Posts etiquetados con ‘Biochar’

Medios Poros Heterogéneos. ¿Cuánto puede medir y qué volumen albergar un gramo de carbono particulado poroso? (consideraciones sobre la estructura del suelo)

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Materiales de Carbono o silicio porosos. Fuente: Royol Sociely of Chemistry

 El presente post es de hecho una continuación con cifras de otro anterior titulado: Un Nuevo Concepto de Suelo ¿Respaldado por las Ciencias Físicas y la Nanotecnología?”: Este a su vez también enlaza con la temática de entregas precedentes que abundan sobre el mismo tema, de las cuales os volvemos a ofrecer una relación de las que consideramos más relevantes. Ya os comentamos que intentamos ofrecer una perspectiva que dé lugar a un nuevo concepto de suelo basado en las propiedades de sus materiales constituyentes a los que denominamos edáficos. Por ejemplo: ¿cuánto mide un metro cuadrado de suelo?. Aunque la aproximación que mostramos hoy resulta ser teórica, las implicaciones en el manejo se me antojan de gran calado, al permitir incrementar/aumentar la fertilidad de suelos que hoy podemos considerar prácticamente infértiles.  La matriz del suelo es muy porosa y heterogénea. Por ello, un metro cuadrado estimado desde la superficie puede albergar cientos (¿miles?) de metros en el seno de un perfil edáfico, digamos que de un metro de profundidad. Como veréis, tal  hecho confiere a la edafosfera unas propiedades  extraordinarias con vistas a sustentar tanto,  biosfera, como agrosfera, como también a la dinámica de los ecosistemas en su conjunto. Y tal hecho  no es ni trivial ni fácil de cuantificar, tema sobre el que abundamos en la siguiente entrega: El dilema de la medida de la superficie de un suelo y el concepto de capacidad de carga. Ya sabéis que este recurso natural se encuentra constituido por componentes muy variados en lo que respecta a sus propiedades materiales es decir, composición, tamaño, abundancia, forma, rugosidad y superficie. Reiteramos que la rugosidad es una propiedad de suma importancia que lamentablemente ha sido soslayada en la ciencia del suelo. Empero no son las partículas individuales, incluyendo las nanopartículas, sino los agregados del suelo, los que conferirán a este una estructura capaz de llevar a cabo procesos que no son posibles en los sedimentos y menos aún las rocas duras. Y así os describimos cómo una roca se convierte en suelo (el esponjamiento). En la matriz edáfica abundan y resultan vitales el carbono y el silicio, también relacionados con el origen de la propia vida. Esta matriz se encuentra repleta de poros de todos los tamaños que realizan determinadas funciones, por así decirlo. Y sobre estas premisas hemos ido proponiendo un nuevo concepto de suelo, en el que las partículas minerales y orgánicas, en forma de los susodichos agregados, dan lugar a estructuras con unas propiedades físicas y matemáticas sorprendentes. Como bien sabéis, el secuestro de carbono es una de ellas. Brevemente, el mentado concepto se basa en que a mayor superficie efectiva, bajo un ambiente iónico adecuado, el recurso suelo confiere a la biosfera el potencial para que se desarrolle la vida en toda su plenitud.

 La noticia que os vamos a ofrecer hoy procede de otros ámbitos científicos interesados en elaborar carbono particulado poroso, como por ejemplo, con vistas a maximizar la captura de CO2 en determinados procesos industriales. Abajo os muestro parte de la noticia traducida del inglés al castellano y la original en suajili (a pesar de que en el estudio intervinieron investigadores del CSIC, no he visto en las notas de prensa españolas mención alguna al respecto). El resultado que nos interesa aquí es el siguiente: hasta qué punto una pequeña cantidad de este carbono poroso particulado puede incrementar la superficie efectiva, cuya misión en el suelo ya os hemos explicado en los post previamente enlazados en el presente. No se trata de que las cifras que los autores obtienen sean las mismas que las que acaecen en el medio edáfico, que además tendrán necesariamente una gran variabilidad espacial (en función del tipo de suelo, horizonte, textura, etc.), sino que deben considerarse orientativas de lo que nos podemos encontrar al analizar este recurso natural. Veamos pues la siguiente frase extraída de la nota de prensa:

 Independientemente de los aditivos funcionales, los experimentos mostraron que una vez que un material absorbente logra una superficie de 2.800 metros cuadrados por gramo y un volumen de poros de 1,35 centímetros cúbicos por gramo, la captura de CO2 no mejoró ni incrementando la superficie ni  el  volumen poroso. Sin embargo tal límite crítico fue diferente para el CO2 que para el metano. “La industria no tiene que estar haciendo el material con más alta área superficial. Sólo tienen que hacerlo con una superficie que alcanza la máxima producción.”

 Quedémonos con que un gramo de las mentadas partículas pueden cobijar una superficie de 2.800 metros cuadrados, aptas para absorber nutrientes, atesorar poder catalítico, albergar comunidades microbianas, etc.). No debemos olvidar, como también hemos señalado en entregas anteriores, que en diversos continentes se realizaron variadas formas de combustión de la materia orgánica que, tras ser añadida al suelo, permitieron a pueblos aborígenes trasformar suelos infértiles y fértiles (siendo el caso más conocido el del biochar), logrando así una agricultura sustentable como os hemos ido mostrando en nuestra categoría “etnoedafología y conocimiento campesino”. 

 Insistimos por enésima vez que este puede ser el camino para transformar una agricultura industrial insustentable en otra sustentable y no  contaminante. Se necesitan más indagaciones, por supuesto. Sin embargo, este bloguero cree que se trata de un camino que debemos explorar imperiosamente, por cuanto se encuentra seguro que nos deparará grandes y gratas sorpresas.

 Juan José Ibáñez

 A bajo os dejo el material aludido y algún otro adicional…….

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El asombroso misterio del carbón pirogenético (un nuevo biochar detectado entre los pueblos aborígenes de África)

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Carbón pirogenético. Fuente: colaje google imágenes

El título con el que pretendía presentar este post era el siguiente: “El Carbón pirogenético: Los pueblos aborígenes de África lograban mejorar la fertilidad de suelos pobres en nutrientes, alcanzando así una agricultura plenamente sustentable.” Pero realmente, el tema, deprimente en manos de la ciencia actual, resulta asombroso a la luz de la etnoagricultura y etnoedafología. Por esta razón, abajo os he traducido buena parte de la nota de prensa original en inglés, dejando material adicional sobre lo que ahora algunos denominan “pirogenético”. Pero vayamos al meollo del contenido. Ya os hemos hablado en numerosas ocasiones del biochar. En la foto podréis observar cómo ha ido creciendo vertiginosamente el número de artículos que las revistas de prestigio han publicado sobre el tema. Sin embargo, sus propiedades no logran emular las que atesoraban las Terras Pretas (Propiedades y Fertilidad del Biochar). Reitero que abajo tenéis una relación de todo lo publicado en esta bitácora desde que Francisco de Orellana habló por primera vez de ellas, tras su descubrimiento en la desembocadura del “Gran Rio”. El biochar fue desarrollado por los pueblos aborígenes de la Amazonia. Básicamente se trata de un tipo de transformación de la materia orgánica mediante el fuego, y “algo más” (a saber qué), de tal modo que tras añadirse al suelo le otorgaba de una fertilidad enormemente superior a la de los pobres suelos naturales de la región. Y tal enmienda, al parecer, lograba persistir durante cientos y/o miles de años. De este modo, territorios infértiles adquirían una fertilidad pasmosa. La ciencia moderna intenta descubrir el secreto, con vistas a poder obtener con nuestra portentosa tecnología lo que los indígenas hacían sin prácticamente ninguna. Años después, unos investigadores japoneses mostraron al mundo el biochar natural a baja temperatura de las culturas del Nepal. Pues bien, en la noticia de hoy se nos informa que algo parecido ha sido hallado en pueblos aborígenes del oeste de África. ¡Sí1, ellos también transformaban suelos improductivos en altamente productivos sin necesidad de tecnológica, enormes insumos de agroquímicos contaminantes y otras prácticas que a la postre han resultado insustentables. Si logramos esclarecer el secreto de aquellos que han venido denominándose “salvajes” en occidente, alcanzar la sustentabilidad y la soberanía alimentaria a nivel mundial podría considerarse como un objetivo viable y próximo en el tiempo. Varios aspectos resultan asombrosos cuando hablamos de este tema.

¿Cómo es posible que tras casi quince años de intentos para desentrañar tal enigma la ciencia actual sea impotente, con todo nuestro instrumental y bagaje científico?

¿Cómo es posible que se lograra tal hazaña en tres continentes distintos (América, Asia y África) por pueblos que todo indica que jamás mantuvieron comunicación alguna?. Empero un manejo y enmienda semejante dicen que fue practicado en lo denominados Jardines Preuropeos Maoríes de Nueva Zelanda, es decir en Oceanía. De ser así, tan solo en Europa (por lo menos hasta la fecha, según los estudios realizados), sus culturas ancestrales fueron incapaces de fabricar tal piedra filosofal. ¿Quién defiende pues la supremacía aria?

Resulta complicado asumir todo este entramado de hechos y desechos carbonizados.  Aquellos amantes del misterio, siempre podrán apelar a que unos extraterrestres, al ver tanta miseria humana en el pasado, nos ofrecieron este regalito. ¿O realmente  nuestros ancestros lograron de alguna forma, aun por descifrar comunicarse globalmente? De ser cierto todo lo publicado en las revistas científicas,  ¿cómo es posible que este tema no se haya convertido en una prioridad de primer orden mundial? ¿Por qué no se nos despide a todos los agrónomos y edafólogos en vista de nuestra incompetencia?  Un misterio detrás de otro. Una de tres; ¿O somos incompetentes, o somos imbéciles, o la ciencia agronómica actual demuestra ser sumamente ineficiente?.

Os dejo pues con el material nuevo y una relación de los post previos (que no todos) relacionados con el tema……

Juan José Ibáñez 

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Sostenibilidad y Conocimiento Campesino en África (El Papel de las Creencias Religiosas)

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Liberia paisaje Rural. Fuente: TRIP DOWN MEMORY LANE

Cada vez disfruto más al leer artículos sobre etnoedafología y etnoagricultura. Y siempre extraigo la misma conclusión. Los pueblos aborígenes sabían sobradamente como desarrollar una agricultura sustentable de bajos insumos en los más dispares biomas y ambientes. En contrapartida, la agricultura industrial moderna, va en la dirección opuesta, contaminando, degradando y ofreciendo pan para hoy a costa de perderlo mañana. Hoy nos vamos a Liberia, con vistas a examinar las la agricultura tradicional de los Loma. Cuando ya había traducido la nota de prensa de ScienceDaily que os muestro abajo, he topado con que en la página Web Tendencias 21, la escritora, poeta y editora Yaiza Martínez había llevado a cabo tal labor. Más aun, también amplió la noticia, desde una perspectiva muy interesante. Debemos agradecer a la canaria Yaiza, un trabajo bien hecho, en el cual clarifica como las creencias de los pueblos aborígenes, sus religiones/tradiciones, resultaban muy útiles con vistas a mantener la mentada sostenibilidad, no tan solo entre los Loma sino también en otras etnias repartidas por el mundo. No debemos extrañarlos que tales aspectos religiosos transmitidos durante generaciones tuvieran un origen ancestral, en el cual lo religioso, incluidos mitos y tabúes, esconden contundentes razones ecológicas y agrarias, entre otras. Tal hecho también ocurre en nuestra traducción Judeo-cristiana.  Yaiza no menta las múltiples prácticas semejantes que acaecen en las culturas latinoamericanas precolombinas, que ya os he expuesto en numerosos post, aunque da cuenta de otras que personalmente desconocía. Seguidamente he ojeado por encima las investigaciones que lleva a cabo el primer autor del estudio que analizamos hoy, el Dr. James Fraser.

James va muy bien encaminado, al relacionar los descubrimientos en Liberia con las terras pretas do indio, cuyo misterio sigue oculto en la cuenca amazónica. Del mismo modo, este investigador se asombra como yo, de la enorme cantidad de culturas aborígenes que descubrieron la bondad de gestionar el suelo con biocarbones, llagando a conjeturar si puede considerarse un descubrimiento inevitable para la mayoría de los pueblos neolíticos del mundo. Os he mostrado ya evidencias de ello, como cuando hablé de las culturas campesinas del Nepal. También los mayas preservaban bosques vírgenes por sus creencias, al igual que los Loma liberianos. Podemos seguir detallando coincidencias pero no es el momento.  

Los Loma también crearon suelos antropogénicos mucho más fértiles que los naturales de la región.  Como en otros casos, apelaron a sus rituales y creencias con vistas a no devastar el paisaje, ya que los bienes materiales no pueden anteponerse a la sostenibilidad de sus prácticas y cultura.

Resulta inevitable, comparar muchas de estas prácticas de gestión del suelo con la moda del biochar, como James también hace. Ahora bien. repetimos que las investigaciones sobre estos últimos biocarbones, debidas a la maldita moda de la investigación translacional, no están llegando a buen puerto. Fíjense en los materiales que añadían “los loma” cotidianamente para “fabricar” sus antrosoles: materia orgánica fresca y carbonizada, incluyendo el estiércol, huesos, cenizas, carbón y cerámica. Es decir los biocarbones por si solos no son suficientes, sino un elemento que ayuda a mejorar la estructura del suelo, que no su fertilidad química directamente.  Esta última era promovida mediante otro tipo de enmiendas.

Finalmente me ha llegado a intrigar que, con biocarbones o no, la extendida costumbre de añadir restos de cerámica a los suelos de cultivo, por una enorme cantidad de pueblos aborígenes. No he detectado ningún estudio que analice el papel de estos artefactos culturales, pero tanta ubicuidad no pare ser fruto de la mera casualidad.

Os dejo seguidamente y por este orden, mi traducción personal de la nota de prensa de ScienceDaily, esta última y finalmente algunos de los fragmentos publicados por Yaiza Martínez para Tendencias 21. Y lo dicho, tecnológicamente el ser humano a logrado grandes proezas pero en materia de sostenibilidad, pero al parecer vamos para atrás como los cangrejos.

 Juan José Ibáñez

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Los Jardines Preuropeos Maoríes de Nueva Zelanda, sus Antrosoles, manejo y biocarbones (Biochar)

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Paisaje Agrario Maorí. Fuente:Ministry for Culture and Heritage

Ya os comentamos en un post anterior como la llegada de los Maoríes a Nueva Zelanda transformó sus paisajes prístinos, si bien, poco añadimos acerca de su agricultura (“Culturas Aborígenes, Paisajes, Incendios y Suelos. El Pueblo Maorí en Nueva Zelanda“). Recientemente El European Journal of Soil Science ha publicado un monográfico sobre el biochar o biocarbón, que como muchos de vosotros sabéis, comenzó a investigarse fanáticamente a partir de su descubrimiento en las Terras Pretas do Indio amazónicas, de las que tanto os hemos hablado. Los contenidos de este número especial son sorprendentes reveladores, por lo que merecen abordarse en un post aparte, con tintes que no se si calificar como sociológicos o psicológicos. A pesar de todo, existen algunos artículos que como el que da lugar a este entrega, atesoraban un contenido interesante. Se trata del manejo de suelos en los denominados Jardines Maoríes Preuropeos. Hablamos de la gestión que la cultura maorí hacía de sus suelos agrarios con vistas a la producción de cultivos. Abajo os muestro un material relativamente abundante escrito a toda velocidad, por lo que contendrá algunos errores, especialmente dada la premura en su traducción/redacción. Pido disculpas por ello. Tan solo exponeros antes unas breves líneas centradas principalmente en los aspectos etnoedafológicos que considero más relevantes, entre el material leído.  

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Recreación de los Jardines Maoríes: Fuente: Chris Gregory’s Alphathreads

Al parecer, El Pueblo Maorí atesoraba sorprendentes conocimientos de los suelos que aún perviven en su lengua. Del mismo modo, discernían entre diferentes tipos de suelos. La gestión de sus cultivos incluía principalmente el trasporte de arena y gravas a sus parcelas, pero también las enmendaban con limo, arcillas, conchas (carbonatos) materia orgánica carbonizada (es decir utilizaban biocarbones), etc. Por lo que se sabe. su sistema de manejo incluía sutilezas como la de cubrir el suelo con una especie de mulching, con vistas a que la cobertura superficial no fuera presa de la erosión eólica. De este modo modificaban sus suelos antropogenéticamante hasta el punto de que algunos autores los han clasificado en dos tipos diferentes de Antrosoles  Plágicos (plagen, plácico). También construían montículos en donde depositaban las semillas de las especies a cultivar, principalmente batata. En una de las fuentes consultadas se menta que, por sus tradiciones y tabúes, no podía añadirse abono orgánico sin tratar . Así pues, la gestión de los jardines Maoríes, al parecer contemplaban procedimientos que hoy se consideran modernos ya que las gravas, el mulching y las enmiendas precocinadas (como los biocarbones), (…) Jardines Maoríes resultan ser otro ejemplo, del ingenio de los primeros agricultores o cazadores/recolectores/agricultores que muestran como la agricultura nació ya con su vista puesta en el suelo.

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Recreación de algunas prácticas Maoríes del Manejo del Suelo. Fuente:  Mike Burtenshaw The Open Polytechnic of New Zealand

Tan solo señalar adicionalmente que (i) los análisis realizados sobre aquellos biochar constatan su recalcitrante composición y dificultad para  biodegradarse (algo bastante natural cuando la materia orgánica es carbonizada, como ocurre tras un fuego natural); y (ii) que ya se han detectado la adición de biochar indígena en tres continentes, como lo son: América del Sur (la Amazonía), Asía (Nepal), y ahora vemos que también en Oceanía. Seguro que con el tiempo irán saliendo a la luz otros muchos ejemplos. Os dejo con el material recopilado y traducido apresuradamente (so pena de eternizarme), pidiendo de antemano disculpas.

Juan José Ibáñez

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Antrosoles de los jardines Maoríes. Fuente Nelson Mail

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Biochar a partir de Lodos de Depuradora

Ya os comenté una vez que, realizando un estudio, por encargo de la Presidencia del CSIC sobre la producción científica de las Áreas de Conocimiento de Recursos Naturales y Ciencias agrarias,  revise todos los papers publicados por investigadores de esta institución durante 25 años. Algunos casos eran muy llamativos, como ejemplo el siguiente. Diversos equipos de investigación trabajaban en la descomposición de la madera de un árbol determinado (cuya presencia en España es escasa, dicho sea de paso). En vista de la alta cantidad de publicaciones sobre este asunto tan concreto, se despertó mi curiosidad, por lo que llamé por teléfono a algunos de los científicos implicados. Para mi sorpresa varios de ellos no acertaban a explicar la razón de tal interés por parte de la comunidad científica. Se me quedo grabada una frase que versaba más o menos así: pues no sabría contestarte la razón, pero sobre este tema los trabajos cuelan (expresión de ser aceptados en revistas de impacto) muy bien, mucho más que los de otras materias relacionadas”. Y así me quedé con la duda, aunque emergiendo de paso  una sospecha nueva. Los científicos buscan obtener financiación en convocatorias competitivas de proyectos, a la par que tener las menores dificultades posibles con vistas a que sus trabajos sean aceptados en los famosos “journals indexados”. En consecuencia, por pura supervivencia tienden a solicitar en las mentadas convocatorias dinero para investigaciones que estén al alza en la literatura internacional, les guste el tema o no. Estamos quienes no seguimos tal estrategia, siendo fieles a nuestros objetivos y (…) ¡así nos va! (rematadamente mal), pero otros muchos sucumben. Y esto es lo que ocurre con el biochar (ver relación de post abajo). Como ya sabéis, los lectores más asiduos, hemos seguido detenidamente estas indagaciones desde sus inicios. No pretendo atacar desenfrenadamente los estudios acerca de las dudosas bondades del biochar industrial. Simplemente las noticias acerca de este producto llueven torrencialmente, como un diluvio de dimensiones descomunales. Empero siempre más de lo mismo, excusas similares, el “pueden mejorar” los suelos, las producciones agrarias, aumentar el secuestro de carbono, etc. Sin embargo tanta proclama nada tiene que ver con las previsiones de aquel material milagroso que parecía predestinado a revolucionar la agricultura mundial. La nota de prensa que os mostramos hoy atesora dos novedades. La primera reside en que resulta ser una de las primeras noticias que leo sobre las investigaciones acerca del biochar llevadas a cabo en España. La segunda estriba en que intentan obtener este tipo de biocarbón a partir de lodos de depuradora. Se intenta ensayar la obtención del mentado biocarbón a partir de cualquier “sustancia” o residuo orgánico, todos valen para ensayar. Sin embargo, ya os hemos comentado que tales lodos, muy poco depurados por cierto, causan graves problemas de contaminación, padeciendo, a menudo, los alimentos obtenidos por su fertilización serios problemas para la salud humana y el medio ambiente.

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 Permaneciendo escéptico respecto a esta moda, como ante cualquier otra, al menos el procedimiento que se sugiere abajo eliminaría los patógenos y otros contaminantes que se esconden en los lodos de depuradora, siendo la aplicación del biochar obtenido más inocua que la que lleven a cabo al utilizarlos como enmiendas sin ser previamente carbonizados. Eso si, desconozco si la mejora en el suelo y, como corolario, el rendimiento de los cultivos resultaría ser el mismo.

Sigo pensando (como también le ocurre a un buen número de investigadores) que, todas estas modas terminan haciendo mucho daño a la ciencia, a la par que devienen en despilfarro para los siempre, de por si escasos, recursos financieros dedicados a la indagación científica. Pero en fin, ante la situación actual de publica o perece, y ahora en España, también el lema de “consigue pasta para tu institución o púdrete, tan solo caben dos posibilidades seguir las modas como los quinceañeros, o atenerse a las consecuencias, casi siempre funestas, a las que yo y algunos otros nos enfrentamos. Hablamos de la libertad a la hora de elegir un tema de investigación. Os dejo ya con la noticia. Todo este embrollo termina hastiando, como en su día (hace un par de decenios) la publicación de centenares de estudios relacionados con los potenciales y pavorosos efectos de la lluvia ácida sobre los suelos y ecosistemas. Estos últimos, a la postre, no ha dejado casi ni rastro y menos aún evidencias  de la tan cacareada en su día gravedad de este tipo de contaminación. Otro tema muy ácido y que abdujo ingentes cantidades de “pasta gansa”.

Juan José Ibáñez         

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Biochar natural a baja temperatura de las culturas del Nepal (Etnoedafología)

Seguimos con nuestra nueva tanda de post que intenta entender y analizar críticamente es nuevo furor (¿Científica o empresarial?) por demostrar las bondades del Biochar o Biocarbón, respecto a otros productos ya existentes en el mercado. Sin embargo, no lo consiguen. Al buscar información para una entrega anterior sobre este asunto, me topé con una página Web de la denominada “International Biochar Initiative” (ya vemos por dónde van los tiros) que nos informa de que las culturas rurales del Nepal también llevan a cabo una combustión lenta de la materia orgánica, cuyas propiedades dicen asemejarse a las del biocarbón de las culturas indígenas del Amazonas. De ahí infieren sus bondades, cuando para mí se constata lo que he venido defendiendo hasta ahora, a saber que existen empresas que nos quieren vender gato por liebre, es decir estafarnos, en cierto sentido, ya que de no ser así cabría hablar de torpeza y miopía. Eso si, la información resulta ser de lo más interesante, demostrando que: (i) la combustión lenta del carbón, como enmienda/estructurador/corrector fue descubierta por varias culturas en los países de diversos y distantes continentes (como fue también el caso de la propia agricultura); (ii) que su obtención no se realizó por la simple transformación de una biomasa simple (de una sola especie vegetal), sino que demanda un proceso relativamente más complejo, en la que intervienen otros factores y una variedad de materias primas y procedimientos que concatenan, uno tras otro, con vistas a conseguir los fines perseguidos; (iii) que no haría falta comercializar ningún producto para el lucro de determinadas compañías, por cuanto su producción podría llevarse a cabo por los propios agricultores, en fundición de las materias primas disponibles, tipos de suelos locales, climas, medios de subsistencia, etc., y como corolario (iv) que andamos muy descarriados o forzados por esos intereses velados de diversas multinacionales. He ido traduciendo algunas sentencias (que no todas, sino las que me parecieron más interesantes) de la nota de prensa en inglés, con bastante dificultad (desconozco si no tenía un día fino, o si el contenido fue redactado deficientemente). No obstante, como la versión extendida se encuentra escrita en japonés, no doy más de sí (¡vaya por Dios!, el único idioma que no domino ¿¿??). Ahora bien, a pesar de todo, el mensaje resulta ser lo suficientemente ilustrativo como para desmontar el montaje de las mentadas empresas que se esfuerzan denodadamente en aumentar su lucro, que no solucionar un problema de primera magnitud: buscar métodos sostenibles y no contaminantes que incrementen la fertilidad del suelo y que no dependan de las veleidades del mercado y las susodichas multinacionales.

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Camesina Nepalí fabricando biochar o biocarbón. Fuente: International Biochar Initiative

La noticia de prensa nos informa que en el mundo rural del Nepal la mano de obra masculina escasea, las mujeres cultivan el agro, siendo la obtención de cosechas difíciles, dado los condicionantes de clima, relieve, y suelo locales. Como podréis leer abajo, una campesina explica como obtiene el biochar nepalí, paso a paso, haciendo uso de diferentes fuentes de materia orgánica (incluido el estiércol), formando capas en el suelo y con la inclusión de los propios materiales edáficos en la fabricación casera del producto. De hecho, según la narradora étnica, sin tal proceso las cosechas en aquellas tierras serían mucho más pobres e incluso imposibles. Se me ocurren otros ejemplos, incluidos algunos que he observado en la Península Ibérica que habría que revisar a la luz de como la combustión lenta de cierta biomasa (variada), bajo determinadas condiciones, y sometida a varios procesos, puede incrementar el potencial del suelo para la producción agraria. Lo que les falta a las empresas actuales y los colegas que investigan para ellas, es ampliar su cortedad de miras y/o entender que se comercializa algo que bien pudiera ser  llevado a cabo por los propios campesinos, sin pagar un dólar a las devoradoras multinacionales, como defendía Antonio Bello en su propuesta denominada desinfección de suelos, que no biofumigación (ver entre otros el siguiente post “Desinfección de Suelos (Biofumigación): Abono y Alternativa Ecológica al Uso de Plaguicidas y Fertilizantes Sintéticos”. Os ruego que leáis los contenidos y los comparáis con mis críticas contra la nueva moda del biochar o biocarbón (en post precedentes), mal planteados desde sus inicios, hace algo más de una década. (..). Finalmente digamos que ya se han publicado más de mil o dos mil artículos en pocos años (papers en revistas indexadas, sino las cifras serían aun más desorbitantes) y los investigadores no aciertan a conseguir un producto digno.  Vamos a ver como se las arregla en pueblo nepalí (…)

Juan José Ibáñez      

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Todo lo que no sabemos del Biochar y ni tan siquiera nos hemos planteado (Una conjetura acerca de su origen y función)

En un capítulo anterior…. (como se dice en las series televisivas) comentamos con sarcasmo varios aspectos de la noticia de prensa sobre la que hoy retornamos nuevamente, ya que aporta otros aspectos que sí atesoran bastante interés. Así por ejemplo, se comenta que el biochar producido a mayores temperaturas posee mejores propiedades con vistas a retener agua y nutrientes que los que fueron fabricados a temperaturas inferiores. De aquí se infiere un aspecto que suele omitirse de una buena parte de la literatura científica sobre este tema. Como podréis documentaros a partir de los post previos (ver relación al final de este) que hemos escrito acerca de las propiedades de los suelos con horizontes orgánicos antrópicos conocidos en Brasil como Terra Preta do indio. Su materia orgánica podía permanecer sin descomponerse a lo largo de varios milenios, aspecto que dista mucho de haber sido demostrado con los productos industriales que actualmente se venden como herederos de aquellos. Del mismo modo, se señala implícitamente que se desconoce cómo obtener la enmienda/corrector/ estructurador que llegaron a desarrollar con enorme éxito los pueblos indígenas del Amazonía. Por otro, lado los investigadores que llevaron a cabo el estudio, mentan que añadieron biochar y nutrientes, no solo el primero. Es decir que el biochar requiere que se enriquezca adicionalmente con una fuente de nutrientes que, bien pudiera ser materia orgánica sin tratar (es decir fresca), residuos fecales o enmiendas minerales. Debo suponer que los indígenas hicieron uso de la primera o segunda, por cuanto las fuentes locales de nutrientes minerales resultan ser muy escasas en la región. Ahora bien, cabe preguntarse de que tipo de producto y tratamiento hablamos. Por un lado las empresas que comercializan hoy el denominado biochar lo hacen exclusivamente utilizando como materia prima hojas y/o trozos de madera, en general. Y así se puede leer en la literatura y marketing empresarial hablar del biochar en base a sustratos del haya, roble, álamos, etc. Sin embargo, seguimos desconociendo totalmente los procedimientos indígenas. No resulta descabellado pensar que bien pudieran añadir, sustancias, compuestos o materiales específicos que favorecieran la producción  de un biochar concreto o que actuaran como productos catalíticos de las reacciones generadas de “alguna forma”. En otras palabras, actualmente se vende algo bastante puro, mientras que no es descabellado conjeturar que las culturas aborígenes combinaran materiales diversos, en cantidades concretas, a modo de coctel. Quizás por esa razón los indígenas consiguieran una enmienda cuyas propiedades la tecnología moderna no ha logrado emular.  Pero una vez vista la estructura enormemente porosa del biochar indígena, también cabe preguntarse (…)

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Estructura del biochar comercial al microscopio electrónico. Para ayudar a mejorar la estructura del suelo debería albergar más diversidad de tamaño de poros (fractal), como en los suelos naturales. Fuente: scratchapixel

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El Biochar, Inteligencia Militar y Espionaje Masivo entre las Fuerzas del Bien y del Mal en el Seno del Suelo

La noticia de la que vamos a analizar hoy lleva el siguiente títuloEl Biochar tranquiliza a los microbios,  incluyendo algunos patógenos de las plantas”. En principio cabría pensar que: ¡vaya por Dios!, por fin han encontrado un ansiolítico con vistas a calmar a los estresados microbios del suelo en estos tiempos de incertidumbre, zozobra y desasosiego que corren. Empero el contenido de la noticia no es tranquilizante precisamente, sino más bien muy, pero que muy inquietante ¿?. En muchos sentidos me recuerda al espionaje masivo que han sufrido muchos Estados aliados por parte del gran amigo americano. Esta es la noticia que sacude a la opinión pública en el momento que escribo el post. Más aun, el experimento ha sido llevado a cabo en USA.  ¡Más madera! No obstante hay un detalle en la noticia lo suficientemente importante e interesante como para que necesitemos redactar otro post. Os dejaré de momento intrigados por una conjetura que se me antoja muy sorprendente (aquí va el primer indicio, aunque hay que rebuscar en su contenido). Pero vayamos al meollo del tema.

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La variada comunicación de los microrganismos del Suelo. Fuente: JSMC Jena School for Microbial Communication (Microbial Communication – Talking Microbes?)

 Existen numerosas evidencias de que las especies que componen las comunidades microbianas del suelo se comunican entre sí, y con las plantas e invertebrados que allí habitan, generalmente utilizando señales químicas aunque quizás también eléctricas. Obviamente hablamos de billones de bichitos en un kilo de suelo, por lo cual aquello debe ser como el tráfico actual en la WEB. Dicho de otro modo, estos pequeños bichitos también atesorarían su Red de Redes, por desordenada que sea, aunque también lo es la nuestra. Y como a fin de cuentas el ser humano no ha inventado casi nada, en tal ingente plétora de mensajes existen unos positivos para las plantas, mientras que otros son negativos, como los que afectan a esas “fuerzas del mal” que intentan destruir los cultivos y a los que llamamos patógenos. Pues bien, los científicos que han llevado a cabo este tenebroso estudio dicen haber comprobado que un biochar (con ciertas propiedades novedosas) y la adición de nutrientes alteran tal comunicación, como si de llamaradas solares se tratara respecto a los sistemas satelitales de comunicaciones que estamos empleando lo humanos. Empero ante tal novedoso ¿? “finding”, estos paisanos han tenido la grandísima idea de que resultaría viable elaborar biochar personalizados que interrumpan/dañen/distorsionen la comunicación entre las células terroristas patógenas, sin modificar e incluso favorecer la de los “buenos aliados” (generalmente en el seno de la rizosfera) (cuando acaba de mostrarse que tal cosa no existe, como muchos dábamos por contado desde hace décadas). Y de este modo las fueras del bien ganarían a las del mal. Y en este sentido os traduzco la siguiente frase de la nota de prensa original en Suajili: “Algunos microbios ayudan a las plantas, mientras que otros son perjudiciales. Eso significa que existen comunicaciones positivas y negativas, en lo que respecta al desarrollo de las plantas simultáneamente, entre los microorganismos del suelo. Creemos que es probable que algunos biochars alteraren/modifiquen algunas conversaciones, mientras que no afecten a otras, por lo que queremos poner a prueba esa idea y, si es posible, llegar a una forma de biochar a medida para la diversidad microbiana que se desea“. Permítanme que me parta de risa. Sería algo así como un espionaje masivo de tal big data, mediante procedimientos de data mining, por parte de los científicos del suelo, con vistas a detectar los mensajes perversos entre terroristas, entre una billonada de otros totalmente inocuos o beneficiosos. ¿Estamos preparados para ello?. Jajajajajaja. Eso sí, todos sus experimentos se han llevado a cabo en placas Petri y con bacterias modificadas genéticamente. De este modo se podía detectar mediante bioluminiscencia a los bichitos que hablan (en rojo) y a los que escuchaban (en verde).

 Es decir se “infiere” que se trataría de analizar si un buen biochar pudiera interrumpir la comunicación entre los malvados (quizás con virus y troyanos) sin alterar, e incluso potenciando, el intercambio de información entre las fuerzas aliadas del bien, Deberían pues identificarse y discernir entre billones de señales distintas en una casi infinita plétora de idiomas dispares, en el seno de un suelo, que no una placa petri. Hasta aquí podíamos llegar. Hay colegas apasionados por los films de espionaje y la ciencia ficción, aunque todo tiene un límite. Y estos han pasado ya al mundo de los smart scientists.

 Continuará (…….) tachin, tachin……….

Juan José Ibáñez

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Biochar, Ecología del Suelo, Cambio Climático y Reducción de las Emisiones de Óxido Nitroso

Desde que surgió el boom del biochar en la literatura científica os hemos ido narrando nuestra decepción acerca de un producto que parecía destinado a cambiar el mundo de la agricultura pero que a la postre no demostró, en absoluto, las propiedades casi milagrosas que proponían sus defensores (ver abajo relación de los post previos publicados sobre el tema). Llegado un momento comencé a sospechar que, en su mayor parte, muchas noticias relacionadas con él parecían marketing empresarial, Y el tiempo me ha dado la razón. Eso sí, con ello no pretendo alegar que las enmiendas del biochar no tengan efectos sobre el suelo o que las mismos no puedan llegar a ser beneficiosas, sino que como decimos en España ¡mucho ruido y pocas nueces!. Ahora, bien tampoco os vamos a secuestrar algunas de las noticias que den cuenta de las presuntas bondades del mentado producto comercial. La nota de prensa de la que hoy damos cuenta analiza un estudio en el que los autores detectan que su adición al suelo cambia la estructura y composición de las comunidades microbianas del mismo, de tal modo que se reducen drásticamente las emisiones de óxido nitroso a la atmósfera, siendo esta propiedad una más que añadir al elenco de otras muchas que aparecen en la literatura. De este modo, según los investigadores mentados, se aumenta la eficiencia de los abonos nitrogenados, lo cual permite optimizar su uso, reducir las cantidades que suelen aplicarse en los cultivos, las que se eliminan por su lixiviado contaminando las aguas y paliar el calentamiento climático. Conforme a esta investigación, el biochar aumenta la abundancia y actividad biológica de los microorganismos del suelo, si bien tal hecho suele ocurrir con cualquier enmienda de materia orgánica. Otra cuestión es que tal proceso sea más o menos eficiente según el tipo de abono orgánico y quizás en el caso del biochar (….) se obtengan resultados apetecibles, ya sea para los granjeros, o en el peor de los casos para las industrias que los comercializan. Pues bien, el tema sigue siendo de candente actualidad, y como tal vuelvo a lanzar un post, en este caso acerca de las bondades del biochar según “algunos expertos” que, como no, solicitan al IPCC que lo tenga en cuenta en su lucha contra el cambio climático. Resumiendo, “once again” más de lo mismo. Eso si, hasta el momento reitero que el tema puede resumirse así: “de remedio universal a vitaminas que potencian la salud”.

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Opiniones enfrentadas respecto a las bondades del Biochar. Fuente: Treehugger  (más…)

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Biochar, Cambio Climático, Secuestro de Carbono, Suelos y Marketing Empresarial

Ya os comentamos en el post titulado “Biocarbón, Fertilidad de Suelos y Cambio Climático“, que a menudo separar el grano de la paja en los contenidos de publicaciones científicas resulta ser una tarea difícil, por cuanto lo que se publica y se rechaza, a menudo, no se suele realizar con las “manos limpias”, especialmente cuando detrás se esconden intereses empresariales. Sin embargo, en el caso del biochar la estulticia llega aún más lejos ya que, como ocurre con el efecto de los transgénicos, una noticia que nos informa sobre los“dudosos” beneficios de un producto comercial, resulta a la postre ser rebatida en otros artículos redactados por sus defensores (¿promotores?). He ido narrando desde sus inicios la historia del biochar y los estudios recientes que popularizaron tal producto. ¿Para que sirve?. A bombo y platillo, desde las más prestigiosas revistas del mundo, se nos informó que los moradores precolombinos del amazonas dieron con un corrector/estructurador de suelos (que no un fertilizante) de propiedades casi milagrosas. Sus defensores proclamaron, a los cuatro vientos, que podría llegar a ser la esperada revolución agrícola del siglo XXI, ¡sí!, esa que daría lugar a una producción agropecuaria verdaderamente sostenible y ecológica. Y como veréis en los post escritos hasta la fecha sobre el tema (relación abajo por orden cronológico) el material original recogido en la Cuenca amazónica daba pie a pensar en que tal promesa, por una vez, tuviera visos de convertirse en realidad. El problema consiste en que varias multinacionales, asociadas a otras tantas instituciones científicas, creyeron (o nos hicieron creer) dar con el proceso clave de su producción, cuando realmente no es así. Dicho de otro modo, lo que se comercializa dista mucho de atesorar las propiedades del material creado por la tecnología indígena. La moda de investigar el biochar se propagó como una epidemia por todos los países industrializados. Empero los resultados distan mucho de ser los apetecidos. A renglón seguido, el marketing empresarial comenzó a agitar la coctelera. Producto de tal bamboleo fue (i) revindicar su papel como secuestrador de carbono en la lucha contra el cambio climático; (ii) obtención secuencial del biochar y biocombustibles mediante un proceso industrial conjunto y (iii) apelar a que la aplicación “masiva” de este corrector/estructurador en la edafosfera cultivada secuestraría ingentes cantidades de carbono de la atmósfera, paliando el calentamiento climático. Y así lo que se prometía como un verdadero cambio de paradigma comenzó a antojarse el “timo de la estampita”.  Mientras mi interés declinaba ante tanta estupidez, la moda siguió implantándose en las ciencias agronómicas y ambientales. Sin embargo, no terminaba de cuajar en lo que concierne a su comercialización. Pues bien, a la hora de redactar este texto Sciencedaily ha publicado otra nota de prensa en la los autores de una investigación indican, que “ya se sabe por qué el biochar afectaba negativamente la labor de ingenieros del suelo como las lombrices”, mostrando un método para solucionar tal serio problema. Todo ello apoya nuestras conclusiones aquí expuestas hace varios años. ¡No solo resultaba ser un fiasco, sino que incluso podía ser pernicioso! ¿Llevábamos razón o no?.

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Añadiendo biochar al suelo. Fuente: Biochar Project Australia

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