es tan sencilla como fácil de calcular, siendo su uso muy generalizado.

 Resumiendo, al margen de la diversidad de peces, la complejidad de las redes de drenaje parece incrementar todo tipo de diversidades naturales. Por lo tanto me encontraría tentado a defender que, cuando uno pretende llevar a cabo cualquier tipo de inventario de estas diversidades, se escoja la cuenca más heterogénea (mayor) y se olvide de todas las demás, salvo excepciones. Sin embargo, existe un problema difícil de sortear. 

 Las cuencas de mayor extensión, y como corolario más diversas, son las que justamente, por estas características, así como por acarrear mayores caudales,  han sido las más explotadas y habitadas por el ser humano desde su origen, ya que ofrecen más recursos naturales. Es decir actualmente se encuentran muy perturbadas, cuando no  totalmente modificadas/destrozadas. Por ejemplo, España, atesora una de las mayores infraestructuras hidráulicas del mundo, cuyos cauces mayores se encuentran jalonados pornumerosos embalses. Esos últimos rompen la dinámica natural de aguas y sedimentos. Del mismo modo, son también los corredores fluviales (y por tanto ecológicos) y las llanuras costeras en donde se ubica una buena parte del tejido industrial. En consecuencia, la alteración y degradación de estas unidades ambientales resulta ser enorme, desoladora. Y así perdimos en la Península Ibérica hermosos y fértiles valles, así como otros rasgos de los modelados fluviales que las caracterizan. Actualmente ni tan siquiera se pueden sostener los caudales ecológicos necesarios, en muchos casos. Del mismo modo, cerca de los grandes cauces se han instalado las mega-urbes desde hace miles de años, siendo sus vertederos naturales. Omito una descripción de la relación entre estas grandes redes y las diversidades anteriormente aludidas, ya que hemos redactado numerosos post sobre el tema. Los autores del estudio alegan que hay que preservarlas. ¡Un poco tarde! ¿No?.  Os dejo pues con esta innovadora y asombrosa noticia.

 Juan José Ibáñez

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La guerra de las agriculturas: ¿Industrial o Ecológica?

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Fuente: Google imágenes

Ya os hemos comentado en mil y un post precedentes que, cuando los lobbies de presión industriales ven amenazados sus escandalosamente suculentos negocios, reaccionan con virulencia publicando artículos como los tres que vamos a mostrar hoy. En el momento de redactar esta nueva entrega (ha ya un año), las instituciones internacionales y algunos gobiernos luchas por erradicar, en la medida de lo posible, los pesticidas que matan a los insectos polinizadores del mundo (sobre los que se basa gran parte de la producción alimentaria mundial) y en especial los que han demostrado ser cancerígenos. Pues bien, aún siguen saliendo artículos y notas de prensa que cuestionan tal “hecho”, y los juicios contra las industrias que los comercializan, en los tribunales de justicia, se eternizan durante años e incluso décadas. Ahora pagamos la devastación, contaminación y muerte por el incremento de la producción del aceite de palma en las turberas de Indonesia destinados en buena parte a la elaboración de biocombustibles. ¿Biocombustibles?: ¿No es eso una actividad ecológica?.  Pues va a ser que… ni sí, ni no, sino que depende de cómo se lleve a cabo. Y en aquellos territorios entraron multinacionales a saco drenando turberas para poner la puesta en cultivo de la palma, palmita, palmera, generando lo que era previsible, al drenar los Histosoles: hambre, degradación ambiental, pérdida de biodiversidad, y un gravísimo impacto en la salud pública de la población.  Y podríamos seguir ad nauseam, mostrando mil y un ejemplo de sus triquiñuelas/corruptelas, científicas, tecnológicas, políticas, mediáticas y las que sean necesarias.

Pero vayamos directamente contra la argumentación tan retórica como nauseabunda de esta tanda de noticias antiecológicas, ya que los entrevistados que se oponen a tales conclusiones, entran al saco, soslayando lo más evidente: la estupidez lógica de su concatenación ¿ilógica? de razones, como para defender que la agricultura industrial es superior a la ecológica con vistas a hacer frente al abastecimiento de alimentos de la población, que evite hambrunas y garantice la soberanía alimentaria de todos los países y sus moradores.

Pues bien todo su entramado deductivo es fácilmente desmontable. Nadie cuestiona ya que la degradación ambiental de la agricultura industrial ha sido globalmente devastadora. Y no se trata de estudios concretos, o de ecologistas histéricos, sino de aseveraciones de la propia FAO, la UE, y otra plétora de Organismos Internacionales. Más aun la FAO y la UNEP han reconocido públicamente el fracaso de la agronomía intensiva a la hora de resolver los graves problemas alimentarios del planeta, induciendo de paso un aumento de la degradación ambiental, jamás visto hasta la fecha. Y por esta razón, que no por mero capricho, el mundo vuelve la vista a la agricultura ecológica.  Pues bien, ¿Cómo se puede defender ahora aserciones como la que da lugar al titular de la siguiente noticia?:  La agricultura intensiva es tan sostenible como la ecológica ¿¿??.

La conclusión razonada  a su desiderata sería palmaria: ¡No hay solución para nuestros males!. Por mucho que se ha intentado, seguiremos irremisiblemente caminando hacia la destrucción de nuestras civilizaciones y el deterioro irreversible de la biosfera. La respuesta no estribaría pues en esperar sentados a que una debacle tras otra vayan desmoronando unas y otra, ¿o sí?. De la lógica de las argumentaciones de estos tendenciosos o timoratos “expertos” debiera desprenderse que debemos poner freno al crecimiento demográfico y cambiar drásticamente nuestros sistemas socioeconómicos y políticos. Debemos esforzarnos en conseguir una estructura demográfica sostenible (pirámide por edades), entendiendo como tal “estable”, sin aumentos. Si la agricultura intensiva fuera tan sostenible como la ecológica, se desprendería que ninguna lo son en realidad, por lo que debemos seguir contaminando, degradando, matando de hambre, etc…… ¿Lo ven ustedes?. Sus conclusiones son simplemente maquiavélicamente tendenciosas.

Cierto es que se puede contraargumentar cada uno de sus asertos, empero haciéndolo así, los árboles no nos dejarían ver el bosque, ante tal plétora de su cadena de despropósitos lógicos.

Nadie puede negar que aún haga falta tiempo y financiación en materia de investigación y desarrollo, a la hora de lograr los frutos apetecidos de una nueva agricultura y ganadería ecológicas y rentables. La mayor parte de la financiación, hasta el momento, ha ido a parar a los investigadores que trabajan mano a mano del lado de la agricultura industrial. Ahora, reconocido por todos su fracaso, menos por supuesto el de estos cárteles del agronegocio, nos vemos obligados a retroceder sobre nuestros pasos y buscar otros caminos, con vistas a alcanzar una agricultura amigable con el medio ambiente y la salud humana. Defender que agricultura intensiva es tan sostenible como la ecológica, equivale a decirnos que estamos sentenciados, y como corolario: ¡para que nos vamos a molestar en invertir en temas tan exóticos e “intrascendentes” como la agricultura ecológica!.

Tan solo, como comentario adicional, señalar que la agricultura industrial y los hábitos despilfarradores de las sociedades del bienestar, a pesar de sus potentes agroindustrias, se han visto obligados a comprar y arrendar la tierra de los países pobres (el denominado acaparamiento de tierras), con vistas a producir los alimentos que demandan, hundiendo las seguridades alimentarias de los espacios geográficos en donde más la necesitan.  Todo ello ha ocurrido bajo el imperio de la agricultura industrial y sus benefactores lobbies empresariales. ¿Y ahora nos dicen que sin sus modos de proceder empeoraremos la situación?. Jajajajaja. Sobre los cometarios de la primera noticia acerca de los métodos de producción de arroz más de lo mismo, como detallaremos en otro post, o podéis sondear en Internet. Y así se pueden desmontar así todas sus divagaciones. Y me callo ante tanta estupidez, so pena que tuviera que redactar un libro. Os dejo pues con las noticias.

Juan José Ibáñez

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Los Suelos de la Sabana, pastoreo tradicional y heterogeneidad de hábitat

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Google imágenes, una de la cual procede de este blog que recomendamos: Ideas, Inventions and Innovations: Credit: © Stephen Goldstein/Washington University

Personalmente sigo carcajeándome de los que proponen el Antropoceno y defienden el periodo preindustrial/industrial  (aproximadamente durante el siglo XIX), como su inicio. Desde el Paleolítico, como hemos venido alegando, es decir antes del nacimiento de la agricultura, el ser humano ya había transformado el paisaje de grandes extensiones de la Tierra. Imagínense lo que acaeció en el Neolítico. Sobre todo ello hemos escrito en numerosos post almacenados en nuestra categoría “etnoedafología y conocimiento campesino”.  También os hemos mostrado que la selva pluvial amazónica y las de Mesoamérica fueron antaño paisaje antrópicos, que no prístinos.  No obstante, el estudio que vamos a analizar hoy me parece muy interesante, ya que retrocede de nuevo al Paleolítico Africano y, basándose en evidencias edafológicas, parece demostrar que el pastoralismo ancestral trasformó los paisajes de las sabanas africanas. Tal hecho fue debido al manejo del ganado por los pastores y, en concreto,   por el enriquecimiento de los suelos en nutrientes esenciales, a través de sus heces, huesos, etc. Los paisajes de suelos de la sabaneros son muy pobres en nutrientes, por lo que sí incrementa en fertilidad da lugar a que medren pastos ricos y nutritivos. De hecho, una vez los pastores y ganados dejaron tal  impronta, los animales salvajes “parece” que los frecuentaron por sus delicatesen alimentarias, manteniendo su estructura. En consecuencia, estos maravillosos ecosistemas de sabana que podemos disfrutar hoy, son en parte producto de la acción pastoral o ganadera, por crearse numerosos nuevos hábitats que las fuerzas de la naturaleza soslayaron.  En ecología ya nadie discute que la biodiversidad aumenta conforme lo hace el número de hábitats por lo que….. Imagínense ahora que, probablemente, un proceso parecido se repitió numerosas veces a lo largo de la historia del hombre en diferentes lares del planeta. Posiblemente sucedió así.

 Abajo os dejo los detalles de la nota de prensa en suajili, incluidos varios comentarios más concretos que conciernen a los suelos, traducida al español castellano. Por cierto, he gastado más tiempo intentando descifrar el significado “Herder pen sites”. Ni rastro en Internet hasta que en lugar de “pen” teclee “penin”, el cual me dio la pista. Este es el problema de inventar palabros innecesarios. Os recomiendo que leías el texto ya que se me antoja francamente interesante.

 Juan José Ibáñez

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Civilizaciones, Suelos y Sequías (FROM THE DESK OF RATTAN LAL)

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Rattan Lal  ha sido hasta aproximadamente un año el presidente de la Unión International de las Ciencias del Suelo (International Union of Soil Sciences) o IUSS. Desde que comenzó su mandato,  publicó y envió mensualmente una columna de opinión a los socios denominada From the Desk o Desde el escritorio, a la cual puede accederse en la página Web de esta asociación, o por las alertas que nos envían diversas sociedades nacionales, como en mi caso la SESCS. Se trata de una carta breve en la que da cuenta en términos sencillos de la importancia de los suelos en temas concretos. Lamentablemente, tan solo he podido acceder a estas en inglés, por lo que supongo que no se realiza traducción alguna a otros idiomas. Francamente no sé qué opinar sobre este tipo de iniciativas. Por un lado, son bien venidas, aunque por otro pueden entenderse como la entronización de la opinión del establishment y/o como un acto de egolatría. Depende de cada lector. No atesoro elementos de juicio como para mostraros mi opinión. No estaría mal que se hubiera invitado a otros popes de la IUSS a realizar misivas similares, aunque se trata de una opinión muy personal. No conozco personalmente a Rattan (si bien hemos intercambiado unos pocos correos electrónicos), por lo que estos comentarios no son fruto de ninguna animadversión, sino de mi intrínseco recelo ante cualquier muestra de poder factual que afecte a  algún ámbito de la sociedad, sea la que sea.  En cualquier caso, revisé estas misivas y traduje algunas que considere relevantes, o al menos interesantes. Ya os las iré mostrando en algun post. Tampoco sería descabellado que las sociedades nacionales las tradujeran y las enviaran a sus asociados, especialmente a aquellos que no se encuentran versados en el dominio del suajili.

 El mes de septiembre de 2018 Rattan Lal  escribió una cuartilla que concierne a las sequías que algunos expertos suponen que condujeron al declive de antiguas civilizaciones. Eso es lo que muchos colegas piensan, aunque yo no generalizaría, para casi todos los casos, como suele ser habitual en la literatura científica. Obviamente el eje central son los suelos. Os dejo el contenido de esta carta en concreto, así como su traducción al castellano. No opinaré sobre el contenido.  

 Juan José Ibáñez

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¿Que son las malas Hierbas y la Maleza?

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Malas hierbas y maleza. Fuente: Colaje Imágenes Google

 Hierba mala nunca muere

El otro día, leyendo la Revista Phytoma, tope con un artículo escrito por  Cesar Fernández Quintanilla y que llevaba por título  Sobre la multifuncionalidad de las llamadas ‘malas hierbas’. Realmente me gustó mucho. En ciencia, todas las ideas y propuestas que nos hagan recapacitar sobre la debilidad de los conceptos de los que habitualmente hacemos uso sin pestañear me parecen bienvenidos por su potencialidad heurística. Y por ello, va a ser el tema de este post. La rama de las ciencias agrarias que trata sobre estas ¿indeseables? especies vegetales recibe el nombre de malherbología, existiendo asociaciones para su estudio y usualmente erradicación. La eliminación de las malas hierbas, a nivel mundial,  mueve al año decenas o quizás centenas de miles de millones de Euros. Ahora bien, su principal uso se lleva a cabo por parte de la agricultura industrial. Como plaguicidas, la erradicación sostenida temporalmente de tales especies vegetales mediante agroquímicos causa serios daños al medio ambiente y la salud humana, dando lugar a controversias como la generada por el archifamoso caso del glifosato de Monsanto, empresa recientemente absorbida por la multinacional Bayern.    

La siguiente definición extraída de Internet y avalada por otras que os expongo abajo, resulta ser confusa y/o confundente en términos rigurosamente científicos: Se denomina maleza, mala hierba, cuyo, planta arvense, monte o planta indeseable a cualquier especie vegetal que crece de forma silvestre en una zona cultivada o controlada por el ser humano como cultivos agrícolas o jardines”. Ósea que, por ejemplo, cualquier especie vegetal que crezca en las macetas de mi terraza, ¿Es mala por naturaleza?. Las definiciones utilitaristas suelen acarrear conflictos, y estamos ante un caso palmario.

Según el tipo de agricultura del que hablemos, las malas hierbas pueden ser consideradas perversas, irrelevantes o “recomendables”, como en el caso del que os hablamos en nuestro post: “Agricultura Ecológica y Filosofía Oriental: El Método de Masanobu Fukuoka y su libro de libre acceso en Internet”. Aunque sin llegar a tal extremo, que preferís vosotros: ¿una agricultura ecológica o una agricultura industrial?. Tampoco debemos olvidarnos de la agricultura tradicional fruto del conocimiento campesino (ver nuestro post: “Agriculturas Tradicionales versus Agricultura Industrial”). No obstante cabe alegar que “el debate acerca de las agricultura ecológica y las tradicionales también se encuentra viciado”. ¿Y entonces?: cual es el futuro de la agricultura y sus enfrentadas alternativas”. ¿Dios Dirá, yo no soy pitoniso. En el caso de la agricultura natural de Masanobu Fukuoka, se recomienda no erradicar las malas hierbas. Y así entre la agricultura moderna (alimento y veneno para el hombre y la biosfera)” y la oriental previamente mentada, las malas hierbas pueden ser consideradas más o menos dañinas según el tipo de manejo. A base de golpetazos, promesas incumplidas y constataciones empíricas “la agricultura industrial comienza a percibirse como un riesgo para la soberanía alimentaria de los países”, ya que se encuentra causando contaminación de suelos y aguas, problemas para la salud pública y pérdida de biodiversidad”. Del mismo modo las malas hierbas suelen terminar adaptándose al adquirir mecanismos deresistencia a los herbicidas”, proceso que a la postre induce graves pérdidas de productividad y dispendios económicos. Posiblemente, Cesar Fernández Quintanilla, no esté de acuerdo con todas estas apreciaciones, pero asienta o no, el tema es otro.

Cesar da de pleno en la diana, aunque no os adelantaré el contenido que os reproduzco justamente al final de este post, si bien su nota es el núcleo central. No cabe duda de que en ciertas circunstancias los agricultores se encuentran obligados a usar pesticidas contra las malas hierbas. Empero la cantidad y frecuencia depende del manejo del suelo, plantas a cultivar, etc. Una especie que puede ser considerada mala hierba en ciertos lugares y circunstancias, e intrascendente o benéfica en otras.  Y aquí, una vez más, debemos tener muy presente el peligro de las antonimias en ciencia (ver nuestro post: El Discurso Científico, los Conceptos Contrarios y la Perspectiva de Jean-Marc Lévy-Leblond). Pongamos un ejemplo clásico que nos muestra la historia de la edafología. Hace algún milenio, un tipo de suelos denominado Vertisoles, resultaba prácticamente inútil en materia de producción agraria, siendo una maldición para el campesino al que le tocara en suerte. Sin embargo, con la invención del arado romano, su manejo resultó ofrecer generosas cosechas, es decir una bendición.   Hoy es considerado uno de los más productivos del mundo.

Reiteramos que Cesar pone el dedo en la llaga en esta cuestión, al abordar clara y concisamente que una planta no puede ser considerada buena o mala per se (salvo contadísimas ocasiones)  y menos aún si tan solo se percibe desde un único punto de vista. Os dejo ya con la el breve artículo mentado, definiciones clásicas de malas hierbas, etc. pero el documento de por  Cesar Fernández Quintanilla, se encuentra al final.

Juan José Ibáñez

Hierba mala nunca muere

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La cultura Maya y sus devastadoras consecuencias sobre la erosión del suelo y el secuestro de carbono

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Colaje: Google imágenes

 Si nuestro entrañable amigo y colaborador Régulo León Arteta, levantara la cabeza, me atizaría con una maza en la cabeza y espetaría: “Juanjo: no se te puede dejar solo” ¿?. Y estaría cargado de razón. Sin embargo el título  es un reflejo fiel de los contenidos de las dos notas de prensa que os muestro hoy, una de las cuales he traducido al español castellano del boletín de noticias Sciencedaily. Dado que me he esmerado un poco más de lo habitual con el material del traductor Google, no me explayaré en demasía. Podéis leer por vosotros mismos de que versa el estudio, sin mis torturantes desideratas. Vamos allá. Pero antes debo confesar que me pregunto a mí mismo si a la civilización Maya, muchos colegas le tienen maná o inquina. La bibliografía se encuentra repleta de artículos sobre su decadencia y, por raro que resulte en nuestros días, muchos colagas prefieren echarle la culpa antes a los mayas que al cambio climático. ¡Esta si es efectivamente,  una novedad!, empero también que yo, por una vez, ponga en tela de juicio  tales adherencias. Todo esto me resulta un tanto enigmático. En el peor de los casos, si los Mayas, como todos los pueblos, cometieron errores en el uso de las tierras,  no debemos echarnos las manos a la cabeza, ya que nosotros hemos cometido los mismos y muchos más, a pesar del orgullo tecnológico del que tanto presumimos.  

 Sin embargo, si debo resaltar que se trata de uno de los post que me ha llevado más tiempo componer, no en lo concerniente a su redacción, sino con vistas a aclararme  en un terreno que no había explorado con anterioridad (la cera de las hojas de las plantas). Me he leído hasta tres veces el artículo original de Nature, he consultado con colegas que investigan en bioquímica del suelo, etc.  ¿Resultado? En lugar de iluminarse, mi sistema neuronal sufría tremendos y masivos apagones. Resumiendo, si me equivoco, por favor perdonarme.

 Los investigadores dicen haber descubierto que la “dramática deforestaciónque llevó a cabo la cultura Maya hace unos 4.000 años, erosionó los suelos y/o degradó la calidad de los mismos, al perder parte de la materia orgánica que almacenaban en aquellos bosques ¿primigenios?.   Pues bien, mil años después de su colapso, las reservas de carbono edáfico no se han recuperado, a pesar de encontrase recubiertos por maravillosas selvas tropicales. Si ya lo pensaba yo, pero no me atrevía a compartirlo con vosotros: El Antropoceno se inició por culpa de los Mayas: ¿¿??. Es una broma por supuesto.

 Se me ocurren mil y una razones como para dudar de tales aseveraciones. En primer lugar, el clima varió en diversos momentos a lo largo del intervalo temporal analizado. Se produjeron episodios de mayor humedad, alternando con otros áridos. En estos casos, uno debe de cuidarse mucho de llevar a cabo especulaciones apresuradas. Teniendo en cuenta todo lo que se sabe de los Mayas y sus acertados manejos de suelos (aunque con toda seguridad también cometieron errores), es lógico pensar que no deforestaran por placer, sino, para su puesta en cultivo, al contrario de lo que los autores del estudio aducen. Al parecer aquellas reforestaciones dieron lugar a episodios de erosión severos. Empero, ¿qué tipo de fertilización recibían por parte de aquella civilización?. Probablemente orgánica y tal vez en grandes cantidades. Recordar, por mostraros tan solo dos ejemplos, los casos de las Chinampas en México, y de las Terras Pretas en Brasil. Más aun, el artículo se centra en las ceras vegetales y en este sentido se puede alegar que plantas como la Jojoba y la cendelilla, muy ricas en estos materiales, resultaban ser altamente apreciadas por el pueblo Maya, siendo cultivadas por aquél entonces, o como mínimo recolectadas en sus formas silvestres. Empero tales especies, según leo en Internet (abajo os dejo información), se encuentran principalmente asociadas a ambientes áridos y semiáridos de aquél país. En general, la cera de las hojas y algunos frutos parecen conferirles una alta resistencia a la aridez y la sequía. Según los autores, los territorios se encuentran actualmente recubiertos de frondosas selvas tropicales de lluvia. Los Mayas se manejaban bien en los espacios geográficos secos mediante sofisticadas obras de riego. Repetimos que las plantas en zonas semiáridas parecen acumular mucha más cera que cuando el clima es húmedo, teniendo sus suelos, además escasa materia orgánica o reservas de carbono. El estudio, por su naturaleza, no da cuenta del porcentaje o contenido de tal tipo de carbono, sino exclusivamente de las susodichas ceras y su edad, dando por sentado que a cuanto más ceras más materia orgánica albergarían los suelos. Las estimaciones fueron realizadas mediante técnicas isotópicas.

Por lo tanto, yo tamnién podría aventurar que los investigadores pretenden llevar a cabo comparaciones, partiendo de premisas bastante inciertas, si se tienen en cuenta los vaivenes climáticos, cambios en los sistemas de manejo (que variaron con el transcurso del tiempo), avatares geopolíticos, etc. Ya os comenté que, al menos en los 40 o 50 cm superficiales, el medio edáfico de los bosques tropicales atesora muy poca materia orgánica, si se comparan con los boques y praderas que albergan los ecosistemas en los climas templados y fríos. Ellos analizan los materiales presuntamente procedentes de horizontes sub-superficiales que se acumulan actualmente en sedimentos lacustres, lo cual conllevan otra serie adicional de incertidumbres que no pueden soslayarse. Empero estas también afectan a una metodología que se ha ensayado en contadas ocasiones, por lo que aún dista mucho de poder ser considerada fiable.  Finalmente, la reiterada lectura del artículo de Nature me hizo ver que estos investigadores encajaban sus razonamientos, muchos de ellosno suficientemente corroborados, con bastantes dudas. En fin, os dejo con la noticia, pero también con mis tribulaciones. Añado material para los que estéis interesados en saber más de las ceras de las hojas, ya que por mi parte no hay más “cera” de la que arde.

 Juan José Ibáñez

 Continua………

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Carbón vegetal, Su almacenamiento y Reservorios (Cambio Climático y Secuestro de Carbono)

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Fuente: Colaje Imágenes Google.

Hoy os mostramos una nota de prensa que apareció durante 2018 en el boletín de noticias Sciencedaily, y que nos informa sobre el ciclo y las rutas que sigue el carbón vegetal producido sobre la superficie terrestre, por la combustión de la biomasa. Según los autores del estudio,  su viaje por la superficie terrestre hasta almacenarse en los océanos puede resultar largo y prolongado.  Del mismo modo también alegan que sus partículas carbonosas, ya sean producidas por incendios forestales, uotras vías naturales y antropogénicas, constityen actualmente ingentes cantidades que finalmente son secuestradas en el fondo de los océanos, sustrayéndose pues de la atmósfera, siendo indispensable su evaluación con vistas a una mejor comprensión el ciclo global del carbono.

Del mismo modo, relatan brevemente la historia de su largo recorrido tanto en el espacio como en el tiempo, desde los suelos a los ríos y lagos hasta terminar siendo secuestrado en los sedimentos oceánicos. Durante el  mismo, no es inusual que se almacenen temporalmente en otros sedimentos terrestres y lechos de las masas de agua dulce (ya considerados suelos en muchas clasificaciones edafológicas). También cabría destacar de la nota de prensa, que la erosión de los sedimentos y suelos, retarda hasta en miles de años su llagada al mar en donde son enterrados y preservados durante largo tiempo.  Obviamente tras los incendios, las emisiones de CO2 a la atmósfera son ingentes, pero sin despreciar las que terminan en forma de un carbón bastante resistente a su degradación, es decir en la forma de las partículas mentadas.

Ahora bien, ¿Cuál es la magnitud del carbono constituido por estas partículas recalcitrantes? ¿Existen diferentes formas con menor o mayor resistencia a su degradación?. ¿Qué porcentaje constituyen del secuestro de carbono terrestre?  También omiten que en las zonas de subducción pueden pasar a formar parte de los materiales que retornan al manto terrestre o terminar emergiendo  de nuevo  a las superficies continentales embutidos en las rocas que afloran como consecuencia de la colisión de las placas tectónicas.  Se trata de un interesante tema, que se encuentra directamente relacionado con el denominado biochar, y esas enigmáticas Terras Pretas do indio de la Cuenca Amazónica, de las que tanto hemos debatido en esta bitácora.

El tiempo nos dirá si se trata de un nuevo “canto de sirenas” o  si realmente se trata un tema que debiera tenerse muy en cuenta  en las investigaciones relacionadas con el ciclo del carbono y el cambio climático.

Os dejo ya pues con la noticia en su versión en Inglés y traducida rápidamente al Español-Castellano.

Juan José Ibáñez

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Suelos, Incendios Forestales y Cambio Climático (¿reforestación o pastizales?)

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En los ambientes mediterráneos muchas especies de coníferas son extremadamente pirofíticas o pirófilas (amantes del fuego). Obsérvese una plantación de algarrobos intacta entre una masa arbolada de pinos quemada a su alrededor. Incendio forestal (Comarca de los Serranos, Valencia, España) Foto: Juan José Ibáñez

 Todos los veranos, en los biomas y ambientes cuya estación seca coincide con el verano, los incendios forestales son comunes. Hablamos pues de paisajes mediterráneos y semiáridos, en general. En los últimos años este fenómeno parece recrudecerse, al aumentar las temperaturas, posiblemente como resultado del calentamiento climático.  Es usual que la prensa alarme al público sobre “fuegos que se avecinan, con más virulencia y frecuencia”. Con toda sinceridad, yo no tengo tan claro que el cambio climático sea el principal responsable de lo que “actualmente” sucede, ya que ha sido demostrado hasta la saciedad que el viento por un lado, la matorralizaciíon de cultivos abandonados,  la pauperrima gestión por parte de las administraciones, así como la mala planificación urbanística deben ineludiblemente incluirse en la ecuación. Tampoco olvidemos los incendios accidentales e intencionales , ya sean debidos a especulaciones urbanísticas o a insensatos pirómanos.  La falta de limpieza del monte que tradicionalmente era llevada a cabo por los campesinos, ahora depende en muchos casos de los gobiernos, cuya dejadez en tiempos de crisis es palmaria, como se ha demostrado en el sur de Europa, pero también en los países nórdicos (incendios veraniegos de 2018). ¡Más madera a la hoguera! Tampoco se trata de mezclar ese calorcito adicional generado por la alteración del clima, con un fenómeno recurrente en la historia de la Tierra desde que el hombre descubrió el fuego. Pero hay más. Las especies de crecimiento rápido, como las coníferas y eucaliptus, junto a matorrales pirofíticos (amantes del fuego) son fácilmente presa de las llamas, al contrario que los bosques de angiospermas. En 2018, los expertos sospechan que gran parte de los incendios en Europa fueron debidos a  la falta de planificación territorial, y/o  a las “manazas” del hombre y/o a la dejadez de los gestores político-ambientales. Seguimos sin diseñar una silvicultura adaptada a este tipo de ambientes.

 Sin embargo, existe otro aspecto que suele pasarse por alto. Las reforestaciones con fines madereros deben considerarse monocultivos para el aprovechamiento humano. Desde este punto de vista, resulta materia de reflexión el incluir parte de lo que denominamos selvicultura en una genuina agricultura para la obtención de madera o materiales lignocelulósicos. No es lo mismo aprovechar el monte natural que plantar árboles para el consumo humano. A veces las especies replantadas se naturalizan generando una desorganización de los ecosistemas y agrosistemas colindantes quede, este modo, a menudo, son más inflamables y aptos para la propagación del fuego.  

 Con demasiada frecuencia, la reforestación obedece más a la necesidad de madera y celulosa que a la restauración del medio natural, ya que de otro modo, se plantarían especies de crecimiento lento más resistentes al fuego, que las plantas que medran con tal fenómeno natural.  Pero la sociedad necesita madera y más madera. Otra cuestión es que, a la postre nuestras autoridades escondan/omitan este pequeño detalle, cuando son principalmente las áreas cubiertas por especies pirofíticas (o pirófilas) las que terminan siendo pasto de las llamas. De aquí que los resultados del estudio que os presentamos hoy deban entenderse con cautela.

 Ya sabéis que en durante los últimos años los incendios forestales se encuentran causando estragos en California, que disfruta de clima mediterráneo. Y así, ha llegado a mis manos este estudio, cuyos resultados no dejan de ser triviales o, como mínimo, esperables: las áreas cubiertas por pastos pierden menos carbono que las forestales.  La razón es obvia. Gran parte de la biomasa y necromasa de los pastizales se encuentran bajo el suelo, y este las protege, en gran medida, de su combustión. No se debe confundir al ciudadano entre lo natural y lo artificial.

 En consecuencia los autores de este estudio sopesan la posibilidad de implantar pastos en lugar de reforestar, como medida para evitar las emisiones y fomentar las reservas de carbono en el suelo. No es mala cosa que lo recordemos o aprendamos. Sin embargo, mutar de hermosas áreas arboladas en yermos pastizales estivales no creo que sea del agrado de casi nadie, tanto más cuando existen otras soluciones que ya han sido esbozadas en este blog, quizás algo más costosas que mantener un bosque (perdón masa arbolada) tal como lo hacen hoy en día nuestras autoridades, pero enormemente económicas si se tienen en cuenta los efectos sobre las mentadas emisiones, procesos erosivos, económicos y humanos de los incendios forestales: paisajes mosaicistas, repoblar con especies apropiadas y limpiar los cortafuegos mediante la acción de la carga ganadera (ella trabaja por nosotros limpiando el monte, creando pastos, suministrando carne y leche y a veces productos para confeccionar tejidos), al estilo de las propuestas de mi entrañable amigo José Luis González Rebollar. Y como diría este investigador con “mayúsculas”: una cosa es crear o implantar un pasto y otra bien distinta mantenerlo, para lo cual suele ser necesaria la implantación de una carga ganadera adecuada, como también ocurre en la limpieza de los cortafuegos a los que obliga su metodología.  Por lo tanto, transformar bosques o monocultivos en áreas arboladas y/o mantener cortafuegos acarrea mucho más que una mera siembra de especies herbáceas: escoger las especies pascícolas adecuadas, sembrar las plantas comestibles pertinentes y adaptadas al ambiente, escoger el ganado adecuado, incentivar la llegada de los pastores, etc., etc. De no hacerlo, los pastos darán lugar a matorrales y bosques, que serán inflamables o no, en función que de las especies que naturalmente los colonicen sean pirofíticas (amantes del fuego muy frecuentes, como mínimo, en los ambientes mediterráneos) o no. Como veis, la ingenua o ignorante perspectiva de la investigación llevada a cabo en USA adolece de una miopía aguda. Lo que realmente se necesita es una selvicultura preventiva en la que intervenga una ganadería extensiva sustentable.  

 Y podríamos seguir y seguir……. Es moneda de uso corriente en la ecología del cambio climático este tipo de estudios que, por su ramplonería, omotiré en abundar este texto con más “calificativos descalificativos”. Os dejo pues con la nota de prensa y el significado de pirofítico o pirófilo.

 Juan José Ibáñez

 Continua………

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