‘Suelos y Cambio Climático’

Cambio climático: Cuando los ecólogos del cambio climático publican mostrando su ignorancia sobre ecología

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Pisos de vegetación en las sierras de la península Ibérica en función de su humedad/temperatura. Fuente: Blog de Geografía del Profesor Pedro Oña

Tremenda la noticia que os vamos a ofrecer hoy por ser una muestra palmaria de una total ignorancia de la ecología del paisaje y los ecosistemas que la constituyen. Si un alumno de primer año de carrera universitaria contesta con el contenido de esta nota de prensa, a una pregunta en su primer examen, le calificaría con un “o” sobre 10. No hay benevolencia que valga. Afortunadamente algunos lectores de esta bitácora parecen saber más que los científicos profesionales, ¡sin duda! Sus comentarios, totalmente acertados, dan cuenta de hasta qué punto puede ser ignorantemente científico. Personalmente reconozco que a veces me enfurezco, por lo que los post pueden resultar demasiado duros. Pido disculpas, de corazón. Tan solo puedo añadir en mi descargo que termino hastiado de leer  numerosas noticias diarias que no tienen ni pies ni cabeza. Puedo entender que a veces son los plumillas (reporteros científicos) quienes retuercen la insensatez de los contenidos. Sin embargo, como tal hecho es incuestionable, desde hace ya 20 años, yo reviso los textos que pudieran aparecer en los medios de comunicación antes de se publiquen o no doy permiso para ello. Y en un par de ocasiones, se han producido situaciones tan vergonzantes que ….. si los científicos no tomamos medidas nos convertimos en cómplices ¡si, o si! de tanto desatino. ¡Quién calla otorga!.   

Ahora resulta que en el devenir espontáneo de la naturaleza, esta resulta ser  “ecológicamente incorrecta” ¿O quizás deberíamos remplazar lo ecológico por lo político?. Leo y leo noticias sobre el impacto del calentamiento de la atmósfera sobre los ecosistemas y debo contar hasta 1.000.000 antes de calmarme y no invadiros diariamente de post denunciando las estupideces que leo en la prensa pero también en los propios artículos científicos. Pero el problema más serio, resulta ser que estos manuscritos, ricos en conclusiones bochornosas, pasan la revisión por pares de revistas denominadas de prestigio. Os puedo asegurar que no me gusta descalificar a mis colegas pero es que el tema ya pasa cualquier línea roja que se os ocurra imaginar, a no ser que ya no se sepa distinguir una frondosa de un pino.

En la península Ibérica y en otros muchos ambientes mediterráneos, los Quercus (perennifolios en climas secos y caducifolios en los más húmedos), así como otras fagáceas, se distribuyen por amplias extensiones. Los pinos, como otras coníferas, en ausencia de perturbaciones humanas ocuparían espacios geográficos más restringidos (como la alta montaña) que hoy en día. Grandes extensiones de nuestros pinares son fruto de las repoblaciones forestales. Por lo tanto, si la gestión forestal es escasa y se deja seguir la dinámica natural, lo normal es que muchas de estas masas forestales, que no bosques, paulatinamente irán  siendo reemplazadas por las encinas, y otros Quercus, es decir transformándose en genuinos boques con el tiempo. Lo mismo sería cierto tras un abandono de tierras. Tal ha sido el deseo de todos los que amamos la naturaleza y los propios movimientos ecologistas. Digamos de paso que mientras los Quercus mejoran los suelos y dan lugar a un hervidero de biodiversidad edáfica, los pinos actúan justamente de forma opuesta. Si el clima se hace más seco, o el suelo ha sufrido una intensa erosión, lo “natural” es que las especies de pinos mejor adaptados desplacen a las encinas u otros Quercus. Eso sí, algunos profanos en la materia soslayan que muchos encinares moribundos lo son por enfermedades, que no por el cambio climático. ¡Otro enorme error!. 

Pero hay más, mucho más, como os hemos narrado en otros post. Existen una gran variedad de especies de pinos que se adaptan a las más dispares condiciones, y de ocurrir un calentamiento climático, varios de ellos serán afectados muy negativamente. Adicionalmente, han sido justamente las masivas repoblaciones forestales con pinos las inductoras de la mayoría de los incendios que han afectado a nuestros montes desde hace más de 70 años. Gran parte de los pinares españoles se encuentran conformados por especies pirofíticas, es decir amantes del fuego. En otras palabras si estas masas forestales y matorrales arbolados no arden, son naturalmente remplazadas por las frondosas. Como corolario, incrementar su extensión deviene en promover los incendios forestales, que al margen de degradar y facilitar la erosión de los suelos y la consiguiente desertización del paisaje, emiten ingentes cantidades de CO2 a la atmósfera, lo cual redundaría negativamente en el sistema climático actual, al aumentar las emisiones de los gases de invernadero, etc. ¿Es eso lo que proponen los autores del estudio? ¡Vaya, vaya!.  

En consecuencia, lo que transmiten los autores del estudio (o en su defecto el redactor de la nota de prensa) que analizamos hoy, estriba en alarmar al ciudadano, al intentar que todos vayamos contra la dinámica de los ecosistemas naturales, artificializando el paisaje, es decir interrumpiendo una sucesión ecológica natural. No hay manera de defender sus argumentos, so pena que aceptemos cambiar la hermosa biosfera del pasado para poder seguir emitiendo más CO2.   Lo dicho, los ecólogos de cambio climático parecen confundir la velocidad con el tocino. ¡Tremendo!. Hemos denunciado algunos casos semejantes, que ni mucho menos todos (sería agotadoramente imposible), so pena de tener que editar más de 10 post diarios.  Triste, muy triste. Todos suspendidos. Os dejo con los mentados ejemplos, pero no os perdáis las críticas de muchos lectores que hablan con más rigor que estos “sabios”.

Juan José Ibáñez

Os dejo pues con el material aludido y la desdichada nota de prensa

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La temperatura del suelo y el cambio climático

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Perfiles de la temperatura del suelo a diferentes escalas y foto extraída de la nota de prensa original.                                  

Cuando se habla de la temperatura del suelo, nos solemos referir a la que puede medirse en su superficie, y esta fluctúa en estrecha reacción con la del aire.  Ahora bien, las estimaciones son muy distintas de las que se miden a lo largo del perfil edáfico. La Taxonomía americana clasifica los suelos hasta dos metros de profundidad, mientras que la WRB tan solo a uno. En cualquier caso el perfil mentado puede prolongarse mucho más en diversos edafotaxa. Debe también tenerse en cuenta que diferentes tipos de suelos se encuentran constituidos por materiales que poseen diferentes propiedades a la hora de difundir el calor. Hace ya decenios, mientras hacía el servicio militar, estuve colaborando con el lamentablemente fallecido Aureliano Blanco de Pablos del CEBAS (ahora conocido por el IRNASA) del CSIC en Salamanca. Aureliano era microclimatólogo y realizamos varias experiencias de campo juntos acerca de la temperatura y humedad del suelo a diferentes profundidades. Una de las primeras lecciones que aprendí, es que, por lo general, la temperatura desciende rápidamente conforme avanzamos desde la superficie hacia la base del solum, siendo las fluctuaciones día/noche  e incluso las estacionales, escasas conforme penetramos desde arriba hacia abajo, por el consabido amortiguamiento de los materiales edáficos. De aquí mi experiencia para poder discutir la sorprendente nota de prensa de la que hablamos hoy.  

 En la Universidad de Berkeley, algunos “expertos” parecen haberse preocupado por el olvido en los estudios de cambio climático a la hora de medir la temperatura del perfil edáfico hasta varios metros de profundidad, y estimar sus repercusiones sobre la pérdida de carbono, vía respiración del suelo. Por lo tanto, sus indagaciones hubieran estado más que justificadas, si no hubiera sido porque de suelos debían saber muy poco mientras que de sus microclimas, nada en absoluto, si se lee la nota de prensa. Utilizaron un instrumental muy sofisticado y durante más de un año. Los resultados obtenidos eran llamativamente alarmantes: estimaron una gran pérdida de carbono al aumentar artificialmente la temperatura, por lo que: ¡cómo no!, la nota de prensa advierte al “mundo, mundial”, de los efectos devastadores que se producirían de aumentar tres o cuatro grados la temperatura de la atmósfera, como predicen algunos modelos climáticos (muchas mayores emisiones de CO2 que las previstas hasta la fecha).   Y una vez más: ¡cómo no!, clamaron que esta grave omisión, repercute seriamente en las estimas y predicciones de los modelos climáticos. Eso sí por su ignorancia en todo lo relacionado con la microclimatología del suelo, calentaron el perfil del suelo por igual (homogéneamente), desde la superficie hasta más de dos metros. ¿Un error sin importancia?. ¡Pues va a ser que no!. Se trata de una barbaridad injustificable.  Reitero que si calentamos el aire tres o cuatro grados, la elevación de la temperatura a uno o dos metros será muchísimo menor, no llegando en casi ningún caso a sobrepasar unas décimas de grado. En consecuencia todos sus alarmistas cálculos se vienen abajo. Estudiar los efectos de los cambios climáticos sobre un recurso natural demanda trabajar conjuntamente con expertos en el tema. Empero al parecer a los primeros ¿expertos? Les parece irrelevante. Y así una gran idea se convierte en un deplorable estudio falazmente alarmante. No me dedico  a buscar notas de prensa y menos aún a leer papers con vistas a criticar a los expertos que trabajan sobre cambio climático, os lo puedo asegurar. Simplemente me leo las noticias de los boletines a los que estoy inscrito y….. por cada una de ellas razonable, se publican varias que son para tirarse de los pelos. Y hablamos de la Universidad de Berkeley. ¡Pero qué pena!, cuánto dinero y esfuerzo malgastado por no leer algo, unos principios básicos, antes de comenzar la investigación.   

Juan José Ibáñez  

Os dejo con la noticia en Suajili, ya que para que voy a traducir tanta tontería……

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La revolucionaria técnica de fertilizar que nos guiará hacia la sustentabilidad mundial (Los suelos y los restos mortales del ser humano)

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Fuente: Colaje google imágenes

 Antes de debatir sobre esta revolucionaria información que, esta vez sí, me ha dejado con la boca enormemente abierta, permítanme que les haga la siguiente pregunta, muy aguda por cierto”: ¿fueron algunos prosbiceos biosfericamente correctos al crear  sus “ Cementerio de elefantes”?. De haber sido el caso, la respuesta al parecer sería un rotundo ¡no!. En verdad que la frase el “enemigo lo llevamos dentro” ya sea en el caso de una persona concreta, ya en el de un colectivo de intereses, se me antoja hoy más valida que nunca. En la Asamblea general de la EGU 2017 (Unión Geofísica Europea), un colega llamado Ladislao, ha presentado un tan innecesario como asombroso estudio  que puede revolucionar la fertilización del suelo, en un desesperado intento de alcanzar la sostenibilidad. Y al hacerlo, a puesto a todos los expertos en ciencias del suelo en el punto de mira de numerosas religiones, o porque no decirlo, en la picota de sus integrantes más radicales o integristas (pero también por los dueños y trabajadores de las funerarias). Si la gobernanza mundial aceptara su propuesta, en un breve lapso de tiempo no quedaríamos ningún científico del suelo vivo. Tal fue la sensación de estupor que debió acaecer en la EGU (2017) ya que, de hecho, la nota de prensa ha sido recogida por varios rotativos norteamericanos de ciencia, pero también en la prensa general. Por lo tanto, me veo cómicamente impelido a traducir la noticia, aunque lamentablemente ya lo habían hecho otros.  Y que conste que, en parte, Ladislao y colaboradores llevan la razón, aunque en otra no.

 Ya sabéis que a  los seres humanos nos gusta vivir apiñados, hasta después de la muerte. Y de ahí que se entierre, enlugares sagrados”, según muchas religiones. Hablamos de los cementerios (también denominados en España “Campos Santos”) ¡Amen!. Y es aquí en donde Ladislao hunde el dedo en la llaga, para mostrarnos que, desde un punto de vista ecológico, se trata de un rito “funesto” (otra vez: ¡nunca mejor dicho!).

 Ladislao: permítame también que te diga que no hacía falta tanta parafernalia tecnológica. Te voy a contar una historia, por otro lado trivial. Cuando era niño y veraneaba en la finca de mis tíos, el perro del dueño murió (por un arañazo de un ingrato gato que le causó una infección finalmente mortífera). Muy afligido, mi pariente lo enterró “fúnebremente, y puso un peral encima. A los pocos años, sus frutos eran los más grandes de toda la comarca, ya que se había nutrido de aquel entrañable animal, rico en “nutrientes esenciales”, como bien apunta Ladislao.

 La noticia pues de la que vamos a hablar hoy lleva en español-castellano el pomposo título de “Los seres humanos alteran la química de la Tierra desde más allá de la tumba” (al plumillas si que habría que…..). ¡Amen!. Lo que propone Ladislao es que cambiemos esos rituales y prácticas religiosas por una antigua llamada excarnación“, que en el pasado siguieron sabiamente varios pueblos aborígenes y quizás alguna civilización (no tengo ni idea). ¿”excarnación“?. No sé si es el termino exacto ya que no he visto ninguna explicación clara del vocablo.

Se equivocaría rotundamente Ladislao al aceptar “según la nota de prensa” la cremación, ya que no daría lugar al secuestro de carbono en el suelo, tan política como ecológicamente correcto”. Tampoco alega nada de como eliminar la contaminación agarrada desesperadamente a nuestros empastes e implantes mentales (perdón dentales).  Una de dos, o extraemos antes tales prótesis o simplemente las prohibimos. Nótese que si se aceptara la segunda alternativa, quizás los males que el hombre infringe a la Tierra desaparecerían, por cuanto la vida media de los ciudadanos se retrotraería varios decenios, dado que la mala dentadura era antaño una de las principales causas de mortalidad. ¿detallitos sin importancia?: ¡No!.

Ladislao también soslaya que la “excarnación” puede ser causa de más que peligrosas  y galopantes epidemias, que también diezmarían la carga humana que soporta nuestro planeta (fectando del mismo modo a la fauna salvaje), retornando así a la paradoja de las prótesis dentales (aunque no todas, ya que actualmente su toxicidad podría remplazarse por la contaminación causada por los plásticos, eso creo). Finalmente, recordar a nuestro colega que la diseminación aleatoria, es la forma más perezosa de distribuir la carne humana por la faz de la Tierra. Hay sistemas más eficientes, Ladislao, mucho más eficientes.

Queda por considerar el ingente trabajo a realizar en las zonas de guerra debidas a la exasperante estulticia humana, por cuanto allí, en campos de batalla y ciudades arrasadas por bombas y misiles, se apiñan sobre el suelo los cadáveres durante semanas; si esos que causan las epidemias. En fin……Os dejo pues con mi traducción de la noticia aludida (con algún aderezo) para ofreceros finalmente la nota de prensa original en Suajili. En fin allá vamos……

 Juan José Ibáñez

 Los seres humanos alteran la química de la Tierra desde más allá de la tumba

Por Mari tte Le Roux; Viena (AFP) 26 de abril de 2017

No es sólo en vida, los seres humanos dejen huella en la Naturaleza. Tras la muerte, nuestros cuerpos en descomposición alteran la química del precioso suelo, advirtieron los científicos el miércoles.

 Ya sea que nuestros cuerpos sean enterrados o cremados, lixivian hierro, zinc, azufre, calcio y fósforo (entre otros elementos)  en unos suelos que a la postre pueden ser utilizados en granjas, bosques, parques o jardines  o parques. Hablamos de nutrientes esenciales, pero las prácticas funerarias humanas implican que estos valiosos “nutrimentos” se están concentrando en los cementerios en lugar de dispersarse uniformemente por toda la naturaleza, según una nueva investigación. En consecuencia, en algunos lugares los nutrientes pueden encontrarse sobre-concentrados para su  absorción óptima por las plantas y las criaturas, mientras que en otros son deficitarios. Pero no es oro todo lo que reluce ya que los cuerpos humanos también contienen elementos más dañinamente siniestros, como el mercurio de los empastes dentales mientras que muchas muelas postizas resultan ser de oro (vaya por Dios). El texto en cursiva es de este impresentable bloguero.

 ”Los rastros químicos de cuerpos descompuestos pueden ser muy bien identificados en los suelos”, dijo Ladislav Smejda, de la Universidad Checa de Ciencias de la Vida de Praga, quien participó en este inusual estudio. “las metadas huellas de nuestros restos post mortem persisten durante mucho tiempo, tanto como siglos a milenios”. Los efectos se irán agudizando conforme en el futuro más y más cadáveres se dejen descansar en lugares concretos y apiñados, dijo Smejda en Viena, donde dio a conocer la investigación en una reunión de la Unión Europea de Geociencias (EGU).

“Lo que hagamos hoy con nuestros cadáveres afectarán al medio ambiente durante un dilatado periodo de tiempo”, dijo. “Tal vez no sea un problema desde nuestra perspectiva actual, pero con una población que crece y crece a nivel mundial, los denominados “lugares para el descanso eterno” podrían convertirse en un problema apremiante en un futuro no muy lejano”. Smejda y un equipo utilizaron espectroscopia de fluorescencia de rayos X con vistas a analizar sustancias químicas del suelo en fosas y cenizas “dispersión jardines” (zonas verdes destinadas a la dispersión de nuestras cenizas).

 Empujar hacia arriba las margaritas

Usando cadáveres de animales, también estimaron el impacto teórico de una práctica antigua llamada “excarnación“, por la cual los muertos son dejados a la intemperie para que la naturaleza siga su curso. En los tres casos, el medio edáfico llegó a contener mayores concentraciones de productos químicos significativamente, en comparación con los alrededores, dijo Smejda. Si no hubiera habido cementerios, los restos humanos, como los de los animales, se distribuirían aleatoriamente para que los nutrientes que liberamos fueran más eficientemente reutilizados “una y otra vez, en todas partes”, dijo el investigador a la AFP. Pero la práctica común de concentrarlos en ciertos enclaves “sagrados” puede considerarse como un proceso antinatural. Un impacto negativo más del ser humano que, de este modo, altera los niveles naturales”, dijo.

 Ahora “la pregunta del millón” resulta ser: “¿Podemos alcanzar y consensuar una  estrategia más eficiente con vistas a dispersar estos nutrientes esenciales mejor idea de cómo distribuir estos elementos necesarios a través de paisajes más amplios?” Smejda añadió. “Ciertamente existe un gran potencial con vistas a inventar, desarrollar y poner en práctica … nuevas formas de enterramientos humanos, o nuevos tratamientos que podrían ser más respetuosos con el medio ambiente, es decir más ecológicos“. Admitió que este era un tema “tabú” para muchos seres, que perseveran sus  costumbres funerarias profundamente arraigadas en diferentes culturas y religiones.

Es un asunto muy complejo y estamos al comienzo de este discusión, creo.” ¿si vives para contarlo Ladislao, si vives porque….. “con las iglesias hemos tomado”. Mejor por tu bien y el de tus colegas que no tengas suerte.

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Paisajes agrarios, regadíos y cambio climático

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Más que una noticia científica, el estudio que presentamos hoy nos informa de algo que todos debiéramos sospechar aunque resulte mucho más difícil de corroborar científicamente (Climatic effect of irrigation over the Yellow River basinLos grandes espacios agrarios irrigados pueden afectar al mesoclima del territorio”. Y así, el escrito termina señalando que “El riego agrícola afecta el clima regional principalmente a través del cambio que sufre la dinámica de las aguas superficiales. Se han realizado investigaciones sobre el efecto del cambio climático causado por el de la humedad del suelo, pero el papel del riego no ha sido suficientemente analizado”. Gloriosa conclusión. ¡Sin comentarios!. Un momento….. Si existe algo de sustancia.  Desde que el hombre es hombre, ha deforestado grandes extensiones de terreno, como por ejemplo usando el fuego. Y además desde que se descubrió el riego, se han cultivado con este sistema espacios geográficos muy amplios en muchos lugares del planeta, dando lugar al nacimiento de civilizaciones que, a la postre crearon una retroalimentación positiva, es decir irrigado más, deforestado más, etc. Por lo tanto, el cambio climático antropogénicamente inducido comenzó en el Paleolítico y se recrudeció en el Neolítico. Pero todo ello ya lo explicamos hace años. El Antropoceno pues comenzó tras el Pleistoceno o antes, que no hace unas decenas de años como defienden los que se olvidan del pasado

 Obviamente, la evaporación de grandes cantidades de agua del suelo a la atmósfera debe repercutir sobre las condiciones climáticas del lugar, de igual modo que una menor evaporación realimenta sequías. Ahora, nuestros sabios se afanarán en la búsqueda del Santo Grial, es decir un modelito o algoritmo que pretenda infructuosamente predecir cuáles serán  las consecuencias usando unos pocos parámetros. ¡Misión Imposible!, como ocurre con las relaciones deforestación-cambio climático a escala regional, y esas sí que han sido objeto de numerosos estudios, desde el Amazonas hasta la “Madre Rusia”. ¿Resultados?: Ninguno, o simplemente la banal conclusión de que la pérdida de masas forestales genera un descenso en las precipitaciones del espacio afectado sin poder precisar más.

 La razón resulta ser trivial en ambos casos. Todo depende de la extensión del área analizada, del tipo de clima, del tipo de suelo, del tipo de vegetación, del tipo de riego y así un largo etc. No hay fórmulas milagrosas cuando entran en juego tantos factores. En el mejor de los casos, aun suponiendo que un modelito se ajuste a lo que acaece en un territorio, jamás será extrapolable a otro. Y tal dilema en la ciencia actual, en lugar de que los expertos reconozcan la dificultad insalvable del tema, tendrá como resultado la publicación de tropecientos artículos científicos en los que se divague hasta la extenuación sobre un asunto sin solución científica, hoy por hoy. El problema no es el proceso, que seguro que se da en la naturaleza,al alterarse los balances hidrológicos de regiones amplias. Y de eso en Rusia saben mucho, ya que nefastas planificaciones en la elaboración de planes hidrológicos con vistas a extender la agricultura de regadío, dieron lugar a desastres ecológicos de un enorme calado.

 ¿Tiene usted calor en este momento?. ¿Dispone de una manguera de riego para refrescar el suelo o el césped?. Si usted atesora tal fastuosa herramienta tecnológica, seguro que podrá refrescar un poco al aire a su alrededor. Pero tal hecho es trivial, mientras encontrar soluciones mágicas otra muy distinta. Piense en global y prediga localmente, como mucho. Y si se aburre, redacte un artículo sobre cualquier cosa que pueda afectar al clima de un modo u otro; hay tantos y tantos factores que de un modo u otro pueden afectar al sistema climático……….

Y cuando el agua subterránea escasee o la fluvial sea usada antes de alcanzar el área estudiada, volverá a cambiar el clima. ¿Verdad?.

Os dejo pues con esta fastuosa noticia de papel mojado.

Juan José Ibáñez    

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Suelos salinos marginales y producción de biomasa

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Mapa de España de Suelos Salinos Fuente EU, JRCy foto de El regadío frente a la sequía

 Ya os comentamos hace 11 años, en pleno auge de la moda de los biocombustibles, que la agroenergética no era la solución, por mucho que la defendiera la unión europea la FAO y los movimientos ecologistas. Finalmente estos colectivos terminaron por reconocerlo. Pero el negocio es el negocio, por lo que se propusieron poco después los denominados biocombustibles de segunda generación, también con la anuencia de los que deben velar por la salud del medio ambiente, a partir de la obtención o cosecha de residuos lignocelulósicos. Sin embargo tampoco resulta ser una solución, al menos a gran escala. ¡ya lo advertimos en su momento.1 Y es que parece que la comunidad científica no apunta con tino!.

Agroenergética (obtención de biocombustibles) ha causado numerosos desastres ecológicos, como este, a la par que degradado o empeorado la calidad de otros en amplios territorios, induciendo de paso a problemas de soberanía alimentaria en países pobres. Del mismo modo, ya os comentamos en otros post que la obtención de biocombustibles en suelos de escasa productividad adolece de mucha leyenda urbana y poca sustancia científica (Tierras Marginales y Biocombustibles de Segunda Generación: Otra Gran Mentira; El Mito de los biocombustibles y el cambio climático. Fraude Social, degradación de tierras, contaminación y política insensata). Pues bien, también ha comenzado a reconocerse que si bien en algunas circunstancias podría ser plausible, tampoco ayudará sustituir la esperanza depositada en los de nueva generación. Pero en un reciente informe de la propia Unión Europea se reconoce que los biocombustibles contaminan más que la gasolina y el gasoil  ¿¿??. Y esto es ¡¡tremendo!!.

Francamente este bloguero debe ser tonto, ya que no termina de enterarse de nada. ¿Para qué pues entonces seguir financiando investigaciones sobre biocombustibles?. A no ser que aparezcan soluciones revolucionarias, toda financiación con fondos públicos  debería haber desaparecido. ¿O no? En pro de paliar el calentamiento climático, ya hemos mostrado en diversos post que lo hemos empeorado. Cuando economía, política, sociedad y ciencia convergen, nuestro esperanzador futuro tecnológico demuestra veleidosamente que  nos dirigimos hacia una inexorable catástrofe. Y desde luego el ciudadano no puede saber que resulta ser verdad y que mentira.  Hoy vamos a mostraros la nota de prensa que lleva por título “Aprovechar las tierras salinas para producir biomasa sostenible”. Se ha demostrado la tolerancia a la salinidad de cuatro variedades de caña de azúcar y un equipo de investigadores propone hacer uso de tierras marginales. Y así los investigadores defienden utilizarlas, especialmente en zonas de riego (si las aguas utilizadas son salobres) con vistas a la producción de este cultivo y a la postre de biocombustibles. Pero adelantemos que debemos ser muy cautos cuando manoseamos el ambiguo concepto de tierras marginales ya que a menudo lo son si nos atenemos a los cánones de la agricultura industrial, si bien hay otras alternativas dignas de consideración. 

Si reconocemos que la agroenergética ha sido un fiasco monumental en el que hemos dilapidado miles de millones de Euros para conseguir degradar aun más el medio ambiente y atentar contra la soberanía alimentaria, ¿debemos perpetuarnos en la estulticia?.  Pues eso parece. No se trata de que la investigación no atesore aspectos interesantes, pero todo esto es un caos tremendo, y a la par que un campo minado.

En este “a rio revuelto ganancia de pescadores”, por un lado se denuncia su inutilidad, y por otro se perpetúa la financiación para sembrar nuevos biocombustibles agroenergéticos. ¿Qué se  puede pensar pues de la política científica y la ambiental?.

Sin embargo, el trabajo atesora el valor de poner al servicio del hombre suelos no productivos, siempre que su recuperación natural no genere hábitats de valor ecológico. Siempre y cuando, tal estrategia no dé lugar a una mayor salinización de los suelos a utilizar, si es posible buscar otros aprovechamientos, al margen de los discutibles esfuerzos de los biotecnólogos con vistas a tocar los genes a las plantas y así obtener variedades tolerantes a la salinidad del medio edáfico. Lo que me cuesta a entender es la falta de interés de muchos colegas por las investigaciones que refutan las ¿maravillas? que ofrecen ciertas prácticas, centrándose exclusivamente en la  obtención do cultivo de subvenciones. Unos pensamos en el bien de los ciudadanos y otros en el de empresas y los suyos propios.

Juan José Ibáñez

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Agricultura Regenerativa, Agricultura Orgánica, Agriculturas Ecológicas y Bioeconomía

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Fuentes: Soilforlife y Elements-Eco design

¡Vaya líos! ¡Vaya líos! Hace poco tiempo edité un post titulado: La Nueva Revolución Verde del Siglo XXI: Todo Preparado, pero, ¿para qué?. Evidentemente el propósito estriba en reemplazar la filosofía de los sistemas agrarios, basados en la clásica revolución verde que, tras su éxito inicial, tanto daño a causado al medio ambiente. ¿Por cuál?: otro que nos guie hacia la ansiada sustentabilidad ambientalmente amigable. La inmensa mayoría de las propuestas pretenden desacoplar agricultura y economía del petróleo, incluyendo la reducción drástica, cuando no supresión total, de los fertilizantes químicos y pesticidas, para ser reemplazados por enmiendas orgánicas y manejo integrado de las plagas sobre bases ecológicas.  Buena parte también de las propuestas pretenden erradicar, en la medida de lo posible, el uso de los organismos modificados genéticamente, aunque en otros muchos textos no se menta nada al respecto, o se habla de la agricultura de conservación, tras las que se escudan los amantes de ir tocando los genes a toda la biosfera (los archiconocidos  “tocagenes” por los lectores de esta bitácora). Y todo ello, principalmente en base a lo que se denomina agricultura orgánica. Personalmente, llevo años intentarme aclararme acerca de las diferencias entre agricultura ecológica y agricultura orgánica, pero sin mucho éxito.

En vista de que en el mundo anglosajón y germano los productos que proceden de la agricultura orgánica son los que tienden a ser legislados mediante las certificaciones gubernamentales pertinentes, no podía discernir claramente cuál era la diferencia clave entre lo orgánico y lo ecológico, hasta la lectura de una noticia que os ofrezco abajo, entre otras. Desconocía el significado preciso de estos vocablos en USA. La Administración Obama se encuentrba dando un impulso inusitado al universo de la agricultura orgánica, con vistas a reemplazar la clásica, como os comente en el post de la “Nueva Revolución Verde”. Sin embargo en palabras de Obama, tal encomiable empresa debería dar paso a una bioeconomía que incluyera los biocombustibles (¿pero sin son de primera generación, no aparecen los transgénicos en la ecuación?). Y es aquí, a través de un artículo editorial del New York Times, de donde he logrado vislumbrar algo mejor todo este galimatías. Pensaba, equivocadamente que los hijos del Tío SAM, para variar, tenían sus propios problemas, nomenclaturas, etc., y en parte era cierto, pero en parte no, al menos respecto a Europa. EE.UU. ya atesora una legislación de los productos orgánicos y los fomentan mediante sus gubernamentales “farm bills”. Ahora bien, también reconocen que hay distintos tipos de agriculturas alternativas, muchas de las cuales cumplen las especificaciones orgánicas, pero van mucho más allá en lo que respecta a sus consideraciones restrictivas, con vistas a que los alimentos no sean tan solo más saludables, sino plenamente naturales. Eso si, luego llegaron  las “Trump”etas del Apocalipsis y USA retornó a la ceremonia de la confusión.

Sin embargo, el tema se complica, al añadir otras demandas sociales y ambientales a la aludida ecuación. Si en un primer momento, el objetivo estribó en obtener alimentos más saludables, ahora otras propuestas llegan a hacer más énfasis en mejorar la calidad o la salud de los suelo. Esta última perspectiva es la que se ha denominado “regenerativa”, por lo que merecería una mayor atención en nuestra bitácora. Empero otras propuestas priorizan en secuestro de carbono por el medio edáfico, con vistas a paliar el cambio climático.

Resulta palmario que estos tres objetivos son plenamente compatibles. Sin embargo, algunas propuestas son más laxas que otras. Las certificaciones orgánicas, como ocurre en Europa, dan cuenta de las agriculturas más permisibles desde un punto de vista ambiental, frente a lo que solemos definir como agricultura ecológica. Por lo tanto, lo orgánico incluye a lo ecológico, pero no al revés. Y es justamente en este punto en el que los defensores de las últimas discrepan de las susodichas “certificaciones orgánicas”. Bajo todo este galimatías subyacen factores socioeconómicos de suma importancia, pero que no dejan de ser nuevas variables a contemplar, abundando una vez más en la confusión. Hablaremos luego de ellas.

Del mismo modo “como cada maestrillo tiene su librillo” se acuñan más y más vocablos que, aunque sobre el papel debieran servir  para clarificar, en la práctica ocurre todo lo contrario. Por ejemplo, dentro de lo que denominamos agricultura ecológica, también existen escuelas bastante variopintas, como la apelada  agricultura biodinámica, la ya mencionada agricultura regenerativa, la agricultura natural de no intervención y la agricultura mesiánica, entre otras muchas.

Seguramente todas ellas, por compartir objetivos similares son aceptables, siendo unas más que otras en función del espacio geográfico, tipo de suelo, cultivo a sembrar, clima, sociología de sus practicantes, etc., etc. Empero, al mismo tiempo, parte de estas escuelas abrazan ciertos principios ajenos a la ciencia, como las aptitudes/sensibilidades ante el mundo que nos rodea: modos de vida natural, la granja como un ente vivo, surgiendo esporádicamente palabros como homeopatía en agricultura ¿¿??, el seguimiento de los ciclos lunares ¿?, etc. Más aun, algunas de estas propuestas fueron lanzadas en el siglo XX, aunque también en el XIX.  Del mismo modo, algunas son sustentadas por ciertas fundaciones privadas o no, que como el Instituto Rodale, desde la distancia, personalmente no sabría deciros si se trata de centros de investigación serios, o agrupaciones sectarias o simplemente sectas, al estilo de ciertos movimientos místicos.

Pongamos un ejemplo, la agricultura biodinámica, ya propuesta en 1924, considera que las granjas deben ser tratadas como “un ente vivo”, demandándose de ellas que sean lo más autárquicas que sea posible. El concepto resulta ser sugestivo, pero llevarlo a la práctica ya es otra cuestión. Con vistas a poder seguir las directrices de esta escuela, la granja o predio debería albergar una gran diversidad de hábitats, que dieran lugar a poder atesorar diversos cultivos, tipos de ganadería, etc. Y este condicionante es difícil de alcanzar dificultando su implantación por cuanto se requieren amplios espacios heterogéneos desde el punto de vista ambiental (heterogeneidad de hábitats).

Y ahora vamos a intentar sintetizar el problema socioeconómico que personalmente más me preocupa, muy parecido al de Europa. Los pequeños agricultores, que en su día decidieron apostar por algún tipo de agricultura ecológica, se lamentan de que las grandes empresas y multinacionales,  bajo el amparo de las certificaciones orgánicas oficiales, excesivamente laxas, a menudo cumplen la ley, pero no su espíritu, lanzando al mercado productos menos saludables, no siendo tan respetuosos con el medio ambiente como proclaman. Reconocen que tal certificación es positiva, aunque debiera irse mucho más allá, con vistas a alcanzar la sustentabilidad. De este modo, por ejemplo (al menos en USA), los seguidores de la agricultura biodinámica van reemplazando las etiquetas certificadas orgánicas por las que ellos consideran que dan cuenta de la bondad de sus productos: es decir las.  Biodynamic Certification Marks”.

“Intentando resumir”: existen tres razones que están promoviendo rápidamente la emergencia de una agricultura ¿natural, ecológica, orgánica, biodinámica, regenerativa?, a saber: (i) conseguir alimentos saludables, (ii) paliar o revertir la degradación ambiental que sufre la biosfera como resultado de la revolución verde y (iii) incrementar en secuestro del carbono atmosférico por los suelos, paliando el previsible calentamiento climático y mejorando la calidad de los suelos simultáneamente. Del mismo modo, en ocasiones se introducen cosmologías e incluso factores “aparentemente místicos o esotéricos”, como los ciclos lunares, y más aún el mentado de la “homeopatía ¿¿??. Y Para terminar se encuentre abierta una guerra entre los pequeños agricultores que creen en lo que hacen, y las grandes compañías que se escudarán en los mínimos requerimientos, incluso haciendo fraude con vistas a obtener el máximo beneficio.

Una vez reconocido que el modelo agronómico de la revolución verde no puede seguir vigente y debe ser reemplazado por los motivos ya aludidos, me temo que la ceremonia de la confusión irá “in crescendo”, conforme a los intereses de los gobiernos y el yugo del imperialismo financiero. Parafraseando al entrañable Antonio Bello, la agricultura que necesitamos no requiere etiquetas, tan solo hace falta que sea amigable ambientalmente; que esté “bien hecha”,

Abajo os dejo abundante material (parte del cual he traducido desde el suajili)  para que os intentéis aclarar vosotros mismos, ya que ante tal marasmo de vocablos, perspectivas y enfoques, lo dicho hasta aquí tan solo puedo considéralo como una síntesis provisional.

Juan José Ibáñez

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El cambio climático, la Conquista de las Américas y los Mongoles

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Colonización de las Américas. Fuente: Gordon Miller Sailing Into History

 El estudio de los cambios climáticos en el pasado resulta ser apasionantes cuando nos informa de algo que realmente sucedió. Ahora bien, si uno lee noticias como esta, no sabe que pensar. Nos referimos a la siguiente nota de prensa: La conquista de América no influyó en el clima. ¿Y la pregunta del millón sería: ¿Y por qué debía haberlo hecho. Leí su contenido interesado y (….) ¿¿??. ¿La deforestación y puesta en cultivo de amplios espacios geográficos? Acaso resulta que las culturas precolombinas no cultivan extensas extensiones de terreno? ¿Cuánto incrementó el  especio cultivado en detrimento de los bosques al comenzar a instalarse los europeos allí? Esta última, de hecho, hubiera sido la primera pregunta a contestar antes de realizar la investigación cuyos resultados os mostramos hoy abajo. La segunda sería: ¿Cómo el cambio del modelo productivo agrario precolombino/postcolombino afectó las emisiones de gases de invernadero en América? Los autores, usando los denominados testigos de hielo, intentaban averiguar si grandes acontecimientos históricos del pasado afectaron el clima terrestre, ya fuera por enormes deforestaciones, ya por cambios abruptos de la demografía humana.  Y con tal motivo seleccionaron varios acontecimientos de ¿envergadura?, aunque personalmente no entiendo los criterios, o si por un casual fue una tómbola.  Pues bien, los elegidos fueron: la invasión mongola, la conquista de América y la caída de la Dinastía Ming. Conforme a estos autores: “(….)  durante los acontecimientos de corta duración, como la peste negra y la caída de la dinastía Ming, el crecimiento de los árboles no fue suficiente para contrarrestar las emisiones normales” (….) Sin embargo, durante la conquista de América y la invasión mongola sí hubo tiempo suficiente“. Al parecer los autores no eran muy doctos en lo concerniente a la historia y cultura  de las Américas Precolombinas, ya que como os mostramos en  post precedentes, diversos territorios actualmente forestados, eran cultivados con anterioridad a la llegada a las Américas de los Europeos, y no solo por bajo los Imperios Azteca y Mayas, sino también en los bosques tropicales húmedos del continente por culturas aborígenes menos conocidas/estudiadas. Me temo, que lo mismo les ocurre con la de los Mongoles y la enigmática  y poco conocida  “dinastía Ming” en China. Ahora bien, la conclusión de la nota de prensa es como para llevarse las manos a la cabeza. El párrafo reza así: “Los resultados indican que, como se siguió produciendo deforestación, solo la invasión mongola, el acontecimiento de mayor impacto, pudo llegar a producir una disminución neta del dióxido de carbono, cifrada en 700 millones de toneladas de carbono, equivalente a la actual demanda anual de gasolina en el mundo. Sin embargo, es tan poca cantidad que no se puede detectar en los testigos de hielo, reconocen los investigadores”. Tal cual se encuentra redactada la noticia, debe suponerse que la cuantificación de las emisiones de la invasión mongola fue llevada a cabo por otros autores ya que luego reconocen que no pudo detectarse en los testigos de hielo. Y si es así, ¿de qué nos informa la noticia? Pues estos geniales investigadores consideran que “De hecho, los humanos empezaron a influenciar el ambiente hace miles de años al cambiar la cubierta vegetal, cuando talaban bosques para convertir los terrenos en espacios agrarios”.  Ahhhhh. ¿Y tal descubrimiento es nuevo para la ciencia?. Les ruego por favor que lean los numerosos post incluidos en nuestra categoría: “etnoedafología,y conocimiento campesino” y tendrán mucha y mejor documentación sobre el tema. No obstante, como también mostramos en nuestra categoría  “historia de la Tierra y de los suelos”, existen evidencias de que incluso antes del nacimiento de la agricultura, el hombre paleolítico se empeñó en alterar en clima, al ensañarse con la megafauna, como os muestro en una relación de post previos debajo de la noticia aludida.

 Resumiendo. ¿Desea usted publicar en un revista científica?.  Pues bien, escoja unos instrumentos sofisticados, plantéese la hipótesis que le pete, haga malabarismos con la retórica,  escriba algo y ¡ya está! Fácil. Fácil!

 Juan José Ibáñez

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La Predicción Del Cambio Climático a Nivel Regional (y su más que dudosa precisión)

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Global climate models do not easily downscale for regional predictions Fuente. Terradaily

 Allá por la década de los años 90 del siglo XX, el CSIC decidió que este impresentable administrador participara en el Primer Programa Nacional del Clima de España, y seguidamente que fuera Miembro de la Primera Comisión Nacional del Clima, que dicho sea de paso tan solo se reunió una vez.  En el grupo de trabajo en el que participaba, conocí a un famoso experto español que formó parte del IPCC durante más de un decenio, entablando una gran amistad que aun perdura. Hace pocos días cenábamos juntos, comentándome que los modelos de circulación general (para hablar en términos sencillos) no iban ya a aportar mucho más de lo publicado hasta la fecha. Si retrocedemos a aquellos años 90, cabe mencionar que el tamaño de los píxeles de tales modelos eran enormes, de unos 200 o 300 km de lado (si no recuerdo mal), por lo que las predicciones a escala regional, debían hacerse, por ejemplo, anidando los denominados “downscaling” estadísticos, que de hecho ya arrastraban las incertidumbres de los globales, añadiéndose pues otras nuevas, por lo que eran escasamente fiables, menor en el caso de las temperaturas y mucho más acusado a la hora de predecir las precipitaciones.

 Pues bien, en este sentido, los mentados constructos numéricos, no parecen haber mejorado mucho, como veremos a continuación, siendo un hecho que ha acabado  por reconocerse por los expertos en la materia, aunque no por sus usuarios, ya sean científicos o políticos.

  Ya os he comentado en post previos, mis serias dudas acerca de las proyecciones de estos modelos predictivos, lo cual no significa que niegue que “nos estemos calentando”.  Sin embargo, los modelos de circulación general a escala regional no soy útiles con vistas a predecir los futuros climas de un país o territorio, por lo que la creencia popular de que van a aumentar la temperatura y disminuir las precipitaciones por doquier no deja de ser más que una leyenda urbana, si nos referimos a espacios geográficos concretos aunque sean considerablemente extensos. Os expongo tan solo un ejemplo escrito en nuestra bitácora: “Cambio Climático: Hacía una Península Más Cálida o Más Fría. La Teoría del Recalentón”. Pero leer literalmente los siguientes fragmentos  lo redactado por los autores en agosto de 2016, es decir en la noticia que os mostramos completa al final de este post:

 “(…) Encontraron que las proyecciones de los cambios de temperatura con los modelos climáticos globales se hicieron cada vez más inciertos a escalas por debajo de aproximadamente 600 millas horizontales, una distancia equivalente a las anchuras combinadas de Pennsylvania, Ohio e Indiana. Mientras que los modelos climáticos podrían proporcionar información útil sobre el calentamiento global previsto para, por ejemplo, el Medio Oeste, la predicción de la diferencia entre el calentamiento de Indianápolis y Pittsburgh podría resultar inútil. Los cambios regionales en las precipitaciones resultan aún más difíciles de predecir, con estimaciones altamente inciertas a escalas inferiores a aproximadamente 1.200 millas, lo que equivale a la anchura combinada de todos los estados del océano Atlántico desde Nueva Jersey hasta Nebraska. La diferencia entre los cambios totales de lluvia en Filadelfia y Omaha debido al calentamiento global, por ejemplo, serían difíciles de evaluar. Los investigadores informan de los resultados de su estudio en la edición de agosto de “Advances in Atmospheric Sciences (…)”Los responsables políticos y partes interesadas usan la información de estos modelos para informar de sus decisiones”, dijo Mann. “Es crucial que entiendan la limitación de la información de las proyecciones de los modelos que pueden proporcionar a escala local.”.

  Si tiene dudas, mire en Internet un Mapa de los Estados de EE.UU. y calcule a ojo de pájaro las enormes distancias a las que se refieren los autores.

 Sorprende pues que en reuniones y convenciones internacionales, se siga soslayando gravísimamente este hecho. También resulta asombroso que una buena parte de los estudios científicos publicados acerca de los efectos del calentamiento climático en muchas regiones y países se soslaye también tal problema, dando por cierta, le mentada leyenda urbana. ¿No saben los investigadores la precisión de los ingenios sobre os que basan sus estudios y conclusiones?. Desgraciadamente parece ser que no, ya que de otro modo estarían incurriendo en un soberano fraude científico. Ahora bien, cuando más alarmistas sean los resultados de sus estudios antes se publicarán y en revistas de mayor impacto. Seamos claros, si en promedio el clima global del Planeta se calienta, bien pudiera suceder que en la región en la que usted vive, centro de unos años arrecie el frío o las precipitaciones, todo lo contrario de lo que la mayoría de los ciudadanos creen cierto, al leer la prensa.

 Ahora les ruego que relean el primer párrafo de este post, fruto de mi paupérrima experiencia, hará más de veinte años, y reflexionen en qué mundo vivimos, así como la cacareada objetividad de que hacen gala muchos de los que se autodenominan expertos sobre cambio climático. ¿Sin comentarios!.

 Juan José Ibáñez

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Los pastos y prados pluriespecíficos aumentan la producción de forraje mediante la mejora de las propiedades del suelo

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Ya os hemos ido relatando que durante la denominada revolución agraria del siglo pasado, las empresas mintieron tanto como para que los campesinos y ciudadanos en general comulgaran con ruedas de molino. Y así se taló el arbolado y arrancaron setos, convirtiendo agro-ecosistemas silvopastorales (pastos, prados y árboles) hermosos, productivos y ricos en especies, en aburridos y monótonos espacios carentes de belleza y biodiversidad, eso si fácilmente mecanizables.  Se nos convenció de que serían mucho más productivos y rentables. Si se les tocaban los genes, mejor que mejor. Y en aras del progreso muchos gobiernos se lanzaron a destrozar nuestro entorno. ¡Todo mentirá!

 R. Howard Skinner, investigador de la USDA, ha llevado a cabo un sencillo experimento durante 10 años desmontando tanta falacia. Todo ello me recuerda a una experiencia muy sencilla y un tanto pedestre que llevé a cabo personalmente hace pocos años y que os narraba en este post: Los Huertos y Jardines Domésticos: la preservación de la biodiversidad y el cuidado del suelo. Los resultados son exactamente los mismos.

 A falta de más verificaciones, lo que Skinner detecta es que la composición pluriespecífica del pasto secuestra más carbono, mientras que los compuestos de descomposición de tal materia orgánica en el suelo mejoran la estructura del medio edáfico que, como corolario, retiene más agua y nutrientes, incluso cuando alguna de las especies pratenses seleccionadas se pierde por el camino. He traducido por completo la nota de prensa original que abajo os proporciono, por lo que no abundaré más. La diversidad nos proporciona, resiliencia ecosistémica, sostenibilidad, mayor productividad de biomasa, y si es bien conducida, mejores beneficios para los ganaderos.   Todo era una pura patraña, algo que no debe extrañarnos de la agroindustria, tan embustera como la farmaindustria.

 Os dejo con la noticia original y la versión traducida al español-castellano. Y ya sabe, ¡ponga muchas especies en su vida!

 Juan José Ibáñez

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El Fuego y su Ineludible Importancia en los Ecosistemas (Incendios Forestales)

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El Fuego en el MIndo; Fuente: Managing the human component of fire regimes: lessons from Africa By Sally Archibald; http://rstb.royalsocietypublishing.org/content/371/1696/20150346

 Hoy es un lunes de verano cualquiera. El domingo anterior pase varias horas buscando una tabla que había utilizado en alguna conferencia, hace más de 20 años, con vistas a demostrar a los asistentes que los incendios son recurrentes en todos los biomas del mundo desde hace cientos de millones de años, si bien las cifras que buscaba tan solo daban cuenta de los periodos de retorno en ecosistemas representativos de los mentados biomas (tundra, taiga, bosques templados, mediterráneos, subtropicales, tropicales, etc.). Lamentablemente no la encontré, ya que era antigua y no debí digitalizar la diapositiva. ¡Lo lamento!, no obstante los contenidos que os ofrecemos hoy dan cuenta de todo ello.

La diferencia entre unos ecosistemas y otros no estriba en que unos sean eventualmente pasto de las llamas y otros no, sino en los respectivos periodos medios de recurrencia o retorno. Así, en los bosques boreales, o en los templados la frecuencia es obviamente mucho menor que en los mediterráneos. Empero cabe señalar que si la memoria no me falla,  no ningún caso superaban los cien años. En algunos ambientes, como en los bosques subtropicales secos y en los aludidos mediterráneos, los periodos de retorno no superaban más que unos pocos decenios. Por lo tanto, la existencia de grandes bosques muy longevos sería más cuestión de serendipia (acontecimientos afortunados) y/o condiciones microclimáticas muy longevas que de sus propiedades idiosincrásicas.

De hecho, el artículo que ha dado lugar a la noticia de hoy ha sido publicado en la revista Fire Ecology, con un modesto factor de impacto de 1.4. Sorprende pues que un hecho que debía ser archiconocido por los expertos, sea publicado a bombo y platillo como si fuera un descubrimiento relevante. La revista en cuestión es estadounidense, lo cual no deja de ser una paradoja. Los investigadores y técnicos forestales yanquis, han sido pioneros en el uso del fuego para el control de la biomasa de los Chaparrales americanos, parte de cuyas limpiezas eran realizados por reclusos vigilados. Obviamente, en los bosques templados de aquél país los periodos de retorno son más prolongados que en los matorrales y bosques mediterráneos de California. El objetivo de un incendio controlado resulta doble (i) mantener los ciclos naturales del fuego y (ii) evitar que una excesiva acumulación de la biomasa, excedido tal periodo de retorno, diera lugar a incendios devastadores y mucho más peligrosos que los naturales. De hecho, en el susodicho artículo se defiende que el fuego es necesario para mantener la salud de los ecosistemas forestales a largo plazo, dictamen que ya defendimos aquí hace más de diez años, ya que las evidencias ya eran palmarias en las décadas de los años 80  y 90 del siglo pasado.

Obviamente, la acción humana ha alterado los ciclos naturales del fuego en numerosos ecosistemas, generalmente incrementando su frecuencia, aunque a veces induciendo el proceso contrario, especialmente en parques naturales y espacios protegidos, que nos gustaría que no fueran pasto de las llamas, hasta que les correspondiera de promedio. En este último caso, tendemos a proteger/aislar el combustible de la mecha, por lo que a la larga el problema resulta ser más grave. El abandono de tierras, la expansión urbana hasta el límite de los bosques, la construcción de residencias y urbanizaciones rodeadas de masas arboladas, turistas sin la debida cultura, etc.,  son algunas de las razones que generan gravísimos incendios, así como la pérdida de vidas humanas e infraestructuras, que no el fuego en si mismo. Ya escribimos sobre estos temas hace varios años, como podéis constatar en esta bitácora.

 A la vista de lo expuesto, los investigadores, armados con nuevas instrumentaciones no disponles cuando se elaboró la tabla aludida, deberían ir afinando los periodos de recurrencia y actuar en consecuencia cuando llega el momento. Del mismo modo los gestores de urbanismo necesitan inexcusablemente impedir que las construcciones humanas sobrepasaran los límites a los que anteriormente nos referíamos.  Más aún, tampoco se debía dejar que ciertos propietarios o instituciones oficiales reforestaran sin elaborar planes previos acerca de la ecología del paisaje que eviten que las llamas se propaguen a lo largo y ancho de grandes extensiones. Ahora bien, el fuego ha sido compañero, que no enemigo de la naturaleza, cientos de millones de años antes de que el hombre apareciera sobre la faz del Planeta.

 Junto con la nota de prensa que ha dado lugar a este post, os mostramos el enlace a un artículo que nos informa del papel del fuego en la biosfera desde tiempos remotos, así como otros datos de interés.  Y reflexionemos, el fuego no es el problema, sino que casi como siempre los conflictos los generamos nosotros, mediante nuestras acciones e inacciones.

Juan José Ibáñez

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