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La Preservación de las Culturas Aborígenes y Sus Prácticas de Manejos de Suelos en Agricultura: Investigación en Ciencias del Suelo y Agricultura para el desarrollo (GSP)

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Culturas aborígenes e investigación del suelo para el desarrollo. Fuente: thecanadianencyclopedia.com

En un post precedente os comentaba  como en estos momentos me encuentro colaborando en un grupo de trabajo  de la FAO (Alianza Global por el Suelo: Global Soil Partnership). Su objetivo es elaborar un primer documento en el que se presenten las prioridades de investigación en ciencias del suelo para las próximas décadas. Tal información se remitirá, junto con la de los otros IV pilares (ver relación abajo) al Grupo Técnico Intergubernamental de Suelos. El documento debe identificar las directrices a seguir en una agenda global sobre el tema, si bien haciendo un especial énfasis en las que necesitan imperiosamente los países en vías de desarrollo, por cuanto la FAO tiene la obligación de paliar el hambre, salud, medioambiente y desarrollo de los territorios más empobrecidos del Planeta. Y como ya os anuncié en aquel post desearía ir mostrando mis dudas y tribulaciones. Hoy hablaremos de los pueblos indígenas que desean mantener sus culturas y modos de vida en una sociedad que, de un modo u otro, les agrede inmisericordemente. En el mentado post que precedió a este os hablaba de varios problemas con vistas a regionalizar el planeta en zonas de actuación que, por sus características ambientales y edafológicas, pudieran considerarse adecuadas para ser incluidas en un mismo bloque, es decir cuyas prioridades en materia de investigación edafológica sean semejantes. A la hora de regionalizar nos encontramos con un problema del que ya hablamos, y que resultaba ser el que existen demasiadas regiones que sufren conflictos bélicos como para poder garantizar el éxito de cualquier ayuda de esta índole. Los  Derechos de los indígenas están siendo reconocidos sobre el papel, aunque todas estas declaraciones distan mucho de haberse llevado a la práctica, sino que más bien ocurre todo lo contrario. Existe una Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas, como una plétora de Organizaciones de derechos indígenas que pretenden ayudar a salvaguardarlos. Ahora bien, ¿qué se puede hacer nuestro grupo de trabajo en este caso concreto? Adelantemos que en este post expondremos algunos de los problemas para la supervivencia de estas etnias, dejando para otro las iniciativas en materia de investigación de suelos que se me antojan más interesantes. 

Obviamente la FAO debe seguir los mandatos de la ONU al respecto. Cualquier cultura ancestral debiera poder decidir su modo de vida sin ser agredida por los Estados modernos. Muy a menudo el problema se complica por estar en territorios azotados por conflictos bélicos, habiéndose disgregado sus desdichados habitantes entre diversos países colindantes debido que los Estados modernos, al descolonizarse, crearon unas  fronteras que les son ajenas, etc. El problema se complica esperpénticamente cuando se tiene noticia que una de las principales razones por las que son expulsados de sus tierras proviene de que estas últimas comenzaron a ser protegidas por algún tipo de legislación conservacionista/ecológica que demanda espacios geográficos más o menos prístinos o intenta paliar la caza furtiva de ciertos animales emblemáticos. Entendiendo las razones de estas últimas iniciativas, lo cierto es que sus buenas intenciones terminan anteponiendo el derecho de la vida de animales a la de los humanos, lo cual debiera ser materia de un intenso debate. Unos buenos planes de protección de la vida salvaje necesitan conciliar ambos aspectos elaborando planes de reubicación de los pueblos afectados o dándoles las herramientas para que se desarrollen sin afectar al medio ambiente y la vida salvaje. Dado este panorama, ¿qué se puede hacer en materia de investigación de suelos y agricultura?.

Pero aquí no queda todo. El problema resulta ser aún más complejo, independientemente de todo lo ya expuesto. Si a cada pueblo indígena, en una región o lugar, se le destina cierto espacio geográfico “adecuado a su cultura y modos de hacer” (no se les puede reubicar, por ejemplo en una zona árida cuando sus costumbres y hábitos ha evolucionado en una selva tropical húmeda), surge un problema que a continuación expondremos. Todas las prácticas ancestrales sustentables que atesoren estos pueblos, en la inmensa mayoría de los casos, lo son bajo unos ciertos parámetros demográficos. Analizando este último aserto desde otra perspectiva: cada territorio tiene una capacidad de carga humana (nº de habitantes) bajo un  sistema de gestión de agricultura/suelos concreto. Si se excede de tal capacidad, los habitantes necesitarían sobreexplotar sus territorios, con la consiguiente degradación medioambiental de sus hábitats y a menudo llegando a surgir conflictos con los pueblos vecinos, ya sean también indígenas con las mismas intenciones, o poblaciones rurales más aclimatadas a los vaivenes de una economía de mercado.

Como el Homo tecnológicus, siempre “aparentemente cargado de buenas intenciones” no deja de meter la pata (herrar en sus propósitos) y ya ha exterminado varias etnias, cabría recordar ciertas circunstancias. Os narramos, por ejemplo el caso de la Tragedia del Pueblo kawésqar en los Campos de Hielo de la Patagonia Chilena.

La única forma en la que pueden sobrevivir tales culturas ancestrales, bajo sus modos de vida y en un espacio geográfico concreto estribaría en (…)

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